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Nota del capítulo: aquellos que siguen esta historia y Mi Mejor Pesadilla, no he abandonado mis fics, espero les sean agradables y favorables estos cambios. Gracias por sus comentarios, aquellos que se tomaron el tiempo para escribir, ha servido de inspiración para retornar, con nuevas ganas y musas.

En este capítulo hay escenas leves de lemmon que subirán de tono en el siguiente capi y (espero no me censuren en FFnet) algo de lemmon gráfico. Lleva advertencia: No apto para menores de 18 años. Las actualizaciones serán cada 1-2 semanas.

Disclaimer: Ya saben que ninguno de los personajes de HP me pertenece, la trama sí y al completo. Esto es un AU con algunas menciones/spoilers de uno que otro libro.

Aclaraciones de lectura:

-Letra normal: dialogo, relato.

-Letra en cursiva: flash back o pensamientos de los personajes.

-Letra en negrita: parsel.

Capítulo 01

Orgullo herido

Wiltshire era muy hermoso sin lugar a dudas y famoso por su singularidad tanto en las plazas como en sus calles, pero nada como sus inconfundibles habitantes. El famoso condado, cuna de la afamada familia noble Malfoy, poseía un ejemplar sistema de administración pública regido por las leyes monárquicas de las que eran sujetas, cuya ejecución ofrecía al ciudadano servicios básicos de educación, acceso a la información, recreo y derecho a labores de negocios con la sola condición de pagar un contrato firmado por año de subvenciones al ejército y los debidos impuestos; los más acomodados tenían también el haber de acoger algún huérfano de la comunidad, o a quien le haga falta familiar por una razón u otra, bajo su tutela; un sistema similar al apadrinamiento obligatorio de los jóvenes soldados que incursaban su primer año en el ejercicio de sus labores. Claro que esto no se extendía fuera de las inmediaciones del condado y por obvias razones eran consideradas ridículas premisas, pero la gente que vivía en el condado no se quejaba, lo contrario, admiraban con absoluto respeto a la familia del joven conde. El padre de este, ya entrado en años estaba, muy pronto a culminar sus tareas como general del ejército de su majestad. Las estrechas relaciones entre ambas familias emparentadas desde hace décadas solo sumaban el favoritismo de esta rama de la nobleza, pregonando incluso que bien Wiltshire podría pasar a ser un principado en unos años.

Un asunto que volcaba la atención del reino de Slytherin sobre este condado era la preocupación inherente sobre la sucesión. Todo mundo advirtió el problema nada más ascender el anciano rey al trono, pues a la edad de setenta años aun no tenía herederos y la esperanza de vida de la familia real, implícitamente la del rey y sus más cercanos, no sobrepasaba la media del primer centenario. El anciano rey no había cumplido aun los ochenta y dos años y ya se veía viejo y desgastado, lleno de achaques de la edad y siendo un no portador, su segundo ser- esa entidad animal que reinaba en ellos desde su nacimiento y abandonaba a los no portadores justo antes de su muerte- hace tiempo había sido declarado fenecida junto a quien considerase su compañero elegido. Sin hermanos o parientes cercanos en los cuales apoyarse, sin heredero o pareja, el pronóstico no era favorable y sin embargo su pueblo velaba por él, nadie se atrevía a mancillar su honor suscitando alguna rebelión o planes de sublevación, por lo menos no públicamente. No obstante iba siendo tiempo de pensar en cuestiones vitales y los Malfoy, siendo los más cercanos al rey, estaban en un ventajoso zarandeo. Desde el criado más nuevo hasta el pariente más lejano en el árbol genealógico, todo estaba siendo examinado y el mismo condado era blanco de comentarios absurdos por la conocida animadversión entre las casa nobles que consideraban inadecuado un candidato a regente proveniente de aquel lugar. Eso y la presente ceremonia de cumpleaños del heredero Malfoy mantenía en climatizada tensión a la comunidad- y se usa el término por la aparente relación entre el sentimiento general y el inesperado mal tiempo.

Las adoquinadas y galardonadas calles de Wiltshire pronto se llenaron de oscuridad y densa lluvia, la noche no brindaría un agraciado espectáculo a los singulares ojos de los ciudadanos y aquellos que se dieron cita para decir presente en la conmemorativa fiesta de cumpleaños del joven lord. De todas formas no todos los años este se dignaba en celebrar tal acontecimiento como su natalicio, aunque se ignoraba los detalles de la reticencia de aquella familia por celebrar ocasiones tales, quizás era solo tosquedad.

Era una lástima que se hubiese ido abajo los intentos de los ciudadanos del condado por embellecer las calles para el desfile en conmemoración al natalicio de su señor. Otros extranjeros invitados igual lamentaban no poder apreciar la magnífica vista que les regalaba en cada viaje los elegantes e históricos edificios de piedra esculpida.

Claro, pero no todo mundo podía estar de acuerdo con el sentir general, no por lo menos en una fiesta tan estirada como las comúnmente celebradas por la alta sociedad. Y había alguien que no hizo mucho por disimular.

Sirius Black estaba insoportable, en palabras de su muy buen amigo Sir Lupin, quien había decidido abandonarle para no recibir el millonésimo comentario mordaz y considerar rota en definitiva la relación entre ambas familias. Merlín sabía cómo de ágil era la lengua de su hermano, más asemejado a la viuda Black en naturaleza al parecer, pues a cualquiera engañaría su apariencia de joven fresco y jovial cuando se trataba de enfrentarse a otra serpiente, dejaba de ser un shifter lobo para convertirse en una áspid ponzoñosa que a sí mismo algunas veces molestaba. Pero era su hermano y no podía simplemente ponerse a elegir entre este y su muy buen amigo de tantos años, además Sirius era un tanto infantil en su proceder para librarse del yugo de su propia madre.

-Déjale y mejor ve por unas bebidas.

Lilly, la preciada flor de los Lupin, era tanto o más preocupante, cuando no estaba bajo vigilancia de sus mayores, con sus artimañas y travesuras causaba revuelo por donde iba. Pero claro, la pequeña florecilla silvestre era todo un ángel a la vista de terceros, sin embargo Remus y sus amigos conocían a la perfección la faceta traviesa de la pelirroja.

-Claro, gatita. Vamos, Rem

El joven de cabellos rubio trigo se fue, dibujando una sonrisa culpable cuando les dejó a solas en el salón. Había asistido bien temprano en la mañana a la residencia del primogénito Black, en respuesta a su carta de auxilio, mas ninguno pudo ayudarle con sus planes de escape. Todos los primogénitos de nobles castas y de la corte habían sido citados al festejo, pues se trataba del hijo del gran general y el cielo les ampare si tan solo osaban inventar cualquier excusa y saltarse la dichosa fiesta, por más que lo deseasen. Los años mozos en los que sus salidas surtían efecto habían pasado ya. Sirius, sin embargo encontraba satisfactorio hacer rabiar a su madre.

Quizás era el instinto natural ante la carencia de afecto de una madre desnaturalizada- por lo menos con él-, una forma de llamar su atención. Aunque Sirius podría suicidarse con su propia lengua antes que aceptar alguna vez el deseo de ser reconocido o apreciado por su madre.

Lo cierto era que Sir Sirius Black ahora tenía que aguantarse el bochorno, aun cuando tenía el humor más pesado de lo normal; por lo general el joven pelinegro poseía un espíritu alegre y libertino, sin que nadie le amargase la existencia… hasta que entraba en escena las excepciones a esa regla.

La pelirroja mira con mezcla de asombro, temor e insana diversión la expresión iracunda del moreno.

El orgulloso dueño de aquellos ojos gris metálico estaba hecho una fiera.

-"¡¿Quién?! ¡¿Quién en su sano juicio obliga a su primogénito vestirse de mujer?! ¡Solo tú vieja maldita! ¡No veo la hora en que te mueras, jodida bruja!

¡Cómo le hubiese gustado decir aquello en voz alta! Oh, pero la sexy fiera estaba atada de manos y pies, enfundado en un disfraz ridículo a su parecer, pero que daba buena pinta y agasajaba los ojos de ciertos lores, tantos mozos como entrados en años.

Sirius Black, sin duda llamaba la atención doquiera iba, sin importar el atuendo que llevase y por primera vez le daba pudor su apariencia, pues no quería ser descubierto vergonzosamente por aquella persona.

Sí, por desgracia, su- en otros tiempos- mejor amigo y ahora solo distante amor platónico y unilateral, estaba presente en aquella fiesta, mas no se dignaba en hablarle y Sirius no encontraba ocasión de abordarle, todo por culpa de la vieja esa que debía haber advertido sus intenciones.

De todas formas su apariencia no ayudaba.

Ahora el asunto de cómo se dio situación tal, en la que se vio obligado a vestirse nada más y nada menos que de mujer:

De ser descubierto, su honor peligraría, olvidarse de su familia, ¡era su orgullo de hombre!

Walburga Black era conocida como mujer estricta y displicente, teniendo indisimulado desprecio por su propio primogénito, a quien le había negado el derecho de heredad de título por ser en su opinión la peor vergüenza y aberración de la familia. Sin embargo, la vieja bruja era toda madre amorosa con su hijo menor, a quien le había cedido el título de lord, para vergüenza y dolor de Sirius. La relación entre los hermanos no podía dejar de ser algo tensa por ese solo hecho, nada simple en realidad y se mirase por donde se mirase. Impulsada por la cólera, tras escuchar las sandeces del menor sobre provocarle un infarto intencional al fugarse con el primer hombre que le pidiese la mano esa misma noche, le marcó el rostro con una buena bofetada que incluso le partió el labio inferior. Pese a que el chico estaba acostumbrado a los abusos físicos y verbales de su progenitora no le alzó la mano, simplemente dejó salir su frustración con un comentario que lamentaría más tarde.

-"Juro por Morgana que pisotearé tus ambiciones a la menor oportunidad."

Pese a todo, la viuda era su madre y le conocía, por lo que sabía cuándo estaba simplemente descargando su frustración y cuándo expresaba sus verdaderos deseos. Por lo que le sonrió altanera y sostuvo su mandíbula con rudeza, a sabiendas de que el chico no se atrevería a faltarle el respeto por una reprimenda.

-"No debiste haber nacido, pero sin duda sacaré provecho, ya que incluso de una basura como tú debe obtenerse algún beneficio."

Después de aquellas palabras la matriarca había ordenado, a base de gritos, hacer las preparaciones para su partida a Wiltshire y se aseguró de dejar bajo llave a su incorregible hijo. Horas más tarde, un séquito de criadas al servicio de su madre ahogaron a Sirius entre sollozos y movimientos torpes, llevando indumentarias y maquillaje que el moreno nunca había visto- en sus años como noble- fuesen necesarios para vestir a un hombre que iría a una gala. En cuanto avistó el negro vestido pensó que quizás se habían equivocado por los nervios, harto sabía lo molesta que podía ser su madre cuando daba una orden. Sin embargo fue más que incredulidad, el coraje, al saber que aquello se trataba de una venganza de su infame progenitora. Las criadas habían sido amenazadas con fuertes castigos y el lema de los Black era que nunca hacían una amenaza que no cumplirían. Para colmo de males la vieja bruja se aseguró de que se cumpliera su pedido a la mayor brevedad posible, apareciendo en sus aposentos y haciendo uso de la única arma que haría ceder al menor. No cedió sin luchar, sin embargo, aunque le valió unos cuantos moretones que fue menester cubrir con maquillaje.

El mayor de los Black sin embargo contuvo su espíritu asesino de atacar a la vil mujer que tenía como progenitora, cuando su hermano fue en su rescate. El pobre iluso era demasiado ignorante para su propio beneficio, el chico estaba demasiado enrolado en su círculo social de amigos como para notar cualquier detalle en el inexistente ámbito familiar de su roto hogar, pues dejó de serlo a la muerte de su padre; su madre nunca le quiso, desde que se descubrió su inclinación por los de su mismo sexo y al parecer le aborreció más cuantas veces su progenitor le demostraba afecto.

Dejó de hurgar en viejas heridas cuando una mano entró en su foco de atención. No supo en qué momento alguien más se había acercado ni cuando su amiga pelirroja le abandonó, pero debió pasar bastante tiempo, puesto que el baile había empezado. Fulminó con la mirada a su progenitora y buscó entre el gentío concurrente en la fiesta a sus amigos, sin inmutarse o reparar en lo que provocaba su falta de atención en su interlocutor, de igual forma no estaba atento a sus palabras hasta que un gruñido ronco activó sus sentidos de alarma e involuntariamente giró su atención al origen de dicha invocación.

°&°&°Lucius°&°&°

La noche transitaba demasiado lenta para su satisfacción y Lucius no encontraba razón alguna en festejar su natalicio. Viéndolo más como una celebración particular sin sentido, hasta el punto de abandonar la idea de usar sus mejores galas y decidir mezclarse entre los suyos, prefiriendo ignorar el rasgo distintivo en su tono de cabello que llamaba más la atención que luces de neón fosforescentes en el fondo de un profundo estanque. Sin embargo, la tarea no resultaba sencilla cuando tanta gente conocía su rostro, por lo que decidió resignarse y en su fuero interno rogó porque acabase la noche. Rápidamente.

Su padre a veces no tenía la mejor de las ideas. No era correcto en aquellos tiempos llamar la atención pública sobre ellos, sino buscar todo lo contrario.

Culminada la ceremonia del brindis, todo mundo se desvió a distracciones más acordes a sus gustos. Él por su parte se vio tentado de abandonar la fiesta, pero era un Malfoy y debía comportarse a la altura de uno.

Su suerte pareció empeorar cuando se vio en el foco de las típicas insinuaciones seductoras de jóvenes mujercitas en edad casadera y mozos que nada tenían que envidiarle a las primeras. Él se excusó, sin necesidad de crear ninguna tapadera, arguyendo que tenía algo importante que hacer y no podía distraerse.

Por supuesto, no había mentido. Aunque si bien no sabía darle rango de importancia a la curiosidad que despertó aquella joven dama de pie, recostada descuidadamente contra la ventana. Una copa en sus bellas manos, largos dedos sostenían con firmeza disimulada la frágil pieza de cristal y la mirada yacía perdida en el jardín. Se vio presa de un hechizo de abstracción que robó todo el control de su cuerpo, como si su subconsciente hubiese tomado el control. Por un instante sintió el impulso de cubrirle con su cuerpo, fijar sus manos en las paredes a ambos lados de sus caderas y atraerle a su cuerpo para impregnarse de su olor. Debía ser tan atractivo como su figura, no sabía cómo rayos no estaba siendo acosada ya mismo por el grupo de solteros empedernidos que pululaban en derredor. Cuando la mirada vacía se clavó en sus ojos, tras varios segundos de inestabilidad, avistó el brillo fiero en ellos.

Esa debía ser la razón.

Su mano permaneció extendida al frente, mas fue ignorada y se descubrió emitiendo un gruñido de insistencia.

No fue intencional, los Malfoy no gruñen, no voluntariamente por lo menos, pero ya estaba hecho y no creía que nadie más lo hubiese oído tampoco, la chica frente a él apenas reparaba en su presencia.

-¿Qué…?

Confirmado.

-Le estaba proponiendo unirse al baile.

Percibió el terror en sus ojos, torpe y rápidamente enmascarada con la indecisión, añadamos un mal disimulado resoplido.

¡Era terca!

Y él se dejó arrastrar hacia ella como una polilla a la luz.

Tiró de su mano de todas formas, al ver el amago de golpear la suya y pronto estaban a la vista de terceros. Si le rechazaba ahora sería una afrenta contra la casa anfitriona. Lucius no tomó en cuenta el no ser reconocido.

-No, gracias. No me apetece bailar.

Su mirada vacilante parecía turnarse en constante ir y venir alrededor de los invitados. Él insistió. Eso era mucho decir para un Malfoy, acostumbrado a ser obedecido a la primera.

-Si está buscando a alguien, bailar le brindaría mayor rango de alcance. Véalo como un trato, yo también quiero escapar un rato.

¿Era su imaginación o le escuchó rumiar por lo bajo? No dio importancia y le arrastró al centro de la pista de baile, donde les fue cedido espacio y la joven en sus brazos se tensó perceptiblemente al momento. Susurró al oído palabras calmas y lisonjeras sobre su regio vestuario, compuesto por un vestido negro y largo con volados y encajes, que a lo lejos gritaba lo caro que debía ser y parecía confeccionado a la medida. El sonrojo en las pálidas mejillas, los pasos algo torpes, el ceño fruncido y su renuencia de mirarle a los ojos, provocaron una sensación de insatisfacción en el heredero Malfoy, quien desplazó el caballerismo en venganza y ajustó un poco más el agarre sobre la cintura contraria en tanto ambos se movían al ritmo del vals e iniciaban un desafío de miradas.

¡Le gustaba ese fuego! Ese fuego abrazante que hacía parecer sus ojos dos pozos de viva plata oscura y líquida burbujeando con descaro, irritación, molestia y disgusto.

Entonces la pista cambió drásticamente, del inicio de una balada suave al tango de Roxanne, demasiado movida y arriesgada para un inexperto. Le dejó respirar un momento, encaminándole a una salida, viendo los infructuosos intentos de las otras damas por amar un colectivo intercambio constante de parejas, hasta que a alguien le pareció grandiosa la idea de arrastrar de vuelta a la pista de baile a la morena de ojos plata. Fue en su rescate sin proponérselo y terminó sufriendo las inclementes pisadas de aquella rebelde, que demostró ser muy tozuda pero hábil en aprender. El roce de sus cuerpos era involuntario, mas no por eso resultó inesperada la respuesta de su cuerpo. Lucius se encontró deseando nueva vez el dejarse llevar por sus más bajos instintos, solo que en esta ocasión no lo hacía por completo; por lo general no se molestaba en cortejar o ser amable con sus amantes, iba al grano y era metódico en su proceder, sin embargo en esta ocasión no estaba razonando como se debería o quizás era solo el hecho de tener tantas miradas sobre su persona; estaba acostumbrado a ello, lo que dejaba como única cuestión a la belleza entre sus brazos.

La música se detuvo y el silencio reinó un instante antes de que la concurrencia rompiese en aplausos y junto a los demás bailarines abandonasen la pista. El rubio siguió a la morena hacia los jardines, esta parecía querer huir rápidamente por lo veloz de sus pasos y podía añadir que resultaba muy descuidada en sus acciones, sus modales eran algo toscos, no parecía muy experta en el arte de usar tacones –aunque él mismo lo consideraría un castigo, no sabía cómo ellas podían soportar esas cosas- y por sus nada femeniles gestos incluso su fina máscara de plumas negras estaba corrida. Fácilmente podría caérsele en un simple giro de cabeza.

Aquella mujer le fascinaba; no se comportaba como una mujer, vestía muy ricamente, pero era muy suelta y terca.

-Espera, espera. ¿Por qué te marchas tan rápido?

Ella parecía que fuese a romperse en cualquier momento, pudo percibir cuando le miró a los ojos- si no era que leía mal- Eso o sufrir un aparatoso accidente por aquellos zapatos. Notó su molestia y le sorprendieron su tono al hablar tan impropio en una mujer.

-No intentes ser caballeroso conmigo y busca algo mejor que hacer, me has avergonzado suficiente esta noche.

Y sin embargo, las mismas maneras al quejarse…

Él no separó los labios para evitar soltar algún comentario mordaz.

No hasta transcurridos unos minutos.

-Entonces, en primer lugar, no debió venir a esta fiesta sin tan incómoda se sentiría.

-No quería venir de todas formas, simplemente me vi… arrastrada.

Un suspiro profundo y ella recuperó el aplomo, por lo menos moral, porque le vio tambalearse y fue menester sostenerle. Sus brazos nueva vez se engancharon a la estrecha cintura y antes de que pudiese liberarse ya le tenía acorralada contra la pared y sometidos sus labios. Le sintió reaccionar al poco tiempo y luchar bajo su agarre, no era su costumbre hacer aquello, estaba acostumbrado a ser obedecido, pero encontraba tentadora la resistencia de aquella fierecilla.

Oh… singular realmente singular, sus labios no eran tan suaves como los que había probado en otras mujeres, parecían más…

El sabor metálico explotó en su boca y al cabo de un instante sintió la mordida. Unos colmillos se mostraron amenazadores y el rubio perdió todo aplomo. Le alzó sobre los hombros y cerró la puerta que daba al patio desde las cocinas, sin importarle que los criados allí le viesen realizar semejante acto temerario.

Esa noche estaba rompiendo todos sus esquemas, pero le demostraría a la fierecilla que con él no se jugaba.

°&°&°Cambio de escena°&°&°

Mientras tanto, en el salón del baile ya había transcurrido un buen rato desde que el heredero Malfoy abandonase el mismo, todos daban por sentado que se había ido a su propia fiesta privada con aquella morena. Algunos apostaban por un polvo de una noche; las mujeres cuchicheaban que debía tratarse de alguna mujerzuela contratada y que incluso las caras joyas y vestido debían ser parte de su paga. Cierta viuda, sin embargo se permitía regodearse en su interior, creyéndose ganadora de dos tantos en un solo acierto.

La bebida que había hecho tomar a su propio hijo y la pericia usada al despistar al heredero de su ex amante, debía estar haciendo efecto ahora.

No perdía nada con aquella jugada, ya Sirius era una deshonra con el solo hecho de existir, si los Malfoy no se hacían de la responsabilidad, solo restaba desheredar a su hijo y borrarle definitivamente del árbol familiar.

Su atención, sin embargo, pululaba alrededor de las amistades de su hijo. Aquellos chiquillos de los Lupin y la escurridiza andrajosa que adoptaron podían arruinar sus planes si se confiaba, con el gryffindor tampoco podía bajar la guardia, aunque para su satisfacción se había encontrado bastante ocupado durante toda la noche y desde su llegada como para poder ocuparse en saludarles y Walburgar se permitió ser condescendiente consigo misma. Mejor así, no necesitaba estrechar lazos con ningún defensor de sangre sucia.

°&°&°R.L.°&°&°

Remus había perdido el rastro de su amigo y llevaba largo rato buscándole. Sus hermanos estaban distraídos en otras cosas y no quería preocuparles pero tenía un mal presentimiento.

Alguien chocó con él mientras caminaba por los escasamente iluminados pasillos exteriores y detectó un efluvio demasiado familiar y embriagante.

Debía parecer tétrico, pero a la luz del reciente rayo aquella silueta solo afianzó su curiosidad, pues no reconocía al dueño de aquel físico.

°&°&°Sirius°&°&°

La furia debía estar provocando que su sangre hirviese, pues no daba con otra razón para sentirse tan caliente salvo el enojo de ser tratado como una vulgar mujerzuela por aquel sujeto.

¡Él ni siquiera era una puta mujer! Era un hombre y el paquete entre sus piernas podía confirmarlo.

Con ese pensamiento se calmó al fin y dejó que su captor se desengañase a sí mismo cuando descubriese lo que estaba haciendo y se topase con su cuerpo desnudo.

Ya deseaba ver su cara.

Sin embargo no todo sale según lo planeado.

Sirius se encontró forcejeando bajo el cuerpo de aquel sujeto, descubriendo para su horror como tocaba sin descaro alguno su entrepierna bajo el vestido y le arrancaba éste sin llegar a romperlo.

¡Joder! ¡Debía tener buena práctica, pues a él le costó una vida aguantar ponérselo!

Le siguió el corsé, y Sirius no sabía cómo sentirse al respecto, aquella cosa le asfixiaba y llevaba desde la mañana con aquella tortura. No sabía si besar al idiota atrevido o golpearlo. Se decidió por la segunda opción, pero una cosa es lo que su mente decía y otra lo que su cuerpo ejecutaba.

Para su horror descubrió que no poseía control alguno sobre sí y se encontraba respondiendo a las caricias del otro.

Dedos cálidos se burlaron de sus pezones bajo la tela de encaje, hasta que por fin pudo liberarse de aquella molestia y entonces la presión se instaló más al sur.

-A-ah-gh!

Un gemido involuntario escapó de sus labios y se mordió estos, pero el rubio no parecía de acuerdo con eso. Sirius sintió lo que era ser comida y presa, cuando su boca fue devorada con hambre y urgencia.

Lo que le siguió no se lo esperó ni estuvo nunca preparado para ello.

Un alarido de dolor retumbó en la estancia segundos más tarde, cuando el cuerpo del moreno registró el dolor y la sangre escurría fresca por la desgarrada entrada.

Fue montado salvajemente contra una cama demasiado suave como para evitar hundirse su cuerpo, su cabeza fue presionada bocabajo a punto de asfixiarse.

¡Por Morgana! ¡Era una violación en toda regla!

Se tragó el nudo en su garganta y mordió sus labios con fuerza, no le daría el gusto ni a su madre ni a su ultrajador.

Su orgullo de hombre sin embargo quedó barrido por el suelo ante la impotencia, y es que se encontraba cada vez más débil como para resistirse.

Si tan solo lo hubiese advertido antes, nunca había sido atrapado con la guardia baja y tampoco era escuálido o debilucho.

Algo hizo clic en su cabeza.

Sí, dio con la razón de su extraña debilidad. Su madre había colocado algo en la bebida.

Bueno, no es que fuese virgen, ni era tan cursi como para lamentar no llegar entero al matrimonio, había querido obtener experiencia para satisfacer a su pareja, pero al parecer sus planes siempre serían frustrados mientras existiese aquella bruja. Ya no podría caminar con la cabeza en alto o aspirar tan siquiera pedir a James que fuesen cumplidas sus promesas.

Se obligó a sí mismo ser fuerte al escuchar el crujir de huesos, claro indicio del cambio en su acompañante. Lo supo al instante en que aquel trozo de dura carne se ensanchó en sus entrañas, causando mayor daño y dolor. No pudo ahogar por completo el alarido de dolor y rogó, para su vergüenza, desmayarse o despertar de aquella pesadilla.

No tuvo tanta suerte.

"Conquistar es fácil, lo difícil es conservar la conquista; ahí está el verdadero mérito."- Angela Ma. Giraldo Agudelo

Continuará…

Notas finales:

Nos seguimos leyendo.