Capitulo 2


Hermione notó una sonrisa picara de parte de la señora Weasley, y comprendió que quizá ella supiera la razón de su felicidad, pero se limitó a ojear El Profeta que descansaba sobre la mesa y no dijo nada más.

Al poco rato, Ron descendió a la cocina y se sentó frente a Hermione esperando el desayuno que le estaba preparando la madre.

Hermione pensó, aún con la mirada en el diario, que estaba mucho más lindo de la última vez que lo había visto. No había crecido, ya era demasiado alto, pero tenía el pelo rojo y más corto y los músculos más marcados.

Ron la miraba con disimulo, sin decir nada, y pudo notar que ella también estaba mucho más linda. Vestía una remera blanca y una mini falda rosa que le hacía juego con un hermoso collar que se había puesto alrededor del cuello. Su pelo estaba más largo, casi hasta la cintura, y con el mismo color natural de siempre.

-¿Quieres algo de tomar, querida? -le preguntó la señora Weasley.

Ambos salieron de sus pensamientos al escuchar una voz lejana y Hermione respondió:

-Se lo agradecería, señora Weasley.

-¿Y cómo te ha ido en estos días? -dijo Ron mirándola por primera vez a la cara mientras tomaba un sorbo de su café.

-Muy bien -repuso Hermione mirándolo también-. Ya sabes, estuve ayudando a mis padres con su trabajo.

-Yo también he estado ayudando a mamá, ¿no es cierto? -preguntó Ron mirando a su madre.

-Sí, te has portado de maravilla -dijo besándolo en la frente-. Me gustaría saber que ha pasado que desde que volvimos de la guerra has estado de muy buen humor.

Ron se puso colorado y agachó la cabeza tanto que solo se le podía ver el pelo.

Hermione también se puso nerviosa y empezó a pasar las hojas de El Profeta más rápido, aunque sin leer.

No dijeron nada más, y Ron y Hermione (cada uno por su parte) agradecieron que Ginny entrara en la cocina con gran alboroto rompiendo aquel silencio indeseado.

-¡Hermione! –gritó al verla y corrió a abrazarla.

Hermione se levantó y le correspondió el abrazo.

-¿dónde está Harry? –preguntó mirando hacia la puerta.

-Se está bañando, baja enseguida –dijo Ginny sentándose al lado de su hermano que seguía rojo como un tomate.

-Debo hablar contigo cuanto antes, Herm –propuso Ginny poniéndole azúcar a la taza que su madre le había dejado sobre la mesa.

-¿Sobre qué? –preguntó la aludida, que estaba sumamente agradecida con su amiga por haber bajado justo en ese momento.

-Aquí no, luego vamos a dar un paseo por el lago, ¿Qué te parece? –preguntó Ginny.

-Fantástico -repuso Hermione.

Ron levantó la cabeza y miró a su hermana.

-Tú también puedes venir, tonto. Pero te quedarás con Harry unos minutos, ¿si? Debemos hablar cosas de mujeres.

Ron sonrió y miró a Hermione que le devolvió la sonrisa, nerviosa.

Harry bajó minutos más tarde y le propusieron ir al lago aquella misma tarde. Con gusto acepto la invitación de las chicas y propuso que el y Ron irían antes para jugar Quiddicht y luego se encontrarían con ellas alrededor de las dos de la tarde.

Ginny coincidió con su novio, e invitó a Hermione a su habitación luego de haber terminado su desayuno.

Ron y Harry se quedaron en la cocina con la señora Weasley leyendo El Profeta y comentando del último partido de la liga de Quiddicht.

Hermione subió tras Ginny las escaleras de dos en dos acomodándose la falda.
Entraron y Hermione vio que la habitación de su amiga había cambiado.

Había una cama matrimonial, desecha, un armario grande y muchas fotografías pegadas en las paredes.

-¿Cama matrimonial? –preguntó Hermione sentándose en ella.

-Duermo con Harry cada vez que viene de visita –dijo la pelirroja con una enorme sonrisa.

-¿Y tu madre permite esto? –dijo Hermione riendo.

-Al principio no, pero Harry tuvo una pequeña charla con ella y accedió.

-Oh, y todavía no han… Ya sabes –repuso Hermione mirándola con el ceño fruncido.

-¿Te refieres a…?

-Si, ¿lo han hecho? –preguntó de nuevo la castaña.

-Pues no, aún no me siento lista y el no tiene ningún apuro. ¡Es tan dulce, Hermione!

Ella le sonrió y se quedó contemplando el piso hasta que Ginny le puso una mano en el hombro y la sacudió.

-¿Qué pasa? –preguntó Hermione.

-Eso mismo pregunto yo, ¿Qué pasa?

-¿Con que?

-Con mi hermano –dijo Ginny doblando ropa mientras las ponía en fila sobre la cama desecha.

-Pues, nada Ginny.

-¿Estas segura? Harry me contó lo del beso.

Hermione se ruborizó y decidió contarle con puro detalles como había ocurrido.

-¿O sea que Ron te correspondió el beso? ¡Sabía que le gustabas! Aunque siempre lo negaba, claro. –dijo Ginny dando saltitos de alegría.

-Bueno sí, y me abrazó mientras, bueno… me besaba.

-¡Qué romántico! ¿Y qué piensas hacer? –preguntó Ginny.

-No lo sé, no puedo ni mirarlo. ¡Me mata la vergüenza, Ginny!

-No desesperes, tu amiga te va a ayudar.

-¿Qué piensas hacer? –dijo Hermione poniendo los ojos en blanco.

-Déjamelo a mí, ¿quieres o no estar con mi hermano? –preguntó Ginny largando un suspiro y poniendo sus manos en la cintura.

-¡Claro que quiero! Es que…

-Entonces no te hagas problema, antes de lo que crees Ron te pedirá que seas su novia –la interrumpió Ginny.

Hermione no dijo nada. Las ocurrencias de Ginny eran siempre un disparate, pero daban resultados satisfactorios.

La ayudó a guardar la ropa que le quedaba y una hora más tarde bajaron a la cocina, riendo por las cosas que Ginny le contaba.

Habían dejado a Ron y Harry de lado por largas horas y se divertían contándose cosas que habían ocurrido en este tiempo sin verse.

-¿Y los chicos mamá? –preguntó Ginny cuando bajaron a la cocina.

-Fueron a comer al lago, se llevaron unos sándwiches y las escobas.

Ginny sonrió a su pesar y siguió charlando con Hermione hasta que llegó el Señor Weasley junto a Bill y Fleur.

-¡Hermione querida! ¿Cómo has estado? –preguntó el señor Weasley al verla.

-Muy bien, señor Weasley, gracias –respondió Hermione con una amable sonrisa.

-¡Oh dios santo Fleur! –gritó Hermione al verla.

Fleur estaba igual que siempre pero con la diferencia que su panza estaba un poco más grande y enseguida lo comprendió.

-¡Están esperando un bebé! Felicidades –les dijo abrazándolos.

-Gracias, Hermione –dijo Bill sentándose a la mesa.

Almorzaron los seis y charlaron del Ministerio, de las noticias nuevas, los despidos y demás cosas que eran propios de las comidas.

Eran dos menos diez cuando Ginny le propuso a Hermione ir camino al lago, los chicos las esperaban a las dos en punto.

Hermione aceptó y con la mano saludo a los presentes que todavía seguían charlando alrededor de la mesa de la cocina.

Salieron al jardín, los rayos de sol le daban débilmente en las partes del cuerpo sin cubrir. No había ni una sola nube cubriendo el color celeste del cielo, era un día perfecto pensó Hermione.

-¿Día perfecto no? –dijo Ginny como si le hubiese leído el pensamiento.

-Así es –repuso Hermione mirando al cielo mientras caminaban.

Estaban por llegar al lago, cuando Ginny la detuvo con la mano.

-Escuchame. Cualquier cosa que yo diga, me seguirás la corriente, ¿de acuerdo? –preguntó en voz baja.

-¿Qué piensas… -empezó Hermione.

-¡Sólo prométeme que me seguirás la corriente! Te prometí algo, y lo voy a cumplir. ¡Pero necesito de tu ayuda también, no puedo besar yo a mi hermano! –dijo riendo al mismo tiempo que hacia muecas con su cara.

Hermione asintió, confundida. No sabía lo que estaba planeando Ginny, pero con resignación la siguió unos metros hasta que encontraron a los chicos montados en sus escobas, ambos en cuero, jugando al Quiddicht como era de esperarse.

Cuando las vieron venir, aterrizaron y dejaron sus escobas en el pasto.

Ginny besó a Harry y se quedaron abrazados mientras hablaban de cómo había estado el almuerzo. Y Ron y Hermione, separados por la canasta llena de sándwiches, sintiéndose extraños mutuamente, se miraron de reojo y se dedicaron una simple sonrisa, pero que a la vez decía las cosas que ambos querían escuchar.