Hola a todos, nuevamente gracias por dejarme tantos comentarios, como recompensa a todo el sufrimiento que les hice pasar anteriormente, bueno tambien a los personajes, aunque no me arrepiento en lo mas minimo, les prometo que este capitulo tambien van sufrir, jajajaja pero de una forma totalmente distinta, tengo la leve impresión que les gustara sufrir así, jajajaja... Ok pueden comenzar a leer.
14.- CALENTAMIENTO GLOBAL
"Yo… te amo"
Un susurro que retumbó en sus sentidos, despojándola de toda defensa y con capacidad nula para efectuar algún movimiento, sintió como su debilitado cuerpo era reclamado por la gravedad, deslizándose sin impedimentos hacia el piso, con una rapidez tal que ni siquiera Ryoma alcanzó a sostenerla. Sobre sus piernas, inmersa en sus pensamientos, cerró sus decaídos ojos en son de cansancio.
Una leve preocupación al verla decaer, posándose junto a ella, alzó su rostro buscando indicios de su persona, al comprobar que solo dormía la estabilidad volvió a su cuerpo. Levantándola con delicadeza, la acurruco en sus brazos, para llevarla hacia la cama, dejándola reposar apaciblemente, la arropó con el cobertor, para luego depositar un ligero beso en los rosados labios de su esposa.
Tanto para ella como para él, aquellas palabras fueron trascendentales en sus vidas, aun cuando los resultados no estaban a la vista, más temprano que tarde se dejarían asomar. A pesar de todo, una tranquilidad lo envolvió como si de un peligro se hubiese liberado, quien sabe, a lo mejor su hermano tenía razón, aunque eso nunca estaría dispuesto a reconocerlo.
Se alejó del cuarto para dejar descansar a su bella esposa, al parecer quien más había sido afectado con todo este vaivén, había sido ella, y seguramente él único que no se percató de esto, había sido él, o sea un "mada mada dane" para si mismo. No solo había permitido que su orgullo la lastimara sino también su propio egoísmo, al pensar solo en lo que su persona estaba viviendo.
Un tanto más tarde, cuando el sol comenzaba despedirse, al menos los rayos que lograban surcar aquel nebuloso muro, la desvalida joven entregaba señales de avivar. Previo a permitir que sus expresivos carmín se vieran, suspiró profundo como para comprobar que sus fuerzas eran recuperadas, estirándose en señal de satisfacción, suavemente asomaba su mirar, aún ausente de los hechos vividos.
Una placentera siesta concluía para traerla de vuelta a la realidad, sentándose suavemente en su lecho, dio inicio al reconocimiento de su cuarto, parpadeando unos segundos una avalancha de imágenes atravesaron por sus ojos, logrando que paulatinamente los recuerdos hicieran presencia. Extrañamente sentía un relajo que la invadía por entero, a pesar de los malos momentos pasados.
Al notar lo tarde que era, se incorporó rápidamente para bajar a cenar, ya que no quería preocupar a nadie con su entristecido comportamiento. Mientras se alistaba, intentaba recuperar sus memorias, pues un plácido sentimiento era incoherente con sus problemas, ya que sentía como si hubiese estado mucho tiempo enferma y ahora luego de una milagrosa medicina estaba recuperada, al menos en parte.
Analizando cada escena que era rescatada de sus recuerdos, un súbito golpe en la puerta la alerto…
¿Señora Sakuno? – escuchó decir desde la puerta.
Kawa, puedes pasar – respondía cordialmente, así entró al cuarto con respeto.
Los señores preguntan si bajara ha cenar con ellos – le anunció aquel amable hombre.
Sí, por favor… avísales que bajo en seguida – entregando una cariñosa sonrisa.
Como usted diga – asintió con una reverencia – me alegra mucho verla mejor, no me gusta verla triste – decía con ternura Kawamura, mientras salía del cuarto.
Termino de arreglarse para ir al encuentro de la familia, a cada paso que daba las imágenes atravesaban su mente, una necesidad imperiosa de querer saber por que se sentía tan relajada, tantas confusas escenas de dolor, no la angustiaban como antes, algo le decía que sus recuerdos todavía no estaban completos, ya que tanto sufrimiento, no podía hacerla sentir tan bien como ahora, casi podría afirmar que estaba plenamente feliz.
Se dejo llevar por las voces del salón, pues su mente permanecía ocupada en la lejanía de sus pensamientos, aún dudosa de que era esa gratificante sensación se mostró con los presentes, que la saludaron con gran alegría, al percibir nuevamente aquel semblante lleno de vida que la caracterizaba. Observó el lugar fijándose en todos, hasta que su vista chocó directamente con una mirada ámbar.
En ese instante no supo por que, pero su corazón salto descaradamente, incluido su cuerpo que se estremeció por completo, llegando imprevistamente a sus sentidos la última frase que escuchó antes de cerrar sus ojos "Yo… te amo", sin poder controlar sus impulsos, un inmenso rubor cubrió su rostro, teniendo que desviar la vista para no verse en evidencia.
Sakuno, que bueno que hallas bajado a comer con nosotros – con sumo cariño se expresaba Rinko – espero que ya te sientas mejor.
Sí, muchas gracias – contestó con el rostro gacho.
Ven cuñadita, toma asiento que la comida esta servida – sonreía alegre Ryoga – y dime te gusto mi regalo – cuestionaba con emoción.
¿Regalo? – interrogó dudosa, al ver que aun no conocía su obsequio miró inquisitivamente a su hermano.
No te preocupes ya te lo mostrare – le respondió, ya que Ryoma no se dio por enterado – estoy seguro que te gustara, a mi hermano le encantó mi regalo de bodas para ustedes – emitió con sarcasmo, para ganarse una mirada asesina del aludido.
La cena transcurrió sin mayores novedades, entre risas y comentarios cómicos dedicados, principalmente, hacia el menor de los Echizen, auspiciados por Nanjiro y Ryoga, que no perdían oportunidad de divertirse a costa del joven de ojos ámbar. Una vez finalizada la comida, la señora de la casa hablo…
Querida – llamó con delicadeza a su nuera – tengo un obsequio para ti – le sonrió tranquila.
Gracias… pero no debió… molestarse – contestó avergonzada, por todas las atenciones que solía tener la mujer con ella.
No es molestia – se levantaba de la mesa – ven conmigo, creo que sería bueno que te dieras un baño, para relajarte y recuperar fuerzas – parada a un costado de la chica, tomo su brazo para llevársela.
Ahhh… claro – acepto insegura.
Con su permiso – se despidió de los varones, quienes no entendieron absolutamente nada de las intenciones de ella.
Oye viejo¿tú sabes que tiene mi madre para ella? – expresó Ryoga curioso.
Ni idea, tu madre nunca me informa de nada – emitió con resentimiento – espera, a quien le llamas viejo, hijo insolente – contestó molesto.
Siguiendo con nerviosismo a la señora Echizen, no comprendía por que insistía acompañarla hasta el cuarto, mirándola de reojo para dilucidar que tramaba, solo veía como la mujer sonría feliz, esto la desconcertaba, además, de no decirle nada de lo que quería, en fin mejor era obedecerle, después de todo ella siempre era muy buena con su persona, así que solo podía ser algo bueno.
Una vez llegaron a la recamara de Sakuno, la mujer se introdujo en el cuarto de baño seguida por Kawamura, que ni cuenta se dio la joven esposa cuando apareció, de lo único que estaba segura era que todo esto ya estaba planeado desde antes, pues el mayordomo traía consigo unos artículos de lavado, que Rinko agradeció gustosa por ayudarla.
En un par de minutos, la bañera estaba repleta de agua caliente, acompañada con una suave fragancia a flores silvestres, supuso que le habían echado algo como sales minerales con ese aroma, lo que no entendía era por que se tomaba tanta molestia, pero en fin no le vendría mal disfrutar de aquel placentero baño; de un momento a otro quedaron solas, así que su suegra emitió…
Sakuno querida – la llamó para que se acercara – tienes que relajarte y recuperar energías – le decía con urgencia, desconcertándola aun mas.
Está bien – asintió, sin atreverse a preguntar alguna cosa.
Cuando termines, te colocas lo que deje encima de la cama, es un regalo – otro más, pensó.
G-gracias – contestó un tanto nerviosa.
Bueno… ahora me voy, disfruta el baño, aquí te dejo todas estas cosas, se que le encontraras utilidad – emitió con picardía, mientras se encaminó a la puerta – una cosa más – volteando sonriente – es bueno estar perfumada, no solo puedes conquistar a un hombre por la comida – le dijo guiñando un ojo – sino también embriagándolo con tu aroma… cuando despierte se le hará adicción el perfume – dijo coqueta, sonrojando por completo a Sakuno.
Apenas una luz de lo dicho por la mujer llegó a comprender la joven, pero no estaba muy segura que era lo que debía hacer con esto. Suspiró resignada, no tenía intenciones de arruinar este momento, pensando en la infinidad de posibilidades, así que rápidamente se metió en el agua, que tenía la temperatura justa, es cierto con esto podría aliviarse de cualquier mal.
Aquella suave esencia penetraba en su olfato, liberándola de todos sus inquietudes, casi en un estado de somnolencia se dejo llevar por la atmósfera que invadía el lugar. Su mente comenzaba a viajar a un mundo de ensueños, envuelta en todo este ambiente, una suave y agradable melodía atravesaba sus oídos, con sus párpados cerrados, intentó reconocer lo que estaba escuchando.
Un palpitar agitado y un estremecimiento completo de su cuerpo, le avivaron los sentidos, percatándose que aquella música provenía del piano, reconociendo casi en un instante al interprete que lograba despertar en ella los sentimientos más intensos que hubiese percibido antes. Quería escucharlo de cerca, deseaba deleitarse con aquella esquiva escena, sin analizarlo mucho, salió para ir a su encuentro.
Vestida con lo que Rinko le había dejado previamente, se apresuro a colocarse una bata que la cubriera, así raudamente logró dar con su destino. Con sigilo abrió la puerta, para entrar con nerviosismo al salón, pues sus sentidos estaban aflorando con cada nota emitida, era como si el mismismo Ryoma le estuviese susurrando al oído.
Sus orbes carmín titilaron de emoción, al ver tan imponente pianista, parecía ajeno a todo mundo, estaba él y el piano envueltos en un ambiente lejano a la realidad. Anhelaba que este día llegara, pues nunca antes había tenido la oportunidad de observarlo de esta forma, además, que ni cuenta se daba de su presencia, entonces podía gozar de tan esplendida escena.
Las emociones danzaban a su alrededor, incrustándose en cada poro disponible de su tersa piel, aunque ansiaba no perderse aquella visual, sus ojos se cerraron para dejar volar su imaginación, hundida en sus pensamientos no se percató que la música había concluido, pues todavía su mente viajaba lejos en donde solo ella podía llegar.
¿Ya estas bien? – escuchó decir a lo lejos.
¡Ahhh! – sonrojándose por su despiste – claro... – al notar el nerviosismo en ella, sonrió con arrogancia, ya que era conciente que se debía ha él.
¿Conoces esta melodía? – cuestionó impasible con su habitual tono serio, solo negó con su cabeza – acércate – ordenó con autoridad.
Como cual niña obediente se aproximó a Ryoma, sentía como sus piernas temblaban ante tan penetrante mirada. Mientras él solo se deleitaba con aquella bella silueta femenina, a simple vista un ángel con ropajes blancos, en contraste con sus rebeldes rizos que caían desordenados por sus hombros, sinuosos por sus mejillas, que estaban sonrosadas por el reciente baño.
Sin duda era una apetecible delicia, embelesado por la fémina que inocentemente de desplazaba hacia su apresador, aunque ignoraba el riesgo de acercarse más. Al estar a un paso de su esposo, él le señaló que se sentara a su lado, súbitamente sus piernas temblaron y su corazón retumbó como si hubiesen presentido el inminente el peligro, aunque una ligera cosquilla en su vientre la incitaba a no detenerse.
Escucha, luego sígueme – fue lo que dijo, sabía que ella podía hacerlo bien, por algo la había instruido porque reconocía sus capacidades.
Pero – quiso refutar, ya que se sentía insegura de poder hacerlo, no quería decepcionarlo, pero antes de que pudiese ser oída, comenzó con la melodía.
Instantes en que observó detenidamente las manos masculinas, pudo percatarse de aquellos largos dedos que se desplazaban diestramente por cada una de las teclas tocadas, nunca se había fijado en sus manos, y ahora ya comenzaba a delirar con que exploraran su cuerpo… ¿pero qué estaba pesando? Se ruborizo a más no poder.
Toca – escuchó decir, al darse cuenta que estaba completamente ida.
Ehhh… claro – intentando no equivocarse.
Solo déjate llevar – emitió, mientras la miraba de reojo.
A pesar de su aparente normalidad, no se encontraba en mejores condiciones que la pelirroja, pues había logrado percibir aquella fragancia, que intrusamente atravesó sus fosas nasales, circulando desmedidamente por todo su ser, embriagándose en cada respirar volteó ligeramente hacia ella, mientras como buena alumna Sakuno continuaba tocando, aun sin percatarse de lo que sucedía.
Aquellos ámbares encendían en deseo, brillando fulgentes con cada nota emitida, deslizó sus dedos por los rizos de su esposa, para despejar el camino a su piel más expuesta, un níveo y largo cuello, que a su mirar le exigía ser devorado, no paso mucho antes que estuviese saboreando sin vergüenza aquel tentador espacio, que rápidamente logró que reaccionara, al sentir que drásticamente la música fue cortada.
¿Por qué paraste? – le regaño de lo más natural – continúa – decía rozando su cuello… ja como si eso fuese posible pensó la chica.
Prácticamente estaba inmóvil, sus músculos se tensaron al primer roce, mientras su corazón casi desborda por la boca, un hilo de vida la sostenía en este mundo, a pesar de no ser la primera vez que lo tenía tan cerca, su instinto le anunciaba que esto estaba lejos de ser una simple caricia, ya que cada vez que humedecía su piel, más rápido despertaban sus sentidos.
Hueles bien – con un tono seductor, sintió como se erizaban por entera, sonriendo engreídamente.
Esto solo lo provocó más, hipnotizado, comenzaba ha ser conciente que sus instintos masculinos prontamente tomarían control absoluto de su persona. Electrizantes caricias efectuadas por su ágil lengua, recorrían sutilmente aquella suave piel, un sabor femenino que lo estaba enloqueciendo, despojado de sus impedimentos para hacerla suya, jalo la frágil silueta para sentarla sobre sus piernas.
Sumisa e indefensa se dejaba llevar, ya que aunque quisiera negarse su cuerpo era incapaz de responder, más bien parecía estar dispuesto para la invasión, cerrando sus ojos permitía que sus sentidos despertaran gradualmente con cada roce que su piel sentía. Una varonil mano sujeto su barbilla, para girarla hacia su apresador, enfrentando una lujuriosa mirada que la hicieron temblar.
Si previo aviso capturó esos apetecibles labios, generando un débil pero incitador gemido, atrayéndola aún más hacia su persona, acariciaba poderosamente sus ya desnudas piernas, deslizándose hacia lugares jamás antes explorados, aunque lejos todavía de llevar a los recónditos espacios donde se escondía el tesoro más preciado.
Una ardiente danza se llevaba a cabo en sus bocas, bañados en una atmósfera que comenzaba ha cegar sus mentes, entregados a las nacientes pasiones que dominaban sus corduras…
Ryoma – articuló entrecortado, una vez fue liberada – estamos… aquí...
Un instante de luz llegó a su cabeza, deseaba tanto apoderarse de esa mujer, que no había tomado en cuenta que este no era el mejor lugar. Sin embargo, no permitiría que esto arruinara su esperada aventura hacia los virginales terrenos que Sakuno le ofrecía, mucho tiempo analizando este posible viaje como para ahora, una vez emprendido, tuviese que abandonarlo.
Vamos – un ronco sonido surtió de sus labios, parándose con ella en sus brazos, cuidando su presa para que no le fuese quitada de las manos.
Dejando que la escasa conciencia aun presente actuara, levanto a la hermosa criatura que era su esposa, para dirigirse hacia un lugar donde nadie pudiese interrumpir sus lascivas intensiones hacia ella. Nuevamente, al ser cargada por él, se aferró a su pecho absorbiendo una masculina fragancia, que debilitaban sus piernas y despertaban sus instintos.
Un tortuoso instante para alcanzar su refugio, entrando a su cuarto, esta vez se aseguro que la puerta estuviese con cerrojo, no estaba dispuesto a verse sometido a mas interrupciones, esta vez ¡NO!... la depositó en el lecho con ternura, pero sin apartar su penetrante mirada como vigilando que su presa no le fuese arrebatada.
Un seductor silencio recorría la habitación, solo sus respiraciones algo agitadas daban señales de vida, encontrándose en sus miradas, unos ámbares ardían por retomar la actividad, mientras los carmín brillaban con expectación, a pesar de la premura de él por avanzar, se tomaría su tiempo para deleitarse con la imagen cándida de la fémina, pues sería la última vez que observaría aquella indefensa niña, ya después pasaría ha ser "Su Mujer".
Dominada por un exquisito nerviosismo, mordió su labio inferior con inocencia, mientras dubitativamente cubría su pecho con sus brazos, un ingenuo juego que provocaban a Ryoma ha querer arrebatar esa pureza. Levemente posó su cuerpo sobre ella, despejando su rostro de aquellos estorbos que insistían con cubrir su mirar, con suavidad rozo sus labios, pero esta vez los humedeció con su lengua en forma sugerente.
Un temblor en su pecho, para inmediatamente dejarse atrapar por esos labios, osando atraerlo para si, sujeto su cuello entre sus delgados dedos, que arrebataron al fin las barreras impuestas que les impedían avanzar. Entregados a sus deseos sus lenguas comenzaron una fogosa actividad, que incitaba otras partes de su cuerpo a participar.
Si antes soñaba con ser acariciada por las masculinas manos de su esposo, ahora el deseo era imperioso, una conexión que daba inició, prontamente fue invadida por los intrépidos dedos de Ryoma, que se estaba dando el gusto de recorrer sin delicadeza su cuerpo. Privándola de sus labios, empezó a reconocer cada espacio de piel que permanecía a la vista, un tanto molesto por lo que aún estaba cubierto.
Ligeras mordidas se abrían el camino para despejar los hombros de Sakuno, marcando la vía desde el cuello hasta el naciente de sus pechos, con húmedas lamidas que erizaban instantáneamente la piel, generando ahogados gemidos con su nombre. Absorto en su candente labor, acarició tentativamente sus redondeados pechos, que le eran negados en algo, pues continuaban protegidos por la sedal tela.
Intentando no descontrolarse, por los estorbos que se le presentaban, comenzó un recorrido por los suaves muslos de Sakuno, despejando el camino a la cúspides de sus fantasías, solo un tanto más para convertirse en el dueño de esos terrenos, marcando con sensuales besos cada espacio de piel que sus dedos acariciaban, como pago a sus esfuerzos intensos gemidos surcaban sus oídos, aun cuando ella intentaba reprimirlos, por la timidez de su inocencia.
Eres hermosa – un ronquido cerca de sus pechos, que la hicieron vibrar – no sabes cuanto te deseo – logró pronunciar antes de besar sus pezones con posesión.
Una sensación turbadora la invadía, sintiendo como su cuerpo comenzaba ha hervir desde su vientre, mientras más era besada más percibía que su temperatura ya no era normal, un extraño cosquilleo con sutiles palpitaciones en su femineidad, la hacia desear algo más, acaso ¿eso era lo que Ryoma sentía? Un pregunta que se perdió en su mente, al apreciar una nueva caricia recorrerla peligrosamente entre sus piernas.
Sin mucha destreza intentó liberar las prendas masculinas, un instante que él se privó de tocarla, para observar fijamente hasta donde llegaría, pero la paciencia no es su fuerte, así que le arrebató el placer quitándose lo que estorbaba, solo una ligera barrera quedaba entre ellos, no apresurando las cosas para no asustarla, volvió a posarse sobre ella, pero esta vez con más presión para que sintiera los cambios en su cuerpo.
Un respingo en su esposa, le anunció que reconocía la diferencia, con ondulantes movimientos pélvicos rozaba su intimidad con la de ella, logrando arquear a la fémina. Embelesado por lo que sentía, una lluvia de fogosas caricias masculinas dio comienzo al término del preámbulo, dejando atrás la ternura inicial, pues la tortura ya era demasiada, una vibrante palpitación de su miembro le reclamaba que ya era suficiente, debía hacerla suya.
Completamente expuestos, inmersos en un mar de incandescentes caricias, susurraba sensualmente sonidos en los lóbulos femeninos, haciéndola temblar bajo su pecho. Preparándola para el contacto definitivo, unos atrevidos dedos empezaban una ardiente intromisión en su más apetecido tesoro, presionado su lado más sensible lograba estremecerla, respondiendo agónica con su nombre.
Como una fogosa melodía que atravesaban sus oídos, en excitantes gemidos femeninos que rogaba por sus caricias, una inocencia que a cada segundo se desvanecía, despertando a una fogosa amante en su lugar. Observarla retorcerse bajo su piel lo incitaban más a provocarla, quería verla llegar a su límite y disfrutar su rostro perdido por sus besos y masajes indecorosas.
Posesionándose de las turgentes vanidades de Sakunos, que parecían hincharse con los roces de su lengua, succionaba con pasión la cúspide de los terrenos ofrecidos, mientras sin compasión frotaba la entrada hacia el desborde de todos sus deseos, confusa por las emociones que le eran arrebatadas de su cuerpo, que afirmaba su mano en la de él, no sabiendo si quitarla o rogándole que no parara, el fuego en su interior se inflamaba inimaginablemente transportándola hacia la locura y perdida de la razón.
Un ahogado grito y descontrol de si misma le confirmaban que había llegado a su máximo, excitándose con solo verla curvarse, sabía que estaba preparada para recibirlo por completo, que su invasión no sería dolorosa, quizás una leve molestia pues ella aún estaba extasiada por el desborde de placer. A penas estaba recuperando su respiración, cuando una nueva ola de placer la golpeo.
Abrió sus ojos para buscar al culpable, seducida por esos ardientes ámbares se dejo guiar hacia una devastadora arremetida, con el aliento agonizante las llamaradas internas recobraron fuerzas inexplicables para ella. Apoderándose de sus carnosos labios, entrelazaba provocativamente su lengua con la de su ensimismada esposa, quien había sucumbido a sus caricias.
Al sentir como ella se aferraba con urgencia a su espalda, enterrando sus uñas provocativamente, comenzó un suave vaivén de caderas, enseñándole a seguirle el ritmo, una buena alumna que rogaba por más entre gemidos y jadeos, su placer fue torturarla al disminuir el compás, deseaba escucharla suplicar por él, aunque no era del todo sencillo, pues sentía como su virilidad le exigía que terminara con la actividad.
Subyugado por sus ardientes deseos, permitió que su empinada masculinidad dominara por completo su adquisición, los campos virginales que su hermosa Sakuno le había entregado. Embestidas que comenzaron a derrumbar cualquier rastro de cordura, solo una candente llamarada que en cada arremetida parecía encenderse con urgencia, el seductor sudor que bañaba sus cuerpos, era rápidamente esparcido por los fervientes besos de Ryoma, que no podía dejar de saborear aquel enviciante manjar.
Una última acometida en el delirio de la femineidad para dar paso a la explosión de guturales sonidos y espasmos de placer, que socavaron sus fuerzas al límite de sus cuerpos, extasiados en tan fogosa labor, un derrame de deseos contenidos concluyó en un suave y posesivo beso masculino, cayendo irremediablemente a sus brazos.
R-ryoma-kun…Te… amo – suspiró la joven, todavía intentado recobrar la respiración.
Yo también – la miró con ternura – también te amo – dijo al ver el ruego en sus ojos carmín, era lo único que deseaba escuchar, para asegurarse que no había sido un sueño la vez anterior.
Buscando acomodarse un tanto, pero sin desligarse del abrazo, pues aun era invadido por sentimientos de posesión hacia ella, la atrajo con mayor confianza para sí…
Tienes sueño – afirmó al verla parpadear repetidas veces – será mejor que duermas – besando suavemente la sudorosa frente.
Al ver que ella frunció el ceño en son de molestia, sonrió con arrogancia, alzo su barbilla para deleitarse con esos rosados labios, mordiéndolos sensualmente acariciaba su boca, terminando por aprisionarlos sutilmente contra los suyos, para luego liberarlos, sino no respondía.
Ahora duerme – pronunció con autoridad – después podemos seguir – emitió con una seductora sonrisa, que la estremecieron entera.
¿Seguir?... significa ¿que lo harían más de una vez?... un fuerte rubor invadió su rostro, provocando una nueva sonrisa en Ryoma, que leía a la perfección la mente de Sakuno, además de sentirse a gusto con que ella aún conservara aquella deliciosa inocencia, que con mucho placer se encargaría de borrar. Embobado observaba como en escasos minutos su mujer, se dejo derrumbar por el cansancio, logrando cubrirse con las suaves sábanas se embarcó en el mismo camino que su esposa.
"El amor no
tiene cura, pero es la única medicina para todos los
males"
Leonard
Cohen
Arrebatados por la desbordante entrega de sentimientos, durante la fiel representación de amor, los jóvenes amantes se hallaban hundidos en un profundo sueño, mientras los rayos de luz de una nueva esperanza atravesaban los cristales para entorpecer el cálido descanso. Por estar más expuesta ha la luminosidad, sus ojos avivaron sutilmente.
Entreabriendo su mirar carmín, se le anunciaba que el día comenzaba y que el placido sueño debía concluir, intentado moverse extrañas sensaciones recorrían su cuerpo, un agotamiento y malestar desconocido surcaba en ella, cuestionándose las razones, de golpe las imágenes de su actividad nocturna le trajo las respuestas que necesitaba.
Un revuelo en su pecho la hizo temblar, poco a poco era conciente que su relación con Ryoma había dejado de ser lo que era, ahora realmente se había convertido en su esposa, una felicidad la embargó súbitamente, luego de tanto tiempo derramando dolor por cuanta cosa le había sucedido al fin podía sonreír con veracidad.
Sin embargo, la vergüenza atravesó su cándida mente recordándole que se hallaba completamente desnuda, los colores se le subieron al rostro y comprobando que su marido aún dormía, se preparó para abandonar el lecho, intentando localizar en donde había ido a parar su ropa, sentada al borde de la cama, trataba de cubrirse a penas con la sábana, haciendo lo posible para que Ryoma no se despertara.
¿A dónde vas? – con voz somnolienta decía.
Yo – esbozando sus ideas – voy a… bañarme – casi lo primero que se le vino a la mente.
¿Por qué tanto apuro? – emitió serio, pero una ligera sonrisa dibujo en sus labios, pues notaba el nerviosismo en ella.
Tus padres… nos estarán… esperando – justo la excusa perfecta, pensó Sakuno, aunque ahora como se supone que saldría de allí, ya que sentía una penetrante mirada en su espalda.
¡Que fastidio! – rezongó molesto.
Todavía analizando sus opciones, no se percató que Ryoma ya había abandonado su lugar, hasta que lo vio atravesársele frente a ella absolutamente desnudo. Un impacto a su inocencia la bañaron en rubor por entera, ver tan espléndida escena caminado apaciblemente sin el menor recato, luciéndose sin pudor alguno ante sus ojos.
A pesar de su inexperiencia, los escasos segundos del trayecto le sirvieron para admirar la figura masculina, logró grabar en su cabeza cada parte interesante que sus carmines vieron, no obstante un inmenso sonrojo la cubrió al verse descubierta en semejante actividad, ya que fue conciente que sus sentidos parecían reaccionar ante la descarada forma de mirar a su marido, quien sonrió lleno de orgullo al provocar el deseo en ella.
Demasiada avergonzada como para alzar la vista, anhelaba que el dueño de su persona hubiese desaparecido, para enterrar su cabeza en alguna parte, pues no era capaz de mirarlo a los ojos y no temblar por sus besos, sus sentidos a flor de piel insistían en recordarle el placer que le fue enseñado, por tanto, verlo desnudo ante ella hacía que su cuerpo reclamara por más.
¿Hasta cuándo te vas a quedar ahí? – escuchó decir – no estabas apresurada en bañarte – emitió divertido, al ver a su mujer en semejante estado de timidez.
S-sí – apenas logró pronunciar, mientras intentaba localizar su ropa más cercana.
Entonces ven y apúrate – dijo con tono serio, para luego agregar – buscas esto – señaló indiferente, una prenda que estaba casi a sus pies – si te vas a bañar ¿para qué la quieres? – con un sensual tono, haciéndola estremecer – de todos modos te la voy a quitar – una mueca varonil que le atravesó los sentidos.
Con una actitud segura, parado en el marco de la entrada al baño, se apoyo sensualmente en uno de los pilares, cruzándose de brazos a disfrutar de las reacciones inocentes de Sakuno, aunque sus reales intenciones eran poder deleitarse con la desnudez de ella a plena luz del día, sabía que para llegar a su ropa debería liberarse de lo que la cubría, extremadamente excitante como para perdérselo.
Quiero verte – afirmó con cierta lujuria en sus palabras.
¿Verme?... esas eran sus intenciones, no se imaginaba que Ryoma tuviese ese tipo de pensamientos, estaba acostumbrada a escuchar a su suegro decir frases pervertidas, pero a él, esto la descolocaba, su incauta mente aún no comprendía que todos los hombres tienen ese tipo de ideas, una cosa es que no la digas a viva voz, son situaciones que pronto ira descubriendo, al ir despertando los instintos de su esposo, claro que ella todavía no se daba cuenta del potencial deseo que él tenía hacia ella.
Piensas hacer esperar a mis padres – cuestionó al verla dudosa.
Ehh… n-no – contestó muy bajo.
¡Ven! – llamó con autoridad, haciéndola temblar.
Sentía que sus piernas no serían capaz de sostenerla, sus pulsaciones aceleradas la colocaban cada vez más nerviosa, esforzándose por abandonar la vergüenza alzó su mirada para encontrarse con Ryoma, quien la observaba sin perder detalle de ella, un extraño brillo en los ámbares hicieron que su cuerpo percibiera el peligro, mientras él solo disfrutaba la delicia de su desnudez, mordiéndose sensualmente el labio inferior.
Camino pausadamente, vigilada por una ardiente mirada masculina que parecía devorarla con sus ojos, no podía sentirse más desnuda de lo que estaba, aunque más ansiosa se ponía al percibir que su cuerpo reaccionaba a eso, pues leves palpitaciones nacían en su femineidad, comenzaba a notar que deseaba ser capturada por él, que anhelaba fervientemente que la siguiera observando así, un mar de exquisitas sensaciones empezaban a gobernar su cuerpo.
Con el rostro gacho, el joven de mirada fogosa la atrapo en sus brazos, aferrándola con firmeza a su pecho, para comérsela a besos que recorrían sin pudor la piel femenina, alzándola levemente la llevó hacia el interior, así se adentraron en el pequeño espacio de la tina de baño, dejándose rociar por la lluvia cálida que cubría su cuerpo.
¿Me tallas la espalda? – propuso con sensuales palabras.
Sakuno que era invadida por los nervios, además de los propios deseos que la desconcertaban, busco torpemente algo con que tallar la espalda de Ryoma. Encontrando lo que quería, vio como él ya estaba dispuesto ha ser masajeado, dejando que el agua cayera ligera por sus hombros. Con mucha delicadeza apoyo la esponja en él, comenzando a subir lentamente para retornar con mayor seguridad, no estaba acostumbrada ha eso, pero tenía la leve impresión que no le tomaría mucho tiempo en hacerlo.
En cada segundo sentía como su mente emprendía un viaje al mundo de las fantasías, mientras sus ojos grababan con fuego la silueta masculina, una espalda ancha y fornida, que terminaban en unas caderas sensuales con glúteos tersos y turgentes, ensimismada por presenciar aquella escena, sus carmines bajaron hasta sus largas y fuertes piernas.
Sakuno – escuchó que la llamaba, debía despertar de sus sueños, claro el sonrojo fue su respuesta al verse nuevamente descubierta.
Satisfecho de las acciones de la pelirroja, le arrebato la esponja para ofrecerse amablemente a tallar su delicada espalda, el solo hecho de pensarlo la hicieron estremecerse, ya que volver a sentir sus manos en su cuerpo era lo que deseaba. Giro con timidez, pero un ardor en su vientre le decían que la temperatura interior comenzaba a subir.
En un instante la acerco a él, con una de sus manos la afirmó por la cintura, mientras que con la otra frotaba con suavidad la piel que se le ofrecía, con sutileza dio inicio a su labor, deslizando la esponja en ella, generando que las fantasías de Sakuno se intensificaran al volver a sentir las fuertes manos de Ryoma viajando por ella.
Olvidándose de los reales motivos del baño, abandono la esponja para agolpar inesperadamente a su esposa contra él, logrando que sintiera su incipiente virilidad que estaba deseosa por saborear los manjares de su intimidad, sin alejarla dio inicio a sensuales masajes acompañados por húmedos besos desde su cuello hasta la naciente de sus hombros.
Una nueva danza dio inicio, deslizando sus manos con autoridad recorría hábilmente el cuerpo de la chica, que en forma acelerada sentía que su emociones pronto explotarían, entre gemidos y jadeos femeninos rogaba por su nombre, mientras un nuevo grito atravesó sus oídos al sentir como frotaba con destreza la entrada al lugar más recóndito de ella.
Extasiados por las apasionadas caricias, Ryoma fue guiando a su mujer para poder llevarla al límite, en una posición justa masajeando su espalda, le arrancó un fuerte gemido con una brusca embestida, entregados al vaivén del acto, sus mentes comenzaban a perderse en sus emociones, afirmando fuertemente las delicadas y redondeadas caderas arremetía si contemplación sobre ella, generando fogosas olas de placer en ambos.
De un momento a otro un cúmulo de sensaciones estallaron libremente, envueltos entre en una jadeante respiración y entrecortados espasmos, pausadamente recuperaban la compostura, volteándola con sutileza la abrazó con firmeza, mientras besaba suavemente su frente, a su vez tomaba el rostro de su mujer para deleitarse con sus finas y excitadas facciones, logrando ver el fuego de sus ojos, que aún permanecían encendidos.
Será mejor terminar – emitió serio, refiriéndose al baño.
Ryoma – lo miró esperanzada, como esperando una declaración de sus labios.
Por unos segundos, la observó embelesado, no sabiendo si resistiría apartarse de ella, debía responder rápidamente antes que deseara volver a tomarla sin consideración. Aquellos ojos carmín le rogaban unas palabras que no comprendía, pero el brillo de inocencia le indicaba el camino¿por qué deseaba escucharlo¿Es qué acaso no le había quedado claro? Además, no se lo había dicho ya, entonces.
R-ry… Ryoma – volvió a llamarlo, al notar que este parecía ido, hasta que se conectó con esos ámbares que dominaban su persona, un tanto resignado ante la angelical mirada de ella, intentó pronunciar.
Mi pequeña… te a… mo – besando suavemente sus labios.
Al ver el rostro plagado de felicidad que se dibujaba en cada facción de Sakuno, supuso que le había atinado a la respuesta, aunque de todos modos no deducía la urgencia de escuchar eso, además de la necesidad de volver a decirlo¿por qué? si con una sola vez basta y otra cosa, desde su parecer, él se estaba esforzando en demostrárselo.
Probablemente sea cierto, pero así como Sakuno deberá aprender que los hombres no son tan expresivos y emotivos, principalmente su insensible marido, asimismo Ryoma tendrá que darse cuenta que, para una mujer enamorada y sensible como lo es su esposa, es necesario que sus sentimientos sean audibles, no excesos, al menos por un tiempo, hasta que su relación sea fortalecida y las palabras se conviertan en un simple adorno, pues sus miradas serán oíbles.
Bajamos – oyó que una varonil voz le hablaba.
Claro – volteó a ver a Ryoma con una tierna sonrisa.
¿Qué veías? – interrogó, acercándose a ella, que observaba por la ventana.
El cielo… es un día hermoso – suspiró, al ser abrazada por él – aunque parece que pronto lloverá – emitió resignada.
Una cálida luz se filtraba por el cristal, bañándolos con su esperanzador calor, un invierno que estaba pronto por terminar, unas cuantas semanas más para dar paso al romanticismo primaveral. Solo a lo lejos se observaban unos amenazantes nubarrones, que desafiaban con opacar el bello día que amanecía, cubriendo con sus oscuras intenciones los rayos solares que caían indistintamente por la ciudad.
Aun cuando el tifón azote sobre ellos, estos jóvenes amantes tendrán que estar preparados para enfrentar, las probabilidades de tormenta que se avecinan por el horizonte. Principalmente, si desean observan juntos el porvenir de sus vidas, deberán atravesar airosos las futuras tempestades que aun quedan para terminar el crudo invierno.
Continuara...
Al fin he terminado este capitulo, ya queria ver ha esta pareja juntita, ahora veremos que pasara en sus vidas y que haran los malvados de la pelicula, jajajaja... bueno espero lo hallan disfrutado, ahora ire a remojar mis neuronitas para pensar en el siguiente capitulo, así que esten bien y nos vemos la proxima semana. Chao
