Harry sonrió, hace mucho que no disfrutaba tanto una plática, era como hablar con un viejo conocido, como estar en casa. Volteo a su acompañante de nuevo, la sensación de calidez le llego al ver sus hermosos ojos, podía perderse en esa mirada, en esa aura que irradiaba todo su ser. Sus labios se seguían moviendo y su compañero respondía, pero las palabras escapaban de su comprensión. El cielo en ese lugar era hermoso, el paso era tan basto y los arboles eran enormes, robustos y firmes. Definitivamente casa.
Su compañero interrumpió su plática de pronto y sus ojos se entrecerraron centrando toda su atención en le bosque, suspiro y regreso la mirada pareciendo un poco enojado, pero a los pocos segundo sus ojos de nuevo volvieron a mostrar esa tranquilidad que antes irradiaba por montón.
Toco su mejilla delicadamente con el dorso de su mano, acerco su frente hasta que estaban a centímetros de distancia, sus dedos se movieron a sus labios y susurro algo que le supo amargo. Pronto entro en pánico, el bosque se desvanecía y su compañero, que antes había tenido esos rasgos tan inolvidables, se fue desdibujado.
– ¡No!–aun cuando gritaba su voz poco a poco ya no se escuchaba, corría tras la sombra que antes era su compañero, mientras este era atraído poco a poco al bosque– ¡no! –pero aun cuando corría, aun cuando gritaba nada lo alcanzaba, se sentía tan… débil.
–¡No! – se sentía succionado, abrió los ojos, el techo de su habitación era de madera, su mano estaba estirada hacia él, todo se había sentido tan real que le asombro el seguir en su habitación y no en ese hermoso bosque y esa encantadora persona.
La ventana dejaba ver unos cuantos rayos de sol entrando, pronto amanecería y aun sentía su corazón oprimido. Tan rápido, y por solo unos segundos, porque pronto el sueño comenzó a ser olvidado remplazado por pensamientos de desayunos y tareas que hacer.
Y cuando por la tarde cuando comenzó a decaer el sol, a esas horas en las que adoraba escapar del pueblo a su refugio una torre en una colina que fungía como último delimitante del pequeño pueblo y mientras veía bosque maldito aquel que rodeaba la ciudad y por la que nadie se aventuraba más lejos donde las criaturas que habitaban eran si no prohíbas pero si desagradables de mencionar, observando eso no pudo evitar sentir nostalgia. Por algo que su memoria no quería traer, algo muy importante que desde este punto tan cerca del bosque le llamaba a adentrarse.
