¡Hola!

¡Aquí el capitulo 6! c:


La lluvia se hacía presente en todas las calles de la ciudad y la luz del sol estaba opacada por la espesa niebla, era un clima que no se esperaba, del cual tres jóvenes se percataron al salir de un lujoso edificio. Orihime dibujaba en su rostro una sonrisa ignorando el ambiente en que se encontraban.

- ¡De veras les gusto tu estilo y todo! – Le dijo la pelinaranja a su amigo quien se colocaba una bufanda mientras la escuchaba - ¡Qué bueno que Kuchiki-san los pudo contactar!

El pintor asintió con la cabeza, era verdad, en el fondo estaba muy agradecido con la ojivioleta la cual se hallaba al lado de Orihime.

- La reunión duró más de lo que creí – añadió Rukia mirando el melancólico cielo - Te notaste muy seguro cuando te preguntaban sobre tu trabajo Ulquiorra ¿Cómo es que no te pones nervioso? Yo lo estaría.

Él observó el curioso rostro de la modelo para responderle.

- Los nervios solo me perjudicarían, es fácil controlar las sensaciones.

- ¿Eso crees? – Rukia se quedó pensativa pero de repente una fuerte ventisca pasó e hizo que sintiese mucho más frio que antes.

Eso le dio una idea.

- ¡Oigan! ¿Les parece si vamos a comprar unos abrigos? – preguntó una animada pelinegra, algo que le gustaba era comprar ropa y más si era elegida por ella.

- Me parece bien Kuchiki-san, pero… no traje suficiente dinero… - Orihime se sonrojó apenándose.

- No hay problema ¡Yo pagaré todo!

La pelinaranja abrió sus ojos como platos muy sorprendida, antes de que pudiera decir una palabra Ulquiorra se le adelantó.

- Ustedes vayan, yo las esperaré en la estación para luego partir – La ojigris se entristeció un poco.

- ¡No! ¡No! – Negó inmediatamente la pelinegra - ¡Tú también vienes con nosotras Ulquiorra!

- Agradezco lo que has hecho por mi Kuchiki Rukia, pero no estoy de humor para perder el tiempo en esas cosas…

- ¿No estas feliz por lo que te acaba de pasar? – le cuestionó Orihime.

- Solo no estoy de humor ahora.

Empezó a dar unos pasos dirigiéndose a la estación donde las esperaría, la pelinaranja no entendía porque estaba así, quizá sea su personalidad y ya, pero de todas formas quería saber que le estaba pasando.

- ¡Hey! – Rukia se colocó delante de él logrando detenerlo.

- Kuchiki…

- ¿Acaso piensas esperarnos todo empapado? – Frunció sus cejas un poco – Acompáñanos, de paso compramos también unos paraguas ¿sí?

Orihime veía asombrada la insistencia de su amiga ante Ulquiorra

¿Cedería?

- No seas aburrido – volvió a sonreír solo que esta vez mirando a la ojigris – Orihime también quiere que vengas ¿no es así Orihime?

- ¿Ah? – La joven reaccionó y afirmó con la cabeza - ¡Cla… claro que sí! – Sonrió un poco – No sé porque estas así… pero creo que si estamos contigo se te pasará ese mal humor.

Ulquiorra entrecerró sus orbes cuando aquella mujer terminó de hablar, tal vez tenga razón.

- Está bien – suspiró derrotado – sin embargo espero que no se tarden en escoger un abrigo.

- Descuida Ulquiorra – dijo Rukia - ¡Te garantizó que no será así!


Era la quinta vez que observaba su reloj, habían pasado exactamente 58 minutos desde que entraron a la tienda. El joven esperaba sentado en un sofá con una bolsa en sus manos, dentro de él había un abrigo negro que Rukia pagó, el pintor eligió rápidamente lo que se pondría y al momento de pagarlo insistió que no era necesario que ella lo pagara, pero Rukia dijo que no era problema.

Se acomodó la bufanda y en eso escuchó unos pasos que se acercaban a él.

- ¿Ulquiorra? – murmuró Orihime con una bolsa en sus manos.

El pintor se percató que ella ya terminó de comprar.

- ¿Qué pasa? – Le dijo - ¿Por qué Kuchiki Rukia no está contigo?

- Kuchiki-san se encuentra en la caja haciendo fila para pagar su abrigo – le sonrió un poco – tardó mucho en elegir algo, lo siento, seguro estas enfadado.

- Deja de disculparte, es mi culpa.

- ¿Ah? – Orihime se sorprendió al escucharlo decir eso.

- Sí, es mi culpa porque no debí venir aquí sabiendo que todas las mujeres son así de selectivas al ver ropa en una tienda y más si ésta tiene descuentos.

Un aura oscura invadió a la pelinaranja, al final él no asumía la culpa solo hizo que se sintiera peor por ser mujer.

- Esto… - rió un poco – en todo caso es culpa de ambos.

- Hmm – desvió la mirada, ella volvió a entristecerse y se sentó a su lado.

- ¿Qué tienes?

El pelinegro no le respondió, mantuvo silencio esperando a que no volviese a preguntar.

- Ulquiorra… - colocó su mano sobre el hombro de él - ¿Hice algo malo?

Tras preguntarle eso el pelinegro la encaró con frialdad, Orihime abrió un poco sus orbes, era como si intentara ver a través de sus ojos.

- Dudo que lo hayas hecho conscientemente – murmuró cambiando su vista al suelo para no asustar a la joven, o al menos eso era lo que él creía.

- ¿De qué hablas?

Ella quería volver a observar sus ojos, pero el oscuro cabello del él se lo impedía.

- No es fácil… - indicó Ulquiorra cabizbajo – evitar que algunas sensaciones surjan…

Orihime no entendía del todo a qué se refería

- Acaso por el simple hecho de que alguien sea bueno conmigo… ¿Quiere decir que deba preocuparme por esa persona? – preguntó el pelinegro alzando la cabeza.

- Emm… eso depende, solo la misma persona lo decide.

- Y ¿Qué pasa cuando las sensaciones son las que eligen por ti?

Orihime no sabía cómo responder, pero si quería hacer una pregunta.

- ¿Por sensaciones te refieres a sentimientos?

- No lo sé – dijo monótonamente – pero no entiendo porque si yo no quería familiarizarme con ninguno de ustedes… empiezo a creer que cuando terminen los días en los que deba trabajar…

- ¿Eh? – Orihime empezó a captar el mensaje y sonrió gustosa - ¿Hablas de Kuchiki-san, Urahara-san y los demás? ¿Empiezas a creer que somos una familia? ¡Qué alegría que al fin lo aceptaras!

Ulquiorra mostró una leve sorpresa para luego volver a su seriedad de siempre.

- No sé si verlo así, todos son personas muy infantiles, sin embargo Urahara Kisuke a pesar de ser mi superior noto que puede tener buenas intenciones de vez en cuando, y Kuchiki Rukia no es desagradable… y en cuanto a ti, aunque seas la más infantil de todas, comienzo a creer no fue tan malo conocerte.

Orihime se asombró por todo lo dicho, sentía como sus ojos empezaban a humedecerse, sus mejillas a sonrojarse y su corazón a acelerarse, Ulquiorra no era el mismo de antes, si bien pretendía mostrarse indiferente ante ciertas cosas luego de escuchar sus palabras ella se dio cuenta que hasta personas como él no pueden evitar no sentir afecto por personas que se preocupan por su bienestar.

- ¿Qué tienes mujer? – le preguntó al observar como lágrimas recorrían las mejillas de ella.

- No es nada… solo que estoy muy feliz – le sonrió con sinceridad – ¡Estoy feliz por ti!

El pelinegro no comprendía su alegría, ni él estaba seguro de aun aceptar totalmente lo que sentía, lo que estaba claro es que solo quería decírselo a ella.

- ¡Adivinen que! – Rukia se aproximó a ellos con varias bolsas en las manos - ¡Por compras mayores a 100 yenes te hacen un descuento de…!

Rukia se detuvo al ver a Orihime con lágrimas en su rostro, la pelinaranja la observaba confundida por la mirada que le daba su amiga hasta que recordó que se encontraba llorando.

- Esto… Kuchiki-san…

- ¡Orihime! – Se acercó muy preocupada - ¿Estas bien? ¿Qué pasó? ¿Ulquiorra le hiciste algo?

- ¿Crees necesario preguntarlo Kuchiki Rukia? – le dijo con frialdad.

- Solo es para estar segura – respondió Rukia en forma de puchero.

- Descuida Kuchiki-san – intentó tranquilizarla, no quería que sus dos amigos pelearan – Ulquiorra no tiene la culpa.

- ¿Entonces porque lloras? – preguntó la ojivioleta preocupada.

Orihime miró de reojo al pelinegro, le sonrió como una señal la cual el pintor captó.

Al parecer guardaría el secreto.

- De repente me acordé de una película triste que había visto, lamento haberte preocupado – no le gustaba mentir, pero tampoco podía traicionar a su amigo.

- ¿Película? – Repitió – Tienes que dejar de ver películas así, no puedes estar llorando cada vez que las recuerdes.

- Sí, buen consejo – rió un poco.

- Bueno… Como les decía me hicieron un descuento y además me regalaron más cosas ¿Quieren ver?

- ¡Claro Kuchiki-san! – exclamó la ojigris sonriendo.

Mientras ellas hablaban un joven de cabellos oscuros las observaba, de cierta forma se sentía más tranquilo luego de haberle contado todo a aquella mujer, no estaba mal compartir tus remordimientos con otra persona y más si esta era compresiva. Esperaría otro rato más hasta que la pelinegra terminara de enseñarle todo lo que compró a la ojigris, luego tomarían el tren para mañana volver a trabajar y él tendría que aguantar a todas esas personas que seguramente recordará una vez que termine su estadía ahí.


¡Gracias por leer y por sus reviews! ¡Me animan a seguir escribiendo! :3

Ahora que estoy de vacaciones espero poder subir más rápido los siguientes capítulos :D

¡Cuídense! ^^