Primerísimo: al comenzar a zambullirse en la lectura dejo un par de soundtrack para agregar un fondo más esencial acorde a la situación; *En el inicio y final del capítulo (Laura Palmer's Theme - Angelo Badalamenti)* y *Escena de Roger y Ariette, también en la de Joseph y Bridget (Julee Cruise - The world spins)*.

La advertencia de Shira

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"La vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa."

Albert Einstein

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El jueves dio fin con su abrumadora ventisca fría y terminando los esplendorosos truenos que tiritaban salvajes durante toda la trágica noche del que se despedían de Mikasa. El funeral se llevó a cabo después de media hora de que el equipo de rescate, apenas de haber llegado, diera por confirmado la muerte de la capitana, negando rotundamente obtener pistas acerca de la repentina muerte de ella. Eren aún seguía parado frente a la tumba de su hermana adoptiva, impotente y destrozado, junto con un Armin hecho trizas y una Hanji murmurando incoherencias, mientras la ola de llanto sacudía a los tres, Jean y Sasha estaban detrás de ellos, continuaban igual de deprimidos e impactados, sin tragarse aquella loca idea de una vida sin Mikasa. La vida en sí podía ser cruel, pero esto fue la gota que colmó el vaso para desesperanzar a la humanidad, sumiéndola en una total agonía.

— Ella… ella —formulaba Eren con dificultad— No de-debía terminar de ese modo… —dijo sin aliento y sus hebras castañas húmedas danzaban acorde a la leve brisa del sur. Le dolía tanto no haberlo prevenido antes, sospechaba desde un principio que el nuevo trabajo de Mikasa podía llevarla a esto, a la muerte.

Armin todavía tembloroso coloco su palma encima del hombro de Eren, en un intento de brindarle consuelo y apoyo. Trataba enormemente de suprimir los llantos y sollozos que tanto deseaban salir al exterior, pero quería evitarlo a toda costa. Por más extraño que pareciese, odiaba llorar. Sin embargo, podía hacer una excepción por hoy… después de todo una de sus más mejores amigas perdió la vida ayudando a la humanidad. El diluvio no daba tregua alguna en irse totalmente, los truenos retumbantes cesaron por completo, pero la lluvia aún seguía presente a pesar de que la claridad (de la cual no era muy brillante como para ignorar las gotas de la tormenta y emprender un laborioso día de trabajo) gobernó todo el lugar del distrito de una manera tétrica.

No hubo una minúscula huella acerca de la presencia del capitán Levi, comprendiendo el mismo dolor y sensación de pérdida por la fémina, todos sus subordinados entendía el porqué de su ausencia. Cada uno le pesaba más aquel sentimiento de "que faltaba alguien más" en ese insignificante circulo de personas.

¿Qué más había que añadir respecto a la muerte de Mikasa Ackerman? Dejando de lado las extrañas interrogantes de cómo una fuerte capitana, elegida por el propio Comandante de la Legión de Reconocimiento, fue devorada por un titan. Eso no dejaba más que siguiese creciendo la ola de preguntas abordando el mismo tema. Además de que por muy raro que pareciese, el escuadrón de la capitana confirmaba ese mismo hecho dándolo a conocer a toda la Legión, que sólo fue devorado, sin nada que agregar al respecto. Concierne a ello, los camaradas que conocían la voraz fuerza de la mujer seguían preguntando como murió, y aún más importante, ¿qué clase de bestia se enfrentó Mikasa? Pero nada. Los únicos que se atrevieron a responder fueron Akane y Joan, cuya respuesta fue "No lo recordamos muy bien con exactitud, aun así pudimos ver que era uno de los más grandes y exóticos titanes", negando totalmente la presencia de un segundo titan, del que Armin dedujo que había dos. Eran tan… sospechosos.

Aunque no todo fue en vano, tras la pérdida de una capitana tremendamente fuerte, consiguieron extraer los baúles escondidos en el sótano de la casa de Eren. Eso era un punto a favor. Ahora la situación de reemplazar el lugar de Mikasa sería difícil.

Los apenados murmullos de tristeza y lamento no se extinguían, los siseos de las aves aminoraban los llantos furtivos de las personas que aun lloraban por las vidas que cayeron en las manos de la muerte. Y consigo, unos pasos sordos se sintieron más atrás de todo el grupo que rodeaba la tumba de Mikasa.


La suave brisa de la media tarde sacudía incesablemente las sábanas de la cama en la que reposaba Ariette, quien dormía plácidamente con vendas envueltas en el brazo izquierdo y también en ambos tobillos. Los raspones y moretones estaban mejor que antes, con las atenciones médicas logró recuperar su vivo color de siempre. Los cálidos y reconfortantes rayos del sol la despertaron de su letargo, abriendo lívidamente el parpado par en par, consiguió ver todos los rincones borrosos. Volvió a repetir la misma acción hasta que sus ojos pudieron adaptarse a los colores de la habitación, vislumbrando en un rincón totalmente oscuro una figura extraña.

La misteriosa sombra se movió con sus facciones ocultas por la oscuridad, mientras caminaba Ariette distinguió la ropa del escuadrón perteneciente a la Policía Militar, entonces para cuando el huésped dejó ver sus rasgos a la fémina, ella ahoga un respingo de sorpresa al ver los rizos rubios de su mejor amigo de la infancia, Roger.

Los labios de Roger surcan una sarcástica y siniestra sonrisa ante la reacción de Ariette. En ello, ella arruga sus cejas por aquella envenenada sonrisa que él le regala.

Esto hizo hacerle sonreír aún más.

— ¿Qué pasa Ary? —Susurró Roger contrayendo las fisuras de sus labios con sarna. De manera cautelosa se acercó a Ariette hasta quedar unos escasos centímetros del delicado rostro de ella. — ¿Te comió la lengua una rata? ¿O qué?

Ariette intenta alejarse de él, apartando su cuerpo hacia un costado para luego observarlo y después gritarle, pero antes de hacerlo, Roger la sujeta por los hombros y la aprieta sin lastimarla o hacerle daño. Inconforme e incómoda por la situación intenta gritar, mientras abría la boca para soltar un chirrido, Roger adivinando sus intenciones; aparta una mano del hombro de Ariette y colocarla sobre los labios para callarla completamente. Cuando ella decide contemplarlo con enfado y reproche, se da cuenta que él estaba el doble de irritado que ella, pues sus rasgos ya no eran de sarcasmo o ironía sino que derramaban peligro.

— ¡Cálmate! —Interrumpió él— No voy a matarte ni violarte, mujer —al decir lo último el rostro de Ariette paso a tomar un color más rojo que la sangre misma. Avergonzada ante su propia imaginación, ella choca la cabeza con la de Roger.

Roger suelta una maldición y cae desprevenido al suelo, arrancándole más groserías.

Ariette emite un débil alarido. Y levantando su mano para zumbarse la zona en la que golpeó la cabeza de Roger, lo mira con cara de pocos amigos.

Él en cambio, volvió a incorporarse y a dirigirse en dirección de ella conservando en sus perlados ojos aquel cartel con la palabra "cuidado". A unos pocos pasos, Ariette se sobresalta y lo queda mirando con nerviosismo, pensando en lo peor. Roger leyendo sus expresiones se detiene y la observa por un corto tiempo, cambiando de repente su rostro aireado por la ira a una más tranquila. Después de todo no eran mala noticias las que traía.

— Escucha —pronunció tratando de relajarse y llevando una mano para masajearse la cabeza donde accidentalmente le golpeo— Me entere que perdiste a tu capitana y lamento mucho esto. Ariette podía notar cómo el semblante de Roger se transformaba en una deprimida, comprendiendo totalmente aquel sentimiento de pérdida. — Y no es que quiera torturarte el resto del día recordando eso ¡No! Sino que… —Roger buscó entre sus bolsillos y sacó una pequeña cajita envuelta en un paquete amarillento y rodeado de un hermoso y delgado moño de tela blanco— Feliz cumpleaños —dijo sonriendo cálidamente.

Ariette lo mira extrañada y confundida. Sinceramente ya no recordaba cuando era su cumpleaños y lo que menos le importaba era cumplir un año más de edad o recibir obsequios. Pero ante tal recordatorio y sinceridad en el rostro de su mejor amigo, hizo que unas inocentes lágrimas cayeran por su mejilla sin percatarse siquiera.

— Ah, la verdad es que… —se detuvo un breve instante, ya que el hecho de hablar de su cumpleaños le costaba mucho— Sabes que odio que me compren cosas —dicho esto lo miró con reproche, negando con seguridad rechazar el regalo de Roger.

Roger volvió a insistir.

— Vamos, hoy es tu día —la animó él, mientras empujaba el pequeño regalo en la mejilla de ella— Además, ¿quién dijo que lo compré?

Tal insistencia logró convencerla, y agarrando entre sus manos la cajita, con toda la tranquilidad del mundo desata el moño y rompe el envoltorio. Al abrirlo, su curiosidad y sorpresa se multiplicaron el doble cuando nota que dentro de aquella cajita había un collar bañando en plata.

Sacó todo lo que estaba alrededor del accesorio y lo colocó en su regazo. Después alzó con mucho cuidado el objeto. Notó que el collar tenía grabado muy detalladamente la inicial de una "A" y detrás estaba dibujada muy perfectamente la figura de una mariposa. En resumidas palabras el objeto que robó Roger era muy bello. Tan bello y precioso para ser robado. Pero eso ya no importaba, ahora lo tenía ella.

Roger en cambio, se encontraba perdido y muy absorto en la mirada embalsada que Ariette le dedicaba al collar. Con solo pensar que esta sería la única oportunidad para visitarla y verla, un fuerte sentimiento de tristeza lo embargo y, entonces su mirada oscureció por ese hecho. El momento decisivo comenzaba en este preciso instante.

Un silencio fúnebre alertó a Ariette, y volviendo a observar al frente donde estaba su amigo, notó la mirada desanimada con la que la contemplaba en extraña añoranza. Los pardos ojos de Roger fulguraban melancolía y no había un solo brillo de felicidad o alegría en ellos. Inclusive su ceño se entrelazó ligeramente, endureciendo más sus varoniles facciones.

— Escucha Ariette no dispongo de mucho tiempo —atrapó suavemente la mano de Ariette, la que se encontraba vendada por las heridas— Necesito que cuides este collar como si fuera tu vida a la que tratas de proteger —dijo apuntando el collar que le obsequio, y con la mano libre rompió el pequeño bolsillo de su camisa apretando duramente una fina y muy pequeñísima llave bañado en plata— Y también de esta llave… —tragó con dificultad y prosiguió con la explicación— Prométeme, prométeme que dentro de tres años, con esta misma llave que ves abras lo que contiene en ese collar, y no seas terca, te lo pido como un enorme favor, última promesa que necesito que cumplas con desesperación.

El comportamiento de Roger la asustó e hizo ademán de no comprender nada. Conforme más proseguía Roger con sus pedidos, más la perturbaba cada vez. Antes de que ella se quejara por semejantes ordenes Roger la abrazó sin decir nada, esto la hizo sonrojar más que nunca, debido aquellos brazos musculosos que la reconfortaban, la sostenía como si el mundo fuera acabarse de pronto. Pero lo que más la extraño fue la delicadeza de su abrazo, entonces pudo sentir el aroma que emanaba de Roger, y las sensaciones se multiplicaron a mil cuando él comenzó a deslizar sus dedos a través de los rizos de oro de Ariette.

Y fue ahí, cuando no pudo contener esa indomable curiosidad de saber qué demonios pasaba en el momento que se refería con "no dispongo de mucho tiempo". ¿Acaso no volvería a verlo? ¿Habría alguien que lo obligase a irse con horribles amenazas? Mientras más la abrazaba, más dudas crecían dentro de ella.

— ¿Cómo es eso de que no tienes mucho tiempo, hay alguien en especial que te esté amenazando? —Preguntó ella.

Roger la soltó al segundo de haber acabado la pregunta y la miró fijamente.

— ¿Amenazarme a mí? ¡AH! —comenzó a reír como si Ariette le contase un pésimo chiste que había escuchado con anterioridad— No me malinterpretes, pero no existe ser de otro mundo o dimensión que sea capaz de hacerme frente, ni siquiera un estúpido titan anormal. Así que puedes ir desechando ese mediocre pensamiento de que moriré siendo asesinado o comido, porque tú más que nadie sabe que yo nunca me dejaría vencer por ellos.

Ariette bufó por lo bajo. No se tragaba ese comentario de que "él era el mejor", tarde o temprano la suerte haría un giro drástico e inesperado donde la desgracia se encargaría de intervenir en la vida de las personas, matándolas o haciéndolas sufrir un destino mucho peor que la muerte. Sin embargo, no le quedaba otro remedio que creer en la confianza de Roger, esa que ni ella ni absolutamente la mayoría podía quitarle de él mismo.

— Todavía no me contestaste el motivo por el cual te marchas así como así.

De repente Roger calló rápidamente y observó con extrema precaución el reloj colgado en el otro extremo de la habitación, cuya aguja larga marcaba las nueve horas y el más corto los quince minutos transcurridos de la mañana.

Ariette arrancó un resoplido de indignación por la pregunta ignorada.

— ¡Roger!

Él siguió absorto en el reloj que continuaba su rumbo en los segundos.

Pero Ariette lo empujó con un leve roce en los hombros, para que la volviera a prestar atención.

— ¡Roger! —Insistió ella irritada.

— Lo siento, es hora de que me vaya.

Ariette pudo detectar que había un tono seco y triste en la corta respuesta de Roger. A medida que él avanzaba, y con cada maldito paso hacia la puerta, la desesperación de ella aumentaba acompañado consigo una sensación lejana de déjà vu. Pues ésta escena donde él se marchaba era igual a aquella vez que la dejó cuando la había rescatado hace nueve años atrás. Hasta él le había jurado que la protegería y acompañaría, pero nunca lo cumplió. Siempre se iba en las circunstancias en que más lo necesitaba, y el recuerdo que le dolió en toda su vida fue ver su espalda cuando la dejaba sola, sin nadie, ni con un mísero animal o vegetal que estuviera en su alcance para sentirse acompañada. Sola, como una flor solitaria inmersa y sumergida en la agonía de morir en el desgarrador desierto de la oscuridad.

— ¡Espera! —gritó ella levantándose de la litera.

Roger volvió su vista a ella, examinándola con desenfrenado furor.

— Regresa a tu cama, todavía estas anestesiada —agregó él, indiferente.

Ariette reflejando furia en sus cristalinos ojos, hizo un intento de caminar hacia Roger, y apoyando débilmente percibió cómo sus pies seguían dormidos, no mencionemos tampoco las piernas qué de magia o suerte estaban aun de pie sin desplomarse en el intento.

Cuando quiso irse en dirección a él notó un ligero temblor en su andar, y segundo después se estrelló contra el piso, arrancándole siseos de dolor. La ayuda de Roger no se hizo esperar pues, él mismo socorrió a levantarla y dejarla en la litera.

Al colocarla minuciosamente sobre el lecho, Roger le reprocho con un gruñido por levantarse después de su advertencia.

— Te dije que no te levantaras…

Ariette puso los ojos en blanco por la queja. Y entonces en el momento que Roger giró para marcharse, antes de apartarse ella consiguió sujetarlo de la muñeca a tiempo.

— Por favor, no te vayas —suplicó ella con voz ahogada. No quería estar sola, no otra vez. La sola idea la perturbaba y la hacía comportarse de manera errática y depresiva, como si el mundo de repente perdió esa esencia de vida, la cual valía caminar y sonreírle hasta la más patética hoja caída y mísero polvo adornado en los recipientes antiguos de las estanterías baratas.

Roger reprimió un suspiro frustrado, y con la mirada perdida en la puerta, apartó dolorosamente la mano que sujetaba con ansiedad su muñeca y salió rápidamente de la habitación de la persona que más apreciaba en el universo.

En cuanto azotó con todo su ser la cerrada de la puerta. Ahogó un murmullo de agonía y enterrando aquellos recuerdos que lo revivieron y lo impulsaban a conseguir su principal objetivo, se fue encaminando hacia la salida de la enfermería maldiciendo en lo más profundo de su alma la definitiva despedida de su preciada y querida amiga.


En el ostentoso arboleo que en él se aventuraban las lechuzas con sus agiles maniobras y ululando entre el sin fin del bosque, se dirigían a la enorme cabaña escondida en lo más hondo de un gigante pino.

Una pequeñita cría castaña con tenues manchas blancas y oscuras se posó sobre una delgada y fina ramita del pino, del cual se encontraba justo al lado de la casa que servía de escondite secreto. La pequeña agitaba sus alitas con suma delicadeza y en señal de poder encontrar a su madre en la inmersa multitud de su especie.

Minuto después creyó discernirla entre la cantidad que aparecía con la caída del sol. Antes que saliera directo a su compañía, una flecha salió disparado atravesando su alita, y entre quejidos de tortura perdió el equilibrio y cayó directo al duro suelo cubierto de pasto cortante y fangoso. Con la sangre derramada por toda la zona y mezclándose con el pegajoso cieno, el pequeño animalito soltaba sus últimos alientos mientras experimentaba cómo las hormigas y los insectos devoraban y abrían cada vez más la herida empeorando su dolor.

Un niño con aspecto demacrado veía sin piedad la cruel escena que había desatado. El cabello moreno y chuzo estaba cubierta en todo su alrededor de polvo y barro, como si en vez de bañarse con agua se revolcara en el lodo. Su ropa hecha girones y embarrotada de suciedad daba la ligera impresión de que llevaba ese ropaje desde muy pequeño. Detrás de él una niña de casi su misma edad observaba en shock lo ocurrido.

— Joseph, mátalo —rogó ella, no aguantaba los apagados llantos del animalito. Prefería que se encargarán de darle una muerte veloz que el inocente pajarillo siguiese sufriendo el sanguinario maltrato— El pobre ya no puede más.

Joseph la miró fijamente y con una gélida demostración de frialdad en sus orbes lacerantes se río sarcásticamente.

— ¿Para qué? —Preguntó él con sorna— Debe aprender a salvarse solo.

— Ambos sabemos que eso no es cierto, tú más que nadie lo entiende, así que acaba con este injusto maltrato hacia esa pobre ave; que no te ha hecho daño alguno para que merezca esto.

Joseph refunfuñó irónico y fastidiado.

— Yo tampoco lo merecía y mírame.

La niña lo observó con un deje de desconsuelo, no daba crédito a que sea dos años menor que ella y fuera tan despiadado y cruel, inclusive más que cualquier asesino que hayas escuchado o visto –exceptuando a Roger–. Mas el modo en que disparó la flecha sin ningún remordimiento a la criaturita.

— Perdón —tartamudeó ella apesadumbrada.

Él arrugó su ceño sin comprender el porqué de aquella disculpa.

— ¿Por qué te disculpas?

— Porque por mi culpa vives aquí, en la nada.

Joseph comprendió entonces y decidió relajar su rostro para responder con calma:

— No pidas perdón por sacarme de aquel infierno. Bridget, te debo un millón de vidas por eso.

Bridget con tan sólo diez años, sintió por primera vez vergüenza, vergüenza de no haber traído a Joseph a un lugar más cálido y soportable para un niño de ocho años. Entendía que él no podía estar enfadado con ella. Lo sabía perfectamente. Pero odiaba que no sé quejara por el tremendo fiasco en el que ella lo obligó a vivir.

— Pero… —Continuó la niña.

— Basta de pero —interrumpió Joseph callándola— Veté antes de que alguien nos encuentre.

Bridget no dijo absolutamente nada, sólo se calló y obedeció a la orden de su amigo con un silencioso quebranto.

Mientras arrastraba los pies pesadamente no restó importancia en caerse más de tres veces, en el lapso de llegar a donde estaba su hogar. El aire era calmo y arremolinaban en todas partes las suaves vibraciones de los pájaros que cantaban por última vez para descansar en la oscuridad de la noche y así despertar en el amanecer. Cada vez la luz se hacía más nítida y los sonidos se transformaban en feroces murmullos amenazantes que harían erizarse la piel a medida que uno lo escuchaba con más atención.

Los búhos comenzaron a aparecer de la nada, como si de entre las sombras aparecieran de golpe, pues hasta ahora el único camino que se lograba guiar era por un tenue y apagado sendero iluminado milagrosamente por las luciérnagas. Pudo ver desde lejos una luz de esperanza, esa que indicaba la salvación misma. Corrió y corrió, por más rocas afiladas que pisase y cachivaches rotos con mugre, lo que le importaba por ahora era salvarse de que la oscuridad de la noche no la comiese.

Cansada por la larguísima caminata y corrida, entorpeció su andar y chocó contra alguien que, o estaba tranquilo mirando el crepúsculo, o meditando en sincronía con la naturaleza –muchos de sus amigos y personas que conoció hacía esa clase de rituales para estar en paz con la Madre Naturaleza y ellos mismos– parecía patético a simple vista pero tras seguir los consejos de su madre, logro darse cuenta de lo equivocada que estaba acerca de aquel extraño rito.

Unas exclamaciones de dolor atronaron en el lugar. Bridget parpadeó y sacudiendo su ropa vio que la persona que había chocado se trataba del Doctor Murphy. Él en cambio puso cara de pocos amigos tras fijar los ovalados anteojos en dirección a ella.

— Vaya, vaya, a tú madre no le gustará para nada que te vea por aquí —dijo entre dientes.

Bridget se le heló la piel con tan sólo pensarlo. Recordando que había visto a su madre enfadada una vez, y era horrible verla en ese estado de irritación y enojo.

— No, señor. Yo estaba buscando a Richi.

Murphy se acercó más a ella para observar si lo estaba engañando.

— No me digas. Se ha escapado otra vez…

Ella asintió con cierto temor pero firme en su semblante.

— Mira Brid, no lo tomes a mal pero, ésta es la octava, no más bien la novena vez que tu conejo se escapa.

— Sí, señor, es muy inquieto. No aguanta estar mucho tiempo en el mismo lugar, se irrita fácilmente y casi todo el tiempo acostumbra alimentarse en estos límites —explicó ella inocentemente. Haciéndolo sonar todo como una simple casualidad.

El Doctor Murphy soltó un desdeñoso suspiro de cansancio, y estrechó su enorme mano en la muñeca del infante para llevarla arrastras al pueblo. Pero sin apartar la mirada seria, dijo a ella:

— Bridget, ésta es la última vez que vas allí. Mínimo debes llevar a alguien para que te acompañe a buscar a Richi ¿Entendiste, nena?

Ella le dedicó una carita risueña y con confianza le responde;

— Sí señor, prometo que esta va a ser la última vez que voy sola.

Murphy detuvo su andar y se arrodilló para así poder estar a la misma altura de Bridget, y con un suspiro exhausto le dijo;

— Espero que mantengas tu palabra de no regresar, Brid. Recuerda y ten muy en cuenta de lo que les sucede a los mentirosos.

Bridget tragó con dificultad y mostrándose más segura de sí misma, posó sus avellanos ojos a los descoloridos y opacos lentes de Murphy, mirándolo muy fijamente.

— Sostengo firmemente mi palabra, señor Murphy, ¿pero usted confía en mí?

Por supuesto que no había que darle tantas vueltas a estas últimas palabras para entender de qué se trataba de la misma mentira de siempre. Y él ya lo sospechaba como es de costumbre, sólo que a diferencia de hoy, intencionalmente, ella tocó la pequeña fibra que despertaba la conciencia del doctor para que la tomase en serio. Ahora debía tener más cuidado que nunca, y ya tendría que ir pensando en quien podría ayudarla.

Por otro lado, Murphy estaba absorto en lo más hondo de su propio subconsciente, la palabra confianza era inexistente en su vocabulario y aun así una niña de diez años parecía, según él, estar jugando, no con una llamarada de qué cualquiera se quemaría una menudita zona superficial del dedo, no señores, el juego con el que ella inició fue con uno que le costaría su propia vida, no la de él, claro está.

— No, no lo hago, Brid. Si fuera en tu caso, ya no estarías aquí escabulléndote y hablando en este preciso momento conmigo.

Ella reprimió un siseó nervioso y su respiración comenzó a flaquear.

— L-lo si-iento-o —tartamudeó inquietante pensando en las consecuencias de no ser tan prudente.

Murphy soltó una falsa carcajada de simpatía.

— No importa, niña, haremos de cuenta que nunca dijiste eso —susurró arrugando su rostro con una sonrisa de lobo plasmada cómicamente, y revolviendo las hebras castañas de Bridget.

Los dos debatieron en salir de la pequeña parte donde conducía a la tempestad de la oscuridad. Ninguno dijo nada, sobretodo Bridget, que por error tras decir "confianza", intuía que ya no debía burlar a Murphy, ya que con una simple mención de algo insignificante, podría llevarla de regreso a donde Joseph y su madre escaparon milagrosamente.

Cinco minutos después atravesaron un gran e inmenso árbol que podía apreciarse como alrededor de quinientos años, y gracias a la diminuta luz que concebía el pueblo se mostraba una serie de árboles gigantescos que encerraban la aldea lo suficiente para no localizar de lejos que había una gran ciudadela. Al son de las caminatas, las personas que pasaban allí saludaron alegremente en dirección al doctor Murphy, inclusive un minúsculo grupo de, alrededor, cuatro niños lo festejaron acaloradamente entre muchas risas y chistes, él les devolvía el saludo con mucho respeto e igual alegría que ellos.

Otro conjunto más apareció de entre el tumulto de gente que pasaba allí, la diferencia en ellos era el desfavorable ropaje que llevaba puesto. No se consideraba que fuesen vagabundos, sino algo mucho peor, los blancos y largos delantales que traigan consigo estaban, por la mayoría, manchados de unas cuantas gotas de sangre, sin embargo, había otros que llevaban días sin lavar el delantal; que al correr de las horas y semanas, les era imposible sacar las viejas manchas rojas que adornaban en aquella esencial ropa. También los rasgos con los que se los podía definir son por los guantes blancos que, a como del lugar debían tenerlos puestos todo el tiempo, y las mascarillas que tapaban completamente la mitad de la cara; desde la nariz hasta por debajo del mentón, cuyas bandas elásticas se encuentran aseguradas por detrás de la cabeza, la primera; es a la altura de la nuca, y la segunda; en la mitad posterior de la cabeza, los dos muy bien ajustados para no desatarse en momentos especiales de sus trabajos. Este minusculillo aspecto generaba un miedo mayúsculo para casi todo el pueblo, a excepción de los ancianos que vivieron toda su vida en la aldea, pues sabían a cierto nivel ser precavidos y disimulados a la hora de no llamar la atención por contener incógnitas que cualquier habitante desearía despejar de su mente.

— Doctor Murphy, tenemos al águila. —dijo un joven de veintitantos años.

El aludido soltó la muñeca de la pequeña para enfrentar al grupo que aguardaba hasta recibir alguna orden que los hágase encaminar de nuevo a su trabajo.

— Muy bien, en un momento voy.

Una mujer alta resaltó y caminando lentamente hacia Murphy, se plantó frente de él y le guiño un ojo con juguetona picardía.

— Henry, todo está preparado. —Afirmó ella con media sonrisa, y delante de todo el público robó un suave beso al doctor — Te extrañé mucho… —dijo en un débil susurro de melancolía.

Murphy se precipitó de un principio a la extravagancia de la mujer, pero no le importó que casi todos los ojos del pueblo lo observasen mientras ella lo besaba con alocada alegría, no obstante, había un pequeño porciento de que aún no estuviera acostumbrado al toque y roce de ella, ya que no le gustaba responder a los mismos gestos.

— Yo también, Meredith.

Ella se distanció unos centímetros de él e inmutándose de la presencia de Bridget, entrecerró sus orbes marrones como la tierra seca, en modo de irritación por la presencia de la niña.

— Tú otra vez. —Señaló Meredith apartando sus rizos morenos del rostro para dedicarle a la menuda niñata un ceño fruncido de molestia.

Bridget puso cara de asco al observarla.

— Meredith, llévala con su madre. —Sentenció taciturno Henry.

Meredith lo miró cruzando más su ceño fruncido y con un pequeño grito diciendo "¡No!" determinadamente en incumplir la orden de su marido.

— Meredith…

Ella gruño a regañadientes y poniendo los ojos en blanco dijo finalmente;

— ¡Oh! —Gimió derrotada— Esta bien, pero es la única vez que me lo digas y órdenes.

Meredith agarró con desprecio el brazo de Bridget y a empujones la obligó a caminar, la niña negaba irse, golpeando la mano de la adulta trató con lo que pudo zafarse de ella pero se dejó vencer a medida que más se aproximaban al cuartel donde trabajaba Charlotte, su madre.

— Bien… ¿en dónde me quedé? —Habló Murphy dirigiéndose a todo el pueblo presente— ¡Ah, sí! —Dijo sonriendo públicamente— Damas, caballeros y niños les tengo una innovadora noticia, el cual doy por pensado que se aliviarán; los experimentos cesarán por un muy buen tiempo, y yo mismo me encargaré de investigar a fondo y ver cada diminuto detalle aquello que los errantes nos arrebataron y asesinaron hace eones, no teman a las hecatombes que éstos inservibles anunciaron el año anterior, todo está en nuestras manos, ni ellos, ni los de allá fuera nos pueden hacer daño. —Terminó él— Ahora sí, señores, podéis retiraos a seguir con sus actividades.

Las personas murmuraron alegres y llenos de felicidad por las noticias positivas que les fueron anunciadas por el doctor, más tarde todos volvieron a sus rutinas diarias, mientras que otros con sus jarras de bebida elevadas al cielo, canturreaban la victoria.

Pero el grupillo que esperaba al doctor no movió siquiera una pequeña facción de alegría por las buenas noticias, al contrario, los semblantes de cada uno plasmaban rigidez y los ojos eran como una fría eternidad invernal, en respuesta y atención ante todo el palabrerío.

— ¿Roger ha vuelto? —Interrogó de repente Murphy al conjunto.

Todos negaron ante la pregunta de él, en cambio uno respondió cuidadosamente;

— Todavía no doctor, tampoco hay que pensar que debe tardarse poco con el enorme viaje que debe recorrer sin ser identificado. —Recordó el mismo hombre que habló antes.

— Tienes razón. —Asintió él, y volviéndose al grupo— Bueno, sigamos con los nuestro. —comandó dirigiéndolos a un camino que conducía a las afueras del enorme circulo de inmensos árboles.


En el cuartel general del comandante Erwin, todo se hallaba en un estado de revuelo, los soldados estaban enceguecidos por un una curiosidad más allá de lo anormal, y más está decir que los mismos generales de las fuerzas estacionarias y la legión de reconocimiento estaba a dope por ello, en sus manos encerraban las dos valijas que encontraron en el sótano de la antigua casa de Eren.

Su estado pues, era deplorable. Sucios, abarrotados y carcomidos por una humedad abominable que uno pensaría que las pruebas o papeles que contenían información secreta y de una vital importancia se hayan mojado o estropeado con el pasar de los años –inclusive ellos temían a ese pensamiento–, sin embargo debían depositar una mínima esperanza siquiera para poder descubrir que era todo aquello detrás de los titanes y qué influenció a crearlos y adquirir así una indomable fiereza de asesinar a los humanos y comérselos, borrando de tal manera la existencia de la humanidad.

— Ábrelo, vamos. —decía Pixis ansioso.

Erwin lo observó por el rabillo del ojo durante medio minuto, después prosiguió a colocar cuidadosamente la llave dorada de Eren en la vieja cerradura de plomo, perteneciente a la primera valija más pequeña.

En cuanto la giró, se dieron cuenta que el ruido y el movimiento fue errado, la llave con la que intentaron abrir era la incorrecta. Unos cuantos bufidos de decepción y molestia resonaron en la sala del comandante. Erwin no lo podía creer, tantos esfuerzos en vano…

— A lo mejor está falseada, Erwin. —Dijo Pixis con un tono claro de que algo bueno haya, no iba a dejarse llevar por la angustia. —Todavía puede haber algo con que podamos abrirla.

Asimismo, Erwin pensó lo mismo, con la información resguardada dentro de la valija, la misión ya era un éxito; solo faltaba abrirla, sin que se dañe lo que contenía en su interior.

Erwin guardó silencio por un instante y segundo después miró de soslayo la segunda valija. Tal vez esa valija se pueda abrir, pues la cerradura estaba decorada con el mismo oro que la llave con la que intentaron inútilmente abrir la primera maleta.

— Esperen, quizás nos equivocamos de valija. —Susurró aún pensativo él.

Pixis entrecerró los ojos examinando fijamente el error que debía contener la primera valija. Entonces, cuando lo entendió, lanzó una carcajada para romper la tensión y cambiar los rostros deprimentes de los visitantes.

— ¡Claro! —Exclamó Pixis.

Erwin sin perder más tiempo, colocó la segunda valija –la más larga y grande- en el escritorio donde hacía sus papeleos rutinarios, y con rapidez metió la llave en la cerradura, la cual logró con un simple giro abrirla sin problema alguno. El ruido de la cerradura al abrirse lo hizo convulsionar de una felicidad que creía ya extinta en su vida, por no mencionar la cara atónita que expresaba Pixis y los demás capitanes y soldados parados sin respirar, mientras sentían como un la emoción los comenzaba a llenar en sus mentes.

Tras abrir la gran valija, pudieron ver que el maletín estaba atestado de papeles tenuemente amarillentos. Erwin inspeccionó los papeles con mucho cuidado, tratando de ver si todos se encontraban en buen estado. Y sí que lo estaban. Algunos que otras hojas arrugadas por el desorden que había en ella. Por doquier resaltaba ilustraciones con explicaciones, que denotaban haber sido escritas y dibujadas con nerviosismo y rapidez.

Pixis imitó la misma acción de Erwin, e inició su propia cuenta sacando algunas notas -no del todo grandes ni menudas- las cuales enunciaban a tinta negra viva un título un tanto curioso que decía así; "Métodos de solidificación de cristales en los humanos". Pixis emitió un quejido de sorpresa y absorto en averiguar los pasos y explicaciones escritos en el manuscrito, se dio cuenta que el idioma en el que se hallaban era totalmente distinto y desconocido. Desconcertado por tal hallazgo, dirigió una mirada desconsoladora a Erwin.

— ¿Erwin, puedes entender este idioma? —Le entregó la hoja correspondiente al comandante de la legión de reconocimiento.

Erwin frunció el ceño con notoria extrañeza dibujadas en su semblante. Ojeando y haciendo un intento de traducir los jeroglíficos detallados en el papel, negó la interrogante de Pixis. — A juzgar por la escritura, puedo notar que en el titulo que fue copiado hay un enorme rayón detrás, pero fue traducido.

Pixis maldijo en voz baja.

— ¿Hay forma de entender lo que dice? —Preguntó Hanji.

— Tal vez, si conoces a alguien de muy avanzada edad que conozca perfectamente esto como la palma de su mano. —Dijo él revolviendo la dos hojas en sus manos— Recuerdo haber leído esto en algún lado… sin embargo eso fue ya dieciséis años antes de unirme a la legión de reconocimiento —continuó carraspeando— Sé que se trata de jeroglíficos, pero no tengo ni idea de cómo traducir un manuscrito desconocido del que lleva un idioma que nunca me enseñaron o leí en algún libro, menos de alguien que conozca en mi entorno para ayudarnos en esto.

Hanji exhaló un largo suspiro de derrota. Y después se unió a Erwin y Pixis para ayudarlos y separar las notas y hojas que contenían el mismo jeroglífico que encontró el comandante de las tropas estacionarias. Luego de diez minutos de separar las hojas correspondientes de idiomas que se entendían y otras que no, Erwin colocó un gran porciento de los papeles y notas que entendían en la extremidad izquierda de su escritorio, mientras que las pocas hojas y manuscritos totalmente amarillentos –eran alrededor de unas veinte hojas más o menos- las puso en el lado derecho, muy aproximada a donde Hanji estaba parada examinado en busca de algo más.

— Parece que eso fue todo. —Susurró ella con desgano, y sacó de entre sus bolsillos un pañuelo, que con él comenzó a limpiar sus anteojos.

— No, aún nos falta más… —Bramó Erwin apuntando su mentón a la pequeña valija que no lograron abrir.

Parpadeando fruncidamente, Hanji miró en dirección hacia la primera valija y luego se aproximó a ella para observarla con más reparo y solucionar en cómo abrirla. Un mar de ideas la inundó. Y una sonrisa adornó su delgado rostro al pensar en unos instrumentos para abrirlos.

— No Hanji, no vamos a romper la cerradura. —Interrumpió Erwin, adivinando los pensamientos de Hanji; al ver cómo su aura se aclaraba al pensar en usar las herramientas confiscadas de la policía militar.

— Pero… tendré cuidado. —Suplicó ella suavizando su voz, y sin sacar de encima su sádica sonrisa.

Erwin negó autoritariamente.

— ¡Oh! —Bufó ella decepcionada.

Pixis se levantó de repente de su asiento, y con una mirada seria en su rostro dijo a Hanji e Erwin:

— Iré a ver si alguien conoce algo de estos manuscritos.

— Nadie debe saber de esto, Pixis. —Declaró Erwin.

— Eso ya lo sé, sólo quiero averiguar si alguien de mi familia lo haya visto o leído en algún lugar —expresó Pixis tranquilamente— Yo también recuerdo haberlo conocido; en un informe que mi esposa me mostró hace tiempo.


Joan miró con desprecio puro la sucia entrada que daba la bienvenida al jocoso distrito abandonado de la ciudad subterránea –el hogar de la muerte– pensaba él en esos momentos de recuerdos dolorosos que no evitaba dar razonamiento en el pasado. Las nubes se despejaban débilmente, dejando así que el sol iluminase su cálida y vivaz luz a los seres que la necesitaban para alimentarse de ella.

— Hey, hola compañero —lo saludó una voz que conocía muy bien. Ahí venían los problemas.

Joan lo miró de reojo, y con lo poco que tenía de su agotada paciencia, arrugó al máximo su rostro para demostrar el disgusto de ver al malnacido que tenía en frente.

— ¿Qué pasa? —Preguntó el joven— ¿Has venido a arrastrarte como el gusano asqueroso que eres, a unirte a mí?

Joan escupió en modo de respuesta.

— ¿Unirme? ¿A tu ganado de hormigas torpes y mediocres? —Preguntó Joan con el mismo nivel de sarcasmo que el otro muchacho— ¡AH! No me hagas reír, Last, haces los peores chistes del universo.

Last se limpió con su brazo remangado el escupitajo que Joan le hizo.

— Créeme que esto… —Dijo Last señalando la mejilla donde Joan escupió— Será tu sentencia de muerte.

Joan soltó una estruendosa carcajada.

— ¿En serio? —Siguió Joan mofándose del estúpido enfado y la "amenaza" de Last— No seas nenaza, Last, ya somos grandes para esas jugarretas de primera.

Last siguió latente de ira, y mirándolo fijamente echando ácido en sus claros ojos le dijo por último:

— Oh, de verdad lo vas a lamentar en el futuro.


El viento azotó el terreno baldío donde antes niños de totas las edades jugaban sin problema, más delante de la tumba de la apreciada capitana la visible capa de luz que aminoraba el sol daba un pequeño toque de vida al cementerio donde la muerte dejo su fúnebre paso en todos los alrededores. El ambiente aún conservaba la tensión y la fina fibra de angustia de antes.

Uno, dos, tres, cuatro, cinco pasos. Odiosas y frías las mariposas que allí rondaban como zombies presas de la subconsciencia. Ella las aborrecía. Uno, dos, tres, cuatro pasos. No quería seguir, la vergüenza la observaba y atormentaba todo el segundo, minuto y hora. Uno, dos, tres pasos, ¿pasos? –De la mentira– se recalcaba ella, patrañas y más inerrables patrañas. Uno, dos pasos, ya no podía seguir, debía irse, de la verdad y humillación. Tosía y tosía tristeza y culpabilidad. Uno, un solo paso más y con ello creía decirlo todo al aire, consolarse de que no quería ser engañada.

Akane cayó rendida frente a la tuba de su capitana, –ex capitana– se corrigió con lágrimas todavía. Jamás olvidaría la escena donde Mikasa sacrificaba su vida para protegerlos, no sólo le era extraño esa parte de su antigua superior, ya que el hecho de que hoyó en varias ocasiones temas de conversaciones referentes en que su excapitana defendía a muerte a su hermano adoptivo, Eren. No comprendía por qué sacrificaría su vida a unos desconocidos, no lo entendía.

—Si mis ojos no me engañan, sigues lamentándote por el agua derramada. —Una voz femenina habló de repente detrás de ella.

Akane se tambaleó al costado y con expresión estoica gruño inaudiblemente. Sin embargo, la mujer delante de ella tenía algunos rasgos similares a los de Mikasa –a aborrecía por eso– a excepción de castaño y largo cabello liso que caía en forma de cascada.

— ¿Qué haces aquí? —Preguntó Akane cortante.

— Buscándote ¿y tú?

Akane quedó boquiabierto por la simpleza de la respuesta de su excompañera de escuadrón.

— ¿Para qué?

— Aún no me has respondido para que viniste aquí…

Akane reflejó furia a través de las lágrimas surcadas en sus mejillas. Con sus mangas largas remangadas en los brazos, los pasó con fuerza sobre su mejilla, secando lo poco de gotas que tenía en el rostro.

— Eso no te importa, Shira. —Gruñó con hostilidad.

La aludida río por lo bajo.

— Y menos a mí, me importa un bledo lo que hagas con tu vida, pero… —cortó por un breve segundo, y alargó su respiración para continuar con la conversación— Hay veces en las que debes tener cuidado, y reitero; puedes hacer lo que se te venga en ganas con tu vida, sin embargo ten muy en cuenta que a la hora de hablar o cumplir una misión que se te fue asignada, nadie, absolutamente nadie debe saber de dónde procedemos y más que nada… que función nos fue concedida a la hora de infiltrarnos.

Akane frunce el ceño por el patético palabrerío que Shira dice.

— ¡Presta atención, Akane! —Vociferó Shira, al examinar el semblante despreocupado de Akane— Esto es una advertencia, ten mucho cuidado, ya no estamos allí… y cualquier señal o palabra que se te escape, las consecuencias serás horribles, y no sólo Ariette y Joan saldrán victimas de eso, sino que también todos nosotros, por tu propia estupidez nos costará la vida aquí.

Akane se calló y observando la seriedad con la que Shira le habló, no evitó pensar entonces en su hermana adoptiva.

— ¿Le pasó lo mismo a Dhalia? —Preguntó ella en un hilo de voz, que prometía con volver a quebrarse— ¿Fue por mi culpa?

Shira la miró y volvió a exhalar otro cansado suspiro.

— No, ella sola se expuso.

Akane se levanta de golpe y agarrando rápidamente la mano de Shira dice:

— ¿Qué fue lo que sucedió con ella?

Shira con asco retira irritadamente las manos de Akane y antes de irse sonríe con sarcasmo.

— Haces muchas preguntas.

Y se fue.

Dejando a Akane con el remordimiento y las sienes suspendidas al suelo de tanto dolor del que aún tenía y debía soportar. Una áspera brisa entró de nuevo por el cementerio, entonces supo que la muerte estaba de vuelta, recorriendo los alrededores de las tumbas.

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Fin del capítulo tres

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Buenas tardes pue' :'D haré un hermoso canto titulado; "Perdonenmeeeee" D: sé que la mayoría tiene unas inmensas ganas de mandarme a la horca xd -no los culpo-. Quiero añadir que hice el capítulo corto porque hubo escenas y partes que, si bien no podía ponerlo en el anterior capítulo, las coloque en éste ya que no quería extender demasiado el capítulo dos :/.

Un millón de disculpas por lo corto que es el capítulo, y sumando a -se pone a contar- los 3 meses sin subir (¡!). Y también quiero agradecer enormemente a los que me apoyaron y dejaron reviews a ésta insensata, lerda y desconsiderada escritora TwT.

Si les gustó el capítulo déjenme un review ;-; no saben lo mucho que me alegra recibir un mensaje de hotmail; y ver que se trata de una opinión que me impulsa a seguir escribiendo y a mejorar cada día. A mis apreciados lectores, espero que les haya agradado este corto capítulo y sean pacientes con el siguiente, pues tengo otro fic en el que estoy trabajando y tendiendo tan poco tiempo, veré que puedo hacer e intentaré terminar de escribir el primer capítulo de "Hijas de la noche", para después concentrarme en el cuarto capítulo de éste fic :'3.

Muchas gracias, saludos y que disfruten mucho las vacaciones de invierno :)


~ Espacio de Reviews ~

MaRu-chan MKV: He de admitir que escribí esa parte escuchando una canción que ¡joder! me hizo llorar tanto, que no quiero recordarlo, ya que la mínima estrofa que recuerde lagrimearé en menos de cinco segundos D: -Cambiando de tema- Siendo honesta, yo tampoco esperaba escribir ese breve sueño relacionado con el hilo rojo, bueno, más bien tenía planeado hacer un sueño donde Rivaille encontraba a Mikasa, pero a última hora se me vino a la mente el hilo rojo y ¡pum! la combinación perfecta. Jajaja xD admito que yo también me confundo con Akane, más adelante veremos de que bando juega ella ;). ¡Gracias, chica! Amo tus reviews y espero no haberte decepcionado con éste cortísimo capítulo u.u

Kuchiki Nadya: ¡Por fin has hablado por fanfiction, sister! XD JAJAJA. Gracias por el apoyo hacia mi escritura TwT y sin más que alargar tanto, ovejilla blanca, me gustan tus reviews ;) ¡UF! Me creo que me iré pensando en algo para matarme D: se que te gustan los fics largooooos y todo eso, pero a éste capítulo lo hice corto nada más para aclarar cosas que no pude poner en el otro y bueh, estoy rezando porque, por lo menos, a pesar de ser corto haya cumplido con el requisito de haber entrenenido a todos mis lectores T.T ¡Gracias por haberme escrito :D! Io também te querrooo C:

Inna: Y después Levi encontró a Mikasa viva y coleando; y más tarde se casaron y tuvieron dos hermosos hijos (?) Perdón xD, lo decía parodeando C: y tal vez, sólo tal vez, haga ese final (?) (?) (?)

Lighting135: Cuando mencionaste "Eso no me deja dormir" me hiciste acordar a un meme de una película de Disney xD (no me acuerdo cual). No puedo mencionarte nada xD, a lo mejor en este capítulo hice referencia a alguien, o tal vez no, queda en vos, por ahora, deducir si Mikasa está viva. Probablemente en un capítulo mas adelante, o en el siguiente, mencione el paradero de nuestra Ackerman ;). ¡Gracias por tu review! n.n

Hana327: Owww gracias :'DDD, tenme paciencia plz que soy la peor combinación de un caracol con una tortuga escribiendo Dx. Y no te preocupes, escribiré lento, muy, muy, muy leeeeento pero lo continuaré xD Te daré unas cantas golosinas con con pastel por esa respuesta :3 ¡Espero que hayas disfrutado del capítulo y saludos!

Guest: ¡No te enojes Dx! Soy muy lerda escribiendo y añadiendo el hecho que mis ideas llegan tarde u.u, pido disculpas por la enorme tardanza y espero no haberte decepcionado por éste último que recién subo ;'C ¡Saludos!

Miyu: ¡Wooow tranquila! Digo como al resto de la mayoría, tenme mucha paciencia D; espero que con este capítulo te hagas un minúscula idea de su paradero T.T porque capaz en el capítulo siguiente lo aclare, o en el otro sea más claro como el agua la respuesta. ¡Saludos!