Hola chicas. Vamos a empezar el capítulo octavo, pero esto ya llega a su fin porque este fic, ya lo dije al principio es corto, solo tiene once capítulos. Para largo el otro, el de Confidente's diary que, aunque no tiene tampoco muchísimos capítulos, estos son mucho más largos.
Bueno, espero que sigáis disfrutando con nuestras chicas favoritas.
Capítulo 8
Emma batió los párpados, despertándose de sobresalto. Se dio la vuelta hacia el otro lado, y no pudo reprimir una sonrisa al ver el rostro de Regina, relajado en el sueño. Estaba por volver a dormirse, cuando el ruido se repitió. Entonces, de repente se sentó en la cama, casi cayéndose. Salió de dentro de las sábanas y corrió hacia la puerta sin pensar siquiera en vestirse. Abrió el cerrojo en el momento en que la persona del otro lado iba a tocar por tercera vez. La muchacha abrió ligeramente la puerta, escondiendo su cuerpo detrás.
«¡David!» balbuceó, mirando a su padre e intentando sonar relajada
«Emma» contestó el «¿Va todo bien ahí dentro?»
Emma asintió frenéticamente
«Muy bien»
David arrugó las cejas, la mirada dirigida al cuello de la hija
«Emma, ¿eso es un chupetón?»
La muchacha jadeó, llevándose instintivamente una mano a la garganta
«¡N-no!» exclamó, el tono de voz ligeramente histérico
David miró a la hija unos instantes, después su mirada vagó hacia los cabellos despeinados de la muchacha, a sus labios rosados, a su expresión pacífica y a la mano que aún cubría la evidente señal que solo podía dejar un…
«Oh…» balbuceó, retrocediendo medio paso
Emma maldijo internamente
«¡Oh!» exclamó nuevamente David, la mirada velada de comprensión.
El hombre señaló a Emma y después a la puerta
«¿Estabais…?»
Emma sonrió, incómoda
«Sí» balbuceó, sin saber qué otra cosa decir
David desencajó los ojos.
¡OH!» repitió por tercera vez, aturdido
Emma no sabía qué hacer. Hubiera querido estar vestida en aquel momento. Aunque solo fuera para poder salir y hablar tranquilamente con su padre.
David se llevó una mano a la nuca, masajeándosela con incomodidad
«¡Bah, está bien!» exclamó finalmente.
Emma desencajó los ojos. De todas las reacciones que podía esperarse, esa era sinceramente la más improbable. ¿Está bien?
«¿Qué…?»
David asintió y se aclaró la voz, estira las manos hacia delante y hace señales de que vuelva a entrar.
«Bien, continuad» dijo David, alegre «Yo…me inventaré algo para distraer a tu madre»
Y a Emma definitivamente se le cayó la mandíbula al suelo.
Cuando Emma se deslizó bajo las sábanas, se encontró con las cálidas manos de Regina esperándola, la agarró por la cintura y acercaron sus cuerpos.
«¿Quién era?» susurró la mujer
Emma, aún aturdida por la reacción de su padre, se encogió de hombros y cruzó sus piernas con las de Regina.
«David»
Regina abrió los ojos. La miró durante un largo instante, antes de decir.
«Por tu expresión, deduzco que algo ha sucedido»
Emma simplemente asintió
«Pero él…parece haberlo tomado bien»
Regina no se descompuso lo más mínimo
«¿Te sorprende eso?»
Emma se encogió de hombros por segunda vez. Regina resbaló la punta de sus dedos por la espalda de la muchacha, provocándole un escalofrío.
«Emma, tu padre no es estúpido. Sé que lo parece, pero a veces creo que es de hecho más astuto que tu madre»
Emma escondió el rostro en el cuello de la mujer, preguntándose cómo puede sentirse tan segura entre los brazos de una persona a la que creía odiar durante tanto tiempo.
«Dilo de nuevo» murmuró
Regina enredó una mano entre sus rubios cabellos.
«¿Qué cosa?»
Pasaron algunos segundos antes de que Emma se decidiese a responder.
«Mi nombre»
Regina sintió cómo su propio corazón se abría y prendía el vuelo al escuchar esas pocas palabras. Sabía bien que esa petición escondía mucho más de que lo ambas dejaban ver, pero la contentó.
«Emma»
Su nombre salió en un susurro dulce, dulce como el beso que Regina le dejo en los cabellos, dulce como el movimiento de las manos que se habían puesto a acariciar su cuerpo. Emma enlazó los brazos alrededor de su cuello, y levantó una pierna para rodear con ella las caderas de Regina. Las manos de la mujer acariciaron las piernas desnudas, rozando la piel sensible del interior de los muslos.
«Emma»
Un gimoteo de satisfacción se difundió por la estancia en el momento en que los dedos de Regina penetraban las carnes de la muchacha con una facilidad inaudita. Emma movió las caderas hacia la mano, la cabeza hacia atrás.
«Emma»
Regina recorre con sus labios su cuello, provocándole escalofrío tras escalofrío. Empujó dentro de ella, sintió cómo su alma se expandió ante el modo en que Emma se aferraba a sus hombros, como si fuera su tabla de salvación.
«Emma»
Los labios de Regina se posaron cerca de su oído, mientras el orgasmo la envolvía
«Emma»
«Regina…»
Durante unas horas, de aquella estancia nadie salió. No hubo otras palabras, sino aquellas necesarias, aquellas arrancadas en el clímax de la pasión. No hubo ruidos, sino aquellos del roce de piel contra piel, de labios contra labios. No hubo sonidos, sino aquellos de sus manos que se entrecruzaban, de sus cuerpos que se frotaban uno contra el otro en el éxtasis del placer.
«¿Seguro que va todo bien?» preguntó nuevamente Snow.
David asintió calmadamente
«Te lo he dicho, ayer estuvieron hablando hasta bien entrada la noche» respondió «Ahora quieren solo dormir un poco»
Snow resopló, continuando con su desayuno
«Ni siquiera han comido»
David se limitó a encogerse de hombros.
«Tendremos que salir de esta habitación antes o después…» gimió Regina, las manos cruzadas sobre la cabeza de Emma.
La muchacha levantó apenas la mirada, decidiendo ignorar esas palabras y continuar con lo que estaba haciendo.
«Emma…» la llamó Regina.
Emma hundió la lengua dentro de ella, y cualquier protesta fue de pronto bloqueada.
«David»
El príncipe cerró momentáneamente los ojos
«¿Sí, tesoro?»
«Están en esa habitación desde hace casi un día»
David suspiró, dejando la espada que estaba limpiando.
«Voy a ver»
Regina temblaba, su cuerpo aferrado por los brazos protectores de Emma.
«Todo esto es increíble» susurró
Emma asintió
«Lo sé»
El silencio caló entre ellas durante unos instantes.
«No tengo suficiente» admitió Emma después de un rato
«¿De sexo?»
«De ti»
Regina respondió con un beso urgente, con el que intentó expresar lo que no lograba decir en voz alta.
David sentía la mirada de su mujer clavada en su cuello, por eso se rindió al hecho de que debía molestar a su hija.
Tocó a la puerta, inseguro
«¿Emma, tesoro?»
Detrás de la puerta se produjo algo de desorden, pero cuando la puerta se abrió, Emma estaba completamente vestida.
«¡David!» exclamó, las mejillas rosadas y una expresión de completa serenidad dibujada en el rostro.
«¿Todo bien? Es casi la hora de almorzar»
Emma asintió, abrochándose el último botón de la camisa que llevaba puesta.
«Tu madre se estaba preocupando» la advirtió David, haciendo un gesto con la cabeza señalando detrás de él.
Regina apareció detrás de Emma, arreglándose el corpiño nuevo. La mirada de la muchacha cayó inevitablemente en el escote, y ella se encontró enrojeciendo.
«Snow se preocupa siempre por cosas inútiles» dijo Regina, altanera, pasando por delante de padre e hija y dirigiéndose velozmente hacia el salón para almorzar.
David y Emma la siguieron con la mirada, a continuación el príncipe se inclinó para rodear a su hija en un abrazo y susurrarle unas pocas palabras al oído.
«Tú madre te avasallará a preguntas, así que prepárate»
Emma suspiró, liberándose del abrazo.
«Gracias» murmuró sinceramente. «Y perdona por haberte envuelto en este secreto»
David se encogió de hombros descuidadamente, pasando un brazo en torno a los hombros de la hija y siguiendo los pasos de Regina
«No te preocupes» dijo con una sonrisa «Soy feliz al saber que mi hija tiene buen gusto»
Emma se echó a reír dándole un ligero empujón.
Regina abrió la puerta de la sala y se encontró a Rumpel y a Snow poniendo la mesa para el almuerzo. El Oscuro le muestra una sonrisa reluciente, y Regina no supo si leerla como muy tranquilizadora o muy inquietante. Ante la duda, y al pasarle cerca, se limitó a susurrarle un «Gracias» apenas audible. Para Rumpelstilskin eso era suficiente.
La comida se transformó en seguida en una charla incómoda.
«Bonito tu nuevo corpiño, Regina» comenzó Rumpel «Pero prefería el otro, ¿dónde está?»
Emma hundió la cabeza en el plato, mientras Regina fulminaba a su ex mentor con una mirada
«Se ha roto»
«¡Qué pena!» fue el comentario absolutamente no disgustado de Rumpel.
Durante unos instantes nadie habló, y a continuación…
«Emma, ¿qué tienes en el cuello?»
Las palabras de Hook hicieron que se levantaran solo dos cabezas: la de Snow y la divertida de Rumpel. Emma se llevó el pelo hacia delante, intentando esconder las tantísimas señales que Regina le había dejado.
«Nada, pirata»
«También lo he visto yo, Emma» metió baza Rumpel «¿Qu…?»
Sus palabras fueron cortadas por un quejido de dolor debido a la patada que Regina le había dado por debajo de la mesa. Pero en ese momento, Snow había desplegado las antenas.
«¿De qué hablan, tesoro?»
Emma hubiese querido desaparecer. David se balanceó sobre su silla, decidiendo permanecer fuera de la conversación.
«Es solo un hematoma, mamá»
La utilización de ese nombre logró distraer a Snow White, que se iluminó de pura felicidad antes de volver a la realidad ante el comentario de Hook.
«Regina se emplea a fondo, ¿mmh?»
David se cayó de la silla
«¿Qué?»
Hook hizo un gesto vago con el garfio
«Sí, en fin. Con las clases de esgrima»
Tanto Regina como Emma suspiraron de alivio, y David se levantó bajo la mirada turbada de su mujer.
«Regina se emplea a fondo, pero no solo con la espada» comentó Rumpel plácidamente
«¡GOLD!»
«¡RUMPEL!»
Los gritos idénticos de Emma y de Regina fueron explicación suficiente para las miradas perplejas de Hook y Snow. Pero si Hook reaccionó comenzando a reír como un deficiente hasta que sus propias risas hicieron que comenzara a dolerle la barriga, Snow permaneció absolutamente inmóvil en su sitio.
«Snow, tesoro…»
«¿Mary Margaret…Mamá?
«Snow, por el amor de Dios. No es el fin de dichoso mundo»
Emma lanzó una mirada exasperada a Regina.
«¿Qué?» soltó ella, cruzando los brazos «No te he violado. Estabas muy dispuesta, me parece»
Snow jadeó
«Y tampoco te has quedado corta, querida»
«¡Basta ya!»
El grito casi histérico de Snow White cortó la respuesta de Emma. El silencio cayó de nuevo en la mesa, solo cortado por las risas de Hook.
«Ven fuera» dijo Snow «Quiero hablar contigo»
Emma se levantó, preparándose para un sermón largo y aburrido por parte de su madre.
«Tú no» dijo Snow con un tono seco «Regina»
Emma se giró rápidamente a mirar a Regina que había desencajado los ojos, preocupada. David miró su mujer, indeciso de si intervenir o no. Pero, la mujer asintió y siguió a su hijastra sin decir nada.
«Explica»
Regina cruzó los brazos y se sentó sobre uno de los barriles del puente.
«No hay mucho que explicar, Snow»
Pero Snow White no parecía tener la misma opinión, y la apunto en el pecho con un dedo, de modo agresivo
«Explícame que le has hecho a mi hija»
Regina le separó la mano con un gesto seco
«¿Sabes una cosa, Snow? Me aburres con tu modo de actuar y de pensar» soltó la mujer, furiosa «El mundo no es blanco o negro, y tu hija parecer haberlo comprendido muy bien. Me aburres con tu respetabilidad. Fui la que fui, pero hasta ahora solamente Emma parece haberse dado cuenta» Mientras hablaba, Regina avanzaba hacia su hijastra haciendo que esta fuera retrocediendo
«Lo que hay entre Emma y yo no tiene nada que ver contigo. Tiene que ver con nosotras, y con nuestro hijo. Ahora, si quieres creer que le he lanzado una especie de hechizo, tú misma. Yo sé que no es verdad y también lo sabe Emma. Y no tengo intención de permitirte que me eches a perder una de las pocas cosas buenas de mi maldita existencia»
La mano de Regina se cerró sobre la chaqueta de Snow
«No-de-nuevo» dijo la mujer, con un gesto de pura furia que le deformaba el rostro.
Snow tenía los ojos totalmente desorbitados y miraba a Regina como si fuese la primera vez que la veía. A continuación, Regina se dio cuenta de lo que estaba haciendo y su cuerpo se relajó y pareció recuperar el control, aflojó su agarre y la soltó dando un paso hacia atrás.
«No tendría que haberlo hecho» susurró, casi para sí misma
Snow no sabía qué decir. Se limitó a mirar a su madrastra con una expresión de pura confusión.
«Siempre me haces perder el control, maldición» soltó Regina, mirando a Snow, no aguantando más «En eso tú y tu hija sois iguales»
Snow White se aclaró la voz
«¿Así que estáis…?»
Regina la miró, las manos en los cabellos y la expresión cansada.
«¿Somos qué?» dijo con un tono no muy educado
Snow bajó la mirada por un momento, antes de elevarla de nuevo
«¿Estás enamorada de mi hija?»
Regina abrió de repente la boca para responderle, para decirle que no era asunto suyo, para decirle que le parecía demasiado pronto para recurrir a la acostumbrada frasecita del Amor Verdadero, para decirle que quería disfrutar su historia en paz, sin complicaciones. Pero, sin embargo, lo que salió de sus labios fue otra cosa.
«Creo que sí»
Emma caminó por toda la sala, la mirada fija en el suelo y las manos cruzadas a la espalda.
«En mi opinión, se están matando» comentó Hook, con los pies sobre la mesa y una manzana en la mano.
«Hook, cállate»
El pirata ignoró al príncipe.
«De verdad, pensadlo. Con todo su pasado…»
«Hook»
Hook lanzó la manzana y la cogió al vuelo, una sonrisa socarrona en la cara.
«Sería divertido verlas rodar por el puente…»
Emma se dio la vuelta hacia él con un gruñido
«Pirata, cierra esa boca o te la cierro yo. Y te aseguro que no será agradable»
Snow observó fijamente la figura de su madrastra por unos instantes interminables.
«Tendría que habérmelo imaginado»
Regina permaneció inmóvil, cuando Snow apoyó una mano en el parapeto de la nave, invitándola a sentarse a su lado.
«¿Imaginarlo?» repitió
Snow suspiró y asintió, sentándose sola cuando Regina no se movió para unirse a ella.
«Que sucedería»
Regina no movió un músculo.
«En fin, bastaba interpretar vuestras miradas y vuestro comportamiento» continuó Snow, prácticamente hablado sola «Tendría que haberlo imaginado. Erais tan evidente»
«No, no lo éramos…»
«Oh, Regina, por el amor de Dios. Seré una ciega respetable» Regina tosió incómoda «Pero ciertas cosas las ve hasta un niño»
Snow suspiró, tomándose la cara entre las manos
«No debería haberte acusado, Regina. Lo siento»
Fueron aquellas palabras las que probablemente hicieron que la mujer se moviera. Regina se sentó, insegura, al lado de su hijastra.
«Nos hemos equivocado ambas» murmuró
Las dos permanecieron en silencio, cada una perdida en sus propios pensamientos.
«Emma, tesoro. Me estás dando dolor de cabeza»
Emma se detuvo de su maratón alrededor de la mesa
«Perdona»
Se retuerce las manos, mirando nerviosamente la puerta.
«Oh, al diablo» soltó, saliendo de la sala
Regina estaba por proponerle a Snow una tregua cuando aparece aquel terremoto de su…
«Regina y yo estamos juntas» escupió Emma sobresaltando a Snow White «Y no me ha lanzado ningún hechizo, lo que ha pasado ha ocurrido porque ambas lo hemos querido. Y no quiero que nadie nos ponga impedimentos, porque quiero que funcione. Porque soy feliz»
Tanto Regina como Snow miraron a la Salvadora con un gesto de sorpresa, más que nada porque había soltado todo ese discurso sin tomar aliento.
«Soy feliz» repitió Emma, con más calma. Su mirada huye de la de Regina para dirigirse a la de la madre. Snow se levantó lentamente.
«No lo pongo en duda, tesoro»
Aquello fue decididamente, pero decididamente inesperado. Emma abrió desmesuradamente la boca y Regina emitió una exclamación que iba entre el escepticismo y la sorpresa. Snow puso una mano sobre el hombro de su hija.
«No tengo intención de…poner impedimentos. Si eres feliz, a mí con eso me basta»
Emma batió los párpados, tomada de improviso.
«Uhm ¿Gracias?»
Regina sacude la cabeza, exasperada del comportamiento casi infantil de Emma.
«Regina»
La mujer levantó la mirada para fijarla en la espalda de Snow
«¿Mmh?»
«Estoy dejando a mi hija en tus manos. Hazla sufrir y juro por Dios que haré todo lo que esté en mi mano para hacértelo pagar»
Regina tragó saliva sabiendo que esa amenaza no era en vano. Snow sabría dónde y cómo golpear.
«No te preocupes, Snow» respondió Regina «Soy feliz. Emma me hace feliz»
Los ojos de la muchacha se dispararon hacia los suyos, sorprendidos, antes de que Emma se derritiese en una sonrisa.
«No la haré sufrir»
