Un saludo especial de apoyo a todos los amigos peruanos, que están viviendo una terrible situación,
con cariño para ustedes les dedico este capitulo.
!Que tal a todos! muchas gracias por sus comentarios, siempre motivantes.
Un nuevo capitulo que espero disfruten, sin mucho que decir a leer.
6.- NOCHE ESTRELLADA
Las mañanas comenzaban a ser cada vez más frías, mientras los árboles anunciaban que el otoño estaba iniciando. Por tanto, el tiempo cada vez será más inestable, zigzagueando entre nubarrones amenazantes y lluvias tempestuosas, que darán un quiebre a la monotonía que insistentemente había traído el caluroso verano.
Una vez los jóvenes se marcharon, una inesperada persona visitaba la residencia de los Echizen, la presencia de Sumire era un hecho que se esperaba pronto sucediera, para sorpresa de los dueños esto ocurrió mucho antes de lo que imaginaron. Por una parte, agradecían que viniera en el horario en que sus hijos se hallaban en clases, claro a Sakuno la consideraban como tal.
No tardaste mucho en venir, Sumire – decía Nanjiro con ironía.
A mí también me da gusto verte… Nanjiro – con el mismo tono de voz.
A que ha venido – interrumpía Rinko, un poco preocupada.
A ver a mi nieta, por supuesto – sonreía burlona.
Si la conocieras, sabrías que ella se encuentra en la escuela – con molestia contestaba Nanjiro.
Lo sé.
Entonces – preguntaba dudosa la mujer.
Sin mucho preámbulo, la anciana les anunciaba que desde ese instante se hospedaría en la mansión, ambos quedaron estupefactos por semejante declaración sin poder emitir ninguna palabra, sabían que Sumire buscaría alguna manera de obtener beneficios, pero nunca imaginaron que tendría el atrevimiento de ir a invadir su hogar.
Después de unos tensos minutos, Nanjiro se levantó furioso dando un grito que retumbó en toda la casa, pero, esto no intimidó a la mujer, que permanecía impávida frente al hombre. Aun cuando se negaba a esto, el padre de Ryoma tuvo que ceder, luego que Sumire le recordará que su nieta, también era dueña de la casa, como no podía refutar esto y para evitar que la mujer sospechara alguna cosa, accedió de malagana. Ahora quedaba ver que iba a suceder cuando los recién casados regresaran a casa, de seguro los próximos días serían todavía mas estresantes.
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Las clases se desarrollaron entre innumerables rumores que circulaban sobre la vida de Ryoma y Sakuno, no obstante, a medida que el día transcurría estos se iban tornando cada vez más escasos. Los principales involucrados intentaban no turbarse con ellos, haciendo esfuerzo por continuar con sus vidas ignorando en lo posible los comentarios que rondaban por toda la escuela.
A pesar que para Sakuno obviar las murmuraciones era una tarea difícil, con el apoyo incondicional de sus amigas, esta labor se hacia un poco más llevadera. Además, que estaba muy emocionada por que hoy se darían inicio a sus clases con Tezuka, así que ponía todas sus energías en concentrarse para este esperado hecho.
Por otro lado, en uno de los pasillos de Seigaku se hallaba una furiosa chica, que se sentía completamente humillada por los descubrimientos hechos el día anterior. Emiko aún no podía comprender como había ocurrido todo esto, siempre supo que Sakuno era una peligrosa rival, pero nunca imaginó que le ganara esta partida tan triunfalmente, sin embargo, no estaba dispuesta a darse por vencida tan pronto.
Odio a esa estúpida – gritaba Kurosawa – pero ni crea que le voy a entregar a Ryoma así como así.
Emiko… por que no te olvidas de Ryoma-sama – intentando calmarla Mayu.
Olvidarme… estas locas, si hago eso tendré que aceptar que perdí con esa mosca muerta – sin disminuir su enojo.
No exageres… puedes tener a cualquier otro chico guapo – interfería otra chica.
No quiero… yo quiero a Ryoma… él es mío… me costo mucho conquistarlo como para que venga una don nadie y me lo quite – aseverando en sus dichos.
Pero si ustedes terminaron hace mucho – le decía su amiga.
Cierto… además, nadie ha dicho que ellos sean pareja – decía Mayu.
En vez de calmarla con estas palabras, la enfureció aun más, ya que le recordaban lo humillante que era tener que fingir que Ryoma era su novio, pues todos sus esfuerzos, en tan solo un día, habían sido derrumbados y ahora toda la escuela dudaba que ella tuviese algún tipo de relación con Echizen, en cierta forma había perdido su reinado, aunque solo fuera ella quien competía por esto.
Ya Emiko… no le pongas tanto – tratando de hacer entender a su amiga.
Como que no es para tanto – rabiando a más no poder.
Miren nada mas… Kurosawa Emiko, la reina de Seigaku – una masculina voz que le sacaba de su discusión.
Mmm… tú, que haces aquí – con un tono de sorpresa al ver quien era – cuando volviste.
Hace unas semanas, pero solo hoy me integró a clases – con tono amistoso – pero dime… por que estas tan enfadada… que ocurrió para que la reina de Seigaku este en este estado.
Juntémonos al almuerzo, allí te cuento – lo dijo al oír el anuncio de las clases – no vemos.
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Una pacífica mañana se desarrollo en Seigaku, mientras una ansiosa chica esperaba que pronto la jornada terminara, ya que su único interés era comenzar lo antes posible sus clases de piano. Con toda emoción se alistaba, mientras sus amigos la observaban divertidos, pues como era habitual en ella, no tenía la habilidad de poder ocultar sus sentimientos.
Saku-chan se nota que te gusta el piano – llamando la atención de la chica.
Por qué lo dices, Ann – en tono inocente, pues no se daba cuenta que solía ser tan obvia.
Jajaja… Saku-chan siempre tan despistada – interfería Tomoka – lo tienes escrito en tu cara – causando un enorme sonrojo en ella.
Princesa… cuando podremos escucharte tocar – abalanzándose sobre ella.
Ehhh… Eiji, no lo sé – sin ocultar su vergüenza de que el pelirrojo la abrazara.
Kikumaru… suéltala o sino no podrá tocar nunca – lo reprendía Ann – cuando ella este lista nos dedicará una pieza… ¿cierto? – mirando de soslayo a Sakuno, quien asintió.
Debido a que las clases habían concluido, la futura pianista se dirigía con mucho entusiasmo al tercer piso, en donde se hallaba el salón de música. Un nuevo mundo daría comienzo una vez cruzara aquel umbral, al fin tendría algo que con solo su esfuerzo podría construir, y estaba dispuesta a enfrentar los obstáculos que se le pusieran delante.
Con un poco de nerviosismo llegó, con delicadeza tocó la puerta, al no recibir respuesta decidió entrar, una vez comprobó que no estaba su maestro paso tranquilamente…
Tú debes ser Ryusaki – una desconocida voz la espantó – perdón, no quise asustarte.
No se preocupe – volteándose hacia quien le hablaba – como sabe quien soy.
Porque Tezuka me lo dijo.
Y donde esta él – al comprobar que aún no llegaba.
Viene en seguida – sonriendo con alegría – tenía unos asuntos con el director.
Disculpe… pero usted quien es – sin dejar de observar al chico que tenía enfrente.
Pero que tonto… perdón, yo soy Fuji Syusuke – haciendo una reverencia de respeto – un gusto conocerte.
Igualmente – con igual formalismo - también viene a las clases.
Sí… soy violinista – mostrando su instrumento – pero no seas tan formal para llamarme – le sonrió con picardía.
Continuaron charlando por unos momentos, a la espera de que llegara su maestro. Fuji Syusuke un joven de apariencia agradable, de contextura delgada, era dueño de una misteriosa mirada, que en contadas ocasiones se dejaba ver a unos impresionantes ojos celestes, siendo su más destacada característica. Se le conocía como prodigio de la música, sus habilidades con el violín y el piano eran indiscutibles, habiendo conseguido múltiples premios en estas categorías, no solo en Japón sino también en Europa.
Veo que ya se conocieron – entrando a la sala Tezuka.
Hola Tezuka… no me dijiste que mi compañera fuera tan hermosa – abriendo aquellos misteriosos ojos, que causaron un gran sonrojo en la aludida.
No comiences, Fuji… será mejor que demos inició a las clases – ambos jóvenes asintieron.
El tiempo transcurrió demasiado rápido para el gusto de Sakuno, estaba tan ensimismada en lo que hacía que ni cuenta se dio cuando las clases terminaron. Previo a esto, la chica pudo comprobar las habilidades de Fuji, quien no se reprimió en expresarlas, quedando maravillada con su forma de tocar, además, de emocionada pues le recordaban a su madre, quien era una genio con este instrumento.
Por otro lado, el prodigio estaba muy interesado en su compañera, él como buen conocedor de música, sabía perfectamente quien era Sakuno, pues era un ferviente admirador de sus padres, pero no quiso mencionarlo para no incomodarla. De todos modos, quedo impresionado al escucharla tocar el piano, aunque Tezuka ya le había informado de esto, no era lo mismo comprobarlo con sus propios oídos.
Con esto terminamos por hoy – el maestro señalaba la hora.
Sigues igual de exigente, Tezuka – sonriente emitía Fuji – no deberías tener un poco más de consideración con ella.
¡NO! – impulsivamente refutaba la aludida, para sorpresa de los varones – perdón, no quise gritar… pero por favor Fuji-san… no quiero ser tratada con privilegios – bajando su rostro avergonzada.
Ella tiene razón… yo nunca doy regalías a nadie… quien no tiene capacidades para enfrentar mis enseñanzas… entonces que busque en otro lado – con seriedad expresaba.
Está bien.
Bueno esto es para ustedes – pasándoles unos cuadernillos – son las partituras con las cuales trabajaremos… están en orden… estudien la primera para mañana – una orden que ni Fuji trataría de discutir – hasta mañana.
Hasta mañana – ambos se despidieron al salir.
Esta era la primera clase, solo un mero conocimiento entre los participantes. Además, de generarse una nueva relación entre los jóvenes estudiantes, se apreciaba un notable interés de parte de Syusuke hacia la bella Sakuno, quien no se percataba de nada, pero quien si estaba conciente era Tezuka que miraba con cierta suspicacia la actitud del prodigio, demasiado atento para su gusto.
Saku-chan – la llamaba con toda confianza – es muy tarde, si quieres te acompaño a tu casa.
Gracias, Fuji-san – un tanto nerviosa por la actitud tan directa del chico – pero no es necesario.
Como no… una linda chica como tú, no debe irse sola a su casa… si te sucede algo no me lo perdonaría – con aquella insinuante sonrisa.
Está bien – aunque dudosa, ya que no sabía como rechazarlo.
Una vez llegando a la entrada del colegio…
Bueno… por donde es tu casa.
Señora Sakuno – los interrumpía una voz masculina – la estaba esperando.
Kaoru – sorprendida que el chofer la viniera a buscar.
Vaya… vaya, el chofer de los Echizen en persona – decía, mientras abría sus misteriosos ojos.
Fuji-san… ¿usted conoce a los Echizen.?
¿Quien no los conoce? – una extraña sonrisa le dedico a Kaoru – bueno hermosa Sakuno, creo que no tendré el placer de acompañarla, así que nos vemos mañana – mientras depositaba un delicado beso en una de las manos de la chica.
Gracias de todas formas – sonriendo nerviosamente – nos vemos.
Al despedirse, Kaoru le abrió la puerta del auto, una vez dentro el chofer volteo hacia Syusuke, dedicándole una seria mirada de advertencia. El apuntado solo sonrió divertido, sin intimidarse por aquel aviso, después de todo él no era de los que se dejaba amedrentar así por que sí.
Dime Kaoru – habló cuando este subió al auto – por que viniste por mí, si no te dije a que hora saldría.
El joven Ryoma me ordeno venir por usted – serio y elocuente en sus dichos.
Ryoma – extrañada, pero a su vez levemente alegre, quien sabe, a lo mejor si se preocupaba por ella.
Señora, puedo hacerle una pregunta – al ver que esta asintió – ¿desde cuando conoce al joven Fuji?
Hoy nos conocimos… estamos juntos en las clases de música¿por qué?
Por nada… pero déjeme advertirle una cosa… cuídese de él… no me gusta su actitud – era tan serio en sus palabras, que no tuvo más que aceptar – una cosa más, vendré a buscarla todos los días, así que por favor espéreme.
Gracias Kaoru – sonriendo con alegría.
A pesar de la extraña conversación, la joven pianista no quiso indagar más, pues presintió que no se le informaría más de lo que se le había dicho, quizás con el tiempo termine comprendiéndolo, de todos modos era algo sin importancia, ahora lo único que deseaba era practicar su partitura, así que mientras más rápido llegaran a casa mejor, ya que aún tendría oportunidad de tocar el piano antes de la cena.
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En una amplia habitación se encontraba situado su piano, que para su sorpresa habían dos, supuso que el otro pertenecía a Nanjiro, pues había escuchado que también fue un buen músico, pero mucho no sabía de eso, además, que hasta este día ella nunca lo había oído tocar. Observó detenidamente el lugar, ya que este sitio se transformaría en su refugio, pues tendría muchas horas allí para practicar.
Los pianos se encontraban uno frente al otro, de tal manera que sus intérpretes no se vieran la cara. Ubicados perfectamente en el centro de la sala, acompañados con un fondo transparente generado por un inmenso ventanal, que dejaba ver el armónico jardín japonés. Por el lado opuesto a esto, se encontraban unos sillones de cuero negro, dispuesto para que sus ocupantes pudiesen deleitarse con quienes tocaran los instrumentos.
Con cierta emoción camino hacia su preciado tesoro, único objeto que ella consideraba indiscutiblemente valioso, ya que este fue el último regalo que le dieron sus progenitores una vez llegaron a Tokio, antes solía practicar en el piano de su padre. Tranquilamente se acomodo en la butaca, ordenando las partituras en su lugar, estaba tan concentrada en sus acciones que no se percató que sus movimientos eran atentamente vigilados.
Estaba un poco nerviosa, como si estuviese presentando algún tipo de examen o audición, es que era la primera vez que tocaba desde que murieron sus padres, bueno con excepción de sus clases anteriores, pero esta vez era más importante, pues era un regalo de ellos, por ende algo colmado de recuerdos, que la llenaban de melancolía.
Hasta cuando estarás allí sin tocar – despertándola de sus sueños.
Me asustaste, desde cuando estas ahí – volteándose hacia donde oía la voz.
Desde que llegaste – con molestia.
Y por que no hablaste.
Pensé que me habías visto, pero al parecer no – un poco irritado, pues Sakuno ni siquiera noto que se hallaba sentado en uno de los sillones, y eso que miró detenidamente el lugar.
Lo siento – ruborizada, se percató de lo despistada que solía ser.
Bueno, vas ha tocar o no – impacientándose.
Te vas a quedar ahí – nerviosa, no esperaba público, menos alguien que la miraba tan fijamente.
Por supuesto, quiero escucharte tocar – obligándola a tomar posición.
Desde que supo que Sakuno pretendía participar en aquel concurso y, sobretodo, después de enterarse que Tezuka sería su maestro, estaba muy intrigado de las capacidades que podría tener, pues tenía certeza que una persona como Kunimitsu no aceptaba pupilos con un cierto nivel de habilidades, o sea, su bella esposa debía tener al menos un talento relevante, pero no bastaba con que se lo dijesen, él tenía que comprobarlo.
La sorprendida joven, no tuvo de otra que comenzar con sus prácticas, aunque hubiese deseado hacerlo sin compañía, pero al parecer Ryoma no tenía ninguna intención de irse, más bien parecía que estaba esperando este momento. Intentando concentrarse, ordenó la partitura que debía ensayar para mañana, era una pieza que realmente no conocía muy bien, pero no se dejaría intimidar por esto, aunque más nerviosa la ponía su observador.
Paso a paso las notas se dejaron escuchar, extendiéndose por toda la habitación, a simple vista era una buena interpretación, solo los conocedores de esto, podrían distinguir los posibles errores, por tanto, la bella chica sabía perfectamente que no estaba haciéndolo bien, se detuvo más de una vez, pero por mas que lo analizaba le era imposible saber que fallaba, atribuyendo su incapacidad a la presencia de Ryoma, que no la dejaba concentrarse.
La segunda estrofa – dijo el chico con indiferencia.
Que dices – mirando extrañada a Ryoma.
La segunda estrofa – insistió – la estás tocando muy rápido, es más pausado – hablando como todo un experto – inténtalo – en son de orden.
Aunque estaba insegura, se atrevió a probar lo que el hombre frente a ella le decía, cual fue su asombro cuando comprobó que si daba resultado, sin embargo, no quiso preguntar, pero en su rostro fácilmente se dejaba ver sus dudas.
Te preguntas por qué sé – sobresaltándola, pero asintió – bueno mi padre me enseño.
Tú sabes tocar – con precaución emitía.
Indudablemente – su tono arrogante salían a relucir. Sakuno lo miró con una leve desconfianza, aunque no tenía razón para no creerle, al ver la vacilación de la chica, decidió contarle por que estaba diciendo esto.
Todo lo que él sabía, era lo que sus padres le habían relatado durante estos años. Según Nanjiro, mucho antes que ellos hubiesen nacido, sus padres ya eran amigos, incluso tenían una especie de grupo juvenil en la escuela, posteriormente entraron a estudiar al mismo conservatorio, sin embargo, debido a la muerte del mayor de los Echizen , su único hijo decidió abandonar todo esto, con el propósito de hacerse cargo de las empresas de la familia.
A pesar de eso, no abandonó por completo lo referente a la música, sino que lo terminó transformando en una actividad recreativa, que con el tiempo se la fue traspasando a sus dos hijos, quienes se destacaban en esto, pero al parecer ninguno de ellos tendría intenciones de hacer de la música una profesión, es más, Ryoma, hace ya unos años se mantenía alejado de cualquier cosa referente a esto, este era su primer acercamiento al piano.
Entiendo… pero – con interés decía la chica – por que dejaste de tocar.
Eso no te interesa – con frialdad – será mejor que continúes, a Tezuka no le gusta perder el tiempo.
Está bien – con una leve tristeza, el pequeño acercamiento que tuvieron, pareció desvanecerse con su sola pregunta.
Volviendo a tomar posición, empezó nuevamente a tocar, no obstante, esta vez sus errores eran claramente anunciados por Ryoma, quien al parecer se había tomado en serio sus acotaciones, auto imponiéndose el título de profesor personal de Sakuno, a pesar de ser tan estricto y poco delicado en sus instrucciones, la joven esposa no se dejó amedrentar, más bien se sentía feliz porque le estaba dedicando tiempo sola a ella.
Disculpen por interrumpir – los llamaba Kawamura.
Que es lo que quieres, ya esta lista la cena – preguntaba, al corroborar la hora.
Su padre solicita que los señores vayan a la sala – con su habitual formalismo.
Para qué – con cierto fastidio.
Lo siento joven, pero no lo sé – retirándose del lugar.
Será mejor que vayamos – una leve tristeza en su voz la acusaba, pues aun quería seguir compartiendo unos minutos más con su esposo.
Sí, vamos – inmutable, aunque se dio cuenta de la cara de ella – después continuamos.
Después – interrogaba dudosa.
Por supuesto, tenemos todos los días para ensayar – lo decía como si ese hubiese sido el acuerdo inicial – si vas a participar en ese concurso como buena Echizen tienes que ser la mejor – con una mirada que logró estremecerla – vamos.
Aquella última frase fue esperanzadora, el que la incluyera dentro de su familia la hacia sentirse segura, aunque recién comenzaba a dilucidar que en su interior, florecía un extraño sentimiento por aquel chico de ojos ámbar, no podía tener seguridad de que se trataba, pero ya sabía que Ryoma no le era indiferente, más bien pasaba a ser una persona importante en su vida.
Por otro lado, el joven esposo se sorprendía por su declaración, para él también era incomprensible, una cosa era estar constantemente pensándolo y otra muy distinta era decirlo abiertamente, de todas formas prefería ignorarlos por el momento. Aun así, tenía pensado cumplir lo dicho, es decir, ayudar a su esposa en las prácticas, según su parecer era una actitud razonable, pues él tenía los conocimientos suficientes en esta materia, en ningún caso pensaría que existe otro motivo para ayudarla.
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Mientras tanto en la sala principal, a la espera de la llegada de los jóvenes, se encontraban charlando muy tensamente unos adultos, sobre las novedades del día que había traído Sumire. La reciente intromisión de la anciana en la vida de los Echizen, conllevaba nuevos cambios en la residencia, que prontamente deberían ser informados a los menores de la casa.
Espero no le traigas más problemas a Sakuno – con molestia decía Nanjiro.
Yo solo quiero recuperar el tiempo perdido – decía sin perturbarse – el tiempo, que por cierto me quito mi hijo.
No quieras hacerte la victima ahora – refutaba – sabes perfectamente por que Taro te alejo de ella.
Son solo boberías – insinuaba la anciana.
Las llamas boberías – riendo con ironía – por tu culpa perdieron todo lo que tenían o acaso no recuerdas.
Eso es el pasado – sin inmutarse por aquel comentario.
Claro, por que te conviene – con fastidio – te estaré vigilando, Sakuno es como una hija, así que ten mucho cuidado con hacer cualquier cosa que la perjudique – sus palabras eran severas.
No te tengo miedo, además, estoy segura que este absurdo del matrimonio es un teatro y te aseguro que me voy a encargar de desenmascararlo – su mirada denotaba astucia.
Ya lo veremos – intentando no caer en el juego de la anciana – aunque no creo que logres comprobar nada, esos chicos se casaron por su voluntad, son jóvenes y están enamorados – aseverando en sus comentarios.
Eso esta por verse – riendo con malicia.
No pudieron continuar con esta disputa, pues en ese instante entraban los jóvenes llamados. Ambos ingresaron por aquel umbral transparente, una vez observaron a los presentes quedaron extrañados, ya que no esperaban ver muy bien acomodada a Sumire. Dirigieron su vista hacia el matrimonio presente en busca de respuestas, pero fue la anciana quien se las entregó.
Mi querida nieta – saludaba con alegría – desde hoy me hospedaré aquí.
Cómo… papá, que esta diciendo esta señora – un poco perturbado.
Lo que escuchaste, querido nieto – burlonamente emitía – quiero recuperar el tiempo perdido.
Pero es necesario que se quede aquí, no puede buscar un hotel – fastidiado con esto.
Ryoma – lo llamaba Sakuno, jalándole la manga de la camisa – no te preocupes – con un tono muy bajo, que solo él pudo escuchar.
Hijo, recuerda que ella es la abuela de tu esposa, así que puede visitarnos cuando lo desee – interrumpía Rinko – por supuesto, si Sakuno no se opone.
No hay problema… pero si ustedes… no quieren – intentando ser escuchada.
Saku-chan… ésta, también es tú casa, así que puedes recibir a las personas que quieras – sonriendo con ternura.
Gracias.
Al ver que la mayor afectada con esta visita accedía, nadie más pudo rebatir lo contrario. Una vez conseguido lo que anhelaba la anciana sonrío con triunfo, ya que durante toda la conversación hizo lo posible por amedrentar a Nanjiro, insinuando lo que venía hacer, aunque ella misma ya sabía que la herencia nunca la podría obtener, cosa que se dio cuenta el mismo día de la lectura.
Sumire se caracterizaba por ser una mujer sumamente astuta, por tanto, ella percibió lo que seguro ninguno de los presentes, ese día de la lectura ni siquiera hoy, se habían dado cuenta, que su inocente nieta comenzaba albergar sentimientos hacia aquel joven de ojos ámbar. Por tanto, intentar convencerla para separarla de Ryoma, podría ser una tarea bastante difícil.
Por otro lado, urdir algún maquiavélico plan para arruinar aquel matrimonio, no estaba en sus planes, pues eso conllevaría mucho tiempo y trabajo, además, sería algo complicado de realizar bajo la estricta vigilancia de Nanjiro, asimismo, de los cuidados de Ryoma, que ya se había dado cuenta que la observaba con desconfianza, aunque no estaba segura si él profesaba algún sentimiento hacia la chica.
De todas formas, era más fácil tramar algo para conseguir una buena recompensa con tal de dejar tranquila a la chica, que intentar desarmar esa unión, bueno aún no desechaba del todo esa posibilidad, pero debía investigar que tan profunda era la relación entre esos jóvenes antes de hacer alguna cosa, ya que lo único que le importaba era obtener dinero, mientras más mejor.
La hora de la cena se desarrollo pacíficamente, principalmente, gracias a la buena disposición de la dueña de casa, aunque la conversación fue dirigida en su mayor parte por Sumire, quien se encargó de relatar sus innumerables aventuras realizadas a lo largo de su vida, obviando los malos momentos y evitando que Nanjiro se los insinuara.
Querida – decía Sumire a Rinko – te felicito por tu casa, realmente tienes muy buen gusto.
Muchas gracias – sonrió con alegría.
Es una casa muy elegante – sin escatimar en elogios a la mujer.
La conversación prosiguió por ese rumbo, situación que hacía que Nanjiro se pusiera cada vez de más mal humor, pero permanecía en silencio por órdenes de su esposa, que le hacía señas para que no interrumpiera. Rinko solía ser una mujer muy servicial y atenta con sus invitados, aun cuando no fueran de su agrado, debido a que pensaba que era mejor tener a sus enemigos bien cerca y vigilados.
Asunto que no comprendía bien su marido, pero aceptaba, pues confiaba en el criterio de su esposa, a pesar de tener un carácter muy similar al de Sakuno, sin embargo, ella ya era una mujer con experiencia en la vida a quien no engañarían fácilmente, sobretodo si era para defender lo que más quería, o sea a su hermosa familia.
Por otro lado, los jóvenes permanecieron durante toda la comida en el más absoluto silencio, con leves monosílabos que se dejaron oír ante preguntas efectuadas a ellos. Mientras cenaban Ryoma no apartó su rostro de Sakuno, por extraño que parezca él podía percibir una débil tristeza en los ojos carmesí, algo similar a la noche anterior, cuando tuvo aquella pesadilla.
Al ser conciente de la opacidad en la mirada de su esposa, en un impulso inexplicable, otro más de los tanto que ha tenido desde que conoció a Sakuno, el joven de aspecto impasible depositó suavemente su mano sobre los delicados dedos de la chica, consiguiendo que una muy nerviosa esposa alzara ruborizada la mirada hacia Ryoma.
Este sin comprender muy bien su reciente actitud e ignorando por completo a los presentes, solo la vio fijamente a los ojos en espera de una respuesta, la joven aludida que sentía que su corazón comenzaba a bombear más sangre de la que podía administrar, comprendió por instinto la inquietud de Ryoma dedicándole una de aquellas sonrisas llenas de calidez dándole a entender que estaba bien, ocasionando un revuelco mayor en la mente del chico.
Su constante preocupación le estaban desquiciando la cabeza, pero sentía que era su deber hacerlo, hechos que le molestaban todavía más, ya que se supone que su única participación en todo este teatro era firmar el acta de matrimonio y posteriormente fingir una relación frente a ciertas personas, cosa que estaba haciendo perfectamente. No obstante, sus cada vez más recurrentes inquietudes hacia la chica sentada a su lado, no le dejaban sosiego, ya que inconcientemente estaba pendiente de lo que ocurría con ella.
Debido a que se encontraba bastante inquietó con esta situación, una vez finalizada la comida, decidió excusarse, así poder retirarse, con el firme propósito de averiguar la que estaba pasando con su esposa o comprender su propia actuar.
Si nos disculpan – parándose de la silla – Sakuno y yo debemos retirarnos, mientras le tomaba la mano.
Pero hijo, aún es temprano – interfería su madre, sin comprender lo que Ryoma deseaba.
Mmm… que piensas hacerle a tu esposa – bufaba su padre, quien no perdía oportunidad de insinuaciones poco decorosas, pero que al ver el comportamiento de su hijo no pudo callar.
Por supuesto, esto irrito a Ryoma, logrando ganarse una mirada asesina de parte de su hijo, por otro lado, la joven mujer se sonrojo a más no poder, pero igualmente se levantó para seguir al chico, pues no estaba cómoda con la presencia de su abuela. Asimismo, Nanjiro consiguió ser reprendido por su esposa, que dio por hecho que su querida colección estaba arruinada. A su vez, esto molesto un poco a Sumire, pues al ver la escena tan familiar que se presentaba, solo confirmaban sus temores, que poco o nada podía hacer para interrumpir aquel matrimonio.
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Luego de esta bochornosa situación, principalmente, para los jóvenes esposos, en pleno silencio se adentraron en sus aposentos, lugar que por increíble que parezca era una especie de refugio para ambos, aunque ninguno de los dos lo sabía. Una vez tomaron posición, Sakuno en su lado de la cama, mientras Ryoma se situaba en un pequeño sillón, el chico de ojos ambarinos observo minuciosamente a la bella mujer enfrente.
Por unos minutos, ninguno de los dos emitió palabra, a pesar de estar rodeados por un mutismo constante, no parecía perturbarlos, más bien la nerviosa era Sakuno, que podía percibir como era detalladamente inspeccionada por aquellos penetrantes ojos, intentando controlarse al máximo para no quedar en evidencia, ya que aún no recuperaba el normal ritmo de su corazón y sería muy difícil hacerlo con aquella persistente mirada.
Estas bien – sobresaltándola, sin dejar de mirarla.
Ehhh… sí, claro – avergonzada – por qué.
No mientas, se que te pasa algo – logrando perturbarla – no me puedes ocultar eso.
Como sabes… que te oculto algo – sorprendida de que fuera verdad.
Por que eres obvia – mirándola divertido.
Obvia – le refutaba molesta, aunque sonreía.
Sí, no puedes esconder nada – inesperadamente suavizó su rostro impasible.
Entonces… si soy tan obvia como dices – en tono burlesco – por que no me dices que es lo que me pasa – lo desafiaba.
Así… bueno… si eso es lo que quieres – siguiendo el juego – estas así por que vino tu abuela y eso te recuerda a tus padres.
Al escuchar aquello sus bellos ojos se abrieron exuberantemente, ya que por unos instantes se sintió completamente desnuda frente a Ryoma, pues al ver la intensa mirada ámbar sobre ella, podía notar como este la descifraba perfectamente, aunque el hecho le daba inseguridad, no pudo evitar sentirse optimista, una creciente felicidad la invadía por dentro, al percibir que el hombre frente a ella en cierta forma se preocupaba de su ser.
Después de esta conversación o mejor dicho interrogatorio, los jóvenes decidieron dormir, ya que era muy noche y mañana era otro día más de escuela. Sin embargo, solo Sakuno se adentró en su cama, pues aún Ryoma permanecía lejos con cierta reserva, en parte temeroso por estar tan cerca de la chica, probablemente, comenzaba ha ser consciente que, no solo su cabeza sino también su cuerpo estaban presentando demasiado interés por aquella mujer.
No obstante, pasar la noche en vela tampoco era buena idea, así que intentó bloquear cualquier indicio de extrañas intenciones hacia su esposa. Con sigilo se recostó al lado de su karma, Sakuno ya se estaba transformando en eso, pero por mucho que anhelo indiferencia hacia ella no pudo omitir la intranquilidad que se dejaba ver en la chica. A pesar de parecer dormida, su semblante denotaba una leve inquietud.
Estás bien – con fastidio, pero logró que Sakuno abriera sus ojos.
Cuando la bella mujer lo miró, se dio cuenta que la tristeza bañaba aquellos ojos carmesí, entonces ella le confirmó que no estaba del todo bien, negando pausadamente con su cabeza. Aquella respuesta rompió, irremediablemente, la barrera que minutos antes había logrado colocar, sin más que hacer con una débil señal, le indicó que se apoyara en él, como había ocurrido la otra noche de la pesadilla.
No reprimiendo su alegría, pero con timidez se acomodó en los confortables brazos de Ryoma, logrando que este sintiera un gran escalofrío recorrerle la espina dorsal, sin embargo, tampoco estaba a disgusto con esto, más bien se dejo llevar por la situación, adormilándose con aquel seductor perfume que sin intención emitía Sakuno, nuevamente ambos se refugiaban en un abrazo de aparente inocencia, que se tornaría una tentadora situación, pero que por el momento era solo una reconfortable posición para conciliar el sueño, escenario que se volvería habitual las noches siguientes.
Hasta la próxima...
Listo por hoy, que les pareció, que piensan que va a suceder...
Avance: Fuji comienza a ser un personaje relevante, Sakuno por fin acepta sus sentimientos, que hará ahora. Nos vemos, Bye...
