Capitulo 7
El señor Weasley siguió revolviendo papeles junto a su esposa por largos segundos en silencio.
Lo unico que se oía era el crujir de los papeles cuando se chocaban y el tintineo del reloj que colgaba de la cocina.
-Bien, ya está -concluyó el señor Weasley.
Levantó la vista y los miró.
-Me ha salido un viaje urgente por cuatro días al exterior, por el trabajo ya saben. Pero Molly deberá venir conmigo. Como es obvio, no pueden quedarse solos, asi que lo siento pero Hermione deberá volver con sus padres y Harry a su casa. Llamaré a Bill y Fleur para que vengan a cuidar de ustedes dos -dijo señalando a sus hijos- en nuestra ausencia. Solo serán cuatro días.
Ginny abrió los ojos como platos.
-Somos mayor de edad, podremos quedarnos los cuatro solos, por favor papá -rogó la pelirroja juntando la llema de sus dedos.
-No lo sé... -empezó la señora Weasley-. Tú no eres mayor de edad Ginny. Y cuando termine este verano deberás volver a Hogwarts.
-No iré a Hogwarts este año, igualmente no estamos hablando de eso mamá. Y ellos si son mayores de edad.
El silencio reino durante incesantes segundos.
-Si sobrevivimos a Voldemort, ¿no crees que sobreviviremos cuatro días sin ustedes? -preguntó Ron con una sonrisa.
Sus padres se miraron inquietantes.
-Lo pensaremos -concluyó El señor Weasley y se levantó retirandose de la cocina tras su esposa, que ya se había puesto de pie.
-¡Eso fue un sí! -gritó Ginny al ver que sus padres ya no podían oirlos.
-Eso fue un "lo pensaremos" -le corrigió Hermione.
-Tú no conoces a mamá y a papá, eso se acerca mas a un sí, creeme -dijo Ron dandole un beso en la mejilla y acariciando su pelo.
Hermione le sonrió y los cuatro salieron al jardín para disfrutar del comienzo de un nuevo día de verano.
Continuacion...
Faltaba
poco para el almuerzo, y los cuatro chicos aún seguían
disfrutando del verano en el jardín de la Madriguera.
Ginny
y Ron estaban convencidos de que se quedarían cuatro días
solos disfrutando sin sus padres, pero Harry y Hermione dudaban de
que la señora Weasley accediera a semejante idea, aunque
sonreían al escuchar las especulaciones de Ginny sobre que
harían cuando se quedaran solos.
La señora Weasley
los llamó a almorzar poco después y dirigiendose
miradas ansiosas entraron a la cocina y se sentaron a la mesa sin
decir nada.
Comieron en silencio, esperando quizá que
alguno de los padres de Ron diga algo, pero no sucedió.
Harry
pensó que fue la comida más aburrida que había
compartido en la Madriguera, seguramente porque los señores
Weasley estaban pensando en su viaje, y en que hacer con ellos.
No
obtuvieron respuesta hasta producido el ocaso, cuando los cuatro se
encontraban en la habitación de Ginny, todos sentados en la
cama matrimonil de la pelirroja.
El sol ya se había
escondido dejando lugar a una luna llena que brillaba sobre la
Madriguera.
Alguien tocó a la puerta dos veces, fuerte y
produciendo un ligero asombro en los chicos, y la voz de Ginny hizo
pasar al que esperaba trás el humbral.
El señor
Weasley cruzó la puerta en silencio y la cerró tras
el.
-He convencido a Molly. Pueden quedarse, pero tenemos una
condición -explicó mirando a los presentes.
Ginny y
Ron se lanzaron una mirada de complicidad. Conocían tan bien a
su padre que ya sabían perfectamente lo que se aproximaba,
pero no cambiaron su expresión de felicidad.
Sea cual sea
la condición, iban a pasar cuatro días solos, sin tener
a alguien que les diga que y como tenían que hacer las
cosas.
Al ver que nadie respondió, el padre de los chicos
continuó.
-Les mandaremos cartas todos los días, y
nos diran si tienen algun problema. No pienso irme y sin tener
noticias de ustedes. Hermione, deberás escribir a tus padres,
necesito saber si te dejan quedarte aquí mientras no
estemos.
-No se haga problema, señor Weasley. Ahora mismo
voy a escribirles -dijo Hermione.
Este asintió y con un
gesto que más bien pareció una mueca de dolor se retiró
del dormitorio, no muy convencido de lo que acababa de decir.
Al
cerrarse la puerta Ginny y Hermione se pusieron a saltar arriba de la
cara y a dar grititos de felicidad.
Harry y Ron, más
silencioso pero no mucho menos felices, se estrecharon las manos y
dijeron "ahora si empiezan nuestras vacaciones".
Los
cuatro estuvieron hasta altas horas de la noche especulando lo que
sería cuando los padres de los chicos se fueran. Planearon una
visita al lago por más tiempo, hasta querian hacer una fiesta
ya que se aproximaba el cumpleaños 18 de Harry.
Sin duda,
la idea de la fiesta fue de Ginny, pero ninguno de los tres se opuso
a semejante propuesta.
Ron quiso ir a averiguar cuando era
exactamente que sus padres viajaban para poder organizar bien las
cosas, y tomando coraje bajó a la cocina y les preguntó
discretamente, mientras los demás esperaban aún
sentados en la cama de Ginny.
-¡Lo tengo! -dijo cuando
volvió a entrar.
-¿Cuándo se van? -preguntó
Hermione.
-Mañana a primera hora. Asi que supongo que
cuando nos despertemos, ellos ya no estaran aquí.
-Perfecto.
El cumpleaños de Harry es el último día que nos
quedaremos solos -explicó Ginny sonriendo misteriosamente.
-No
podremos hacer la fiesta el mismo día a la noche, para esa
altura los señores Weasley ya estarán de regreso -dijo
Hermione pensativa mientras juntaba las llemas de sus dedos.
-Por
supuesto que no. La haremos el tercer día a la noche, de modo
que después de las doce podremos desearle felíz
cumpleaños a mi amorcito -dijo Ginny besándo a Harry en
la boca.
Ron emitió un sonido parecido a "ejem ejem"
que hizo reir a todos, acordandose de la insoportable y detestable
profesora Umbridge.
-¿Y a quién invitaremos?
-preguntó Harry.
-Estuve pensando, podremos decirles a los
miembros del ED que vengan, aún tienen sus monedas ¿verdad?
-preguntó Ginny mirando a Hermione como si esta pudiera
responderle.
-Supongo que sí, el año pasado les
avisamos para que vengan a luchar mediante ellas, no creo que las
hayan tirado -respondió la aludida.
-¡Perfecto!
-concluyó Ginny felíz.
Hermione y Ron decidieron ir
a dormir (si, ambos a la habitacion de Ron) alrededor de las tres de
la mañana cuando ya hubo acabado la charla y habían
arreglado como les avisarían a los invitados de la
fiesta.
Ginny y Harry les agradecieron por dejarlos solos de una
vez por todas, y los cuatro, cada uno con su pareja, se fueron
quedando dormidos, sin nisiquiera haberse desearse las buenas
noches.
Se aproximaban días espectaculares, y aunque solo
fueran cuatro, prometieron disfrutarlos como si fuese el último.
