Hola a todas/os, muchas gracias por pasarse por aquí.

AlexaSakurita-chan: (1) Gracias por tu review, me sirvio de mucho los errores que me señalaste, al ser el primer capítulo tuve algunos errores, espero no repetirlos y hacer de tu lectura, agradable. (2) Sí, espero que este Grey no me salga muy OC, hará varios comentarios sarcasticos durante la historia que de desarrollara xD.

AbSeMaJe: ¡Hola hermosa! Me da mucho gusto que leas mi historia, espero que este capítulo te guste :D. Jaja cuando escribi sobre lo bocadillos tenia un poco de hambre, así que me los imagine, incluso hasta el sabor xP. Sí, lo mio es el romance sutil, trataré de hacerlo un poco más al estilo Kuroshitsuji.

Sin más que agregar, ¡Disfruten!

Los personajes pertenecen a Yana Toboso-sama.


Secretos entre amo y sirviente.

Por Perrible.

Capítulo número dos: Ese conde, entrometido.

-¡Oye –Se quejó Bard- deja de comerte toda la comida!

-Sé un sirviente competente y sírveme más. –Ordeno sonriente, mientras que con la mano izquierda, movía el plato vacío hacía la dirección donde se encontraba Bard.

"A este paso, esté tipo se comerá toda nuestras provisiones. -Pensó Bard, mientras le servía el décimo plato de comida. Ya veo porque Sebastián preparo tanto."

Mientras devoraba el plato de curry de pollo, -preparado por Sebastián- pensaba en lo sucedido hace varias horas atrás.

Le había extrañado bastante, el Conde Ciel Phantomhive era conocido -y él lo conocía un poco-, por ser una persona fría y para nada amigable, menos, de seguro, con sus sirvientes. Pero esa mañana, aquella sonrisa, en vez de ser arrogante y ambiciosa, fue cálida, como la de un niño.

Grey sabía bastante bien que a Phantomhive se le podía llamar noble del mal y perro guardián. Pero… ¿Ciel un niño?

Ciel Phantomhive, había perdido a sus padres a corta edad, su infancia se había ido, prácticamente, a la basura. El niño, luego de la tragedia, había desaparecido, lo más probable, secuestrado.

Pero un día, cuando ya todos sus familiares habían aceptado la idea de que hubiera muerto, Ciel había aparecido sano y salvo. Lo curioso había sido que junto al oji azul, había un mayordomo de negro. Siempre tras él, como su propia sombra.

"Ese mayordomo…" –Pensó Grey. Cambio el semblante a uno serio.- "Debería de haberle apuñalado 20 veces para asegurarme de que muriera, pero el maldito sobrevivió, pero… ¿Cómo?"

-¿Acaso podría ser…? No, no creo que sea posible.

-¿Eh, has dicho algo? –Dijo Bard, dándose la vuelta y mirando al conde, confundido. Grey ignorando la pregunta, tan solo exclamo:

-¡Estoy lleno! –Mientras se sobaba la panza. Bard tan solo lo observaba aliviado. "Menos mal, Menos mal no se comió también mi almuerzo".

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Grey, luego de llenar por completo su insaciable estómago, decidió darse una vuelta por la gran mansión Phantomhive.

Miro las paredes de los anchos y buen decorados, pasillos. Este, estaba llena de cuadros de los más famosos pintores y de los cuadros más bellos conocidos. Estaba admirando uno de esas piezas de arte cuando se topó con uno, donde había una mujer recostada en un árbol de piedra, con un libro dorado entre sus manos, el rostro de la mujer se veía asombrado. El libro tenía caracteres extraños.

Grey observo bien, entrecerrando sus ojos grises, tratando de leer lo que allí dentro del cuadro decía.

-Ah. Es latín.

-¡Callate!

Grey salió de su admiración por el arte, y prestó atención a los ruidos provenientes de algún lado. Miro por encima de su cabeza y vio una puerta doble que se alzaba fuerte y firme, capaz de esconder todo tipo de situaciones, delante de él.

A paso lento, se fue acercando a la entrada, curioso. Ya estando en frente de la puerta, se pegó a ella, colocando su oreja izquierda en la madera gruesa que conformaba la abertura.

Por el tono de voz de los gritos, parecía ser el pequeño Phantomhive, la voz gruesa, era claramente, la del mayordomo Sebastián.

Grey se preguntaba el porqué de escuchar conversaciones ajenas, era de mala educación hacerlo. Pero, ¿qué perdía con ello? De todas formas, su oído ya se encontraba adherido al paso…

-Joven amo, ¿no ha dicho qué se sentía bien al estar en mi presencia?

-Estas…Mal interpretando todo Sebastián.

-¿Es… así?

A continuación, sintió unos pasos, pero las pisadas no iban en su dirección, los sonidos eran ambiguos, Grey no pudo determinar hacía donde estos se dirigían.

-Seb…bastián, ¿qué crees que haces?

-Solo compruebo sus palabras.

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Ciel sentía temblar sus piernas, Sebastián se le acercaba cada vez más y no sabía qué hacer para salir de allí. Quería salir corriendo para así evitar una humillación por parte de su mayordomo, pero sería un completo bochorno huir. Como todo un Phantomhive, daría la cara, literalmente…

Sebastián sonrió, la vista no estaba para nada mal… Su amo se hallaba con la cara totalmente ruborizada y el cuerpo agitado. Sus ojos azules trataban de fijarse en cualquier lado menos su rojiza mirada.

El ojiazul retrocedió, hasta chocar con la pared tapizada de su estudio. El pelinegro aprovecho el movimiento y viendo el lado de la cadera del ojiazul libre, con sus manos enguantadas, lo rodeo y lo estrecho hacía su cuerpo. Al estar cerca, sus respiraciones chocaban entre sí, sus miradas se sincronizaban.

Pasaron los segundos y los dos no querían desjuntar sus ocelos. Lentamente, pausadamente, paulinamente, el uno y el otro, fueron cerrando sus parpados. Hundiéndose en sus anhelos más profundos, Sebastián con el ansia de probar los labios de su amo y Ciel con el deseo de ser amado.

Sebastián daba leves caricias al terso rostro.

-Bocchan…

Sus belfos estaban cada vez más a corta distancia…

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El peli blanco saco la oreja de la embocadura, confundido. Desde hace varios minutos que no escuchaba nada, luego de oír la extraña conversación, todo se había hundido en un completo silencio.

-¿Será que se fueron? Bueno… Lo comprobaremos. –Rio divertido y malicioso, mientras empujaba la manija del pedazo de madera, cuidadosamente y elegantemente pulida, que servía como entrada.

La puerta hizo un chirrido y se abrió de golpe. Dejando ver a un amo y a un sirviente, a un limitado espacio. En completo mutismo.

-Joven amo, Conde Grey, con permiso, me retiro. –Hizo una reverencia y camino a paso lento hacia afuera. Dejando a un Ciel turbado, tratando de recobrar el pensamiento y a un oji gris entrometido con ganas de saber más.

Luego de haberse retirado y cerrado la puerta Sebastián se dirigió a preparar el equipaje que su amo llevaría al condado de Hértford, pero sin antes, voltear, ver la puerta y sonreír levemente.

Mientras tanto en el estudio…

-C-conde Grey, ¿en qué puedo ayudarle…? Musito Ciel.

-Por ahora nada, solo venía a avisarte que un carruaje traerá mis pertenencias. Respondió Charles, mirándolo, estudiándolo de pies a cabeza.

Por un lado, Ciel asentía automáticamente, perdido en alguna parte de su mente…

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Muchas gracias por leer, espero lo hayan disfrutado. Los espero en el próximo capítulo.

Espero este capítulo no halla quedado muy OC.

¡Bye, bye!