Capítulo 3
Regina levantó la ceja, perpleja.
«¿Enseñarte a controlar la magia?» repitió «¿Me estás tomando el pelo?»
Emma sacudió la cabeza, decidida a no ceder
«No puedo estar más seria, Regina» dijo «No sabemos qué peligros nos aguardan en Neverland. Mis…mis padres saben usar el arco y la espada, Hook es un pirata, sabe cómo defenderse. Tú y el señor Gold tenéis magia»
La muchacha alargó los brazos
«Yo no tengo ninguna defensa»
Regina dejo con cuidado la ropa que Hook le había dado, sentándose en el borde la cama.
«Me había parecido entender que el príncipe te estaba enseñando a usar la espada» dijo, intentando no parecer demasiado desdeñosa al pronunciar el apelativo real del hombre.
Emma asiente
«Y así es, pero no puedo confiar mi seguridad a los pocos rudimentos de esgrima que pueda aprender. Y no puedo tampoco permitirme ser una carga. La prioridad en este momento es encontrar a Henry»
Fue el turno de Regina de asentir.
«En eso estoy de acuerdo»
Emma la miró, esperanzada
«Entonces, ¿me…me enseñarás?»
Regina suspiró, y señala el catre de enfrente
«Siéntate, Emma» murmuró, rozando distraídamente la ropa con los dedos. No podía decir que estuviera sorprendida. Desde que Emma había descubierto que sabía utilizar la magia, se esperaba una pregunta como esa. Cierto, no se hubiera imaginado que se lo iba a pedir en un momento como este, pero sabía que no lograría hacerla cambiar de idea.
Emma hizo lo que le dijo, acomodándose con la piernas cruzadas sobre la cama.
«Quisiera que comprendieras algunas cosas respecto a la magia» inició Regina, cruzando las piernas. Nave o no, ella seguía siendo la maldita alcaldesa. Todavía tenía una dignidad.
«Si quieres utilizar magia, debes comprender que la magia tiene siempre…»
«Siempre tiene un precio» la interrumpió Emma, fastidiada «Lo repetís siempre, eso lo sé»
Regina la fulminó con una mirada.
«¿Quieres mi ayuda o no, señorita-lo-sé-todo?»
Emma rodó los ojos y resopló «Está bien, perdona. Continua»
Regina le dedicó una torva mirada, antes de aclararse la voz y proseguir.
«Tiene siempre un precio» dijo «Con el tiempo se comprende qué precio es ese. No puedo decirte qué exigirá de ti, porque es increíblemente subjetivo. Deberás averiguarlo sola y, digámoslo así, intentar limitar los daños, si quieres tener un alma al terminar este viaje»
Emma se rascó la nuca.
«¿Honestamente?» murmuró «No he entendido mucho de lo que has dicho»
Regina suspiró, se levantó y comenzó a caminar por el camarote, siguiendo las líneas de los tablones de madera del pavimento.
«Utilizar la magia…hará que pongas en tela de juicio todo tu ser» dijo la mujer, los ojos entrecerrados y la mente totalmente concentrada en la magia que sentía correr por sus venas. Si no lograba explicar a Emma cómo funcionaba la magia de modo práctico, entonces se lo haría sentir «Porque usar la magia causa lo que Rumpel llama "golpe de vuelta"»
Sintió a Emma moverse en la cama
«¿Golpe de vuelta?» repitió
Regina asintió, casi a sí misma. Parecía que no estuviese haciendo caso a Emma. Era como si se hubiese olvidado de ella, como si estuviese hablando sola.
«Sí. El golpe de vuelta es, así dicho, el precio que se debe pagar. La magia no es algo abstracto. La magia funciona porque es real, porque actúa siguiendo fuerzas naturales reales, utilizando energías reales e invocando entidades reales. Pero por eso exigen en compensación un precio real»
Se detuvo, pensativa. Emma aprovechó para hacer una pregunta; continuaba observándola. Mientras hablaba de magia, Regina no parecía ni siquiera la misma persona.
«¿También con la magia blanca hay un precio?»
Regina se giró de repente para mirarla, como si recordase de repente que estuviera ahí. Entrecerró los ojos, observando a Emma que la miraba con curiosidad, sentada a lo indio en la cama.
«No existe magia blanca o magia negra» soltó Regina, deteniendo su frenético caminar.
«¿Ah no?» preguntó Emma con un brillo de diversión en la mirada, que escondía mucho.
«No» respondió Regina «Existe la magia, punto. Y existe quien la usa para metas…diferentes»
Emma abrió los ojos, incrédula. Regina parecía incómoda
«¿Y tú para qué meta la usas?» osó preguntar la muchacha, intentando sonar lo más sería posible.
Regina le dedicó la enésima mirada llena de antipatía
«No es asunto tuyo» dijo la mujer, arrepintiéndose ya de haber comenzado esa conversación.
Pero Emma no parecía de la misma opinión
«En serio Regina» exclamó, apoyando los pies en el suelo «Has hecho cosas terribles, lanzado maldiciones aterradoras, matado a personas inocentes…»
Emma sacudió la cabeza
«Pero cuando se trata de Henry, logras sacar de ti la mejor magia que una persona puede concebir» concluyó, la cabeza inclinada y la mirada curiosa dirigida hacia la otra.
«Con Henry es diferente» añadió Regina, dándose la vuelta y dándole la espalda a Emma para que no le pudiera ver la cara «Henry es mi hijo. Con él todo es diferente»
Sintió a Emma suspirar «No logro comprender por qué te obstinas en mostrar el lado más oscuro de ti cuando es evidente que no eres así. ¿Por qué te comportas de ese modo, Regina?»
Regina cerró los ojos y se dio la vuelta rápidamente para enfrentársele, encontrándola de pie a lado de la cama.
«Porque es más fácil odiarme y hacerme odiar por las personas que lo contrario» soltó, enfadada.
Emma abrió los ojos y la boca, sorprendida. Regina pareció darse cuenta de lo que había dicho; entrecerró los ojos y se encaminó velozmente hacia la puerta, abriéndola y manteniéndola así delante de ella.
«Si quieres excusarme, tengo que cambiarme de ropa» dijo Regina, con la mirada baja.
Emma no dijo nada. Se limitó a acercarse a la puerta, sin hablar. En el umbral, se detuvo un instante delante de ella, intentando cruzarse con su mirada. Pero Regina continuó obstinadamente mirado el suelo. Emma se limitó a alargar la mano y rozarle delicadamente los dedos, antes de bajar la cabeza y salir por la puerta.
Regina se dejó caer sobre la cama, llevándose los brazos a la cara. No sabía qué le pasaba con Emma. No estaba en su naturaleza confesar cosas de ese tipo. La mujer resopló, airada. Con la única ayuda de los pies se quitó los zapatos y se arrastró hasta apoyar la cabeza en la almohada. Permaneció con los ojos abiertos mirando hacia el techo, sintiendo las paredes del barco crujir.
El silencio de la estancia, unido al leve movimiento ondeante de la nave, ayudó a Regina a calmar sus nervios, haciéndola caer en un sueño agitado. La mujer estrujó las sábanas con las manos, como aferrándose a la realidad.
Emma se acercó a sus padres, que estaban hablando sentados sobre dos barriles vacíos. La muchacha, al ver que ninguno de los dos la habría visto, carraspeó. Ambos se giraron para mirarla con una expresión de interrogación dibujada en el rostro. Emma ofreció una sonrisita embarazosa y dejó la chaqueta nuevamente en la barandilla, y se restregó las manos.
«¿Te apetece…volver a intentarlo?» preguntó con una pequeña sonrisa, dirigiéndose al padre.
Charming sonríe feliz y asiente. «Naturalmente»
Emma le devolvió la sonrisa al padre y agarró nuevamente la empuñadura de la espada, dispuesta a enfrentarse al hombre que tenía delante.
«Está bien» murmuró para sí misma «Adelante»
Emma tocó suavemente a la puerta de su camarote. Según el reloj de Hook se estaba acercando la hora de la cena. Ella y Charming habían entrenado durante el resto de la mañana y de la tarde, solo descansando para almorzar. Emma había tenido que admitir que con un poco de paciencia y de duro trabajo los resultados se veían. No estaba obviamente preparada para afrontar una pelea de alto calibre, pero estaba feliz al ver que no se le estaba dando mal lo de la espada.
Rumpel no había dado señales de vida en todo el día, y cuando Snow había bajado para asegurarse de que estaba bien, se lo había encontrado inmerso en la contemplación de algunos retratos de Belle.
Regina, en cambio, no había salido del camarote, ni siquiera para comer, dadas las circunstancias desagradables en las que se habían separado, Emma quería asegurarse de que estaba bien. Cuando no respondió, la muchacha empujó ligeramente la puerta y echó una ojeada al interior. Regina estaba profundamente dormida, los dedos aferrados a la sábana y una expresión de sufrimiento.
«Mierda» silbó Emma, entrando rápidamente en el camarote y acercándose a la cama «Otra vez no…»
Se arrodillo a los pies del catre y tomó a Regina por los hombros, sacudiéndola ligeramente.
«¡Regina!» la llamó con fuerza «Regina, ¡despiértate!»
Con un pequeño sobresalto, Regina abrió los ojos y miró alrededor, confusa. Apenas hubo comprendido dónde se encontraba, se tranquilizó y volvió a mirar a Emma, que se había sentado en la cama más cercana.
«¿Qué sucede?» preguntó la mujer, la voz pastosa por el sueño. Se sentó, restregándose levemente los ojos.
«Es casi la hora de la cena» murmuró Emma como respuesta, mirándose las manos. Por un momento había temido no poder despertarla «He venido a ver si tú…»
«¿Hora de la cena?» la interrumpió Regina, confundida «¿He dormido todo el día?»
Emma asintió, mordiéndose el labio.
«Maldición» estalló Regina, pasándose una mano por los cabellos.
Emma se retorcía las manos, fijándose en la punta de los zapatos
«Sé que no es un buen momento» dijo «Pero me preguntaba si has pensado en mi petición»
Regina apoyó los pies en el suelo, las manos en el regazo y la mirada fija en Emma
«Lo he pensado en el mismo momento en que me lo has pedido» respondió con calma.
La mirada de Emma se levantó y se encontró con la oscura y profunda de Regina.
«¿Y…?»
«Y…» Regina suspiró «Te mostraré una cosa. Si después de eso, sigues decidida a aprender, te enseñaré»
Emma asintió, enderezando la espalda.
«De acuerdo» respondió, segura
Regina suspiró. Se levantó del colchón y le tendió una mano a la muchacha, las palmas vueltas hacia ella.
«Lo que te voy a mostrar es un recuerdo» le advirtió «Un recuerdo de cómo la magia consume a las personas que hacen uso de ella, si no están atentos»
Emma asintió, mirando las palmas de la mujer, como esperando verlas rodeadas de fuego.
«Necesito…» Regina carraspeó «Necesito tocarte, Emma»
Emma desencajó los ojos, mirándola
«¿Tocarme?»
«Tocarte» repitió Regina, ligeramente impaciente «Es necesario que te toque para establecer un contacto»
Emma la miró unos instantes con la boca cerrada, sorprendida
«Yo…ok» balbuceó «Ok»
Dio unos pasos hacia delante y lo mismo hizo Regina. Esta última llevó las manos a pocos centímetros del rostro de Emma, sin tocarla.
«Ok» dijo la mujer a su vez, sus miradas se entrecruzaron «Continua mirándome»
Y tras decir eso, apoyó ambas palmas sobre las mejillas de Emma. Inmediatamente, la estancia a su alrededor desaparece, ambas se vieron catapultadas a los recueros de Regina. Emma se encontró en un bosque, que según sus sospechas sería el Bosque encantado. Miró alrededor, sin saber bien cómo, ya que se encontraba en un recuerdo. De repente, delante de ella apareció un hombre, envuelto en una negra capa, con una ropa hecha de piel. Emma tardó un poco en reconocerlo, y cuando lo hizo, no lo quiso creer. Aquel hombre era el mismo Sr. Gold. Pero no el Gold que conocía. El que Emma tenía delante era una versión fea y arruinada del hombre que conocía. Su rostro y sus manos tenían un color verdoso, la piel áspera y picada, llena de surcos y cicatrices que solo un arte potente y terrible como la magia podía dejar. Los ojos ya oscuros eran todavía más negros, grandes y deshumanizados. Al mirarlo, a Emma le entraron escalofríos. También los cabellos, normalmente muy cuidados, estaban sucios y con un aspecto…antiguo. Observando a aquel hombre, Emma supo que delante no tenía al Sr. Gold, ni siquiera a Rumpel. Aquel era el Oscuro.
Apenas hubo digerido esta angustiosa revelación, el recuerdo terminó, rápido e indoloro, como había llegado. Emma se sobresaltó cuando sus ojos se encontraron no ya con el bosque, sino con la mirada profunda y atenta de Regina.
«Aquel era…»
«Rumpelstiltskin» confirmó Regina, asintiendo. Soltó el rostro de Emma, llevando las manos al regazo «O mejor dicho, el Señor Oscuro»
Emma asintió, sin saber qué decir. ¿Eran esos los efectos de la magia? ¿Era ese el resultado para quien utilizaba aquel arte sin escrúpulo alguno? Emma tembló cuando comprendió todo el discurso que Regina le había dado esta mañana. La magia era peligrosa. Sobre todo si no se sabe usar.
«¿Estás aún convencida de tu elección?» preguntó Regina, cautamente.
Emma asintió.
«Absolutamente» respondió, mirando a la otra mujer con seguridad. «De hecho, con este recuerdo sabré bien en lo que no quiero convertirme»
Regina suspiró nuevamente. Debía admitir que había tenido la esperanza de hacerle cambiar de opinión, la magia era un arte al que no se podía infravalorar y con una persona como Emma sería muy difícil perder el control. Regina sabía que Emma era poderosa; lo había comprendido hace un tiempo. El único miedo que tenía era que no sabría decir cuánto.
«Muy bien» dijo la mujer, levantándose «Déjame que me cambie, iré a cenar»
Emma se levantó a su vez, con una expresión curiosa en la cara
«Esta noche…» dijo Regina sin mirarla «Esta noche iniciaremos tu adiestramiento»
