Hola lectores, le yo aquí con el capitulo dos. Gracias a todos por sus comentarios y espero que disfruten este capitulo :)


Capitulo 2

Habían pasado varias horas desde que el grupo de Mérida encontrara a la reina y los demás. Habían estado cabalgando por el bosque congelado y la tormenta no había disminuido aunque Elsa intentara disminuirla por alguna razón le era imposible. Los caballos y los hombres estaban cansados de luchar con la fuerza del viento que golpeaba en contra de ellos.

–Su majestad nos detendremos un momento –Le advirtió a Elsa y a los demás –Joven Macguffin diles a los hombres que descansaremos y reparte algo de alimento.

–Si princesa. –Capto la orden –Si desean algo de comer pueden venir conmigo, majestades –Dijo el chico a los de Arendelle con mucha amabilidad y educación.

–Gracias, pues si estamos algo hambrientos –Comento Anna con jovialidad –Elsa podemos... –Miro a la reina alejarse de ellos – ¿Elsa? –Estaba preocupada, desde que salieron de Arendelle la rubia ha estado muy distante de todos, incluso de ella. Antes de ir tras su hermana Mérida se le adelanto.

–Muchas gracias – Dijo Kristoff quien acompaño al joven –Anna vamos a comer algo

–Si –Contesto desganada preocupada por la situación.

Mérida se acercó a Elsa con cautela. No conoce bien a la reina y no sabe sus hábitos pero despreciar la comida ofrecida es de mala educación.

– ¿No deseas ir a comer? –Se recostó sobre un árbol y cruzo los brazos. La miraba fijamente pero la reina solo le daba la espalda.

–No tengo apetito –Contesto solo mirándola por el rabillo del ojo porque algo en la mirada que le hacia la princesa le aprisionaba enormemente.

–Puedo traerle comida para que no esté con el populacho, claro si nuestra comida tampoco le incomoda. Su majestad –Hablo con aires de desprecio. Seguía sin agradarle las actitudes de la reina y aunque no quería viajar con ella, sabía que sus poderes le serian útiles.

Suspiro ante la notoria indirecta –No gracias. Realmente no tengo hambre.

–Pobre de tu pueblo –Dijo irguiéndose y dando media vuelta dispuesta a marcharse "¿porque me tomo estas molestias?" se preguntó –Espero que no sean tan fríos como su reina.

– ¡¿Qué?! –A Elsa no le importa que la malinterpreten pero no le gusta que ofendan a su pueblo. Volteó a mirar como la pelirroja se marchaba –No hable de lo que no sabe. Princesa –Contestó mordazmente.

Se detuvo y voleo para contestar –Cierto, pero tú me estas mostrando lo que no sé. Los regentes son la imagen de su gente. –Si le molestaba no quedar con la última palabra.

– ¡Vaya! No sabía que en tu reino eran todos salvajes maleducados. Su reina debe ser peor que tú.

Mérida enfureció ante esas palabras que ofendían a su madre; pueden ofender a su padre o sus hermanos, pero de la reina Elionor nadie puede hablar mal; excepto ella misma por supuesto. Se acercó tempestivamente hacia la reina mirándola fijamente –Mi madre es mucho más educada, menos arrogante y mimada que tu –Dijo con orgullo. Una tormenta inicio en ese momento de confrontación.

–Pues tu gente refleja lo contrario, especialmente tú. No imagino que tipo de reyes crían un bárbaro como princesa. –Ahora estaba muy molesta por los comentarios de Mérida.

–Y yo me pregunto qué tipo de padres encierran a su hija por cobard... –Una gran bofetada detuvo el comentario de la pelirroja. Mérida tenía un lado del rostro completamente rojo por el golpe. Al mirar a la reina su rostro reflejaba un gran dolor e incluso la tormenta se había detenido repentinamente.

Mérida la miró sin expresión alguna, quería frotarse el rostro para calmar el dolor pero su orgullo se lo impidió. No quería admitir que ha sido uno de los golpes que más le ha dolido en su vida. Tratando de evitar que su voz se quebrara por el nudo en la garganta se limitó a decir –Es hora de partir – dió media vuelta y se dirigió hacia sus hombres dándole la orden.

Todos terminaron de comer y montaron sus caballos para seguir en la travesía. Elsa volvió y se sentó en el trineo a esperar que los demás llegaran. Estaba completamente molesta y saber si la tormenta que esta vez golpeaba era la anterior o si era provocada inconscientemente por la ira de la reina era imposible de saber.

– ¿Elsa te encuentras bien? Le pregunto Anna una vez que habían empezado a marchar.

–Si Anna, no te preocupes – Congelo una parte de la madera del trineo donde había posado su mano. Kristoff iba a quejarse pero al ver el evidente humor de Elsa decidió callar.

– ¿Princesa se encuentra bien? –Esta vez preguntaba el joven Dingwall al notar que la pelirroja también estaba muy molesta

–Mejor que nunca –La miro con ira haciendo que el pobre se intimidara.

–Eso indica que las bofetadas son comunes para la princesa –Comento Elsa con molestia

–Estoy acostumbrada a las picaduras de mosquitos gracias al entrenamiento de mi gran padre –Hablaba en voz alta para que la rubia escuchará todo –Contrario de lo que sucede una las doncellas delicadas que no pueden controlar sus habilidades por ser tan mimadas. –Todos se miraban entre si completamente incómodos por los ataques verbales de las regentes.

De repente una bola de nieve la golpeo tan fuerte que casi la bota de Angus – ¡Hey! –Miro con molestia a la reina quien miraba hacia el frente ignorando lo ocurrido.

–Parece que las doncellas aún pueden hacer caer a las bestias salvajes –Comento suspicazmente y sonrió altaneramente al pensar en lo divertido que hubiera sido y la hubiera hecho caer realmente.

Mérida miro a su al rededor y luego sonrió con malicia, esperó a que siguieran avanzando y cuando estaban justo debajo de una gran rama de un árbol lanzo rápidamente una flecha, haciendo que toda la nieve que había en el tronco cayera sobre el trineo cubriendo casi por completo. Todos se detuvieron impactados. Incluso Elsa no se lo esperaba y quedo cubierta también. Mérida reía mientras la miraba con altanería. –Las doncellas deberían estar atentas de su entorno en lugar de mirar sus uñas.

Elsa molesta levanto toda la nieve he hizo una enorme esfera con ella dispuesta a ser lanzada hacia la pelirroja

– ¡Elsa ya basta! – Le regaño Anna con molestia – ¡Pareces una niña!

La reina suspiro en decepción y desapareció el amenazante proyectil. Mérida sintió eso como un triunfo y se rió altivamente. Los tres herederos de las tribus tosieron llamando la atención de la princesa y luego le lanzaron una fuerte mirada de desaprobación cortando la risa de Mérida.

–Sigamos –dijo el joven Macguffin.

El grupo siguió avanzando por el bosque directo a la montaña de donde provenia la extraña tormenta invernal. Poco a poco empezó a anochecer preocupando a Merida, quien no queria pasar la noche en el bosque.

–Será mejor detenernos aquí, pronto anochecerá y no quiero arriesgarme a nada peligroso. –Dijo Mérida a los demás.

–Yo concuerdo con la princesa Merida, lo mejor sera buscar madera para hacer una fogata –Agrego Kristoff.

–Dudo mucho que encuentres madera seca en un bosque congelado como este. –Apunto Mérida al notar el comentario del chico. – ¿En serio vinieron hasta aquí sin prepararse? –Dijo casi burlándose y señalando a sus hombres; quienes poco a poco armaban un campamento, ataban los caballos y tomaban madera seca de una de las carretas para encender la fogata. – ¿Ustedes alguna vez ha ido a algun lugar inospito? No pueden esperar encontrarlo todo en el camino. –Comentaba jactándose de lo bien que estaba preparada.

–Bueno –Dijo con garbo –En un principio solo yo vendría –Se excusó la reina, mientras Anna inflo los cachetes haciendo un puchero de enfado.

– ¿Te ibas a enfrentar a esto tu sola? –Interrogo Mérida con escepticismo.

Elsa ya no estaba tan molesta como antes, así que bajo del trineo con elegancia, algo que no paso desapercibido por varios soldados, ni por Mérida, que quedaron impresionados por su belleza grácil y casi hechizante. Convoco un poco de escarcha en su mano y luego sin ningun esfuerzo levanto unas murallas de hielo al rededor del campamento, asustando a la mayoría de los guerreros.

–Creo que puedo arreglármelas sola –Dijo con arrogancia mientras la quijada de Mérida caía al suelo.

–Bueno, eso por tu parte, pero tu hermana y el rubio no creo que tengan tu misma resistencia al frio – Miro a Anna y Kristoff temblando por el aura fría que la reina había expedido al crear los muros.

–Lo siento – Exclamo Elsa juntando las manos y disminuyendo el frio, mientras se alejaba lentamente.

–No te preocupes Elsa, nosotros iremos junto al fuego –Dijo Kristoff mientras posaba una mano sobre el hombro de Anna y la acompañaba hacia el calor. Anna por su parte intento decir algo pero lo reservo al ver la mirada baja de su hermana.

– ¿No quieres tú también acercarte al fuego, su majestad? Durante el camino había pensado mejor lo que había hecho y de cierta forma admitía que se merecía aquella bofetada. Prometo que mis hombres no muerden– "¡ah! Me has mordido" se escuchó al fondo y luego ruidos de una lucha –Bueno, solo entre ellos, pero te prometo que no te harán nada – Intento Mérida mejorar el humor de la reina.

–No, gracias ¿Tu no piensas ir con tus hombres? Al parecer hace frió –Pregunto fríamente a la princesa de Dunbrogh

–Sé soportar los cambios bruscos de temperatura –Agrego con soberbia –pero, ¿tú no piensas ir con tu hermana? –Respondió un poco molesta por la conducta de la rubia. Seguía despreciando las invitaciones de la princesa y aun no se explicaba porque le fastidiaba tanto algunas actitudes de ella "¿Cómo puede ser tan fría? es tan pedante" se quejaba interiormente.

Elsa con un movimiento de sus manos creo una silla de hielo, excesivamente decorada, en la cual tomo asiento e inclino su cabeza hacia atrás, suspirando obviamente por el estrés que extrañamente le causaba la pelirroja. – ¿Quieres que termine congelando a tus hombres? –Respondió fríamente

–O ¿Temes congelar a tu hermana? –Respondió mordazmente. Una capa de cristal empezó a deformar la belleza de la silla y a cubrirla con pequeños picos de hielo.

– ¡O Tal vez debería congelarte a ti! –Respondió con enfado levantándose de la silla amenazantemente. La última vez que había reaccionado así fue cuando Anna le arrebato el guante en la fiesta de coronación. No estaba en su personalidad pero había algo en la princesa de Dunbrogh que le molestaba de sobremanera. Suspiro para calmarse –Te ruego que te vayas de aq…

–¡Sssh! –Calló Mérida a Elsa como si de un perro se tratará. Acción que molesto mucho a la reina.

–No te voy a permitir que me trates…

Mérida saco su espada y se dirigió hacia Elsa con el arma en dirección hacia su rostro. Cuando pudo reaccionar miro a la princesa muy cerca de ella; con la mano izquierda la tomo por la cintura apartándola un poco y la mano derecha que sostenía la espada pasaba por su hombro. Al mirar el final de la hoja vio una criatura parecida a una gran serpiente de hielo que se deshizo inmediatamente. Los ojos de Elsa se abrieron de par en par al notar que el hombro izquierdo de la pelirroja había quedado congelado. En respuesta al acercamiento temerario de la princesa, ella la tomo por los hombros para apártala pero en lugar de eso, la congelo. Mérida cayó de rodillas ante el dolor y el frió.

– ¡Mérida! –Rápidamente quito el hielo de los hombros de la princesa.

–Déjame. Ayuda a los demás –Dijo Mérida con dificultad por el dolor

Elsa a alzar la mirada vio como los demás que estaban en la fogata luchaban con criaturas parecidas a las que destruyo la princesa, las cuales aparecían de la nieve del suelo. Con molestia corrió hacia ellos y con su magia saco estacas de hielo del suelo, destruyendo a varias criaturas. Las que quedaban fueron destruidas por los guerreros quienes valientemente estaban preparados para el ataque sorpresa. La reina al notar que todo estaba bajo control y a salvo se devolvió hacia donde estaba Mérida, sin embargo la vio ponerse de pie y moviendo el brazo que había sido congelado.

–Mérid... Princesa ¿Se encuentra bien? –Pregunto Elsa ocultando sus manos para evitar cualquier accidente ya que se encontraba bastante nerviosa por lo ocurrido; tal vez no se notaba, ya que estaban sobre nieve, pero de no ser así, se podría ver que estaba congelado alrededor de sus pies.

–No te preocupes, gracias a todas las pieles que traigo encima solo entumiste mi mano, de lo contrario hubiera perdido el brazo –Rió con nerviosismo –Parece que no debo tomarla a la ligera, su majestad –Dijo en forma de broma para tranquilizarla.

Cuando todo se calmó fueron a dormir. Elsa por su parte quedo despierta pensando en lo que había pasado. Si bien es cierto que la princesa no le caía bien y viceversa, ésta la salvo sin pensar en su seguridad "Es su culpa por ser una salvaje impulsiva" trato de confortarse. No sabía porque, pero a pesar de ser tan fastidiosa sintió como el alma se le escapaba al verla en el suelo con el brazo congelado.

En ese momento, dentro de otra tienda alguien más tampoco podía dormir. "¿Por qué me arriesgué tanto para salvarla?" se preguntaba una y otra vez. Estaba preocupada, pero no por su acción sino por el resultado de esa acción; el brazo izquierdo de Mérida no dejaba de temblar. "¡Maldición!"


Bueno aquí otro capitulo. Si tiene alguna queja ahí están los comentarios. Los saludo la otra semana y gracias por leer :) Bye!