Hola a todos, al fin llegamos al termino de esta larga historia, quiero agradecer infinitamente todo el apoyo que me han dado durante este largo tiempo, casi cuatro meses, como pasa el tiempo, pero estoy feliz por terminar y sobretodo con que les halla gustado tanto el fic.
Sus comentarios siempre fueron fundamental, eran mis aliciente para seguir, así que todo se los debo a ustedes. Asimismo, fue un agrado conocer nuevas personas, todas me han dado su apoyo, ideas y elogios, gracias sinceramente, mucha emotividad por ahora. Así que pueden disfrutar con este último episodio, es mucho más largos que los demás, no se cuanto, pero espero satisfacer sus expectativas.
21.- FRUTOS DE UNA TEMPESTAD
Nuevos tiempos son los que traen diversos cambios a la vida, principalmente si se habla de Ryusaki Sakuno, su actual apellido, han transcurrido casi tres años desde que abandono Japón, para ir a residir a la cuidad de Hamburgo, Alemania, lugar que la vio crecer y en donde logró disfrutar junto a sus padres todo lo referente a la música, aprendiendo las maravillas del piano, en los cuales se ha perfeccionado durante toda esta época.
Sin embargo, por estos días se encuentra en otra importante urbe de Europa, ya que fue invitada para realizar un concierto junto a otro destacado intérprete, en la hermosa y mística ciudad de Viena, Austria. Después de variados intentos por reunirlos, ambos accedieron a presentarse juntos, en un único concierto a dos pianos, a realizarse en la mundialmente famosa sala de Musikverein.
Esta distinguida sala de conciertos, será la zona para el reencuentro de esta singular pareja, a pesar de no verse durante años, accedieron a cumplir con esta presentación, sin previos ensayos. No obstante, nadie duda de las capacidades de ambos, por un lado se encuentra Ryusaki, que ha logrado formar una carrera de pianista impecable, consiguiendo que sus interpretaciones cautiven al espectador desde la primera nota, por la fineza y armonía que transmite.
A su vez, el joven Echizen ha logrado destacar no solo por ser un diestro pianista sino también, por ser un indiscutible compositor, siendo invitado a participar en innumerables conciertos, en donde solo presta sus creaciones para el uso de los concertistas. De todos modos, ninguno de los dos ha coincidido en los diversos lugares que se han presentado, para quienes conocen su historia, podrían asegurar que se han estado evitado, pero nadie podría afirmar quien evade a quien.
En plena cuidad de Viena, específicamente en el centro de la cultura musical, Musikverein un antiguo edificio que acentúa la rica arquitectura del país. Siendo considerada una de las mejores salas de acústica del mundo, comenzaban a llegar un poco más de mil invitados que deseaban deleitarse con tan jóvenes pianistas.
Mientras tanto, ya dentro de la edificación, se hallaba una joven a punto de sufrir un colapso nervioso, en un cuarto decorado finamente con tonos dorados, un gran espejo, un par de sillas y un gran sofá de color rojo oscuro, además, de un antiguo biombo marrón que servía como cambiador, era precisamente en esa área que estaba Sakuno, intentando decidir que atuendo ponerse, entre los tanto que había llevado.
Sakuno-chan – escucho una familiar voz que la llamaba – aún no estas lista, pero si llevas tras esa cosa horas.
Tengo un problema – emitía en tono apenado, casi a punto de llorar.
¿Pero qué te sucedió, te hiciste daño? – con preocupación preguntaba.
No se que ponerme – expresó en un grito – mira¿cuál de estos dos escojo? – asomaba los vestidos por sobre el biombo.
Depende – menciono sospechoso, un gesto de duda se oyó – depende a quien quieras impresionar, si al público o al pianista – osó decir con burla.
Por supuesto, que al público – lanzando un zapato que fue a dar al sillón rojo – Kin-chan, no me pongas más nerviosa de lo que estoy.
Yo solo decía, con cualquiera de los dos estarás hermosa – anunciaba con cariño – si este tonto de Koshimae no lo ve, él se lo pierde – decía, mientras esquivaba otro objeto peligroso.
Un fiel amigo de Sakuno durante estos tres años, Touyama Kintarou, un joven alegre y extrovertido que solo sonríe a la vida, con su carisma y sinceridad lo hace un hombre digno de confianza. De un porte respetable, con un colorido cabello rojizo, de expresivos ojos pardos, otorgándole un interesante atractivo con las féminas, aunque la única que deseaba solamente lo veía como a un hermano.
A pesar de no ser correspondido, prefirió convertirse en su amigo, al darse cuenta que el corazón de la bella chica de ojos fuego, estaba completamente ocupado, una imborrable marca con el nombre de Echizen Ryoma, estaba tatuado en ella sin posibilidad alguna de ser quitado. Por tanto, con tal de permanecer a su lado y ayudarla para que encontrara su felicidad, se convirtió en su manager, transformando sus sentimientos en algo más fraternal.
Aunque esto era sabido, muchos eran quienes especulaban sobre una relación, imaginando que en un futuro lograran consolidarlo. Los rumores corrían entre los interesados de verlos juntos, pues representaban una agradable pareja, además, que parecían complementarse muy bien, considerando que él nada tenía que ver con la música, al menos no deseaba serlo, por que conocimientos si tenía.
Menos mal que vinimos mas temprano – reclamaba aburrido, ya recostado en el sofá – al menos ya te peinaron y maquillaron.
Kin-chan, no estoy segura, tengo miedo – escuchaba tras el biombo, una insegura voz – no debí haber aceptado.
No te pongas así, solo tienes que hacer lo que sabes – emitía tranquilizadoras palabras – además, ya era hora que ustedes dos se enfrentaran.
Pero… - sintieron que era llamada al escenario, suficiente para que sus palpitaciones cambiaran drásticamente su ritmo – no, mejor nos vamos, aún es tiempo.
Será mejor que salgas y demuestres de lo que eres capaz – la reprendía tiernamente, acercándose a ella – no fue eso lo que querías, tienes que ser fuerte y no se te ocurra bajar la cabeza, enséñale a Koshimae lo tonto que fue.
Gracias, Kin-chan – abrasándole dulcemente, recibiendo un suave cariño en sus cabellos.
Dime algo – mirándola con ternura - ¿Qué harás cuándo lo veas? – ella solo bajo su rostro confusa – ya veo… escucha, hagas lo que hagas, solo piensa en ti, yo te apoyaré en lo que decidas, si quieres estar con él, solo hazlo.
Pero… es que no sé – sus ideas no se ordenaban claramente, había pasado mucho tiempo, y aun cuando, el dolor había pasado, no sabía como reaccionaría al verlo.
No te preocupes, sé cuanto lo amas y también cuanto sufriste, pero debes avanzar, no puedes quedarte lamentando toda la vida – decía con suavidad, acariciando sus cabellos – mira, por que mejor no esperas hasta que él te diga algo, por lo que me has contado, no es muy expresivo, pero alguna cosa debería decirte.
Y si no – emitía cabizbaja – si hace cuenta… como que nada paso.
No creo que sea tan tonto como para hacer eso, pero si llega a suceder, tendrás que decidir que hacer – señalando su corazón con ternura en sus ojos – Preciosa, no dudes que hacer, si te ama, lograras que reaccione, aunque no podría decirte como.
Luego fueron llamados por que pronto comenzaba la función, causando nuevamente que el nerviosismo la invadiera, pero cerro sus ojos para respirar profundo y recordar los motivos que la habían llevado a donde estaba, asimismo de todo lo que ha estado sacrificando durante tanto tiempo. Kintarou tenía razón, no era momento de dejarse dominar por las inseguridades, ya no era una niña.
Los minutos pasaron súbitamente, no se percató como logró llegar tras el escenario, es que sus emociones estaban expectantes, no solo por que este era un gran evento, en donde sería un paso para su consolidación como una de las mejores interpretes femeninas de su generación, sino también, por que volvería ha ver a su amado, del cual no sabía nada más que lo que escuchaba de los medios.
Necesitaba relajarse, buscando en que pensar se encaminó hacia una abertura que le permitía ver donde tocaría momentos más tarde, un gigantesco auditorio cuadricular, la "Sala Dorada" que albergaba a los casi dos mil espectadores, que ya se hallaban sentados en las cómodas butacas de tonos dorados, ubicadas un nivel más abajo que el escenario, mientras sus paredes alcanzaban la cima en tres niveles, destacando el primero por ir adornado por un par de columnas doradas, que formaban dos hileras hasta el escenario.
El lugar era realmente distinguido, todo el decorado parecían finas terminaciones en oro, con pinturas de carácter religioso que realzaban en la parte central del cielo, enmarcadas por unas majestuosos lágrimas luminosas que casi flotaban en el aire, dándole un ambiente de finales del siglo XIX, época en que fue construido el edificio.
Suspiró nerviosa al ver tanta gente reunida, sentía como sus piernas temblaban tanto de emoción como de miedo, pero ya era hora, debía enfrentar lo que viniera, fue en eso que Kintarou la llamó, mostrándole que debía subir al escenario. Observó dudosa, pues no veía por ningún lado a quien sería su acompañante, no sabía si sentirse aliviada o desanimada.
Vamos preciosa, cautívalos con lo que tienes – expresaba sincero.
Su fiel amigo le entregaba un aliciente con una alegre sonrisa, ella se concentraba en entrar al escenario, sintiendo rápidamente el cambio de atmósfera, casi como mecanizada se dirigió al centro sin percatarse que opuesto a ella, venía entrando un elegante hombre con un frac negro, que le brillaban los ojos con intensidad al verla.
Una profunda mirada le hizo reaccionar, enfrentándose nuevamente con esos ámbares que le arrebataban la seguridad que alojaba en su interior. Al instante su corazón saltó a mil, casi atragantándose al verlo tan imponente caminar hacia ella, sus piernas titubearon pero lograron avanzar a su destino. Ambos voltearon para presentarse al público que los recibió con una ovación.
En seguida, Ryoma giró levemente, para saludarla con una reverencia, sin dejar de mirarla recorriendo con desfachatez la esbelta figura que presentaba, casi saboreando lo que le mostraban sus ojos. Un impacto de calor, atravesó las mejillas femeninas, al verse tan inspeccionada, ni siquiera el largo vestido terracota, podía opacar el sonrojo que la envolvía. En un intento de control, se arreglo las hebras rebeldes que caían rizadas por su rostro, para sonreír cortésmente.
Ambos voltearon a tomar posiciones, cada uno de los pianos estaba dispuesto formando una especie de "V" para que tanto el público como los interpretes pudieran ver sus caras, era esencial para lograr una buena sincronización entre ellos, principalmente, por que no habían ensayado juntos, un gran riesgo si se considera que este era un escenario relevante para cualquier músico.
Las luces comenzaron a bajar su intensidad, para solo enfocar a los esperados pianistas, que yacían sentados en sus respectivas butacas, arreglando las partituras que tocarían para deleitar al público presente. El silencio era total, todos estaban expectantes por escuchar a este improvisado dúo, cada uno resaltaba por si solo, ella con garbo y dulzura, él con elegancia y sensualidad.
Se miraron discretamente, una señal del joven a su lado, que la miraba con detenimiento intimidante, fue suficiente para comunicarse la partida, aunque ella veía temblar sus dedos hasta la primera tonada. Una seguidilla de notas dieron inicio al concierto, que rápidamente logró capturar las emociones de todos, que sentían una danza embriagadora recorrer sus cuerpos.
El público estaba cautivado, en absoluto mutismo se dejaban envolver por cada melodía, siendo transportados a distintos parajes que les hacían sentir a plenitud, cada una de las emociones que los jóvenes pianistas podían expresar en cada nota. Asimismo, los intérpretes vivían su propia historia, logrando despertar aquellos viejos sentimientos que habían permanecido presos por tanto tiempo, que al verse de nuevo fue la llave que abría la puerta que los conectaba.
Una insistente mirada felina, no dejaba de inspeccionarla, cada vez se sentía más desnuda e indefensa, y sus emociones no le ayudaban a controlarse, prácticamente se habían revolucionado, ignorando su mandato de control. Aquellos orbes rubíes tímidamente indagaban para ver a su acosador, sonrojándose gradualmente al ser descubierta. Volvía a tomar concentración, para recriminarse por su debilidad, todos estos años había trabajado para esto, pero a la primera prueba, sucumbía como una niña enamorada.
Por otro lado, aquel hombre de notable indiferencia no dudaba en intimidarla, sabía que le afectaba verlo y eso era excelente, no importaba si aún seguía enojada, solo deseaba volver a sentirla; ya vería como hacerla suya, su seguridad se incrementaba al percibir titilar esos expresivos ojos, ya tenía la mitad del camino andado, solo faltaba la estocada final.
Estaba convencido que cuando la enfrentara, ella no podría rechazarlo, ya que su personalidad era demasiado dócil y amable como para no caer ante él. Olvidándose por completo, por que se habían terminado separando, pensando quizás que el tiempo cura todo, así que con eso era suficiente, no hacía falta nada más.
Sonrió con arrogancia, al sentirse triunfante por unos instantes, pero al notar que Sakuno volteaba su mirada un tanto acongojada, calmo su seguridad, recordando que no debe subestimarla, sino terminaría perdiéndola como la otra vez. Retomó su concentración, aunque sus sentidos insistían en guiarlo a ella, cada minuto que transcurría una embriagues placentera nacía en su interior.
No podía evitarlo, su cuerpo y su mente le reclamaban por lo que consideraba de su propiedad, demasiado tiempo privado de aquel exquisito manjar, aquella lozana piel de su esposa, aunque estaban divorciados hace casi tres años, para Ryoma seguía siendo su mujer, por eso durante estos años había rechazado la compañía de cualquier fémina que deseaba seducirlo.
¿Fácil? Obviamente que no, pero ante la tentación, solo quedaba observar su dedo anular, donde siempre estaba la argolla de matrimonio, recordándole por que estaba ensayando incesantemente. Mejor era refugiarse en su música, que era el único camino que le llevaría a recuperar a Sakuno.
Nuevamente, consiguió captar su mirada, conectarse con aquellos ojos carmesí hacían desearla todavía más, pero el concierto continuaba, observó desconfiada, al ver una sonrisa maliciosa que le anunciaba que algo estaba planeando. Con sorpresa abrió sus ojos al percatarse que con premeditación cambió las notas, comenzando una nueva tonada.
Por unos momentos dudo levemente, tocando un par de notas simulando seguirlo, pero sin perder el ritmo, observó a Ryoma quien solo la miraba desafiante comprendiendo cual eran sus intenciones. Volteo a su piano, cerró sus ojos y se dejó llevar por la melodía, sincronizándose a la perfección con él. Al verla tan segura, se llenó de orgullo por que era la única capaz de seguirlo sin problemas.
Los espectadores quedaron atónitos, pues se percataron del cambio en la presentación, ya que según el itinerario aquella interpretación no era parte del concierto. No obstante, se sentían extasiados al reconocer la novedosa tonada, convencidos que era una de las recientes composiciones del joven Echizen.
Asimismo, estaban completamente sorprendidos al notar como la descendiente de los Ryusaki lograba acoplarse cabalmente con el compositor, casi podían afirmar que llevaban años haciendo lo mismo. Estaban felices de poder presenciar el nacimiento de este nuevo dúo en piano, por tanto poco les importaba si cambiaban la pauta, con tal de seguir deleitándose con esto.
En poco más de una hora, consiguieron crear un ambiente plagado de diversas emociones, haciendo soñar a los presentes con un disímil de sensaciones. Sin embargo, no solo el público estaba ensimismado, sino también, la bella pianista, que alcanzaba ha percibir como en cada nota Ryoma le expresaba un cúmulo de sentimientos.
Casi podía escuchar su voz, susurrándole en sus oídos, erizándole la sensible piel que poseía. Sabía que esta melodía era una composición inédita, por que a pesar de no tener contacto con él, se había encargado de estar al tanto de la carrera musical de su esposo; del mismo modo como lo había estado haciendo el dueño de los ojos ámbar con ella.
El concierto llegó a su fin, un silencio rotundo cayó sobre Musikverein, el asombró era tal que nadie reaccionaba o mejor dicho despertaba de su ensueño. Hasta que ambos pianistas se pararon para enfrentar a su público, uno al lado del otro, mientras un osado joven tomaba con firmeza la delicada mano de ella, quien se paralizó al contacto.
Una gran ovación retumbó por cada rincón, aceptando complacidos los aplausos; luego de un par de minutos, abandonaron el escenario, aún entre miles de felicitaciones. Al bajar plagada de sentimientos encontrados, los cálidos brazos de Kintarou la recibieron, como era su costumbre, le permitían tranquilizarse y volver a la realidad.
Aquel acto tan afectuoso encendió los celos de Ryoma, que rápidamente fue detenido por su hermano, que se había auto invitado para la ocasión, deseaba estar en primera fila para ver la posible reconciliación.
Saku-chan, estuviste increíble, sensacional como siempre – mientras besaba cariñosamente su frente.
Gracias, Kin-chan – respondía muy avergonzada, solo que esta vez era por que sintió los ojos de Ryoma sobre ella.
Mientras un poco más lejos, ya que Ryoga había logrado apartar a su hermano, al jalarlo cuando vio la furia con la que observaba la escena.
Eso fue estupendo, ya nadie podrá negar tu talento – casi hablaba para el aire, por que Ryoma tenía cosas más urgentes que atender – no te preocupes, después puedes hablar con ella, estamos en el mismo hotel - aseguró.
¿Quién es ese idiota? – expreso irritado, a lo que su hermano solo rió divertido.
Su manager, aunque dicen que tienen algo más - emitió expectante para ver como reaccionaba.
Ganas de ir a enfrentarlo no le faltaban, pero una multitud comenzó a rodearlo, al igual que a Sakuno, gente del ámbito periodístico que deseaba saber más de ellos, los habría mandado al infierno, sino hubiese sido por su hermano. Luego de unos minutos de fastidiosas preguntas, buscó a la dueña de sus perturbaciones. A lo lejos distinguió que desaparecía en uno de los pasillos, se deshizo de los estorbos para ir en su búsqueda.
Encontrando lo que deseaba, burlo a los guardias, gracias a su hermano – al menos que sirva para algo, pensó – una puerta con su nombre, un paso más para recuperarla, en eso se abrió la puerta dejando ver al desagradable sujeto que se había atrevido a besar a su mujer. Frunció el ceño amenazante, pero antes que las palabras salieran.
¡Koshimae! – expresó alegre, abalanzándose sobre él - ¿qué te trae por acá? – dijo en tono inocente, esto le recordó a cierto amigo suyo.
Nada que te importe – contestó secamente, apartándolo de él.
Señor Touyama, quiere que lo saquemos – una ronca voz extranjera, proveniente de unos de los guardias interrumpía, al parecer Ryoga no logró entretenerlos mucho.
Lo siento hermanito, estos austriacos no saben divertirse – dijo en claro idioma japonés.
No se preocupen – emitió sonriente – son amigos de Saku-chan – aceptaron para irse.
Esa afirmación del pelirrojo, claramente molesto al dueño de los ojos ámbar, pensando en que derecho le daba para mencionarlos como simples amigos, es que acaso no sabía quien era él o que era de ella.
Si quieres conversar con ella, hazlo – despertándolo de sus ideas – pero ni te atrevas a dañarla, Sakuno no esta sola – emitió seriamente – ¡buena suerte! Koshimae – dijo alegre, golpeando su hombro amistosamente.
Apúrate, idiota – lo empujó su hermano al verlo paralizado.
Giró su rostro con enojo, mientras Ryoga solo sonreía burlesco, prefirió ignorarlo, ahora debía ocuparse de asuntos importantes. Entreabrió con cautela la puerta, indagando el terreno, localizó a su mujer unos metros más allá, recostada en un sofá rojo oscuro, se veía tan hermosa parecía un ángel durmiendo placidamente¿cuántas ganas tenía de acariciarla?... Estático se hipnotizaba por la figura que irrumpía por sus ojos, hasta que ella suspiró profundo y luego emitió.
Kin-chan, volviste rápido, aún no me cambio – su voz tan dulce como la recordaba¿pero porqué mencionaba a ese sujeto con tanta familiaridad?
Soy Ryoma – espetó en un bufido, que sobresaltaron a la chica.
Se paró de golpe, con la escasa energía que le quedaba, observó a todos lados, se sentía presa, trago un poco para enfrentarlo, no actuaría con la misma timidez con que solía mostrarse ante él, repitiéndose una y otra vez en su mente "se fuerte".
¿Qué haces acá, quien te dejó entrar? – preguntó con clara rigidez en sus palabras, mientras caminaba hacia la mesa que tenía sus cosas, fingiendo desinterés al verlo.
Has cambiado – expresó asombrado al notar su seguridad - ¿quién es ese sujeto, acaso tu novio? – Sakuno volteó sorprendida, lo miró unos segundos y agregó.
No te debo explicaciones – intentó parecer fuerte.
¿Así? – dijo en tono seductor.
Caminando con sigilo, acorralaba a la indefensa chica contra la mesa, quien se sintió intimidada, pero quiso simular confianza. Claro que su interior se debatía entre aceptarlo o no. Imaginando que ella rehuía, se aventuró a tomar su cintura para susurrar a su oído.
Estás hermosa – rozando su cuello con la punta de la lengua.
¡Aléjate! – lo empujó en el acto, no podía permitirse estos juegos, que claramente le estaban afectando.
¿Segura? – retomando su posición, pero fue detenido por unos débiles brazos.
Crees que puedes venir aquí y hacer lo que se te antoje – reprendió molesta, al ver la actitud altanera en él.
Sabía que Ryoma era así, sin embargo, al menos pensó que tendría la decencia de disculparse o hablar de lo sucedido, aunque hubieran pasado muchos años, no significaba que se había olvidado. Realmente esa posición de él, la desilusionaba, al sentir que había sufrido en vano todo este tiempo, que verdaderamente a él nada le había importado.
¿No piensas decir nada? – cuestionó dudosa como dándole una nueva oportunidad.
Podemos hablar después – dijo desinteresado – sé que tú también quieres esto – volviendo a tratar de besarla, rozo suavemente sus labios.
Sakuno titubeo por unos momentos, resistirse a lo que tanto amaba era una difícil tarea. Pero no, ya no era una niña débil, no dejaría dominarse tan fácilmente. En eso recobró el sentido, y en un acto de total rabia, abofeteó con fuerza la mejilla izquierda de un atónito Ryoma.
¿Pero qué te pasa? – reclamó, masajeando el rostro enrojecido - ¿estás loca? – sin comprender la reacción tan abrupta de ella.
¿Qué te sucede a ti? – refutó indignada, sin una pizca de arrepentimiento, bueno algo, al ver el adolorido rostro de su amado - ¿tienes algún problema?
¿Yo?... tú me pegas sin razón y yo soy el del problema – cuestionaba incrédulo.
¿Sin razón? – decía asombrada - ¿Qué derecho tienes para venir y besarme sin mi autorización? – alzando la voz molesta.
Con el derecho que me da ser tu marido – discutió convencido.
Esto la hizo retroceder un paso, como se atrevía a usar ese argumento, hablando de derechos, cuando fue él quien rompió la confianza, perdiendo toda autoridad.
¿De qué derechos hablas? – logró articular un tanto desconcertada – tú ya no eres nada mío – emitió con rencor, al ver que Ryoma parecía no recordar nada.
Déjate de boberías, eso ya no es valido – contestó inmutable – para que recordar el pasado.
Durante todo este tiempo, Sakuno albergo una semilla de esperanza en su corazón, creyendo que al volver a verse con Ryoma, olvidaría aquel triste pasado. Sin embargo, él le quitaba toda la importancia a un hecho que para ella había sido trascendental, no exigía una mayor declaración o un arrepentimiento exagerado, mucho menos romántico, pero al menos que fuera sincero. Sentía que la angustia volvía a ella, al darse cuenta que para su ex marido aquello no valía.
¡Ándate! – expreso cabizbaja, ya que sentía como poco a poco la tristeza la invadía – no quiero verte.
¿Pero que dices? – intentando acercarse.
¡Lárgate de aquí! – gritó angustiada, estaba asombrado por el arrebato.
Saku, yo… – dijo asustado, esta reacción no se lo esperaba.
No me llames así – reclamó, alzando su rostro enrojecido de rabia – te odio, Echizen.
Palabras que retumbaron en sus oídos como un molesto ruido de campanas, sabía que su Sakuno pudiera estar algo enfadada, o más bien, muy enfadada, sino, no se habría ido. Pero al ver los carmesí ardiendo de odio, no alcanzaba ha entender la realidad del daño, ya que para él no tenía caso hablar del pasado, mucho menos si era quien había causado eso, mejor hacer borrón y cuenta nueva.
Intentó aproximarse con cautela, mirando como ella bajaba su rostro, que prontamente dejarían ver marcas en sus mejillas, debido a las lágrimas que trataba de retener. Alzo una mano para acariciar sus cabellos, con suavidad para no asustarla, pero rápidamente le fue quitado ese privilegio, un manotazo desvió su brazo con brusquedad.
No vuelvas a tocarme – expresó con su rostro rígido.
¿Quieres hablar? – indagó con cuidado, ella sonrió burlesca.
¿Ahora quieres hablar? – solo afirmó inquieto – ya no tenemos nada de que hablar.
Se volteó para escapar, sus emociones se habían descontrolado, no sabiendo muy bien que hacer con ellas. Incluso pensó por unos momentos, olvidarse de todo, imaginar que nada había ocurrido, pero el daño había sido real, así lo sintió durante mucho tiempo. Asimismo lo recordaba ahora, cuando se dio cuenta que a Ryoma le interesaba el asunto.
Antes de poder huir, un fuerte brazo la detuvo, siendo agarrada para tener que enfrentar aquellos inquisidores ojos ámbar, que siempre terminaban doblegándola. No quería verlo, pues la tristeza se aglomeraba en su mirada, no quería demostrarle debilidad, pero sus fuerzas menguaban, fue entonces que notó como él se acercaba para besarla, reaccionando en el acto, logró zafarse y alejarlo unos pasos.
Respiró con dificultad, por intentar tragar su angustia pero la puerta ya había sido abierta, expulsando todo lo que se había almacenado en este tiempo, a borbotones salían las lágrimas, entremezcladas con odio y amor, una extraña combinación que la confundía, necesitaba desahogarse, pero las palabras parecían no salir.
Saku, pequeña – hizo un ademán de acariciarla, pero al notar los ojos fuego ardiendo se detuvo.
No vuelvas a decir mi nombre – comenzaba con su discurso – te odio, Ryoma – al ver la duda en los ámbares, abrió sus ojos exasperada, para escupir las palabras - ¿te preguntas por qué actúo así?...
Pues sí – dijo confuso, comprendía que estuviese molesta¿pero había que ser tan exagerada?
Eres un egoísta, solo te interesas por ti mismo – frunció el ceño al escuchar eso – no pongas esa cara, fui yo quien sufrió todo este tiempo, no tú – gritó con ahínco.
Ahora si que no estaba entendiendo absolutamente nada, como que él no había sufrido, acaso no sabía todo lo que la había buscado, y la rabia que surgió en su interior, cuando tuvo que firmar esos malditos papeles que la alejaban por completo de ella, aunque confuso quiso defenderse, pero Sakuno no lo dejo, esbozando todos aquellos sentimientos que se había guardado.
No digas nada, no quiero escuchar ninguna de tus mentiras – comenzando a ser gobernada por la tristeza, que afloraba sin descanso por sus ojos enrojecidos – me dejaste sola, te fuiste con ella y no dudaste.
Espera, yo no me fui...
¡MENTIRA!... no mientas, yo te vi… estabas besándola como alguna vez lo hiciste conmigo – estática solo tenía fuerzas para mover sus labios – me traicionaste…
Sakuno, Emiko me dijo… - mencionándola, porque recordaba que Sakuno ya sabía lo que había ocurrido, entonces por que no entendía.
No me interesa, nada cambia lo que hiciste, tú la elegiste a ella – se repetía en su mente, estaba como hipnotizada recordando aquella escena que rompió su vida como un cristal.
Eso no es cierto – trataba de defenderse, ya un tanto enrabiado por esto¿por qué no lo entendía?
¿Por qué me mentiste?... yo te… amaba – cristales amargos recorrían sus pálidas mejillas – nunca comprenderás el daño que me hiciste, por que nunca has sentido… que la persona que amas, te traicione – una sonrisa triste afloro – es cierto, jamás has querido a nadie, solo a ti.
Al verla con esa gigantesca amargura, poco a poco comenzaba a distinguir la diferencia, ambos habían sufrido, pero él fue quien la lastimo gravemente, dejando una profunda cicatriz en su interior. Al oírla hablar dejaba de ver las cosas con sus ojos, para esforzarse y alcanzar a comprender el dolor que expresaba Sakuno en cada frase.
A pesar del rechazo anterior, quiso abrazarla, debía remediar sus errores, aunque no sabía como hacerlo o que palabras decir; la observó con precaución, distinguiendo los cambios en su cuerpo, dándose cuenta como su rostro no parecía el mismo, ya que estaba empalidecido casi enfermo, sus ojos opacos y su figura… recién lo notaba, estaba mucho más delgada, se veía tan frágil. Sin titubear un segundo, la jaló a sus brazos.
¡Suéltame! – reclamaba con rudeza, intentando liberarse, pero sus fuerzas estaban extintas.
Nunca, grita todo lo que quieras – sentenció seguro – pero no te soltaré.
Suéltame, te odio, no quiero que me toques, déjame en paz – golpeaba su pecho con rabia, pero Ryoma permanecía inmutable.
Sentirla de nuevo en sus brazos, solo le afirmaban lo que había presenciado, su esbelta figura, estaba debilitada, comenzaba ha comprender en cada golpe que recibía, en cada frase oída, una idea del inmenso dolor que guardaba, casi podía vislumbrar el real sufrimiento que Sakuno había padecido todo este tiempo. Hasta ese momento, no podía imagina tal dolor, solo veía su propio sufrimiento al haberla perdido, un hielo recorrió su espina dorsal cayendo en cuenta de su egoísmo, incluso en algún instante la culpó a ella, por lo que él estaba pasando.
Se maldijo internamente, ya que él mismo se había buscado esto, pero Sakuno solo era la víctima de su insensatez. Viendo los sucesos desde la perspectiva de ella, podía imaginar que la traición sufrida era realmente dolorosa, sobretodo si desconocía los hechos, pues ella solo vio la cruel escena de su marido besando a otra mujer, tan necio había sido, que no había visto más allá de su orgullo herido.
Las voces de su mujer lo trajeron en sí, quien balbuceaba entre sollozos casi ininteligibles palabras cargadas de rencor. La abrazó más fuerte, no permitiría que se liberara, aunque ella golpeaba con mínima energía su pecho, intentando escapar.
Perdóname – le habló al oído – perdóname, fui un tonto – anunciaba arrepentido, desarmando gradualmente a Sakuno – te amo.
Un quiebre total en sus defensas, que rompieron en un intenso llanto, una mezcla de sentimientos que desbordaban por sus ojos. Se aferró a Ryoma como una niña, él solo la protegió sin emitir palabras, solamente su presencia para que hallara consuelo. La alzo levemente en sus brazos para sentarse en el sofá. Acurrucada con firmeza, sus fuerzas decaían drásticamente, hasta dejarse vencer por el cansancio.
Observó como yacía completamente dormida, acariciando su rostro, quitaba aquellos rebeldes mechones que insistían con tapar su visual. No deseaba apartar su mirada, viéndola como su respiración acompasada le indicaban que dormía tranquila. Rozo sus labios con uno de los pulgares, deseaba besarla, pero no lo haría hasta que ella lo aceptara.
Cubrió su cuerpo con la chaqueta que traía, acomodándose suavemente para no despertarla. En eso la puerta se abrió, dejando entrar a Kintarou y Ryoga, que miraba interrogantes la escena. Frunció el ceño al ver quienes eran, aunque no decidía quien de los dos le molestaba más.
¿Qué paso? – cuestiono intranquilo el pelirrojo.
Solo duerme – respondió con rudeza.
Ya todos se fueron, será mejor que nos vayamos – propuso Ryoga.
Será lo mejor – dijo Touyama, quien se preparaba para alzar a Sakuno. Al ver las intenciones de aquel sujeto, el dueño de la mirada ámbar sentenció con autoridad.
Yo la llevo – ya que no permitiría que otro hombre la tocara.
Pero… - el mayor de los Echizen le tocó por el hombro.
No te preocupes… ¿en qué hotel se hospedan? – siendo mirado por su hermano, quien sabía perfectamente que estaban en el mismo lugar.
En "Le Meridien de Vienna" – anunció.
Entonces todo bien, ya que nosotros también alojamos allí – confirmó alegre.
Así se alistaron para partir, mientras Ryoma no perdía detalle de la chica. El hotel quedaba a unas pocas cuadras, pero debido a que Sakuno iba dormida se fueron en vehículo. Durante el corto trayecto, Ryoga se encargó de obtener información de la vida de su cuñadita.
¿Hace cuánto que estás con Sakuno? – preguntó sincero.
Desde que llego a Hamburgo, Inu-san nos contactó – contestaba inquieto, pues iba pendiente que la chica estuviese bien.
Te preocupas mucho por ella – afirmó, alertando al joven.
Sí, la quiero mucho – emitía sinceramente, molestando un poco a Ryoma, pues él jamás sería tan sincero.
Al menos parece que se encuentra bien – mirando de reojo, comprobando que dormía placidamente.
Cierto, estoy sorprendido – anunció alegre.
¿Por qué? – dijo dudoso.
Por que nunca la he visto dormir tan bien, como ahora – confirmó aliviado. Mientras el joven pianista fruncía el ceño enojado¿cómo que la había visto dormir?
Desde que compartía con Sakuno, más de una vez la observó descansar, no por que fuera un indiscreto, sino por que ella insistía en ensayar hasta el cansancio, en donde innumerables veces terminó dormida sobre la tapa del piano, teniendo que llevarla a la cama. No sólo eso, también al ver que se levantaba tan temprano, tenía que preocuparse de que desayunara bien.
Unas cuantas anécdotas más contó durante el trayecto, confirmando la gran cercanía que tenían. Los celos del joven impasible se acrecentaban, además, de su enojo consigo mismo, de no ser por su estupidez, aquellos momentos los habría vivido junto a él. Sin mucho más llegaron al hotel, gracias a que contaba con estacionamientos privados, pudieron entrar sin llamar mucho la atención.
Una vez llegaron al cuarto, Touyama se encargó de abrir la puerta, dejando pasar a Ryoma adelante, que inmediatamente cruzado el umbral, les cerró la puerta en la cara. El pelirrojo se sorprendió por este acto tan hostil, pero Ryoga solo rió, quitándole importancia al asunto. A media luz se adentró en el cuarto, acomodando con cuidado a Sakuno, acarició su rostro y un esbozo de sonrisa se dejo ver.
Rápidamente arrebatada al ver de nuevo al molesto sujeto acercarse, quien confiadamente se encargaba de cubrir a la chica y quitarle los zapatos, casi ignorando su presencia.
Será mejor que nos vayamos – mencionó Ryoga.
Sí, seguro dormirá hasta mañana – dijo Kintarou, besando suavemente la frente de la chica.
Vamos, Ryoma – llamó su hermano, un tanto preocupado al ver la rabia en los ámbares.
Una última mirada para marcharse, pero algo retuvo su andar. Una fina mano, afirmaba su muñeca, se asombró un poco y esperó respuesta.
Saku-chan¿te encuentras bien? – interrumpió Kintarou - ¿quieres que me quede contigo? – interrogó amigable.
Gracias, Kin-chan… pero no es necesario – apenas audible le sonrió – Ryoma, no me dejes sola – exigió en un débil sonido.
Nunca – escueta respuesta.
Antes que Touyama interfiriera, Ryoga lo tomo del brazo, señalando que los dejara solo. Aunque no muy convencido accedió, saliendo ambos sin interrupciones. Una vez afuera.
¿Pero estarán bien? – cuestiono intranquilo.
No te preocupes, Ryoma esta con ella – aseguró confiado – muy tonto será, pero estoy seguro que no hará nada para lastimarla.
Está bien – dijo no muy convencido.
Bien… entonces, por que no vamos al bar, seguro hay unas lindas chicas con las cuales hablar – abrazando al pelirrojo, para arrastrarlo en sus andanzas.
Mientras tanto, dentro de la habitación, Ryoma se recostaba a un lado de Sakuno, quien permanecía ligeramente dormida. Solo reaccionó al percibirlo tan cerca, sin dudarlo se aferró a él, recibiéndola en un cálido abrazo. Un apacible ambiente los rodeaba, en pocos instantes ambos sucumbieron al sueño, demasiadas emociones por un día.
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Sumidos en un placentero abrazo, ninguno podía negar que dormir juntos era lejos lo que más anhelaban, ella se sentía completamente protegida y él embriagadamente extasiado. Aún con el sol descansando, la joven pianista comenzaba a rebelar sus ojos rubíes, como si hubiera dormido toda la noche, estaba en extremo relajada y un fuerte palpitar en su pecho le indicaba la inmensa felicidad que recorría por sus venas, sobretodo al comprobar que Ryoma estaba a su lado.
Se liberó con prudencia no quería despertarlo, sentándose sobre sus rodillas con la intención de poder ver mejor a su amado. La imborrable alegría que destilaba su rostro era inimaginable horas antes, no apartaba sus ojos de él, convenciéndose que era real, pues muchas noches soñó verlo, pero tristemente despertaba al descubrir la verdad.
Una pícara sonrisa afloro en sus labios, mientras sus diestros dedos se deslizaban por los negros cabellos, para luego delinear sus facciones, mordiendo su labio inferior deseaba poder probar aquella apetecible boca masculina. Suspiró con valor, inclinándose con cuidado, rozo con ternura esos labios, suavemente acariciaba su boca, liberándola en un instante, se sonrojo por su atrevimiento, más aún al ver la sonrisa divertida de Ryoma, que tenía entreabiertos sus ojos.
¿Estabas despierto? – interrogó avergonzada – ¿por qué no me dijiste?
Quería ver que harías – emitió tranquilo - ¿por qué te detuviste?
¡Eh!... por qué – su nerviosismo normal la dominaba.
Te vez hermosa cuando te sonrojas – afirmó con dulzura, logrando que el corazón de Sakuno latiera a mil por hora - ¿por qué no sigues? – propuso con picardía.
¿Qué cosa? – dijo ingenuamente, esto lo hacía feliz, su Sakuno aún existía.
Lo que hacías cuando dormía – mencionó interesado.
Lo observó avergonzada como una niña que había sido descubierta en una travesura. Aquellos ojos ámbar la miraban deseosos por verla actuar, eso la intimidaba, pero sentía latir con fuerza su corazón. Probablemente, ella también anhelaba proseguir, aunque su timidez se lo impedía; no ya no era la misma, sin mucha experiencia se dio valor para hacer lo que debía o mejor dicho lo que quería.
Se fue agachando para besar de una buena vez al hombre que trastornaba su vida. Solo un beso suave, delicado todavía reconociendo el lugar, él permanecía quieto, expectante por ver que haría Sakuno, hasta donde llegaría o hasta donde resistiría sin tocarla. Poco a poco fue demandando mayor contacto, mordiendo los labios masculinos que le permitían el paso hacía el despertar de sus instintos.
En una ligera danza se entrelazaron sus bocas, volviendo a sentir el ferviente contacto entre ellas, transformando el suave beso en una fogosa caricia que se intensificaba al acomodarse sobre él. En una osada maniobra cruzó sus piernas capturando a Ryoma bajo ella. Abrió sus ojos asombrado, al verla tan desinhibida, preguntándose donde estaba la dulce e inocente niña.
La mirada carmesí lo observaba con un brillo misterioso, asomando una sonrisa traviesa en esos carnosos labios, volvió a besarlo con intensidad saboreando cada parte que alcanzaba, logrando acelerar sus respiraciones. Todavía permanecía inmóvil, pero sus manos ya afirmaban fuertemente los muslos de Sakuno, intentando no adelantarse, hasta ver que haría, pero era una labor sofocante.
Liberando sus labios, recorrió su rostro hasta sus sensibles oídos, un leve soplido lo incitaba, suavemente mordisqueaba sus lóbulos, incrementando la temperatura en el cuerpo masculino, que comenzaba ha sentir los efectos en sus caderas. Sonrió con malicia, al ver que la tortura de su lentitud resultaba, presiono más sus piernas, para hacerlo temblar.
Ryoma – lo llamó en un susurro.
Asomó los ámbares para distinguirla, ella le sonrió para comenzar a bajar por su cuello, desabrochando su camisa en cada beso, mientras él solo masajeaba las delgadas piernas con fuerza, disfrutando el placer de sentir las caricias de Sakuno, que humedecían su piel con premura. El último botón fue apartado, obligándolo a mirarla, jugueteo con su lengua, atreviéndose a liberar su pantalón.
¿Qué haces? – preguntó inquietante, por momentos dudaba que fuera ella.
Si quieres me detengo – una suave voz, algo nerviosa, pero estaba decida.
Negó con su cabeza, verla decidida pero titubear en sus palabras, le confirmaban que era su Sakuno, imaginaba comprender su actitud tan osada, no era que no le gustase, al contrario, solo que lo desconcertaban. Lo dejo así, no quería cohibirla, es más deseaba que continuara, un latente palpitar en su entrepiernas se lo exigía.
Con torpeza logró quitar la prenda, liberando lo que tanto buscaba, en eso un enorme sonrojo invadió sus mejillas, demostrando que seguía siendo la misma. Sonrió al verla así, aunque deseaba que lo tocara de una forma distinta, no la obligaría a eso, pero antes de poder decirlo, ella lo capturó con sus finos dedos provocándole una lluvia de placer en su cuerpo, quitándole la fuerza por completo.
Observó con precaución, al ver sus ojos destilar fuego, comprendía que estaba en el camino correcto. Comenzó con un suave movimiento, disfrutando la tortura a la que sometía a Ryoma, verlo a su merced era excitante, manejar la situación a su antojo la tentaban a continuar, sin plenos conocimientos se atrevió a capturar la masculinidad en sus labios, arrebatándole un ronco gemido.
Exprimiendo el placer ardiente con su boca, se deleitaba viendo el rostro excitado de su amado, se detuvo unos momentos, para enfrentar con coquetería esos ojos que le rogaban por más. Gateo como un felino hacia sus labios, por que ella necesitaba probarlos, rápidamente comenzaron a besarse con ferviente pasión.
Repitiendo el nombre de ella en ardientes palabras de suplicas, acariciaba con fuego el cuerpo femenino, aún sobre él, alzó sus brazos, invitándolo a liberarla, en un arrebato quitó las prendas que le impedían disfrutar la tersa piel. Al fin los redondeados pechos de ella, al alcance de sus intrusas manos, que solo tomaron posesión de cada uno con autoridad, logrando extraer esos gemidos que lo enloquecían.
En un segundo de cordura, se detuvo…
¿Estás segura? – expresó entrecortado, debía asegurarse, pues ya después no podría detenerse.
Hasta el final – contestó decidida.
Suficientes palabras, es que acaso él podría negarse, por supuesto que no, si durante estos años lo único que había hecho era soñar con estos momentos. Así que al notarla tan dispuesta para él, no dudo en saciarse hasta el límite con la dulzura de su piel, devorando con sus ardientes besos a la mujer que amaba, con poderosa pasión para recuperar el tiempo perdido.
Necesitaba escucharla anhelante por su persona, que sus gemidos se intensificaran repitiendo incansable su nombre, volverla a sentir en sus brazos lo enloquecía, debía fusionar su candente cuerpo con el de Sakuno, asimismo ella lo deseaba percibiendo un placentero cosquilleo en su vientre, que con cada caricia pronto estallaría liberándose por completo.
En unos segundos sus fogosas miradas se entrelazaron, sincronizados en un profundo beso, se unieron en un solo ser, avivando todos sus sentidos en un rítmico vaivén. El aire se hacia escaso, la respiración acelerada, mientras se incrementaban los deseos de amarse. Olvidando sus miedos, danzaba con maestría sobre su amado, sujetada por sus caderas que le incentivaban a continuar moviéndose hasta el desenfreno.
Conectando sus labios en besos desesperados, ambos sintieron una explosión en su interior, desbordando por entero cada unos de sus sentimientos, extasiados en un mundo paralelo se deleitaban mutuamente en los brazos del ser que amaban. Agotada cayó, para refugiarse en el varonil abdomen, siendo protegida por Ryoma, que la cubría con sus fuertes brazos, besando suavemente la humedecida frente de Sakuno.
Se enderezó un poco, apoyando sus brazos en el pecho de él, con ojos titubeantes expresó.
Ryoma – murmuraba temblorosa.
¿Qué? – dijo con dificultad, para mirarla.
Lo que… dijiste antes – intentaba articular con prudencia, no quería arruinar el momento, pero sus dudas estaban latentes – eso era ¿Cierto?
¿Qué cosa? – no lograba descifrar lo que decía.
¿Aún… me amas? – emitió con un débil susurro.
Alzo una de sus manos para acariciar sus cabellos rojizos, con suma ternura miraba a la mujer que yacía sobre él, sonrió al ver que segundos antes parecía tan segura y desinhibida, sin embargo, ahora volvía a ser aquella tímida niña, reconociendo de inmediato a su Sakuno, de la cual se había enamorado.
Nunca deje de hacerlo – contestó seguro, besando con suavidad sus labios. Ella se abrazó con posesión a su cuello, para susurrarle al oído.
Yo tampoco – dejando que sus cabellos cubrieran desordenados el rostro de Ryoma – también te amo.
Se acomodaron en un protector abrazo, pues ambos estaban cansados de tanta actividad, entiéndase por semanas de arduo ensayo, y la noche aún era una buena compañera, sin prisas se refugiaron en el otro… total, tenían toda la vida por delante. Aunque sin anunciarlo, ninguno de los dos tenía planificado alejarse del otro, no después de tanto tiempo separados.
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Un molesto zumbido atravesaba sus sensibles oídos, entreabrió sus ojos, buscando el desagradable aparato, en una mesita de noche estaba su celular, gruño molesto al imaginar quien era el causante de interrumpir sus sueños. Obviamente tenía que ser su hermano – ¿es que no tiene vida?, pensó.
Un mensaje guardaba, para decirle que los esperaban para almorzar en una de las terrazas del hotel - ¿y tenía que avisar tan temprano? – pero había más, un P.D. algo con que ese sujeto estaba preocupado por Sakuno y quería ir a verla, así que mejor bajara luego – que fastidio, que le importaba a él, lo que… ¿cómo se llamaba?... ¡bah! Como si le interesara, desde ahora no lo dejaría acercarse… si claro, seguro que Sakuno lo permite.
Confirmó la hora para ver cuantas más podría permanecer dormido. No obstante, el cruel reloj se burlaba en su cara, ya que le anunciaba que era pasado el mediodía, extrañado por que últimamente no dormía mucho, o sea desde que su esposa lo abandonó, escasamente descansaba. Luego giró su vista y comprobó por que sus sueños fueron tan tranquilos y placenteros.
La observó todavía dormida, alcanzando a ver su delicada espalda ligeramente descubierta, con sus cabellos desordenados por la cama. Suavemente acarició la piel desnuda, para después depositar cálidos besos, notó como sonreía, alegrándolo por que ya no lloraba, la tristeza parecía un lejano recuerdo, se apoyó en ella para hablarle.
Despierta, nos están esperando – comentó con extraño cariño.
No quiero, tengo sueño – rezongó como una niña.
Por mi no hay problema – dijo indiferente – pero ese sujeto esta preguntando por ti – expresó un tanto molesto.
¡Kin-chan! – pronunció en un grito, que lo desconcertó – tengo que ir a verlo – sentándose rápidamente en la cama.
¿Tanto te interesa ese sujeto? – bufó celoso.
Es mi mejor amigo, seguro anoche estaba preocupado, tengo que hablar con él – comenzaba a balbucear palabras, mientras los celos de Ryoma se encendían.
¿Es más importante que yo? – espetó en un arrebato.
Por unos minutos, Sakuno lo miró extrañada, no comprendiendo por que de esa reacción, era claro que no entendiese, si nunca lo había visto en ese estado, ya que antes se encargaba de ocultarlo muy bien, al menos para ella, pues para los demás era evidente.
¿Estás… celoso? – cuestionó dubitativa, aunque eso le provocaba una naciente alegría en su interior.
¿Yo? – bufó molesto, volteándose para no enfrentar los rubíes de ella.
Sí, estás celoso – expresó con una radiante felicidad – te amo – abalanzándose sobre él.
Aunque descolocado, no le pareció nada mal la idea de enojarse, eso sí, a cambio de tan exquisito castigo. Se dejaron llevar por la emoción del momento fundiéndose en un candente beso, olvidándose por entero del almuerzo. Mejor se quedaban con un delicioso postre ¿no creen?
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Dos meses después
Bajo el cielo azul que una vez los reunió, estaban ambos, nuevamente, para unirse en matrimonio, sin embargo, esta vez sería muy diferente, por que sus corazones caminaban juntos por el mismo sendero, ya no existían herencias ni obligaciones de por medio. Ahora era un acto de total entrega hacia el otro, una verdadera expresión de amor, que había logrado sobrevivir a las fieras tempestades de la vida.
Una ceremonia privada, que se llevaría a cabo en una antigua propiedad de los Echizen. Un conocido templo donde vivieron sus abuelos, todo ambientado en característicos decorados japoneses, con jardines de agua y una bella vegetación, que ahora se teñía en diferentes tonalidades de verdes. A un costado de la casa, se encontraba un gran espacio, como las dimensiones de una cancha de tenis, que en uno de los lados descansaba una gran campana, muy usada en el pasado.
Una sencilla decoración, con coloridas flores silvestres, dispuestas en unos gigantescos maceteros, dejándolas caer graciosamente. Un conjunto de dos hileras de sillas, divididas por una oscura alfombra marrón, que guiaba el camino hasta el altar. Cálidas temperaturas esperaban a los invitados, solo la familia y amigos íntimos se apreciaban en el lugar.
La ceremonia daba comienzo, en un bullicio que fue silenciado al presentarse la novia. En el altar, se hallaba Ryoma, que hace unos días que no podía ver a su mujer. Entre tantos preparativos, su madre y amigas de ella, no le quedo tiempo ni valor para exigir verla. Pero al mirarla, estaba claro que había valido la pena la ausencia, un nerviosismo natural surgió en él.
¿Qué tal, si esta vez me caso yo con ella? – bromeó su hermano, ganándose una fiera mirada.
Por que no te callas – bufó nervioso.
No pensé verte tan inquieto – sonriendo complacido, al parecer su hermanito no era tan frío, al menos con Sakuno - ¿no crees que se ve hermosa? – incitándolo a mirarla con detenimiento.
Pausadamente se desplazaba por el sendero señalado, acompañada por Nanjiro, ya que él la consideraba como una hija, así que no podía negarse. Sentía sus piernas temblar, bajo aquel largo vestido color perla, con pequeños decorados carmesí como sus ojos, afirmaba un bello ramo de orquídeas blancas con leves jaspeados rojizos, que hacían juego con los finos adornos de su cabello, apenas sujetados algunos mechones, dándole un aspecto sencillo y veraniego al conjunto.
Vas a estar bien – le aseguró Nanjiro, al notarla temblar – mi hijo es un bruto, pero estoy seguro que te ama, no te preocupes aprenderá ha ser un buen esposo – decía con absoluto convencimiento – yo aprendí.
G-gracias – expresó con un sonrojo.
Alzo sus bellos rubíes, para conectarse con la deseosa mirada de su futuro marido. Imponente en el altar, la esperaba en impecable traje gris oscuro, aunque su cabello continuaba rebelde, dándole un toque sensual que le encantaba. Verlo un tanto impaciente, le hacía saltar el corazón de emoción, al percibir que ambos sentían lo mismo.
La recibió con una dulce sonrisa, una que solo a ella podía obsequiar, se entrelazaron sus manos, para dar inicio al gran paso, en donde juraron amarse infinitamente, sellando el pacto en un inocente pero cálido beso. Unos segundos que paralizaron sus miradas, convenciéndose que sus vidas ahora eran una sola, volvió a besarla jalando con fuerza su cintura, para que no quedaran dudas.
Las felicitaciones no se hicieron esperar, compartiendo con gran entusiasmo, los invitados celebraban la unión, acosando a los recién casado entre besos y abrazos. Luego de tanta algarabía, las cosas se fueron tranquilizando un poco, fue entonces cuando sus queridas amigas se acercaron.
Saku – gritó Tomoka – estoy tan feliz, no pude evitarlo lloré toda la ceremonia – abrazando con cariño a su amiga.
Me alegra verte feliz – interrumpió Ann – creo que Echizen, comienza ha caerme mejor – dijo sonriendo.
¿Y dónde esta Ryoma-sama? – preguntó la chica del lunar.
No lo sé – respondió dubitativa, buscando entre la multitud.
Una melodía familiar surcó hasta ella sobresaltando su pecho de emoción, volteo para ver como tras el altar, al menos donde había estado, ahora se encontraba el piano. Sus ojos se abrieron asombrada, levemente cristalizados, jamás hubiese imaginado esto, ver a su marido tocando especialmente para ella, en el día de su matrimonio.
Solo se miraron, mientras el dejaba fluir sus sentimientos por Sakuno, la única forma que encontraba para expresar lo que sentía. La audiencia se deleitaba con una espléndida interpretación, a su vez que la flamante esposa lograba entender cada nota como vivas palabras de amor, palabras que solo ella lograría descifrar.
Alcanzaba ha escuchar como Ryoma se esforzaba por transmitirle lo mucho que la amaba, como un retumbante susurro llegaba a su interior, la emoción la embargaba, dejando asomar finos cristales que descendían suavemente por sus mejillas, caminó torpemente hacia él, olvidándose que todos estaban observándolos, sin terminar la tonada lo besó con cariño, intentando decir lo que sentía, pero las palabras se ahogaban en su garganta.
Te amo, Ryoma – logró articular, sentándose apenada sobre sus piernas, buscando refugio en su cuello.
Y yo a ti, pequeña – abrazándola con protección.
Una desastrosa tempestad dio inicio a la historia, la muerte de los padres de ella, permitió que estos disímiles jóvenes unieran sus vidas, sin conocerse, sin amarse. Algo que auguraba como una nefasta relación, paulatinamente se fue transformando en los frutos dejado por esta tormenta, el amor que ambos profesan tener el uno por el otro, que seguramente se sorprenderán al saber, que una semilla comienza a tomar forma en el interior de Sakuno.
FIN
Un gusto de compartir con ustedes, nos vemos hasta otra oportunidad, chao
