Hola! Se suponía que el capítulo anterior iba unido a este, pero me salió tan largo que hasta ahora pude terminarlo :P Lo siento por la tardanza pero les traigo algo de Merilsa para recompensar pero no se ilusionen, soy muy mala para esto xD


Capítulo 6

–Aun no entiendo porque no puedo controlar estas tormentas –Decía muy molestia Elsa mientras se refugiaba junto con la princesa en una cueva

–Seguro estás perdiendo tu toque – Se quejaba mientras acercaba sus manos a una pequeña fogata intentado calentarse.

La miró con expresión de enojo y con un movimiento elegante derritió la nieve de la cueva, logrando aumentar la temperatura – No lo creo –dijo con altanería. Camino hacia una de las paredes y se sentó suspirando por el cansancio.

Mérida rio levemente pero noto que aún estaba preocupada. –No te preocupes, la encontraremos y terminaremos con esto. – Camino sin quitarle la vista a la reina y tomo asiento a su lado.

Elsa sintió nuevamente esa contemplación tan pesada que provenía de los irises azules de la princesa. "¿Por qué tenía esa mirada tan desafiante?" Se preguntaba hasta que fue devuelta a la realidad por el calor que provenía del cuerpo de la princesa a su lado. Mirando hacia el suelo seguía pensando cómo alguien seguiría después de tratarla con frialdad. Después de Anna ser raptada, Elsa luego de una larga discusión mando a Kristoff devuelta al reino para que lo atendiera y el reino estuviera tranquilo de tener a alguien al frente. Estaba segura, que de todas las personas que conocía, este chico seria quien estuviera a su lado, pero no fue así. Increíblemente de todas las personas la que se encontraba a su lado era la chica con la que no se había llevado bien en toda esta maldita travesía. "¿Por qué sigues aquí?" se repetía una y otra vez sin encontrar respuesta alguna hasta que decidió encontrarla en la protagonista de esos pensamientos. –Mérida –La miro directo a los ojos y con valor dijo – ¿Porque haces todo esto por nosotras? –Una pregunta muy simple, con una respuesta muy simple, pero porque el haberla hecho hacia remolinar una tormenta de emociones y miedos.

Mérida la miro fijamente. No esperaba esa pregunta aunque era lógico que sospechara de sus acciones "¿Cuál es mi motivo?" Se preguntaba y rápidamente buscaba una respuesta válida –Ya-ya lo dije, quiero defender mi reino y saber que amenaza hay en esa montaña –Contesto sin pensarlo mucho creyendo ser la respuesta más valida por el momento.

Elsa aparto la mirada sintiendo un vacío inexplicable en su pecho "Por supuesto que hace todo esto por su pueblo pero porque es…" No podían encontrar la palabra correcta que terminara esa frase "… ¿decepcionante?" Quería mas, esa respuesta no le había satisfecho y quiso saber más "pero ¿Qué más?" No lo sabía con certeza, pero sabía que había algo más. –Te has tomado muchos riesgos como para que ese sea el motivo –Comento mirando fijamente al suelo. ¿Había hecho bien diciendo eso?

Ahora fue la princesa quien quito la mirada de la rubia y un sonrojo tomo sus mejillas –Bueno, l–lo importante es que estoy aquí para ayudarte, ¿no? –Ya no supo cómo contestar.

Los ojos de Elsa se abrieron por completo ante las palabras de la pelirroja. La miro con rapidez pero Mérida tenía su rostro vuelto hacia el lado contrario –Tienes razón. Gracias. –Simplemente se dignó a sonreír. De cierta forma era lo que quería escuchar y eso la tranquilizó.

–D-de nada. No te preocupes –Sin embargo Mérida estaba completamente nerviosa. ¿Cómo decirle que empezaba a gustarle o decirle que le gustaba estar a su lado? ¿Cómo decirle que no quería verla triste, preocupada o como odiaba ver que se reprimiera a sí misma? ¿Cómo decirle que le encantaba ver a esa Elsa libre; que se divierte con la nieve y que le sonríe tan cálidamente de vez en cuando, e incluso, como decirle que le gustaba ponerla de mal humor? y ¿Cómo decirle que en el instante en que se separó para regresar a su reino sintió una punzada aguda en su pecho llena de culpabilidad por dejarla sola?

–Gracias Mérida. Nos has ayudado tanto y Anna es lo más preciado que tengo y mi única familia. –En su tono de voz se podía sentir el cariño que empezaba a regalarle a la princesa.

–Yo también extraño a mi familia y aun así no puedo sentir la angustia en la que estás ahora –Miraba fijamente las sombras que se movían por el bailar del fuego. –Y yo solo puedo alzar mi espada para ayudarte. –Dijo decepcionada.

–Mérida, no digas eso. Tú has hecho más de lo que yo podría agradecerte. –La miro buscando que la pelirroja devolviera la mirada pero esta no lo hizo.

–Eso me recuerda que siento mucho lo que dije de tus padres. –Subió sus rodillas y las abrazo sin quitarle la vista a la fogata. En estos momentos no quería mirar fijamente a la reina porque no quería hacer alguna estupidez al ser tan impulsiva –No imagino mi vida sin los míos y tu...

–No te preocupes. –Interrumpió a la pelirroja –Anna es todo lo que me importa por ahora.

–Y la traeremos sana y salva –Concluyo Mérida volteando a ver a Elsa quien se sorprendió de sus palabras.

Elsa sonrió y agrego –Tu con tu espada, ¿cierto? –Mérida le regalo una sonrisa algo altanera al saber de su gran habilidad con las armas – o ¿arco? – Volvió a comentar. La pelirroja solo rio nerviosamente haciendo sospechar a la reina.

–Con cualquiera, aunque creo que será mejor usar la espada –Mintió lo mejor que pudo. Si bien es cierto que para matar a esas creaturas era mejor la espada, eso no quitaba que ella se sintiera mejor con el arco.

–Te creo, eres mejor con la espada que con el arco – Comento mordazmente la rubia.

– ¡¿Qué?! –Se ofendió ante tal comentario –No hay mejor arma para mí que el arco –Se regañó mentalmente por lo que había dicho, hasta ahora vio a donde quería llegar la reina y como toda idiota cayó en su trampa.

–Demuéstralo –Dijo acercándose hacia la pelirroja logrando que esta retrocediera muy nerviosa.

–¡Bien! –Respondió con molestia. Se acercó a Angus quien descansaba cerca de la fogata y tomo el arco y flecha. Elsa con una malvada sonrisa creo una diana hecha de hielo y haciendo que Mérida tragara fuertemente. Respiro pesadamente y con firmeza apunto hacia el centro del blanco. Con todas sus fuerzas intentaba detener el temblor de su brazo pero era muy difícil. Gotas de sudor bajaban por su frente mientras trataba de normar sus respiración "vamos, puedes hacerlo" Se repetía y cuando estuvo a punto de soltar la flecha la mano de Elsa sujeto su brazo izquierdo tomándola por sorpresa –¡Elsa!

–Como lo supuse. –La miro con preocupación directo a sus ojos – Pensé que había mejorado.

Mérida deslizo su brazo con delicadeza y camino hasta Angus para devolver el arma –Creo que la solución no es permanente. –Comento sin mirarla.

Elsa con cautela se acerca y sin que la pelirroja la mire coloca la mano derecha en su hombro izquierdo canalizando su magia y lentamente lo recorre con su palma hasta llegar a la mano de la princesa sujetándola con fuerza, logrando en ella un escalofrió que no pasó desapercibido por la rubia. – ¿Así está mejor? –Dijo en vos baja.

–Si –Giro sin soltar el agarre para poder observarla, pero la reina mantenía la mirada en el suelo. Notó la tristeza en ella y como su cuerpo temblaba por la preocupación –Estoy segura que estará mejor –Mintió para hacerla sentir mejo.

–No lo creo. –Apretó más su mano –Mérida lo siento, quisiera que fuera permanente pero no sé qué sucede conmigo, no puedo descongelar –La temperatura empezó a descender –No quiero perder el control nuevamente –Sus palabras reflejaban un intenso temor. Suavemente fue soltando su mano he intento alejarse.

–Tranquilízate – Intento colocar sus manos en sus hombros

–¡No te acerques! –Dio unos paso hacia atrás y nuevamente tomo sus manos y las llevo a su pecho, como intentando ocultarlas. Un acción que la reina hacia muy seguido cuando trataba de contenerse y eso Mérida lo odiaba.

–No te alejes, no tengo miedo.

–¡¿Porque no lo tienes?! ¿Porque continúas acercándote a mí? –La miraba con los ojos vidriosos – Soy un monst... –Sin esperarlo sintió como el calor la envolvía. Mérida la abrazaba con fuerza mientras que su cuerpo dejaba de reaccionar.

–No eres un monstruo–Susurraba en su oído –Ni una bruja. Ni una reina. Eres una chica que carga siempre con el mundo en sus hombros y que aún no puede perdonarse por eso.

Elsa sintió como esas palabras inundaban todo su ser. Solo Anna había podido lograr eso y ahora estaba frente a una chica que inexplicablemente empezaba a apreciar. Pero eso significaba también que alguien importante podía ser lastimada –Puedo congelarte –Dijo en un hilo de voz intentando con sus últimas fuerzas alejarla antes de que inevitablemente empezara a crecer algo que se ha negado sentir por muchos años.

–Estoy segura que encontraras la forma de descongelarme.

–Pero tú brazo…

–Estará bien. –Se separó sin soltar el abrazo solo para mirarla fijamente –Tengo fe en ti y tú deberías hacer lo mismo. Confía en la mujer fuerte que eres. –Termino con una sonrisa.

Después unos minutos Elsa al fin pudo tranquilizarse un poco para poder conciliar el sueño mientras sus plateados cabellos eran acariciados por la pelirroja, quien sostenía la cabeza de la reina sobre sus regazos. Con forme trascurría las horas los ojos de Mérida quedaban hipnotizados por el movimiento del fuego y estos lentamente se cerraban a la tranquilidad que se escuchaba en la cueva. Aun consiente agudizo sus oídos para poner extrema atención a lo que podía escuchar: Gotas de agua a lo lejos, en lo más oscuro y profundo de la caverna, la fuerte ventisca que ocurría en las afueras y la delicada respiración de Elsa. Este último la hizo sonreír mientras lentamente abría los parpados sin quitarle la vista al fuego murmurando una vieja canción que cantaban en su pueblo en un ritmo muy apacible.

Se escapa la vida sin decir adiós

De capa caída el Sol se vistió

Después de un suspiro el cielo lloró

Primero el invierno cubrió su jardín

Con lágrimas secas y una sombra gris

Y luego en silencio una Flor germinó

Hizo una pausa suspirando con pesadez para luego sonreír; y dándole una tierna mirada a Elsa, continuo:

El Sol boquiabierto volteó hacia la Flor

Llamó a las estrellas con gritos de amor

Y cuando la vieron rieron con él.

(El Soy y la Flor, Gandhi)

–Así que el invierno es el malo en tu historia –Comento Elsa haciendo que Mérida se sorprendiera.

–Y la flor hermosa vive magnifica con el invierno, mientras el sol admira maravillado tal escena –Logró comentar "tú la flor, y yo el sol" pensó por un instante. Hizo una pausa y miró a la reina– Pensé que estabas dormida –Dijo con risa nerviosa

Elsa se levantó lentamente y restregó con delicadeza sus ojos, los cuales enfocaban la visión. –Desperté hace varios minutos.

–¿Así que no te querías levantar? –Sonrió con picardía– ¿Tan cómoda estabas?

–Solo intentaba recuperar mis fuerzas, crear magia es agotador –Mintió para ocultar que realmente estaba muy cómoda en compañía de la pelirroja.

Mérida rio con energías –Si, lo que tú digas. –La miró divertida– Ahora es mi turno.

A Elsa se le subieron todos los tonos de rojo que tenía hasta las puntas del cabello mientras Mérida reía por la reacción. La reina apretó los labios intentando no reír y cuando los separo para hablar un extraño ruido se escuchó provenir del fondo oscuro de la caverna. Ambas quedaron en silencio y prestando cuidadosa atención cuando notaron leves susurros o más bien, conversaciones a la distancia.

Se miraron con temor y duda preguntándose qué o quienes estaban dentro lo que provocó que Mérida cuidadosamente tomara la espada que estaba en Angus con una mano y con la otra tomó una antorcha. Se dirigió hacia la fogata y encendió la antorcha dirigiéndose hacia el interior mientras Elsa la seguía con una mirada de preocupación. Coloco su dedo en los labios indicando que no hicieran ruido y con un susurro dio una orden –Angus, quédate aquí –y camino lentamente hacia donde prevenían las voces apretando fuertemente su espada.

Elsa la miró alejarse hasta que la luz de la antorcha desapareció por la oscuridad. Miró a Angus que también miraba atentamente como su ama se alejaba y seguidamente miro a Elsa –Te dijo que tu estuvieras quieto, no a mi –Susurro como si fuese culpa del caballo que Mérida fuese sola. Rápidamente pero tratando de no hacer ruido se adentró al interior de la cueva siguiendo a la pelirroja.

Tras caminar por varios minutos en la oscuridad logró ver frente a si una luz celeste a la distancia y tras acercarse supo porque la antorcha se había apagado hace tiempo atrás. Mérida se encontraba impresionada por lo que había encontrado mientras que Elsa no sabía que pensar ante lo que habían descubierto: Justo donde terminaban las rocas iniciaba un túnel hecho completamente de hielo formado toscamente y sin forma definida. Sus paredes se intercalaban en zonas rugosas y zonas lisas, entre hielo oscuro y hielo traslucido; como si hubiesen querido darle al túnel una forma cuadrada pero que no lograron y además había muchas estalactitas y estalagmitas que aparentaban haber sido hechas por una explosión fría, iguales a las que la reina solía hacer en sus ataques; pero a pesar de la extraña cueva de hielo lo que más las impresiono o asusto fue el hecho de estar iluminada por antorchas en sus paredes.

–El fuego no derrite el hielo –Observo Mérida en voz baja ya que las voces aun sonaban dentro de aquella extraña cueva.

–Imposible –La miró– Solo yo puedo hacer eso. –Dijo en el mismo tono de voz.

Mérida tragó fuertemente y le hizo señas a Elsa de continuar. El camino no era fácil, tenía muchas deformaciones en el suelo y en ocasiones la única forma de pasar entre las formaciones de estalactitas y estalagmitas era por una fisura entre ellas; también había varios pasadizos que se dirigían a diferentes direcciones. Mientras continuaban en dirección de donde provenían las voces, estas se hacían más audibles indicándoles que se acercaban hacía del dueño de esa voz. Al avanzar notaron tres sombras a la distancia y lentamente se acercaron escondiéndose entre el hielo hasta un espacio en donde el pasadizo se dividía en dos.

–¡Par de inútiles! –Escucharon– ¡Vayan y no estén perdiendo mi tiempo! –Al asomarse vieron a un extraño sujeto encapuchado ordenando a dos de esas creaturas humanoides. Estas sin vacilar captaron la orden y se fueron por otro pasadizo. El sujeto solo gruño y se marchó por el otro pasadizo contrario rápidamente. Mérida salió de su escondite y miro hacia donde las creaturas y estas ya se había ido, luego hizo señas a Elsa para que siguieran al misteriosos sujeto y con rapidez, pero en silencio, lo siguieron a una distancia prudencial. Pasaron por fisuras, lugares muy bajos donde tenían que agacharse gran tramo del camino, esquivar puntiagudas formaciones de hielo y oscuros pasadizos. En estos lugares solo se guiaban por el sonido que el encapuchado hacia al avanzar hasta que nuevamente llegaron a otra intersección en donde el tipo doblo hacia la izquierda y ellas dispuestas a seguirlo avanzaron has la bifurcación hasta que un ruido alerto a Mérida quien al voltear noto a un par de esas cosas venir desde la derecha.

Cuando los humanoides se acercaban. Mérida tomó a Elsa por los hombros y la trajo hacia ella escondiéndose detrás de unas formaciones de hielo. En ese momento Elsa solo pudo pasar sus manos por la cintura de la pelirroja y pegarlas contra la pared, dejando a la princesa aprisionada. Ante tal penosa posición Elsa aparto el rostro para oculta su muy notorio sonrojo, pero eso solo causaba que la respiración de Mérida golpeara su oreja. Sentía como el pecho de la pelirroja golpeaba el de ella en cada agitada respiración. Como acto de reflejo cerro fuertemente lo parpados y sus manos se aferraron con fuerza a la pared provocando que nuevo hielo se formara.

Mérida continuaba aprisionándola contra sí misma. Estaba tan preocupada por las creaturas que avanzaban frente a ellas que no noto la actitud de la reina. Los observaba con temor esperando no ser descubiertas. De pronto empezó a escuchar un crujido en el hielo, el cual se deformaba y creaba pequeña estalactitas que salían de su espalda hacia el cielo de la cueva lo que provocaba que otras estalactitas más grandes amenazara con caer sobre los monstruos.

–Elsa, tranquilízate –Le susurro muy cerca de la oreja provocando un respingo en la rubia. Miro las creaturas pasar frente a ellas pero no las notaron y desaparecieron en la oscuridad.

Mérida soltó un fuete suspiro al ver que por poco se habían salvado. Elsa al sentir el aire cálido en su cuello se apartó rápidamente sonrojada por todo lo que había pasado –Evita hacer eso. –Decía sin mirarla.

–¿Hacer qué? ¿Ocultarnos para que no nos delaten? –Dijo con sarcasmo

–Puedo congelarlos para que no se muevan ¿Sabes? –Se quejó la rubia

–Bueno haberlo dicho antes. Fue lo primero que se me ocurrió –Se defendió

–Vaya forma – Se volteó para seguir caminando.

–¿Porque estas tan molesta? –Pregunto malévolamente.

–Y-yo, pude congelarte ¿sabías?

–Pero no paso –Susurro en su oído provocando un pequeño grito que inmediatamente cayo con sus manos.

Mérida rio pícaramente mirando a Elsa quien se sonrojo de sobremanera. –Ahora perdimos a nuestro sujeto –Suspiro decepcionada.

–Podemos intentar seguirlo, tal vez no esté muy lejos

–Y regresarnos será difícil, intentemos encontrarlo y recemos por no perdernos.

Continuaron por el difícil terreno de esa misteriosa cueva sin llegar a ninguna intersección y así continuaron por un par de horas. Mientras avanzaban la iluminación iba haciéndose más tenue y en poco tiempo se encontraron en total oscuridad. Para evitar separarse Mérida tomo la mano de Elsa pero inmediatamente la cambio por su muñeca –¡Auch! ¡Está muy fría! –Se quejó al sentir la temperatura de la mano.

–L-lo siento –Susurro suavemente.

–No te preoc... – De pronto resbalo por lo liso del hielo y cuando estuvo a punto de caer Elsa la sujeto con fuerza y la atrajo hacia sí. Mérida para tratar de sujetarse rodeo el cuello de la rubia y aunque no podían verse podía sentir su agitada respiración muy cerca de sus labios. Mérida quedo estática y por lo que podía sentir Elsa también hasta que la pelirroja noto una pequeña luz entre las deformaciones de hielo, entonces se apartó lentamente –C-creo que vi algo –Tartamudeo pero luego respiro profundo y nuevamente tomo la muñeca de la reina sintiendo el frio en ella. Ambas caminaron hasta que vieron a lo lejos algo que parecía ser una salida. Al llegar efectivamente era una salida hacia la cima de la montaña lo cual las dejo impresionadas. ¿En qué momento habían empezado a ascender? Lo difícil del terreno impidió que notaran la pendiente con la que iban avanzando, pero lo que más las sorprendió fue lo que encontraron frente a ellas.

–Es un castillo –Dijo Mérida con dificultad por el asombro

–Y es de hielo –Agrego Elsa igual de sorprendida.


Bueno aquí otro capítulo que espero les haya gustado. Vaya que si se me dificultó encontrar el tiempo pero pude sacarlo esta semana :P El próximo capítulo se revelará todo asi que no se lo pierdan xD
Para tomatazos cliqueen el Reviews! Nos vemos y espero que sea pronto :)