¡Hola! Quiero agradecer sus comentarios y sus favs :3 Lloro de la emoción :') me han dejado anonada e infinitamente feliz. Muchísimas gracias. El capítulo ya lo tenía hecho, pero quería ver qué impresión daba en fic, me alegra que haya sido buena. Ahora estoy terminando el tercero, que tendrá dos partes. Espero que les guste.
Eclipsis of Virgins
2
Do my thang
Sus párpados ardieron, mientras suspiraba y se acurrucaba.
Dios, que bien había dormido.
Cosa bastante extraña, observando que hacía días que no había pegado ni un ojo, que lo único que lo calmaba eran las pociones para dormir sin sueños. Él siempre estaba atormentándolo. Era un tanto aterrador.
No le gustaba pensar en eso, porque era como ponerse estático mientras lo petrificaban, su mente era cortocircuito cerebral. Era síntomas extraños, pero reales.
Todo su cuerpo estaba cálido, una sensación abrumadoramente placentera. Era como respirar por primera vez después de mucho tiempo. Era extraño sentirse caliente, puesto que fuera de las sábanas hacía frío, lo sabía, pues su nariz estaba helada. Siempre había sido muy sensible a las estaciones. Si hacía mucho calor, le faltaba el aire, ni qué decir de osar salir al sol, se freiría como un pedazo de carne: su piel era tan pálida, que se irritaba ante cualquier cambio brusco. Si hacía mucho frío, su cuerpo se convertía automáticamente en un cubito de hielo y si no fuera por las atenciones especiales de Severus con respecto a sus pociones contra el resfriado, él viviría estornudando, y eso no era muy Malfoy de su parte.
Unos brazos cálidos lo agarraron por detrás, abrazándolo, de alguna manera. El pecho de alguien estaba hirviendo haciendo contraste con su espalda helada. Podía sentir su propia nariz muy fría, pero se sentía tan cómodo que no le importó en absoluto que algo tan cálido y suave lo abrazase, porque en realidad, nunca lo habían abrazado. Eso era cosa de plebeyos.
Las manos extrañas se estaban moviendo en sueños por su pecho, casi como acariciándolo inconscientemente, rozándolo, parecía una pequeña danza despreocupada. Draco abrió los ojos grande, entre sorprendido y sintiéndose calmado sin razón alguna. Las manos eran grandes, resultaría imposible que pertenecieran a las de una mujer, los dedos no eran finos pero si estilizados, tenían un color ligeramente bronceado y había callos en ellas.
Aunque calló en la cuenta de que un jugador de Quidditch estaba abrazándolo por detrás, en su cama, desnudo, con un gesto totalmente íntimo, no le importaba. La tranquilidad cegadora le impedía alterarse, podía sentir la magia de sus dedos acariciarlo, rodeándolo, susurrándole. Era casi como estar drogado, pero con la conciencia intacta.
No recordaba mucho de la noche anterior, intentaba, pero estaba tan cómodo así, en los brazos de un extraño, mientas sus manos rozaban su estómago, sus párpados temblaron y como click sintió una descarga eléctrica desde la espina dorsal dirigida hasta todo el cuerpo. Suspiró hondamente mientras se acurrucaba en los brazos de aquel chico.
Pudo sentir cómo el muchacho desconocido murmuraba y se aferraba más a él, hasta que sintió un miembro erguido en medio de sus nalgas. Fue casi instantáneo, su cuerpo reaccionó por sí solo, tan literalmente que no tuvo tiempo de sorprenderse. Se había arqueado de forma sutil pero marcada y gimió levemente. La respiración de su compañero era irregular pero podía garantizar que seguía durmiendo.
Meneó su trasero hacia atrás, restregando su propio culo contra la erección matutina de aquel chico (desconocido), sintiéndola aún más entre medio de la raya de sus nalgas, gimió agudamente sin poder evitarlo. Abrió los ojos como platos, tapándose la boca con las manos, horrorizado.
Pero su cuerpo seguía ondulando y restregándose contra aquella persona, su respiración eran puros jadeos ahogados, mientras su mano intentaba acaparar los gemidos necesitados.
Podía sentir sus mejillas incendiadas.
¿Qué mierda estaba haciendo?
Se sentía bien, correcto, su cuerpo se lo pedía a gritos, su pene, ya erecto en una velocidad vergonzosa, manchaba su abdomen de pre semen. Se le cortó la respiración, no podía detenerse. Quería más. Necesitaba más.
Gemía en voz baja, mientras jadeaba para buscar aire. Sentía su pecho bajando y subiendo rápidamente.
Quería ese pene enterrado en su culo.
Un momento… ¿¡Qué!?
No tuvo tiempo de responder porque el chico detrás de él había despertado, lo sintió tensarse y bostezar despreocupadamente.
—Mmmh—masculló y casi podía escuchar sus párpados abriéndose. Draco podía sentir su presencia.
Tragó saliva. Una parte de él quería huir, quería sentirse avergonzado, indignado y sumamente patético por haber restregado su culo en el pene de una extraño, mientras dicho extraño estaba durmiendo (sí que tenía un sueño pesado). Pero había otra y renovada parte de sí, que quería ser follado. Quería que esa persona se la metiera, necesitaba eso por cada uno de sus poros. Pero no quería simplemente sexo. Quería sexo con esa persona.
Se quedó quieto y estático, respirando agitadamente por la adrenalina de sus sentimientos contradictorios. Hasta que escuchó el ¡PLAF!, y se dio la vuelta con elegancia y algo de nerviosismo.
Sintió su cuerpo vacío. Ya ni siquiera lo rodeaban con las manos, era como ser una hoja seca y perderse en el desierto. Se sentía desorientado.
La cama estaba vacía de un segundo para el otro, con las sábanas manchadas de semen, con la evidencia suficiente, pero el olor a sexo impregnado en el ambiente no ayudaba a su libido. Pudo escuchar las maldiciones que venían desde el suelo.
Estiró su cabeza, de manera que pudiera observar a un muchacho aterrado, pálido y con resto de semen en el pecho, sus ojos verdes y el cabello más desordenado que nunca. Las mejillas ardiendo de manera intensa con un brillo de profunda perdición y arrepentimiento.
Potter.
Ambos abrieron los ojos inundados de terror. Draco podía verse reflejado en las orbes esmeraldas de Potter.
Ahora podía recordarlo todo. Primero había estado en la Sala Común, Pansy estaba hablándole sobre el hermoso eclipse de luna que habría esa noche y Theo había estado advirtiéndoles sobre que no debían verlo, apartando con seriedad su libro y mirándolos a los ojos. Blaise había rodado los ojos y bufado, pero esa noche cerró las cortinas antes de irse a dormir. Pansy murmuró algo intangible y se fue al dormitorio de chicas. Después había aparecido él, y había salido corriendo.
Se había topado con Potter, ambos se habían perdido el uno en el otro durante unos segundos y todo alrededor había desaparecido, derribándolo por completo, se sintió atrapado en alguien con quien era agradable estarlo. Una cosa había llevado a la otra y Potter había enterrado su enorme miembro dentro de él.
Por un lado se sentía un poco furioso, pero, entonces, ¿por qué quería hacerlo otra vez? Dentro de él había una desesperación casi tangible. Se sentía expuesto y abierto a Potter, ¿por qué?
Potter siempre resultaba ser la excepción a todas las reglas primordiales de Draco.
— ¿Malfoy? —susurró con terror, como si pretendiera que todo eso fuera una pesadilla.
—Así me dicen, según tengo entendido es mi apellido—respondió suave pero sarcásticamente, sin inmutarse. Estaba sorprendido y alerta, pero Draco sólo se sentía extraño. Ya no estaba tan molesto, excepto tal vez el hecho de que su acompañante se veía horrorizado, bien que había gemido anoche.
—Guárdate tus comentarios mordaces, ¿quieres? —gruñó, ese era el Potter que conocía, ya no quedaba rastro de estupefacción ni de incredulidad, ni mucho menos de la pasión desenfrenada de anoche. Ahora eran Malfoy y Potter. Los enemigos de siempre.
Pero Draco no tenía ganas de ser "los enemigos de siempre", le costaba demasiado trabajo fingir. Él quería a Potter enterrando su pene en su culo.
Estaba calmado, pero sus sensaciones estaban a tope, no sabía qué pensar, o qué debía pensar. Era como si una mañana estuviese convencido de quién era y a la otra ya ni se reconociera.
Potter lo miraba suspicazmente y con más odio que antes. Algo dentro suyo se removió dolorosamente.
No lo dejaste satisfecho. Fracasaste.
¿Qué clase de pensamientos eran esos? ¡Él no era ningún puto perro! ¡De nadie, ni mucho menos del estúpido (desagradecido, agregó su orgullo) de Potter!
Pero la mirada acusadora que le estaba dando hacía que quisiera salir corriendo. Ya no se sentía cálido, un frío abrazador se había apoderado de su cuerpo. Sus defensas bajaron por completo, era como si se enfermase adrede.
¿Por qué le dolía? Se sentía un poco tono y perdido. No entendía nada.
Era como si fuera una especie de mascota y la mirada de Potter dijera: ¡Draco malo!
No le gustaba en absoluto esa sensación. Lo hacía sentir incompleto y su autoestima flaqueaba por los suelos. No era normal. Algo le estaba sucediendo.
Apartó la mirada de Potter, sus mejillas se tiñeron de un rojo intenso, temblaba ligeramente. ¿Por qué se estaba comportando de una manera tan estúpida? ¡Que alguien se lo dijera por favor! El muy idiota lo miraba como si fuera su culpa cuando le había robado la virginidad. Y no se veía tan descontento cuando lo estaba penetrando y parecía beberse de los gemidos y lloriqueos de Draco.
De todas maneras era muy humillante, vea donde lo vea Draco. Tenía que salir de ahí, ya.
Tapándose con las sábanas, después de pensarlo, rodó los ojos y las apartó. De nada servía taparse cuando la polla de Mr. Potter había estado conociendo profundamente su culo, ya podían tener suficiente confianza en ese aspecto.
Pudo ver como las mejillas de su compañero se sonrojaban y apartaba la mirada.
Su pecho se calentó, casi como alentándolo. Tal vez después de todo no había sido un polvo tan malo…
¡Pfff, como si le importase!
Bueno, de hecho sí, sí le importaba, y parecía que más de lo que había creído.
Potter debería sentirse agradecido, se reanimó sin mucho éxito. Pero Potter no parecía muy complacido que digamos.
Y eso le estaba causando un par de rocas en su pecho.
Cuando se levantó sus músculos internos protestaron, sintiéndolos revolverse y contraerse dolorosamente.
— ¡Ahh! —gimió de dolor, desplomándose de forma patética al suelo. Le temblaban un poco las piernas.
¡Joder, no se podía sostener!
Harry estaba arrodillado a su lado, luciendo mucho más asustado de lo que Draco lo había visto antes.
— ¿E-estas bien?
—Como una puta rosa, Potter, ¿a ti que te parece? —respondió con un sarcasmo ácido. Pero se sentía tan humillado que no lo había dicho con tanta potencia como antes. Su trasero estaba al aire, seguramente pálido como siempre.
—No tienes que ser así siempre, ¿sabes? —respondió con brusquedad—Sólo estaba intentando ser amable. Pero parece que no se puede contigo.
Atragantándose una respuesta mordaz, se mordió el labio, viendo como Potter tragaba saliva.
— No. Me duele mucho…
Pero antes de que termine, lo interrumpió.
— ¿Qué cosa?
Draco frunció el ceño, sintiendo su enfado derribar todas las emociones y siendo el protagonista, bueno, ese era un sentimiento con el que estaba familiarizado si se trataba de Potter.
El muy bastardo quería humillarlo.
—Ya sabes a qué me refiero—dijo con dientes apretados. Pero Harry no parecía entender. De hecho, tenía tal expresión de inocencia que por un momento le creyó, tal vez realmente no sabía, pero luego recordó que fue el causante de ese dolor, tanto emocional como corporal.
—No, no lo sé—respondió, el muy descarado.
— ¡De mi culo, de mi culo! —Explotó Draco— Las paredes internas y la cadera— agregó enfadado mirándolo con enojo—. Me duele, ¿quieres que te lo demuestre también?
Harry abrió los ojos como platos, mientras balbuceaba una patética disculpa y cosas que Draco realmente no tenía intención de escuchar. Potter se veía avergonzado.
Lo que en realidad había pasado, era que solamente le había gritado porque se sentía un poco raro, se había descargado con Potter en parte, y por otra, se sentía un poco desdichado…se sentía inútil. Sí, esa era la palabra.
Suspiró cansado, y sin mirarlo dijo:
— ¿Podrías ayudarme a levantarme?
— ¿Ah? Eh, sí, claro.
Los brazos de Potter rodearon su cintura, levantándolo, y cuando estuvo parado, apoyándose en él, sintió como del orificio de su trasero salía semen, recorriendo sus piernas, blancas y estilizadas.
Harry apartó la mirada pero no lo soltó (seguramente se sentía culpable), podía ver de reojo sus mejillas teñidas de carmesí. Draco tragó saliva.
Los brazos que lo rodeaban eran cálidos, como Potter, como cuando se despertó, algo dentro de él se prendía y hacía que sintiera cosas extrañas y descabelladas. Ambos estaban desnudos y podía sentir su respiración.
Se apartó tambaleándose un poco, sintiendo sus pies resbalar un poco con el suelo, mientras el vacío volvía a acomodarse en su pecho. Recogió su ropa y se vistió ante la mirada de Harry, que no se había movido, parecía estático y un poco consternado.
Aunque le dolía todo el cuerpo, no estaba tan mal, al menos no se había emborrachado…
Sintiéndose más desarreglado y desorientado, con el cabello hecho un desastre—sintiéndose un desastre— y con las ropas arrugadas se dirigió a la puerta, prometiéndose no mirarlo cuando pasara por su lado.
— ¿A dónde vas? —interrumpió su voz, calmada, quebrando el silencio y las barreras internas de Draco. Se detuvo al pie de la puerta y, aún casi de espaldas, lo observó disimuladamente, tenía la piel más bronceada de lo que había pensado y su boca se secó de las ganas que tenía de lamerlo entero.
Maldiciéndose internamente por mirarlo de reojo, le contestó:
—A hacer lo mío.
Pero lo cierto era que en lo único que pensaba era que necesitaba una buena follada para quitarse la imagen de Potter penetrándolo. Resultaba mucho más placentero de lo que debería.
La mañana de Pociones le resultó casi tan aburrida y clásica (aunque la palabra sería exasperante) como Historia de la magia, realmente preocupante, tan preocupante como el hecho de que eso fuera así por culpa de Potter. Única y exclusivamente de Potter. Bah, como siempre. Pero este era un caso excepcional.
Aunque tal vez no era sólo culpa del Cara Rajada. El eclipse de anoche había sido más importante y escandaloso de lo que Draco había pensado en algún momento.
Había tenido graves consecuencias en los alumnos, en el castillo también para ser exactos. Era como si toda la magia se hubiese descontrolado. La noche anterior, en la cena, había escuchado levemente sin prestar realmente atención a Dumbledore hablar sobre aquel fenómeno, sobre que las consecuencias en los magos eran más fuertes. Pero Draco no lo estaba escuchando, ¿alguien realmente lo hacía? Él no solía darle al director más atención que lo necesario, es decir, solamente para insultarlo y hablar fechorías sobre él.
El bendito eclipse había ocasionado catástrofes más que otra cosa. Como se había advertido, más bien ordenado, que no podían salir a ver, bajo ninguna excepción, el eclipse, que todos debían dormir a horario (¡Merlín, si hasta habían adelantado el toque de queda sólo por ese día!), asique debido a eso, los afectados eran un poco más escasos. Pero a la mañana siguiente hubo cosas que no se pudo evitar, como el hecho de ver cuadros fuera de lugar, personas que durmieron en una cama y terminaron en otra, la Sra. Norris había terminado colgada de la cola, aunque no precisamete muerta como en segundo año, estaba bien consciente cuando sucedió y sus chillido debieron de haber despertado a medio Hogwarts. Ese estúpido de Filch seguía diciendo de que fue una obra de los alumnos, por supuesto que debió de haber sido una broma, pero, sinceramente, ¿a quién le importaba?
Muchos terminaron con hechizos desconocidos que según andaba fanfarroneando por la mañana Granger presumía diciendo que los ocasionaron ellos mismo, es decir, la magia propia toma vida en el eclipse lunar, es un significado completamente diferente para lo magos que para los muggles. O eso al menos había dicho ella.
La comadreja estaba, si no se equivocaba, más pecosa que antes, mientras que todavía quedaban restos del hechizo tragababosas, que seguramente el muy inútil se había poporcionado él mismo.
Valla engendro, pensó.
Luego vio a Potter y sus músculos internos se tensaron, junto con su trasero, sintiendo sus mejillas arder. Al menos él estaba en una situación similar, puesto que también se había sonrojado y casi había tropezado, haciendo que sus gafas se descolocaran de lugar.
—Harry, ¿estas bien? —preguntó la Sangre Sucia dirigiéndose hacia su "amigo".
Draco se sintió aún más extraño y un poco enfadado, por lo que prefirió simplemente alejarse.
Pansy aparte de despertar con un humor de perros nada en ella había cambiado. Estaba tan silenciosa que apenas articuló otra palabra que "púdrete" o algún gruñido que hubiera puesto orgullosos a un pug pulgoso, puesto que, incluso, su cara ceñuda estaba más frecuente de lo normal.
Blaise tampoco se veía muy feliz. Pero Draco sabía que Blaise no era muy feliz en esos momentos. Pero con los problemas que empezaban desde el dolor de su trasero hasta su padre y Potter, simplemente era demasiado, no podía ocuparse de todo. Ya hablarían. En otro momento.
Es que…era un caso complicado. Lo malo de ser un Malfoy, y por consecuencia ser un Slytherin de primera, era que Draco tenía incluido el pack de la sutileza y la observación. Sabía lo muy coladita que estaba Pansy por el pobretón, lo muy embobado que este estaba por la sangre sucia, y lo muy sonrojada que ella estaba por Blaise, y la manera en que Blaise suspiraba por él cuando sentía que nadie lo veía.
Y Draco…Draco había sabido lo mucho que odiaba a Potter y lo muy desesperado de sexo que había estado. Ahora era un poco distinto…ahora lo que sabía era que el sexo era la cosa más estupenda, completamente incomparable, y que si bien su odio por Potter no disminuyó ni un ápice, que ansiaba casi sin darse cuenta, desesperadamente sexo con Potter.
Potter. Potter era tan transparente como misterioso. Había estado coladito por esa tal (pequeña puta) Cho (desagradecida) Chang (estúpida ponja), aunque Draco no sabía por qué tanto odio repentino hacia ella, pero si es sincero, nunca le cayó bien. Hasta donde él había sabido, Harry seguía gustando de ella, pero bien que se acostó con él…no tenía mucho sentido.
Si algo había aprendido de su propia astucia era que para ganar tenías que saber a qué te enfrentabas. Conoce a tus enemigos…Y como bueno observador suspicaz que era, había pasado un deliberado tiempo (maso menos toda su vida) en observar a Potter. Lo conocía, superficial y fríamente, sabía cómo era, un estúpido Gryffindor en busca del amor eterno, leal, valiente y apasionado…
Bien apasionado había estado con él y había utilizado sus labios para algo mucho más eficaz que insultarlo.
O sea, todo el mundo sabía de lo suyo con la Ravenclaw llorica. Y no tenía ningún jodido sentido acostarse con su enemigo, con quien había odiado durante años. No días, ni meses, si no, AÑOS.
Enemigos.
Frunció el ceño, sintiéndose un poco desanimado con respecto a lo que esa palabra significaba.
Avanzó con paso lento, distraído en sus pensamientos, cuando chocó accidentalmente con la Weasley menor. Su ceño fruncido se intensificó. Y si hubiera tenido garras se las hubiera clavado. Podía sentirlo, podía sentir la atracción de esa comadreja menor por Harry.
Sacudió su cabeza intentando aclararse. Estaba siendo paranoico. No. Lo que es peor aún: estaba siendo patético. Y no había dejado de comportarse de manera estúpida desde que perdió la virginidad, debería sentirse seguro, atractivo, genial…pero estaba sintiendo exactamente lo opuesto, se sentía extraño y desorientado, las sensaciones lo abrumaban.
Aunque definitivamente no había planeado (en absoluto) perder la virginidad con Potter.
Quien se supone que es el enemigo del Señor Oscuro, de su padre, de lo que es correcto. Pero Draco no quería saber mucho sobre ese tema, lo afligía demasiado. Y ya no consideraba a su padre tan digno como antes, no sabía qué pensar con respecto a ese tema, de hecho, no quería pensarlo, no quería que existiera. Pero como existía, todo a su alrededor flaqueaba y se quedaba solo.
No quería ser un mortífago y si bien le había costado horrores oponerse a su padre y le costaría un montón re oponerse en un futuro inmediato, ya no importaba. Lo hecho, hecho estaba, no se echaría atrás. Así como su padre había tomado la suya, las consecuencias le saldrían caras.
Draco podía seguir siendo un capullo malcriado, un narcisista, un crío prematuro dependiente de sus padres, pero, aunque aceptara muchas cosas, si había algo que no aceptaba era la traición, y su padre no solo había traspasado ese límite que él mismo le había enseñado. Había traicionado a su familia.
Los Slytherins eran desconfiados, solían apuñalar por la espalda, ser escurridizos y silenciosamente astutos, pero eran leales a escasas personas, se permitían, no deliberal y totalmente, pero lo hacían a su manera, ser relajados con aquellos elegidos. Como la familia, algún que otro amigo, un amante…, pero cuando los traicionaban de aquella manera, podían aceptar fríamente sus patéticas disculpas, pero nunca lo olvidaban.
Y Draco sentía que jamás podía volver a confiar en su padre.
No era como si su relación se basara demasiado en la confianza, pero de alguna manera sí había habido, aunque ya no más.
Había estado tan enfadado, que casi podía decir que lo odiaba.
Y eran unos extremos alarmantes, pasar de la adoración a un padre, hacia el odio vertiginal.
Casi lo mismo había sucedido con Potter. Oh, casualidad. Aunque había sido totalmente al revés y de una forma absolutamente diferente.
Y es que Draco realmente tenía un problema. No paraba de pensar en Potter y en sus manos, en Potter susurrándole su nombre, en Potter corriéndose dentro suyo, en Potter penetrándolo…
Merlín, había pasado todo el día empalmado y cada vez que pasaba al lado de él, podía sentir como su trasero de contraía junto con sus músculos internos. Mientras que su pene daba un respingo, interesado. Había estado interesado durante toda la mañana.
Se sentía hechizado, su cuerpo lo único que hacía era pensar en Potter, el muy desgraciado que no debía de tener idea de lo que le ocurría. Que era sumamente grave, ¡estaba enloqueciendo!
Estaba tan consternado que ni siquiera tenía ganas de burlarse o divertirse de lo que el Eclipse de Luna había provocado en los alumnos, ya que sí podía ver que Hogwarts estaba prácticamente boca abajo y había desastre donde quiera que se mirara, otra cosa era que le importase, y avergonzar a los alumnos de toda casa había pasado a segundo plano cuando rozaba a Harry Potter.
Y producía ese tipo de escalofríos. Parecía hecho apropósito, alguien lo odiaba en algún lugar del universo.
Primero, había pasado por su lado, evitando los susurros mal disimulados del resto de la clase por la falta de insultos entre ambos, sonrojándose. ¡Sonrojándose! Él, un Malfoy, poniéndose rojo. Vergüenza. Deshorna.
Podía escuchar a sus antepasados revolviéndose en sus tumbas.
Después, para colmo de los colmos, Severus decidió ponerlos como pareja, el solo hecho de escuchar sus nombres juntos hacía que Draco se alterase. Sus manos se habían tocados accidentalmente más veces de las que puede contar. Potter no paraba de balbucear y él lo único que quería era enterrar su rostro en su almohada y no salir nunca más de su cama.
Tal vez, para masturbarse con el recuerdo. De su primera vez.
Oh, dios, había jodido con Potter. Le había entregado—corrección, Potter le había robado—la virginidad, había tenido sexo (aunque condenadamente bueno). Solo había sido plenamente consciente de eso, horas después de lo sucedido, mientras veía alejarse a Potter junto con la Weasley menor, sintiendo la mirada angustiosa de Blaise, el anhelo de la comadreja, el sonrojo de Granger al pasar por el lado de su amigo, la furia de Pansy y la ignorancia de Potter.
Mientras que él se sentía un poco impactado por el vacío helado en el que su pecho se había convertido cuando había abandonado la habitación con Potter dentro, esa mañana.
Después de las eternas dos horas de Pociones se habían suspendido las clases, por obvias razones. El colegio no podía mantenerse estable y los daños eran cada vez mayores en aumento. Incluso la supuesta mascota de Dumbledore había sufrido las consecuencias, ahora su pelaje era un precioso azul marino, mientras que el viejo-chupa-caramelos estaba calvo con la barba hasta el suelo.
Draco nunca fue un ignorante, había oído hablar sobre el dichoso Eclipse, pero nunca le había prestado mucha atención, no más de la necesaria. Pero, incluso con lo fantástico que podía ser un Malfoy, estaba un poco sorprendido que todos en el maldito colegio parecieran sumamente afectados y él estaba casi exactamente como el día anterior.
Horas después, apartando el tema del Eclipse de su mente, cuando pensó tanto en Potter que podía escuchar a su cuerpo casi llamándolo de alguna manera. Pero cuando se le pasó por la cabeza hacerse una paja en su puto honor, fue cuando entró en pánico.
Las cosas estaban jodidas. Jamás en su vida se había comportado de una manera tan poco…Malfoy, tan fuera de lo común, ¡tan estúpida!
O sea, había más chicos y chicas atractivos que Potter.
¿No era justamente lo que siempre había querido? ¿Perder la virginidad?
Aunque definitivamente no contaba con el hecho de que su cuerpo se encaprichase con el primero que lograra poseerlo.
Tampoco contaba con que alguien lo poseyera.
Se suponía que era él el que debía meterla.
Suspiró.
Debía dejar de pensar, mientras más razonaba, más es confundía. Y hacer rondas de prefecto, por más orgulloso que esté el haber sido nombrado, no estaba ayudando.
Escuchó ruidos, provenían de la Torre de astronomía. Rodó los ojos, no era la primera vez que encontraba a una pareja en medio de un acto sexual, o más bien romántico. Y él, muy gustoso, los había castigado y les había quitado puntos (excepto, tal vez, a los de su propia casa).
Era un niño, pudo divisar una pequeña silueta. Sonrió maliciosamente, adoraba asustar a los de primero. Debería apuntarlo como un nuevo pasatiempo.
Se acercó lo suficiente, en silencio, el chico temblaba un poco por el frío, justo cuando se posicionó detrás de él, se agachó un poco (puesto que le llevaba una cabeza) sopló aire mientras susurraba:
— ¡Buh!
El niño se pegó tal susto que Draco rió de puro placer, no sólo con burla, si no, casi de verdad. Fue un poco extraño, el chico se le quedó mirando con una mezcla de horror y curiosidad.
Sostenía un artefacto entre los brazos, cuando lo identificó, supo directamente quién era el muchacho, y no era exactamente un niño.
—Pero si eres el niño de la camarita—escupió un desdén. El chico tragó saliva.
—Y-yo…
—No te malgastes. Nada impedirá que te castigue—lo miró de arriba abajo. Era apenas un crío, tendría unos catorce años, aunque aparentara de doce. Tenía el cabello rubio (pero no tan espectacular como el suyo), apenas rizado y ojitos claros. Bueno, no estaba nada mal el crío.
¡Pero era un Gryffindor!
¿Lo olvidas? Te acostaste con un Gryffindor…para variar, Potter, Harry Potter, ¿te suena?
Dijo una voz retorcida dentro de su cabeza.
Gruñó frustrado. Potter. Potter otra vez. ¿Es que no podía desaparecer de una vez?
Creevrey o como fuera que se llamase, temblaba de miedo con los ojos abiertos, mientras que el viento hacía revolotear su cabello.
Si Draco se enrollaba con un Gryffindor significaría admitir que podía olvidar a Potter, que cualquier Gryffindor podía complacerlo, incluso cualquier otro. Era demostrar que no lo necesitaba con desesperación.
—También confiscaré tu máquina—agregó, alzando las comisuras, divirtiéndose a su costa. El rostro del chico se transformó en mucho más que horror, parecía como si la catástrofe se hubiera reabierto ante sus ojos. Boqueaba como un pez fuera del agua y tenía los ojos desorbitados.
— ¡No! No, lo que seas menos mi cámara, por favor—suplicó patéticamente.
Esta vez, Draco sonrió de medio lado.
—Mmmh. Bueno, seré complaciente—le contestó en un tono como si lo estuviera ayudando y compadeciéndose de él, tan agudo y falso le sonó, que pudo ver cómo Creevey no se relajaba por completo—. Si me la chupas, te quedarás con la cámara, pero el castigo no se disolverá.
Creveey pareció quedarse sin respiración, estaba estupefacto, con los ojos como platos y las mejillas ardiendo.
A tal falta de respuesta, Draco suspiró como si realmente lo sintiera, fingiendo desmesuradamente estar apenado.
— Es una lástima…— dijo acercándose para tomar el artefacto, cuando el chico se lo impidió y con firmeza y algo de espanto dijo:
— E-está bien— podía ver en sus ojos que estaba decidido, aunque un poco asustado—. Aunque si querías una cita conmigo sólo tenías que pedírmelo.
Draco lanzó una carcajada espontánea.
Oh, el niño sí que era divertido.
— Una cita—carcajeó, el pobre se lo veía un poco confundido y acojonado; Draco sonrió sin gracia—, ¿yo?, ¿una cita?, ¿contigo?
—Entonces… ¿por qué querías que te…t-te…hiciera eso?
¡Ni siquiera podía formular la palabra! El chico era en definitiva chistoso.
—Porque me da la gana—sus mejillas sonrosadas intensificaron un color más oscuro cuando se acercó un paso hacia él y lo miró intensamente—. Porque puedo.
Había sonado tanto como su padre que le dio un poquito de vergüenza.
Pero ahora el chico respiraba con tanta agitación que parecía uno de esos hechizos de ventilación. Parecía tener un pequeño problema con la cercanía próxima de Draco.
Ah, pues, qué lástima…
— ¿Cuál es tu nombre? —susurró, rozando su oreja, estaban cerca, frente a frente.
Estaba temblando.
El niño, por supuesto.
Era tan torpe y transparente que hasta era mono.
—C-colin Creveey—tartamudeó—. Tengo…cator…—
Draco no estaba muy interesado en qué era lo que tenía para decir, asique mordió el lóbulo de su oreja, escuchando como jadeaba.
—…ce…—completó, quedándose sin aire.
—Bueno, Colin Creveey de catorce años—se burló un tantito, viendo como enrojecía aún más—. Puedes chupármela ahora.
Tenía las mejillas al rojo vivo, el cabello despeinado y los ojos brillantes y un poco oscurecidos, respiraba con dificultad.
— ¿Pu-puedo besarte? —susurró con miedo. Se veía que lo deseaba, era tímido, y parecía aún más niño con ese tono de voz que utilizaba, pero el hecho de que parezca un crío de doce años, daba morbo.
—No. —Contestó cortante, el chico no se desinfló, pero se veía un poco desilusionado.
— ¿Cómo…? Digo, ¿qué…?
—Sólo hazlo—bufó, exasperado.
Se apoyó contra una columna, pues estaba seguro de que necesitaría sostenerse, lo agarró bruscamente de la corbata, haciendo que tambaleara, lo agachó hasta la altura de sus pantalones, se los bajó de un tirón, quedando en ropa interior. El chico lo veía con la boca abierta, podía ver su saliva acumulándose en su boca.
Sonrió.
Le hacía sentir poderoso. Y un Malfoy siempre ama el poder.
Con sus dedos acarició su semi erección arriba del bóxer, ante la atenta mirada del Gryffindor.
—Bájamelos—ordenó, lo hizo y se le quedó mirando como esperando una nueva orden; dentro de sus ojos Draco podía ver todo: tenía miedo, pero quería probar, estaba ansioso y de alguna manera, parecía desearlo—. Ahora hazlo, pero si utilizas tus dientes más de lo necesario te arrancaré los ojos, luego te sacaré una foto con tu asquerosa cámara y la destruiré junto con tus cenizas.
El chico tragó saliva, pero luego de un segundo, cuando Draco arqueó una ceja dejándole ver que podía comenzar, temeroso se acercó a su polla.
Que no parecía tan interesada como cuando pensaba en Potter, pero ya que…
Con su lengua dio un lametón, como si estuviera probando una paleta y esta le fuera a morder. Jadeando, en medio de la noche oscura y fría, de sus respiraciones agitadas, el vapor se escurría por sus labios de vez en cuando.
Inspiró profundamente, como si estuviera dándose ánimos, y se metió el pene de Draco entero, hasta el fondo. Llenándolo de saliva, su cuerpo recibía las vibraciones a través de su espina dorsal, cuando Creveey gemía, o simplemente cuando buscaba aire.
No era lo mismo. Draco se sentía incómodo. Estaba duro, sí, joder, el crío parecía estar llorando de excitación, y mientras hundía sus mejillas pequeñas y se tragaba su polla gimoteaba de manera tan exquisita que le provocaba escalofríos. Pero nada más. Era como la primera vez que se había masturbado usando dedos en su culo. Raro, pero peor.
Cerró los ojos, frustrado. Luego, le vino la imagen de Potter mientras lo besaba, y su cuerpo, como si de un interruptor se tratase, se arqueó y gimió. Creveey lo miró desde abajo, con ojos llenos de gratitud, esperanza y curiosidad. Eso pareció darle ánimos, porque engulló su polla gustoso, con entusiasmo, casi atragantándosela, mientras una línea de saliva se escurría por su barbilla.
Pero Draco había sido transportado al mundo de las maravillas. Su cuello se arqueó mientras alzaba sus caderas en busca de más, y más calor.
Los pequeños recuerdos lo invadían, podía sentir, podía imaginar, que era Potter quien estaba mamándosela, quien utilizaba la lengua y lo miraba no tímido, si no travieso, diciéndole con esa mirada tan verde todo lo que iba a hacerle.
—Ahhh—se arqueó y gimió entrecortadamente, mientras una mano recorría sus piernas, su culo, se sentía tan bien, los labios de Potter, su mirada, su tacto. Ni siquiera se había dado cuenta de que estaba jadeando.
Su cuerpo temblaba y cuando llegó al orgasmo esperó, realmente deseó, no haber dicho el nombre de Potter.
Miró hacia abajo, jadeante y exhausto. El chico también se veía como si se hubiera corrido, su expresión mostraba deseo y tranquilidad. Sus ojos estaban completamente oscuros y por su barbilla caía el semen de Draco, parecía inseguro de si debía tragársela o no.
Suspiró.
¿En qué había estado pensando en meterse con un niño?
Potter era de Gryffindor, el crío era de Gryffindor. Por eso. No más por eso.
Que alguien le explique por qué tiene la sensación de haber traicionado a Potter al complacer a alguien más. Porque está un poco más que confundido.
El recuerdo de Potter no desaparecía, estaba impregnado en Draco. En su cuerpo, en su olor, en sus labios, en todas partes.
Tal vez, debería reconsiderar seriamente la idea de la paja.
Jo, ¿qué les pareció? Sí, habrá más parejas (secundarias), pero ninguna, salvo Draco y Harry serán oficiales.
Aquí verán a un Draco-sangre-pura-rebelado-y-adolescente en su estado más puro.
Canción: Miley Cyrus- Do my thang.
Linkin More: ¡Gracias por amarme! -la abraza-. Me alegra que me lo hayas dicho, que me comentaras una historia y que te guste lo que escribo, porque si no, yo no me entero XD. Me hiciste volar de felicidad con tu comentario. Gracias. Prometo actualizar pronto.
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Que tengan una linda noche,
-Vulnera
