Día I

Capítulo I: Traición

Quedan siete días para el final

Era pasada la medianoche y aún se podía ver una luz en la sala de lectura de la octava división (1). Tirado sobre uno de los sofás de la sala, en una postura que le pasaría factura más tarde, se encontraba un shinigami de aspecto joven y fornido leyendo un libro. Pasaba las páginas rápidamente mientras devoraba con fruición las palabras que pasaban por sus ojos dorados. La tradicional camisola negra había sido sustituida por una camisa ajustada sin mangas y de colores blanco y azul. Se rascaba su alborotado pelo rubio mientras volvía a bostezar.

–¿Crees que éstas son horas de estar leyendo? –dijo una voz.

El joven alzó la vista del libro y no vio a nadie. Prosiguió su búsqueda en las cercanías de su sofá y siguió sin hallar a nadie.

–Estoy aquí, so memo –se volvió a escuchar la voz. Provenía de detrás del sofá.

El shinigami se alzó y miró por encima de su cómodo asiento. Una shinigami rubia con gafas y un evidente enfado flanqueaba la entrada a la sala.

–Ey, Nae-chan –saludó el chico–. ¿Qué haces levantada a estas horas?

–¿No es evidente? –respondió malhumorada la fukutaichoNaerys–. Creo que las palabras: "no os acostéis tarde porque mañana tenéis una misión importante", eran bastante claras.

–Ah, eso. Bueno, es que me he enganchado mucho con este libro y no podía dejarlo...

–Maldita rata de biblioteca¿te das cuenta de que...?

La fukutaicho no terminó la frase. Su rostro cambió la expresión de enfado por una de concentración. Algo había llamado su atención. Unos segundos después el joven también lo percibió. Era un leve sonido de pisadas en los jardines adyacentes a la sala. Los invasores debían de ser muy buenos para haberse acercado tanto sin que la fukutaicho se hubiera dado cuenta.

Una ligera brisa silbó tras Naerys al mismo tiempo que una voz susurraba a su oído.

–Parece que tenemos invitados, Naerys-chan.

La fukutaicho dio un respingo y reprimiendo un grito se echó a un lado. Detrás de ella estaba la imponente figura del taicho de la octava división.

–Anda, taicho Naeros, no te vi venir –saludó alegremente el joven.

–Es su especialidad –masculló Naerys mientras trataba de ocultar sus sonrojadas mejillas.

–Como iba diciendo, parece que tenemos invitados en el jardín. Quizá deberíamos recibirlos¿Naerys-chan? –sentenció el capitán mientras guiñaba un ojo a su subcapitana.

Unos instantes después salían ambos a toda velocidad por las ventanas, que no había sido diseñada para ser usada de aquella manera. El joven apenas pudo seguirles con la mirada mientras desaparecían en la negrura de la noche. Tras un breve silencio el sonido de una zanpakutou al ser desenfundada y un destello fueron indicativos de que una pelea estaba en ciernes. El joven no lo dudó y cogiendo su espada dirigió sus apresurados pasos al exterior de la sala. Pero no llegó siquiera a atravesar la nueva e improvisada salida que llevaba al jardín. Un tanto (2) acababa de colocarse como por arte de magia en su garganta.

–No te muevas, Longi –le amenazó alguien a su espalda.

El joven shinigami reconoció la voz de un viejo compañero y le inquirió:

–¡Azatodeth¿Qué demonios está pasando aquí?

La presión de su garganta desapareció y acto seguido se giró para encarar a su atacante. Era un shinigami de la segunda división y portaba el traje del grupo de Operaciones Especiales. Su rostro estaba cubierto por una prenda negra, pero Longinus reconoció los ojos de su amigo.

–Salgamos fuera, pero no hagas nada –le advirtió Azatodeth.

Al salir una leve ráfaga de viento le golpeó el rostro. En el centro del jardín parecía que se hubiera detenido el tiempo. El taicho y la fukutaicho permanecían en posición de guardia mientras eran rodeados por un grupo de Ejecutores. Mientras observaba aquella escena notó como Azatodeth se adelantaba a él y se dirigía al grupo. Cuando llegó hasta ellos los sobrepasó y, sacando un pliego de papel de debajo de la ropa, comenzó a leer en voz alta:

–El taicho, la fukutaicho y todos los shinigamis de alto y medio rango que hayan participado en las actividades de la octava división durante los últimos tres meses, serán arrestados de forma inmediata y puestos bajo estricta vigilancia. Además se procederá al regristro de todas las instalaciones a cargo de dicha división. El decreto está firmado por el Chuuou-yonjyuroku-shitsu (3).

–Pero¿qué demonios...? –exclamó Longinus avanzando hacia ellos sin entender nada.

Naeros, con gran templanza, enfundó su arma ante la sorprendida mirada de su subcapitana.

–Pero Naeros... –susurró confundida.

–Tranquila, Naerys-chan. Esto tiene que tener una explicación –dijo sonriente el capitán, infundiendo una vana confianza a su subordinada. Luego se dirigió a Azatodeth:. ¿De qué nos acusa el Chuuou-yonjyuroku-shitsu?

La prenda negra que ocultaba el rostro de Azatodeth no sirvió de mucho para disimular que aquella pregunta le había incomodado. Pareció titubear y al final se rindió ante la poderosa mirada del capitán.

–De... traición.

La sorpresa fue general. Longinus se detuvo en seco mientras pensaba: "Si me he quedado dormido leyendo ese libro y esto es un sueño, este es un buen momento para despertarme... ¿No? Bueno, había que intentarlo".


(1) El Seireitei está dividido en trece divisiones, cada una de las cuelas está especializada en un campo diferente. Cada división está dirigida por un taicho (capitán) y un fukutaicho (teniente), que son asistidos por los oficiales de alto rango.

(2) Puñal de origen japonés con forma de pequeña katana que se suele llevar en el obi (cinturón).

(3) Cámara Central de los Cuarenta ySeis. Es un selecto grupo formado por cuarenta y seis shinigamis que ostentan el poder en el Seireitei. Su función es la toma de decisiones.