Nuevamente yo por estos lados, espero aun deseen leer la conti, ok no ha pasado tanto tiempo, dejémoslo así.

Muchas gracias por sus comentarios, gracias a ellos me inspiro y continuo escribiendo, una grata presión para no tardar tanto, aunque no puedo actualizar mas seguido, pero hago el intento. Listo ahora pueden leer a gusto.

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9.- INESTABILIDAD POST VENDAVAL

El día comenzaba a menguar, una fría tarde se adueñaba de la ciudad, envolviendo con su glacial brisa a los ya entumecidos habitantes. Mientras las últimas horas de clases llegan a su término, en la azotea de Seigaku un grupo de jovencitas se batía contra el infernal frío, a la espera de concluir aquella increíble conversación, indagando en cuanto detalle se les ocurría, no obstante, la interrogada intentó omitir ciertos hechos, por vergüenza o prudencia no era claro, pero todavía no quería dejar en evidencia sus sentimientos, pues recién ella los comenzaba ha comprender, así que no había forma para explicarlos.

Debido a lo recientemente ocurrido, las chicas quedaron pasmadas con tal anuncio, no era para menos, no todos los días una de tus amigas te dice que esta casada, y sobretodo estando aún en el colegio. Luego de recobrar el control sobre si mismas, una determinada joven tomó una radical decisión, contrario a todo pronóstico la menor de los Tachibana, se puso de pie, tomando la carpeta entre sus manos, profesó:

¡Sakuno! No te preocupes por nada, yo me encargo de esto – señalando la carpeta.

No dejó tiempo para preguntar, así que salió raudamente de la azotea, dejando a sus amigas con una suma de interrogantes sin responder. A pesar de las dudas, la joven pianista, prefirió olvidarse un poco de todo lo sucedido, es que se hallaba tan aliviada que lo demás, había pasado a segundo plano. Así que sin mucha preocupación se dirigió ha sus clases de música.

En la salida de Seigaku se apreciaba como los estudiantes comenzaban a desalojar la escuela, fue entonces cuando la decidida Ann, logró divisar la solución de su problema, camino rápidamente hacia el chico de ojos violetas, al encontrarse lo único que dijo fue:

¿Dónde esta Echizen? – dejando sorprendido a Momo.

Estas segura que lo buscas a él – con una sonrisa coqueta, que Ann ignoró.

Sí – dijo sin mas – lo siento Momo, pero ahora debo hablar con él – trato de expresar con cariño para no desilusionar mas al chico, que por su cara se vio entristecido.

¿Qué se supones debes hablar con él? – con cierta tono molesto, al ver que su aún amiga no estaba allí por él.

Disculpa, pero es un asunto privado, si quieres saber, después le preguntas a tu amigo – emitió de forma seria, que asombraron a Takeshi.

Está bien, ahí viene – señalando al joven - ¡ey! Ryoma, te buscan – el aludido miró con desinterés, aunque luego se acercó al ver quien era.

¿Qué quieres? – con su habitual tono indiferente.

¡Toma! – le entregó la carpeta – no me caes nada bien, pero tú eres el único que la puede ayudar.

¿De qué hablas? – recibió el documento, abriéndolos para leer los papeles.

Unos instantes de silencio rodearon a los presentes, el joven Echizen comenzaba a percatarse que eran esos papeles, no obstante, aún no comprendía que debía hacer con eso o quizás no quería entenderlo públicamente. Además, porque era Ann quien se los entregaba y no ella, puede ser que eso era realmente lo que le molestaba.

¿Y qué se supone que tengo que hacer con esto? – emitió con fastidio.

¡Pensé que eras mas inteligente! – dijo irónica, pero al ver el rostro de enfado de Ryoma, emitió – sabes perfectamente lo que debes hacer – mirándolo amenazante – si te importa, al menos, un poquito Sakuno, entonces sabes lo que tienes que hacer – sus ojos eran seguros y le indicaban la confianza suficiente como para no rebatir.

Al ver que no sería contradecida, se despidió de los chicos con una leve reverencia, dejando a un Momoshiro en absoluta incertidumbre, aunque una vez alejada volteo para entregarle una coqueta sonrisa al joven de ojos violeta, quien recibió a gusto, no obstante, eso no quito la duda, ya que unas cuanta palabras de ella lograron hacer lo imposible, que Ryoma solo aceptara una orden sin chistar ni maldecir a nadie.

Una vez quedaron solos, el fiel amigo se aventuró a preguntar:

Dime Ryoma, ¿qué fue todo esto y que significa esa carpeta? – intentando cogerla.

¡Nada que te importe! – respondía con frialdad.

¡Te equivocas! – afirmaba serio – si Ann tiene que ver en esto, entonces si me interesa.

Bueno, pregúntale a tu noviecita – ironizaba el chico.

¡No es mi novia! – reclamaba Momo – aunque pronto lo será – bufaba con orgullo – ya dime.

Está bien – dijo con tono apacible, dejando a Takeshi con la boca abierta de asombro.

Quizás era el clima o el día, también puede ser que los planetas estén alineados o definitivamente a Ryoma se le congeló el cerebro producto del frío. En realidad, nadie podía afirmarlo, lo único cierto es que por primera vez, el joven indiferente aceptaba responder sin problemas las dudas de sus amigos.

¡Vamos! – emitió Echizen en son de orden - ¡tengo hambre! - expresó.

¡Eh! – pues aún no creía que fuera tan accesible – como digas.

¿Y Eiji? – al darse cuenta que nadie había saltado sobre él.

¡¿Eiji?! – cuestionaba - ¡Ahh! Se tenia que quedar a no se que – se encogía de hombros.

¡Mejor! – emitió serio, ya que sería un estorbo hablar frente a él.

Se marcharon lejos de Seigaku, rumbo a un lugar donde pudieran comer y conversar tranquilos. En completo silencio caminaban por las concurridas calles de Tokio, el intenso frío arremetía con fuerza sus desnudos rostros, otorgándoles un leve tono rojizo a sus mejillas, mientras un vaho se observaba salir difuso a través de sus bocas.

A pesar del prolongado mutismo, el joven Takeshi no se atrevió a emitir palabras, no comprendía realmente si su discreto amigo hablaría o no de lo ocurrido, pero prefirió no aventurarse ha decir algo, lo mejor era ser paciente hasta ver que haría Ryoma, si nada sucedía, entonces, quizás pronunciaría una pregunta, para evitar dudas se dedicaba a seguirlo y observarlo con detenimiento.

El dueño de los ojos ámbar estaba ensimismado en sus propios pensamientos en donde la extraña conversación con Tachibana lo dejo ausente. En realidad, no estaba muy seguro como proceder, aunque una leve idea empezaba a surgir en su atribulada cabeza, una decisión que cambiaría su vida ¿estaba dispuesto a eso?

"Creo que sí – se respondió, una disimulada sonrisa asomo en aquel rostro impasible – ya quiero ver la cara de todos esos imbéciles, cuando sepan que mi… Sakuno es… solo mía – su mirada brillo con intensidad"

Pensar en lo que sucedería, una vez esta noticia se anunciara, ya no le preocupaba en lo mas mínimo, por el contrario, un fuerte deseo de que esto aconteciera lo invadía, causándole un inexplicable salto en el corazón, que de cierta forma lo sorprendió, pues ya se estaba haciendo habitual que esto pasara cuando la tenía cerca, hasta incluso cuando la veía, pero así no ¿es qué acaso…?

"¿Realmente me estoy enamorando de ella? – suspiró involuntariamente, aunque parecía resignado – ya no me importa, si es eso o no… de todas formas ella es mi esposa… y todos ustedes no son nada, jajaja – se bufaba mas de si mismo, ya que sus pensamientos solo divagaban, pero se negaba ha reconocerlo"

Sin darse cuenta llegaron a una cafetería, zona que no acostumbraban visitar, no obstante, se adentró seguido por un sorprendido Momo, pues supuestamente irían a comer, al menos él si tenía hambre. Entrando por una sencilla puerta de vidrio, lograron divisar un lugar con pequeñas mesas repartidas armónicamente, con un decorado hogareño, se apreciaba que era de aspecto más familiar, incluso romántico, o sea ideal para parejas.

Sin embargo, Ryoma no le prestó el menor interés a eso, así que solo ingreso despreocupado, pues si realmente confesaría su nuevo estado civil, situación que sería de gran sorpresa para Takeshi, este sin duda era el lugar perfecto, pues ninguno de los de Seigaku asistiría a un local como este, a menos que fueran a una cita o algo similar, y si esa fuera el caso, no se molestarían en notarlos.

¡Oye Ryoma! – por primera vez hablaba - ¿qué hacemos aquí? – observaba con recelo la cafetería.

Tomaremos café – espetó sin mas.

¡Eh!... pero tengo hambre – rezongo infantil.

¿Quieres o no que te cuente? – lo desafiaba con la mirada – además, aquí venden pastelillos – señalaba el mostrador.

¡Eso es para chicas! – refutó molesto, pero se saboreo lo que veía - ¡está bien! Pero no le cuentes a nadie.

Después de llegar a un consenso, buscaron un lugar lo mas apartado posible, principalmente de las ventanas, por si pasaba alguien conocido. Luego de unos minutos, mientras esperaban que les trajeran sus órdenes, vale decir, que el dueño de los ojos violeta aprovecho la oportunidad, devorando cuanto pastel le ofrecían, de todos modos sería Ryoma quien costearía los gastos.

Una atmósfera de incertidumbre rodeó aquella pequeña mesa, el mutismo indeseable no daba tregua. Por un lado, el joven esposo comenzaba ha titubear, ya no se encontraba tan seguro de hablar o mejor dicho confesar lo que sucedía. Mientras un ansioso Momo se debatía en preguntar o comer, si erraba su sabrosa comida podría se arrebatada.

¡Y bien! – prefirió hablar - ¿me vas a contar que sucede? - lo desafiaba Takeshi, siendo fijamente observado.

Sí, pero no digas nada ni tampoco interrumpas hasta que termine – dijo amenazante, este asintió pues sabía que si no obedecía, su frío amigo acabaría la charla sin contarle nada.

El joven Momoshiro sorbió un poco de café, como para limpiarse la garganta y así poder tragar lo que Ryoma le fuera ha decir, no tenía la menor idea de lo que le diría, pero sabía que debía ser algo increíble como para que su amigo se tomara la molestia de haberlo traído aquí y más encima de pagar todo lo que él comiera, que como es sabido eso puede ser mucho.

Por otra parte, el joven de ojos ámbar se tomaba su tiempo, decir lo que fuera no era tan fácil, se cuestionaba su forma de expresarlo, ya que no deseaba ponerse en evidencia con Momo, quien solía ser muy perspicaz, por lo cual podría llegar a deducir que él tenía un interés real por la bella Sakuno, por muy cierto que eso pudiera ser, no estaba dispuesto ha admitirlo así como así, al menos no en este momento, suficiente tenía con lo otro.

Sakuno y yo estamos casados – escupió sin más, como si la noticia fuera nada, provocando que su amigo se atragantara con el bocado que recién ingería.

Mientras Momoshiro se encargaba de recuperar el aliento, pues ni siquiera pudo gritar por la impresión, cosa que agradeció Ryoma, este solo continuaba bebiendo de su café, sin prestarle atención al accidentado que tenía enfrente, de todos modos se apreciaba que comenzaba ha regresarle el color al rostro, no obstante, antes que lo colmara de preguntas prefirió hablar.

Como solía ser habitual en Echizen, solo en un breve discurso logró explicar como se hallaba enfrascado es esa inusual situación, además de advertirle que por el instante era conveniente que nadie se enterara, solo profirió que ha su debido tiempo la noticia sería revelada, esto último lo expreso con una casi malévola sonrisa, aunque también podría ser arrogancia.

¡Increíble! – logró esbozar Momo – Imagine cualquier cosa, menos esto, pero cuéntame algo – mirándolo con una sonrisa pícara.

¿Qué quieres? – miró desconfiado.

Ustedes dos… ya han – hablaba mientras hacía un gesto con sus manos, para darse ha entender – tú sabes, eso – decía divertido, ante la desafiante mirada de su amigo – ya no seas egoísta y comparte con tu amigo, ¿hasta donde has llegado con Sakuno? – emitió directamente, al ver que no recibía respuesta.

¡Cállate, idiota!... además, eso a ti que te importa – refutó con furia.

Entonces aún no pasa nada – dijo desilusionado, al notar el leve sonrojo de su amigo, quien al escuchar lo dicho por Momo, no pudo evitar su reacción.

La conversación no perduró más, debido a los indiscretos comentarios de Takeshi, momento en que el joven esposo se arrepentía de haber hablado, pero ya nada podía hacer. De todos modos, agradeció que Eiji no estuviese, ahora que ya tenía la cabeza fría se percató que había sido lo mejor, ya con el tiempo le dirían, pero no por el instante, pues sino mañana todo su escuela sabría la noticia, situación que aún quería reservar para una ocasión específica, que se guardaba para él.

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Simultáneamente en Seigaku, se desarrollaban normalmente las clases de música, realizando los últimos preparativos para el concurso. Ensayando la partitura final, Tezuka observaba fijamente a la fémina del salón, quien interpretaba de forma casi perfecta la melodía, sino fuera por un leve detalle, que no paso desapercibido para su maestro y compañero.

Creo que esto, es todo por hoy – anunciaba Kunimitsu, una vez Sakuno concluyo su interpretación – solo hay que ver unos detalles – profirió con prudencia.

¡Toma Tezuka! – se adelanto Fuji pasándole la carpeta, quien recibió a gusto.

Dime Ryusaki ¿Dónde esta la tuya? – la aludida miró con temor, ella se preguntaba lo mismo, ya que Ann se la llevó y no le dijo ni adonde ni cuando se la traería.

¡Eh! Bueno… mañana en la mañana – dijo apenas, con una mirada suplicante para que nadie cuestionara.

¡Está bien! – comprendiendo la situación – entonces una cosa más… esta última partitura que han tocado es para la competición final, como hemos ensayado 4, tendrán que interpretarlas en ese orden – informaba el maestro.

Veo que tienes mucha fe en nosotros – insinuaba Fuji.

Por supuesto, estoy seguro que ambos llegaran a la final – afirmaba con seguridad – bueno a partir de ahora debemos ensayar las 4, ya que nos quedan apenas 2 semanas, recuerden que las preliminares estarán solo ustedes y los jueces, ningún otro participante verá sus actuaciones, solo en la competencia final habrá público presente – esto fue un gran alivio para Sakuno, ya que aún no se hacía la idea contraria.

¡Que lástima! – emitió el genio - y yo que quería ver a Saku-chan - decía en tono desilusionado.

Unos minutos de información general fueron dados a conocer por Tezuka, tales como los días y horarios de cada una de las presentaciones, además, de posibles eventos adicionales en los cuales deberán participar, aunque todo eso será si llegan a la competencia principal.

¿Tienen todo claro? – pronunció el maestro, ambos pupilos asintieron – Sakuno, necesito que ensayes mejor la última melodía – la chica observaba expectante – escucha, tu interpretación es técnicamente perfecta, pero aún le falta algo.

¿Algo? – cuestionó dudosa – ¿A qué se refiere?

Necesitas encontrar el sentimiento de la historia, así como Fuji – ante los ojos dubitativos de la castaña continuó – cuando escuchaste a Fuji ¿qué sentiste? – intentando darse ha entender.

Ehhhh… una gran pena, era como si alguien hubiera muerto – infería cabizbaja.

¡Exacto! Pues su melodía es eso, trata sobre la muerte de un ser querido y lo que eso conlleva – emitía con claridad - ¿sabes la historia de la tuya?

No, nunca la había oído antes – afirmaba temerosa como si estuviese siendo evaluada.

Te contaré – decía tranquilo – es sobre un soldado de guerra que se enamora de una mujer enemiga, resulta que su batallón debe destruir su poblado y no dejar a nadie con vida, pero antes que eso suceda logra rescatar a la joven sacándola ha escondidas en un camión de transporte, lo único que le pudo entregar como despedida fue un beso, en donde se transmiten todo lo que sentían el uno por el otro, además que sabían que nunca más se volverían a ver – terminaba de contar ante la atenta mirada de Sakuno – bueno eso es mas o menos.

Entonces es una historia de amor – decía levemente avergonzada.

Pues sí, aunque el pick de la música es cuando se despiden, es donde se debe transmitir tanto amor como pasión y deseo, ya que supuestamente era la primera vez que se besaban, pero también la última – informaba a su discípula.

Todo esto logró confundir a la joven pianista, debido a la inminencia de tener que lograr expresar aquellos sentimientos que aún le eran desconocidos, si lo analizaba, entendía el concepto y lo que ellos provocaban en los afectados, pero no era algo que hubiese experimentado en carne propia, totalmente neófita en asuntos de este tipo.

Si tienes algún problema, yo te puedo ayudar con eso – emitía el genio con sus misterios y seductores ojos celestes, que al igual que Tezuka ya se había percatado de la inexperiencia de Sakuno.

¿Cómo puede ayudarme? – preguntó con toda inocencia.

No creo que sea preciso – miró con recelo a Fuji, quien sonrió divertido – Sakuno, es mejor que te vayas, deben estar esperándote, y encuentra por ti misma la fórmula, de seguro alguien de tu confianza pueda ayudarte, pero se precavida – intentado que comprendiera la situación.

Aunque el genio hubiese intentado seguir con sus insinuaciones, el reservado maestro no le habría permitido hacerlo, pues conocía de sobra las posibles ideas que este tenía en mente para ayudar a la ingenua alumna. Por otro lado, Syusuke tenía claro que su maestro no le dejaría avanzar más pero de todas formas podía continuar con el jueguito de seducción, aunque ya le estaba costando más de lo que pensó.

Desde que comenzó a merodear a la bella pianista, un sin fin de circunstancias le estaban impidiendo lograr su objetivo, a pesar de que ella era una chica ingenua, no era fácil convencerla de confiar plenamente en él, culpaba de esto a Ryoma aun sin conocer que relación había entre ellos, pero notaba que cierta influencia ejercía en Sakuno, de todas formas no se daría por vencido ya que hasta el momento ninguna chica se le resistía tanto tiempo, y esta no sería la primera vez.

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La fría noche se hacía presente, así que debía dar solución a esto cuanto antes, principalmente, porque la fecha límite para la entrega de esos documentos era inminente, además que para él también era importante que Sakuno participara, no por nada la había estado ayudando todo este tiempo. Luego de despedirse de su fastidioso amigo, realizó una breve llamada y continúo su rumbo para encontrarse con cierta persona.

Llegando a un edificio del centro, subió tranquilamente hasta el tercer piso, con total desenvoltura entró sin problemas, dirigiéndose rápidamente hacia el cuarto en donde lo esperaban, golpeo para anunciarse, una vez recibido respuesta atravesó aquel umbral, logrando ver aquellos dos pianos que tantos recuerdos le proporcionaban, hasta que despertó de sus sueños para saludar a quien visitaba.

Tanto tiempo – reverenciando levemente - ¿Cómo has estado, Tezuka? – dijo con seriedad.

Bien, gracias – emitió - ¿Y que te trae por estos lados? No me digas que piensa volver a tocar – observo esperanzado.

Para nada, solo vengo a entregarte esto – pasándole una carpeta – y a pedirte un favor.

Tú dirás – mientras recibía la carpeta que ya reconocía.

Unos cuantos minutos fueron necesarios para que el joven músico expresara su solicitud, sin explicaciones extras o preguntas curiosas, como era de esperarse de ellos solo breves comentarios.

Comprendo – aceptó Tezuka – y estoy de acuerdo contigo.

¿Pero? – al notar la mirada dubitativa de su antiguo mentor.

Pero no quiero problemas, y menos que Sakuno salga dañada, ella es una excelente chica, además de pianista – decía con seriedad – supongo que tú opinas lo mismo, por eso la has estado ayudando ¿o me equivoco?

Veo que te diste cuenta – sonreía con displicencia.

Por supuesto, conozco perfectamente tu forma de tocar, aunque me gustaría verte nuevamente hacerlo – decía con solicitud.

Por el momento dejémoslo así – mirándolo con seriedad, al ver que asintió, emitió – en cuanto a tu preocupación por ella, no pienso hacer nada por lastimar a mi esposa – profesó con seguridad – solo quiero estar presente cuando él se entere que Sakuno es mi mujer – Tezuka solo negó con la cabeza, pensando en lo infantil que pueden ser estos chicos, tanto tiempo y las rivalidades no acaban.

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Posteriormente de haber hablado con su ex maestro, el dueño de los ojos ámbar se dirigió pausadamente hacia su casa, si bien en un principio se negaba a divulgar su relación con Sakuno, el solo hecho de haberlo asumido, aunque solamente fuese en parte, le entregaba un inmenso y satisfactorio alivio. Así que la gran dicha de esos momentos solo se veía enfriada por la invernal brisa que lo cubría, pero eso no importaba, ahora quería regresar pronto para contarle a su esposa lo sucedido ¿Quién lo diría?

Ingresando tranquilamente por el umbral de su residencia, una conocida melodía llego a sus dotados oídos, la primera imagen que veía en su mente fue la hermosa vista de su esposa, sin embargo, a medida que avanzaba, una perturbadora figura cruzó su cabeza, ya que la forma de tocar aquel piano era indudablemente conocida para él, aunque esperanzado que sus habilidades estuviesen mal y así errar en su deducción.

Mientras Kawamura lo recibía como era habitual, decidió ir a comprobar por si mismo si su reciente pesadilla era real, no se molesto en preguntarle al mayordomo, pues quería dilatar al máximo la situación, como si esa acción fuese a impedir los hechos. De todos modos se negó a creerlo hasta corroborar sus miedos con sus propios ojos.

Sin embargo, cuando estaba suficientemente cerca unas voces lo sacaron de su trance, como tal ladrón se aproximo con sigilo para no ser detectado, posando su oreja en la puerta intento escuchar de quienes se trataba, aunque la dulce voz que cada mañana lo despertaba lo convenció que uno de ellos era su linda esposa.

No obstante, esto no permitió calmarlo en lo absoluto, pues aquella otra persona se hallaba muy confiadamente relacionándose con su Sakuno, así que decidió abrir con cautela la puerta, quizás deseaba descubrirlos in fraganti en alguna cosa extraña, aunque solo fuesen sus ideas o celos absurdos por tal situación.

Al ingresar al salón, su molestia aumento considerablemente, ya que los presentes ignoraron por completo su presencia, su enfado fue mayor al corroborar de quien se trataba, algo que ya sabía, pero ilusamente quería negar. Estático en el umbral, observando como una desagradable intimidad parecía haber en la pareja, ya que se encontraban cómodamente sentados en la misma butaca ¿Qué acaso no había otro asiento?

¿Se puede saber que hacen? – con tono irascible, asustando a la pareja.

¡Ryoma! – emitió avergonzada la castaña.

Hermanito, hasta que al fin llegas – con un tono alegre expresaba – que clase de marido eres dejando tan sola ha tu esposa – bufaba para molestar a su pequeño hermano.

Ryoga ¿qué haces aquí? – espetó con enfado.

Esa es forma de saludar a tu hermano mayor – decía con una gran sonrisa en su rostro.

Echizen Ryoga, un joven sociable de expresión saludable y amistosa, su parecido físico con el más joven de la familia es indiscutible, aunque sus rasgos son un poco más varoniles y adultos, siendo levemente más alto y esbelto, dotado de la característica arrogancia heredada por su padre, pero el afecto afable de su madre.

Vino a pasar las festividades – interfirió la fémina, al ver que los jóvenes se enfrascaban en una infantil disputa.

Gracias linda cuñadita – entregándole un cariñoso abrazo, causando un leve sonrojo en ella y nuevamente despertando los celos de Ryoma.

El mayor de los hermanos permanecía casi todo el tiempo en el extranjero, perfeccionando sus estudios para en un futuro hacerse cargo de los negocios familiares, así que era normal que se presentara en este tipo de fechas, a veces hasta durante las vacaciones de verano, pero no era recurrente. Por tanto, Ryoma ya debería estar acostumbrado a esto, aunque siempre fingía que le molestaba la presencia de su hermano, no tenían una mala relación, solo que la llevaban a su modo, es decir, al modo Echizen.

No se como pudiste tener tanta suerte, de encontrar una mujer tan bella como tu esposa – sin soltar del agarre a la castaña, estrechando aún más la cercanía, logrando que la sangre de Ryoma hirviera de rabia – si fuera mi mujer no la dejaría sola, de seguro hay muchos interesados – miró a su hermano desafiante.

Déjate de estupideces – expulso colérico – y ¡suéltala de una vez!

Jajaja… no sabía que podías ser tan celoso ¡hermanito! – colocándose de pie se encaminó hacia su hermano – bueno hermosa Sakuno después si quieres te puedo seguir ayudando – volteo para guiñarle un ojo a la chica.

¡No es necesario! – dejó escuchar el ojos ámbar – soy yo quien le ayuda – expresó con severidad.

Entonces, deberías haberle ayudado con esto – pasándole la partitura que ensayaban – aunque si no puedes con gusto le enseño yo, tengo métodos infalibles para esto – la última frase la emitió con un tono lujurioso, mientras se saboreaba sus labios.

¿De qué hablas? – con cierto recelo vio la partitura, pero no comprendió las insinuaciones de su hermano.

Después pregúntale a ella, creo que ya es hora de cenar – saliendo tranquilo del salón, no sin antes emitir – si tú no le enseñas, estoy seguro que habrá más de un candidato para hacerlo, incluso yo – una seriedad absoluta en sus palabras.

Esperando que su hermano abandonara el lugar, comenzó a indagar en la obra musical, intentando comprender porque Sakuno necesitaba ayuda, además, de las insinuaciones de Ryoga que no entendía a que de debían, pues él solo veía un conjunto de notas que no requerían tanto trabajo para interpretarla. Alzo su vista para localizar a la chica, quien lo observaba con cierta timidez.

¿Por qué Ryoga dijo eso? – resolvió preguntar aunque el tono carmesí en las mejillas de su esposa lo descolocó.

Una gran duda lo envolvía al no tener certeza de la reacción de ella, ¿es qué acaso su hermano hizo algo? ¿Pero que le habrá hecho? ¿Por qué se preguntaba toda estas cosas? Sentía como una nubosidad oscura invadía su mente, aunque algo lo tranquilizaba el hecho de que Ryoga no era un pervertido como su padre ¿y si ahora lo era? Comenzaba ha formarse un nudo en su cabeza.

¿Por qué no tocas? – terminó por decir, era mejor escucharla para entender.

La bella chica se acomodó en la butaca, mientras agarraba su largo cabello para simular un moño. Cada gesto realizado era atentamente seguido por el menor de los Echizen, una especie de magnetismo provocaba ella en sus ojos, pues aunque lo hubiese querido no los podía haber apartado de la delicada figura que deleitaba su mirar.

Aquella fascinante escena que presenciaba, fue interrumpida por la lluvia de notas que comenzaron a surcar el salón, sus oídos dispuestos para atrapar cada una de las notas emitidas, sin embargo, a medida que se introducía en la música, un indicio de lo insinuado por su hermano lo alerto. Algo faltaba a esa interpretación y en su torturada mente una idea daba inicio.

¡Para! – dijo tranquilo - ¿qué te dijo Tezuka de esto? – ya formulaba una idea en su cabeza.

Que me falta el sentimiento – agacho su rostro avergonzada, pues Ryoga ya le había dicho como encontrar lo que necesitaba.

¡Sentimiento! – emitió afirmando al corroborar sus ideas - ¿Sabes de que se trata la historia? – su respuesta vino expresada en un nuevo sonrojo de la chica – veo que sí y ¿cuál fue el consejo de Tezuka? – preguntó dudoso.

Debo encontrar como… tocar con… amor… pasión y… deseo – intentando articular las palabras que tanto la intimidaban.

¡Entiendo! – afirmó Ryoma, quien comenzaba ha entender las alusiones de su hermano.

Obviamente jamás permitiría que Ryoga o ningún otro hombre le enseñaran a su esposa, el significado de esas palabras. ¡Stop! ¿Tendría que hacerlo él? Definitivamente, alguien estaba divirtiéndose ha costa suya, no sabía si los dioses estaban a su favor o en contra, ya que tener que ayudar a la causante de que sus hormonas estuviesen revolucionadas, podría tratarse de un juego muy peligroso, pues ¿quién iba a impedir que no quisiera más que un beso? ¿Ella estaría consciente de lo que provoca en él?

Realmente eran muchas cosas en las que tenía que pensar, pero no estaba seguro si tenía el tiempo para eso, como dijo su hermano existe más de alguno que estaría dispuesto a colaborar en la tarea, enseñarle a su esposa lo que significan esas palabras. Pensándolo bien era mejor actuar ahora, aunque no estaba dispuesto a demostrarlo abiertamente, así que se debatió entre dos opciones, ni la una ni la otra lo convencían del todo.

Por un lado, la forma más eficiente era besarla con todo lo que tenía, convencido que si lo hacía ella aprendería muy rápido, el solo imaginarlo le hacía vibrar por dentro, es decir algo tentador pero peligroso de asumir. Por otro parte, la segunda opción era que él mismo interpretara la melodía, situación que le complicaba, ya que hace unos años había decidido nunca más acercarse ha ese instrumento, pero que inexplicablemente la castaña lo había empujado ha eso, inconscientemente lo había obligado a volver a la música que tanto extrañaba.

Definitivamente, aquella mujer logró obtener una influencia real en su persona, no había caso intentar comprender por que, así que suspiró resignado para dirigirse al piano que tanto se negó a tocar, sorprendiendo incluso a su esposa, ya que en más de una ocasión le pidió que tocara algo, pero este fríamente le decía que nunca lo haría, decepcionándola en cada negativa.

Observado minuciosamente por los expresivos ojos carmesí, se acomodo en la butaca dando inicio rápidamente a la interpretación, como si no quisiera retardarlo más o arrepentirse de hacerlo. Un golpe en el corazón de Sakuno la sorprendió, cada nota emitida retumbaba en su cuerpo, además, de gozarse por tan grata escena, la figura masculina que a sus ojos se presentaba eran de total imponencia, como si de un reconocido maestro de la música se tratase.

Instintivamente cerró sus ojos logrando enfocar en su mente la varonil figura de Ryoma. Su mente comenzó a viajar en recuerdos pasados, principalmente cuado estuvo apunto de ser besada por aquel hombre que tantas emociones le inducía, sin poder explicarlo su cuerpo empezó a reaccionar a esta música, una situación insólita que provocaba que su pecho se oprimiera por la presión, bombeando a tal velocidad que temía que en algún momento quedara paralizada por la excitación.

Súbitamente aquellas placenteras emociones le fueron arrebatadas de golpe, pues el renacido pianista había acabado su interpretación antes de tiempo, pues también se encontraba en similares condiciones que la castaña, no logrando canalizar los deseos que se formaban en su interior. Colocándose en pie frente a ella, la miró para ver si había entendido como debía tocar, ya que no veía como se lo podía explicar en palabras. Sin embargo, una sorprendente respuesta llegó a sus oídos, dejándolo totalmente paralizado.

Ryoma… ¿tú me besarías? – palabras que sin pensar emitió.

Sintió tal impresión que comprobó que la única forma de aprender era esa, aunque al momento de escucharse su corazón dejo de latir, ya que tan atrevida declaración no era normal en ella. Un silencio abrumador se dejó caer entre los jóvenes, solo el ruido lejano de los habitantes de la mansión podía ser oído. Las siguientes palabras dichas por Ryoma, no tenían explicación clara, podrían ser por celos o por sus propios temores, quien sabe.

No te importa quien te bese ¿verdad? – frialdad total en sus frases y mirar – ¿a quién más le pediste que te besara?... Syusuke, Eiji o mi hermano – ácidas palabras que no pudo evitar decir.

Lo… sien… to – un sollozo dejo escapar, para salir corriendo del lugar, no esperaba que Ryoma fuese a decirle tan hiriente comentario.

En el instante que la vio huir, reflexiono sus dichos, maldiciéndose por sus estúpidos comentarios, pero no pudo impedirlos, el solo hecho de imaginarse a Sakuno siendo besada por otro espécimen masculino, le hizo arder la sangre de celos, rabia e impotencia, por que él mismo no tenia el valor para reconocer que anhelaba ser el único privilegiado en probar aquellos tentadores labios.

Una dolida chica quería escapar, se sentía ridícula, no obstante, en los pocos segundos que pasaron un fuerte agarre la detuvo con brusquedad. Ambos quedaron estáticos sin poder saber como reaccionar, un sonido retumbante los envolvía, el acelerado latido de sus corazones se interponía entre ellos. Todavía sin expresar palabras, sus miradas se encontraron, aquellos ambarinos ojos divisaron las enrojecidas orbes de la castaña, que encendieron sus instintos masculinos.

Arrepentido de sus comentarios, pero sin saber como disculparse, lo único que pudo hacer en su favor, fue capturar con posesión aquellos delicados y carnosos labios femeninos, al contacto de ellos una fuerte arremetida de emociones incandescentes, surgió del interior de sus cuerpos, bañados por un torrente de olas de calor, comenzaron a reconocerse torpemente, una avergonzada mujer inexperta, por instinto logró posicionar sus brazos alrededor del firme cuello de Ryoma.

Mientras las atrevidas manos masculinas buscaban una posición más íntima, delicadamente consiguió encontrar una abertura en la cintura de la fémina, con sus cálidos dedos dio inicio a unas suaves caricias en aquella piel tersa y desnuda de su espalda, estremeciendo entera a la joven mujer, sin querer separarse se aferró con fuerza ha su cuello, aventurándose a generar relajantes mimos, que erizaron por completo al joven esposo.

Un solo beso logró despertar el deseo entre ellos, con una osadía normal en el dueño de los ojos ámbar, mordió con ternura los labios de ella, en forma de solicitud para adentrarse en aquella virgen cavidad, un leve gemido le indicó la invitación que anhelaba, con una curiosa lengua paso a posicionarse de su interior, recorriendo con destreza los nuevos terrenos, dejando una indiscutible marca de propiedad.

Un cúmulo de sensaciones los embargaba, con una pasión que a cada caricia se intensificaba, abandono aquellos fogosos labios, para comenzar una desvergonzada travesía por el fino cuello de Sakuno, quien emitió un leve quejido de reclamo, que pronto fue callado por los húmedos besos que avanzaban por su piel, ambos se encontraban extasiados por tan exquisita actividad, sus mentes vagaban en un universo alterno, lejos de su actual realidad.

Apartados de cualquier suceso externo, se dejaban bañar por estos nuevos deseos, permitiéndose explorar sus ardientes bocas, sin preocupaciones futuras solo se dedicaron a disfrutar enteramente este preciado momento. Aquella simple acción los transporto a un ensueño placentero, sus fuertes deseos les impedían reaccionar con cordura, alocadas palpitaciones comenzaban a retumbar en sus cuerpos, que a cada instante entorpecían su respirar, los tímidos gemidos de la castaña excitaban peligrosamente a Ryoma, que nada podía hacer, solo continuar generando aquellos exquisitos sonidos en ella.

Un deleite para ambos, la cercanía era insuficiente, pero el lugar inapropiado, ya que en cualquier momento podían ser interrumpidos. Instintivamente se alejaron con esfuerzo, la joven no podía más con su vergüenza, sentía como su temperatura corporal le entregaba un resaltante tono carmesí ha su rostro, además, de notar varios cambios en su cuerpo, que nunca antes había tenido, se sintió expuesta al escrutinio penetrante de su esposo, así que tímidamente se cubrió su cuerpo como si hubiese estado desnuda, intentando poco a poco recuperar su respiración.

Por otro lado, el dueño de los ojos ámbar no estaba en mejores condiciones, pues un notorio efecto en su cuerpo se dejó asomar, agradecía que Sakuno fuera tan ingenua y no se diera cuenta de esto, aunque no tenía claro como calmaría sus deseos, pues una fiebre incandescente hervía en su interior, un solo beso basto para explotar un fuego que no sería apagado hasta probar todas las delicias que esa mujer tentadoramente exhibía frente a él ¡Demonios! ¡Se encontraba totalmente bajo el hechizo de su "inocente" esposa!

Acaban de ser rotas todas las barreras impuestas por ambos, luego de tan fogosa expresión no podrán volver atrás, que hacer con esto y como comportarse desde ahora, es algo que tendrán que averiguar, dejarlo pasar o enfrentar lo que sienten es algo que no podrán obviar. Considerando las circunstancias profesor y alumna practicaron fervientemente una novedosa metodología de aprendizaje, de seguro a Sakuno no le quedará duda de cómo deberá interpretar la obra musical… ¿A quién no le gustaría aprender de esta manera?

Hasta la próxima…

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Al fin terminó este capitulo, creo que me salió un poco más largo, es que me costo un poco entrelazar las ideas, pero son cosas que deben pasar para que la trama funcione, no me gustan los huecos en la historia, espero no haberlas aburrido, en todo caso continuaré esforzándome para que siempre halla algo interesante que leer, en cada capitulo.

Avances: ni idea, tengo varias cosas en mente, pero aun nada escrito, así que tendrán que esperar mientras ordeno lo que tengo, hasta otra, nos vemos la semana que viene, sorry para aquellas que esperan antes, pero es bueno mantener la expectativa ¿Cierto? Chao