Rin se estaba dando los últimos toques de maquillaje, ya no usaría más el blanco en su rostro, sino un discreto polvo solo para disminuir el brillo y algo para dar color a sus ojos y labios, se miró al espejo y su reflejo le sonrió con nerviosismo. Hacía dos años que se había embarcado en esta aventura con su hermana mayor Loto y aún esperaba despertar de un momento a otro y darse cuenta que todo fue un sueño.
Lo cierto era que esta vez su hermana mayor se había sobre pasado, no solo con la celebración de inauguración de la casa de té/fiesta de "cumpleaños" para ella y todas las cosas que iba a ofrecer (ella entendía que debía ser así para que luego sus invitados volvieran), sino por el atuendo que había mandado hacer específicamente para la presentación de Rin como geisha.
El kimono era de seda, en un bellísimo tono mandarina claro con un precioso árbol donde resplandecían flores bordadas en brillante oro amarillo, la faja también era dorada con un anaranjado más intenso y en la espalda llevaba un moño complicadísimo que solo un vestidor en todo Kyoto sabía hacer; su adorno lo complementaba un hermoso peinado con una cascada natural de flores de Sakura naturales que caían por un lado de su cabello y un lindísimo broche en oro blanco y ámbar que sostenía la base de su cabello.
Al examinar todo su atuendo Rin comprendió la intención de Loto, era una versión de ella misma cuando niña con su kimono sencillo anaranjado y amarillo, que aún guardaba con mucho cariño, y su coleta lateral, solo que muchísimo más glamorosa. Sin mencionar el exquisito broche que parecía simular flores silvestres.
- ¿Lista Aiaru? – Preguntó Loto desde afuera de la habitación – tus admiradores te esperan… y un admirador más esta impaciente porque termine la inauguración – Rin sonrió ante este comentario, sabía que cada segundo que se demorara en la fiesta de la casa de té haría desesperar a cierto Inukay que la esperaba para la siguiente fase de la noche pero necesitaba hablar con su hermana mayor antes de eso.
- Si, ya estoy… ¿Loto puedo hablar contigo? – La geisha descorrió la puerta y entró en la habitación.
- ¿Dime?
- He escuchado… bueno… es que estoy nerviosa por lo de hoy… ¿es muy… difícil? – Loto esbozó una sonrisa y respondió.
- Se que te han llegado desagradables historias de dolor… algunas geishas de tu edad no saben mantener la boca cerrada, pero tienes porque preocuparte por ello, no tiene que ser terrible ni doloroso, puede ser la experiencia más maravillosa de tu vida.
- Pero… pero ellas me han dicho que… y Sesshomaru es un demonio después de todo – Loto negó con la cabeza.
- No será malo, te aseguro. Ahora vamos, que la fiesta no puede empezar sin nosotras.
Muchas personas importantes, entre geishas y empresarios, entre ellos el famoso danna de Loto, asistieron a la gran inauguración del la casa de Té, también habían invitado a algunos amigos de Rin: Aome, Inuyasha, Miroku, Sango, la anciana Kaede e incluso la pulga Mioga que se coló; haciendo de esta una tertulia muy esperada de la que ninguno fue defraudado, todos esperaban conocer algunas de las exquisiteces de las que se servían las hermosas Loto y Aiaru y convivir con ellas.
Había demasiadas cosas hermosas en el lugar: se quemaba incienso traído de la India en las esquinas haciendo que el lugar oliera a sándalo, una enorme cantidad de flores de cerezo se exhibían en bellísimos jarrones de porcelana de china, el té se servía con pequeñas cucharitas que llevaban miel de Nepal para mezclarla, el saque tenía pequeñas láminas de oro en el fondo para la buena fortuna y la comida era exquisita, digna del palacio real. Además podían disfrutar de música y danza por parte de artistas del teatro del imperio, había lugares tranquilos en los jardines para sentarse y conversar así como salones con todas las diversiones que las geishas otorgaban. Rin y Loto iban hacia todas partes saludando y haciendo sentir en su casa a todos los invitados y permaneciendo unos momentos más con sus amigos más cercanos; hasta llegada a la hora convenida Rin se retiró discretamente seguida unos minutos después por Loto.
Conteniéndose de ir por ella a la fiesta que Loto daba en la casa de Té, Sesshomaru esperaba a Rin en la salita de estar de la casa de Loto, las criadas habían sido despedidas por esa noche y se había decidido que sería ahí donde se haría la ceremonia de unión entre él y Rin.
Finalmente la puerta se descorrió y una hermosa geisha entró en la habitación, vestía un hermoso kimono en tonos anaranjados y dorados.
- ¿Dónde esta? – dijo Sesshomaru a la recién llegada.
- Mi hermana llegará en unos momentos – dijo Rin levantando la mirada. Cuando los ojos ámbar de Sesshomaru se encontraron con los ojos café de Rin se quedó por primera vez en su vida sumamente impresionado y, aunque no por primera vez, completamente orgulloso. Compartía el orgullo de un padre que ve por fin a su pequeña convertida en una hermosa mujer y el deseo de un amante al admirar la hermosura de la que será suya.
- Creí que eras Loto – saliendo de su impresión se levantó y se dirigió a ella para tomar su mano y besarla con suavidad.
- Ella llegará pronto… lamento si te decepcioné – respondió ella mientras Sesshomaru la hacía girar con suavidad y así poder admirarla mejor. Al notar el broche en su cabello se detuvo.
- ¿De dónde obtuviste este broche? – Preguntó al reconocerlo, hace muchos años había visto uno igual… en unos cabellos de plata.
- Me lo regaló Loto – respondió Rin.
- ¿Todo listo? – Preguntó Loto en ese momento entrando con una bandeja que contenía una botellita de sake y dos copitas como era costumbre. Rin se volvió a mirar a la geisha y asintió, a lo que la hermana mayor se dirigió a la mesita de centro y sirvió las dos copitas para luego ofrecerlas a Sesshomaru y Rin.
- Con esto quedan unidos como danna y geisha – le dijo a ambos con solemnidad – ahora si me disculpan debo volver a la fiesta ya que mi propio danna me espera – Loto les sonrió a ambos y desapareció por la escalera.
Sesshomaru permanecía mudo y pensativo, intentando comprender cómo era posible que Loto hubiera obtenido el broche hasta que llegó a la conclusión de que solo podría ser una coincidencia. El suave roce de la mano de Rin en su rostro lo hizo volver al momento que estaba a punto de ocurrir para él y su preciosa niña.
- ¿Qué pasa por tu mente en estos momentos? – preguntó la nueva geisha.
- El broche que llevas me recordó a uno que había visto antes… y es perfecto – murmuró para luego acercarla y cubrir sus labios con un beso. Mientras Rin dejaba a Sesshomaru profundizar en el beso éste la levantó en vilo y la condujo a la habitación de ella que había sido preparada para recibir a los amantes. Un futón completamente blanco estaba decorado con preciosísimas flores de muchísimos colores que emanaban un fragante perfume, además había un par de farolitos que emanaban una luz tenue y muy acogedora.
Sesshomaru depositó en el piso a la joven geisha y la volteó de espaldas, con una increíble destreza deshizo el complejo nudo en cuestión de segundos para luego dejar caer el obi en toda su extensión a los pies de Rin, acto seguido extrajo por los hombros de la chica el hermosísimo kimono y lo depositó con cuidado en un pequeño taburete que había cerca, la joven se retiró con cuidado los arreglos del cabello y con nerviosismo encaró a su amado que la rodeó por la cintura aún cubierta por la delicada y semitransparente ropa que usaba debajo del kimono y acercó una vez más sus labios para besarla.
Unos rayos de luz temprana se colaban por la ventana de la habitación de Rin y comenzaban a despertarla, aún tenía los brazos de Sesshomaru rodeándola de manera posesiva, aún recordaba la maravillosa noche anterior: todo era ya una realidad para ella.
Al notarla despierta el youkai le besó el hombro donde se había formado una pequeña cicatriz de una mordida que le había dado en el transcurso de la noche. Había estado admirándola desde el amanecer, la hermosa cascada de su cabello de ébano ahora se hallaba esparcida por toda la almohada, su piel blanca como la nieve, su rostro hermoso y tranquilo y sus labios que murmuraban su nombre entre sueños y sonreían.
- Esperaba a que despertaras, debo irme ya.
- ¿Pasa algo malo? – preguntó ella.
- Hay problemas en mis tierras, demonios que están creando el caos – Rin sonrió recordando que fueron los mismos demonios los que los unieron: un demonio perro y algunos demonios lobo.
- ¿Tardarás mucho en volver? Habría deseado acompañarte como cuando niña.
- Volveré pronto y entonces te llevaré conmigo – le dijo Sesshomaru mientras la ayudaba a colocarse una bata de seda suave en color beige y luego se vestía él mismo.
Cuando Loto llegó a casa de ambas Rin desayunaba y bebía el té que su hermana mayor le había recomendado.
- Fue una noche hermosa – dijo a su hermana con una sonrisa.
- En mi caso puedo decir que también lo fue – respondió Loto - ¿qué te pasó en el hombro?
- Me mordió – dijo Rin algo cohibida – pero supongo que a ti también te debió haber hecho lo mismo ¿no?
- Esas cicatrices están impregnadas de veneno de youkai y duran de por vida – dijo Loto descubriendo sus propios hombros, eran blancos como la nieve y completamente lisos – los demonios solo lo hacen con aquella a la que han elegido como su pareja… es algo así como marcar su territorio.
Y qué dijeron... este es el último capítulo? Pues no! A la tela de Aiaru Sesho todavía le queda algo por cortar...
Espero les haya gustado, yo se que a muchas les hubiera gustado algo un poco más fuerte pero recuerden que el rating de esta historia no me lo permite.
Lamento haber tardado en publicarlo pero realmente quería hacerle justicia a esta noche (y a la mañana siguiente) de esta pareja tan especial.
XOXO
... y no olviden los reviews (ustedes diganme ¿quieren la noche completa en una one shot?)
