Muchas gracias por sus comentarios, aqui va el 3° capítulo.
Rin permanecía quieta mientras Loto la maquillaba, ella le iba explicando una vez más cómo hacerlo, pero había insistido en maquillarla ella. Cuando hubo terminado se miró al espejo y se sorprendió mucho.
Sobre el tono café de sus ojos descansaba una levísima sombra dorada que los hacía resaltar muchísimo, la misma Loto los había delineado además de alargar sus pestañas de tal manera que sus ojos, ya de por si grandes, eran enormes.
Pero lo más increíble no eran sus ojos, el suave maquillaje blanco que llevaba en la cara combinado con el rubor colocado en puntos específicos hacía parecer que su piel, de por si clara, era naturalmente blanca y sólo se notaba el cambio en su nuca donde Loto había dejado una parte sin pintar como se acostumbra.
Su imagen la completaba el peinado típico con forma de medio melocotón (del que Loto había acomodado para evitar que se viera la abertura en color rojo del centro) y sus labios coloreados en un tono, según dijo su hermana mayor, coral. Rin ya había notado que Loto no siempre utilizaba el típico rojo.
Ambas sonrieron al mirar el trabajo terminado: Rin seguía siendo ella misma.
Como a Loto no le gustaba que utilizara almohadillas para cubrir su figura, Rin terminó de vestirse con una enagua en un tono morado fuerte, un sobrio kimono en negro salpicado con piedras preciosas que simulaban estrellas y una luna creciente bordada en hilos de plata cerca de su cadera izquierda y un obi de color plateado como los cabellos de su Sesshomaru, que hizo aparecer en el rostro de Rin una sonrisa.
Bebieron sake juntas, como lo dictaba la tradición acompañadas únicamente de la dueña de la casa de té, el resto de la comunidad de geishas no podía creer la buena suerte de Rin que en esos momentos dejaba ese nombre para ahora tomar el de Aiaru Sesho, el cual la niña se imaginaba que Loto lo había escogido por el hecho de haber muerto y revivido tantas veces en su pasado. Terminada la ceremonia Rin, o mejor dicho Aiaru acompañó a Loto a hacer unas visitas tempranas a sus clientes.
Mientras iban por la calle Loto sonreía y cuando Aiaru le preguntó la razón, simplemente respondió:
- Hacía mucho que no llamaba tanto la atención de todo el mundo Aiaru.
- Todavía no me acostumbro a mi nuevo nombre… pero si tu siempre llamas la atención. - A esto Loto soltó una risita, aprendiz y todo Aiaru… o Rin, no se daba cuenta que ahora también la miraban a ella. Se veía impactante y muy hermosa.
Ya de madrugada, ambas volvieron a casa a descansar un poco. Conforme iba pasando la noche, Rin se había dado cuenta de lo cansado que era ser una geisha pero también había llegado a una conclusión mientras atendía a algunos hombres en una fiesta, sólo pensaba en lo mucho que deseaba que fuera Sesshomaru el que estuviera ahí, a quien le sirviera té; acompañar a su Sesshomaru nunca le sería ni difícil ni cansado y eso era realmente para lo que se había preparado. De esta manera, sus pensamientos siguieron divagando hasta aterrizar en una pregunta dirigida a su hermana mayor:
- Loto, ¿cómo conociste a Sesshomaru?
- Sesshomaru llegó a mi vida en el momento que más lo necesitaba, pero para poder explicarte lo que significa en mi vida, tengo que ir más atrás – en ese momento Loto se acomodó mejor sobre el tatami y comenzó su relato.
"Tú y yo nos parecemos en un aspecto importante Aiaru, ambas vivimos una infancia diferente al tipo de niñez que las chiquillas comunes, en mi caso porque yo fui hija de una geisha.
En su época, mi madre fue una de las geishas más importantes de todo Kyoto, quizá más de lo que soy yo ahora y desde que nací, la única dirección que siguió mi vida fue la de seguir los pasos de mi mamá. Para mí como mujer sólo había una forma de triunfar y esa era convirtiéndome en geisha. Si fracasaba, los caminos que se abrían ante mi eran terribles: convertirme en una prostituta de Miyagawa-cho, convertirme en una limosnera de los barrios pobres de las mismas calles de Kyoto o la peor de las tres, casarme y que mi esposo me abandonara todas las noches en busca de una diosa como la que yo aspiraba a ser.
Esos tres caminos se volvieron más tangibles el día en que mi mamá murió y una serie de eventos se desencadenaron llevándome a una gran desesperación. La okiya en que vivíamos comenzó a contabilizar mis deudas y mis hermanas mayores sólo mostraban desprecio hacia mí y no podía conocer clientes.
Una noche que había podido ir a una fiesta informal, mis hermanas mayores me habían hecho pasar tan mal rato que terminé saliendo de allí. Las lágrimas se desbordaban de mis ojos y como no quería que me vieran con todo el maquillaje corrido y llorando caminé hacia las afueras de la ciudad, fue ahí donde lo vi por primera vez.
Realmente nunca supe qué hacía Sesshomaru en las afueras de la ciudad, simplemente se encontraba ahí solo. Me sorprendió ver un ser como él pero conocía lo suficiente para saber qué tipo de demonio era. Me pareció como la cereza del pastel de mis calamidades que ahora resultara muerta por un demonio, pero ahí estaba, de pie esperando, al menos todas mis plenurias desaparecerían.
Se sorprendió que un ser humano como yo no le tuviera miedo ni a él ni a mi potencial muerte y cuando me di cuenta le estaba contando toda mi historia a un demonio desconocido.
Pasó un tiempo y no supe nada de él, hasta una noche que la dueña de mi okiya me llamó a su habitación y me dio una noticia sorprendente: alguien iba a pagar por mi mizuage. Me quedé sorprendida y desconcertada, no entendía nada de lo que me decía pero como todo ello iba a suceder en unos días, me di a la tarea de investigar todo lo que pude.
Descubrí que a cambio de mi mizuage, esa persona había pagado todas mis deudas y además había quedado suficiente para mí, además me había regalado 10 kimonos que junto con el que había heredado de mi mamá hacían el inicio de un guardarropas para mí.
De lo del mizuage mis hermanas mayores se encargaron de aterrarme lo suficiente, de hecho si me presenté, fue por todo lo que sabía que iba a obtener a cambio.
Lo único que aún no sabía era quién lo había comprado, así que te puedes imaginar la sorpresa que tuve cuando abrí la puerta y ante mis ojos se hallaba Sesshomaru. Había estado bajo tanta presión y tantos nervios que de momento no me lo creí y me eché a reír, incluso pensé que era una broma.
Pero todo iba en serio y gracias a ello, con todo lo que él me dio, pude verme libre de la presión de mi okiya, fui paciente y repartí esos 11 kimonos que aun son los más preciados de todos, en 11 eventos muy importantes de donde salieron mis clientes más fieles e incluso mi danna, así que por lo que ves, si no fuera por Sesshomaru yo no sería lo que soy ahora".
Luego de que Loto finalizara su relato, un sinfín de preguntas llenaban la cabeza de Rin, pero decidió formular las 3 más importantes:
- ¿Quisiste a Sesshomaru? ¿Lo amas todavía? ¿Él es tu danna? – dijo sin poder detenerse antes de formula todas.
Loto sonrió, sabía que su confesión iba a hacer volar la mente de su hermanita pero una simple respuesta bastaba para traerla de vuelta.
- No – a lo que Rin la miró confundida.
- Aiaru, Sesshomaru para mi resultó conveniente, vino a mí en un momento en que lo necesitaba y no volví a saber de él hasta la noche en que me pidió que me hiciera cargo de ti. No niego que resultó para mí una situación mucho mejor que para muchas geishas y es uno de los mejores momentos de mi vida pero no lo amo. Mírame incrédula si quieres, tu sabes cómo soy, ¿crees que si albergara algún sentimiento por Sesshomaru habría hecho la mitad de lo que hago por ti? Tan solo tu nombre: Aiaru Sessho ¿no te das cuenta de por qué te lo puse?
- Creí que era por haber vuelto de la muerte.
- Esa es una parte, pero en la otra estoy expresando aquello en lo que te has convertido, en lo que eres, el amor que se ha ido transformando a lo largo de tu vida hacia él, ¿crees que no me doy cuenta? – Rin se sonrojó ante las palabras de su hermana mayor.
- Tu atuendo esta noche, todo en ti representa el plan que tengo para ti.
- ¿Plan? ¿Qué plan? – la niña no entendía a lo que se refería su hermana mayor.
- Será una sorpresa, pero así como Sesshomaru se encargó de cumplir mi sueño, yo cumpliré el de ustedes mi preciosa Aiaru Sesho – concluyó ella con una sonrisa.
