Hola, como han estado, bueno he vuelto un día antes, ya no quería hacerlos esperar. Además estoy muy contenta por todos sus comentarios, espero seguir entreteniéndolas con esta historia.
4- DE PARCIAL A NUBLADO
Los días calurosos comenzaban a ser más templados, agradables temperaturas se dejaban caer sobre la ciudad, trayendo alivio a sus ya sofocados habitantes. Unos cuantos días han transcurrido, permitiendo que paulatinamente las aún frescas heridas se vayan cicatrizado, el apoyo de sus amigos y el gran cariño de Rinko, han permitido que la joven vuelva a sonreír con alegría, pero todavía distaba mucho de la Sakuno que todos conocían.
Incluso la tensa discusión entre Sakuno y Emiko, ya era parte del pasado, aunque todavía rondaban rumores por los pasillos de Seigaku, no obstante, las principales involucradas dejaron que el río siguiera su natural curso, la primera prefería evitar encontrarse con su rival, pues no era de andar buscando pleitos, en cambio, la segunda solo esquivaba la confrontación, ya que temía darle demasiado protagonismo a Ryusaki, dejándola como victima enfrente de Ryoma, situación que claramente no le convenía.
Se aprecian en el horizonte nuevos nubarrones que vienen a perturbar a esta familia, la lectura del testamento ya estaba a escasos días, por tanto la última etapa para dar inicio a la nueva vida de Sakuno, estaba por comenzar, ya que este formal hecho traería consigo el tan esquivo reencuentro con su abuela, situación que la perturbaba pero que debía afrontar.
Considerando la gran importancia que este testamento representaba para Sumire Ryusaki, aun permanecía fuera de contacto, quienes seguían sus pasos, pensaban que solo quería mantener la expectativa de su llegada, pues siempre le gusto ser admirada por todos. Pero Nanjiro tenía sus reservas en cuanto a esto, por tanto mantenía prevenidos a los chicos, ya que en cualquier momento aquella anciana podría aparecer.
En una habitación de hotel, muy sencilla y discreta, se hospedada la mujer a quien todos esperaban. Prefería permanecer distante por el momento, ya que no tenía la paciencia suficiente como para interpretar un papel de buena abuela, por tanto tiempo, debía ser lo justo y necesario.
Si sabes que tu hijo no te dejó nada, para que insistes – preguntaba un hombre mayor.
Sé que ese ingrato hijo, no me dejo nada... pero aún esta mi nieta – con cierta esperanza emitía.
Piensas hacerte cargo de ella – cuestionaba dudoso.
Por supuesto que no... fingiré que es lo que quiero... así podré administrar los bienes – maquinaba la anciana.
Por lo que me contaste, ella ya debe ser una joven adolescente... no creo que puedas quedarte con todo sin que no sé de cuenta... como piensas engañarla.
Debe ser una jovencita muy fácil de manipular... no creo que de mucho trabajo... conociendo al inútil de mi hijo y a esa desagradable mujer con la que se casó, esa niña debió ser criada en una burbuja... con suerte debe saber algo de mí... de seguro es una ingenua que cree en todo.. así que simulare ser una muy arrepentida abuela – haciendo gestos de inocencia.
Y crees que de resultado… me dijiste que estaba a cargo de es tal Echizen.
Si no me puedo apoderar de esa herencia… con las manos vacías no me voy… alguien tendrá que pagarme.
Sumire Ryusaki, estaba hace unos días en la ciudad, su principal objetivo era apoderarse de la herencia. Sin embargo, sino lo conseguía vería una forma de obtener algo, y conociendo a los Echizen, sabría que ellos podrían darle lo que pidiera con tal de dejar tranquila a Sakuno, razón por la cual se encontraba serena.
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Hoy sería un día muy importante para Sakuno, ya había decidido que se esforzaría al máximo con tal de conseguir ser una excelente pianista, que no tuviese que vivir a la sombra de sus padres. Tiempo atrás esto no le incomodaba en lo absoluto, pero luego de la muerte de estos las cosas fueron cambiando, ya que al ver en la situación en la que se encontraba, se percató que ni siquiera sus padres tenían mucha fe en ella, sino no habrían ideado todo esto del matrimonio.
No obstante, no tenía intenciones de lamentarse por todo esto, quería demostrar que ella podía valerse por si misma, que sus talentos musicales era tan valiosos como los de sus padres y que a pesar de ser hija de quien era, ella con su propio trabajo y dedicación podría llegar a la cumbre, sin pedir favores ni nada, por sus propios méritos conseguiría lo que ahora se había convertido en su anhelado sueño, además tenía que buscar algo en que ocupar su tiempo.
Así que luego que las clases hubiesen terminado, se apresuro a buscar a quien sería su maestro de música, que previamente le había designado el director. Sin embargo, este no se hallaba ahora en Seigaku, tendría que juntarse con él en un escuela de estudio, en donde repartía clases particulares de piano, ubicado en la parte céntrica de Tokio, presurosa a su cita, pues ya iba atrasada debido un imprevisto por desconocimiento.
A pesar de ir retardada, logró llegar a tiempo preguntado a quien se le cruzase en frente, pues su sentido de orientación no era muy diligente, sobretodo considerando que hace unos meses que vivía en Japón. No obstante, gracias a un mapa que le entregó el director, la travesía no se le hizo tan perturbadora. Con el aliento agotado, subió corriendo las escaleras hasta el tercer piso, entrando por una puerta de vidrio que daba a una sala sin pretensiones, abordo a la recepcionista preguntando por su futuro profesor.
Luego de esperar unos minutos, la hicieron pasar a un cuarto pequeño de aspecto cuadrado, con pequeñas ventanas que daban a la calle principal, dejando entrar la luz de la tarde. Con timidez observo que a un lado estaban ubicados dos pianos, esto la lleno de emoción, pues desde que vivía con los Echizen no había tocado su tan apreciado instrumento, pero se contuvo de no hacerlo hasta presentarse al hombre que la miraba desde la ventana.
Buenas tardes… soy Ryusaki Sakuno – con una leve reverencia saludo.
Un gusto… yo soy Tezuka Kunimitsu – con igual formalismo que la chica.
El hombre que tenía enfrente presentaba un semblante serio y distante, una mirada celeste que ocultaba débilmente tras unos anteojos, que le daban un aspecto más intelectual y adulto, aunque se apreciaba su corta edad, la cual no superaba los treinta. Un sujeto de una estatura elevada, que en cierta forma la intimidaban, pero que gracias a su cabello castaño en forma levemente desordenada la tranquilizaban un poco, pues su fachada no era totalmente estricta.
Luego de los saludos, estuvieron unos minutos en silencio que intranquilizaban a la chica, ya que era detalladamente observada por su profesor, aunque no era una mirada maliciosa sino más bien investigadora. No pudiendo mantener su calma, volteo titubeante hacia un lado, al notar esto Tezuka decidió hablar.
Lo siento… no quise incomodarte – una voz seria se dejo oír.
N-no importa – sin levantar su mirada.
Antes de ser tu maestro… quiero que me respondas algo – logrando que Sakuno alzara la mirada dudosa – dependiendo de lo que me contestes aceptaré o no serlo – sorprendiendo a la chica, que se colocó aún más nerviosa.
Está bien – apenas audible.
Por que quieres participar en este concurso – sin quitar la seriedad de sus ojos, además de mirar cada gesto de la chica.
Eh… yo… bueno – no podía articular palabras.
Nunca se había hecho esa pregunta, pensaba y pensaba, pero no se atrevía a contestar por temor a equivocarse, sin más vacilaciones emitió lo primero que se le vino a la cabeza.
Quiero ser… la mejor pianista del mundo – aunque osciló en un principio – quiero demostrarme a mi misma que soy capaz de hacerlo – sus palabras sonaban seguras ahora – no por que mis padres me ayudaron sino por mis propios méritos y creo que este es… una forma de… empezar – terminó un poco cohibida por su atrevimiento.
Interesante… voy a ser tu maestro… pero no tendré compasión en las clases, por ser hija de quien eres… no me gusta perder mi tiempo… si lo que dices es cierto, espero que lo demuestres – tajante en sus dichos, para no dejar lugar a equivocaciones.
Gracias – sus ojos brillaban de alegría, pero más por que no le tendría lástima, sino que estaba segura que la ayudaría a sacar lo mejor de sí.
Una cosa más… necesito saber si realmente sabes tocar… por que esto no es un juego – sin quitar aquella seriedad – si estas dispuesta, por favor quiero que interpretes algo – señalando el piano aun costado de Sakuno.
Ahora – un poco asustada, pero al ver la seguridad de Tezuka, prefirió no desobedecer.
Todavía con un poco de nerviosismo, logró sentarse en la butaca, respirando profundo para recordar alguna pieza que le fuera más fácil interpretar, a la vez que dejaba que sus finos dedos conocieran el teclado blanco y negro. Lo único que se le vino a la mente, fue una melodía que su padre solía tocarle cuando era una niña.
Las notas comenzaron a invadir la pequeña habitación, envolviendo con sus sonidos a quienes lograban escuchar aquella infantil y lúdica interpretación, no era ninguna obra maestra, pero la gracia con la que Sakuno sacaba aquellas notas del piano, lograron convencer al reservado Kunimitsu, quien quedo muy sorprendido con su natural capacidad musical, pues no solo había heredado el apellido de sus padres sino también el indiscutible talento que estos profesaron.
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Mientras tanto en Seigaku, se encontraba Kikumaru realizando un trabajo pendiente, cuando ya estaba listo para retirarse, se topaba con un de sus maestros, que al verlo lo detuvo.
Usted es Kikumaru – con seriedad emitía.
Sí… necesita alguna cosa – alegre como de costumbre.
Sí… veras, la señorita Ryusaki olvido este libro y mañana es el examen – se quejaba el profesor.
Pero yo puedo llevárselo – saltaba de emoción – aunque no se donde vive – con mirada desilusionada.
Si ese es el problema… le preguntamos al director, como es un caso importante seguro nos los dirá – logrando que el pelirrojo le brillaran los ojitos.
Con una felicidad desbordante, Eiji se dirigía a la casa de su princesa, agradeciendo a cuanto dios se le ocurría por la gigantesca suerte que le habían dado. Desde que conoció a Sakuno, deseaba ir a visitarla, aunque lo que desconocía era la actual condición de la chica, pero su normal comportamiento no le permitió darse cuenta que la dirección a la cual se dirigía, era una que ya conocía hace muchos años.
A pesar de no ser la primera vez que iba a la casa de los Echizen, no se dio por enterado cuando llegó a la residencia, solo observo que era una mansión bastante elegante con amplios jardines, pero nada se le hizo extraño, así que sin importa llegó a la puerta principal, pues ya había sido anunciado. Cuando la puerta fue abierta una chica de la servidumbre le dio la bienvenida.
Joven Kikumaru – sonriente saludaba la chica – la señora Sakuno baja en seguida, si gusta puede pasar a la sala.
No, gracias… prefiero esperarla aquí – con su habitual sonrisa, sin percatarse de la formalidad con que llamaron a Sakuno.
Unos pocos minutos pasaron antes que Sakuno se asomara por aquel umbral, al verla tan linda como de costumbre sonrío de alegría. La bella chica se sorprendió por la visita, sobretodo por que temía ser descubierta, pero le agrado la idea de recibirlo afuera. Se acerco nerviosa a Eiji, al saludarlo lo invitó a recorrer uno de los jardines, lo mejor era alejarse de la entrada, pues no estaba segura si Ryoma había llegado o no, si los encontraba allí el chico pelirrojo podría enterarse de todo.
Caminaron uno metros entre un pasillo de piedras, que los llevo a través de un arco que estaba cubierto por un esplendido rosal rojo, al cruzar aquella entrada un hermoso jardín de bellas e innumerables rosas se dejaba apreciar. Era un lugar ideal para una escena romántica, situación que Sakuno no se percató hasta que llegó y pudo observar detenidamente, esto la colocó un poco nerviosa, pues no quería que Eiji malinterpretara las cosas, pero ya nada podía hacer.
Que bello lugar Saku-chan – observando con detenimiento el jardín – ya había visto un jardín así… pero no recuerdo de donde – mirando pensativo.
Dime Eiji – captando la atención del chico – por que viniste.
Ahh… si, toma esto… se te quedo en la escuela – mostrándole un libro.
Gracias, pensé que lo había perdido – una aliviadora sonrisa se dejo ver.
Continuaron charlando amenamente durante unos minutos, este rato fue de gran agrado para estos chicos, principalmente, para Sakuno, quien se sentía muy a gusto con Eiji.
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Por otro lado, en la mansión, hace unos instantes que Ryoma había llegado, al entrar lo que menos le importaba era saber si estaba o no su esposa, ya que mientras menos contacto tuvieran mejor, pues sus pensamientos hacia la chica lo dejaban intranquilo, por el momento no estaba seguro que era, pero tampoco quería averiguarlo, más bien desecharlos.
Hola hijo – saluda su querida madre.
Madre – con su habitual seriedad.
Dime… el joven Kikumaru es tu amigo ¿cierto? – una pregunta extraña, pues su madre ya sabía eso.
Sí… por que preguntas – dudoso cuestionaba.
Por que nunca suele visitarte – interrumpía Nanjiro.
Y eso que – molesto al ver quien era.
Hoy vino… acaso no lo sabías – emitía su madre.
Vino… y que quería - extrañado, pues sus amigos nunca se aparecían por esos lados sin avisar.
Al parecer vino a ver a tu esposa – decía Nanjiro con cierto sarcasmo – y parece muy interesado – señalado hacia la ventana.
Aunque decía no importarle, en parte le molestaba la presencia de su amigo en su casa, pero más que viniese a ver a Sakuno, con reserva se acerco a la ventana, fue entonces cuando diviso a lo lejos a la pareja que se dirigía al jardín de rosas. Una cólera nació en su interior, no obstante, no estaba seguro del porqué, pero su cuerpo solo reaccionó para ir en busca de ellos. Aquel acto impropio de Ryoma, fue observado detenidamente por sus progenitores, quienes en forma cómplice sonrieron al ver esta escena.
Mientras el joven de ojos ámbar se dirigía al jardín, unos muy contentos chicos reían alegremente, ya que Eiji con su habitual humor lograba sacar aquella tan preciada sonrisa de la chica. Después de tan amena situación, al joven pelirrojo se le fueron acabando los temas de conversación. Comenzando un silencio un tanto incómodo, en donde ninguno de los dos emitía palabras.
Al ver que la conversación ya no daba para más, la chica de ojos carmesí decidió levantarse, pero al momento de hacerlo, sintió como era detenida por el brazo…
Saku-chan, espera – sin dejar el agarre – yo quiero.
Eiji… debo irme – tratando de soltarse.
Por favor… escúchame – con una ternura habitual, que suavizaron a la chica.
Dime – pero sin voltearse.
Te quería… decir que tú… me… gusta – directamente antes de arrepentirse de hablar, lo que le ocasionó un leve sonrojo que no fue visto por Sakuno.
Eiji… yo – aquella declaración la atrapó desprevenida – lo que…
No pudo continuar, pues sintió como inesperadamente era girada hacia su captor, que por unos segundos la observo cariñosamente, colocándola mucho más nerviosa de lo que estaba, pues no estaba muy acostumbrada a estas situaciones, así que sus posibilidades de reacción no podían ser muy inmediatas. No obstante, en cuanto se percató de las intenciones de Eiji trató de huir, pero su parálisis corporal se lo impedía.
Sin embargo, en el preciso instante en que el joven se acercaba peligrosamente a sus labios, la inexperta chica pudo tomar conciencia del acto e inexplicablemente al notar que sería besada, en su mente lo único que pudo dilucidar fue el rostro de Ryoma cuando este la besó el día del matrimonio, desligándose apresuradamente de Eiji, quien al ver el notable rechazo se entristeció, pero no quería perder la amistad de Sakuno, así que intentó detenerla.
Saku… perdón… no quise asustarte – un poco apagado en la voz.
Tengo que irme – no estaba adiestrada en esto como para poder saber que decir.
Espera… Saku…
La aludida solo hizo caso omiso en lo escuchado, decidió marcharse inmediatamente, pero una barrera inesperada se lo impidió, al ver quien era se sobresalto, pues recordó sus anteriores pensamientos que la hicieron sonrojarse al instante, pero oculto bajando su rostro disimuladamente. A su vez, Ryoma solo logró sujetar a la chica, pero sin quitar su penetrante mirada de su amigo, razón por la cual no se percató de la reacción de Sakuno.
Ry… Ryoma, pero que haces aquí – extremadamente sorprendido de ver a su amigo.
Yo debería preguntar eso – con cierto desagrado – esta se mí casa.
Tu casa – comenzando a reconocer el lugar – jajaja… ya me parecía que había visto este lugar.
Te pregunte que haces aquí – fastidiado por la situación, pero no soltando el agarre que tenía en Sakuno.
Ah… es que traje algo para Saku-chan – señalando el libro – Espera… ustedes viven juntos – abriendo sus ojos desmesuradamente, al notar su descubrimiento.
NO – una rotunda respuesta por parte de ambos, mientras se separaban bruscamente.
Al ser descubiertos, no les quedo de otra que contarle a Eiji las razones por que vivían juntos. Así le relataron la vieja amistad de sus padres, y como los progenitores de Sakuno le habían pedido a los Echizen que cuidaran de ella hasta que cumpliera la mayoría de edad. Obviamente, ninguno de los dos señaló nada del arreglo matrimonial, lo que si rogaron a Kikumaru fue que mantuviera todo esto en secreto, pues no querían problemas ni comentarios en la escuela, este accedió fácilmente pues ambos eran sus amigos.
Sin más que decir, Eiji se retiro tan alegre como llegó, a pesar del rechazo de la castaña, pero la última noticia recibida le había hecho olvidarse del mal rato, al menos por ahora. Por otro lado, la bella joven se tranquilizó al ver que su amigo guardaría el secreto, no obstante, Ryoma sabía perfectamente que eso era algo muy poco probable, pues Eiji era como un niño incapaz de estar callado, no tenía mala intención pero no podía contar con que no cometiera alguna infidencia.
Lo único en lo que podía confiar, era que se tardara un buen tiempo en hablar, para eso tendría que estar vigilándolo incesantemente, lo que se trasformaría en una tarea casi imposible, pues el pelirrojo era demasiado activo como para seguirle el paso.
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Pequeñas nubes se paseaban por el cielo azul, arrastradas por una fresca brisa mañanera, quedaban solo escasos días para que el caluroso verano terminara. El tiempo cambiante hacia especial juego con la vida de Sakuno, ya que su vida en pocos días había sido transformada inesperadamente, entre claros de sol y fuertes vendavales, así como hoy que se pronosticaban lluvias al final de la tarde, con la lectura oficial de testamento.
Sin importar estos hechos, la chica decidió no pensar mucho en esto para no tener que estresarse antes de tiempo, además, aún estaba emocionada con volver a tocar el piano y con la ayuda de los padres de Ryoma esa misma tarde traerían su piano a la casa, ya hasta le habían designado un lugar en una sala con vista al jardín japonés de la parte trasera de la mansión, escenario ideal para relajarse y disfrutar de la música.
Como nunca antes, los chicos debieron irse juntos a la escuela, pues tuvieron una conversación con Nanjiro acerca de los sucesos que se llevarían a cabo en la tarde, así que les pidió que fueran puntuales en aparecerse después de las clases en el despacho de Oishi, abogado encargado de dar lectura al testamento, además, de una serie de recomendaciones por si asistía Sumire.
Al llegar a Seigaku, entraron levemente distanciados, pero al ir avanzando se lograron dar cuenta que sus pasos eran minuciosamente observados por los demás estudiantes, situación que puso inmediatamente nerviosa a la chica, a su vez, colocó en alerta a Ryoma quien ya estaba imaginando la causa, su amigo Eiji, pero no podía creer que la noticia se había expandido tan rápido.
Apúrate… sino llegaras tarde – decía Ryoma, obviando a los demás.
Sí, claro – casi topando su barbilla con el piso, pues sentía la presión al ser observada.
Te espero a la salida… no tardes – recalcaba el chico, Sakuno solo asintió con la cabeza.
Rápidamente, Sakuno apresuró el paso hasta lograr llegar a su salón, en donde se pudo percatar que todos con quienes se cruzaba la miraban de manera extraña o murmuraban a su espalda, no pudo dilucidar cual era el motivo, pues nunca imaginó que Eiji pudiera ser tan poco cuidadoso en guardar un secreto. Al entrar a la sala, vio como una ola humana se le veía encima, llámese Tomoka y Ann.
Sakuno… es verdad lo que escuchamos – con expectativa hablaba Ann.
Dime Saku… es cierto que vives con mi príncipe – casi gritando.
Eh… yo… bueno – no podía articular palabras, lo que le dio a sus amigas la respuesta.
Entonces es cierto – un poco seria decía Ann, solo noto como Sakuno asintió.
Ahhh… por que no nos contaste – interfería un poco molesta Tomoka – no se supone que somos amigas.
Es que… yo – sentía como un leve ardor subía por su cara, además de una pequeña tristeza en sus ojos.
Cállate Tomo-chan – al ver la angustia de Sakuno – debe haber tenido sus razones, y si somos sus amigas debemos entenderlas – la reprendía.
Tienes razón… disculpa Saku-chan – un poco avergonzada por su actitud – pero dinos como paso todo esto.
Los padres de Echizen son los amigos de tus padres, de los cuales nos hablaste – cuestionaba la castaña.
Sí, pero… yo no lo… sabía – aún cabizbaja.
Así fue como se enteraron, los detalles los fue relatando durante el transcurso del día, pues sus amigas insistían en saber todo, pero los recesos no eran muy prolongados para decirlo todo de una vez.
Que suerte tienes – ya una alegre Tomoka – como me gustaría vivir con mi príncipe.
No seas fastidiosa… solo a ti te gustaría eso – con molestia, pues Ann detestaba a Ryoma.
A mí y la mayoría de la escuela, sobretodo a Kurosawa… como me habría gustado ver su cara al enterarse – emitía con malicia.
A mí también – la seguía Ann.
Pero cuéntame Saku… como es nuestro príncipe cuando se levanta, como abre sus ojitos… como duerme, que usa para acostarse – comenzaba a divagar locuras en su cabeza.
Tomo-chan… - despertando a su amiga de sus sueños – como quieres que sepas esas cosas, el que vivan juntos no significa que duerman juntos – la reprendía por el atrevimiento.
Tienes razón – disculpándose.
Sin embargo, a medida que Tomoka le iba preguntando esa cosas, los nervios de Sakuno se iban incrementando, aunque lo que decía su amiga Ann era razonable, la chica de ojos carmesí tenía conocimiento de casi todas las respuestas, y su sonrojo fue mayúsculo con la última afirmación de la chica, sobre lo de dormir juntos, pero solo Ann se percató de todo esto, pero quiso callar para no incomodar mas a su amiga, que se veía muy abrumada al ser descubierto el secreto.
Simultáneamente en otra parte de Seigaku, el joven Echizen se veía sometido a una similar plática por parte de sus amigos, principalmente por Momo, quien quedo muy sorprendido por la noticia, pero poco a poco unos cuantos pensamientos empezaban a tomar forma en su cabeza. De todas manera la sola idea de que viva con Sakuno, era una suculenta información para tener suficientes motivos con los cuales fastidiar a Ryoma, una de sus diversiones predilectas.
Es increíble que te hallas guardado esto – un aparente molesto Momo, que gozaba con los gestos reprobatorios del aludido, que ya veía que pronto estallaría en cólera y donde el principal afectado sería el indiscreto Eiji.
Si… Ryoma… me podrías haber dicho aunque sea a mí – con cara infantil expresaba.
No tenía por que decirles nada – fastidiado por el interrogatorio.
Pero si somos tus amigos – lloriqueando el pelirrojo.
Entonces no molesten.
Oye… dinos algo… como se ve la hermosa Saku-chan en la mañana – en un claro tono para irritar a Ryoma.
Cierto Ryoma… como luce mi princesa, de seguro aun más linda que de costumbre… debe verse como un ángel… hay que envidia me das – lanzándose sobre el chico.
Ya quítate… y no me pregunten estupideces… que no les pienso decir nada – colocándose en evidencia, pero solo Momo capto el mensaje.
Jajaja… veo que si sabes algo – mirando divertido al chico.
No obstante, gracias a la pronta aparición del maestro de turno, se vio momentáneamente aliviado, al menos hasta el primer receso. Claro esta que intento infructuosamente escapar de sus acosadores, pero de todas formas no quiso hacer más comentarios, así que se escabulló a dormir en algún lugar deshabitado, aunque no tanto pues igual lo encontraron los chicos.
Luego durante el almuerzo, tuvieron que buscar un lugar apartado pues a donde se dirigían eran minuciosamente observadas, pero nadie se atrevía a preguntar nada, ya que tanto Tomoka como Ann actuaban como guardaespaldas de Sakuno, quien agradecía este gesto, que cada vez se sentía más intimidada por las hostigantes miradas, sobretodo de las admiradoras de Ryoma, que las carcomía la envidia.
Saku… dime algo – captando la atención de las chicas – como te tratan donde los Echizen – con cierta preocupación emitía.
No te preocupes Ann… ellos me tratan muy bien – sus palabras era suaves y positivas, logrando convencer a la chica.
Pero y ese arrogante de Echizen – con una seria mirada – por que si ese imbécil te trata mal… solo tienes que decírmelo y yo… - mientras empuñaba sus manos en forma amenazante.
Ante este gesto, la joven esposa no pudo más que sonreír con dulzura, pues en cada palabra de su amiga se denotaba una real preocupación por su persona, pero como no quería impacientarla le aclaro parte de los hechos, que la verdad era que ellos apenas y se saludaban, aunque tampoco tenían una mala relación, solo que se ignoraban, no obstante, estaba convencida que en el fondo Ryoma no era del todo desagradable.
Mientras escuchaba a su amiga, logró percibir un brillo inusual en los ojos de la chica, que en cierta forma la intranquilizo, no podía asegurar de que se trataba, pero solo cuando se expresaba de Ryoma aquel brillo parecía relucir. Así también, poniendo atención al relato lograba percatarse como había cosas que no calzaban, haciéndola ver que había sucesos que omitía o simplemente no deseaba revelarles.
Hay algo que me inquieta Sakuno – mirándola detenidamente.
A que te refieres Ann – interrumpía Tomoka.
No lo sé… pero creo que no nos has contado todo o sí – no sabiendo si era correcto decir esas cosas.
Eh… yo… no sé a que… te – su nerviosismo era evidente, solo pudo agachar su rostro, pues no podía y no quería mentirles, pero había cosas que aún no podía decir.
No te angusties – sonriendo con cariño – si hay algo que no nos puedes contar, te entendemos – mirando severamente a Tomoka antes que abriera su bocota.
Sí, Saku… pero recuerda que somos tus amigas.
Por supuesto… puedes confiar en nosotras… cuando te sientas lista para contarnos, nosotras te escucharemos.
Gracias, chicas – sintiendo un gran alivio.
Ahhh… miren ahí está mi príncipe – una alborotada Tomoka, que logró divisar a Ryoma en el patio, pues ellas se encontraban en la azotea.
Recostado bajo un frondoso árbol, simulaba que dormía profundamente, pero sus odiosas compañías no escatimaban en cometarios, incitados por Momo que le metía ideas cada vez más extravagantes en la cabeza del inocente Eiji, solo con la intención de hacer caer a Ryoma en la provocación. Pero aun así, este no reaccionaba, pero en eso recuerda lo que Eiji le comentó.
Eiji… como fue que me dijiste – mirando cada gesto de Ryoma – de que te declaraste a Sakuno.
Ahh… eso – con cierta tristeza – le dije que me gustaba… pero mi princesa parece que se asustó.
No te respondió nada… quizás le dio vergüenza…
Creo que sí… pues cuando se iba, la detuve y como no sabía muy bien que hacer, lo único que se me ocurrió fue besarla.
Que hiciste que – se levantó Ryoma de improviso – la besaste – con tono algo exaltado, mientras Momo se divertía por la reacción de su amigo.
Sin embargo, cuando su amigo pelirrojo estaba a punto de responder, una aguda voz femenina los interrumpió.
Ryoma – se logró oír una enfurecida chica.
Ahhh… que quieres Emiko – con exasperación, pues no pudo saber la respuesta de Eiji.
Qué que quiero – de pie colocaba sus manos en su delgada cintura – estas bromeando cierto – sin importarle el tono del chico.
Sino piensas decir nada… entonces lárgate – volviendo a Eiji a esperar la respuesta.
Quiero una explicación – sonaba disgustada – creo que me la merezco – decía como si realmente tuviese ese derecho – lo que dicen de que estás viviendo en la misma casa que Ryusaki es verdad.
Ja… explicación… yo no te debo nada – parándose para marcharse de allí.
Esta escena era observada por las chicas en la azotea, que al ver como Emiko fue al encuentro con Ryoma, la joven Sakuno se entristeció, por que en algún lugar de su corazón era ella quien quería ocupar ese lugar, pero aún no era conciente de estos hechos, a su vez Ann se dedicaba a prestar atención a las reacciones de su amiga, por si había alguna señal a sus dudas.
Ryoma… como que no… se supone que somos novios – aunque lo último lo dijo con cierta prudencia – no me dejarás en ridículo delante de todo el colegio.
Oye Kurosawa… si quedas en ridículo es tú culpa… por andar inventado tonterías – confirmaba Momo.
Jajajaja… es cierto, tú y Ryoma no son nada – corroboraba Eiji.
No te metas… engendro – burlonamente decía la morena, que miraba despectivamente a Eiji.
Mira Emiko… primero no insultes a uno de mis amigos – caminando desafiante a la chica – y segundo, nunca le he debido nada a nadie y mucho menos a ti – pasando a un lado de ella, con tal presencia que logró intimidarla.
Pero…Ryoma… - titubeaba pues nunca vio al chico tan serio.
Y por último… no te atrevas a volver hacer un escándalo como la otra vez – una advertencia severa se dejo oír.
Aquellas palabras retumbaron en la chica, pues se dio cuenta claramente a lo que Ryoma hacia mención o al menos eso es lo que creyó. Una cólera la invadió, principalmente hacia Sakuno, quien estaba segura que era la culpable de todo. Sin embargo, tenía que planificar muy bien cuales serían sus próximos pasos, pues no deseaba distanciarse aun más del chico.
Que piensas hacer, Emiko – cuestionaba una de sus amigas.
Esa mosca muerta de Ryusaki – apretando amenazadoramente los puños – me las va ha pagar.
Que le harás… si Ryoma-sama se entera…
Lo sé… lo sé… por eso no haré nada por el momento – sonriendo con malicia – pero tarde o temprano me la vas a pagar.
Quien también se pudo dar cuenta de lo que Ryoma intentó insinuar fue Momo, pero tenía certeza que ni el mismo Echizen sabía muy bien lo que estaba diciendo, una camuflada declaración sobre sus ocultos pensamientos o, posibles, sentimientos que se estaban comenzando a generar, en un recóndito lugar de su corazón. Aunque para tener convicción de eso, debería estar atento a las futuras acciones de su amigo, que mientras no se diera cuenta de nada o no asumiera la realidad, continuaría colocándose en evidencia.
Al parecer una luz de esperanza comenzaba a surgir para esta disímil pareja, las circunstancias por las cuales se encuentran unidos poco a poco dejan de ser relevante, ya que ahora no vale la pena lamentarse por lo que esta hecho. Al menos ahora no tendrán esa persistente presión de mantenerse alejados, pues lo quieran o no están constantemente atentos a los pasos del otro, ya sea por sus propios pensamientos o por las habladurías de otros, siempre estarán informados.
Continuara...
Ya todo el mundo sabe que esta parejita vive bajo el mismo techo. Ahora veremos que pasara con ellos, Avances: Eiji se disculpa, Lectura del testamento, unos cuantos momentos RyoSaku...
Hasta aquí por hoy, no olviden comentar, veré si puedo subir el próximo capitulo a mediados de semana, claro si quedan muy intrigadas me lo dicen y hago un esfuerzo por subirlo cuanto antes, jajaja. Nos vemos.
