Hola a toda(o)s. ¿Cómo han estado? Espero que bien, yo he tenido un pequeño problema de salud, es por eso que me tarde en actualizar. Muchas gracias por los reviews! Me alegran mucho :D.

AlexaSakurita-chan: Hola. Muchas gracias por el review :). Sí, me encanta que Ciel muestre su ternura. El OC yo lo que temo es que las personalidades no queden acorde a como son en realidad. Temo que cuando lean, no sientan que es Ciel/Sebastián el que habla, expresa sus sentimientos. Espero que este capítulo sea de tu agrado. Como podrás ver, este capítulo es mucho más largo. ¡Disfruta de la lectura!

Guest: ¡Gracias por el review! Sí, me pareció graciosa poner esa escena, me alegro que te haya gustado. Espero este capítulo sea de tu agrado y disfrutes la lectura.

AbSeMaJe: Hola linda! Que bueno que te haya gustado la escena xd. Grey es un suertudo, es verdad, y metiche también jaja xD. Espero este capítulo sea de tu agrado. Sí, sobre el OC tienes razón, tenía miedo de que las personalidades de los personajes se me fuera de las manos y saliera OC. Bueno, disfruta la lectura hermosa!

Izzy Valentino: Hola :D. Tienes razón sobre el OC xD. Pero aun así trato de que salgan acorde a sus personalidades jeje. En este capítulo, hay puros sentimientos y traté de explicar maso menos el comportamiento de Sebastián, igual falta más por contar... Y Ciel, es un mar de confusiones xDD En cuanto a Grey, me encanta, me fascina que sea metiche también jaja. En este capítulo no sale mucho u.u pero en el próximo, sí. Espero que te guste el capítulo y tu lectura sea agradable.

Kamy: Hola, gracias por leer mi fic. Sí, la trama se va desarrollando lentamente. Amo el orgullo de Ciel xD. Que bueno que te haya gustado, enseguida llamo a Sebastián, así te prepara un buen pastelito xDD.

Entonces, disfruten la lectura. Pastelitos para todas xD


Secretos entre amo y sirviente.

Capítulo número cuatro: Jugarretas al descubierto.

Por Perrible.

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En la gran biblioteca Phantomhive se encontraban Ciel y Sebastián, junto a Charles Grey.

Entonces, nos alojaremos en Hatfield House. –Informo Grey.

Oh, –Exclamo con un poco de sorpresa, Ciel- la familia Cecil es propietaria de la casa de campo, ¿verdad?

Así es, el Conde de Cecil reside allí. Su majestad lo estima mucho. Dijo el oji gris. Luego de la pequeña charla, el ambiente se hundió en un silencio que duro varios segundos, ya que, los sirvientes, crearon un gran alboroto por los pasillos de la mansión. El cual, Sebastián, no tardo en ir a solucionar como el buen sirviente eficiente que era. Por otro lado, Ciel, que estaba un poco hastiado por lo sucedido con su mayordomo hace horas atrás, se levantó del sillón, para irse hacía su estudio. Así, Charles Grey quedo solitario en la habitación que servía como 'arcón' de las más finas escrituras.

Creo que… Iré a tomar un poco de aire fresco. Hablo al viento.

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-Ah. Ciel largo un suspiro satisfecho, al estar sentado en la comodidad de su trono, por así decirlo, de su estudio. Miró su escritorio y vio una cantidad de papeles sin firmar, de la empresa Funtom, acumuladas a un costado. Perezosamente, cogió una de ellas y la ojeo, para luego proseguir a firmarla. Con cada hoja firmada, el Phantomhive naufragaba en su raciocinio. Todo apuntaba a su demoníaco sirviente: Sebastián.

Y como si lo hubiera llamado, tres golpes se escucharon detrás de la puerta de roble de su despacho. Ciel dudo un poco, pero dijo al fin:

Adelante.

Con su permiso, joven amo. –Musito Sebastián, mientras cruzaba el umbral de la puerta y se adentraba en la habitación. Hasta quedar en frente del buró, en frente de su amo. Ciel no sabía describir el sentimiento que, de repente, había llenado su pecho. Era una mezcla de calor y temor, se sintió cobarde por unos momentos. Sebastián tan solo se quedó mirando a su maestro con un poco de incertidumbre, desde la mañana, desde que su amo le había casi confesado sus sentimientos, se comportaba esquivo. Sebastián, no sabía qué sucedía en la pequeña cabecita de su joven amo.

Mi amo no necesita de esos sentimientos inútiles. Su alma es deliciosa tal cual es… -Pensó. Una leve sonrisa apareció en sus belfos, notándose sus afilados dientes demoníacos.

Ciel, que se encontraba hundido en el mar de sus pensamientos, vio aquel gesto de Sebastián como una clara burla. Molesto por ello, comenzó a hablarle a su sirviente:

-¿Qué quieres Sebastián? –Dijo secamente, mientras lo miraba fijamente. Sebastián, no dejándose intimidar, correspondió a la dura mirada, con una sonrisa burlona.

-Solo venía a informarle, que su equipaje y todo está listo.

-Está bien, ¿algo más que tengas que informarme?

-Nada, bocchan.

-Entonces retírate. –Espeto frió el ojiazul, tratando de ubicarse como amo, nuevamente. Luego de que Sebastián se retirara de la habitación con una reverencia, luego de haberlo perdido de vista por completo. Comprendió la verdad, la que estaba frente a sus ojos desde hace bastante tiempo.

Sebastián es un demonio, a pesar de su apariencia casi humana, no es humano. Es un ser que no alberga emoción alguna. No debí de ilusionarme con dar a conocer mis sentimientos, ni siquiera sé sobre que afecto hablo. Que ridículo, absurdo… -Pensó.

Una voz de lo más profundo de su ser parecía hablarle. Revelándole veracidades que ya conocía.

Podrías ordenárselo.

¿Ordenar qué?

Ordenar que te quisiera, que te amara… Que se quedara contigo para siempre.

Eso sería patético.

Pero en lo más recóndito de su ser percibía la codicia de aquella simple frase. –¿Amar, eh?–Susurro, mientras cerraba sus parpados y apoyaba su cabeza en su puño.

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Horas después.

Eran las 8 de la noche, Sebastián se encontraba por los pasillos, arreglando los destrozos, que en el día, los tres torpes sirvientes habían ocasionado. Mientras limpiaba todo cuidadosamente, pensaba en su joven amo. Hace dos horas atrás, no, hace días atrás, que su amo se comportaba demasiado distraído. En la clase de violín, se perdía en las partituras. En la clase de idioma japonés, confundía las palabras, cosa rara en él joven, siempre serio en todo. Sebastián, como mayordomo de los Phantomhive no podía permitir que su amo se comportara de esa forma. Le haría cambiar de actitud, rápidamente…

Sebastián se dirigió a la cocina, olfateando la elegante cena que había preparado para su contratista y para el invitado. Llamo a Meyrin y le ordenó que llevara los platos con comida, al comedor de la mansión. Luego, fue hacia la habitación de Charles Grey, que se encontraba en el ala oeste de la residencia, cerca de la habitación de su amo.

Amo Grey –Llamó con parsimonia, mientras golpeaba la puerta de madera, fuerte y resistente. De la abertura, abierta de repente, salió el oji gris. Con el semblante aburrido. Sebastián tan solo pregunto amablemente si cenaría en el comedor o en la habitación.

¿Ciel cenara allí también? –Preguntó, curioso el peli gris.

El joven amo cenara en el comedor esta noche. Afirmo, educadamente el mayordomo.

Entonces, cenare junto al conde. Sebastián asintió con la cabeza lentamente y se dirigió, otra vez, hacía el estudio de su bocchan.

Golpeo una, dos, tres veces la puerta doble de roble del estudio del Phantomhive. Recibiendo únicamente un gran silencio del otro lado. Sebastián suspiro, su amo sí que era despistado. Empujo la puerta con cuidado, abriéndola sin hacer ni el menor ruido.

El oji escarlata rio levemente. Al encontrarse a su joven amo, durmiendo entre papeles de la compañía de juguetes y dulces. Lo llamó, queriendo despertarlo, pero al no obtener ningún resultado, opto por acercarse hacía el pequeño. Sebastián estaba enfrente de su amo, observando pausadamente, el rostro angelical del niño.

Joven amo, ¿cuántas veces le he dicho que no debe dormir aquí? –Dijo, casi como si fuera un dulce regaño. Se sintió estúpido al usar un tono de voz tan cariñoso. Pero, aun así, Sebastián no desprendía sus ocelos de las hermosas y largas pestañas de Ciel. El demonio no entendía por qué en esos momentos, admiraba la belleza de su amo. Sabía que siempre la había tenido, pero nunca se había tomado la molestia de contemplarlo como lo hacía ahora mismo. Como si fuera automático, el ser infernal, acorto la distancia que había entre los dos rostros. Su nariz choco contra la de su amo, haciéndole leves agasajos. Su labio, se unió al del ojiazul, formando un beso corto, sin movimiento alguno. Sebastián no supo describir la gama de sensaciones que sintió al tocar esa tersa piel, por otra parte, Ciel entre sueños sentía un leve cosquilleo en su cuerpo.

Sebastián se quedó entre la unión de sus belfos. Y pensó el por qué hacía eso.

Ciel se removió un poco y fue abriendo los ojos lentamente. Sebastián se apartó rápidamente, antes de que su amo se diera cuenta de lo que hacía. El peli grisáceo abrió sus ojos por completo y vio a Sebastián en frente suyo. Se refregó los ojos y miro interrogante a su sirviente:

Joven amo, la cena esta lista.

Enseguida bajaré. –Contesto, sintiéndose raro y cálido.

Entendido. Sebastián hizo una reverencia y luego se retiró.

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Charles Grey se encontraba en el comedor, sentando al lado de la cabecera dela mesa. Esperando a que trajeran su cena. Acto seguido, un chirrido se escuchó cerca suyo, viendo como la puerta era abierta, dejando ver al pequeño conde Phantomhive, pasar al comedor con caminata distinguida y gatuna.

Ciel se acercó a la cabecera de la mesa y se sentó en el asiento. Luego, por la puerta entro Sebastián, con un pequeño carrito plateado. Donde se podía ver los platos con verduras y carnes, cocinadas y decoradas elegantemente. La sirvienta, Meyrin que se encontraba a un lado de Sebastián y el carrito, se acercó, sirviendo los platos, colocándolos en la mesa, en frente de los allí sentados.

Charles Grey, comenzó a devorar la comida con gran ahínco. Cada vez que se llevaba un bocado a la boca, saboreaba, satisfecho. Ciel, tranquilo y sereno como siempre, comía lentamente, disfrutando a su manera.

Sebastián, se posiciono detrás de su amo. Lo observó por la espalda, admirándolo por momentos y recordando la escena protagonizada por ellos dos, en el estudio. Claro que el ojiazul, ni siquiera sabía que había participado de está, o así parecía por ahora.

La comida estuvo deliciosa, mayordomo.

Muchas gracias señor Grey.

Me retiraré, estoy cansado y quiero estar completamente descansado para el viaje. Nos vemos en la mañana, chihuahua. –Dijo Charles Grey, riendo levemente. Ciel solo asintió un poco molesto por el apodo dado.

Yo también me retiraré, buenas noches. –Dijo Ciel, mientras se levantaba al mismo tiempo que el Conde gris.

Ambos condes se retiraron a sus respectivas habitaciones.

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Sebastián seguía a Ciel hacía su habitación. El ojiazul no decía ni una sola palabra. Comúnmente, el pequeño conde le comentaba dudas o incluso trataba de fastidiarlo, pero hoy era otra cosa, solo había dialogado con él una sola vez en el día, cuando trataron algunos asuntos relacionados con la misión, que recientemente, la reina le había encomendado. Era raro para Sebastián, pero empezaba a extrañar la voz de su amo y sus constantes intentos de molestia.

Al llegar a su destino, Sebastián, se adelantó y abrió la puerta del dormitorio, cumpliendo su papel de mayordomo. Ciel ni se inmuto por la acción, con el semblante serio, se adentró a la habitación. Seguidamente, el peli grisáceo, se sentó en el borde de la cama.

Ciel espero a que Sebastián se acercara y lo desvistiera. Y así el sirviente lo hizo. Desvistió a su amo, dejando al descubierto la blanquecina piel. Luego, tomo la prenda. En este caso, un camisón blanco acaramelado, que servía como pijama y se lo coloco cuidadosamente.

Ciel sintió un escalofrió, al sentir el aire gélido que entraba de la ventana abierta de su habitación.

Disculpe mí descuido, la cerraré inmediatamente. –Dijo Sebastián al notar la molestia de su amo.

Está bien. –Contesto Ciel, indiferente. Sin mirar a su mayordomo. Sólo miraba el suelo tapizado.

Sebastián fue hacía la vidriera y cerró las puertas de esta. El ruido que ocasiono el cierre, sobresalto un poco a Ciel, haciéndolo salir de su "admiración" por el piso. Sin quererlo realmente, atisbo a Sebastián, fijo sus dos ojos zafiros, similares a un cielo azulado, en los ojos rojizos, similares a un infierno ardiente, de su mayordomo.

Sebastián aprovecho la acción del menor para acercarse lentamente y posicionarse bajo su amo, arrodillándose frente a él.

¿Q-qué…? –Tartamudeo Ciel, al tener cerca su mayordomo, le desconcertaba, sentía una calidez inexplicable en todo el cuerpo, era un sentimiento nuevo, sintió pánico, terror y miedo. Empezó a tiritar levemente, apenas se notaba el temblor. Sebastián lo percibió al instante. Con sus enguantadas manos, agarro las manos desnudas de Ciel y las abrazo con sus puños.

Ciel se sonrojo a más no poder, sentía que algo en su pecho saldría volando en cualquier momento.

"Mi corazón." Pensó.

Bocchan… ¿Qué sucede? –Musito, pausadamente Sebastián. Mirando a su amo por primera vez, con una mirada diferente. No era la mirada de falsa amabilidad que habitualmente usaba para con todo el mundo. Sentía sus ojos relajados, su cuerpo calmado y sus manos, que se encontraban unidas a las de su amo, cálidas. Se permitió, sonreír dulcemente para su amo.

Y-yo, no, n-no sé qué pasa. –Sintió los ojos húmedos por momentos, quería dejar de observar a su sirviente, sentía que lloraría y no quería humillarse ante Sebastián. –No es nada. Trato de sonar frio.

¿Es as...

Es suficiente Sebastián. Puedes retirarte, estoy cansado, es solo eso. Quiero dormir ahora mis…

Oh, –El ambiente suave y abrasador que había entre ellos, se tornó uno más frió de repente– ¿El joven amo está huyendo?

¿Huir…? –Pregunto incrédulo Ciel, mientras soltaba las manos de Sebastián y se alejaba un poco de él.

Temblar delante de un sirviente –Rio burlón, lleno de malicia– ¿Es así como el jefe de la familia Phantomhive resuelve sus problemas?

Ciel, ahora sí, no pudo apartar los ojos de su sirviente. Ahora lo miraba con una pisca de furia

Detente. –Dijo, con la voz apagada.

¿El joven amo planea correr entre los brazos de un desconocido, llorar entre su pecho y recibir caricias como un niño mimado? Sebastián dijo esto último con un toque de resentimiento, sabía que lo que decía no tenía sentido, pero no había podido resistir no soltar tremendas palabras.

Sebastián estaba por decir palabras más insultantes, pero una fuerte bofetada lo detuvo. Ciel lo miro altivo, el mayordomo solo observo en silencio. Una sonrisa torcida y divertida adorno el rostro de Ciel de un momento a otro. Sebastián se sorprendió, alzando el ceño. Espero a que el menor hablara.

Un simple perro… como tú no puede hablarle de esa forma a su amo. –Rió divertido– ¿Qué planeabas? Sebastián seguía en silencio.

No me hagas perder el tiempo en niñerías Sebastián. Los dos tenemos intereses en común, tenemos un contrato y hasta que este no termine, tú me obedecerás. –Suspiro luego, arrogante.

Ya vete, no me apetece seguir hablando sobre tonterías…

Disculpe mí…-

Cállate y vete. –Dijo, para luego entrar en la cama y taparse hasta las orejas. Sebastián hizo una reverencia y se fue, sin antes apagar las velas del candelabro.

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Sebastián se quedó detrás de la puerta. Debía de admitir que estaba agitado por la anterior discusión con su joven amo. El demonio pensó y se arrepintió un poco. Sintiendo que se había pasado de la raya. Pensamiento que borró al instante minutos más tarde.

Es necesario, el joven amo no debe desviarse de su camino…

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¿Qué pretendes, idiota? –Pensó el ojiazul. No entendía a ese demonio, primero se le acercaba con intenciones de… Besarle en el estudio, luego recogía sus manos tan amorosamente. Para terminar burlándose de sus reacciones. Sebastián jugaba.

A mí también me gusta jugar.

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El sol brillaba alto en el cielo. El viento fresco movía los mechones de pelo y los ropajes de los allí presentes.

El carruaje, junto a unos corceles negros, se paraba en frente de la entrada de la mansión Phantomhive.

Ciel, Charles Grey y Sebastián, entraron dentro de este. Los sirvientes se encargaron de guardar el equipaje en el vehículo.

¡Buen viaje bocchan! –Exclamaron al unísono los tres sirvientes.

Y el carruaje partió hacia su destino.

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Espero les haya gustado, el capítulo es bastante largo para mi. Quiero hacerlos así de largos, si es posible a partir de ahora, trataré.

Como verán, Sebastián también tiene sus dudas, traté de mostrar algo de ellas. Pero sigue siendo un demonio... Ciel se muestra confundido. Sabe que tiene sentimientos pero no quiere aceptarlos D:

Lamento que este capítulo no mostrara mucho sobre la misión. Pero en el siguiente capítulo ya estarán en el condado de Hértford. En el siguiente también saldrá mucho más Grey :D (trataré xd).

Saludos a toda(o)s. Muchas gracias por tomarse la molestia de leer. Seguiré mejorando para ustedes :D

Pastelitos gratis :D

Bye. Sori*