Capitulo 8
A
la mañana siguiente, Ron y Hermione como era costumbre, se
levantaron primeros y bajaron a desayunar de la mano.
Al entrar en
la cocina vieron un pergamino arrugado sobre la mesa con una pluma
aún mojada de tinta sobre el.
Mientras Ron preparaba el
desayuno para cuatro con su varita, Hermione se sentó en la
mesa y tomó la carta.
Leyendo en voz alta las lineas para
que su novio tambien pudiera escuchar, dijo:
"Queridos
Ron, Ginny, Harry y Hermione:
Como ya sabían nos tuvimos
que ir a primera hora y era muy temprano para despertarlos, asi que
decidimos dejarles esta nota.
Estaran cuatro días solos.
Cualquier cosa Bill estará en su casa junto a Fleur. Se
ofreció a venir a verlos si querian, solo tienen que mandarles
una lechuza.
Por favor, tengan cuidado, cuidense y no salgan muy
lejos.
P.d: Ginny: ¡Nada de fiestas!
Molly y Arthur."
Hermione
terminó de leer y dobló el papel volviendolo a dejar
sobre la mesa.
Le causó mucha gracia el comentario hacia
Ginny, después de todo, Molly era su madre y la conocía
hace 16 años, sabía muy bien las intenciones de su
hija.
Ron tambien río al escuchar esa parte y murmuró
algo como "mi madre siempre se da cuenta de todo" y luego
le dijo a Hermione que vaya a despertar a los otros dos, el desayuno
ya estaba servido.
Hermione asintió con una sonrisa, y
salió de la cocina, pero sin antes besarlo con ternura en la
boca.
Subió las escaleras e intentó entrar al
cuarto. La puerta no se abrió, si no que la empujó
hacia atrás de modo que chocó con la pared que tenía
de espaldas y cayó al suelo inconciente por el golpe.
Ron
escuchó el estruendo, y subió corriendo haber que había
pasado.
La escena era muy cómica (bueno, no
tanto).
Hermione estaba desmayada, con la cabeza pegada a la
pared. Ginny con una mano en el picaporte de su cuarto miraba a su
amiga aterrada mientras que con la otra mano se sujetaba una camiseta
de su novio que le cubria hasta las rodillas y Harry detrás de
Ginny con una mueca de dolor en su rostro y con sus pantalones a
medio poner parecia confundido.
-¿Qué pasó?
-gritó Ron al ver a Hermione.
La levantó del suelo e
intentó meterla en la habitación de su hermana pero
esta lo freno con su mano derecha levantada.
-Es mejor... que la
lleves a tu cuarto -dijo nerviosa.
Ron la miró con
desprecio y giró sobre sus talones con Hermione en sus
brazos.
Con una pierna pateó la puerta de modo que se abrió
de par en par, entró y depositó a su novia sobre la
cama con mucho cuidado.
Ginny y Harry iban tras el.
Una vez que
Hermione estaba en la cama, aún inconciente, Ron se dio vuelta
y exclamó:
-¡De inmediato me explican que pasó!
Le dije a Hermione que vaya a despertarlos, el desayuno está
listo.
-Bueno, hace unos días pusimos un conjuro en la
puerta para que nadie pudiera entrar. Hermione quiso entrar sin
golpear y bueno, se activó. Nunca pensamos en que
pudiera--
-¡Nunca piensas en nada, Ginny! ¿Qué
hacen ahí adentro todas las noches que nadie pueda ver? No me
contestes -terminó volviendose hacia Hermione.
-¿Cómo
hago que reaccione? -preguntó sin voltearse-. ¡¿Y
por qué no paran esa maldita alarma?! -gritó
-No
está afectada con magia, esta inconciente por el golpe que se
dio en la cabeza. Se despertará sola -explicó Ginny
levantando su varita y haciendo un ademán que silenció
la alarma que había comenzado a sonar por el estruendo.
Ella
y Harry decidieron bajar a desayunar y dejar a Ron que no estaba
pasando por uno de sus mejores momentos.
Su hermana comprendió
que no era el hecho de que Hermione estuviera inconciente, después
de todo solo fue un golpe y en pocos minutos u horas quizás se
despertaria, si no el hecho de que ella y Harry siempre se encerraban
en su cuarto y Ron sospechaba porque. No podía ni hacerse la
idea de que su hermana pequeña esté todas las noches
con su mejor amigo, en una cama... vaya a saber uno haciendo que
cosa.
Ginny y Harry habían terminado de desayunar y aún
ni Ron ni Hermione bajaban, y como no querían irse a cambiar
sin antes saber como estaba su amiga se quedaron leyendo El Profeta
que había llegado esa misma mañana bien temprano.
Al
poco rato, Ron bajó con mejor cara y llevaba a Hermione de la
mano.
-No te diré que eres una tonta por hacer ese conjuro
en la puerta, aunque es bastante útil, ¿no? Siento no
haber golpeado, no me di cuenta -dijo Hermione sonriendo, y esa señal
era de que todo estaba bien.
Los recien llegados se sentaron a
desayunar, y Harry y Ginny se quedaron con ellos para hacerles
compañía.
Una vez finalizado el tranquilo y acojedor
desayuno, las chicas subieron a la habitación de Ginny y los
chicos a la de Ron dispuestos a cambiarse y arreglarse, para planear
perfectamente su primer día solos, tratando de disfrutarlo al
máximo.
Continución del capítulo 8...
Ya
una vez cerrada la puerta de la habitación de Ginny, Hermione
se puso unos shorts blancos con una musculosa rosa. Se recogió
el pelo haciendose mediante magia una larga tranza que le cubría
toda la espalda.
Ginny también se vistió igual que
ella, pero se dejo el pelo suelto y con unos toques de su varita se
armó unos bucles no bien definidos.
-A mi si me vas a
contar porque se encierran con llaves todas las noches, ¿no?
-preguntó Hermione mirandola a través del espejo que
colgaba sobre el escritorio.
Ginny dudó y puso los ojos en
blanco. Con un bufido, no muy conforme por la situación, se
dio vuelta y miro al reflejo de Hermione en el espejo.
-Está
bien, pero prometeme que esto va a quedar entre nosotras dos. Si Ron
se entera, soy mujer muerta.
Hermione asintió con una
sonrisa cómplice y se sentó en la cama con las piernas
cruzadas. Ginny termió de hacerse el último bucle, dejó
su varita sobre el escritorio y se sentó también.
Tomó
aire y continuó:
-Bien. Todo comenzó como un juego.
Ya sabes, beso de acá, beso de allá, hasta que
terminamos en una situación medio embarazosa. El me preguntó
si quería hacerlo, si estaba segura... y yo dudé.
Hermione
la miraba como si una quaffle se dirigiría hacia ella y no
sabía como reaccionar. Si agarrarla o dejarla pasar. Opto por
lanzarle a Ginny una sonrisa tranquilizadora que le advitiró
que podía continuar y alejó el Quiddich de sus
pensamientos.
-Harry nunca me presionó. Yo quiero hacerlo,
pero a la vez no estoy segura. Lo hemos intentado todas las noches,
por eso nos encerramos. Pero siempre lo freno, tengo miedo que se
canse de mi -dijo bajando su mirada al suelo.
-Harry nunca se
cansaria de ti. Es mas, el es super comprensivo y va a esperarte todo
el tiempo que creas necesario -dijo Hermione poniendole una mano en
el hombro como expresando todo su apoyo.
Ginny le sonrió y
propuso cambiar de tema. Después de media hora arreglandose,
poniendose brillo en los labios, sombra en los ojos y demás
fueron a buscar a los chicos a la habitación de Ron para
planear quepodrían hacer aquel día, pero ellos ya no
estaban allí.
Bajaron los escalones y entraron a la cocina.
Tampoco estaban allí. Fueron al jardín, pero tampoco
había nadie.
Las chicas empezaban a preocuparse cuando a
los escasos minutos Harry apareció de la nada.
-¿Dónde
estabas? -le preguntó Ginny con las manos en la cintura y el
ceño fruncido.
-Estaba ayudando a Ron-- Lo siento, no puedo
decirlo. Hermione, Ron te espera -dijo Harry dirigiendose a su
amiga.
-¿En dónde? -preguntó esta
intrigada.
-No hace falta, aquí estoy.
Ron había
parecido de la nada al igual que Harry hacia unos momentos, tomó
a Hermione de la mano y se la llevó caminando por el
jardín.
Harry miró a su novia y tambien de la mano,
entraron a la casa.
Ron conducía a Hermione por el jardín
de su casa, hasta que se metieron por un sendero lleno de flores
rosas, amarillas, rojas y hasta azules que bordeaban el camino.
Alrededor estaban cubiertos por árboles de todos los tamaños
y plantas mágicas extrañas.
-No sabía que
existía esta parte de tu jardín -dijo Hermione mirando
a cada uno de sus lados a medida que avanzaban.
-En realidad
estaba cubierta por una pared de pasto que levantó mi padre
hace años, pero la saqué. Te mostraré un lugar
que espero te guste.
Siguieron caminando por el sendero unos
minutos hasta que llegaron al final del camino.
Hermione miró
hacía atrás. No había ni rastros de la
madriguera, solo se veía un paisaje hermoso, lleno de colores,
y un aroma a perfume de bebé se respiraba en el aire.
Al
final del camino había un espacio, no más grande que el
livigin de la casa de Ron. Había una manta en el piso llena de
comida, parecida a la que servían en Hogwarts y dos copas de
cerveza de manteca.
Ron la condujo hasta la manta y con una seña
la invitó a sentarse, mientras que el se sentaba en frente.
No
habían dicho nada desde que salieron de la Madriguera, un
silencio hermoso se había producido entre ellos, donde solo
con miradas expresaban todo lo que querían.
-¿Te
gusta? -le preguntó Ron minutos despues de haberse
sentado.
Hermione tenía los ojos humedecidos y asintió
con la cabeza.
-Me encanta, es hermoso, es tan... dulce de tu
parte Ron -dijo pasando sus brazos por encima de la canasta y
agarrando el cuello de su novio.
Se dieron un profundo beso y se
separaron al instante.
-Me alegro que te guste, hermosa. Y esto
aún no acaba. Tengo otra sorpresa -dijo Ron radiante de
alegria.
-¿Hay más? ¡Hay no que emoción!
-dijo Hermione con un hilo de voz.
-No puedo dartela ahora, será
dentro de dos años, lo siento -dijo sin desvanecer su
sonrisa.
Hermione se quedó mirandolo y largó una
carcajada, pensando que todo lo que le decía su novio era una
broma, y pronto sacaría la sorpresa.
-No es broma Hermione,
no puedo dartelo ahora. Aunque debes saber que lo tengo hace meses
-dijo Ron acariciandole la mejilla.
Hermione estaba un poco
confundida, pero encojió los hombros y besó a Ron
dejando que sus pensamientos se alejaran de allí.
No quería
pensar en nada que no fuera aquel momento tan especial que estaba
pasando con (ella lo creia asi) el amor de su vida.
Mientras
tanto, en la Madriguera se estaba produciendo un acontecimiento que
daría de que hablar entre las chicas por los próximos
días...
