¡Hola! Realmente no iba a subir este capítulo hoy, no hasta tener el 6 completo, pero como esta semana tengo exámenes tal vez me ausente por un tiempo, depende de cómo me valla. Sin contar que estoy intentando terminar algunas historias incompletas...
Espero que lo disfruten.
Eclipsis of Virgins
5
The only exception
Y si existe algo que me guste leer…
Definitivamente son tus miradas.
Dragón.
Me llamó Dragón.
Draco no podía creer lo feliz que estaba siendo sólo por ser sostenido y llamado por un sobrenombre tan ridículamente cursi. Cayó entre sus brazos, ya no podía seguir sosteniéndose de pie. Ya no podía seguir sosteniéndose.
Le dolía todo. Y su corazón no dejaba de estrujarse.
—Draco, demonios. Sostente, voy a llevarte a la enfermería.
— ¡No! —Jadeó—. No…
La gente a su alrededor estaba disipándose, o las lacas de Potter estaban ahuyentando a la multitud o alguna profesora estaba acercándose. No podía importarle menos. Sentía lágrimas en sus ojos y lo único que quería hacer era desaparecer.
Irse.
Quiero irme.
No es como si quisiera dejar el mundo, morirse, no. Draco no había llegado a tales extremos, sólo quería que el famoso poso lo tragase. Esconderse en algún lugar y no salir.
No sabía de dónde salía la sangre, pero estaba manchando la ropa de Harry.
—Llévame a la enfermería después…sólo…no me dejes solo.
Una lágrima corrió por su mejilla y Harry la observó caer como si le doliese más a él que a Draco. Su pecho seguía doliendo como si lo estuviesen cortando a tiras y estaba tan cansado como desesperado.
— ¿P-puedes mantenerte de pie? —susurró sobre su oído. Y Draco suspiró, era como si Harry fuera el remedio que necesitaba con desesperación y al mismo tiempo, el veneno que lo consumía.
Seguía oliendo tan bien como siempre.
No quería responder esa pregunta. Porque realmente no lo sabía, tampoco quería probar y caerse al acto, eso sería humillante y vergonzosamente patético. Ya estaba siendo estúpido, no quería agregar más desventajas a la lista. Así que simplemente se quedó en silencio.
—Está bien.
Sintió unos brazos rodeándole la cintura, y cómo Harry lo deslizaba hasta que el pecho de Draco quedara pegado a la espalda de Harry. Sus hombros temblaban por el sobreesfuerzo.
—Rodea tus piernas a mi cintura—Draco tragó saliva, no podía creer que en un momento como ese, todavía su cuerpo seguía reaccionando de la misma descabellada manera en que lo hacía desde esa noche, de todas maneras, obedeció—. A-ahora—jadeó, intentando conseguir aire, Draco no lo culpaba: estaba sosteniendo todo su peso, era fuerte, pero Harry era casi tan delgado como él—, hazlo pero con tus brazos sobre mi cuello.
Draco así lo hizo.
—Intenta no ahogarme.
—L-lo siento.
—No pasa nada— Sonrió, acomodándose y cargando con más fuerza a Draco—. La próxima vez me cargaras tú a mí.
— ¿Habrá próxima vez?
—Siempre la hay.
A menos tenía la certeza de que, por el momento, Harry no se alejaría de él.
Draco estaba a punto de quedarse dormido. El cuerpo que lo sostenía era cálido y fuerte, reconfortante. No había sentido tanta tranquilidad desde que se había despertado el día después del Eclipse. Sus párpados se cerraron durante todo el camino y se permitió disfrutar de ser llevado a donde quiera que Harry lo llevara. Porque era casi como abrazar a Harry. Su cuerpo estaba flácido como una muñeca, sin embargo, podía sentir las emociones de Harry, estaba prácticamente pegado a su cuerpo, y todo se sentía suave. Agradable.
Su nariz olfateó el cabello oscuro sin darse cuenta. Ni siquiera la carcajada de Harry, que resonó por el pasillo, lo despertó del ensueño.
— ¿Estas…estas oliendo mi cabello? —Preguntó, divertido. Draco estiró un poco el cuello, mirando el rostro cansado y sonriente que le hablaba.
—Sí, supongo—y restregó su nariz por el cuello ligeramente bronceado. Olía a madera, pinos, y sudor. A Harry se le pusieron los pelos de punta.
Sonrió.
Siguieron así hasta que llegaron a un cuadro de una mujer con una belleza que Draco no había visto jamás. Sus ojos caoba resplandecían como una estrella brillante, mientras que su piel pálida parecía hecha de porcelana. Era joven y atractiva. Draco no le daba más de veinte años.
Sin embargo, por la sonrisa sarcástica y la ceja arqueada que expresó al verlos, supo inmediatamente que era una auténtica Slytherin. Con su belleza debió haber manipulado a muchos. Draco quería saber por qué dicha mujer estaba en un cuadro de Hogwarts.
Su sonrisa blanca era algo espeluznante, pero eso no quitaba que ella robara el aliento. Llevaba el maquillaje justo y preciso, y la ropa formal.
Harry murmuró la contraseña en algo parecido a latín y ella sonrió misteriosamente con sus gruesos labios rosados y el cuadro se abrió.
Era una habitación amplia, con libros por doquier, cálida y con mucho rojo por aquí y por allá. Había un tocador, donde había un espejo y papeles desordenados. Artefactos en el suelo dispersados, que Draco no pudo identificar porque se le estaban cerrando los párpados. Sentía la cara húmeda y estaba tan cansado que le dolían hasta las pestañas.
Harry lo acomodó en la cama con delicadeza, mientras que se desplomaba a su lado, boca arriba, respirando por la boca con agitación. Estaba rojo y tenía gotitas de sudor en el rostro. Incluso con el cansancio, Draco quería lamerlo.
— Lo siento— le dijo. No podía evitar sentirse un poco culpable.
— ¿Por qué? —Preguntó, extrañado con el ceño fruncido.
—Si no fuera por mi ataque las personas no nos habrían visto.
Sabía que Harry no quería que Hogwarts se enterara con su supuesta amistad, o lo que sea que ellos tenían. Y ahora estaba cayendo en la cuenta de que todos a su alrededor los habían visto abrazarse, habían visto cómo Harry lo detenía de seguir rompiéndole los huesos a ese cabrón, que a pesar de estar en Ravenclaw, no tenía nada de inteligente.
Harry esbozó una sonrisa resignada.
—No me importa que nos hayan visto.
Ahora fue él el que frunció el ceño.
— ¿No?
—No.
—Entonces, ¿por qué no me hablabas en el Gran Comedor o en cualquier lugar aparte de la Torre de Astronomía?
—Pensé que tú no querías que nos vieran juntos—agregó, tímidamente, incrementando color a sus mejillas.
Draco rió y Harry le siguió. Valla par de tontos que eran.
Den pronto, Harry se detuvo abruptamente y lo miró preocupado.
—Tus heridas.
Entonces, Draco cayó en la cuenta de que estaba sangrando, no como antes había notado, ahora que estaba calmado y un poco más tranquilizado podía observar que su uniforme estaba completamente arrugado, sus nudillos estaban morados, rojizos y manchados de sangre, incluso su estómago tenía un moretón morado, nada especialmente grave, pero jamás había golpeado a alguien, nunca se había metido en una lucha a base de puños, eso era tan muggle, para los magos existían las varitas.
Pero no había podido soportarlo, fue como estar poseído, se había dejado llevar, pero no, era más que eso, estaba más allá de su control, más allá de su voluntad. Sus defensas se estaban destrozando, cayendo una por una. Ya no tenía autocontrol, y es verdad que había decidido ser lo que él quería ser, pero no esperaba que en el camino su máscara de frialdad y su control sobre sí mismo se desmoronara. Estaba convirtiéndose en un auténtico desastre.
Hizo un ademán para levantarse, pero Harry lo detuvo al instante, con los labios fruncidos.
—No—sentenció—. Quédate ahí, acuéstate. Voy a buscar algo para curarte.
Draco abrió los ojos enormemente, sorprendido ante la actitud tan decidida y algo furiosa de Harry. Tenía el ceño fruncido y se mordía el labio con enojo. Draco se permitió relajarse por completo y dejarse llevar, sus hombros cayeron sobre la sábana, y acostado, lo observó.
Harry rebuscaba entre los artefactos desparramados por el suelo, por los cajones de la cómoda e incluso atrás de las cortinas. Estaba concentrado y murmuraba por lo bajo, tan susurrante que Draco no podía oírlo con exactitud, tal vez, sólo palabras incompletas. Como si hablara solo.
Se le escapó una risita mientras Harry lo miraba automáticamente.
— ¿Qué? —Preguntó, al tiempo que se revolvía el cabello con fuerza, despeinándolo, y dejándolo más alborotado de lo normal, y eso ya era decir. Draco quería pasar sus dedos por esa mata revoltosa, y comprobar, si era rasposa, si era tan suave como se imaginaba o si simplemente sería común y corriente, aunque esa última opción no la creí posible: Harry nunca era común.
— ¿Eh? —Preguntó desorientado, y entonces, Harry sonrió.
—Acabas de tener tu primera pelea y ya estas atontado.
Por supuesto que estoy atontado, pensó, estamos en la misma habitación, solos.
Y Draco ya se imaginaba las mil y una posiciones en las que podían compartir íntimamente, si no fuera porque su cuerpo se sentía magullado y adolorido. Ah, y porque Harry, definitivamente no compartía sus sentimientos lujuriosos con él y sobre él.
Suspiró internamente.
Seguía sin entender por qué, el saber que nunca significaría más que una simplona amistad para Harry, le dolía tanto.
No debería doler.
No debería nada.
—Hablas solo, ¿sabías, Potter, que es el primer paso hacia el camino de la locura?
Harry sonrió más ampliamente y Draco estuvo a punto de quedarse sin respiración.
—Si lo recorres conmigo no puede ser tan malo. Después de todo tú estás completamente chiflado, Malfoy.
A Draco se le escapó una risita, sin querer. No había querido reírse. Los Malfoy no se reían de sí mismos, pero, otra vez, no pudo contenerse. La máscara estaba deshaciéndose.
Harry lo miró, sonriendo espléndidamente, mientras que sus hoyuelos tentativamente adorables bailaban por sus mejillas, mientras miraba a Draco con curiosidad y alegría mal disimulada. Esa mirada, esos hoyuelos y esa estúpida sonrisa, estaba costándole caro a su corazón desbocado. Que no paraba de doler y exprimirse al mismo tiempo de felicidad.
¿Era posible sentirse extrañamente feliz y triste al mismo tiempo? Harry producía esas sensaciones en él. Que arrasaban con todo lo que él alguna vez había sido, que terminaban de derribar lo que Draco mismo había destruido de sí mismo. Su estómago cosquilleaba, y él podía casi sentirse ronronear, pero había algo extrañamente familiar en una de esa tanda de sensaciones acumuladas.
Había algo aflorando dentro de él, como si lo golpearan y lo besaran al mismo tiempo.
Brutal. Agresivo. Odio. Todas las antiguas sensaciones que había sentido alguna vez por Harry, se mezclaban con otras nuevas y se multiplicaban por mil, junto con la indudable lujuria que acabaría de una vez por todas con él.
Draco no había dejado de sentirse inyectado desde que perdió la virginidad. Pensaba que era normal sentirse algo extraño después de haber sido follado (sobre todo de esa manera tan bestialmente exquisita), pero, había algo más. Algo de lo cual no podía encasillar en ninguna de las sensaciones vividas. Algo que lo hacía sentirse irremediablemente atraído por Potter, por Harry, por El-Niño-Que-Vivió, por todas y cada una de las facetas de su antiguo némesis. Le gustaban todas. Le ponían todas.
Porque Draco había estado excitado antes, se había hecho diversas (por no decir excedidas) pajas, por curiosidad se había metido dos dedos en su trasero, sólo por curiosidad, y para re comprobarlo, lo había seguido haciendo. Aunque eso no lo hacía—en definitiva, jamás—gay.
A Draco le podrán gustar los hombres, pero eso no significaba que tampoco le calentaran las tetas. Le seguían gustando las chicas. Bueno, al menos así había sido hasta que Harry se había inmiscuido en su vida.
Porque, ahora resultaba que ya no le atraían ni las vaginas, ni los penes. No. Ahora era única y exclusivamente Pottersexual.
Qué clase de magia maldita había hecho para merecerlo, no lo sabía. Y no estaba seguro de querer saber, pero ahora que lo había admitido, ya no había marcha atrás. Porque estaba tan atado a Harry, que desenvolverse del capullo en donde ambos se habían refugiado, resultaría mortal, y podría terminar sangrando, cortándose con sólo el aire.
Sintió el colchón hundirse y cómo Harry se acomodaba enfrente suyo de manera que pudiera curar de sus heridas. En sus manos traía una crema, gasas y curitas, montones de "curitas".
—T-tienes que—tragó saliva audiblemente, y Draco lo sentía tan cerca que no podía respirar con normalidad; Potter estaba nervioso—quitarte la…la parte de arriba.
Sus mejillas se vieron invadidas por un tono carmín y Draco esperaba no estar sonrojándose cuando su mirada esmeralda se posó con un poco de vergüenza sobre él.
—Claro.
Actúa normal.
Actúa normal.
Actúa como si no te importara que te vea en cueros.
Inspiró profundamente, esperando que la caballerosidad Gryffindor de la que tanta alardeaban haga aparición en Harry y se diera la vuelta para que le dé un poco de privacidad. Pero Harry parecía tan hipnotizado observándolo con los ojos dilatados y respirando por la boca, que no se movió un ápice si quiera.
Pero por supuesto, ¡Draco no era una maldita chica!
Sintiéndose avergonzado por sus propios pensamientos, saliendo de su mente turbada que últimamente parecía convertirse en arena cada vez que estaba cerca de Harry, se quitó la túnica con agilidad y rapidez, siguiéndole la corbata color escarlata, ahora manchada con gotitas de sangre, y cuando estuvo en camiseta, se recordó no mirar a Harry, mientras se la sacaba por arriba de la cabeza. Intentó imitar los movimientos del chico de la propaganda del perfume francés que tanto le gustaba.
Ahora estaba con el pecho descubierto y todavía seguía sin verlo a los ojos, porque si lo hubiera hecho, sus manos temblarían y su garganta se secaría, mientras sentía una capa de sudo correr por su espalda, y se paralizaría por completo. Y Harry pensaría que era pendejo patético.
El aire fresco chocaba contra su piel pálida con una brisa helada, mientras que por el frío, sus pezones rosados se pusieron casi automáticamente erectos. Podía sentir en el aire, podía intuir, y realmente sentirlo dentro de él, la magia de Harry desequilibrarse, como si recayera y volviera con fuerza.
Una oleada de placer electrizó su cuerpo. Esperaba que su erección—casi siempre continua— no se notase en sus pantalones negros. Jamás había pensado en lo útiles que podían ser las túnicas holgadas de Hogwarts.
Ambos estaban arrodillados en una cama de plaza grande, y Draco con el pecho desnudo, sintiéndose de pronto, tonto e inexperto, sin todavía atreverse a mirarlo, con las mejillas tan calientes que podrían incendiarse y no cambiaría nada. Mientras que Harry estaba inestable, Draco lo sentía, casi como si los sentimientos fueran propios. No sabía por qué el ambiente se sentía tan cargado. Tan ahogante y tenso.
Demasiado tenso.
¿Era él quien estaba jadeando? ¡Pero si hubiera jurado que tenía la boca cerrada!
Imprevisoramente un dedo frío y viscoso tocó su cuerpo, se sobresaltó un poco, mientras que los pelitos se le erizaban, pero sólo era el dedo de Harry con crema. Por eso. Era el dedo de Harry con crema. Estaba tocándolo. Bueno, no técnicamente, no como le gustaría, pero lo hacía de todas maneras, y eso era más de lo que habría pensado que se cumpliría.
Sus músculos internos se apretaron deliciosamente, mientras su entrada se dilataba, y su pecho no paraba de subir y bajar con rapidez. Hasta que Harry, con los dedos y la mano temblorosa empezó a esparcir la crema blanquecina por su moretón violáceo en la piel, en las costillas. Sin poder evitarlo, retuvo un gemido ahogado, mordiéndose el labio con fuerza y evitando la mirada de Harry a toda costa.
Los dedos de sus pies estaban curvados, mientras que sus manos estaban tan fuertemente cerradas que sus nudillos estaban poniéndose blancos, clavando las uñas en la palma de su mano. Cerró con fuerza los ojos, mordía sus mejillas sus mejillas internas para evitar gemir. Los dedos de Harry junto con la crema, se sentían fríos, pero su cuerpo ardía, como si las llamas de una vela—o como una auténtica hoguera— estuvieran danzando en el interior de Draco, quemando y arrasando todo a su alrededor. Por momentos, apretaba el moretón y dolía, pero como estaba haciéndolo Harry, al mismo tiempo se sentía bien.
No podía soportarlo.
Detuvo abruptamente la muñeca de Harry con su mano, haciendo que este lo mirase confundido y Draco observó que también tenía las mejillas rojas y los ojos vidriosos y oscurecidos, se veía desgarradoramente sexy, y por un instante pensó en la opción de lanzársele encima, besarlo, y tocarlo aunque sea tan solo unos segundos antes de que Harry lo apartara de él, horrorizado y asqueado. Pero no lo hizo.
No lo hizo porque de alguna manera necesitaba conservar a Harry. El mayor tiempo posible.
Jadeando con agitación, se separó y se acostó, derrumbándose en la cama, se cubrió el rostro con su brazo, la parte del codo, ocultando sus ojos. Estaba temblando.
¿Qué me has hecho?
Sin embargo, lo único que dijo fue:
—Gracias—su voz era casi tan inestable como su cuerpo, mientras su corazón latía desbocado—. Ya está bien, no hace falta…
Los mismos dedos callosos quitaron con suavidad su brazo del rostro, y aunque Harry no dijo ni una palabra, empezó a quitar la sangre de su rostro con un paño mojado y un poco frío. Su respiración seguía entrecortada, sus hombros seguían temblando y seguía tan duro como siempre que veía a Harry, pero su pecho no podía evitar sacudirse mientras se fundía en puro calor.
Esa pequeña acción lo hacía querer llorar. La manera en que la torpeza de Harry limpiaba su rostro con un paño de agua, lo hacía querer derrumbarse. Y a él no le gustaba derrumbarse.
Cuando hubo terminado y Draco ya tenía los ojos llenos de lágrimas, empezó a repartir algo que Harry había denominado "curitas" por todo su rostro, tenía tres en la mejilla, una venda en el cuello, tenía otro par por su torso desnudo y sus hombros. Y eso que ni siquiera estaba lastimado en esos lugares. Definitivamente Harry era un idiota.
Con la punta de la lengua entre medio de los dientes y el ceño fruncido, como si estuviera haciendo algo terriblemente difícil, cuando lo único que hacía era repartir curitas por su cuerpo. Inexplicablemente, eso era lo más adorablemente tierno que Draco había visto.
Incluso aunque en su vida no haya tenido muchas experiencias tiernas ni adorables. Sin embargo, Harry era asombroso.
— ¿P-por qué estas llorando? —Preguntó Harry con ansiedad, pero sin alterarse por completo.
Draco ni siquiera se había dado cuenta.
—No estoy llorando—dijo, sintiendo más lagrimas saladas correr por sus mejillas sonrosadas, nublándole la visión.
Harry tenía un aspecto melancólicamente triste, como si estuviera derrotado. Como si le doliera, y fuera él el que estuviera llorando, y no Draco.
Eso hizo que respirara con dificultad. Se sentía horriblemente liberador. Pero seguía siendo horrible. No podía detenerse.
—Shhh, está bien, Draco—susurró, mientras con esos suaves dedos endurecidos quitaban sus lágrimas al mismo tiempo que aparecían otras y él acariciaba su mejilla. Se acostó a su lado y aunque Draco intentó darse la vuelta (porque seguía sin poder detener su incesante llanto), Harry lo atrapó justo entre sus brazos.
Estaba abrazándolo, y aunque eso se sentía terriblemente bien, y a salvo, forcejaba para escapar. Porque era tan humillante que no lo soportaba. No se soportaba.
— ¡S-suéltame! —Jadeaba, mientras sus piernas terminaron enredadas con las de Harry, al mismo tiempo que intentaba huir y desaparecer, sin poder que las lágrimas dejaran de surcar por sus mejillas.
—No. Draco… ¡ay!...n-no. Detente, basta—tomó aire y dijo: —. No voy a burlarme de ti, si es eso lo que te preocupa.
Draco detuvo sus forcejeos (inútiles de todos modos; Harry era mucho más fuerte que él), pero seguía sin mirarlo a la cara.
—Hey…—le alzó la barbilla, obligándolo a mirarlo a los ojos, a través de sus lágrimas—, no está mal que llores. Aunque me duela.
— ¿Qué te duele?
—Que llores.
— ¿P-por qué?
—Te lo diré si me dices por qué lloras.
— ¿Por qué quieres saberlo?
Sus rostros estaban a centímetros de distancia, y recién en ese entonces, en donde Harry había tomado un respiro para responder, se había dado cuenta de que sus cuerpos estaban técnicamente fundidos, enredados, mientras el calor de Harry inundaba sus sentidos de nuevo. Sin darse cuenta, había dejado de llorar.
Y cuando Harry lo miró de nuevo, tan intensa y profundamente, como si quisiera penetrarlo con su mirada esmeralda y conocer todos sus secretos más profundos. Aunque ese instante debió durar como dos segundos, para Draco fueran una eternidad en cámara lenta.
—Porque me importas.
En serio, Draco no sabía que su corazón podía latir así de rápido.
—Antes del Eclipse me odiabas—no podía evitar sonrojarse ante el recuerdo—. No puedo llegar a importarte.
Aunque sonaba una excusa muy vaga y un poco ridícula, era cierto, por cómo era Harry, sería absolutamente imposible que llegara a importarle lo suficiente. La cuestión era que, no debería doler como dolía. No debería importarle en absoluto. Pero lo hacía.
Harry sonrió, aunque era una sonrisa un poco triste.
Ambos estaban tan cerca, que Draco podía sentir la respiración y el aliento chocar sobre su rostro. Las sensaciones seguían multiplicándose y esparciéndose por su cuerpo sin control.
—No te odiaba—él frunció el ceño ante la obvia mentira—, no me mires así. Realmente dudo haberlo hecho alguna vez. Aparte, no me hubiera acostado con alguien que odiara, por muy solo que me sintiera.
Draco abrió los ojos enormemente. No supo si porque Harry había mencionado la vez que habían tenido sexo o porque le había confesado que nunca lo había odiado.
Sin embargo, preguntó lo que le estaba rondando realmente por la cabeza.
— ¿Te sientes solo?
Era ridículo, El-Niño-Que-Vivió sintiéndose solo, cuando siempre estaba rodeado de gente, de sus amigos que lo querían, que lo apoyaban, rodeado por la fama. Harry era tan extraño a veces, pero era parte de su encanto. Y Draco lo sabía. Lo hacía ver más adorablemente arrebatador de lo que era.
—A veces—susurró, y él casi podía saborear el roce de labios, sus párpados temblaron sin darse cuenta—. Mis tíos me odian. De verdad. Yo también los odio, mientras no espere nada de ellos no saldré lastimado. Y aunque no quiero nada de ellos, me gustaría…me gustaría tener a mis padres conmigo. Supongo que no los extraño a ellos, a mis padres, si no a lo que nunca pudieron ser. Es algo estúpido, pero hay momentos en los que me siento tan desorientado. Me guío por mi instinto porque es lo único que tengo. Si no me cuido yo mismo, ¿quién va a hacerlo?
Harry también tenía lágrimas en sus mejillas. Y sus ojos verdes cristalinos hacían retorcer y calentar de igual forma la boca de su estómago.
Era precioso.
Tal vez, después de todo no eran tan diferentes como alguna vez había pensado.
—Tengo…tengo un padrino, ¿sabes? —Prosiguió—. Es genial, es la única familia que me queda, y lo quiero mucho, pero no es…no es lo mismo. Él no puede cuidarse, ni mucho menos podrá cuidarme a mí, no de la manera en que yo quiero.
— ¿Por qué?
Alzó la vista, mirándolo curioso y Harry sonrió.
—Sirius Black—fue toda su respuesta.
— ¡No me jodas!
— ¡Draco! — Le reprochó, con una sonrisa más amplia.
—Valla, tiene un poco de sentido. Después de todo, mi madre me habló de él, es parte de mi familia o algo así—no quería mencionar que lo en realidad era, un traidor de sangre, porque sabía que no le caería para nada bien a Harry—. Lo desterraron de su casa, o algo así. Pero, ¿no es un prófugo ahora?
—Sí, pero es completamente inocente.
Draco no preguntó nada. Es que realmente no necesitaba ese tipo de respuestas; le creía; sabía que Harry decía la verdad, no hacía falta cuestionarle con un tema todavía sensible y latente.
Sin embargo, Harry habló mucho. Y Draco se deleitó con cada palabra.
Porque cada una de ellas significaba una pequeña confianza depositada en Draco, y ahora él no hacía más que sonreír.
Le habló sobre la verdad de Sirius, no porque lo preguntara, sino porque, al parecer, Harry quería decírselo. Narró las aventuras que había tenido con sus amigos, las verdaderas, no las que salían únicamente en periódicos. Y si bien Draco había investigado (mucho, la verdad sea dicha, había buscado mucho sobre Harry), jamás podría haber sabido que la sangre…Granger había tenido en sus manos un giratiempos, ni cómo lograron vencer al Que No Debe Ser Nombrado todas las veces (que en realidad se llamaba Tom Riddle, sí, un nombre espantoso en opinión de Draco), o que Harry nunca antes había sabido del Mundo Mágico hasta que recibió su carta de Hogwarts. También le habló sobre la muerte de Diggory, mientras que se le habían escapado lágrimas mientras lo relataba, y Draco jugaba con su cabello, intentando tranquilizarlo. Porque no tenía nada para decir. Era Harry quien quería contarle aquello. Draco no podía decirle que sabía lo que se sentía, o cómo se sentía, porque no era así. Tampoco podría consolarlo, nadie podría.
Pero, tal vez Harry sólo necesitaba ser escuchado.
Lo ponía inexplicablemente contento que le estuviera confesando todo aquello a él.
Era una sensación tonta y absurda que no tenía punto de comparación.
—Ahora, ¿me dirás la razón de por qué golpeaste a ese Ravenclaw? ¿Y por qué llorabas?
Lo susurró suave, sin embargo, a Draco se le retorció el estómago con una acides propia cuando pensaba en el tema.
—Yo…—sacudió la cabeza, dubitativamente pensó en lo que le diría, intentando que no fuera una mentira—. Estuve t-teniendo problemas con mi familia—empezaba a respirar agitadamente y su labio temblaba al hablar; por supuesto, no era su tema favorito—. Y me enojé tanto, que sin querer mandé todo al carajo.
Harry parecía un poco impresionado. Draco no sabía si era esa una buena reacción.
—El Ravenclaw—prosiguió Draco, esta vez, susurrando—se enteró de uno de estos problemas. Del peor de todos—sus manos se retorcían ahora con nerviosismo, sintiendo la desesperación apoderarse de él—. Y empezó a insultarme, dijo incluso que iban a publicar la historia…—por un momento dejó de respirar, mientras que escondió su rostro en el pecho de Harry, temblando—. Harry, te juro que si la publican me muero, yo me muero…
Su voz salía amortiguada y ahogada. Estaba desmoronándose de nuevo.
—Draco…
Harry debía de estar en una situación similar a la suya. Ninguno podía hacer nada por el otro, salvo abrazarse y evitar caer.
Y Draco nunca antes había pensado que necesitaría tanto algo como eso.
Porque, ¿qué podían hacer?
Y como Draco había acariciado el cabello de Harry (que resultaba extrañamente suave, a comparación de su aspecto de puerco espín), Harry acariciaba su espalda, casi simplemente rozando sus dedos. Se sentía increíble.
—Estoy cansado que la gente me vea como si no fuera nada—lágrimas se amontonaron en sus ojos grises, debían de estar cristalinos, sus pestañas estaban húmedas—. Como si sólo fuera una extensión de mi padre.
Sollozó.
—Yo tampoco quiero seguir siendo un símbolo. Ya no quiero salvar a nadie. Estoy cansado—fue la respuesta de Harry—. Y, ¿qué quieres hacer?
Refregándose los ojos, lo miró extrañado, con el ceño ligeramente fruncido.
— ¿Hacer con qué?
—Para solucionarlo por supuesto.
Si te quedas a mi lado, tal vez pueda ser feliz por un tiempo.
Pero, como ya venía haciéndose costumbre, eso de pensar una cosa y decir otra, Draco respondió:
—Lo que tú quieras.
—Podríamos no tener otra oportunidad en la vida—Harry se mordió el labio, mientras que una mirada llena de picardía impregnó la esmeralda que eran sus ojos.
— ¿En qué estás pensando? —Preguntó, desconfiado. Esa era la mirada de Te Haré Cosas Malas, la de diversión mezclada entusiasmo mal contenido, como la de un niño que planea hacer una travesura.
—Ya lo verás—canturreó Harry, mientras que con un sonoro beso en la mejilla dio por terminada la discusión, acurrucándose en la cama y contra él, cerrando los ojos.
Pero para ese entonces, Draco sólo pensaba en lo tono que era un beso en la mejilla, y lo feliz que lo hacía sentir.
Canción:Paramore - The Only Exception
Bueno, darlings, espero que les haya gustado :))
Soy una persona muy indecisa, y me invitaron a un reto del cual quiero participar. Consiste en narrar la infancia de un personaje de Harry Potter (será un one shot), y aunque yo quería, obviamente, hacer la de Draco, ese personaje ya está ocupado. Y no me decido entre Bellatrix, Albus Severus Potter y Scorpius Malfoy. Me encantaría que me dejaran sus sugerencia sobre cuál les interesaría y por qué. Yo puedo hacer el de los tres, tengo maso menos las ideas armadas, pero no me decido.
Este capítulo era sumamente necesario, nos da pistas sobre Draco, y su relación con Harry se fortalece. Pero igual en el próximo las cosas se ponen mejor. ¿Qué creen que esté planeando Harry?
Nos leemos,
-Vulnera
