Hola a todos, muchisimas gracias por sus comentarios y también a quienes lo leen. Un día después de lo habitual, lo siento pero me fue imposible terminarlo antes, como recompensa es un poco mas largo que los anteriores, como resulto, bueno a mi me gusto, siempre se puede mejorar, pero es lo que hay... Ahora a leer
11.- LLUVIAS DE FUEGO
Un manto azul gobernaba en el firmamento acompañado fielmente por suaves y relucientes rayos de sol, sino fuera por la nevazón de la noche anterior, caminar bajo aquella esperanzadora luz sería todo un placer, pero las glaciales ventoleras que circulaban por las calles, eran un enemigo acérrimo de cualquiera que osara pasear por la ciudad.
No obstante, son muchos quienes deben salir de sus cómodos y cálidos hogares, vidas que vivir, tareas que hacer, un sin fin de actividades que no pueden ser detenidas por la inestabilidad del tiempo. Hoy será un inusual día, se llevara a cabo una gran fiesta en el centro de eventos Shibuya, en donde muchos deberán asistir solo por obligaciones sociales y comerciales, quieran o no su concurrencia es prácticamente obligatoria.
Uno de los principales invitados era la familia Echizen, su presencia siempre es muy esperada, no solo por su importancia en los negocios, sino también, por poseer dos hijos solteros, en edad suficiente para comprometerse con alguna dama disponible, ambos hermanos son bastante cotizados en el ambiente. En estos momentos, el más solicitado es Ryoga, ya que será el próximo sucesor de su casa, además, de ser lo suficientemente adulto como para casarse lo antes posible.
Aunque Ryoma recién comienza su etapa adulta, los ojos de padres de familia ya están puestos en su persona, pues es mejor asegurarlo antes que escoja esposa, aun no siendo el primogénito es sabido que junto ha su hermano tendrán los mismo derechos en los negocios, solo que Ryoga los asumirá mucho antes, después de todo no deja de ser un Echizen.
Buen día, Sakuno – saluda con alegría Rinko, quien ya se encontraba desayunando.
Buen día – emitió tranquila – necesito… preguntarle algo – expresó con timidez.
Dime hija, que deseas – decía con amabilidad.
Es que hoy… bueno, Tomo y Ann – intentaba hablar, pero su garganta impedía emitir palabras seguidas.
Tus amigas vendrán hoy ¿Cierto? – dijo sonriendo, al ver el rostro sorprendido de la joven aclaró – lo que pasa es que Ryoga me contó y me parece una estupenda idea, hace mucho que quería conocer a tus amigas, me alegra que por fin las traigas – expresaba con tanta emoción que lograron tranquilizar a Sakuno.
Gracias…
Pero que dices, si esta es tú casa, puedes invitar a tus amigos cuando gustes, es lo mismo que le dijo a Ryoma, pero nunca lo hace – lo último lo dijo un tanto apenada – me encanta que nos visiten, sobre todo jóvenes tan guapos y simpáticos como ellos.
El desayuno transcurrió sin mayor novedad, principalmente por que los varones de la casa no estuvieron presentes. De todos modos, el día avanzo rápidamente así que la hora para comenzar a prepararse para la fiesta llegó, inesperadamente la casa se trasformó de un apacible lugar a uno completamente alborotado, principalmente por las bulliciosas chicas que habían hecho aparición, hasta la mamá de Ryoma estaba entre ellas, ya que podía compartir con mujeres que entendieran sus demoras en arreglarse, siempre tan cuestionadas por su marido.
Guauaua Saku… así que es aquí donde duermes – con suma emoción comentaba Tomoka – es un cuarto muy lindo.
Tomo-chan compórtate, por favor – avergonzada decía Ann, aunque igual de encantada que su amiga.
Es que estoy muy feliz que Saku nos halla invitado – recorriendo cada rincón.
Pero si fuiste tú quien se invitó sola – le reclamaba Ann.
¡Ay! Eso es un detalle, ya estamos aquí… así que déjame disfrutarlo – ignorando a su amiga – solo me falta una cosa – mirando con emoción a la dueña de la casa.
¿Qué pasa Tomo-chan? – cuestionaba la chica.
¿Dónde duerme mi príncipe¿podrías mostrarnos su cuarto? – sus ojos brillan con intensidad - ¿se encuentra en casa?...
Oye Tomoka no crees que son muchas preguntas – la interrumpía Tachibana – además, no vinimos a eso.
Por unos minutos más, aquellas dos invitadas estuvieron en un divertido debate, hace mucho tiempo que la joven de ojos carmesí no disfrutaba tanto una de estas conversaciones, principalmente, por que ahora ya no tenía nada que ocultarles, así que las preguntas de su insistente amiga, aunque incómodas podía ser franca y contestarlas.
Chicas – las llamaba la castaña – gracias Ann por preocuparte, pero no es necesario, Tomo puedes preguntar lo que desees – les entregó una gratificante sonrisa.
Vez Ann, a Saku no le molesta – la miraba triunfante.
Como quieras – emitió resignada.
Entonces, me dirás lo que te pregunté – abriendo sus ojos dichosos.
Sí, primero parece que salió con Momo – mirando a Ann cómplice, pues ella ya sabía eso.
Perfecto, entonces llévanos a su cuarto, quiero ver donde mi príncipe duerme todas las noches, ayay que bien que traje mi cámara – empezando a buscarla entre sus ojos.
Estás loca, acaso no tienes respeto por su esposa – decía Tachibana divertida.
Lo siento, Saku… que… perdón – al percatarse de su atrevimiento – será mejor que no vayamos a su dormitorio – emitía con tristeza.
No te preocupes Tomo-chan – expresaba con sinceridad – en todo caso ya estamos… en su... cuarto – casi en un susurro por la vergüenza.
Ok… mejor comencemos a prepararnos – hablaba la chica del lunar, sorprendiendo a sus amigas por no escuchar un grito de asombro, hasta - ¿Qué, QUEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE? – se dejo oír por toda la casa.
Se podría decir que este era el último de los secretos que tenía Sakuno con sus amigas, pues ella les contó la historia tal cual, entonces las chicas supusieron que como todo era un arreglo para engañar a Sumire, obviamente, vivir como normalmente viven los recién casados, no era algo que hubiesen asumido así por que sí, aunque Tomoka solía hacer sus comentarios, no le daba tiempo a la joven esposa de explicarse, pues Ann terminaba interrumpiendo, es decir, fin de la conversación.
No me lo creo, duermen juntitos en esta cama – atónita expresaba – pero aún no pasa nada entre ustedes – logrando sonrojar a su amiga – si fuera yo… – se reía de forma escandalosa Osakada.
Tomoka ya para, solo a ti se te ocurre decir esas cosas – decía Ann un tanto avergonzada por las insinuaciones de la chica.
¡No te hagas la santita, Ann! – mirando con picardía – apuesto que te gustaría estar en la situación de Saku, claro si tu marido fuese Momo.
¡No digas tonterías! – grito avergonzada – Momo y… yo recién… somos novios.
Lo que no quita que quieras estar con él, jajajaja – decía divertida – bueno será mejor que comencemos… ¿cómo sabes si esta noche tienes suerte? – dando una mirada insinuante a la joven esposa – creo que esta cama puede tener más de un uso – reía a carcajadas al ver el rostro de las jóvenes, quienes estaban completamente rojas.
Entre conversaciones y arreglos de fiesta llegó la hora en que debían partir, aunque para Tomoka fue una gran desilusión al no tener la oportunidad de ver a Ryoma, de todos modos estaba feliz, a pesar de todas sus diversas locuras se encontraba muy complacida, con que su inocente amiga estuviese casada con su príncipe, razón por la cual se esforzó al máximo, para que la bella chica realmente se viera hermosa.
Nadie podía negar que aquella chica extrovertida del lunar, realmente quería a sus amigas, sin ninguna pizca de envidia, se esmeraba por que ambas estuviesen, indiscutiblemente, lindas para impresionar a sus respectivos chicos, aunque ellas negaban el asunto, también estaban conformes con lo efectuado por Osakada, escogiendo los vestidos y maquillaje ideal para cada una.
Mientras ajustaban los últimos detalles, los varones esperaban ya con escasa paciencia, a quienes serían sus parejas, que deberían haber bajado hace, por lo menos, veinte minutos. En el salón principal, se encontraban conversando ansiosos, en algunos casos un poco molestos, pero quien podía culparlas, hasta ese entonces ninguno de los chicos, a conocido una mujer que este lista ha la hora correcta.
No puede creer que tú ya tengas novia – decía con asombro Ryoga – estoy deseoso de conocer aquel milagro – emitía con burla.
Ya verás, ella es preciosa – bufaba orgullo Takeshi.
Eso habrá que verlo… y ¿que hay de Eiji, no viene con ustedes? – cuestionaba dudoso.
No, él se iba directo – contestaba Momo.
Y tú hermanito, supongo que te irás a comportar – comentaba Ryoga divertido, pero el aludido ni señal dio de responder – pobre Sakuno, el hombre que tuvo que conseguir como marido, la compadezco, ojalá hubiese estado yo, pero si gustas te puedes divorciar y yo me caso con ella – mirando a Momo para burlarse de Ryoma.
Jajajaja… cierto ella es una mujer desafortunada…
Por que no se calla el par de imbéciles – con cierto fastidio, pues ya llevaban un buen rato divirtiendo a costa de él.
Luego de unos instantes más, al fin se daban indicios que las chicas estaban listas, al menos eso fue lo que les anunció Kawamura, ordenado expresamente por Osakada, quien quería hacer una aparición digna de sus vestimentas, no por nada se habían tardado tanto, lo mínimo era ser elogiada por tanto trabajo, más les valía ha ellos decir un halago.
Las jóvenes están a su disposición – siempre con su tono formal – primero la señorita Osakada Tomoka – abría la puerta.
¡Hola, chicos!– como tal princesa hizo una reverencia.
El trío de jóvenes saludo con respeto, a pesar de no ser cercanos a ella, pero ninguno era maleducado, sabían como debían comportarse en frente de una dama. Asimismo, ninguno pudo evitar fijarse en la belleza de mujer que observaban, como era de esperarse en la chica del lunar, lució espléndidamente su vestido negro con bordado blanco, levemente ajustado, resaltando de forma elegante sus féminas curvas, aunque lo más llamativo era aquel insinuante escote.
¡Guauuuu Osakada, te vez increíblemente hermosa! – decía un expresivo Ryoga y eso que apenas la conocía.
¡Muchas gracias! Echizen-san – sonriendo coqueta – también lucen todos muy guapos.
A pesar de no ser tan llamativos como las chicas, ellos también estaban finamente vestidos, no se diferenciaban mucho entre ellos, pues todos llevaban un traje oscuro, leve variedad en los tonos, lo único que les daba independencia era el color de la corbata y camisa que le hacían juego, de otra forma habrían parecido uniformados, sin embargo, nadie podía cuestionar que brillaban por si solo.
Ahora la señorita Tachibana Ann – anunciaba Kawamura.
Buenas noches – dijo un tanto tímida, sobretodo al sentirse tan fijamente observada.
¡ANN! – logró gritar Momo, quien casi babeaba mirando descarado a su novia – te vez… estás…
Ya Momo... tú debes ser la novia de este estúpido – se acercó Ryoga, depositando un beso en su manos, emitió - ¡estás muy hermosa!... supongo que eso lo que ese tonto quiere decirte – sonrojando a la chica.
¡Gr-gracias! – reverenció levemente, mientras su novio al fin respiraba para saludarla.
La joven Tachibana no estaba acostumbrada ha este tipo de cosas, ella provenía de una familia normal, lejos de todo lujo y excesos. Sin embargo, en este caso vestía como toda una dama de sociedad, desfilando un elegante vestido con variados tonos marrón, cayendo holgadamente por su cuerpo, entregándole un coqueto vaivén al caminar.
Con ustedes la señora Echizen – se escucho decir, llamando la atención del joven indiferente.
No obstante, a pesar de ser anunciada no había señales de ella, solo el silencio se logró percibir entre los espectadores. Fue entonces que Tomoka partió a buscar a la chica, ya suponía que no vendría de inmediato, sino fuera tan tímida, pero en fin, para eso estaba ella para lograr sacar lo mejor de su querida amiga, además, que se había propuesto ayudarla ha conquistar a Ryoma, aunque sin su consentimiento.
Sakuno, pero que haces ahí¡Ven! – desde la puerta la jaló, con algo de fuerza logro atraerla lo suficiente como para ser vista, así no le quedaba de otra que entrar - ¡listo! Aquí la traje.
¡Cuñadita! – expresó impresionado Ryoga – estas hermosísima… wow si te vez muy sexy con ese vestido – suficientes palabras para sonrojar a Sakuno y molestar a Ryoma.
Opino lo mismo… estas muy linda Sakuno – emitió con respeto Momo.
Gr-gracias – agachando su rostro avergonzada.
Al dar unos pasos para agradecer, sentía que su pulso comenzaba trabajar aceleradamente, es que ser observada con tanto detenimiento era como para intimidarla, no estaba acostumbrada ha ese tipo de atención, en su cabeza se maldecía por obedecer a Tomoka, si hubiese seguido sus instintos jamás se habría atrevido a llevar ese vestido.
Aunque ya nada podía hacer, devolverse a cambiar no era una opción, además, sus amigas no se lo permitirían. Escasos segundo transcurrieron, aún estática frente a todos, sentía como una atosigante mirada la recorría, al alzar levemente su vista, se encontró con unos penetrantes ojos ámbar, que al parecer no perdían detalle de su vestimenta, rápidamente los colores subieron a su delicado rostro, pues nunca antes la había mirado de esa forma.
No era para menos, aquel vestido realmente la hacía verse impresionante, como seda se deslizaba por su tersa y curvada piel, un tono lavanda la cubría por completo, unas delgadas tiras le rodeaban su cuello como único sostén del traje, para cubrir grácilmente su abdomen, sin ajustarse dejaba entrever sus redondeados, aunque no voluptuosos pechos.
Sin embargo, lo que más resaltaba de todo, era su desnuda espalda, pues como decía Tomoka "si adelante no tienes mucho que mostrar, guía la vista hacia atrás", no quiere decir que su frente era insignificante, pero al lado de Osakada o Kurosawa era apenas una niña, por tanto la parte posterior comenzaba su caída un poco más arriba de sus caderas, dejando una tentadora escena a quien osara mirarla.
Si el silencio fuera gobernante, tanto Ryoma como Sakuno quedarían al descubierto, por un lado el dueño de los ojos ámbar sentía como sus pulsaciones arrancaban velozmente ni que decir de su mente, que de no ser por los presentes, sus ya lujuriosas fantasías estarían siendo fielmente efectuadas ¿Es qué a quién se le ocurría ir vestida así? Si su intención era tentarlo, con esto de seguro lo logra. ¡No! ya lo logró.
Mientras tanto los retumbantes latidos del corazón de Sakuno, no le daban tregua, en el instante mismo que sus miradas se conectaron, la sangre se le subió al rostro, además, de comenzar a sentir que sus piernas le flaqueaban, es que aquellos insistentes ojos la debilitaban, aunque no comprendía bien que significaba esa mirada, pues las palabras deseos o lujuria, aun eran inexploradas para ella.
Será mejor que nos vayamos – despertando de su ensueño a la parejita – ustedes dos después pueden seguir con lo suyo – decía Ryoga divertido a los chicos.
¡Vamos, Ryoma! despierta – golpeando levemente la cabeza del aludido, recibiendo una fiera mirada asesina, no le quedo de otra que refugiarse tras Ann.
Luego de varias risas burlonas, los chicos al fin se encaminaron hacia la fiesta, esta vez se transportaron en la limusina de los Echizen, única forma que cupieran todos sin arruinar los vestidos de las chicas. Aunque a ellos, no les abría importado ir un poco apretados, después de todo sus bellas acompañantes estaban demasiado tentadoras como para rechazarlas.
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Un gran bullicio se dejaba escuchar cercano al centro de eventos, en donde una entrada perfectamente adornada con arreglos florales rojos, enmarcaban el camino de bienvenida. Una vez atravesado el umbral cristalino, la grata temperatura lograba devolver el calor a los asistentes, entonces ya estaban listos para depositar sus ropajes invernales, en la recepción preparada para ese fin.
Al adentrarse por aquella espaciosa entrada, una suave melodía les indicaba el camino, asimismo un ensordecedor barullo les anunciaba que había una gran multitud presente, esto en cierta forma llenaba de inseguridades a la joven pianista, ya que al ser una de las finalistas seria muy bien observada e incluso más de alguno intentaría conocerla mejor, sin malas intenciones, pero si se corría el rumor de quien es hija, el asedio podría llegar a ser aun mayor.
Mientras ellos avanzaban, en la puerta principal estaban dispuestos los anfitriones del evento, quienes se encargaban de recibir a cada invitado. Se observaba a una dama de edad madura, distinguidamente vestida, acompañado por quien debería ser su marido, el cual parecía ausente de todo; por otro lado estaba una hermosa jovencita que lograba sacar mas de un suspiro, por parte de las lascivas miradas masculinas.
¡Aún no entiendo, Emiko! – con tono furioso – ¿por qué, si se supone que eres la novia de Ryoma, él no esta aquí contigo? – le espetaba ha la chica.
¡Ya para, mamá! – con un deje de nerviosismo – te dije que se vendría con su familia – intentaba convencer a la mujer, quien parecía más enojada, solo sonreía cínicamente a los invitados.
¡Más te vale!... ya le dije a tu padre que debía conversar con Nanjiro, debemos formalizar pronto esto, sino te lo van a quitar, mira ¿ya viste? – señalaba hacia uno de los costados – vinieron las hijas de Atobe, ellas también andan detrás de los Echizen…
¡Ya sé, mamá! – decía un tanto enfadada, pues su madre siempre la acosaba con estos asuntos, queriendo o no debía seguir la orden.
Así fue que al fin llegaron al salón principal, quienes primero entraron fueron los padres de Ryoma, la jerarquía siempre es importante, sobretodo en este tipo de eventos. Con total diplomacia avanzaron hacia quienes los esperaban.
¡Qué gusto verlos! – reverenciaba la madre de Kurosawa – Nanjiro, Rinko bienvenidos.
Muchas gracias, Itsuko – saludaban cortésmente.
¿Y tus hijos? Pensé que Ryoma vendría… – pero fue interrumpida por un codazo de su hija.
Aquí esta Ryoga – quien aparecía haciendo una leve reverencia.
Buenas noches, señora, señor – sonriendo amable.
Buenas noches querido, pero que apuesto que estas – le decía coquetamente – y dime aún sigues soltero – otro codazo recibió por parte de Emiko.
Si me disculpan, continuare saludando – se alejo sonriendo, para así escapar de la situación.
¿Y dónde esta Ryoma? – preguntó inquieta.
Ahí viene – emitió Nanjiro.
A pasos lentos se acercaban a quienes los observaban, fue entonces cuando Sakuno divisó ha Kurosawa allí de pie mirándola con un odio aberrante, logrando que sintiera un temor nacer en ella, pero no le quedo tiempo para huir, pues Ryoma quien la llevaba del brazo, prácticamente la jalo hacia ellos.
¡Hasta que llegaron! – los reprendió Nanjiro.
¡No fastidies! – profesó Ryoma.
¡Tanto tiempo Ryoma! – decía la mujer frente a él, este solo frunció el ceño, ya que no tenía idea quien era esa persona.
Ryoma, ella es la señora Kurosawa – emitía Rinko, quien se percató del desconocimiento de su hijo.
Aquel nombre retumbó en los oídos de la bella chica de ojos carmesí. No solo estaba aquella joven que tenía por diversión molestarla cada vez que la veía, sino también, toda su familia, sentía como sus piernas se debilitaban ante las chispas de rabia que expresaban esos azulados ojos. Si no fuese por que estaba fuertemente afirmada en uno de los brazos de Ryoma, ya estaría de rodillas por la presión que sentía frente a ella.
Por otro lado, el joven esposo ni cuenta se dio de quienes estaban allí, pues él solo buscaba ha una persona, agudizando su vista logró divisar a su presa. Muy cercanos a ellos, se hallaba el hombre de mirada misteriosa, quien al chocar con aquellas orbes ámbar, abrió desafiante sus bellos ojos azul cielo, si el contacto fuese visible, una destello ardiente anunciaría el contacto.
¿Quién es aquella jovencita? – preguntaba recelosa Itsuko – no será esa chica huérfana – espetó mordaz, si la lengua de Emiko era afilada, al lado de su madre apenas era un leve pinchazo - ¿acaso la adoptaste, ahora es tu hija? – mirando con desprecio a la joven.
Algo así – dijo Nanjiro un tanto molesto – ella es Sakuno, la esposa de mi hijo Ryoma – confirmó a los presentes, con una inmensa sonrisa de orgullo.
Como un balde de agua glacial cayó sobre ambas mujeres, silencio absoluto las rodeó, ninguna lograba emitir comentarios al respecto, sino fuera por que aquella mujer conocía de sobra el extraño humor de Echizen, habría continuado pasmada, sin moverse.
¡Qué gracioso! – dijo Itsuko – por un momento pensé que era cierto – esbozando una sonrisa aliviada.
Jamás mentiría con un asunto como este, Itsuko – expresaba divertido.
¿Desde cuándo? – intentó cuestionar – No me digas que ¿esta embarazada? – simulando discreción.
Jajaja… para nada, aunque siempre insisto con eso… - pero su mujer pellizco fuertemente su brazo, logrando que parara de hablar – cof… cof… perdón, creo que serán casi 3 meses – abrazando a los jóvenes, que permanecían estáticos en su puesto.
La joven castaña estaba que se desmayaba, nunca imagino que su atolondrado suegro tuviera el valor de anunciar su matrimonio tan livianamente. Mientras que el chico de ojos ámbar desprendía una mirada llena de arrogancia y triunfo hacia su fiel enemigo, quien logró escuchar aquella declaración, fuera de toda su imaginación, solo pudo llevar su pulgar a sus labios, para morderlo de rabia.
No solo ellos lograron escuchar el anuncio, sino también, quienes se hallaban lo suficientemente cerca del joven matrimonio. Como si de un efecto domino se tratara la primicia, a través de murmullos, cruzó imperturbable todo el salón, hasta el más recóndito lugar. Sin embargo, nadie tenía claridad absoluta que eso fuera cierto, así que inevitablemente todas las miradas indiscretas se posaron en ellos, como buscando respuestas, situación que se repitió a lo largo de la noche.
Gracias a que esta era la recepción, prontamente pudieron abandonar esa área de la fiesta, para mezclarse con los demás invitados. A pesar de divulgarse rápidamente la noticia, muchos eran los escépticos en esto, principalmente por que Sakuno no era una joven conocida dentro del círculo social, además, que la gran mayoría tenía conocimiento de lo burlesco que puede llegar a ser Nanjiro.
Hola chicos – se acercaba ha saludar Eiji, quien saltó como es habitual sobre Ryoma – ¿qué pasa? – al ver el rostro perturbado de los presentes, ya que desde que estaban allí sentía como una ola de murmullos iban dirigido a ellos.
Eiji¿Acaso no escuchaste nada? – pronunciaba incrédulo Momo, ya que habría sido natural que este hubiese llegando gritando luego de enterarse.
¿De qué hablas, sucedió alguna cosa? – todos los miraron asombrados.
Nada, son solo tonterías – expresó el de ojos violetas, era lo mejor por ahora – mañana te cuento, ok – dijo al ver la cara insatisfecha del pelirrojo, quien sonrió a gusto.
Tenían suficiente con que todos estuviesen pendientes de ellos, si le explicaban en esos momentos a Eiji, el griterío podría ser insoportable, además de vergonzoso. La fiesta transcurría como había sido presupuestado, invitados ilustres del ámbito musical hacían gala de sus habilidades, mientras los espectadores eran atendidos con delicias culinarias y bebidas por doquier.
Situada en la misma posición que Ryoma la había dejado, la bella esposa no movía ni un ápice, casi con su rostro a ras de piso, apenas y murmuraba cuando Ann le hablaba. Al parecer era la única ha la que realmente le había afectado el anuncio, pues paulatinamente los demás se fueron ambientando al lugar, disfrutando de la comida que se les ofrecía, principalmente Momoshiro, aunque sus amigos no se quedaban atrás.
Por otro lado, sus nervios eran tan intensos, que nada sólido podría haber cruzado su rígida garganta, con algo de esfuerzo lograba beber los diversos jugos que le servían. Claro esta, que luego de beber tanto líquido tendría de una que otra forma, liberarse de él, así que en contra de su voluntad, debía dirigirse al baño, situación que le causaba gran trastorno, pues a penas y estaba allí de pie, como para caminar apacible por todo el salón.
De todas maneras, en un susurro logró dispensarse con los presentes, aunque la única que la consideró fue su amiga Ann, ya que los chicos seguían discutiendo sus asuntos, indiferentes a todos, sobretodo Ryoma, que posterior al anunció pareció tornarse mas distante de lo normal, prácticamente ignorando a la bella chica a su lado.
Esquivando a la multitud, consiguieron localizar su destino, se adentraron por un angosto pasillo alfombrado, para llegar a una fina puerta de madera, que poseía una flor dorada como señal de femenino, pues contrario a esta estaba un sombrero de igual color, que indicaba el lugar de caballeros. Sin titubeos la dueña de ojos carmesí, atravesó aquel umbral, seguida por su fiel acompañante.
Instantes después, se encontraban acicalándose frente al inmenso espejo que cubría el ancho de la habitación, la joven esposa, intentaba con algo de nerviosismo refrescarse, pero al parecer no tendría efecto, por su lado, Ann trataba de calmarla, no comprendía bien por que se hallaba tan perturbada, si después de todo no era para tanto, ya que nadie se acerco para reprocharle alguna cosa, solo leves miradas de desconcierto, pero nada tan grave como para que estuviese así.
Logrando respirar con mayor serenidad, aceptó volver a la fiesta, no obstante, un fuerte golpe en la puerta las alerto, allí como un inmenso obstáculo se hallaba amenazante Kurosawa, su fiera mirada azul les indicaba un gran peligro, no era el lugar ni el momento para enfrentarse a ella, eso Ann lo sabía, pues la última vez que lo hicieron, las cosas no resultaron bien.
Saku, será mejor irnos – tomando a la chica por el brazo, pues había quedado estática al ver de quien se trataba.
Tú, insignificante huérfana – comenzaba ha esparcir su veneno – ¿cómo te atreviste¿quién crees que eres, para casarte con Ryoma? – espetaba furiosa, sus ojos ardían de furia.
¡Acéptalo, perdiste! – contestaba Ann.
¡Cállate! Nadie te habló a ti – mirando despectivamente – eres aún mas insignificante que esa mosca muerta.
No te permito que me hables así, zorra – en un arrebato expresaba.
Esta es mi fiesta y dijo lo que se me venga en gana, estúpida – alzando su barbilla en son de orgullo – no permitiré que te burles de mi, princesita… te juro que esta me las pagarás, te quitaré Ryoma… él es mío – escupiendo con desprecio cada palabra.
Eres muy mala perdedora, ya no puedes hacer nada por eso… sino escuchaste bien, ellos están… ¡CA… SA… DOS! – en forma burlona emitía Ann - ¿qué puedes hacer contra eso, zorrita?
¡Malditas! – logró gritar, mientras se impulsaba peligrosamente sobre ellas.
¡Ni te atrevas! – se oyó un grito a sus espaldas – será mejor que te comportes, zorra despechada – se pudo ver a Tomoka a sus espaldas – no querrás hacer un escándalo aquí, como crees que se vería en la portada de los diarios, mañana… "Heredera de los Kurosawa ataca vilmente a Señora de Echizen Ryoma" – burlescamente se dejo oír – no creo que a tu mamita le agrade la idea, ya estaba muy enojada con la noticia – mirándola con arrogancia.
¡Vamos, Saku! – jaló a su amiga lejos de la fiera.
¡Estúpida huérfana! Te juro que me las pagaras – lanzó impotente, pues sabía que Osakada tenía razón, si por algún motivo esto se sabía, su madre literalmente la mataría.
Recuperando la compostura, las jóvenes abandonaron el lugar, dejando atrás a una enfurecida Emiko, que una vez ellas cerraron la puerta, un fuerte golpe se dejó oír, de seguro la rabia que había contenido fue a parar al cristal que actuaba como espejo. Unos pasos más avanzaron, para encontrarse con un misteriosos conocido, allí casi a la salida del lugar estaba esperándolas Syusuke, con su natural sonrisa.
Aunque insegura accedió a quedarse con él, no por Ryoma sino por que pensaba que Fuji podría estar enojado con ella, al no contarle lo de su matrimonio. Posterior a los saludos, sus amigas accedieron a dejarla sola, cada una buscando a sus respectivas parejas, principalmente Tomoka que había quedado encantada con su prometido, ya que no era el mocoso insoportable que una vez conoció.
No había tenido oportunidad de saludarte – le sonrió tiernamente.
Hola Fuji-san – devolviendo la sonrisa.
Me sorprendió la noticia – le informaba con tristeza – ojalá me lo hubieses contado.
¡Lo siento! – haciendo una reverencia.
No importa bella Sakuno – alzando el rostro de la joven con su mano - ¿espero que seas feliz con Echizen? – emitió con preocupación.
Estoy seguro que lo es – interrumpió Ryoga – no sabía que habías vuelto, Fuji – mirándolo con reserva.
¡Vaya! El mayor de los Echizen – abriendo sus azulados ojos – tampoco sabía que tú andabas por estos lados.
Cuñadita, creo que tu marido esta buscándote – señalando hacia su derecha, que veía como Ryoma se acercaba serio hacia ellos – será mejor que vayas – impulsándola levemente, ella se despidió y camino hacia su destino.
¿Cuidando los asuntos de tu hermano? – dijo sarcástico.
¡Quizás! – expresó tranquilo, para luego agregar – parece ser que aún no abandonas viejas costumbres – alzando su barbilla – ¿todavía codicias las pertenencias de otros?
¡Quizás! – sonrió alegre – me retiro, adiós – alejándose entre la multitud, seguido por los inquisitivos ojos miel.
No lejos de allí, se encontraba el grupo de Ryoma, a pesar del anhelo de él por apartar a Fuji de Sakuno, fue su hermano quien impidió el contacto, frustrado un poco su intento, pero mejor así, ya que este no era un buen lugar como para enfrentarse abiertamente con ese despreciable sujeto. Posteriormente, la velada prosiguió sin muchos contratiempos, hasta que Ryoga se percató que su cuñadita no presentaba un buen rostro, se veía un tanto extraño.
Observó con más detenimiento, para luego acercarse a ella, pues sabía que el insensible de su hermano ni cuenta se daría si algo le pasará. Situado a un costado de la bella chica, captó su atención aquella extraña mirada, parecía un tanto desenfocada, además, de parecer que estaba afirmándose forzosamente en Ryoma, dando la impresión que si este se apartaba, ella inevitablemente caería al piso.
¡Ryoma! – llamó urgente – creo que deberemos irnos – señalando a Sakuno – parece que no se siente muy bien – intentando que comprendiera.
¡Es cierto! – dijo Ann – ¿Sakuno, te sientes mal? – quitándole un vaso de jugo que tenía apenas afirmado, para corroborar si no estaba afiebrada, pues tenía las mejillas sonrojadas.
Déjame ver – le indicó Momo, quien se llevo el vaso hacia su nariz – pero esto no es jugo – alertó el de ojos violeta, que luego bebió un poco – es licor y esta muy fuerte – hizo una señal con la boca.
¿Qué, pero como nadie se dio cuenta? – dijo Ryoga.
Creo que ahora es mejor llevarla a su casa, no sería bueno que la vieran así – señalando a la concurrencia, emitía Ann.
¡Pa… ren! – se dejó oír una voz melosa – yo… e-es… t-toy b-bi… en – intentaba articular palabras, pero fue acallada por un tirón en su brazo, ya que Ryoma la jaló para llevársela de allí, antes que comenzara ha complicarse la situación.
¡Llévala hacia el auto! – intervino Ryoga – yo iré por mis padres – se alejo en sentido contrario.
Seguido por sus amigos, logró llegar junto a Kaoru que los esperaba frente a la limusina, casi tomando a la chica por la cintura, que parecía más pesada de lo normal, ya que su estado etílico le impedía hacer funcionar sus piernas con normalidad. Entre el trayecto intentaron averiguar como es que Sakuno había ingerido tanto alcohol, lo poco que pudieron comprender fue que pensó que eran jugos ¡quizás! En un principio eran jugos, pero después ¿quién sabe?
En realidad, la procedencia ya no era importante, pues de lo que había que preocuparse era de la afectada, una vez llegaron los padres de Ryoma, la familia Echizen partió rumbo a la residencia. Como era de esperarse durante el recorrido, Nanjiro se encargó de reprender a su hijo por no cuidar a su esposa, avivado por las burlas de su hermano, cierto, todos estaban en su contra, incluso Sakuno.
Desde que subieron al vehículo, la joven esposa se acomodó confiadamente a su lado, demasiado cercano para su gusto, pues no quería verse en evidencia frente a su familia, ya que sentir la fragancia de sus cabellos tan próximo a sus fosas nasales, le estaba causando más de un estrago a su cuerpo, y las ya desvergonzadas burlas de su padre, le estaban incentivando las pervertidas fantasías que había formulado anteriormente.
No solo eso, la joven de ojos carmesí repentinamente emitía frases incoherentes entre sí, pero algo perturbadoras, entre ellas ya le había pedido perdón a sus suegros por cuanta cosa se le ocurría, además, de decirle unas mil veces a su cuñadito que lo quería por todo lo que la ayudaba, causando un creciente enojo en Ryoma, principalmente por que a pesar de la cercanía, a él era al único que no le decía nada, era como si lo estuviese ignorando.
Llegando a la residencia, luego de sus padres fue Ryoma quien bajo, sin considerar a Sakuno, estaba tan molesto por todo, que no quería verla, es que sus celos lo cegaban y no estaba acostumbrado a lidiar con ellos, menos enfrentarse con eso, que se supone haría… ¿una escena de celos? JAMAS ni aunque naciera de nuevo se comportaría de manera tan vergonzosa.
No obstante, por mucha rabia que tuviera no logró avanzar mucho, ya que un fuerte grito de su hermano se lo impidió…
¡Ryoma! – un ronco sonido se escuchó – que te pasa idiota, no piensas ayudarla – le reclamaba la poca delicadeza que mostraba, mientras él intentaba hacer que Sakuno se quedara en pie.
¡Lo estás haciendo tú, no! – expresó desinteresado – además, quien la manda ha beber – emitió disgustado.
¡Estúpido!... eso no importa ahora – le dijo ya con Sakuno en sus brazos – deberías ser un poco más atento, pero sino quieres, yo me encargo de ella – intentando provocarlo.
¡Has lo que quieras! – pronunció, mientras se volteaba dudoso, aunque no pudo evitar empuñar sus manos, pero no daría marcha atrás, si ella quería a su hermano entonces que se quedara con él.
Como quieras – sonrió triunfante, pues una idea cruzo su mente – entonces tendré que ayudarla a cambiarse – solo observó como su hermano no avanzó ni un paso más.
Suficientes palabras para hacer reaccionar a Ryoma, una cosa era ignorar a la chica, pero otra muy distinta era permitir que su hermano se aprovechara de la situación. Sin tener claro que hacer, solo se acerco a ellos y le arrebató a Sakuno de los brazos, terminando él cargando con la bella chica que parecía divertida con este asunto.
Recibir a su esposa no fue del todo desagradable, principalmente por que ella reconoció al instante su persona, mirándolo a los ojos le sonrió con infantilismo, para luego abrazarse a su cuello y comenzar a balbucear palabras incongruentes con el idioma. No obstante, esta cercanía solo aumento su deseo por la chica, pues cada frase rozaba provocadoramente con sus oídos, apenas un suspiro ingresaba cálido por su cuerpo, erizando la piel afectada… si segundos antes estaba enojado, ya comenzaba ha olvidarlo.
Haciendo gala de su fuerza, logró llegar directo a su cuarto, durante el corto viaje, sus pensamientos se desplazaban en un zigzag de incertidumbres. Por un lado, su cuerpo le exigía con gritos ardientes reconocer la tentadora figura que cargaba, mientras que su cordura le reprimía cualquier comportamiento incorrecto, sobretodo por que no estaba en él actuar como un canalla, arrebatándole la pureza ha una mujer que, probablemente, no recordaría nada de lo sucedido.
Al cuestionarse sobre este tema, un incremento en su enojo se dejaba ver a través de esos inconfundibles ojos ámbar, ya que después de tentarlo durante toda la fiesta, ahora inconscientemente le quitaba el placer de indagar en un posible contacto. Librándose de sus pensamientos, deposito a la chica a un costado de la cama, para luego voltear indiferente, mientras se despojaba de los estorbos de la vestimenta.
Un poco alejado de su vedada tentación, giro para comprobar donde estaba la dueña de sus pesadillas, pensando que ya había partido al cuarto de baño ha cambiarse, con asombro contemplo que yacía intacta donde la había dejado, al parecer no tenía intenciones de ir a ningún lado, solo observó como soltaba con torpeza su cabello, que caían dóciles enmarcando su rostro. Asimismo, veía como infructuosamente deseaba quitar el amarre, que momentos antes el quería cortar.
R-ry… ma – articuló con dificultad – ayu… dame… a s-sa… car… est… to – le señalaba el tirante que no podía desatar, mirándolo con unos cristalinos ojos carmesí que denotaban frustración.
Por unos instantes, su mente quedó vagando en lo profundo de un acantilado, es que acaso había escuchado bien, quería que la ayudara en algo que él deseaba imperiosamente hacer, pero que sabía que ahora no podía. Sin embargo, al ver la incapacidad visible que presentaba, asumió que sus oídos no lo engañaban, sin mucho que hacer, se acercó con reserva como si temiera ser atacado.
A cada paso, sentía como sus latidos trabajaban aceleradamente, sus pulsaciones se incrementaban mientras un sudor inesperado comenzó a invadir su frente. Aquellos segundos eran un total martirio, allí a espaldas de ella, miraba como se le facilitaba el camino, cuando con impericia quitaba sus castaños cabellos hacia un costado, dejando al descubierto la nívea piel de su dorso, no pudo evitar recorrer todo aquel apetecible espacio, sin siquiera tocarla… ¡Demonios!
Como nunca antes, sus manos parecían llenarse de inseguridades, casi temblando lograron llegar a su destino, haciendo esfuerzos sobrehumanos para no rozar nada de piel, pues temía que una explosión en sus hormonas socavaran cualquier rastro de caballerosidad. Instantes eternos que hicieron aún más difícil la tarea, consiguió soltar el amarre, que parecía tan hostil con su persona, instantáneamente cuando pensó que había triunfado, aquella sedal tela cayó estrepitosamente al suelo.
Una lluvia de ardorosas llamaradas invadió su cuerpo, presenciando en todo su esplendor una exquisita escena, completamente extasiado observaba aquella bella silueta que se impedía poseer, sin embargo, sus ojos se negaban a abandonar. Un rastro de cordura impulso su persona, debía escapar, pero la tambaleante figura de la chica se lo impidió.
Al tomarla entre sus brazos, fuertes choques eléctricos le recorrieron su ser, como quemantes chispazos retumbaban en su interior, la situación empeoro cuando sus ojos hicieron contacto, una cándida sonrisa esbozo en su femenino rostro, mientras con leve pericia logró afirmarse en la camisa que aun traía puesto Ryoma, sin considerar las consecuencias, subió con sus manos abiertas por el casi desnudo torso de su marido.
G-gra… cias – susurró con un tono coqueto, se hallaba un tanto desinhibida debido al alcohol.
Impulsivamente la aferró a su cuerpo, para poder capturar estrepitosamente sus carnosos labios, bañados en un tumulto de candentes deseos, invadió sin consentimiento su boca, obteniendo gemidos ensordecedores en sus oídos. Abandonando sus anteriores reservas, comenzó a reconocer cada parte que se le mostraba, sus manos avanzaban con total seguridad, acariciando con ferviente anhelo las tentadoras curvas de su esposa.
No queriendo renunciar a sus labios, pero con la necesidad urgente de saborear aquel esplendido manjar, comenzó a viajar por su delicado cuello al son de los gemidos femeninos, que se intensificaban con sus caricias. Al fin alcanzaba la cúspide de sus fantasías, con una de sus manos masajeaba los vírgenes terrenos, que se encendían al leve roce de su húmeda marca.
Sensaciones que sucumbían sus pensamientos, se dejaba absorber por la embriagadora fragancia de Sakuno, quería más, requería de manera apremiante saciarse con las delicias femeninas, así se lo anunciaba forzosamente una fuerte presión en su entrepiernas, que le reclamaba a gritos disfrutar del placer que por tanto tiempo se le negó.
Sosteniéndola con posesión, estrechó todavía más el inexistente espacio de los cuerpos, induciendo a la chica a decir su nombre, entre deliciosos quejidos intentó llevarla a su lecho. Desafortunadamente, sintió como una brusca separación se lo impidió, empujado por los delgados brazos de su esposa, por unos segundos quedó inmóvil, hasta que se percató del real estado de ella.
¿Cómo y en qué momento? No podría responder con certeza, pero en un breve instante, las ardientes caricias le fueron arrebatadas, cortando cualquier intento de continuarlas, al menos, por esta noche. Ya que los siguientes minutos los pasó velando por la salud de su esposa, quien yacía despojada de cualquier rastro de orgullo en un costado del cuarto de baño, apenas cubierta por la cálida camisa de Ryoma.
Probablemente, esto sea lo mejor, fue lo que pensó una vez recuperó la respiración, realmente la deseaba. Asimismo, quería convertirla en su mujer, pero que caso tendría si ella no lo recordaba, después de todo él nunca se ha comportado como un canalla, podrán acusarlo de insensible y cuanta cosa más, pero jamás de aprovecharse de la debilidad de una persona, mucho menos de una mujer.
Hasta la próxima...
Al fin la noticia de que estan casados se supo, ahora habrá que ver las consecuencias de esto, que harán Fuji y Kurosawa con eso, que misterio esconde Fuji, Ryoma y Sakuno podrán algun dia tener su noche de bodas, serán capaz de decir que se aman, son sucesos que desde ahora se irán viendo, haber como se desarrolla este matrimonio, bueno espero no haberlos decepcionado, sino me esforzare para que el próximo sea mejor, hasta la otra semana, Chao
