Capitulo 15

Esa noche, Ron y Hermione no volvieron a bajar a la fiesta. Ginny y Harry echaron bastante temprano a los invitados. Lavender no paraba de preguntarles dónde estaba Ron, y eso fastidiaba a ambos más que de costumbre.
A penas se fueron todos, Harry y Ginny subieron y pegaron la oreja a la habitación de Ron, donde claramente estaba con Hermione.
Lo único que se oía eran los ronquidos del pelirrojo. Y como ya habían pasado varias horas de que ellos subieron, Ginny terminó rindiendose y yéndose a la habitación con Harry, para poder pasar otra noche de amor y pasión.

A la mañana siguiente todo parecía cambiado. Hermione se despertó y mientras se desperzaba con un gran bostezo miró a su alrededor: Ron dormía apasiblemente a su lado.
Era muy rara aquella situación, quizá no para ustedes, pero sí para ella.
La noche que pasó con el fue inolvidable, casi indescriptible. Había estado esperando más de ocho años para que él le declarara todo su amor no solo con palabras, si no con hechos. Y lo había hecho, y de la manera más dulce y tierna que jamás había experimentado.
También, recordaba con una sonrisa en los labios mientras miraba el techo, que Ron le había prometido un regalo hacía semanas atrás, pero le había dicho que debía darselo como mucho, uno o dos años después.
Volvió a mirarlo. Parecía tan sumido en un sueño que no se percataría de nada si Hermione se levantaba de la cama.
Recorrió la habitación con la mirada para ver dónde podía estar escondido aquel objeto. Se levantó y empezó a revisar en los cajones. La curiosidad la envolvía.
-¿Qué buscas? -dijo una voz atrás de ella.
Se quedó petrificada por un momento. Sacó la mano del cajón superior del armario y volvió la cabeza hacia la cama. Ron tenía una pícara sonrisa.
-Emm.. Nada, tenía frío -mintió.
-Sabes muy bien que ahí no hay ropa -dijo Ron-. ¿Buscabas esto?
Hermione entrecerró los ojos para poder ver la cajita diminuta que Ron tenía en sus dedos.
-No sé que es -inquirió Hermione volviendo a la cama. Se acostó al lado de Ron y miró con mas detenimiento la cajita.
-Es tu regalo, y pongo no dos pero si una mano en el fuego de que estabas buscando esto -dijo Ron riendo silenciosamente.
Hermione tras meditar un segundo asintió avergonzada.
-Bueno... si no queres esperar hasta dentro de dos años, puedo dartelo ahora -expuso Ron.
-¿Pero...? -preguntó Hermione sabiendo muy bien lo que venía.
-Pero tenes que prometerme que después no vas a enojarte. Después de todo, sos vos la que quiere que se lo de ahora
-¡Está bien! -saltó Hermione arrodillándose en la cama y extendiendo los brazos como una niña que esperaba recibir su regalo de cumpleaños.
Ron se incorporo y abrió la cajita ante los ojos de Hermione, quien se llevó las manos a la boca y largó un gritito opacado por sus dedos.
Dos anillos doradoras, relucientes, grandes y llenos de un futuro espectante brillaron ante ellas.
-¿Me estás--?
-Si -la interrumpió Ron-. ¿Quéres casarte conmigo, Hermione?
Hermione no dijo nada. Las manos que le curbían la boca fueron a parar a toda su cara y se puso a llorar desconsoladamente. Ron no sabía exactamente que hacer ante esa inesperada reacción de su novia.
Sabía que eran jóvenes, 19 años (no me acuerdo si tenian 18 o 19 sorry!) para un casamiento no era muy normal, pero se amaban y estaban dispuestos a compartir el resto de su vida juntos, y quizá... hasta llegar a tener varios hijos para criar y educar juntos ¿Quién sabe?
-¿No te gustó mi sorpresa? -le preguntó abrazándola.
-¿Cómo no me va a gustar? -tartamudeó Hermione secándose las lágrimas-. Estoy muy felíz.
-¿Entonces tu respuesta es--?
-¡SIIII! -gritó Hermione y acto seguido se le tiró encima, haciendo que ambos cayeran hacia atrás quedando recostados en la cama.

Un mes después...

-¡Hermione salís ya o tiro la puerta abajo! -gritó Ginny desde el pasillo.
Se encontraba parada justo delante de la puerta de su dormitorio, con ambos brazos cruzados y gesto de enfado.
Llevaba un hermoso vestido hasta las rodillas, de color verde agua, con el pelo recogido en una gran trenza.
Adentro de la habitación, Hermione Granger caminaba de una punta a la otra, con un hermoso vestido de novia muggle en su cuerpo. El pelo lo tenía suelto, con rulos bien definidos que le caían por la espalda y en sus manos un ramo de flores amarillas abultadas y haciendo presión entre ellas.
-Bien, te advertí -volvió a decir Ginny.
Retrocedió unos pasos y sacó su varita. Apuntó a la puerta y gritó:
-¡Bombarda!
Se escuchó una gran explisión y la puerta estalló en pedazos. Hermione estaba en la cama tapándose la cabeza, producto del gran estallido producido en la habitación.
Ginny entró, tratando de esquivar los pedazos que quedaron en el suelo, y se sentó al lado.
-¡Estás hermosa! -murmuó.
Ella no contestó. Se quedó contemplado el ramo con la mirada perdida, pero llena de brillo y emoción.
-Sé que quieres bajar y casarte con mi hermano, no vas a negarmelo -dijo Ginny.
-No, no voy a negártelo. Solo que estoy nerviosa... -inquirió Hermione retorciendose ahora, los dedos de sus manos.
-¿Nervios? Conoces a Ron más de ocho años, y hace esa cantidad de años que estas esperando este momento -dijo Ginny-. Están todos esperándote, y además dejame decirte que este atuendo muggle es bastante raro, ¡pero te ves fatal!
Hermione rió con ganas y se puso de pie.
-Tienes razón, vamos -dijo y salió de la habitación con paso decidido.
Cuando llegó a la escalera, se agachó para recoger la gran cola que llevaba el vestido así no lo arrastraba y bajó los escalones, mientras que los nervios y la ansiedad la comían por dentro.
Era raro, muy raro a decir verdad. Y aunque Ginny tenía razón, no podía evitar sentirse de esa manera. Estaba temblando, pero a la vez sentía tantas ganas de saltar, de gritar, de que todo el mundo escuche que al fin... por fin, iba a casarse con el hombre que había amado toda su vida. Se iba a casar con Ronald Weasley. [N/A: Que envidia hermione!
Ginny la alcanzó cuando terminó de bajar las escaleras.
-¿Lista? Esperame aquí, voy a anunciar que entras -le dijo.
Hermione se llevó las uñas a la boca y empezó a morderselas de manera bruta.
Ginny volvió a los pocos minutos.
-¡Hermione la manicura! -gritó bajándole las manos-. ¡Allá vas, suerte!
La empujó con la mano, y Hermione salió al jardín, que estaba más amplio y decorado para la ocación.
La idea siempre fue la misma: hacer un casamiento muggle, como el que habían tenido los padres de Hermione. La novia con vestido blando, largo y esbelto, y el novio con traje negro y formal. Después el arroz al aire, la fiesta, y la noche de bodas que se hacía en ambos mundos paralelos. [muggle y mágico
Su padre la esperaba al principio del pasillo que la conduciría al altar, donde se encontraba Ron, alto, grande y hermoso como siempre. A su lado, Molly y Arthur Weasley. Más allá, la mamá de Hermione conteniendo las lágrimas.
Tomó el brazo de su padre y comenzaron la extensa e infinita caminata de la gloria y felicidad hacia Ron.
A los costados, había cientos de ojos mirándola. Trató de no observar a nadie, pero lo hizo igual.
Allí se encontraba la extensa familia de Ron, amigos de la escuela entre ellos Neville, Luna, las hermanas Patil, Cho, Harry, etc. Algunos miembros de El Profeta, que tomaban fotografías a diestro y siniestro.
Aunque Hermione ya sabía cual sería el titular al día siguiente: "Mejores amigos de Harry Potter se casan a lo Muggle"
-Dios -susurró-. Ayúdame.
Estaba nerviosa. ¿Nerviosa dije? ¡Puff! Eso es poco. Casarse no es algo de todos los días, obvio que no.
Sin darse cuenta llegó al lado de Ron que la tomó de la mano y ambos se subieron a un pequeño banquito, frente al cura que iba a casarlos.

Lo que vino después ya lo saben. No soy cura, no soy monja, no tengo ideas de las palabras que dicen cuando uno se casa. Pero esto lo sé por las películas de amor. Y si, no puede faltar.

-¿Hermione Jane Granger, acepta por esposo al señor Ronald Weasley para amarlo y respetarlo hasta que la muerte los separe[N/A: Perdonen si no era asi :shock: -preguntó el cura con una mano levantada.
Hermione miró a Ron que le sonreía radiante.
-Sí -dijo al borde de las lágrimas-. Acepto.
-¿Ronald Weasley, acepta por esposa a la señorita Hermione Jane Granger para amarla y respetarla hasta que la muerte los separe?
-Por supuesto -expuso sin dudar- Acepto.

Cuatro años después...

-¡AAAAAAAAH!
Se escuchó un grito ensordecedor desde el baño.
La casa era bonita. No tan grande, pero acogedora. Era de dos ambientes, donde incluía un dormitorio que los dos casados compartían, el living, el baño y una cocina reluciente, dónde Hermione se encargaba de hacer manjares para Ron.
Se habían mudado allí un año después de casarse, a penas cumplieron los veinte.
Ya hacía unos cuatro años que disfrutaban de su casa y matrimonio.
Nada podía resultar mejor. Casi nunca discutían y se llevaban de una manera extraordinaria.
Ron se econtraba sentado en uno de los sillones del living leyendo el diario El Profeta con una enorme sonrisa en la cara.
El artículo rezaba:

Harry Potter el niño que vivió, celebró su casamiento hace un par de días.
Su afortunada prometida no es nada más ni nada menos como, lo estimabamos, que ginny Weasley, una de las integrantes de la numerosa familia de pelirrojos y la única mujer entre tantos hermanos.
Si bien la boda fue sensilla y abierta para familiares y amigos nada más, pudimos charlar unos minutos con el famoso mago. A continuación...

Una foto de Harry, de la mano de Ginny, encabezaba la entrevista:

El profeta: Harry, ¿cómo te sientes en este momento?
Harry: ¿Cómo crees que me siento estando de la mano de una señorita tan hermosa como ella?
El profeta: Me imagino que fantástico. ¿Qué planes tienen apartir de ahora?
Harry: Bueno, no tenemos nada planeado, esperamos que salga lo que Dios quiera.
El profeta: Al fin un poco de paz, ¿no?
Harry: Sí, la verdad es algo confortable sentir que nada puede estropearme este momento tan feliz. Me siento a gusto y contento por este final.
El profeta: Que seas muy felíz, Harry. Te deseamos suerte.
Harry: Gracias, igual a ustedes.

El grito de Hermione lo hizo salir totalmente del artículo que estaba leyendo. Lanzó el diario al aire y salió disparado al baño. Se pegó contra la puerta y dijo:
-¿Hermione estás bien? -gritó.
Ella no contestó y el pánico empezaba a inundar el cuerpo de Ron.
-¿¡Hermione!? -volvió a gritar.
-Estoy bien -contestó al fin con la voz apagada.
-Abre la puerta -pidió Ron.
La puerta se abrió al instante, como si hubiese estado esperando la orden de su marido, y Hermione salió del baño con la mirada agachada. En su mano llevaba algo que solo su palma podía observar.
-Casi me matas de un susto, ¿qué pasó? -preguntó Ron sentándose junto a ella en uno de los sillones abultados y mullidos.
El silencio volvió a reinar.
-¡Te estoy hablando, Hermione! -gritó Ron-. Me preocupas...
El grito seguramente produjo un estremecimiento en ella, porque alzó la mirada y sonrió aunque forzadamente.
-¿Quieres saber que diablos me pasa? -le preguntó.
-¡Estoy intentando saberlo! -dijo Ron arrodillandose enfrente de ella. Puso las manos en sus rodillas y levantó la cabeza para mirar el rostro lloroso de Hermione.
-Estoy embarazada -dijo.
Sin anestesia, sin aviso, sin nada. Lo largó, como un vómito asqueroso. Nada más que aquella noticia era algo hermoso para ambos, algo placentero, algo que siempre habían soñado.
Ron casi no podía moverse. La abrazó con fuerza y se quedaron allí, abrazados, silenciosos, llorando de la emoción. No piensen que era una situación cursi, porque no lo era. Si no más bien, era amor. Aquella situacíon reflejaba amor y ternura de ambas partes.
Ron se separó de ella minutos después y se miraron.
-Estoy tan... felíz -dijo en un susurro.
Yo tambien -expuso Hermione-. Si es nene le pondremos James.
-¿James? -preguntó Ron.
-Sí. Así se llamaba mi abuelo -explicó Hermione frunciendo el entrecejo.
-Me gusta, pero prefiero Hugo -dijo Ron.
-¡¿Hugo?! Ron estás loco -dijo sonriente.
-Bueno, hagamos un trato. Le pondremos Hugo James, ¿te parece? -le preguntó.
-¡Si me encanta! Pero... ¿y si es mujer?
-¿mujer? -dijo Ron-. No había pensando en eso...
-¡Rose! -susurró Hermione-. ¿Qué te parece?
-Me gusta -dijo Ron secándose las lágrimas.
Aún no podía asimilarlo.
-Ojala tengamos dos -suurró Hermione- Rose y Hugo. Suena genial.
Se fundieron en un apasionado beso. Ahora, el camino que se extendían ante ellos no era peligroso ni nada por el estilo. Era genial, lleno de amor y pasión. La felicidad de esperar un hijo no era nada comparado con lo que ellos sentían en ese momento.
No puedo explicarlo, pero seguramente... algún día van a sentirlo.

FIN!