Hola a todas/os, es un gusto saludarlas otra vez, aquí les dejo otro nuevo capítulo de esta pequeña historia, no planeo hacer este fic muy largo, porque sinceramente, no soy muy buena, ¡pero mejoraré y les traeré uno mejor!
AbSeMaJe: Hola querida AbSe, me pone feliz que te haya gustado. Si, Grey en este fic es un metiche e.e, pero bueno, no quiero adelantar las cosas, después se vendrá todo lo bueno(?). No soy muy buena en el romance, en este fic, como veras, reflejo algunas cosas de mi vida. Muchas gracias por seguirme, lo aprecio mucho -w-. Espero este capítulo te guste. :D
Izzy Valentino: En serio que me sorprendí con tu review. ¡Me puse feliz por leerte y tener siguiendo mi pequeño fic! Estaba probando este tipo de narración, estaba practicando para ver cómo salía y creo que me quedaré en primera persona, no lo sé, aun no me decido. Muchas gracias por leerme :) espero este capítulo sea de tu agrado.
AlexaSakurita-chan: Muchas gracias por tu review, me complace que te haya agradado el anterior capítulo, cuando escribí ese pequeño "choque" entre Sebby y Ciel sentía temor de que me saliera un poco mal, pero me alegra de que te haya gustado. Por supuesto tomare en cuenta todas sus sugerencias, criticas, etc. Son muy importantes, escribo para ustedes y quiero que su lectura sea entretenida.
TatiK Yao: Muchas gracias por el review, :D que bueno que te haya gustado, pues aquí te traigo la continuación, espero que te guste y no te decepcione. Sí, este Grey es metiche, metido :p
Guest: Ciertamente, yo no puedo verlos sin imaginarme que hay algo entre ellos dos xD. Se nota en el aire que Sebby y Ciel se aman :D Cuídate tu también, gracias por el review, espero este capítulo te guste.
Los personajes pertenecen a Yana Toboso-sama.
Esta historia esta ambientada en el manga de Kuroshitsuji.
Secretos entre amo y sirviente.
Capítulo número tres: Sentimientos y dudas.
Por Perrible.
La brisa primaveral movía los mechones de pelo de Charles Grey. Estando en el exterior de la mansión Phantomhive, se sentía a gusto. Podía observar las hermosas gardenias, blancas como su cabello, moverse de un lado al otro por el viento, haciendo volar los pétalos por los alrededores.
Grey, que en esos momentos se hallaba sentado en uno de los escalones que había en la puerta trasera del jardín, contemplaba el cielo azulado, mientras escuchaba el canto de una garza azul, que apoyada en una rama de un árbol, movía su pico alargado y alargaba su largo cuello para ambos lados, mirando al Conde gris por unos momentos, con los ojos fijos.
-Eres ruidoso… -Musito el peliblanco- Pero bonita. Y luego, sonrió.
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En un gran ventanal, se podía ver al pequeño Conde ojiazul, mirando hacía el jardín.
Ciel observo a Charles Grey, sentando en el jardín, luego, traslado su vista hacia los jardines de rosas que Finnie siempre arruinaba. Y lo vio. Sebastián, con su elegante andar, acercarse al rosal y podar con cuidado cada pequeña imperfección.
Ciel no entendía, como una nimiedad, como ver a su mayordomo podar un jardín de rosales, podía hacer que su corazón confundido y temeroso, latiera fuertemente. Llevo una mano a su pecho, estrujando su traje rojizo en el proceso. Sentía en su pecho un sentimiento extraño, sentía que en cualquier momento se quebraría, trataba de pensar en cualquier cosa, trató de escuchar los ruidos ocasionados por Meyrin al romper la costosa porcelana china, pero no surtía efecto.
-No quiero… sentirlo. Susurro.
Sus mejillas ardían, al recordar como en su estudio, Sebastián se le había acercado. Se sentía avergonzado y furioso consigo mismo.
-Fui un idiota –Pensó Ciel- ¿Por qué pierdo mí tiempo en estupideces?
Por una vez, Ciel quería expresar sus sentimientos, hace semanas atrás se había percatado de que podía experimentarlos.
Se sentía a gusto con su mayordomo. Con cada alago, con cada sonrisa, con cada leve preocupación por parte del demonio, su mente se agitaba, su cuerpo se estremecía y a escondidas, sonreía tontamente, como no había hecho hace años. Recordó como Sebastián, apresurado, lo llevaba en brazos hacía su habitación, cuando accidentalmente, se había caído de las escaleras. Sentir sus manos acariciar su cabello, aobijarlo, incluso escuchar palabras de ánimo de aquel ser.
Cuando había intentado sincerarse con Sebastián, mostrarle su afecto, se acobardó. Su cuerpo temblaba y sentía temor. Sabía que en el fondo de su ser, no quería decirle. Porque su conciencia sabía, que ese demonio, se tomaría aquello como una debilidad y lo apartaría a un lado, lo miraría fríamente y desaprobatoriamente, lo dejaría solo, como realmente estaba. Porque ni con el cariño de su prometida, ni la de sus sirvientes, podía llenar el vacío que sentía por dentro. Solo con él, su pecho palpita acelerado. Su corazón había vuelto a ser cálido, con una capacidad que creía perdida hace mucho tiempo.
Ciel sonrió amargamente, apoyo su cabeza en el vidrio del ventanal, luego se puso firme y acomodo su traje limpiamente. Miro el jardín, donde Sebastián se encontraba. Con la mirada fija a una rosa que caía, marchita al suelo, siendo recogida con velocidad por el sirviente, haciéndola desaparecer sin dejar rastro. Ciel musito:
-No me dejaré dominar por estúpidos sentimientos sin sentido. Yo te demostraré Sebastián, que Ciel Phantomhive, no caerá contra nada, ni nadie. Concluyo, sacando todo rastro de melancolía, sino una fría determinación. Mientras que, apretaba su mano, volviéndola un puño.
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-¡Señor Grey!
-¿Sí? Grey se dio la vuelta, y vio a la sirvienta pelirroja hacerle una reverencia y luego comunicarle que su equipaje estaba en su habitación.
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Ya en su habitación de huésped, Grey vio las maletas color café en un costado. Fue hacia allí y coloco el equipaje en la cama. La abrió y busco por dentro hasta toparse con lo que quería: Una carta con un sello de la reina. Luego procedió a doblar el pedazo de papel que tapaba el mensaje. Saco la carta por completo y la desdobló. Leyendo lo que la escritura expresaba:
"Para mi estimado conde:
Me complace saludarle otra vez, ¿Cómo ha sido tu estadía en la mansión de mi querido niño? Espero que te encuentres en perfecta hospitalidad, conociendo a mi niño, estarás en buenas manos. Me han comunicado que partirán mañana por la tarde. Antes de partir, quería revelarte una información que te será de mucha utilidad. Ya he preparado donde se hospedaran, unos amigos, muy amables, han reservado las habitaciones necesarias para ustedes y sus acompañantes en Hatfield House. Mi querido Charles Grey, mi leal siervo de confianza, mi gran amigo. Te pido que envíes un mensaje, al señor Albans Mirths"
La carta termino, le había extrañado en demasía que su majestad no hubiera agregado más. Ni siquiera había colocado el mensaje que debía de entregar, tampoco se había despedido como era debido. Grey dudaba, pero no podía hacer nada más que especular, en realidad no sabía exactamente, qué se traía entre manos la reina Victoria. Pero, trataría de averiguarlo, con cuidado. A Victoria, le gustaba jugar. –Es un oponente…Difícil –Pensó. Rió al leer la parte donde decía "amigo, confianza, leal". -¿Parezco tan tonto…?- Luego tiro la carta al suelo, pisándola y saliendo al pasillo.
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El oji gris camino por los pasillos nuevamente, se encontraba aburrido. Subió por las grandes y gruesas escaleras, rumbo hacia la biblioteca. Sebastián pasaba en esos momentos con un jarrón lleno de diferentes flores, entre ellas, las que él hoy observaba tranquilamente. Al no conocer muy bien el lugar, se dispuso a preguntar.
-Mayordomo -Llamó. Sebastián, tan servicial se acerco, dejando el jarrón en una mesita que había a un costado.- Dime, ¿Dónde se encuentra la biblioteca?
-En el pasillo, a la izquierda, luego en la media vuelta a la derecha. Sé dará cuenta rápidamente a donde ir. Sonrió, amable, para luego irse junto al florero, futuro adorno de alguna mesa, haciendo una pequeña reverencia, camino hacia algún lado, perdiéndose entre las habitaciones. El peliblanco siguió las indicaciones y, como el mayordomo dijo, no le fue difícil saber la entrada a la hermosa habitación repleta de libros de todo tipo de géneros. Seguidamente de entrar por el paso, dio unos pasos hacía el frente de un ventanal, contemplo el cielo que parecía nublarse.
-Vaya -Pensó- espero no llueva hoy... Los climas tan variantes de Inglaterra no le sorprendían, en cualquier momento podía llover o también, podía nevar. Distraídamente, miro hacia el sillón que ,sin darse cuenta, estaba allí en frente suyo. Y se sobresalto al darse cuenta de quién descansaba plácidamente en aquel trono azulado.
-Sebastián... Murmuró entre sueños el chiquillo. Charles Grey hizo un ademan de carcajearse pero no lo realizo. Solo observo el calmado y angelical rostro que había en sus narices. Se aproximo, poniéndose a la altura de su cabeza, se preparo para despertarlo. "De seguro se enojara" Pensó un poco divertido. Ver al pequeño chihuahua perder los estribos le entretenía. Pero por unos momentos, se quedo quieto, en silencio, contemplando aquel semblante imperturbable.
-Cuando duerme se vé como un verdadero niño.
-Seb...ah... Ciel lanzo unas "palabras", pero Grey no las entendió, se acerco más, poniendo su oreja izquierda al frente. El ojiazul, inconsciente de lo que hacia, rodeo a Grey, abrazándose a él y murmurando "Sebastián" constantemente.
-¿Qué crees que haces, mocoso? Pregunto, con un poco de recelo, pero al ver que se encontraba durmiendo, solo suspiro y pensó, analizando todo.
-Realmente, eres un niño...
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-Veremos hasta dónde llega esto, Señor Grey... susurró Sebastián detrás del pórtico con una bandeja en la enguantada mano derecha. Golpeo tres veces con delicadeza la puerta doble de nogal. Escucho un adelante por parte de Charles Grey.
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Ciel se fue despertando lentamente de su sueño, no sabía cuándo había caído a las garras de Morfeo, solo recordaba haber visto por última vez, una rosa blanca. Se sentó y se refregó los ojos, viendo adelante suyo a Sebastián. Este se veía encrespado, entretanto, elegantemente colocaba dos tazas de té humeantes y varios platillos con bocadillos, galletitas y pastelitos pequeños. Ciel se iba a preguntar ,el por qué de dos tazas. cuando vio a Charles Grey, parado, observando a Sebastián, entre divertido, burlón e indiferente.
A todo esto, el oji azul, se ocupo de beber su té y preocuparse por sus intereses: resolver lo encargado por la reina, rápidamente.
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Creo que no me salió muy OC el capítulo, es lo que intento. El OC es mi enemigo O.O, es difícil de combatirlo. Si tuve algún error, por favor, no duden en decírmelo. Como verán, en este capítulo traté de mostrar un poco los sentimientos de Ciel. Espero que la lectura haya sido agradable y les haya gustado el capítulo.
Sin nada más que agregar, ¡Saludos/as! Muchas gracias.
Cada review es un pastelito de Sebastián, acuérdense(?) xD
