Capitulo 12
Al
cabo de pocas horas –o eso le pareció a Hermione- la luz del
sol que se filtraba por la ventana abierta, que anunciaba un buen
pronóstico para aquel día, le dio de lleno en la
cara.
Bostezó ligeramente y miró a su lado. Ron
dormía silenciosamente sobre un costado de su cuerpo y con una
mano bajo la mejilla.
Hermione estiró la mano que tenía
más cerca de su novio y le acarició el pelo con las
yemas de los dedos.
Miró al techo, tratando de respirar lo
más silencioso posible para no despertarlo.
Su vida había
tomado un vuelco de 180 grados. Y no solo la vida de ella, si no
tambien la de Harry, Ron, Ginny, y toda la comunidad mágica.
El
haber derrotado al mago más tenebroso de todos los tiempos
daba una sensación satisfactoria dentro de cada uno, pero eso
costó muchos años y muchas vidas. Entre ellas la de
Lily y James, Cedric Diggory, Sirius, Lupin, Tonks, Dobby, Colin,
Fred, Ojoloco, Severus Snape, Rufus Scrimgeour, Dumbledore, y tantas
otras que no viene al caso mencionar.
También había
un espacio donde cabia el dolor y la desesperanza. El haber luchado y
saliendo con la cabeza en alto significaba mucho más de lo que
cualquiera podría llegar a creer. Esa noche en Hogwarts no
había estado toda la comunidad mágica para ayudar, y
los que estuvieron, la mitad perdieron la vida.
Costo, y el
peligroso viaje que se había extendido frente a ellos al final
del sexto año había llegado a su fin, había
concluido y de la mejor forma posible.
Solo con la pura idea de
que Voldemort pudiera regresar le hacía agarrar escalofrios a
muchos.
Nadie sabía lo de los Horrocruxes, nadie sabía
la explicación por la cual Voldemort siempre volvía.
Pero al final del año pasado Harry tuvo que hablar y explicar
de que aquel hombre (si en realidad se le podía llamar
'hombre') cuyo destino quedó en manos de Harry Potter, se
había ido para siempre.
Ya nada podría revivirlo.
Neville había destruido el último Horrocrux que quedaba
y ya todo se tornó paz y felicidad.
Ron se despertó
al recibir las caricias y la miró con una sonrisa en la
cara.
-Buenos días –dijo mirándola un tanto
enternecido.
Hermione salió de sus pensamientos de un tirón
y lo besó en la frente devolviendole el saludo.
-¿Qué
te pasa? -preguntó Ron que había notado algo extraño
en la cara de Hermione.
-Nada, es solo que estaba pensando... No
me hagas caso, ¿vamos a desayunar?
Ron la miró
extrañado pero comprendió que la chica no quería
hablar y asintió con la cabeza.
-Baja tú, me cambio
y ya estoy contigo -dijo Ron volviendose a tapar con las
sábanas.
-Ok, pero no te tardes.
Hermione se vistió
con un movimiento de su varita y se recogió el pelo con una
gomita que tenía en su mesita de noche.
Salió de la
habitación dejando a Ron somnoliento y bajó a la cocina
esperando encontrarla vacía. Pero no lo estaba, ya había
alguien allí, sentado en una silla. Era Ginny que se cubría
la cara con ambas manos y respiraba entrecortadamente.
Ni siquiera
se percató de que Hermione había entrado a la cocina.
No se movió ni emitió el mínimo ruido como para
comprender de que la había oido.
A penas la castaña
pisó la cocina se dio cuenta de que Ginny no estaba bien, si
no que estaba llorando.
Se sentó rapidamente en la silla
que estaba justo al lado de su amiga y con unas palmaditas en la
espalda la fue tranquilizando.
-¿Qué te pasa Ginny?
¿Te peleaste con Harry? -preguntó Hermione levantandole
la cabeza para poder verla.
Ginny negó y se quitó
las manos de la cara. La miró y luego la abrazó
sollozando sobre su hombro.
-No puedo mantener más este
secreto, Hermione. Me siento tan rara, tan mal, tan desprotegida,
pero tan feliz a la vez...
-No entiendo de que me hablas,
tranquilizate, deja de llorar y cuentame asi puedo ayudarte -dijo
Hermione tratando de que Ginny se calmara.
-No puedes ayudarme, lo
hecho... hecho está -repitió Ginny entre
sollozos.
-Dime, por favor -volvió a pedir Hermione.
Ginny
dejó de abrazarla, se secó las lagrimas con ambamos
manos y se apoyó en el respaldo de la silla tratando de
respirar bien.
Una vez recuperó el aire y se tranquilizó
miró a Hermione que la miraba espectante.
-¿Recuerdas
cuando Ron te llevó al picnic? -le preguntó.
-Si,
¿pero que tiene que ver?
-Tiene mucho que ver... Bueno yo,
estuve con Harry... -dijo Ginny sin sonreir.
-Si ya sé que
estuviste con Harry, Ginny. De hecho yo estuve con Ron ese día
-dijo Hermione sin entender.
-¿Estuviste con Ron? -le
preguntó Ginne perpleja.
-Si. Espera... ¿Estamos
hablando de lo mismo?
-No lo sé. Yo trataba de contarte que
estube con Harry, ¿entiendes? -le preguntó haciendo una
mueca con la cara.
-Ah, espera... ¿estuviste--
-Sí.
Y me siento tan rara, Hermione. No se que hacer.
-¿Te
arrepientes? -preguntó Hermione.
-¡En absoluto! La
pasé muy bien, pero luego me empecé a sentir mal,
extraña, como si no fuera yo...
-Te entiendo... -empezó
Hermione volviendo a darle palmatidas en la espalda.
-¿Ya
lo has hecho?
-No, pero entiendo como te sientes, y es normal no
te preocupes -dijo Hermione-. Debes estar tranquila, ¿se
cuidaron, verdad?
-Sí, pero prometeme que esto quedara
entre nosotras, si Ron se entera es capaz de matarme... -dijo Ginny
volviendo a llorar-. No quiero que se arruine la amistad que tiene
con Harry.
-Lo sé. No diré nada. Pero cálmate.
El amor es algo hermoso que hay que disfrutar, no sufrir. ¿Me
comprendes? -dijo Hermione sonriendole.
Ginny asintió y
volvió abrazarla.
-¡Oh Dios mío! ¡Ron!
-dijo Ginny separandose de su amiga de una manera brusca.
-Ya te
dije, no le diré nad--
-¡No, no! ¡Ron estaba
parado en la puerta, Hermione! ¿Habrá escuchado?
-preguntó Ginny tapandose la boca con las manos.
A Hermione
le entró el pánico y se paró de un salto. Empezó
a dar vueltas por la cocina sin saber muy bien que hacer.
No
quería ir a preguntarle a Ron si había oido, por que
quizá no escuchó nada y metería la pata...
-Iré
a hablar con el -dijo Hermione retorsiendose las manos-. Encierrate
en tu cuarto, ¡ahora! Y no salgas hasta que yo no vaya a
buscarte, ¿ok?
Ginny asintió y salió
corriendo por las escaleras. Cuando Hermione escuchó el golpe
sordo de la puerta al cerrarse subió de dos en dos y abrió
la puerta de la habitación de Ron.
Allí estaba,
tirado en la cama con ambos brazos bajo la nuca, y miraba a Hermione
con aire despreocupado.
