Hola! aquí el segundo capitulo :D


La nieve se hacía presente en toda la ciudad, era hermoso ver las calles rodeadas de tanta blancura y silencio.

Era sábado y Ulquiorra se hallaba dentro de un supermercado, le hacían falta algunas cosas en su casa y aprovechó su día libre para ir a comprar. Justo se encontraba cerca de la sección de fruta cuando de repente su celular comenzó a sonar. Tomó su móvil y contestó.

- Diga…

- ¡Cifer-san! – Se escuchó una alegre voz al otro lado de la línea - ¡Soy yo Uraha…

El joven corto la llamada inmediatamente, no estaba de humor para hablar con ese sujeto.

Decidió volver a tomar unas manzanas pero en eso volvió a sonar su móvil, esta vez no tuvo más remedio que escuchar lo que diría Urahara Kisuke.

- ¡¿Puedes decirme porque hiciste eso?! ¡Eso es muy cruel Cifer-san! – Exclamó en un tono infantil hacia su trabajador - ¡Recuerda que soy tu jefe y me debes respeto!

- Ajá… - añadió mientras colocaba una par de manzanas en su cesta de compras - ¿Para qué me llama?

- ¿Acaso tengo que tener una razón importante para saber qué tal le fue a mi pintor estrella en su primer día de trabajo?

- Usted estaba ahí, no entiendo porque quisiera saber algo como eso.

- Me importa mucho que mis trabajadores se sientan cómodos mientras realizan sus labores.

- Pues no me sentí nada cómodo al terminar el día – dijo él.

- ¿Cómo qué no? – Le preguntó – ¡A todos les gustaron tus escenografías!

- Tenia defectos, no me gustaron en nada – se notaba un poco molesto – todo en lo que pensaba mientras pintaba era en ese Ichigo Kurosaki y Orihime Inoue.

- ¡Ohh! ¿Entonces si te importaba lo que pasó entre ustedes? – Rió - ¡Ayer me dijiste que te era irrelevante!

- Lo es – afirmó nuevamente – pero no sé qué pasó…

- Quizá sería mejor que te reconciliaras con ambos para que dejaras de pensar en eso cuando hagas los murales y así queden perfectos tal como tú los quieres.

- No crea que porque usted me lo pida lo haré, no pretendo disculparme ni nada.

Se oyó un suspiro por parte del director del estudio.

- Bueno – volvió a reír – ¡no es tan fácil convencerte!

- ¿Eso es todo?

- ¡Ah! ¡Tengo algo más que preguntar!

- ¿Qué cosa?

- Veras… - tosió un poco – no es que haya estado pendiente de aquello pero… Ayer te vi hablando con Inoue-san al salir del estudio.

- Ya veo… con razón sentía que alguien nos observaba – Por su parte Kisuke no podía evitar reír.

- Traté de ser lo más discreto posible, entonces ¿Le contaras a tu jefe que pasó?

El ojiverde mantuvo silencio por un rato para luego hablarle de lo sucedido.

FLASH BACK

Todos se hallaban observando las fotos culminadas en la computadora, las sonrisas se hacían presentes en el rostro de las chicas y más de Nelliel y Matsumoto.

- ¡Adoro como el fondo resalta mi cabello! – dijo la modelo de ojos claros.

- ¡A mí me gusta todo! ¡Ulquiorra-kun es un gran pintor! – agregó la chica de cabellos verdes.

Ichigo cruzó sus brazos y miraba las fotos con cierto fastidio.

- ¿Qué te parecen Kurosaki-kun?

- No están mal Inoue – respondió al darse cuenta que la chica notaba su malestar.

- Buen trabajo Cifer – dijo Toshiro quien era el que pasaba las fotografías.

- Hmm… - profirió bajando un poco la cabeza.

- ¡¿Podrías dejar esa actitud tan aburrida?! – se exalto un joven de rasgos felinos.

- ¡Cálmate Grimmy!

- Tsk… ¡No entiendo que le cuesta alegrarse un poco!

- ¡Nosotros también aguantamos tu mal humor! – comentó la ojipardo inflando sus mejillas.

- ¡Mira quién habla! ¿Crees que es fácil aguantar tu actitud tan infantil?

- ¡No soy infantil!

Urahara sonrió a la vez que utilizaba un abanico para darse aire:

- Esos dos no han cambiado ni un poco.

- Creo que pelean cada cinco minutos – dijo el peliblanco.

- Yo ya me voy Urahara-san – el chico pelinaranja agarró sus cosas para marcharse – Estoy cansado.

- Ya veo ¡Disfruta tu fin de semana!

- Sí – en eso se acercó a Orihime - ¿Quieres que te acompañe a tu casa Inoue?

- ¿Eh? – Se sonrojó un poco – No… hoy no… quiero hablar con Cifer-kun un momento.

Ambas palabras llamaron la atención del pintor y del fotógrafo.

- ¿Hablar? – Repitió un poco molesto - ¿De qué?

- Tranquilo no es nada malo – le dijo para que no se enfadara más. Observó al joven de cabello azabache y sonrió - ¿Tienes un momento Cifer-kun?

Ulquiorra no entendía que cosas quería hablar con él, pero no podía negar que le interesaba.

- Supongo – respondió.

- ¡Qué bien! – dijo ella.

- Bien, entonces ya me voy – le dirigió una mirada al ojiverde antes de salir del estudio, traducida (y lo cual el pintor captó) quiso decir: "Mas te vale no lastimar los sentimientos de Inoue".

Ulquiorra pensó que aquel tipo estaba loco si creía que le daría miedo con aquella mirada amenazante, él nunca se dejaría intimidar por nada ni por nadie:

- ¿Te parece si vamos afuera? – sugirió la pelinaranja.

Este asintió a lo que la chica volvió a sonreírle para que ambos salieran por la puerta de atrás del estudio. Urahara apenas pudo escuchar algo de la conversación que tuvieron ambos pelinaranjas y el de cabello azabache, así que como su curiosidad lo mataba los siguió esperando que no notaran su presencia detrás de la puerta.

- ¿Qué es lo que quieres? – preguntó una vez afuera.

- Veras Cifer-kun…

- Dime Ulquiorra – interrumpió.

- ¿Seguro?

- Sí.

- ¡Está bien! – Sonrió - ¡Ulquiorra!

No podía entender como sacaba una sonrisa a cada momento, para él no era necesario que lo hiciese, sin embargo parecía que lo hacía de forma inconsciente.

- ¿No me vas a decir para que me trajiste aquí?

- ¡Ah sí! – Exclamó para luego hacer una reverencia - ¡Discúlpame por lo de esta mañana! No era mi intención burlarme de ti ni nada de eso Ulquiorra.

- ¿Cometes torpezas así a menudo?

- ¡No, no…! Bueno… - se puso a pensar – no lo sé, como no lo hago intencionalmente… ¡Hey! ¡Lo que yo quiero es que aceptes mis disculpas!

- ¿Tanto te importa?

- A mí sí, no me agrada saber que doy una mala primera impresión y más si es con un compañero de trabajo.

- Así que es por eso – murmuró metiendo sus manos en sus bolsillos.

- ¡Ya sé! – Sonrió - ¡Sé que una disculpa no es suficiente! – El joven no entendió lo dicho por aquella chica.

- ¿De qué hablas?

- ¡El lunes! ¡Sí, el lunes!

- Mujer…

- ¡Te sorprenderé con algo el lunes y entonces aceptaras mis disculpas! – mostró una sonrisa.

- Si te explicaras mejor…

- ¡Es una sorpresa Ulquiorra! – Acomodó su cabello - ¡El lunes lo verás! ¡Nos vemos!

Volvió a entrar al estudio sin notar la presencia de su jefe a unos cuantos pasos. Ulquiorra sin embargo se quedó parado mientras observó en todo momento su rápida salida.

- Que mujer más extraña.

FINAL FLASH BACK

- Eso fue lo que paso – indicó el artista – Realmente no es fácil de comprender…

- ¡Que linda es Inoue-san! – Se escuchó la alegre voz de Kisuke a través del móvil - ¡Es muy considerada!

- Yo diría extraña.

- ¡Espero no seas malo con ella cuando te dé la sorpresa el lunes Cifer-san!

- ¿Ya puedo colgar?

- Veo que no te gusta hablar conmigo – rió.

- Que bien supone.

- Bien, nos vemos ¡Diviértete! Claro… a tu manera.

El pelinegro colgó una vez terminado de hablar su jefe.

Observó las manzanas en su cesta. A esa mujer debe importarle mucho agradarle a la gente, pero era algo que no consentía del todo. Si no le agradas a alguien no le agradas y punto, por mucho que hagas no te ganaras su aprobación y no por eso te humillaras ante esa persona.

Pero no consideraba a la chica como algo desagradable a su cercanía, sino la consideraba rara. Más que nada por su sonrisa ¿Qué no se cansaba de sonreír a cada rato?

Caminó hasta la sección de útiles, vio una libreta en la repisa, tenía un precio justo por lo que no dudo en colocarlo en la cesta. Dibujar a mano a veces lo calmaba además de la pintura.

- Disculpe señor… - escuchó una voz femenina detrás de él – Podría decirme… ¿Eh? ¡¿Ulquiorra?!

Se trataba de Orihime, traía en sus manos un juego de pinceles de distintos tamaños.

- ¿Qué haces aquí? – Preguntó muy sorprendida – ¡Con esa bufanda que llevas casi ni te reconozco!

- ¿Qué nunca has visto a alguien comprando en un supermercado?

- ¡No es eso! – Notó que dejaba ver los pinceles así que lo escondió detrás de su espalda - ¡Solo que no esperaba encontrarme contigo!

- ¿Esa era la sorpresa?

- ¿Co… cómo? No sé de qué me hablas – sonrió un poco nerviosa.

- Ya los vi, no tienes que esconderlos ¿Son pinceles, no?

Orihime se sonrojó un poco, no tuvo más opción que mostrárselos y darle la razón.

- Pregunté a unos amigos cuales eran los mejores pinceles para pintura y me dijeron sobre esta marca… y bueno… Se suponía que sería una sorpresa…

- Dudo haberme sorprendido si me los mostrabas el lunes de todas formas.

- ¿Así? – cuestionó curiosa. Él asintió ante su pregunta - ¡Entonces igual los compraré! ¿Me acompañas a la caja?

- ¿Por qué no vas sola?

- ¿Por qué ir sola si puedo ir contigo?

Ulquiorra se quedó callado por unos segundos. Ella era realmente extraña.

- ¿Luego me dejaras tranquilo? – Orihime afirmó con su cabeza muy feliz.

No le quedaba más remedio. Se encaminaron a la caja, la ojigris pagó por los pinceles y se los entregó con una expresión de satisfacción.

- ¡Espero te sean útiles! – sonrió.

- Seguro lo serán.

- ¿Y…?

- ¿Y qué? – Orihime disminuyo su sonrisa.

- ¿No vas a disculparme?

- No era necesario que compraras esto para obtener mi perdón, mujer.

- ¿Eh? ¡¿Y por qué no dijiste eso antes?!

- ¿Enserio crees que eso habría cambiado las cosas?

La pelinaranja entrecerró sus orbes sonriendo:

- Creo que no – dijo ella – Oye ¿Qué harás ahora?

- Tengo que seguir comprando – le enseñó su cesta.

- ¿Te puedo acompañar?

- No – respondió con franqueza.

- ¡Ahh! ¿Por qué? – se entristeció.

- Porque algo me dice que no dejaras de hablar mientras consigo lo que necesito.

- ¡Prometo quedarme callada!

- Si claro…

- ¡De verdad! – se cubrió la boca pero aun así se notaba que no dejaba de sonreír.

- Eres muy persistente mujer – a lo que Orihime asintió feliz. Ulquiorra se encaminó a la sección de panadería cuando supo que con ella no podía lidiar en casos como estos – Está bien, pero si dices una sola palabra…

En eso vio como la chica se le adelantó impidiendo que terminara su advertencia.

El pelinegro rodó sus ojos para después cerrar sus orbes. Era como cuidar de una niña y pensar así no le gustaba en nada. Sería mejor que se diera prisa en terminar de comprar si quería llegar a su casa lo más pronto posible.


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