Eclipsis of Virgins

4

Youth

Estar con Harry era como caer y romper en mil pedazos. Como deslizarse sobre hielo quebrado, rompía todo dentro de Draco de una manera abrasadora. Siempre había sido así.

Pero algo había cambiado. Draco había pasado de ansiar su atención, de desear su compañía, a necesitar su tacto.

Se había vuelto absolutamente dependiente del escaso contacto que compartían y como si fuera veneno, se bebía de las noches que ambos pasaban juntos mirando las estrellas.

Y como si fueran planetas y rotaran, todo a su alrededor había cambiado. Pansy estaba enfurecida todo el tiempo, rayando a un ataque de histeria, y Draco sabía que no estaba acostumbrada a no ser correspondida (bueno, excepto por Draco, tal vez), casi podía sentir su frustración al no poder encontrar una manera de acercarse a Weasley, mientras que este andaba todo angustioso, casi llorando por los rincones, en espera que Garnger lo mire, pero ella parecía completamente embelesada con Blaise. Ellos dos habían mantenido una especie de relación de amigos extraños, Blaise seguía sin prestarle mucha atención, pero había veces en las que Draco lo encontraba hablando con ella. Aunque Blaise seguía mirándolo como si estuviera roto y fuese su culpa, y lo lamentara por ello.

Estaba demasiado herido y Draco demasiado enfadado.

Demasiado solo.

¿Sabes lo que hacía una serpiente cuando está sola? Se come a otras serpientes. (1)

Theo había estado encerrado en su mundo, como siempre. Habían hablado un par de veces esa semana, pero no era lo mismo, Draco extrañaba a Blaise, con quien compartía absolutamente todo. Extrañaba al Blaise que no se lo quedaba mirando como si fuese la cosa más hermosa del mundo, porque eso producía un retorcijón en su estómago. Extrañaba al Blaise que no intentaba tocarlo con desesperación. Al Blaise que no se ponía celoso cuando miraba a Potter más de la cuenta.

La amistad que tenían no iba a volver. No después de haber sobrepasado el límite con respecto a todo. Y Crabbe y Goyle definitivamente no eran una opción, ellos no podían ni siquiera diferenciar una naranja de una mandarina, ¿en serio pensaba Draco considerar tener una conversación civilizada con ellos? Pff, lo dudaba.

Y Potter…Potter estaba más guapo que nunca, si se lo preguntaban. Entre ellos se había instalado una especie de tregua silenciosa que les permitía ser ellos mismos durante las noches, sentados en la Torre de Astronomía, con los pies al aire. En las clases, a la luz del día, no hacían más que ignorarse, bueno, al menos Harry lo hacía, porque Draco sentía que no podía despegar sus ojos de él. Simplemente no podía. Resultaba inevitable.

También había empezado a notar cambios físicos en su cuerpo. Lo increíblemente caliente que estaba todo el tiempo, cuando la temperatura siempre solía ser fría. Y lo terriblemente cachondo que se ponía cada dos segundos. La tenía dura todo el tiempo, era realmente frustrante, porque por más que intentase e intentase enrollarse con otras personas, de cualquier sexo (ya, la verdad, le daba igual), siempre terminaba pensando en Potter. Y aunque si había sopesado que dentro de sus venas podría estar corriendo una poción de amor, bastante fuerte, después descartó la idea. Porque él no sentía amor, al menos, no todavía, no quería caminar de la mano con Potter, ni darle besos llenos de ternura. No. Por supuesto que no. Él quería sexo. Pero no cualquier tipo de sexo. Quería sexo con Potter.

Si antes había estado obsesionado con el hecho de perder la virginidad, ahora estaba desesperado con ser jodido por Potter, continuamente. Era como si Harry, esa noche que lo comenzó todo, se hubiese llevado una parte de él, que jamás sería recuperada.

— ¿Qué le pasa a tu amigo Blaise? Sé que rehúyes del tema siempre que lo menciono, pero está pasando tiempo con Hermione y me gustaría saber.

Draco se tensó instantáneamente.

Esa noche era luna llena, y esta estaba especialmente brillante y daba en lleno en su precioso y marcado rostro. Su expresión era seria, pero había sonreído como nunca. De esas sonrisas que hacía que Draco se sintiera triste y feliz al mismo tiempo, mientras dejaba de respirar unos segundos.

Ahora sus pies se balanceaban más rápido de lo normal, era un gesto nervioso, el viento golpeaba en su rostro de formal cortante.

Inspiró profundamente, dándose ánimos para hablar.

—Nos hemos peleado.

Y eso fue todo lo que dijo. Decir más era igual a un Draco lloroso. Porque la separación de Blaise representaba un montón de cosas que desataban años de control sobre sí mismo. Derrumbarse en frente de Harry Potter estaba al final de las cosas que jamás se permitiría.

—Draco…

Contuvo un sobresalto, mientras que un estremecimiento recorrió su cuerpo. Harry parecía haberse auto permitido llamarle por su nombre. Y eso siempre lo tomaba desprevenido, aunque no terminara de acostumbrarse, la manera en cómo lo pronunciaba, era una de las cosas favoritas de Draco. Pero Draco todavía no había tenido el valor suficiente como para llamarlo por su nombre de pila.

Suspiró, y el vaho se disolvió en la negrura de la noche.

—Está bien ¿Quieres saber lo que sucedió? —Harry asintió con vehemencia, mientras que él se ganó un suspiro resignado— Bien. Blaise y yo siempre fuimos amigos, a pesar de que me hayas visto más con Crabbe y Goyle, él era el más cercano a mí. Pude notar de inmediato que mientras más tiempo pasaba, él se iba e-enamorando de mí, o algo así.

— ¿Algo así? —Preguntó con brusquedad.

Draco miraba sus pies balanceándose en el vacío, pero podía sentir su miraba penetrante. La magia de Potter rodeándolo, desequilibrándose. Draco podía sentirlo casi como si estuvieran tocándose. Por alguna razón, Harry, ni su magia, parecían contentos.

Draco no era bueno encasillando sentimientos. Ni calificarlos en palabras. No era bueno con los sentimientos en absoluto.

—Sí, lo que sea—evadió el tema—. Me di cuenta y punto—reflexionó unos segundos sobre si debía contarle a Harry cómo se estaba sintiendo después de esa noche, pero no habían hablado de ello, evadían el tema como si no existiera, y eso estaba bien, si Draco lo dejaba al descubierto, tal vez la situación se pondría más incómoda de lo que era—. Un día estaba caliente y un poco fuera de mí, y digamos que me enrollé un poco con él, no sé qué me sucedió y me desmayé.

Puesto en palabras sonaba más ridículo de lo que había pensado en algún momento. Se sonrojó y no únicamente por el frío.

—Ah.

Lo miró de rojo, mientras sus manos se sostenían a cada lado de su cuerpo en el borde de la ventana; Harry parecía incómodo y algo enfurecido.

Seguramente pensaba que Draco era una zorra cualquiera que se acostaba con quien sea, incluso con su mejor amigo, pasando por alto sus sentimientos sobre él. No importaba si tratara de explicarle, que en realidad, lo había hecho porque su cuerpo necesitaba desahogarse, porque no podía olvidarse de la persona que lo jodió. Pero no lo haría. No podía admitir eso, resultaba desde vergonzoso, rayando lo patético. Y Draco últimamente no hacía otra cosa que sentirse patético.

—E-entonces ya lo habías hecho—susurró Harry. Y le sonó a melancolía.

Abrió grande los ojos, mientras su corazón latía con frenesí y sus hombros temblaban.

Había tocado el tema. Y había sido Harry. Incluso sonaba apenado.

A Draco se le atoró la respiración. Mientras los colores se le subían al rostro.

Apartó la vista instantáneamente, sentía su cara arder.

Antes de que pudiera pensar con claridad su boca ya estaba hablando.

—N-no—se aclaró la garganta, sintiendo las palabras salir atropelladamente, de alguna manera estaba desesperado porque Harry vea que no lo había hecho antes; que no lo había desobedecido; que era suyo; antes de darse cuenta de la gravedad de sus pensamientos, ya estaba hablando de nuevo—. Esa fue mi primera vez.

En el vacío de la noche, se pudo escuchar perfectamente el jadeo de Harry.

—Oh—respondió, pero Draco, no sabía cómo, pero podía garantizar que tenía una sonrisa postrada en sus carnosos labios.

El ambiente se tornó incómodo y un silencio desgarrador se instaló entre ellos. Harry parecía cómodo, lo sentía, pero Draco estaba que ardía, miraba hacia el lado opuesto que en donde estaba Harry, y sentía su rostro enrojecer.

No habían hablado del tema. Y Draco lo hubiera preferido así. Él realmente no quería decir esas últimas palabras.

Estúpido Potter.


El director esa mañana, había decido deleitarles con un aburrido discurso que antojó a Draco a escupirle el rostro.

Debido a las inevitables catástrofes ocasionadas por el dichoso Eclipse Lunar, Dumbledore sentenció que la semana entrante habría una revisión del castillo. Lo que significaba a medio San Mungo vagando por Hogwarts, revisando a los alumnos, porque desde que sucedió esa noche, el castillo no había parado de enloquecer, y algunos estudiantes todavía padecían de hechizos y enfermedades no calificadas. Incluso los aurores iban a estar rondando, 'por las dudas'.

Draco solo había rodado los ojos y siguió tomando su té, con cinco de azúcar. No lo admitiría ante nadie, pero no soportaba absolutamente nada amargo.

Ese anuncio que había tenido a medio comedor charlando estrepitosamente, a él lo tenía sin cuidado, revisaran donde revisaran, no iban a encontrarle absolutamente nada. Lo único que había cambiado en él, era que su virginal cuerpo, ya no lo era.

Por supuesto que de esa información no tenían por qué saberla otras personas.

Ahora desayunaba solo. Bueno, no exactamente, pero Blaise ya no se sentaba a su lado, si no con Pansy, que estaba en frente de él. Pero él los ignoraba olímpicamente. Después de todo, no tenía nada que decir.

Así que mejor callar.

Crabbe y Goyle se sentaban a un costado de Draco, pero distanciados, como si respetaran su espeaio y al mismo tiempo estuvieran pendientes de él, en espera de cualquier orden.

Mientras untaban una generosa (por no decir excesiva) cantidad de mermelada de frutos rojos a su tostada, sintió la butaca crujir levemente a su lado. Suspiró, pacientemente, mientras se ordenaba a sí mismo, no darle tanta importancia al asunto. Si lo ignoraba, después se iría.

— ¿Cómo estas, Draco? —Habló entusiastamente, y él podía garantizar, no porque lo sintiera, si no porque lo sabía, que tenía una sonrisa de oreja a oreja— ¿Dormiste bien? Yo no pegué un ojo en toda la noche—habló apresuradamente—, tengo los nervios de punta. Mañana tengo un examen de Pociones y estoy nervioso, no tengo idea, mi hermano, que es un año inferior a mí, me dijo que no me preocupara, ¿puedes creerlo? La verdad, no creo poder calmarme hasta que lo de y…

— ¡Cállate, Creevery! Por el amor a Merlín…—Si el niño no paraba de hablar, le agarraría un ataque de nervios.

El niño. El crío inútil, el que daba morbo porque parecía de doce, lo seguía. Desde ese momento, el maldito momento en que Draco le había prácticamente sobornado para que se la chupara, no lo dejaba en paz. Donde fuera que Draco iba, aparecía. Con esos ojos resplandecientes e inocentes. Draco había dejado de compararlo con esa persona, con la que atormentaba sus pesadillas, porque había dejado de ser desagradable a ser un hábito.

El niño era insistente. Tenía una tenacidad como pocos. Draco entendió por qué había acabado en Gryffindor, no era un cobarde, si quería algo, lo buscaba. Y por casualidades que sólo Merlín sabe, ahora quería a Draco encaprichadamente.

Él fingía molestarse, le respondía despectivamente y solía insultarlo a menudo, pero, en realidad, si hubiera querido deshacerse del niño, ya lo hubiera hecho hace mucho.

Creevey era irrompible, casi inquebrantable, no importaba qué era lo que dijera Draco, incluso aunque el niño no estuviera de acuerdo con él, no se iba. Perecía empecinado en estar a su lado. Solía llegar a ser insoportable hasta ciertos extremos, y era en donde Draco le ponía un freno, pero verlo tan dependiente de él, lo enternecía sin ninguna razón.

Era casi como si estuviese esperando de Draco, algo, que por regla general, Draco no podía darle.

Con el niño solía sentirse menos solo. Pero no por completo. Eran esas noches en la ventana de la Torre de Astronomía lo que lo completaban.

Lo que, aunque sintiera la imperiosa necesidad de más, con Harry, lo hacía sentirse completo. Arreglado. Aunque no fuera suficiente, era como pasar un día completo conteniendo la respiración y suspirar.

—Es Creevey—remarcó cada sílaba de su apellido, gesticulando. Luego frunció sus labios— ¿Cuándo vas a aprendértelo? No es tan difícil.

Los Slytherins y los Gryffindors ya estaban acostumbrados a que se sentara al lado de Draco Malfoy. El primer día había sido un shock para todos (en especial para Draco, que no tenía idea de nada), pero luego la mayoría había ido acostumbrándose.

Pero cuando Draco miraba por el rabillo del ojo a Potter, los veía con el ceño fruncido, mientras masticaba con brusquedad.

Era…curioso.

Muy curioso.

—Tal vez…mmh, no sé, ¿nunca? —Respondió sarcástico.

Colin hizo mohín, refunfuñando por lo bajo.

—Eres malo, Draco.

—Muy malo—repitió él mismo, rodando los ojos.

El desayuno transcurrió sin problemas, con Colin hablando hasta por los codos. Draco comiendo en silencio, insultándolo cada tanto. Y Blaise mirándolo, mientras ambos se ignoraban. Pansy seguía frustrada. Y Crabbe y Goyle seguían hablando entre ellos de estupideces.

Cada tanto, que vendría a ser prácticamente todo el tiempo, miraba de reojo a Potter, observando cómo charlaba con la sangre sucia y la comadreja. Pero ninguno parecía feliz. Harry tenía en su frente instalado el ceño fruncido, Granger no dejaba de mirar a Blaise con algo parecido al anhelo, mientras que la comadreja la miraba con nostalgia.

¿Pero en qué clase de personas se habían convertido? ¿En el yo te anhelo y tú quieres a otro?

Draco tenía suerte de no querer de esa manera a nadie, y no, Potter no contaba. Potter sólo era su deseo sexual frustrado, con un pedacito de amistad incluida.

— ¿Sabes, Draco? Yo nunca he visto en persona un medimago o sanador, aparte de Madame Pomfrey, claro. Estoy ansioso para que el día en que nos revisen llegue pronto, ¿tú no?

Sinceramente, Creevey parecía el único contento y completamente satisfecho.

—Por supuesto, Colen—respondió, viendo como fruncía el ceño al ser llamado mal, de nuevo—. Ya lo estoy deseando.

Pero lo en realidad estaba deseando era que llegase la noche y sentarse en la ventana de la Torre de Astronomía, al lado de Potter, rodeado de estrellas. Para así poder respirar de nuevo.


— ¿Por qué te juntas tanto con Colin? —Preguntó Harry, esa misma noche, después de un día interminable.

Porque me siento jodidamente solo y tú no me hablas en el día.

Bueno no era del todo cierto, Colin no era del todo malo. Había momentos en donde le agarraban ataques de ternura y revolvía su cabello rubio hasta reducirlo a un puerco espín. En donde se había acostumbrado a su llamativa presencia. Y porque había veces, en las que su alegría era contagiosa.

Pero Harry no le hablaba en el día. Cuando el sol se ponía y se instalaba en toque de queda, ambos se reunían en la dichosa ventana en donde podían ser ellos mismos, pero si no, no hablarían en absoluto. Casi ni cruzaban sus miradas, eso no significaba que Draco no se lo follase con los ojos. Pero no mantenían contacto cuando estaban enfrente de otras personas, cuando había sol.

Tampoco es como si Draco se hubiese animado a entablar una conversación aparte de las noches. Pero ya había sido rechazado una vez, no volvería a arriesgarse, no con Harry. Porque sin saberlo, sin buscarlo, se había convertido en alguien que le importaba. Y porque, el hecho de que alguien te importase, era un riesgo. Harry siempre había sido un riesgo.

Sea como sea, Draco no iba a volver el mismo error a ser rechazado. Ser rechazado, dolía.

Y a Draco no le gustaba el dolor. No ese tipo de dolor.

—No es como si me juntara—después de todo era, también, un sangre sucia (aunque no pudiera verlo así), y aunque había decido que le daría igual, que no le haría jamás otra vez caso a su padre, los viejos hábitos parecían no morir nunca, sobre todo cuando esa había sido su crianza—. Se pega a mí como pegatina, ha llegado a un punto en donde ya no le doy importancia. Aparte—agregó con superioridad—, puedo hacer lo que quiera.

Harry lo miró entre curioso y divertido, con las comisuras de sus labios levantadas, casi aguantándose una carcajada.

— ¿Quién eres tú y qué has hecho con Draco Malfoy? —preguntó, divertido. Pero su sonrisa decayó casi automáticamente.

Harry le estaba preguntando qué había pasado con el niño malcriado, bastardo y narcisista dependiente de su papi, para pasar a ser el mismo malcriado, bastardo y narcisista que le importaba una mierda todo. Para pasar a ser un desequilibrio total.

Y es que Draco lo sabía, no estaba completamente bien, ¿pero qué adolecente lo estaba?

Tal vez, si su padre no hubiese cometido el peor error, la única cosa que Draco no podía perdonarle, seguiría creyendo en él, seguiría el mismo camino y seguiría siendo una falsa copia barata. Siendo francos, él no sabría decir cuál alternativa era peor.

Porque él seguía siendo exactamente el mismo, sólo que un poco más estúpido. Más Yo-Hago-Lo-Que-Quiero. Y si seguía así seguramente podría terminar mal. Pero ahora ya nadie estaría para ponerle un freno. Ya nadie lo detendría.

Sin mencionar lo extraño que su cuerpo estaba comportándose. Lo encendido que se ponía al mínimo contacto con Harry. Estar cerca de él ya era reconfortante. Un alivio. Pero seguía sin ser suficiente.

—Hey, Draco—le dio un empujoncito, mientras lo llamaba, por su nombre encima. Pero ese empujoncito fue suficiente como para que una descarga eléctrica recorriera su cuerpo entero, para ponerlo duro y sonrojado, y tener que curvar los dedos de sus pies para contener un jadeo, mientras se mordía el labio, intentando por todos los dioses, no mirarlo. Porque si lo hacía, Draco podía garantizar de que no habría vuelta atrás. Que lo besaría.

Y que Harry, seguramente, lo golpearía. Y se alejaría.

Y Draco no quería eso.

Porque necesitaba de Harry. Su cuerpo lo necesitaba, de manera agonizante y desesperada.

Así había transcurrido las semanas. Con pequeños roces y tactos que carcomían a Draco desde lo más profundo de su ser.

Para saber todo lo que le producía con tan solo estar a su lado, lo estaba sobrellevando muy bien.

—No lo sé—y fue sincero, porque no podía saberlo con exactitud—. Tal vez simplemente cambió.

Lo cual, eso, no era cierto en absoluto. Pero no tenía nada mejor que decir.

Se atrevió a mirarlo a los ojos unos instantes, ahora que el ambiente había decaído un poco, y al instante, se arrepintió de haberlo hecho. Draco podía ver las estrellas reflejadas en sus ojos esmeraldas, lo miraba fijamente, casi sin parpadear, intenso. Estaba relajado, como casi siempre que había estado con él, en la Torre, no hacía frío como otras noches, pero la brisa corría, y revoloteaba su cabello desordenándolo aún más. Sonreía un poco. Draco podía sentir su calor corporal, llamándolo.

Joder. Era tan hermoso que hasta dolía.

Y lo peor era que casi ni se daba cuenta. O lo disimulaba muy bien, porque no parecía interesarle en absoluto su apariencia. Era torpe pero apasionado. Y ese encanto a Draco le resultaba irresistible.

Potter era como un veneno del que no podía dejar de beber.

Se estaba haciendo adicto con lo poco que le ofrecía.

Pero eso no iba a alcanzar. Draco era consciente de ello.

Apretó sus nudillos en el borde de la ventana hasta que se pusieron blancos. Sus brazos, a cada lado del cuerpo, mientras sus piernas se balanceaban en el vacío. Harry estaba en la misma posición a su lado. Sus brazos rozaban, y sus pies chocaban cada tanto.

Como una luz cegadora, sintió la mano de Harry posarse con timidez arriba de la suya. Ese mínimo contacto, encendía su pecho de forma inexplicable. Lo desarmaba.

Sus hombros seguían temblando, y en donde Harry lo tacaba, sentía en llamas su mano.

Apartó la vista, en el lugar opuesto en donde estaba el rostro de Harry. Y podía garantizar que Harry había hecho lo mismo.

Incluso podía sentir el calor de sus mejillas, casi como el suyo propio.

Los dedos de Harry se movieron en silencio, de manera que quedasen atrapados entre medio de los suyos, entrelazados. Aunque Draco no había movido ni un músculo. Estaba conteniéndose. Porque cada movimiento, producía más calor en su cuerpo, más oleadas de placer.

Y es que, Draco simplemente no pudo contener su respiración errática, se escuchaba fuertemente en el intenso silencio en el que ambos se habían instalado.

Se quedaron así, cómodos e incómodos al mismo tiempo. Sentados en la misma ventana como siempre. Con los brazos a los costados del cuerpo, la mano de Harry hervía arriba de la suya, sus dedos entrelazados. Mientras ambos, fijaban su vista al lado opuesto de cada uno. Sonrojados. Draco sabía que Harry estaba sonrojado, casi tanto como él mismo, a pesar de que no lo había visto ni de reojo.

No supo realmente si era su respiración la que se escuchaba en el aire. O si Harry también jadeaba. Hacía calor, aunque el viento golpeara su cara. Sentía su descabellado corazón latir de manera frenética.

Deseó que Harry no pudiera escucharlo.

Esperó que no supiera todo lo que provocaba en él.

Porque definitivamente tenían una desventaja.


— ¡Hey! ¡Hijo de Mortífagos!

Había sucedido esa mañana. Después de una noche en la que la mitad de ella Harry había sostenido su mano y la otra mitad había soñado con sostener algo más que sólo la mano de Harry.

Un Ravenclaw, que no registraba ni siquiera el nombre, y sabía de qué casa era únicamente por su uniforme azul, se había dirigido hacia él, con una sonrisa burlona, con ese seudónimo tan familiar, que le dejó de manera automática, un sabor agrio en la boca del estómago.

En el pasillo, todos se quedaron quietos, nadie movía un músculo. Crabbe y Goyle a su lado, hicieron crujir sus nudillos. Pero Draco sólo se había quedado mirando al Ravenclaw como si no pudiera creerlo. Y es que no podía.

Sabía que sus ojos reflejaban miedo, pero resultaba inevitable.

Se acercó a paso lento, mirando a Crabbe y Goyle antes, dejándoles claro que se quedasen atrás, mientras un hielo frío recorría su pecho.

— ¿Cómo me llamaste? —Preguntó dulcemente, pero sin atavismo de sonrisa. El Ravenclaw tampoco sonreía, pero Draco podía leer en sus ojos que no se retractaría. Qué bien. Porque Draco tampoco lo haría.

—Hijo de Mortífagos—repitió, pero dejando la petulancia de lado, estaba serio y se le notaba que tenía miedo, aunque estuviera decidido.

— ¿Y qué pruebas tienes contra eso? —Sonrió de tal manera que pudo sentir el escalofrío que recorrió a su contrincante—. Sólo estas siendo patético—remarcó cada palabra con sumo deleite y casi podía saborear la victoria cuando la furia del chico se hizo evidente apretando su mandíbula—. Y estúpido—agregó dando un paso más con cada una de sus palabras, hasta que quedó exactamente en frente y a su altura.

Ambos medían casi iguales, tal vez el chico le pasaba un par de centímetros, pero era tan delgado como un alfiler.

—No me llames estúpido, chico no deseado—agregó con desprecio, y esta vez, el corazón de Draco revotó y se atragantó, quedándose en medio de la garganta.

El Ravenclaw lo sabía. No había otra razón por la que lo pudiera llamarlo así.

Y su miedo se reflejó ante todos. No existía máscara alguna para tapar esa herida.

— ¿Qué mierda quieres decir? —Sus ojos picaban y tenía que salir corriendo de ahí antes de derrumbarse por completo. Nadie nunca lo había tomado tan desprevenido. Draco ni siquiera había tenido tiempo. Nadie tenía por qué saberlo. Ni siquiera conocía al chico.

—Oh, ¿es que no lo sabes? Mi padre trabaja para el Profeta—el cuerpo de Draco no podía doler más en ese momento, todo le pesaba; dolía; y cada palabra era un rasguño más—. Están trabajando para la próxima sección. Saldrá el mes que viene—lanzó una sonrisa tan asquerosa que a Draco le entraron nauseas, el Ravenclaw parecía haber recuperado la confianza perdida—. Al parecer, entrevistaron a tu madre cuando estaba un poco pasada de cop…

Eso fue suficiente. Draco tenía un límite. Y dejó de sentir su cuerpo cuando esas palabras fueron pronunciadas.

El puño de Draco dio en lleno sobre su mandíbula, haciéndolo caer al piso. Sentía levemente sus nudillos torcidos, tal vez se los había quebrado o algo parecido, no importaba. Era un dolor suave comparado con lo que sentía dentro de él.

Periódico. Madre. Copas. Ebria. Entrevista. Burla.

Él no podía cuidar a su madre estando en Hogwarts. Y tampoco hubiera podido hacerlo bien, puesto que seguía siendo un mimado, no estaba acostumbrado a cuidar de las personas. No podía cuidar de sí mismo, ¿en serio pensaba cuidar a alguien tan importante como su madre? Pero Draco no quería quedarse mirando, a salvo, cuando ella estaba derrumbándose.

Todo era su culpa. Culpa de su padre.

Era su responsabilidad cuidar de su madre. Pero ya no podría volver a hacerlo. ¿Cómo podría hacerlo Draco, quien no paraba de tener guerras internas?

Odio. Culpa. Vergüenza. Abandono. Tristeza.

Había tanta tristeza y enfado dentro de Draco que no sabía qué hacer con ello.

Ojalá alguien le dijera.

Su cuerpo reaccionó prácticamente solo. Golpeaba al chico casi frenéticamente. Porque no tenía derecho. Ni hablar de su madre, ni a llamarle con ese nombre.

¿Quién se creía que era?

Una patada en el estómago, dejó al Ravenclaw sin respiración por unos segundos. Pero Draco no veía nada, sentía la sangre crujir en sus oídos, lo golpeaba sin verlo realmente. Sólo quería lastimarlo, que se tragase sus palabras, si era con sangre mejor.

Otro puño en la mandíbula, una cachetada en una mejilla, un tironeo de pelo, una patada en la espalda. Estaba moliendo al chico. Y no le importaba. No le importaba en absoluto.

En algún momento de sus golpes, el chico había empezado a defenderse, patéticamente, pero lo había hecho. Le había dado un par de puñetazos y arañazos. Pero no eran importantes.

A su alrededor podía escuchar los gritos, las incitaciones (¡pelea, pelea, pelea!) y los gemidos de dolor que cada uno lanzaba. Ahora Draco estaba arriba del Ravenclaw, intentando esquivar sus brazos que querían golpearlo, mientras él le proporcionaba un par de puñetazos a su cara, ya sangrante.

— ¡Draco! Draco, joder…

Harry.

Con la respiración agitada se detuvo casi sin darse cuenta, y en esa pequeña distracción el chico debajo de él le golpeó el rostro. Su nariz empezó a sangrar.

Iba a arrojarse encima de él, si no fuera porque unos brazos lo rodearon a tiempo. Eran cálidos y reconfortantes. Suaves.

Aunque intentara deshacerse de esos brazos que lo rodearon fuertemente, no lo hacía con mucha energía. Tal vez sólo para aparentar.

— ¡Voy a matarte, hijo de puta! —le gritó, y podía sentir la sorpresa de todos, incluso la del chico. Debían de estar aterrados. Porque él nunca era de comportarse de esa manera, por la forma en que había sido educado, tan sangre puramente. No solía usar los puños, si no, las varitas, por algo eran magos. Pero no había pensado. Todo había sido muy deprisa.

Estaba perdiendo el control.

El Ravenclaw lo miraba con los ojos abiertos, aterrado. Como si no pudiera creerlo. Todos a su alrededor debían de tener la misma expresión de estupefacción y horror, mezclado con miedo. Como si él fuera una animal salvaje. El rostro de su contrincante estaba completamente desfigurado, tenía la mandíbula dislocada, su boca sangraba en abundancia, tenía moretones en el rostro y cortes en las cejas. Su ojo estaba hinchado como los ojos de un elfo doméstico y se agarraba el estómago como si no pudiese respirar. Tal vez le había roto un par de costillas.

Mejor.

—Te tengo—susurró Harry con voz temblorosa. Lo rodeaba con los brazos, abrazándolo. Draco escondió su rostro en su cuello. Respiró con dificultad.

Olía delicioso. Incluso en ese momento tan inoportuno, Draco no podía evitar pensar que Harry siempre le resultaba tan antojable.

Su cuerpo estaba cálido, y Draco se aferró a él. Con los puños dolientes enredados en su ropa, arrugándola, lo sostenía como un ancla.

— ¿En qué demonios estabas pensando, Draco? —Sonaba asustado y preocupado al mismo tiempo; su aliento chocaba contra su oreja y seguía dando escalofríos por su cuerpo, incluso en ese momento—. P-podría haberte lastimado, maldición ¿Estas bien?

— ¿He ganado? —Preguntó en cambio, mirándolo y sintiendo su labio gotear de sangre, dejando que Harry lo apretara un poco más entre sus brazos.

Algo en la mirada asustadiza y llena de preocupación de Harry se suavizó y pareció enternecerse por completo.

—Le has dado una paliza, dragón.


Canción: Daughter - Youth

(1) No todas las serpientes se comen a otras serpientes, la cobra sí, y definitivamente no lo hacen cuando se sienten solas. Pero es una METÁFORA, o tómenlo como quieran.

Ya cumplí. Aquí lo tienen, sé que está un poco largo (o demasiado corto para algunos), pero espero que lo hayan disfrutado igual. No sé, a mi me encanta este capítulo. El final, es oh, dios *-*, asdfghjklñ (yo misma me morí de feels escribiéndolo).

Lamento si los hice sufrir XD, ya me han dicho que lo que hago es MALDAD PURA, jajajaja, pero aquí está el cuarto capítulo. Sé que algunas cosas no están completamente claras, pero como parece tener una buena aceptación y porque me encanta escribir este fic en particular, tendrá muchos más capítulos, ya lo tengo todo planeado (o por lo menos hasta cierro punto).

¡No se olviden de dejar un review! :))

Por cierto, ya he contestado todos los comentarios que me enviaron, hasta el momento. Muchísimas gracias.

Nos leemos pronto (pues el cinco ya está escrito),

-Vulnera