Noveno capítulo... quien lo diría. Una diculpa de nuevo por tardar en postear, estoy terminando semestre en la Universidad y no me había dado tiempo de escribir. En cuanto pueda actualizo los otros dos fics.

Besos.


Rin esperaba en una posada de una ciudad cercana a Kyoto, su hermana mayor había avisado que pasaría por ahí antes y había decidido ir a recibirla y hablar con ella.

Había pasado un verano de ensueño con Sesshomaru, se vieron casi de a diario en la casa de té y cada vez que podía la abrazaba y besaba. Sus beso serán intensos, casi salvajes que le dejaban entrever a ella lo mucho que deseaba más.

Debía hablar con Loto para medir la situación, Sesshomaru había decidido convertirse en su danna y no sabía cómo lo iba a tomar su hermana mayor, ya sabía de sobra que eso no iba con los planes de la geisha.

Cuando por fin escuchó a su hermana llegar a la posada, Rin salió a recibirla y abrazarla y ella le correspondió de la misma manera. La geisha lucía algo cansada pero feliz y luego de subir sus maletas a la habitación, se sentaron en una sala tranquila a disfrutar de una taza de té.

- Espero que te hayas divertido en mi ausencia – dijo Loto a su hermanita.

- Mucho, la boda de Aome e Inuyasha fue preciosa, están muy agradecidos con el regalo – y le habló de algunos detalles de la fiesta y la ceremonia.

- Hay algo que te incomoda, pero no alcanzo a ver qué es… ya que todo esto me lo habías podido contar en la casa – dijo Loto de manera afirmativa.

- Perdí la amistad de Kohaku.

- ¿El exterminador que llevaba un fragmento de la perla?

- Ese mismo, no le gustaba como me veía… básicamente lo le gusta nada de lo que soy ahora.

- Existen personas que no pueden con el cambio, prefieren hacerse ciegas y fingir que nada pasa y cuando el cambio les da de lleno no saben qué hacer o simplemente se alejan de él.

- Creo que se a lo que te refieres – y la aprendiza recordó como el exterminador simplemente quería que se fuera con ella sin ningún plan.

- Pero bueno – dijo Loto – no me has contado qué pasó con Sesshomaru, ¿o me vas a decir que no lo viste en todo el verano mientras el gato no estaba? – Rin sonrió y se sonrojó al recordar todo lo que habían hecho en el verano y comenzó a contarle lo sucedido en la boda y de regreso en Kyoto. Loto sonreía, evidentemente satisfecha, de que sus planes hubieran funcionado como ella quería.

- Por cierto, hay algo que quiero preguntarte Loto – dijo Rin a su hermana.

- Dime Aiaru.

- ¿Por qué pediste que cambiaran mi banda roja del cabello por una blanca? – Loto se quedó un momento ordenando sus ideas antes de responder.

- La razón principal es que dije a todos en Kyoto que durante los días de la boda habías ido a entregarle tu mizuage a un cliente muy importante – Rin se quedó mirándola sin habla e impresionada.

- ¿El cliente importantes sería Sesshomaru? – preguntó luego de unos momentos.

- Si – dijo Loto sirviéndose más té.

- Pero… él no me tocó ni mucho menos, bueno... nos hemos besado… y mucho – Rin se sonrojó ante el recuerdo de los besos de su Sesshomaru a lo que Loto sonrió divertida y añadió:

- Entonces es tan caballeroso como esperaba. Lo que hice fue principalmente para quitarte clientes indeseables y las razones son muy simples Rin. La primera y más importante es que tú no tienes necesidad de venderte al mejor postor, no tienes deudas y desde hace tiempo lo único que acumulas son ganancias. La segunda tiene relación con la primera, nosotras no vendemos nuestro cuerpo, si quieren algo así es mejor que bajen al otro distrito, al creer que ya entregaste tu mizuage, muchos hombres dejarán de buscarte, pero conservarás a los que de verdad son tus clientes y no a aquellos que se interesan solo por tu virginidad. Y la tercera… seamos honestas Rin, tú no deseas entregarte a nadie que no se a Sesshomaru, lo cual está bien, yo solo me he entregado a dos hombres… bueno a un youkai y a un hombre en mi vida.

- Acerca de eso, hay algo más de lo que necesita hablarte.

- Eso es lo que estaba esperando.

- Sesshomaru y yo hablamos y decidimos que cuando me convierta en geisha él será mi danna.

- ¿Tu danna? ¿Nada más?

- Loto por favor, no me niegues esto.

- Tu mereces ser más que eso – Loto comenzaba ya a pensar en una serie de cosas que le diría al youkai en cuanto lo viera.

- Deja que todo fluya poco a poco…

- El fuego no espera a nadie, arrasa con todo no lo olvides… pero supongo que puede comenzar como una pequeña e inocente llamita… - dijo Loto comenzando a trazar un nuevo plan.

- Además a él no le gustan los seres humanos, esto de por sí ya es un gran paso para él… por favor, soy muy feliz con esto y a futuro veremos.

- De acuerdo, pero de todas maneras tendremos que hablar.

- Me lo imaginé, mañana irá a verte a casa.


Sesshomaru llegó un poco antes que las geishas y esperaba a ambas en la salita de té de casa de Loto, Rin entró sola y se acercó al youkai quien no perdió tiempo y la tomó con suavidad del cuello y la acercó para besarla de manera posesiva e intensa, le parecía sorprendente el haberse acostumbrado tan rápido a los besos de ella, tan deliciosos e inocentes que a la vez respondían al deseo que él tenía por ella con entrega.

- ¿Y Loto?

- Fue a refrescarse y en un momento está contigo, a mi me mandó a hacer unos encargos – respondió Rin sin aliento.

- Entonces tengo tiempo – Sesshomaru la tomó de la cintura atrayéndola hacia él y volvió a besarla en los labios. Unos momentos después de que terminara de besarla, Loto descorrió la puerta y entró.

- Buenas tardes Sesshomaru-sama – dijo haciendo una reverencia – me alegra mucho que hayas acompañado a mi hermanita en mi ausencia – dijo sonriente y divertida al ver como las mejillas de Rin se encontraban rojas como manzanas.

- Bueno, yo me voy a hacer los recados que me pediste hermana – Rin ya se iba a levantar cuando Loto le recordó sus modales, de lo aturdida que la dejaban los besos de Sesshomaru muchas veces se olvidaba de reverencias y protocolos.

Luego de que Rin se fuera, la criada llevó una tetera y dos tacitas con algo que olía como infusión de jazmín y los dejó solos.

- Me imagino que ya habló contigo – dijo Sesshomaru.

- Si, ya lo hizo – respondió la geisha – me agrada el plan para ella y estoy de acuerdo, solo tengo algunas observaciones. No te preocupes, no es algo que tengas que hacer, sino más bien algo que cualquier ser del sexo masculino debe recordar sobre una geisha.

- ¿Y qué es eso?

- Primero, las geishas no somos esposas y aunque el danna tiene más derechos que el resto de los hombres, no es dueño de la geisha y no solo debe pagar generosamente por verla, sino también aceptar que verá a otros clientes.

- ¿Por qué tiene que ver a otros clientes?

- Porque tú eres su danna y ella tu geisha y esas son las reglas – dijo Loto terminante -. Ahora segundo, de su mantenimiento no necesito decirte mucho, de eso ya has aportado y supongo que lo seguirás haciendo – Sesshomaru solo asintió –. Y tercero, quiero que la hagas feliz, le he tomado mucho cariño a esa niña y no toleraría que la lastimara, ni tu ni nadie.

- Eso es algo que yo tampoco permitiría – respondió el youkai.

- Entonces estamos de acuerdo – dijo levantando la tacita hacia él - y nada de buscarla a mis espaldas, no te voy a impedir verla, pero como a ti no me agradan las traiciones.

- Tú sabías que en estos días la iba a buscar – afirmó él.

- Lo esperaba, por cierto hay algo que me gustaría saber, Rin me dijo que no te gustaban los humanos, es más creo haber escuchado que nos desprecias, ¿por qué? ¿Tiene que ver con lo de tu papá?

- Los seres humanos son débiles, por eso los desprecio.

- Luego de todo lo que has visto, ¿aún crees que somos débiles? Creo que un ser tan poderoso como tú debería mirar más allá y ver el potencial que un ser humano puede tener… en específico que Rin puede tener.

- ¿Y qué tiene que ver ella en todo esto? – Loto puso los ojos en blanco con una mirada de fastidio.


¿Cómo le va a hacer Loto para que Sesshomaru se de cuenta de lo mucho que vale Rin y del potencial que tiene? Para eso ya tiene un plan...