Saca un periscopio para asegurarse de que nadie vaya a matarla "Hola!"... arroja una servilleta blanca...
En serio que no quiero tardar tanto en publicar pero tengo demasiadas cosas! Y encima de eso se me ocurre hacer fics ¬¬' Bueno espero les guste esta entrega, la proxima prometo no tardar tanto.
A pesar de encontrarse demasiado impaciente, Sessomaru mantenía la vista fija en un punto, no quería mirar hacia la puerta, de hecho no estaba seguro si quería ver a Rin, había aceptado la propuesta de Loto solo para regocijarse en su victoria pero, al no haber podido hallar a Rin, había decidido aun así aceptar para verla pero conforma más muñecas de porcelana veía, más frustrado se sentía ¿acaso su Rin era también una muñeca de porcelana? ¿Era posible que la niña dulce e inocente aún se encontrara ahí?
Con cierta indiferencia Rin entró con Loto a la casa de té y siguió a su hermana mayor hasta una de las salitas del fondo. En el momento en que Loto descorrió la puerta toda su indiferencia se desvaneció. Reconocería ese perfil en cualquier parte, sin detenerse a pensarlo Rin corrió a abrazar a su Sesshomaru. Era tal y como lo recordaba, su mismo aroma, la misma perfección en sus cabellos plateados… bueno, quizá un poco más serio (seamos honestos, nadie recuerda a Sesshomaru tan serio como realmente es) después de casi 7 años sin verlo, aquel momento se le antojaba a gloria. Levantó la mirada para ver a Loto que le sonreía desde la entrada y que discretamente se retiraba dando unos pasos hacia atrás.
Aunque había escuchado como se había abierto la puerta, inclusive los pasos en su dirección, Sesshomaru se sorprendió de sentir los brazos de Rin alrededor de su cuello. Sabía que era Rin, reconocía ese cabello color azabache que olía deliciosamente a orquídeas y flores silvestres como las que ella solía obsequiarle cuando niña, lo reconocía a pesar de hallarse recogido en un precioso moño y coronado de un arreglo de flores naturales, aunque era evidente que su aroma venía de ahí, también parecía venir de la piel de ella, sintió como movía la cabeza y deseó mirarla a los ojos y saber finalmente en qué clase de muñeca de porcelana se había convertido. La tomó de los hombros y la separó de él capturando sus ojos con la mirada y lo que entonces vio lo sorprendió. Los mismo s ojos café claro, el mismo rostro, un poco más juvenil pero seguía siendo ella; seguía siendo su Rin que poco a poco iba sonrojándose por la intensidad con la que la miraba, lo que le daba un tono rosa a su piel a pesar del maquillaje un bello rosa que hacía juego con sus labios. Ella bajó la mirada, al parecer apenada y entonces pudo observar que su cuerpo de niña se había convertido en el de una jovencita.
Luego de que su hermana mayor desapareciera, Rin sintió como su Sesshomaru la retiraba de su abrazo para mirarla frente a frente. Se quedó embelesada no supo cuánto tiempo en esos ojos de oro que tanto le gustaban. Su mirada seguía siendo fría e inexpresiva pero ella siempre podía encontrar algo de dulzura en esa frialdad.
Buscaba con ahínco en su cabeza algo que decirle y poco a poco sentía como la sangre le llenaba las mejillas coloreándolas tanto que se avergonzó y bajó la mirada. Su Sesshomaru seguramente esperaba a una chica controlada, serena, una aprendiza y ahí estaba ella comportándose como una niña.
Los pensamientos de Rin se vieron interrumpidos por la mano del youkai quien la tomó de la mejilla y la volvió a mirar a los ojos, habría pensado que Sesshomaru se acercaba lentamente a ella, pero en ese momento escuchó los pasos de su hermana mayor y se levantó a ayudarla con la bandeja de té.
El demonio miró hacia dond iba Rin, su cuerpo ahora era el de una bella señorita: perfecto. Su piel era casi tan blanca como el maquillaje que llevaba y solo se notaba la diferencia en el borde de su nuca, su cabello negro como el azabache, con el típico moño de una aprendiz pero sin la vulgar línea roja en el centro. Había muchos calificativos para ella: bella, dulce, tierna y hermosa. Tenía que admitir que se veía hermosa en ese ajustado kimono con un árbol de cerezos todo bordado en él con piedras semipreciosas como flores en un contrastante verde esmeralda.
El inukay se dio cuenta que ese era uno de los kimonos que había obsequiado a Loto a quien le dirigió una mirada con desgano. Podría haber jurado que vio una sonrisa en el rostro ahora ecuánime de la geisha que vestía un sobrio kimono color crema con un ciruelo bordado.
Rin acomodó con cuidado la bandeja de té sobre la mesita, su maestra siempre había alabado la blancura de sus manos y la delicadeza con que preparaba el té y estaba dispuesta a hacer hasta lo imposible por demostrarle a su Sesshomaru que si era una aprendiz seria y serena de tal manera que comenzó a preparar la bebida concentrándose en hacerlo con gracia y lentitud sin poder distraerse.
El youkai por su parte observaba la destreza con que las manos blancas y suaves de Rin se movían por la mesa preparando el té, en unos momentos pudo ver incluso la parte interna del brazo de ella y solo la presencia de Loto, quien también prestaba toda su atención a su hermanita, le hacía mantenerse sereno. Para distraerse dirigió la mirada hacia el rostro inocente de su Rin y la detalló a placer, sus ojos en un suave café claro, con una sombra del mismo verde que su kimono ahora concentrados en la actividad que desempeñaba; su nariz, recta y pequeña completada por sus hermosas mejillas, que todavía conservaban un suave sonrojo de hace unos momentos y sus labios, apenas cubiertos por un tono rosa claro que enmarcaban el bello rostro de una jovencita.
Rin terminó de preparar la bebida y sirvió tres tacitas a las que les añadió un líquido espeso y dorado, miel del Tibet con el que Loto siempre acompañaba el té. Luego de servirlas permaneció observando, sabía que su hermana mayor siempre se tomaba su tiempo con el té y ella no se atrevía a probar el suyo antes que su Sesshomaru. Unos momentos después vio algo que la llenó de alegría al notar que la mano del youkai tomaba suavemente la tacita retirándola de la mesa para unos momentos después devolverla con menos de lo que la había servido.
Nadie habló durante los minutos que bebían el té. Luego de terminar su bebida la geisha se levantó y salió unos momentos del salón dejando a Rin y a Sesshomaru solos.
La aprendiza tomó aire y dirigió su mirada a los ojos dorados antes de decir:
- Sesshomaru, me gustaría agradecerle por todo lo que ha hecho por mí – luego de esto hizo una reverencia como era debido – Loto siempre ha sido muy buena conmigo y soy muy afortunada de contar con ambos en mi vida.
Si, eso se escuchaba excelente y muy apropiado. Levantó la mirada hasta encontrarse con los ojos de su Sesshomaru.
- ¿Te gusta ser una aprendiz? – preguntó el inukay.
- Me gusta ser yo, solo que un poquito mejor – dijo Rin con una dulce sonrisa.
Loto volvió con su shamisen y comenzó a afinarlo con cuidado para luego comenzar a arrancarle dulces notas sobre las que Rin comenzó a tararear con voz de ángel. Sesshomaru las escuchaba pensativo. Finalmente Loto dejó de tocar y mirándo a Rin dijo suavemente:
- Es hora de irnos Aiaru.
Rin devolvió la mirada triste y asintió con un suspiro, se levantó para ir con su hermana mayor, pero justo en el umbral de la puerta se retiró el adorno de flores del cabello, volvió sus pasos y se lo entregó a su Sesshomaru con la misma sonrisa con la que hace años le obsequiaba flores silvestres. El youkai rozando suavemente la mano de Rin tomó las flores y le devolvió la sonrisa.
Mientras caminaban hacia el otro evento, la chica iba en las nubes prácticamente llevada por su hermana mayor mientras que el demonio de cabellos de plata los seguía de lejos. Se acomodó cerca de la casa de té por lo que pudo ver cuando entraron que algunos hombres preguntaron a Rin por qué no traía ningún arreglo en el cabello a lo que Loto fue la que respondió:
- Mi pequeña Aiaru ha regalado su primer bouquet hoy a un cliente muy estimado por nosotras.
Todos guardaron silencio por unos momentos para luego centrar sus bromas en Loto y en el arreglo que ella misma llevaba. Astutamente, la geisha propuso que su Aiaru bailara y así se calmaron los ánimos.
Rin se movía con perfecta gracia y ritmo con la música que una vez más Loto le regalaba del shamisen al igual que lo hizo cuando estaban con Sesshomaru quien se encontraba embelesado, al igual que todos en el salón, Rin movía sus abanicos con delicadeza y de manera casi hipnótica.
Terminada la velada, ambas jóvenes se dirigieron a su casa. Aunque la seguía de lejos, Sesshomaru se distrajo con la conversación de dos hombres que caminaban cerca de él.
- ¿Haz visto qué bonita se ha puesto Aiaru? No entiendo por qué su hermana mayor no ha subastado su mizuage – dijo uno de ellos.
- Ella siempre dice que le pertenece alguien más – respondió el otro.
- Yo creo que solo lo hace por buscar más compradores y obtener más dinero, pero y tengo una idea…
- ¿Cuál?
- Entrar en la casa de Loto, solo son dos mujeres y las criadas, tomar a Aiaru y ya una vez hecho, solo quedará arreglarse.
Sesshomaru hervía de coraje, nadie podía atreverse a tocar a su Rin, había visto a Loto fruncir el ceño cuando estos hombres intentaban acercarse a ella e incluso callarlos con la mirada si intentaban hablarle. No podría decir que no cuidaba de ella pero esos hombres tenían razón. Se encaminó a casa de Loto para cuidar de Rin.
La luna brillaba hermosamente entrando por la ventana abierta de la habitación. La joven aprendiz dormía apaciblemente cuando un ruido la despertó, al levantar la vista vio un hombre colgado de un pie en el marco de su puerta.
Casi al mismo tiempo apareció Loto en la entrada de la habitación y Sesshomaru en el marco de la ventana. Rin se levantó y corrió a abrazar a su youkai mientras Loto miraba divertida al hombre colgado de la puerta.
- ¿Creías que realmente iba a ser tan fácil? Llevo escuchando de ti durante semanas – y se acercó más para susurrar en su oído algo que solo el inukay escuchó – Agradece que fui yo y no el demonio blanco protector de Aiaru quien te atrapó… ten cuidado con el de cabellos de plata y ojos de oro en a luna creciente – luego se volvió a Sesshomaru – llévala para que descanse en mi habitación y yo me encargaré de esto.
Rin permanecía abrazada a él con el rostro oculto, el incidente la había asustado muchísimo y de por si el hombre no le agradaba. Sesshomaru entró con ella en la habitación de Loto que solo era un poco más grande que la de Rin, caminó hasta el futón que la geisha tenía acomodado en el piso y depositó ahí a su niña.
- Gracias – dijo Rin con una mirada sincera.
- Tuviste un buen susto pero ya se terminó.
- ¿Seguirás viniendo a verme a la casa de té?
- No lo se – lo cierto era que muchos pensamientos recorrían ahora su mente, bien podría llevársela, pero solo sería igual al imbécil que colgaba de su puerta, claro que nunca dañaría su virtud, pero realmente o estaba seguro de qué era lo que quería de ella.
- Espero que puedas venir – bostezó despacio y se acomodó e el futón – buenas noches Sesshomaru… mi Sesshomaru – diciendo lo último entres sueños lo que hizo que el youkai se sonriera por segunda vez en la noche.
[Citando a mi querida autora Siry Pop… ¡!
Ejem… continuamos]
Luego de que la casa ya había quedado en calma, la guardia había venido y se había llevado a ese infeliz, el youkai vio a Loto salir al jardín, quitarse los calcetines y sumergir sus pies en el agua; al acercarse Sesshomaru a ella levantó la vista.
- Imaginé que todavía seguías por aquí – dijo Loto.
- Debo admitir que has hecho un buen trabajo con ella - dijo el daiyoukai.
- Gracias, viniendo de ti es un gran halago. Lo cierto es que decidí asumir todos los riesgos que debía.
- ¿Riesgos?
- Si, cuando me pediste que cuidara de Rin pensé que a la larga te aburrirías y la olvidarías, cuando la vi, me di cuenta de lo bella que es y supe que al menos tenía potencial para ser una hermosa geisha así que decidí tomarla a mi cuidado y asumir todos sus gastos en cuanto tú te olvidaras de ella. Pero no lo hiciste, aún cuando Jaken se quejaba de tener que venir solo consiguió venir una vez al año en lugar de una vez al mes. Ahí fue donde pensé que ibas a dejar de interesarte pero seguiste enviando todo para mantenerla. Rin por su parte superaba cualquiera de mis expectativas, resultó increíble para la danza, canto, música, en todas las actividades propias de una geisha; sus maestras se enorgullecían de tener una alumna tan dedicada y yo dejaba que ella se dedicara por completo a sus actividades sin cargarle otras como me hicieron a mi y a la mayoría de las geishas. Finalmente muchos esperaban el debut de ella y yo no sabía qué debía hacer, aunque no dejabas de ayudarla, no sabía nada de ti y Jaken tampoco me decía nada. Entonces ese sapo que tienes por sirviente se la topó de frente y no la reconoció, yo me esforzaba porque Rin siguiera siendo ella misma por dentro y estaba tan acostumbrada a verla que no noté que la naturaleza si había hecho cambios en ella convirtiéndola en una preciosa jovencita. Fue cuando decidí correr el mayor riesgo de todos, Rin no tiene deudas y nunca las tuvo, nunca tendría los mismos problemas que yo tuve pero bien podría aprender más de si cuando debutara además de disfrutar de todos los beneficios y entonces la convertí en aprendiz.
- Por lo que me dices parece que fuera mejor incluso que tu.
- Tiene potencial para ser mejor que yo y que cualquier otra geisha de Japón.
- ¿La envidias?
- No, – Loto se detuvo a considerarlo un momento – si no fuera mi hermana menor no dudaría en destrozarla como destrocé a aquellas que me humillaban y me perjudicaban, pero es mi hermanita y la quiero muchísimo. Es fuego como yo y lo mejor que hacemos juntas es arrasar con la ciudad.
- Respóndeme algo, ¿Aiaru es su nombre de geisha?
- Aiaru Sesho, así es – asintió Loto dejando a Sesshomaru con muchísimo más que pensar.
- ¿Por qué me llama Sesshomaru? – A Loto le tomó unos momentos comprender el sentido de la pregunta y luego sonrió.
- Creo que eso es culpa mía, yo nunca he sido muy propia… las geishas tenemos nuestra manera de hablar de nuestros clientes pero cuando nos referíamos a ti yo simplemente utilizaba tu nombre y ella se acostumbró a esa forma de expresarme. Bueno – dijo Loto levantándose, sacando los pies del agua y tomando sus calcetines – espero verte pronto, me voy a dormir, es una lástima que no pueda ir a la boda de Inuyasha y Aome pero espero que Rin se divierta mucho. Buenas noches Sesshomaru-sama.
Por cierto, gracias por los reviews me alegra mucho que les vaya gustando, alguien me pidió que hiciera una segunda parte de Amor e Independencia y no niego que estoy pensando hacerlo aunque creo que mejor comenzaría con un fic más extenso en lugar de una segunda parte de la one - shot... Además que ya tengo otro fic en mente para cuando tenga más tiempo o termine este...
XOXO
