Los personajes pertenecen a Tite Kubo.

Capítulo 8: Miedo a la soledad

Todas las miradas estaban clavadas en ellos dos, una mañana más. Hacía relativamente poco que habían empezado a salir juntos y, aunque a ella le daba una vergüenza enorme que los viesen llegando a la vez al instituto, a él no le importaba lo más mínimo. Estaba con ella y, en parte, quería regodearse delante de todo el mundo. Quería que todo el mundo lo viera y entendiera que aquella pelirroja no estaba libre para nadie más.

Ulquiorra giró la vista hacia ella y observó que Orihime iba con la cabeza agachada, completamente sonrojada, incapaz de levantar la vista. Detestaba llamar la atención y él lo sabía, pero también le encantaba verla tan inocente, sin saber cómo reaccionar.

- Madre mía… Todas las mañanas igual- comentó ella- Todo el mundo nos está mirando.

Y era cierto. Desde aquel encuentro tórrido en casa de Orihime, Ulquiorra había ido a buscarla todas las mañanas para ir a clase. Naturalmente, él siempre había ido al colegio en coche y chófer propios y el hecho de que ella le acompañara no iba a cambiar la situación. Además, le encantaba ponerla en aquellos aprietos.

Si ya todo el mundo se fijaba en Ulquiorra cada día que llegaba a clase, el hecho de que lo hiciera acompañado de Orihime levantó aún más la expectación de los demás alumnos. Todos se quedaron boquiabiertos al verlos juntos, cuchicheando y murmurando entre sí sin apartar la vista de ellos. Y, para empeorar las cosas aún más, Ulquiorra se empeñó en acompañar a Orihime hasta la puerta de su clase; si había alguien que todavía no se había enterado, sin duda lo habría hecho al verlos juntos por el pasillo.

Desde entonces, cada mañana se repetía la misma rutina y cada mañana los miraba la misma o más gente que el día anterior. Pero Orihime no terminaba de acostumbrarse.

- No lo aguanto. Qué vergüenza…- murmuró la pelirroja, de manera que sólo Ulquiorra consiguió escucharla.

- Menuda estupidez. Que nos miren.

De pronto, la hermanastra de Ulquiorra se metió entre los dos, agarrando el brazo con fuerza a su "querido hermanito". Acto seguido le dio un sonoro y sensual beso en la mejilla, mientras miraba fijamente a una paralizada Orihime.

- Aparta- se separó rápidamente Ulquiorra de ella, sin ningún tipo de amabilidad.

- No seas así, hermanito. Ya podías haberme contado que estabas con una chica tan guapa, ¿eh? Parece mentira que sea tu hermana y sea la última en enterarme de todo y encima, a través de rumores.

- Quizá no te lo haya contado porque no tiene nada que ver contigo. Ahora- continuó él, cogiendo por los hombros a su verdadera novia- si no te importa, ahórrate una de tus escenitas y vete a molestar a otra parte.

Y, dicho esto, dio medio vuelta, sin soltar a Orihime y ambos continuaron andando por el pasillo. Orihime echó un leve vistazo a Riruka, pero al ver la rabia que irradiaban sus ojos no tuvo más remedio que mirar hacia delante, algo cohibida y avergonzada. Por suerte, nadie más que la propia afectada sintió el odio que empezaba a descontrolarse en su corazón.

- Crueles Intenciones -

Después de su discusión con Riruka, Grimmjow sintió que algo había cambiado en él. Era como si hubiera dado el primer paso para superar una enfermedad o un virus que llevase tiempo consumiéndole y al que hubiese ignorado demasiado. Él sabía que lo mejor era alejarse de ella y hacer una vida completamente separada de esa mujer, pero por otro lado también sabía que iba a costarle desligarse totalmente de ella más de lo que se imaginaba. Quizá en esos instantes lo viera como algo fácil e incluso creyese que podría enamorarse de otra chica, pero lo cierto era que llevaba una relación de lo más extraña con ella desde hacía mucho tiempo, un tira y afloja del que siempre había querido liberarse, pero nunca se había atrevido a hacerlo… Y, qué demonios, tampoco había querido. Grimmjow sabía que Riruka tenía un algo, algo especial que no tenía ninguna otra chica que hubiese conocido hasta la fecha y que le ataba irremediablemente a ella.

Pero no podía seguir dependiendo de eso para siempre. Ella era dañina, tenía una maldad inconcebible y cancerígena sobre todo para la propia Riruka. Grimmjow sabía que en el fondo no era más que una niña desamparada; una chica abandonada por sus padres y por su hermanastro, pero no podía hacer más por ella si ella seguía negándose a ver la realidad y a curarse a sí misma. Ya lo había intentado y había fracasado.

Además, había una chica distinta a Riruka, que le había llamado la atención.

- Oye- dijo Grimmjow, haciendo que la joven de pelo verde se girara hacia él.

- Ah, hola- le contestó ella, sonrojada. Desde el día del "encuentro", Nel había hecho todo lo posible por evitarlo. No sabía cómo había podido perder los papeles ni cómo había podido pasar lo que había pasado. Había hecho todo lo posible por olvidarlo… pero sin conseguirlo.

- Quería… Quería hablar contigo… a solas- le dijo él, algo temeroso. Las clases habían terminado y había gente por los pasillos todavía, así que no le pareció lo más apropiado hablar a viva voz en esa situación.

- Lo siento, pero… no creo que sea buena idea.

- Espera.

Nel se giró en cuanto sitió la mano de Grimmjow cogiéndole la suya, pero no de miedo, sino de… sorpresa y algo de excitación. Tampoco quería llamar la atención de todo el mundo, pero la joven sintió que empezaba a sonrojarse en contra de sus deseos. Al verla tan nerviosa, Grimmjow decidió que lo mejor sería explicarse claramente.

- No quería asustarte. En realidad, quería preguntarte si te apetecería ir conmigo a tomar algo, después de clase.

- Ah, pues… No sé. Verás, lo que pasó fue…

- No me refiero a eso. Quiero quedar contigo y hablar contigo, pero no sobre ese tema. Quiero conocerte mejor, nada más.

Por primera vez en toda la conversación, Nel lo miró directamente a los ojos. Y se quedó perpleja. No sabía qué le había pasado hasta ahora, pero no entendía cómo no había podido darse cuenta de lo guapo que era. Esos ojos, esa cara, ese cuerpo… Ciertamente ya lo había "probado", pero no comprendía por qué no se había fijado más detenidamente en ese chico antes ni en qué habría estado pensando para no haberlo hecho.

- Pues…- dudó ella durante unos instantes- De acuerdo. Estaría bien- le sonrió.

Ambos estaban tan absortos en su coqueteo que no se dieron cuenta de que, a pocos metros de allí, la bella Presidenta del Consejo de Estudiantes estaba fulminándolos con la mirada. Mirada que expresaba tanta rabia y dolor casi tanto como sentía su corazón.

- Crueles Intenciones -

- Lo siento mucho, Ulquiorra- se disculpó Orihime, mostrándole las palmas de las manos, titubeando- pero hoy tengo que ir a trabajar y no podré quedar contigo. Perdona.

- Deberías reducir las jornadas de trabajo. Tu situación económica es buena, así que deberías concentrarte en tus estudios y en mí.

Orihime no pudo evitar dejar escapar una risotada cuando escuchó aquello. A veces Ulquiorra le parecía un niño de cinco años.

- No importa, Ulquiorra.

- ¿Qué te pasa?

- ¿Eh?- se sorprendió Orihime.

- Llevas todo el día muy rara. Dime qué te pasa. Y no te andes con rodeos, como haces siempre.

Las palabras de Ulquiorra fueron tan duras como siempre, pero Orihime no pudo evitar apartar la vista de él. No había dejado de darle vueltas a lo mismo durante todo el día, por muy estúpido que le pareciese. Pero… así se suponía que era el amor, ¿no? Algo terrible, que te envilecía, te volvía mezquino, egoísta y ruin. Algo que te sensibilizaba de todo y por todo, hasta tal punto que un simple roce con su hermanastra le había rabiado más que cualquier otra cosa en el mundo.

Siempre había oído rumores de ellos dos, pero nunca les había dado ninguna importancia. Quizá porque, hasta el momento, no se había enamorado desesperadamente de Ulquiorra. Sin embargo, ver cómo su hermana le agarraba del brazo y le besaba de esa forma tan lasciva, le estaba destrozando el alma. Y no podía dejar de pensar en ello.

- Es Riruka- le leyó el pensamiento.

- No es… No. Es que…- titubeó ella, sin saber cómo seguir ni cómo explicarle sus celos.

- Siempre ha sido así. Es una niña consentida que no tiene nada ni a nadie; por eso se aferra a lo único que puede.

- Ya, pero… ¡Pero tampoco hace falta que te toque de esa manera!

Rápidamente Orihime se llevó la mano a los labios, sonrojándose y avergonzándose por lo que acababa de decir. No era una persona celosa y en el fondo sabía que Ulquiorra no sentía nada extraño por su hermana, pero… Pero había algo que…

- Estás celosa- afirmó Ulquiorra, quitándole la mano de los labios.

- ¡No lo estoy!

- Claro que sí- continuó él, acercándose peligrosamente a ella y arrinconándola contra los estantes de libros- Dilo. Di que estás celosa.

- ¡Te he dicho que n-…!

- Dilo ahora mismo.

- Vale. ¡Está bien! ¡Sí, estoy celosa!- exclamó ella, casi entre lágrimas- ¡Estoy celosa porque sois hermanos, pero ella no te ve como un hermano y vivís junt-…!

De pronto, Ulquiorra la asió de ambas manos, impidiéndola moverse. Conocía a Orihime y sabía que, cuando estaba a punto de estallar, se esforzaba por mantener la cabeza ocupada en otras cosas y fingir delante de la gente. Y eso le repateaba. Él quería verla tal y como era, en cuerpo y alma y en todo momento, lo que obviamente incluía los momentos de debilidad.

- No hay nada entre nosotros. Jamás lo ha habido y jamás lo habrá. Pero, de haber sabido que te pondrías así, te juro que habría pasado mucho más tiempo con ella que contigo.

Ulquiorra no dejaba de susurrarle y respirarle al oído, casi hipnotizando a Orihime.

- ¡Déjame! ¡Seguro que hay algo entre vosotr-…!

- Eso es. Más.

Rápidamente, Ulquiorra sintió el impulso de meterle la mano debajo de la camisa y no se lo pensó dos veces. No sabía si estaban solos ni tampoco le importaba; él era el chico más popular y rico del instituto y ella era su novia, su mujer, su todo, así que si había alguien tan imbécil como para quedarse a mirar, acabaría lamentándolo.

- Ulquiorra, no… Tengo que ir-…

Él aprovechó su mano libre para taparle la boca, mientras se las ingeniaba con la otra para asirle ambas muñecas por encima de su cabeza, doblegándola a su voluntad. Ella trataba de resistirse, pero sabía que sería inútil; ni su cuerpo ni su alma le iban a permitir alejarse de él.

- Nunca ha habido nada entre nosotros, ni jamás lo habrá- le susurró él al oído, tratando de calmar sus paranoias- Pero te juro que- empezó a recorrerle el pecho con la boca- con tal de verte así de celosa- bajó por su vientre y muslos- estoy dispuesto hasta a acostarme con ella.

- No digas eso…

- Entonces encuentra otra manera de desesperarte más por mí.

- Es imposible…- gimió ella- que lo esté todavía más… Te quiero tanto…

Pero todas sus voces y suspiros fueron aplacados por él; por su ansia, su excitación, sus resoplidos. Apenas tardó unos instantes en tumbarla en el suelo, con la camisa abierta y acomodarla en sus caderas, sin soltarle las muñecas. Quizá la próxima vez se las ataría, para poder disfrutar plenamente de ella con sus dos manos. Al sentirlo dentro, la pelirroja dejó de excusarse y de llorar y empezó a emitir leves gemidos, por miedo a que los descubriesen. Pero a él aquello no hizo sino excitarlo más.

Qué le estaba pasando. Qué demonios le estaba haciendo esa mujer.

- Crueles Intenciones -

Por fin se había decidido a hacerlo. Tenía que hablar con ella. No podía seguir llevando ese peso; tanto odio, rencor, pena, remordimientos por lo que le había hecho tanto tiempo atrás. Nel había sido el objeto de su mayor deseo y la víctima de sus peores celos y no podía soportarlo. Quizá estando en Alemania tuviera alguna excusa, pero habiendo vuelto a Japón, Nnoitra no podía seguir evitando lo inevitable y tenía que enfrentarse a su pasado y a sus errores. No había vuelta atrás, tenía que hacerlo.

El chico llevaba un rato esperando en la azotea, temiendo que Nel no fuera a aparecer. Le había dejado una simple nota en su pupitre, como los niños pequeños, pero no se le había ocurrido nada más que hacer. Quería hacer las cosas bien y sabía que, si le decía en persona que quería verla, quizá se negara, así que optó por la vía anónima y rezó para que apareciera. El corazón por poco se le detuvo cuando escuchó la puerta abrirse. Él se quedó mirando fijamente y por unos instantes a la chica que apareció tras ella, con su melena verde ondeando al viento, mucho más guapa de lo que jamás habría pensado.

- Nel…

- No pensaba venir- le interrumpió ella, agarrándose un brazo con la mano, sin mirarle a los ojos- así que, sea lo que sea lo que tengas que decirme, hazlo ya.

- Nel, yo…

Nnoitra se sentía furioso, impotente consigo mismo. No conseguía pronunciar las palabras que tanto llevaba queriendo decir y lo peor de todo era que sentía esa misma rabia que había sentido años atrás, hacia ella. Era un círculo completo, algo que no dejaría de volver a su punto de origen jamás. Y ella era quien había y estaba pasando la peor parte.

Al ver que él no reaccionaba, que no sabía o no quería decir nada, fue ella quien tuvo que intervenir.

- Si no vas a decirme nada, me marcho. Y preferiría que no volvieras a hablarme nunca más. Adiós, Nnoitra.

Dichas esas palabras, Nel se dio media vuelta y se dispuso a marcharse. Viendo lo inevitable, dándose cuenta de que aquél era una despedida definitiva, Nnoitra obedeció a saber a qué y se lanzó sobre ella, obligándola a mirarle a los ojos. La empotró contra la pared, apoyando sus manos para evitar que ella quisiera marcharse. Nnoitra vio miedo en sus ojos, pero era un miedo nostálgico, un miedo que ya había conocido tiempo atrás.

- Nel… Nel, yo… Lo siento… Perdóname…

- Un poco tarde para disculparse, ¿no crees?- le escupió ella, con todo el odio que tenía guardado dentro- Pero bueno, supongo que mejor tarde que nunca. Ahora, si no te importa, tengo que irme, así que…

- ¡No me ignores!- gritó él, dando un manotazo a la pared- Siempre igual. Siempre tan condescendiente, creyéndote mejor que yo…

- ¿Cómo dices?

- Nunca… Nunca me has tenido en cuenta para nada, Nel… Y yo siempre… Siempre te he…

- Nnoitra…

- Largo.

- ¿Qué?

- ¡Que te largues de aquí!- le gritó Nnoitra, separándose de ella y casi forzándola físicamente a que se marchara a otro sitio.

En el fondo, él lo sabía. Siempre lo había sabido. ¿Cómo iba a disculparse de algo, si seguía sintiendo lo mismo que hacía tanto tiempo? ¿Cómo pedir perdón, si en cuanto tuviera la oportunidad, cometería los mismos errores que en el pasado? Era un círculo; un círculo completo del que ni él ni Nel podrían escapar nunca.

- Crueles intenciones -

Ulquiorra entró en la puerta de su hermanastra sin avisar, aunque no se sorprendió de encontrársela tumbada en la cama, haciendo el vago, con un camisón que dejaba muy poco a la imaginación. Ella le sonrió al verlo, pero él ni se inmutó; cuanto menos caso se le hiciera a una niña tan malcriada como aquélla, mejor.

- Vengo a por mi parte de la apuesta- le dijo sin preámbulos y ella se echó a reír.

- Tan directo como siempre, Ulquiorra. Me alegro de que te acuerdes del trato que hicimos; ya temía que te hubieses encariñado de ella más de lo normal. Pero bueno, al César lo que es del César. Tendré que llamar a mi padre y decirle que la biblioteca es ahora tuya. Hace tanto que no viene por aquí que puede que incluso haya olvidado que tiene una biblioteca tan grande para él solo- Riruka pareció entristecerse al decirlo- pero mi diario exigirá un sacrificio más.

- Eso no estaba en el trato inicial, así que no.

- Tampoco estaba en el trato inicial que acompañases a tu Orihime todos los días a clase y encima, en uno de nuestros coches. Jaja, aunque en el fondo me da pena la pobre Cenicienta; es tan pura, tan cándida, que hasta le dará vergüenza estar con un tío tan asquerosamente rico como tú.

- No es tan asquerosamente materialista como tú.

- Todo el mundo lo es- puntualizó Riruka, bastante segura de sus ideas- Aunque creo que está enamorada de ti de verdad. Caramba, Ulquiorra, no sabía que tuvieras tanto don de gentes. Qué mal lo pasará la pobre cuando la dejes.

- ¿Cómo?- por mucho que quisiera negarlo, por un leve segundo sus ojos se abrieron como platos, su respiración se entrecortó y tuvo que tragar saliva de los nervios. Enseguida recuperó la compostura, pero Riruka no se había perdido el más mínimo detalle. Y eso la enervó.

- Ése es el pequeño sacrificio que tendrás que hacer para conseguir mi diario: dejarla. No voy a ser muy dura contigo y no te pediré que lo hagas en público, humillándola delante de todo el mundo. No, te dejo que escojas libremente cómo cortar con la dulce Orihime Inoue- le sonrió ella vilmente.

Ulquiorra no la miraba. Estaba sumido en sus pensamientos. Quería ese diario; quería poder chantajear a su hermana eternamente con lo que hubiera en él. Es lo que había hecho siempre, sin importarle más o menos lo que hacía. Después de aquello, encontraría otra cosa con la que divertirse y luego otra y otra… Pero en el otro lado de la balanza estaba ella. Estaba todo lo que le había hecho sentir en tan poco tiempo y que no quería reconocer por nada del mundo.

- ¿Qué pasa? ¿No te parece un buen trato? No será… ¿No será que te has enamorado de ella?

- Cierra la boca- le contestó él.

- Es la primera vez que no me miras a la cara cuando me mandas callar. Mírame- se detuvo unos instantes- Que me mires- otros segundos más sin obtener respuesta- ¡Mírame a la cara, Ulquiorra!- él por fin se decidió a hacerle caso, aunque ella no tuvo más remedio que contener la respiración al ver cómo le estaba mirado. Parecía fuera de sí, pero no se iba a dejar amedrentar- No sé qué te ha pasado ni qué te estará pasando por la cabeza, hermanito, pero juro por lo que más quieras que, como no la dejes, yo misma la destruiré. ¿Me has oído?

- No hables como si fueras una demente. Pienso hacerlo, así que tranquilízate- él se dispuso a marcharse, pero antes de hacerlo, quiso dejar una cosa clara- Pero que sea la última vez que me amenazas o no lo contarás. Y que no se te ocurra tocarla. Es una pena que, cuando tenga tu diario- se paró unos momentos, mirándola a los ojos- ya no vaya a quedarte absolutamente nada que me interese de ti. Patética.

Ulquiorra no dejó que Riruka le contestara, aunque ella tampoco habría sabido qué decirle. Pero ella se negaba a creer lo que había dicho. No podía ser que un triste diario fuese lo único por lo que él le hubiese estado haciendo caso todo aquel tiempo. A sus ojos ella valía menos que un libro. Pero seguro que era mentira. No la dejaría sola. Ni él ni nadie. Las amenazas que llevaba tantos días oyendo no eran más que faroles. Ella era la gran Riruka y todos habían querido siempre estar cerca de ella. No le dejarían sola. Esa idea le daba miedo, como si estuviera al borde de un abismo. Terror en estado puro.

Casi el mismo terror que sentía Ulquiorra ante la idea de dejar a la única persona que le había importado en toda su vida.

Continuará

¡Hola a todos! Bueno, por fin subo el capítulo ocho! Qué os ha parecido? Ha habido tensión, verdad? Quería hacerlo más corto, pero tenía ganas de llegar al momento de la decisión culminante y no me apetecía alargarlo más, así que he conseguido escribirlo todo en un solo capítulo (más tarde que pronto, pero bueno, ya está hecho!). También debo decir que no tengo ni idea, absolutamente ni idea de cómo voy a continuar la historia. El borrador está hecho, pero no me decido qué opción elegir, entre las que tengo escritas. Además, desde hace unos capítulos me lo estoy saltando un poco a la torera y escribiendo más lo que se me ocurre en ese momento que lo que tenía pensado. En fin, un desorden total. Espero que al menos el resultado os esté gustando. Aunque la verdad es que esto de saltarme el borrador me da un poco de miedo, sobre todo de cara a los capítulos finales, así que si se os ocurre algo, los comentarios son muy bienvenidos (tampoco os puedo asegurar si seguiré vuestras ideas a rajatabla, pero seguro que me inspiran mucho, si no para esta historia, para alguna otra que tenga ya en mente, así que no os cortéis). En todo caso, se masca la tragedia y espero cumplir con esa idea de cara a los capítulos que quedan. Espero que el capítulo os haya gustado y nos vemos en el siguiente. Un beso!

mina-sama12: hola! Bueno, pues lo que va a pasar… va a ser un problema tras otro, sobre todo viendo lo que Ulquiorra piensa hacer. Ya, yo también tenía ganas de lemon, pero quería hacerlo muy rápido. Pero bueno, espero que este cap haya satisfecho tus ansias "lemonescas" Espero que te haya gustado mucho y un beso!

iNatsuBlueCyan789: hola! Espero que este cap también te haya gustado, que tiene bastante UlquiHime. Un beso!

Rebeca18: hola! Como el lemon anterior se quedó algo corto, he querido poner un poco más para las fanáticas como nosotras. Espero que te haya gustado. Un beso!

Kumikoson4: Hola! Pues muchas gracias, me alegro de que te dejara con el corazón en un puño! Buf, lo de Grimmjow y Nell va a traer bastante cola, sobre todo por sus respectivos pirados (pobrecillos, con la pena que me dan los personajes de Nnoitra y Riruka). Y en cuanto a Tatsuki, como vea que Hime llore mínimamente por Ulquiorra, seguro que lo mata. Pero bueno, espero que no se entrometa mucho entre ellos, porque seguro que sólo empeora las cosas. Un beso!

.3: hola! Gracias, me alegro de que te esté gustando! Siento haber tardado con el capítulo 8, pero espero que te haya gustado mucho. Un beso!

lady Alraune: hola! Ya, aunque me basase en las pelis, hay muchas cosas que quería cambiar (sobre todo la importancia de los secundarios), así que me alegro de que te gusten. Pues en cuanto a los uniformes, me los había imaginado de chaqueta oscura y falda de tablas escocesa y corbata para ellas y chaqueta y pantalón oscuro para ellos, además de corbata. Aunque los tres personajes masculinos de la historia no son precisamente "amigos de las normas", así que me los imagino con camisa desabrochada y mangas remangadas (Grimmjow), con camisa, mangas remangadas o normales y corbata (Ulquiorra) o con camisa de manga larga, pero sin corbata (Nnoitra) (vaya, al final cada uno tiene su estilo). Las chicas sin embargo van las tres iguales, con el uniforme completo y bien puesto. Un beso!

Brigghit: Hola! Me algro de que te esté gustando y siento el retraso. Bueno, al final Riruka también va a pasarlo bastante mal (si no lo está pasando ya), aunque seguirá tratando hacer de las suyas. Un beso!

marie-peggy-hale: Hola! Me alegro de que te haya gustado la idea; la verdad es que se merecían un poco de "intimidad"y también necesitaba un capítulo sólo de ellos para que se sincerasen. Espero que éste te haya gustado mucho y nos vemos en el próximo. Un beso!

nithaxx: hola! Jaja, no te preocupes, me alegro de que te esté gustando. La verdad es que me está costando horrores hacer a Ulquiorra tan maníaco, así que me encanta que digas que te dio miedo y todo. Y la pobre Orihime no ha podido resistirse; es otra más del club. Espero que te esté gustando la historia y un beso!

nessie black 10: hola! Si te digo la verdad, yo empecé a cogerle cariño a Inoue a partir de la Saga de Hueco Mundo, porque antes me parecía demasiado tontita. Parece que sólo ahí saca su verdadero potencial y su verdadera fuerza y quizá por eso sólo pueda imaginármela con Ulquiorra, porque es con el único con el que ha sacado su parte más mala y humana a la vez, en vez de cuando está con sus amigos y es la típica "princesita en apuros". Sebastian es adorable, le verdad, aunque quizá Ulquiorra esté un poco más loco que él. En cuanto al GrimmNell, ya veremos lo que pasa, porque junto a los otros dos forman un cuarteto amoroso de lo más perturbador. También tengo ganas de que aparezca más Ishida, a ver qué hace. Ah y ya corregí lo de Tatsuki! Gracias por decírmelo, porque me olvidé por completo y puse su nombre mal en todo el capítulo. Qué desastre. Espero que te haya gustado el cap y un beso!

schiffer inoue orihime: hola! Siento el retraso, pero espero que el capítulo te haya gustado mucho. Un beso y nos vemos en el siguiente!