Hola... primero muchas gracias por todos los comentarios, no me ha dado el tiempo de contestarlos, pero los he leido todos.
Bueno quiero disculparme por la tardanza y para decirles que este es el penúltimo capitulo, se que dije que podría ser el final, pero miren... la primera mitad correspondía al capitulo anterior, por tanto la otra era parte del final, pero no resulto como quería. Disculpen a quienes no le agrade esto, pero a mi no me gusta dejar las historias con vacíos, me gusta que sea lo más completa posible, puede que exagere, pero así soy, ojala me aguanten hasta el final.
Eso si el próximo, definitivamente será el último, uno enterito para RyoSaku, ya esta en proceso, así que si mi tiempo y este lindo pc no se taima, me lo permiten, entoces de aqui el fin de semana tendrán el final.
20.- UN NUEVO AMANECER
Sobrevolando el inmenso cielo azul, se despedía con nostalgia una joven de mirada carmesí, una tranquilidad que solo observando tan de cerca el firmamento podía obtener. Sus bellos ojos asomaron por la pequeña ventanilla del avión, deseaba ver, por última vez, la ciudad que tantas cosas le permitió vivir, buenas o malas realmente no importaba, de todos modos inolvidables.
Suspiró con tristeza al saber lo que abandonaba al irse, tenía su corazón partido en dos, aunque era una herida que costaría sanar, sabía que ya la cicatrización había comenzado, claro esta que fue por recibir una dosis justa de una sanadora medicina, palabras llegadas de una impensada persona, quizás en otro momento veneno puro, pero ahora tal vez una milagrosa cura.
Horas antes…
Arrastrando una densa desolación, intentaba remolcar su equipaje, había salido con tanta prisa que no se percató, que todavía tenía el tiempo suficiente para abordar. Es que sus ganas por huir del dolor que la perseguía eran enormes, quería avanzar sin mirar atrás, pero sus insistentes orbes fuego doblegaban esperanzadas por quien las detuviera, aunque una lucha interna tenía con su conciencia, que no la dejaron dudar, obligándola a continuar hasta el final.
El tiempo era desastrosamente parsimonioso como si se estuviese burlando de su angustia, miró la hora del vuelo comprobando que aún faltaba mucho para ingresar, derrotada caminó hacia unas bancas, lo más cerca posible de la entrada de abordo, con aquella torpeza habitual trató de alcanzar su destino, entre tantas cosas Karupin escapó de sus brazos, así que un débil grito dio su ubicación.
Muchas miradas cayeron sobre ella, logrando que una notable vergüenza cubriera su rostro, agachando su cara se dirigió donde su mascota yacía, placidamente recostada en uno de los bancos, solo un suave ronroneo emitió al ver que su dueña iba por él. Caminó frustrada aquella pequeña distancia, para poder acomodarse junto al felino.
¿Princesita? – escucho una temida voz a su espalda.
Sintiendo una fría corriente tras de sí, quiso negar sus sentidos como si eso evitara la realidad. Una palidez en su rostro delataba lo incómoda que estaba, por qué de todas las personas que conocía, tenía que encontrarse con ella.
¿No me oyes, Princesita? – confirmando sus miedos, no pudo seguir evadiéndolos.
Kuro… sawa-san – logró decir, mientras se volteaba.
Pensé que te habías quedado muda – sonrió divertida al ver su estado - ¿de qué huyes? – hablaba para sentarse junto al felino, que ni se inmutó con su presencia – no te sentarás… te vi entrando hace un rato, por un momento pensé que vendrías acompañada, veo que tampoco le resulto el plan a Syusuke – la chica bajo acongojada su rostro – ya no pongas esa cara, aunque no lo creas me alegra que estés sola – afirmó para sorpresa de Sakuno.
¿Qué quiere? – preguntó inquieta al verla tan tranquila sentada.
Hablar contigo – emitió en forma amigable, la aludida solo frunció el ceño desconfiada – estoy aquí en son de paz, no tenía idea que estabas por aquí, esto es un coincidencia – levantando la mano como jurando que era así – pero ahora que te encontré, creo que debo decirte algo.
¿Por… qué? – pronunció confusa, al ver la amabilidad con la que hablaba, muy distinta a sus anteriores encuentros.
OK. Se que tienes motivos para no confiar, pero sabes la gente cambia… bueno, no tanto… se puede decir que me conseguí una vida o algo así – afirmó segura – primero que todo quiero disculparme por todo el mal que te hice…
La joven de esbelta figura, que tanto atormentó a la inocente esposa, se disculpaba sinceramente por el daño cometido, aunque sin explicar en demasía las razones de su arrepentimiento. Expiando sus propias culpas, para no tener que sufrir lo mismo que ella, una cuestión de superstición, el mal que haces se te devuelve por mil, como pensaba mejor prevenir que lamentar.
No me crees mucho – al ver la desconfianza con la que era observada – bueno no tienes por que creerme, yo no lo haría. De todos modos tengo algo que contarte, quizás cambies de idea.
No – dijo cabizbaja.
Igual te diré – aseguró decidida – Se lo que ocurrió entre Sachiko y Ryoma – comentaba, trayendo escenas horribles a la chica, al ver su tristeza aflorar, agregó – no llores antes que termine, escucha… Sachiko siempre consigue lo que quiere, al menos desde que la conozco a sido así – confirmando sus temores, de que ellos ahora estaban juntos, hizo ademán de pararse, no quería saberlo – espera aún no termino.
P-pero… yo no quiero… saber – de pie para partir, aunque fue detenida por Emiko, quien la jalo hacia el asiento.
Bueno, yo creo que si querrás saber que Ryoma rechazo por completo a Sachiko – eso no se lo imaginaba, consiguiendo que su corazón volviera a latir con furor, pero intentó no reflejar su felicidad – supongo que eso no te lo esperabas, pero te aseguro que es así. Otra cosa, estoy convencida que Ryoma no quiso nada más con Sachi por ti – afirmó con un cierto grado de felicidad, como si hubiese sido ella la ganadora.
Por unos minutos, la joven de oscura cabellera, relataba los hechos que la llevaban a pensar que su marido la amaba a ella, aunque Sakuno negaba cualquier motivo, se debatía entre la razón y el corazón que no se ponían de acuerdo.
Princesita, escucha con atención – emitió amigable – Ryoma te ama, tú eres la mujer que logró que ese insensible profesara esos sentimientos. Sabía que desde que apareciste eras peligrosa, tu parecido con Sachiko era mucho, bueno al menos a primera vista. Desde que iniciamos el año, me di cuenta que él comenzaba a cambiar, por supuesto, que cuando se supo que ustedes dos vivían juntos, mis dudas se aclararon. Cada día que pasaba, él se alejaba más de mí, antes no le molestaba que estuviera cerca, pero después de que tú llegaste, su comportamiento se torno más frío y distante, intentando que me alejara realmente de él, pero sin decirme por qué. Aunque para mí, eso ya se estaba haciendo evidente y obviamente no lo podía permitir.
Así continuó relatando los hechos, desde sus confabulaciones con Syusuke y todas sus maquinaciones para separarlos. Hasta que avanzó a los sucesos cuando volvió Sachiko, en donde a ella la dejaron literalmente fuera, logrando que sus ojos encendieran en furia al recordar la traición, pero eso fue el gatillo para encontrar el camino de su vida.
A su vez, le comentó lo ocurrido durante la fatídica noche, eso sí omitió por unos instantes la revelación de Ryoga, primero quería convencerla de que Ryoma había rechazado a Sachiko antes de enterarse de lo otro, por qué hacía todo eso, quizás solo quería enmendar el mal causado o definitivamente terminar con su venganza hacia los traidores, principalmente hacia Fuji, que con esto de seguro Sakuno no lo perdona.
Recibir esta información le revolvía todas sus emociones, un sube y baja de sentimientos que no la dejaban analizar bien, sin embargo, una mísera semilla de esperanza se albergaba en su interior, imaginando que tendría una nueva oportunidad al lado de su marido. Eso sí, su sorpresa fue todavía mayor al saber que sus amigos y Ryoma la estaban buscando incesantemente, pero aun así ya había tomado una decisión.
¿Qué piensas hacer, Princesita? – preguntó interesada Emiko – ¿te irás de todos modos?
Sí – afirmó con sus carmesí opacados de tristeza.
Puedo saber ¿por qué? – una atmósfera de paz se respiraba, la joven esposa suspiró para comentar.
Si vuelvo ahora… nada cambiara – hablaba mirando el amplio techo del lugar – no quiero seguir siendo la misma a la que todos tienen que proteger, quiero convertirme en una mujer segura, en la cual las personas puedan confiar – como nunca sus palabras sonaban seguras.
¿Y no lo puedes hacer aquí?... junto a tus amigos – cuestionaba dudosa, ella negó.
Si me quedo, seguirán tratándome como si me fuera a romper, no me dejarán salir de mi burbuja, se que lo hacen por que me quieren, pero quiero crecer y al lado de ellos… no lo haré – confirmaba con pesar.
Pero y Ryoma… ¿crees que él te esperará? – indagaba en terrenos delicados.
No lo sé – respondió levantando sus hombros – pero aún así no volveré, además, todavía no puedo olvidar lo que sucedió – unas cristalinas gotas se deslizaban por sus pálidas mejillas.
Es cierto que los recientes sucesos eran difíciles de apartar, provocándole sentimientos que carcomían su interior, con inmensas ganas de llorar hasta más no poder. Asimismo, sabía o al menos creía, que si Ryoma la enfrentaba y se disculpaba, aunque fuese levemente, probablemente ella caería rendida ha sus pies, conocía su debilidad, así que antes debía crecer y prepararse para eso, sino las cosas nunca mejorarán, siendo siempre atormentada por esos recuerdos.
Te entiendo, es difícil olvidar el engaño de quien amas – mientras ambas chicas de paraban – creo que debes irte.
Sí – tomando sus cosas, hizo una reverencia para despedirse.
Una cosa más – alejada unos pasos - ¿Aún amas a Ryoma? – un tímido sonrojo fue la clara respuesta – él también te ama y te esta buscando ¿cómo te encontrara si no das señales?
Tú me dijiste que me ama – habló con una extraña sonrisa, ella afirmó – entonces…
Un gigantesco bullicio pareció apagar las voces femeninas, que solo se veía como articulaban palabras, solo audibles para ellas, ambas se despidieron sonrientes, sin formalidades ni más explicaciones, se alejaron cada una hacia su destino, zanjando rivalidades antiguas, de todos modos, existe la certera probabilidad que nunca más vuelvan a verse.
Volviendo a la realidad
Al recordar su conversación con Emiko, lágrimas de esperanza y una sonrisa coqueta surgió en su rostro, al imaginar a Ryoma buscándola, aunque al saberlo le daba cierta tristeza marcharse, pero había tomado una decisión, así que debía cumplirla, tienen toda la vida por delante para estar juntos, pero solo estos preciados momentos para fortalecerse.
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Dos meses después…
Desde la partida de Sakuno, la vida comienza a tomar su normal ritmo, al menos para unos. Como era de esperarse en el joven Ryoma, su manera de expresar lo que estuviese sintiendo por esta ruptura y separación de su esposa, era un hecho que solo quienes convivían con él mucho tiempo, sabían interpretar lo que pudiese pasarle.
Lamentablemente, quienes se veían afectados, en forma directa, era su familia, la cual tenía que lidiar con el mal humor constante del menor, además considerando aquel carácter tan especial que tiene, era algo de cuidado. Para fortuna de los conocidos, las clases habían terminado, así que no tendrían que soportar en demasía esto.
Aun cuando sus amigos cercanos se atrevían a visitarlo, claro esta que ahora se había convertido en la mansión del terror de los Echizen, pues la siniestra atmósfera que rodeaba a la casa era percibida fácilmente por sus visitantes. Una especia de nube grisácea cubría a la familia, para muchos era una especie de maldición que alguien les había echado.
Todo esto fue provocado por el dueño de los ojos ámbar, no hallo mejor forma para expresarse que a través de la música. Obviamente, él no iba andar llorando por los rincones ni nada parecido, así que cada día se encerraba por horas a tocar el piano, con vehemencia desplazaba sus dedos por el teclado, sacando rudamente las notas, tonadas lúgubres y desalentadoras se dejaban caer sobre los Echizen, excelentes interpretaciones, pero no gratas a diario.
Para el joven impasible, el solo hecho que su esposa lo haya abandonado, fue un duro golpe a su persona. Por varios días le costó encontrar respuesta a esto, sin querer la inexperta Sakuno, le dio con lo que mas le dolía, el completo silencio mucho más poderoso que hirientes palabras o insultos, no permitiéndole ninguna defensa, si es que la tenía.
Un cúmulo de sensaciones desconocidas para él, que solo con la música logró canalizar, a pesar de la frustración que sentía, lo único que le daba algo de tranquilidad era saber que su mujer, no estaba con el despreciable de Fuji, aunque de eso se enteró unos días después que Sakuno enviara el mensaje a sus amigas, minutos antes de abordar.
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El calor azotaba con fuerza en la ciudad, una humedad en el ambiente que hacía casi imposible poder caminar, buscar zonas refrescantes era una sana idea, sin embargo, un grupo de jóvenes insistían con correr de un lado a otro, intentando averiguar el paradero de la esposa perdida. Pronto la carrera sería dirigida a un destino verdadero, gracias a un fiel informante.
Los contactos de Oishi, el abogado, surgieron efectos, una pista más real y posible llegó a ellos. Se encaminaron hacia el norte de Tokio, en donde había una zona comercial con edificios aptos para ejecutivos, una especie de hoteles pero con las comodidades de un departamento privado. Según sus informantes, la familia Fuji tenía varios pisos a su nombre, que eran usados por quienes hacían negocios con ellos.
Aquella nueva noticia les lleno la cara de esperanza, pues luego de días de infructuosa búsqueda, el cansancio y desanimo era evidente. Así que se dirigieron inmediatamente a los condominios del norte, conversando animadamente en el trayecto, intentando animar al más afectado, que prácticamente fingía que lo obligaban a ir, solo se limitaba a observar por la ventana el urbano paisaje, haciendo caso omiso a sus acompañantes.
Gracias a que Ryoga utilizo con autoridad el apellido de su padre, lograron ingresar sin dificultad para recorrer el lugar. Todavía sin descender, entablaban una charla para ver sus posibilidades y como conseguir encontrar a Sakuno, tratando de evitar que Ryoma se enfrentara a Fuji, mientras ellos seguían en su conversa, no se habían percatado que el interesado se había bajado.
Ok… yo me encargo de hablar con el sádico – planificaba Ryoga, escuchado atentamente por los demás – mientras tú – apuntando a Momo – y Kaoru se encargan de mi hermano, que de seguro no cooperara en nada.
Perfecto, entonces así quedamos – habló el chico de ojos violeta.
¿Y yo, que debo hacer? – interrumpía el pelirrojo con inocencia, los tres se miraron incrédulos sin saber por que le habían avisado a él.
Te encargarás de buscar a Sakuno – se adelantó a decir Ryoga, esperando que Eiji no se diera cuenta que preferían que no estuviera.
¡Bien! Yo cuidare a la princesa – emitió con tal alegría, que les hizo comprender a sus amigos por que lo habían traído, él tenía la capacidad de romper con la atmósfera tan densa que los rodeaba, recargándolos de esperanza.
Obviando la planificación de sus acompañantes, bajo deprisa del vehículo, dejando que el intenso calor abofeteara su rostro. Observó detenidamente el lugar para escoger un rumbo, hileras de estacionamientos enmarcaban un trayecto lineal, con un grupo de vehículos lujosos que rompían el esquema, tras una pared de frondosos árboles podía distinguir los edificios. Suponiendo que en uno de esos encontraría a su esposa. Inmediatamente se encaminó hacia ellos, cuando frente a sus ojos de lince divisó lo que quería.
Una arrogante sonrisa surcó sus labios, casi con deleite brillaron los orbes ámbar al ver a su víctima poco más allá. Empuñando sus manos con notable furia, apresuró el paso como un felino de caza, caminó con destreza y ágil andar, sin detenerse a pensar, en un rápido movimiento golpeo la mejilla derecha de Fuji, quien no alcanzó a reaccionar en defensa, cayendo estrepitosamente al duro pavimento. Sin embargo, antes de poder liberarse de toda su rabia, fue detenido por unos guardias.
Al instante llegaron sus amigos, mientras el genio aún en el suelo comenzaba a recuperar la compostura, dando señal a los hombres que soltaran a su agresor. Abría sus ojos cielo de manera desafiante, limpiándose la sangre que salía de la comisura de sus labios, sonrió siniestramente, para luego pararse, aquella actitud enfurecía a Ryoma, que fue detenido por Momo y Kaoru que vieron la rabia crecer en sus ojos.
Vaya, vaya… al fin te descontrolas – dijo con ironía – te tardaste en llegar.
¿Dónde está? – espetó molesto sin dejar de mirarlo.
¿Quién… Sachiko o Sakuno? – preguntó burlesco, irritando más al joven esposo - ¿a cuál de las dos escoges? – de no ser por que lo estaban sujetando habría continuado golpeándolo.
Así poder descargar toda la rabia que sentía, principalmente, por atreverse a pisotear su inmenso orgullo, además, de tener la osadía de arrebatarle a su esposa, eran cosa por las cuales estaba dispuesto a descontrolarse.
Ok – interrumpió Ryoga, que veía como los ánimos se encendían – solo queremos saber una cosa¿dónde esta Sakuno? – cuestionó con autoridad, pero Fuji no se intimidó y miró desafiante a Ryoma, para decir.
¿No se supone que es tu esposa?... ¡Ah! Pero si te andabas revolcando con Sachiko, por eso no sabes donde esta – afirmó con virulencia.
Aquellas palabras fueron un golpe bajo, tambaleando nuevamente el orgullo del dueño de los ojos ámbar, pues no tenía respuesta a eso. No obstante, quiso aparentar indiferencia, causando que Fuji se irritara con esa actitud altiva de su rival, lo único que deseaba era verlo humillado, pero parecía no conseguirlo, así que debía intensificar sus provocaciones.
No tengo que responder – sonriendo con malicia – además, ella ya escogió, si se fue conmigo es por que soy mejor que tú – afirmó seriamente.
¿Dónde está mi mujer? – ignorando el comentario, recalcando las últimas palabras.
Te equivocas, ya no es tu mujer, la dejaste… ¿ahora de quién crees qué es? – golpeando su pecho con la palma de su mano, indicando propiedad.
Por muy indiferente que deseaba ser ante los ácidos comentarios del genio, el solo hecho de imaginar esa posibilidad le hacia hervir la sangre, sus orbes ámbar destellaban furia ejerciendo fuerza para liberarse, pero fue Ryoga quien lo acalló.
Ya idiota, no te dejes engañar por este – decía en tono seguro – no te das cuenta que Sakuno no esta con él – logrando que el prodigio lo mirara con recelo – y tampoco la ha tocado ¿cierto?
¿Cómo lo sabes? – cuestionó Momo.
Fácil – respondió confiado – no se han dado cuenta, miren su frente.
Los chicos dirigieron su vista hacia donde Ryoga les decía, por más que miraban nada distinguían que les diera señal, solo un parche que suponían llevaba por alguna herida recién hecha, inocentemente pensaron que era obvio, pues había peleado con Ryoma hace poco.
Inútiles – esbozo burlesco, al ver que no comprendían – obviamente esa herida fue causada anteriormente y si mis deducciones son correctas, esa fue producida por un objeto duro, pero al ver que estas bien no tiene que haber sido golpeado con mucha fuerza, entonces o te pegaste con algún mueble o recibiste tu merecido al querer propasarte – concluyó certero.
Sólo especulas fantasías – se defendió el genio - tropecé con una repisa.
Una repisa llamada Sakuno – completó Ryoga – a mi no me engañas, se perfectamente cual es la diferencia – mientras se sobaba la frente como recordando viejas heridas.
Si te atreviste a tocarla, te juro que te mato – escupió sin contenerse.
Ya te dije que te calmaras – lo reprendía su hermano – no le hizo nada.
¿Pero la princesa esta bien? – interrumpía Eiji - ¿dónde está? – todos voltearon a Fuji.
Al verse cuestionado no dudo en cambiar sus maniobras, sabía que había sido descubierto, pero con tal de fastidiar a Ryoma, otra cosa se le ocurriría, aunque fuese solo esta vez, la última ocasión en que le vería directo a la cara.
Es cierto, pero ella no está aquí, hace unos días se marchó – confirmó sincero.
Te creo – dijo el mayor de los Echizen – ya no tenemos nada que hacer aquí, vamos.
Una cosa más - consiguiendo que se detuvieran – Echizen, me alegra verte derrotado, no pude quedarme con Sakuno… pero tú… tampoco – mencionó triunfante con esa molesta sonrisa – aunque igual te gane, mientras tú estás solo, yo me quedo con Sachiko, después de todo siempre fue mía… creo que iré a darle un hermanito a Yuuta – rió, para luego marcharse.
Observó como se iba victorioso, por unos instantes creyó lo que el genio le afirmaba, pero luego pensó detenidamente para darse cuenta de la realidad. Sonrió con arrogancia, el último punto del juego aún no terminaba.
¡Fuji! – llamó autoritario, consiguiendo que este volteara – tú y ella se merecen, así que te equivocas en algo – lo miraba con gran arrogancia y sonriendo, agregó – nunca ganaste, por que a mí jamás me intereso Sachiko, en cambio, Sakuno sí, así que perdiste, por que mi mujer nunca la conseguiste y yo todavía la puedo recuperar, entonces ¿quién pierde? – preguntó desafiante, logrando que Fuji abriera sus ojos molesto, sin encontrar la forma de refutar eso.
Se soltó de su agarre, definitivamente esta disputa había concluido, ya no tenía nada en contra de Syusuke, desde ahora solo pasaba a ser un desconocido, sin importancia en su vida. Quizás, hasta podría agradecerle algo, que le hubiera ayudado a diferenciar sus verdaderos sentimientos, lástima que Sakuno hubiese sido dañada en el intento, pero su visión había cambiado, su mundo en este instante había dejado de ser solitario, claro que primero debía recuperar a su esposa.
0o0o0o0o FIN FLASH BACK 0o0o0o0o
Atormentado los oídos de su familia, continuaba arrancando notas sin contemplación. Con el pasar de las semanas, su frustración aumentaba, había querido buscarla, pero al ver que ella insistía en huir de él, su orgullo herido retornaba a su función de mando, impidiendo que actuaran sus sentimientos por Sakuno, persuadiéndose que él no tenía por que arrastrarse, mucho menos por una mujer.
Sin embargo, no estaba muy convencido de eso, pero utilizaba eso como excusa para no demostrar lo que él consideraba debilidad, o sea el amor que profesaba hacia ella. Debatiéndose en como proceder, continuaba torturando a los residentes de su casa, aunque pronto este sufrimiento llegaría a su fin, pues su padre no estaba dispuesto a seguir soportando semejante tormento a sus refinados oídos.
¡Ryoma! – gritó desde la puerta del salón – te estoy hablando, hijo estúpido.
¿Qué quieres? – rezongó molesto.
Que pares con este suplicio – respondió tapándose sus orejas.
No querías que volviera a tocar – refutó sarcástico.
No te hagas el gracioso, que no te queda – emitió su padre, quien se paraba a un lado del piano.
Bueno, esto es todo lo que voy a tocar – afirmó, para retomar su tarea, pero su padre le bajo la tapa, que gracias a sus reflejos sus dedos fueron salvados - ¿Qué te pasa?
Escucha – este solo volteo desinteresado – el quedarte aquí sentado no solucionara nada¿Por qué no vas por ella? – un completo silencio fue la respuesta – si no quieres es tu problema, pero no puedes pasarte la vida así, por tanto, si quieres ser músico bien, pero hazlo correctamente, sino será mejor que te prepares, por que te vienes conmigo a trabajar a la empresa - sentenció.
Bufó por lo bajo, ninguna de las dos alternativas eran de su agrado, en realidad, solo las desechaba por que su padre se lo decía, ya que no se había dado el tiempo de pensar que haría con su vida. El reconocer que debía decidir, le causaba mayor enojo, pues debía aceptar que su padre tenía razón. Observando a Nanjiro que continuaba hablando, quien sabe de qué, no le importaba.
Bueno, ya te he dejado en claro… – fue interrumpido por un golpe en la puerta.
Señor Nanjiro – entró respetuosamente Kawamura – hay un caballero que desea hablar con el joven Ryoma – dejando entrar a este hombre.
¿Quién es? – al verlo de frente, reconoció en seguida al sujeto – tú, pero si eres la abogado de Taro – dijo sorprendido.
Sadaharu Inu, abogado de la familia Ryusaki – llamando la atención del menor, que volteo para distinguir quien era.
De reojo investigó quien era aquel sujeto, un hombre de gran porte con aspecto de científico, que usaba unas gafas cuadradas, que por la luz no se veían sus ojos. Estaba perfectamente vestido con un traje oscuro, logró ver que se acomodaba los anteojos, para luego sacar una libreta de apuntes, se aclaró la garganta y emitió.
Vengo en representación de la señora Echizen Sakuno – suficiente para que Ryoma se levantara como un resorte y enfrentara al sujeto.
¿Dónde esta? – preguntó con rudeza.
Lo siento, esa información no se me esta permitida revelar – confirmó sin inmutarse.
Tonterías, le exijo que me diga ahora mismo ¿dónde esta ella? – caminando amenazante hacia él.
Para Ryoma – lo jaló del brazo para que cayera en un sofá – escuchemos a que vino.
Muchas gracias – emitió aliviado, ya veía peligrar su vida.
Por favor –señalando el asiento tras de él, al ubicarse saco unos papeles dejándolos sobre la pequeña mesa.
Estoy aquí para informarle de esto – mostrando los documentos – es necesario que usted los firme para que el divorcio sea validado.
Cayendo como un témpano de hielo sobre su cabeza, aquellas palabras quebrajaron cualquier esperanza de recuperar a Sakuno, un denso ambiente se apoderó del lugar, Nanjiro observaba a su hijo para ver cual sería la reacción, pero este permanecía inmutable, como si nada le afectara, pero una oscura sombra en los ámbares delataba perturbación.
Observaba fijamente aquellos papeles, la ruta definitiva para no volver a ver a su esposa, invadido por un cúmulo de sensaciones que se agolpaban en su interior. Agarró los documentos como para verificar que eran reales, una intensa furia comenzaba a generarse en él, se sentía un completo idiota por el hecho de haber estado buscándola, mientras ella preparaba esta estocada por su espalda.
Empuñó sus manos, arrugando levemente los escritos, sus facciones se fueron endureciendo hasta que sus pupilas brillaron con furor, sintiendo como sus palpitaciones se aceleraban y una fuerte presión en su cabeza que pronto explotaría. Levanto su rostro para encarar al abogado, quien se sintió un tanto intimidado por la profunda mirada de odio.
¿Esto es lo que quiere? – preguntó serio.
La señora no quiere atarlo, agradece todo lo que hicieron por ella – mirando a Nanjiro para que comprendiera – con esto el compromiso anterior queda finiquitado, así usted podrá reanudar su vida, al igual que ella – esa declaración retumbó en su mente, para Ryoma, Sakuno solo quería liberarse de él, sin siquiera intentar arreglar las cosas, bufó molesto, para sentenciar.
Bueno, si es lo que desea, entonces eso tendrá – expresaba con una frialdad que hasta su padre tembló por eso.
Exigió que se le pasará un bolígrafo, para luego acomodarse y legalizar donde era correspondiente, sin titubear plasmo su firma en los documentos, dejándose dominar por completo por el inmenso orgullo que lo caracterizaba, no se detuvo a pensar en nada, solo finalizar con este absurdo para abandonar la habitación, necesitaba estar solo, para olvidarse de todo, principalmente de ella.
¿Eso es todo? – indagó con rudeza.
Sí, creo que con eso esta bien – respondía, mientras confirmaba que todo estuviese en orden – la señora Sakuno, me dijo que le dijese...
No me interesa – emitió molesto, para abandonar el lugar.
No te preocupes, esa es su forma de mostrar que sufre – aseguró su padre.
Así quedaron solos, mientras Inu se encargaba de ordenar los papeles que Ryoma consideradamente había arrojado sobre la mesa. Una vez el joven hizo abandono del salón, la atmósfera recupero la tranquilidad que solía tener, permitiéndoles a los adultos conversar amenamente de viejos conocidos.
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El saber que perdía a su esposa para siempre, desequilibró sus ideas, emociones y raciocinio, quedando a la deriva de sus sentimientos confusos, dejando que en cada paso su mente fuera controlada por la frustración, agrandando su orgullo, que no le permitía buscar una alternativa para recuperar a la mujer que amaba, sin rumbo fijo caminó por las concurridas calles, destilando odio y rabia a quien se le cruzaba.
Convenciéndose que su accionar había sido el correcto, continuó adentrándose en las calles, hasta que sin darse cuenta llegó al bar de Banji, observó por unos instantes, recordando que fue el lugar donde todo se vino cuesta abajo, frunció el ceño en son de molestia, pero decidió entrar, pues al menos aquí podría encontrar algo que aún no lo abandonaba.
Algunas luces iluminaban la entrada, un leve bullicio surcó sus oídos, comprendiendo que tendría público para escucharlo, como si fuera el dueño del lugar, solo caminó hacia el centro y tomo posesión del piano, sin mucho preámbulo dio inicio a su concierto. Comenzando con una retumbante tonada que despertó a quienes estaban un tanto idos por el licor, captando la atención del más mínimo ser.
La imponencia que presentaba su persona frente al piano, era tal, que nadie se atrevería a cuestionar su interpretación, permanecía con sus ojos cerrados, dejando que sus dedos, guiados por sus emociones se deslizaran armónicamente por el teclado. Una diversidad de notas eran sacadas con distintas sensaciones que conformaban su melodía.
¿Ryoma? – una fémina voz se dejo escuchar, pero decidió ignorarla, ya tenía suficiente con mujeres por este día – Ryoma – volvió a ser interrumpido, optó por abrir sus ojos y enfrentar al estorbo.
Emiko ¿qué quieres? – cuestionó exasperado.
Podemos hablar – preguntó nerviosa, al ver aquella intimidante mirada.
No estoy para tus reclamos – volviendo a fijarse en el piano, pero las delicadas manos de la chica se lo impidieron.
Ni siquiera si es de Sakuno – capturando de forma inmediata su atención.
El normal bullicio se fue apoderando del lugar, al dejar de escucharse el sonido de la música. Levantó sus ojos para indagar que se traía esa chica, una cierta desconfianza se apreciaba en su rostro, pero le permitiría hablar, pues su orgullo estaba siendo silenciado por sus sentimientos, al escuchar el bello nombre de su esposa.
Veo que realmente amas a esa mujer – dijo con tono molesto, este solo frunció el ceño – no te enojes, solo quiero contarte algo.
Habla de una vez – reclamó inquieto.
Está bien, estuve con ella cuando se fue – sorprendiendo en demasía a Ryoma.
¿Dónde? – preguntó demandante.
En el aeropuerto – contestó tranquila – hable con ella y me contó por que se iba, pero no me dijo a donde – confirmó al ver que eso era lo que quería saber.
Al ver que el menor de los Echizen, estaba accesible a escucharla, se acomodó a su lado mientras se arreglaba sus largos cabellos negros. Lo miró con cierta ternura, para luego comenzar a relatar los hechos, revelándole las intenciones de la joven pianista, de cómo se encontraba cuando la vio, además, de la última declaración que emitió antes de abordar.
¿Qué fue lo que dijo? – solicitó con más calma, al ver nacer nuevamente la esperanza de encontrarla.
Dijo: "Si realmente me ama, entonces él sabrá encontrar el camino que lo lleve a mi" – comentó con cierto entusiasmo – cuando me dijo eso, una sonrisa soñadora bañaba su rostro, era como si deseara que tú la encontraras, pero solo tú¿comprendes?... el camino del que habla tiene que ser algo que solo tú puedas usar.
Las palabras empezaban a revolverse en su cabeza, como tratando de encontrar un orden lógico o un significado que le revelara algo, una pista. Volteo para observar el teclado blanco y negro, mientras repetía una y otra vez las palabras de Sakuno, en eso sus dedos tocaban un par de teclas sin emitir una melodía clara, solo meros sonidos.
Varios minutos transcurrieron entre nota y nota, estaba ensimismado por no entender que eran esas palabras, volvía ha tocar nuevamente, para ver si la música le decía algo, hasta que una suave tonada comenzó a ser interpretada por sus dedos, recordando las veces que estuvo practicando con Sakuno, las nubes que cubrían su mente rápidamente se disiparon, para leer la respuesta a sus dudas… "el piano".
Sonrió levemente para sí, negando con su cabeza al ver la tan obvia solución, si lo hubiese pensado desde un principio, su desequilibrio emocional no habría surgido, toco unas cuantas notas más, para luego pararse sin pronunciar comentarios, pero el drástico cambio de semblante delataban su reciente alegría. Antes de avanzar mucho, retrocedió para dirigirse a la chica.
Emiko, gracias – expresó escueto, para marcharse.
Ryoma, espera – lo tomo del brazo - ¿vas por ella, cierto? – cuestiono segura al verlo tan decidido.
No – respondió sin titubear, sorprendiendo a la joven – aún falta mucho para eso – dijo sin explicaciones, dejando confundida a Kurosawa.
Solo continuó su recorrido hacia el exterior, dejando que los calidos rayos de sol cubrieran su rostro, se detuvo unos pasos más allá, divisando como el cielo comenzaba ha oscurecer, mientras en su mente repetía "el piano es la llave, la música el camino". Obviamente la única forma de reencontrarse con su amada esposa, era siguiendo el mismo rumbo que ella.
Nuevamente, para sí un "mada mada dane", recuerdos vinieron a su mente, cuando Fuji le decía que no conocía a Sakuno, por que no tenía idea de sus sueños, odiaba admitirlo pero era verdad. Dejo su frustración a un lado, acompañado de su orgullo, para tomar la vía que necesitaba para alcanzarla, y de paso, descubrir lo que él mismo quería.
Una renovada energía recorría su persona, abandonando por completo el pesimismo que lo había acompañado hace unos meses, aunque permanecía con su rostro inmutable, su cambio de actitud sería evidente para sus cercanos, no daría mayores explicaciones, solo comenzaría con su nueva vida, convencido que la música lo llevaría directo hacia Sakuno.
Así finalizaba la búsqueda de la esposa desaparecida, ahora se dedicaría a convertirse en el mejor de los músicos, si eso era necesario para recuperar lo que había perdido, después de todo, si lo pensaba bien, para él la música era un parte inherente a su persona, así como Sakuno era importante, debía reconquistar a ambos, por que su vida con ellos camina hacia delante.
"El Piano Es La Llave, La Música El Camino"
Gracias a quienes llegaron hasta aqui, se que es mas un relleno, pero no es mi intencion agrandar la historia, solo las palabras fluyen. En fin, como dije antes el próximo sera el final, el esperado reencuentro y lo que ha sudecido con sus vidas. Como reaccionara Sakuno al enfrentarse con Ryoma, y que hara este para recuperarla, solo especulo para motivar su imaginación.
Saludos a todos, y nos vemos. Chao
