Declaimer: Los personajes no me pertenecen; son de Stephanie Meyer y J.K. Rowling. Sólo la trama es mía.
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Respuestas y Hogwarts
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El silencio de la habitación se estaba volviendo algo tenso y cuando bella estuvo a punto de hablar su tía contestó.
―-Tu primo partió ayer para poder empezar su año en Hogwarts.-―algo de nerviosismo afloraba en su voz.
Bella no le creyó demasiado pero decidió dejar el tema para evitar incomodidades entre ellos.
―-Izzy, ¿iras a Hogwarts, verdad?-preguntó su tío con curiosidad.
Bella sonrió y contestó:
―-¡Por supuesto que si tío! Esa fue una de las razones por la que volví; ya no me sentía muy a gusto en el mundo muggle-.
―-No me sorprende, los muggles son tan...- comenzó a decir Lucius.
―-Basta tío, por favor. Viví con muggles más de ocho años y no secundo la idea de menospreciarlos solo por ser seres sin magia. Te recuerdo que un muggle fue el hombre que me cuidó como si fuera mi padre durante años ―respondió Bella con las mejillas arreboladas por la rabia que tenia al ver que su tío no había cambiado respecto al trato que tenia con aquellos seres sin magia, y suponía que también con los hijos magos de éstos.-
Él los llamaba despectivamente sangre sucia.
―-Deténganse ambos, este es un momento de alegría. Izzy, bebé, estoy tan feliz de que estés aquí con tu familia otra vez que mañana en la mañana iremos de compras para que estés preparada para ir a Hogwarts y hablaremos con el director Dumbledore para que te asigne una casa aunque estoy bastante segura de que serás una Slytherin como todos nosotros y así pasarás más tiempo con tu primo, ¿sí?- ―sonrió―.- Ahora ve a dormir, ¿te parece bien, bebé?-
―-Me parece muy bien. Buenas noches tía, tío. Lamento que hayamos discutido.- sonrió tímidamente y le regaló un beso a cada uno para luego subir a su habitación.
Al llegar Bella decidió cambiarse de ropa por una pijama, se cepilló los dientes, el cabello y luego de mucho tiempo se fue a dormir tranquila y sin pesadillas. Acompañada por Lizzy, claro.
Mientras Bella soñaba plácidamente, abajo los Malfoys tenían una discusión.
―-Escúchame y escúchame muy bien Lucius, esa niña que está arriba es como una hija para nosotros y no voy a permitir que la alejes de nosotros-―masculló la mujer a punto de lanzar rayos por los ojos.
―Narcisa, no podemos permitir que Isabella tenga amistades o alguna conexión con muggles o sangres sucias. Sabes que no sería bien visto por el Señor Tenebroso ―replicó el hombre, preocupado.
―-Entiendo tu punto pero no la podemos apartar de su mundo de un momento a otro, tendremos que hacerlo despacio pero necesitaremos ayuda; Isabella es muy ingenua, lo que significa que es fácil de persuadir pero a la vez es muy testaruda igual que tú así que necesitamos tener mucha paciencia y mucha amabilidad -―suspiró―. -Lo más probable es que tan pronto entre a Slytherin vea cómo funcionan las cosas y sepa que no se debe juntar ni con los muggles y mucho menos con aquellos repugnantes sangres sucias- terminó de hablar Narcisa con odio en la voz.
A la mañana siguiente Bella desayunaba tranquilamente, lista para ir de compras con sus tíos, pensaba en Hogwarts y en cómo había logrado meterse en su mente.
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Mientras tanto, en Hogwarts Draco Malfoy caminaba despreocupadamente hacia al comedor cuando se encontró con Harry Potter, Hermione Granger y Ron Weasley. No pudo evitar que de su boca salieran palabras de odio hacia ellos.
―-Miren lo que trajeron los fantasmas si no es más que la cara rajada, el pobretón y la sangre sucia- comentó con aire despreocupado, sabiendo que Hermione odiaba que la llamaran así solo por ser hija de muggles.
-―Cállate, Malfoy. -masculló Harry con los dientes apretados.
―-Oh, lo siento Potter si no estás de humor para verdades este día-―ironizó el rubio.
―-Escúchame, Malfoy, si te vuelvo...- ―comenzó Potter.
―- ¿Si vuelvo a qué?-
―-Vámonos, Harry, él no vale la pena como para que lleguemos tarde- ―lo convenció Hermione llevándose a Harry y Ron, considerando que este último tenía las orejas y la cara a un setenta y cinco por ciento de su capacidad de enrojecimiento, hacia la clase de Transformaciones.
Draco sentía un enorme resentimiento así Harry; todo el mundo lo aclamaba, lo quería. Quizás no fue el alumno más inteligente como lo era Granger o aplicado, pero las personas lo respetaban y no le tenían miedo, de hecho, querían ser sus amigos.
Cuando llegó al comedor fue directo hacia la mesa de Slytherin como era usual en él y se sentó para empezar a comer con normalidad.
Mientras comía podía escuchar como Pansy hablaba de cosas superficiales con Blaise.
¡Se sentía tan enfermo en ese ambiente tan autodestructivo! En su mente se veía jugando y siendo feliz con una linda castaña de ojos azules.
Extrañaba tanto a su adorable primita. Sus padres desde que era muy pequeño le enseñaron que debía cuidar de Izzy ―apodo que él mismo le había puesto ya que no le gustaba Isabella o Bella por tener cierto parecido a Bellatrix, y su prima era todo lo contrario―, más pequeña que él sólo por unos meses.
Siempre le pareció encantador como su primita cada vez que quería algodón de azúcar iba con los elfos domésticos y batía sus largas pestañas y decía «Por favor»
Siempre conseguía todo lo que quería. Era una niña ingenua, amable, servicial, atenta y muy sobreprotectora con las personas que quería.
Aun recodaba el día que se la habían llevado lejos de él. Draco lloró durante semanas, sus padres no sabían qué hacer para que se detuviera, le compraron todo lo que pedía y más cosas que no eran necesarias.
Aunque agradecía profundamente a Renee haber sacado a Izzy de ese ambiente tan tóxico porque no quería imaginar lo que le hubiera sucedido.
"Sería igual que tú", pensó.
Eliminó ese pensamiento cuando su lechuza llegó volando y le dio una carta en medio del comedor.
― -¿Quién es, Draco?- ―pregunto Blaise.
Draco trataba de adivinar quién le podía haber mandado la carta que tenía en sus manos con un peculiar olor a fresas y cerezas.
Nos vemos pronto.
Pta: Te sigo extrañando.
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Al día siguiente Bella estaba a diez minutos de llegar a Hogwarts. Estaba sumamente nerviosa, había ido a comprar con sus tíos todo lo que necesitaba para iniciar clases aunque las clases habían iniciado hace unos días.
Se había puesto una falda rosada clara hasta las rodillas como cuando era pequeña y llevaba una camisa blanca manga larga y unas zapatillas rosadas bebes. Su cabello caía suavemente sobre su espalda.
Cuando entró a Hogwarts se quedó sin palabras; era enorme y increíble, los más increíble que había visto en toda su vida.
Su tío (ya que su tía estaba muy ocupada para acompañarla pero prometió visitarla tanto que se fastidiaría de su presencia y la hizo prometer que no se acercaría a ningún chico) la acompaño a la oficina del respetable director Dumbledore. Aquello le parecía increíblemente sorprendente.
Cuando llegaron a la oficina de Dumbledore (después de que la mayoría de los alumnos la observaran sin ningún pudor, la escanearan sin vergüenza alguna y su tío se la llevara ante la mirada atónita de todos) se encontraron con Dumbledore. Se veía muy sabio e inteligente, solo recordaba de una carta que le había llegado de su primo hablando de su colegio y de aquel famoso director.
―-He hecho algunos arreglos y he pedido que traigan el sombrero seleccionador para ti querida- ―dijo mientras traía consigo el sombrero seleccionador que miró fijamente a Bella.
Ella se sentó nerviosa mientras le colocaban el sombrero sobre la cabeza. Estaba sumamente nerviosa; no quería decepcionar a nadie.
Lo último que observó fue un retrato que la miraba y le sonreía, dándole ánimos.
―-Mmm, otra Malfoy. Eres diferente, sí, está todo aquí. Posees una mente abierta, eres ingenua y sumamente inteligente pero tienes mucha tristeza, eres muy diferente a toda tu familia -habló el sombre ro todavía sobre su cabeza.
―-Sé a dónde perteneces -comento el sombrero, alegremente―. -¡GRYFFINDOR!- gritó con toda la seguridad del mundo.
Cuando se quitó el sombrero pudo observar como Dumbledore estaba sorprendido pero por lo visto muy feliz de la elección del sombrero mientras que su tío, por otro lado, estaba más pálido que un vampiro y ella sabía bastante sobre vampiros. Parecía que se fuera a desmayar.
¡Oh sopas!, pensó Bella.
