En una esquina desolada por las altas horas de la mañana se encontraba Ulquiorra, traía puesto un saco color gris oscuro, una camisa blanca y unos pantalones negros. Dio otra mirada a su reloj para comprobar que esa chica, Rukia Kuchiki, no era tan puntual como se esperaba.

FLASH BACK

Un día anterior en la casa del joven a las dos de la mañana sonó el teléfono logrando despertarlo, lo primero que se le venía a la cabeza era escuchar la voz de su odioso jefe, pero no era así.

- ¿Diga?

- ¿Ulquiorra? – se trataba de una voz femenina.

- ¿Rukia Kuchiki?

- ¡Qué bien! Creí que no contestarías considerando la hora y todo lo demás – se escuchó una risa al otro lado de la línea – Bueno, te llamé para avisarte que mañana te presentaré a las personas que están interesados en tus pinturas y dibujos.

- ¿Mañana? – Repitió monótonamente – Tenemos que trabajar ¿no?

- Descuida, ya le pedí permiso a Urahara-san para todo el día, entonces ¿puedes?

Hubo un pequeño silencio lo cual desconcertó a Rukia.

- ¿Ulquiorra?

- Supongo que sí – respondió.

- ¡Qué bueno! – Su tono de voz expresaba felicidad – espérame a las 6 de la mañana frente a la librería, prometo que no lo lamentaras.

- Hmm… está bien.

- ¡Nos vemos! – se despidió para luego colgar.

FINAL FLASH BACK

Ya pasaron 20 minutos y esa chica aun no llegaba, comenzaba a creer que tal vez se enfermó o surgió algún imprevisto. Por otro lado ya empezaba a dudar de su profesionalidad.

- ¡Ulquiorra! – se escuchó una alegre voz que se acercaba delante suyo.

El pelinegro pudo ver a la ojivioleta, pero sus ojos mostraron ligera sorpresa al ver que detrás de ella venía aquella mujer.

- ¿Te hice esperar mucho? – preguntó Rukia una vez ya frente a Ulquiorra.

- Algo así… - no pudo evitar dirigirle la mirada a Orihime, la cual lo saludo con una sonrisa ocultando una pequeña inquietud.

- Lamento eso – rió Rukia - ¡Ah sí! ¿No te molesta que trajera a Orihime con nosotros cierto? – le regalo una sonrisa mientras tomaba el brazo de su amiga.

- No me molesta, solo que esperaba que me avisaras ayer en la noche.

- Se me olvido, perdón – volvió a reír y en eso tomó la delantera - ¿Qué esperamos? ¡Tenemos que darnos prisa! ¡El tren está a punto de salir!

El lugar si quedaba algo lejos después de todo dado que una vez dentro del tren ya había pasado un par de horas hacia el destino. Ulquiorra se encontraba sentando frente a ambas jovencitas, Rukia se dejaba sorprender por el paisaje y una que otra ocasión tomó algunas fotografías, mientras que Orihime revisaba su celular viendo si le llegó algún mensaje.

El ojiverde notaba como dependían de esos aparatos, aunque no lo veía tan negativo el uso que le daba Rukia a su cámara ya que él hacía lo mismo algunas veces, pero lo que hacía la ojigris le parecía completamente inadecuado.

- Como extrañaba recolectar paisajes – dijo Rukia observando las imágenes que tomó en su cámara.

- Tampoco es como si nunca tuvieras tiempo – añadió Ulquiorra dirigiendo su mirada al otro lado de la ventana.

- De hecho así es – rió un poco apenada llamando la atención del pintor – No tengo mucho tiempo libre, mi trabajo no me deja, sin embargo es muy divertido estar aquí ahora con ustedes – volvió a sonreír.

Orihime prestó atención a las palabras de su amiga y sonrió de la misma forma.

- ¡A mi también me gusta pasar el tiempo contigo Kuchiki-san!

La ojigris le pidió prestada su cámara para observar los paisajes que tomó, su rostro de sorpresa dejaba notar que las fotos no eran malas.

- Iré a preguntarle al conductor cuánto falta – avisó Rukia parándose de su asiento – ¡No tardo!

Al retirarse se hizo presente un silencio, largo e incómodo silencio. Orihime le sonrió a Ulquiorra y volvió a revisar su celular. Él no comprendía si lo hacía a propósito o es que realmente no se daba cuenta que no era el mejor momento para usarlo. En fin, no era quien para sermonearla y por otro lado le intrigaba saber porque eso lo molestaba un poco.

- Urahara-san te manda saludos – la dulce voz de Orihime hizo que el silencio desapareciera.

- ¿Hm? – no entendía porque de la nada dijo algo así.

- Dijo que no nos preocupemos y que nos vaya bien en el viaje – le sonrió mostrándole el mensaje desde su celular. Con que eso era.

- Ya veo…

- ¿Pasa algo malo? – se entristeció un poco - ¿Acaso no te gustan los viajes? ¡Son muy divertidos!

- Mmm... – negó cruzando sus brazos – Es solo que… no me parece que uses eso ahora – señaló el móvil de la chica, ella se sonrojó un poco.

- Lo… ¡Lo siento! – rió algo nerviosa – no suelo usar mi celular en casos como estos, como a ti no te importa lo que hagan los demás siempre y cuando no interrumpa tu trabajo no esperaba que te molestara.

- No me molesta – ladeó su cabeza a otro lado.

- Umm… ¿Seguro? – se rasco la mejilla un poco sonrojada y sonriendo – parecería que sí.

- Ya te dije que no estoy molesto – volvió a repetirlo pero esta vez bajó la cabeza.

Orihime se sorprendió por la postura que mostraba su amigo a lo que dejo de insistir.

- Lo siento.

- No tienes por qué disculparte.

- Ah… está bien – le sonrió a pesar que no levantara la mirada – Y dime ¿estas nervioso?

- ¿Por qué habría de estar nervioso?

Aquella pregunta hizo que se repusiera.

- Ya sabes, ¡Mucha gente preguntará sobre tu trabajo y de seguro te pedirán que hagas algunas demostraciones!

- Hmm… no estoy nervioso, más bien veo esto como una oportunidad y mostrar ese tipo de debilidad no es una opción.

- Ya veo – sonrió – entonces ¿estas feliz?

- ¿Acaso me ves feliz?

- Eh… siempre paras con esa expresión – volvió a reír – Pero aun así ¡Aunque seas tan inexpresivo puedo asegurar que lo estás!

- ¿Cómo puedes estar segura de lo que siento?

- Ya llevamos tiempo conociéndonos, se puede decir que sé esas cosas.

- ¿Por el simple hecho de conocer a una persona crees saber todo sobre ella?

- No todo – le contestó la pelinaranja entrecerrando sus orbes – pienso que lo demás se dará a conocer solo si esa persona lo permite y deja que otra sepa todo sobre ella.

Ulquiorra también entrecerró sus orbes. Tenía que admitir que algunas veces las palabras de aquella mujer lo dejaban pensativo.

- ¿Tú crees conocer del todo a Kurosaki Ichigo?

- ¿Eh? – Se sonrojó - ¿Por qué eso de repente?

- Responde mi pregunta primero, mujer.

- Umm… esto… - ya empezaba a balbucear y sonrojarse más – no creo… a Kurosaki-kun no le gusta hablar mucho de su pasado.

- ¿Y el que no te quiera contar sobre eso te entristece?

La ojigris abrió sus orbes ante la pregunta.

- No, no me entristece, yo respeto que no quiera decirme todo.

- Yo creo que no puedes conocer totalmente a una persona.

- En eso creo que pensamos diferente – sonrió un poco – sé que pronto conoceré a esa persona de la cual sepa que sé todo sobre ella.

El pelinegro guardó silencio y soltó un suspiro.

- ¿Ahora si me dirías porque me lo preguntaste?

- Curiosidad.

- ¿Eh? – un gota cayo por su sien – Oye no creo que solo sea por eso.

- Es la verdad… ¿Por qué te mentiría? ¿Según tú que no me conocías?

- Sí, pero…

De repente apareció Rukia rápidamente asustando a Orihime, sin embargo Ulquiorra se mantuvo calmado por la inesperada llegada de la ojivioleta.

- ¡Ya volví! – enseñó una sonrisa.

- ¡Ku…Kuchiki-san!

- ¿Qué tal se la pasaron sin mí? ¿No interrumpí nada verdad?

- Después de todo tu actitud también es un poco infantil Kuchiki Rukia – le dijo Ulquiorra.

- ¿Infantil? ¿Yo? Para nada – negó sonriendo - ¿Qué esperan? ¡Nuestra parada está cerca!

- ¿Enserio?

- ¡Por supuesto! ¡Vengan!

Rukia salió primero esperando que sus dos amigos la siguieran. Ulquiorra se levantó con tranquilidad, esa jovencita estaba muy emocionada y comenzaba a creer que era por otra razón además de ver a sus antiguos colegas.

- ¡Ay no! ¡Kuchiki-san se olvidó su cámara!

- Además de infantil, es olvidadiza.

Ambos se aproximaron a tomar la cámara logrando que sus manos chocasen. Orihime se sonrojó por el contacto y pensó que eso molestaría al pelinegro. Iba a disculparse cuando en eso el tren frenó violentamente haciendo que la ella casi cayera de no ser porque Ulquiorra la atrapó a tiempo, al final la cámara termino en las manos de la ojigris.

- Umm… ¿Qué fue eso? – murmuró Orihime abriendo los ojos. Lo primero que vio fue la cámara en buen estado - ¡Qué bien! ¡No le pasó nada!

- Deberías preocuparte más por ti que por ese aparato mujer.

Las palabras del pintor lograron que ella se diera cuenta que su situación. Su rostro se enrojeció y se separó inmediatamente de él.

- ¡Lo… Lo… Lo siento! ¡Perdón Ulquiorra!

- No levantes la voz, no tuviste la culpa de nada – intento calmar a Orihime la cual se hallaba muy avergonzada – Esta vez no fue tu torpeza, fue la del conductor por frenar tan precipitadamente.

- ¡Oigan! ¡Ulquiorra, Orihime! ¿Están bien? – Rukia corrió hacía sus amigos muy preocupada.

- S… Sí, Kuchiki-san…

- Menos mal… ¡Al bajarnos le mandaré una muy fuerte queja a la empresa por tener a un conductor tan inexperto! – Rukia se encontraba tan molesta que le salía humo de su cabeza. ¿Cómo se atrevía ese conductor a poner en peligro a sus amigos y los demás pasajeros?

- Hay que bajar de una vez antes que cierre sus puertas y vaya a la siguiente estación – dijo Ulquiorra tratando de olvidar todo lo ocurrido.

Rukia hizo caso a las palabras del pintor y siguió su camino de mal humor. Orihime por su parte aun intentaba reponerse.

- ¿No vas a bajar? – le preguntó Ulquiorra.

- ¿Eh? ¡Ah sí!

Se apresuró a seguir a Rukia, el pelinegro la seguía detrás. Orihime volvió a sentir como su corazón latía tan rápido, lo que pasó ahí fue solo un accidente, pero de todas formas no lograba evitar que su pecho dejara de doler.