No tengo perdón de Merlín, pero lo siento muchísimo. He tenido unos pequeños inconvenientes y pues, lamento haberme tardado tanto con la actualización. (Un dato: el próximo capítulo-no la siguiente parte- será la tan esperada revisión). Bueno, espero que lo disfruten.
Eclipsis of Virgins
8
Do i wanna know?
(Primera parte)
¿Me quieres arrastrándome hacia ti?
— ¿Crees que Colin nos delataría?
Draco estaba intentando con todas sus fuerzas atar el palito de la cereza con su lengua. Y era jodidamente imposible, hacía veinte minutos que andaba haciendo muecas raras y sacando la lengua, moviéndola, para que de alguna manera el miserable palito se anudara. Harry se había reído de él los veinte minutos seguidos. Pero sus ojos verdes brillaban como las estrellas, estaba contento, todas sus expresiones corporales lo delataban. Sin mencionar que Draco podía sentirlo en cada poro de su ser, la felicidad que irradiaba Harry se mezclaba con la suya, y las emociones lo seguían confundiendo. Pero se sentía como si hubiera ingerido una dosis generosa de Felix Felicis.
Deteniéndose en seco, razonando las palabras de Harry, se puso lívido.
— No. No creo. ¿Por qué lo dices? —su intento de sonar indiferente fallaba estrepitosamente con el temblor de su voz. Como consecuencia de enojarse aún más consigo mismo, ¿por qué tenía que ser tan malditamente sensible? Debería darle igual. Pero no era así, y nada volvería a la normalidad—. ¿Te molestaría si nos vieran juntos?
Su semblante oscurecido debió darle una idea a Harry de cómo se estaba sintiendo, porque lo miró alarmado y un poco aterrorizado. Y él seguía sin saber si esos eran buenos síntomas. Pero, antes de poder llegar a sacar cualquier conjetura, Harry habló.
— ¡No!...
— ¿No? O sea que no quieres…
Sintió como ácido caliente se esparcía por sus entrañas.
—Sí…No, no, a lo que me refiero, es que no me molestaría que nos vieran juntos—Harry se veía contrariado y un poco desesperado, como si no supiera qué decirle sin meter la pata. Draco estaba infinitamente agradecido que no se haya dado cuenta de su capacidad por hacerlo derretir tan solo con cualquier contacto mínimo, ya sea, incluso, el aliento que en ese momento daba contra sus labios—. No me importaría. No a mí. Pero no me gustaría que todo el mundo se metiera en mi vida privada, que todo se convierta en un escándalo. Aparte no he preparado del todo a Ron y Hermione.
El ácido se convirtió en mariposas de terciopelo azul, aleteando no sólo sobre sus entrañas, si no también, sobre su pecho que se inundó de calor.
— ¿Exactamente a qué te refieres con "preparado del todo"?
Harry exhaló un suspiro resignado, como si ya estuviera esperando esa pregunta.
—Ellos…ellos se dieron cuenta. Bueno, Hermione lo hizo, Ron sólo lo sospecha. El día del Eclipse ella me advirtió severamente que no merodeara del castillo, ni mucho menos a las afueras, como es común: no le hice caso alguno. Aunque sin duda, no me arrepiento en absoluto—y su rostro se vio invadido de un adorable sonrojo y una sonrisa boba, Draco tragó saliva, mientras sentía las mejillas calientes—. Después de esa noche, estaba diferente. Hermione lo notó, estaba más distraído de lo normal y, según ella, había algo extraño en mi forma de actuar, de moverme. De alguna manera que todavía no comprendo, ella se enteró de…de que prácticamente toda mi atención siempre estaba puesta en ti.
Se sonrojó, avergonzado, pero sin arrepentimiento alguno dentro de esos ojos esmeraldas. Draco no podía creerlo, recién la noche anterior parecía un animal salvaje dispuesto a comerlo entero, penetrándolo sin rastro de vergüenza alguna, y se sonrojaba por un tonta (pero que hacía increíblemente feliz a Draco) confesión.
—Oh. ¿Acaso al Señor Potter le gusto? —dijo con una amplia sonrisa, aunque, sin rastro de burla.
Harry se carcajeó, y Draco se estremeció sin poder evitarlo.
Las risas de Harry eran inigualables, la manera en que reía, producía un cambio completo en su rostro, sus ojos brillaban, mientras que se le marcaban los hoyuelos en su radiante sonrisa, uno especialmente marcado en la mejilla izquierda. A Draco le entraron ganas de lamerlo. Así que lo hizo.
La sonrisa decayó, pero sus ojos ardieron, mientras su lengua lamía el apetecible hoyo, y lo mordisqueaba levemente con los dientes.
—Como no tienes idea—gimió, y el sonido se desplazó como una descarga eléctrica sobre su columna.
De inmediato Harry se puso a horcajadas suyo y empezó a besarlo con desenfreno, mientras que él respondía con ansiedad y enredaba sus dedos en el cabello negro (que a Draco cada vez le parecía que estaba más despeinado), a él le encantaba hacer eso, sentir la suavidad, tantear con sus dedos sobre su cuero cabelludo, se sentía bien, y a Harry no parecía molestarle, al contrario, a veces cuando sucedía, casi podía escucharlo ronronear.
Había millones cosas que le gustaba de Harry (también como había muchas que odiaba), pero una de sus favoritas y que más amaba, era que no se contenía, al menos en esas horas, en donde si quería lo mordía, lo lamía, le chupaba la polla, que si tenía ganas, incluso, de darle una nalgada (situación que haría revolcar en la tumba a su padre, pero que o ponía duro como un tronco), lo haría.
Y era un alivio, porque Draco tampoco podría (ni quería) contenerse.
Había cosas que todavía no podía comprender. Como dónde había quedado el Malfoy orgulloso y autosuficiente que era solía ser. Una parte de su ser se resquebrajó cuando sucedió lo de su padre, y sabía por qué había sucedido, pero era como si después del Eclipse terminara dependiendo totalmente de Harry. Y era realmente preocupante, pero hasta altura de la situación, en donde ahora Harry saboreaba su lengua con un talento nato, no podía importarle menos.
Era desconcertante, sí. Las sensaciones se multiplicaban por mil cuando se trataba de Harry, y de la misma manera en que hacía a su miembro palpitar y mojar sus sábanas, al igual que aceleraba su corazón, tendría la misma capacidad de destruirlo. Harry no era realmente consciente de que tenía a Draco Malfoy a sus pies.
Porque haría lo que fuera, cualquier cosa, con tal de mantenerlo a su lado, y estaba seguro de no haber experimentado eso por nadie. Ese sentimiento tan…tan malditamente dependiente. Como si estuviera completamente seguro de que sin Harry, caería por un pozo profundo y moriría.
Era extraño, la verdad, porque seguía siendo él, nada más que un poco modificado debido a las circunstancias. Era como si su autoestima se hiciera añicos en cuestión de segundos si pensaba a Harry con otra persona. La seguridad y confianza lo abandonaban por completo, paralizándolo. Estar con Harry lo reconfortaba, sus músculos se relajaban, volvía a respirar con tranquilidad, como si su alma suspirara, lo completaba. Y la confesión (inolvidable, había quedado guardada en su memoria por siempre) que Harry le había hecho en la mañana, lo hacía delirar y lo llenaba de esperanzas absurdas, lo hacía sentirse inexplicablemente contento, calentándose por dentro. Pero dijera lo que dijera Harry, Draco se sentía perdido, como si supiera que Harry se arrepentiría, que era su deber mantener intacta esa confesión, junto con los sentimientos de Harry (suponiendo que fueran reales). Y es que aunque Draco sabía que Harry se sentía un poco enamorado de él, pero podría cambiar de opinión y eso lo desmoronaría por completo. Se podría decir que la confianza que alguna vez pudo haber poseído, no servía en absoluto con Harry. Ya no estaba seguro de nada.
Y no era un sentimiento del cual le gustaba estar familiarizado (esa sensación de perdición absoluta), pero no quedaba otra, porque sin Harry no podría seguir. Y si estaba seguro de algo, era eso.
Sin embargo, era extraña la manera sutil en que Harry podía llegar a controlarlo, y él ni siquiera se daba cuenta.
Sintió a Harry suspirar dentro del beso, mientras que Draco lanzaba un gemido. Se removió arriba suyo, chocando sus erecciones inevitablemente, mientras se sentía sollozar, por el placer que le inundaba los sentidos.
—Harry…—gimoteó, más como un puchero que algo que sonara excitante, Harry sonreía—. La tengo dura.
— ¿Y qué? —Susurró, antes de salirse de encima de él y pararse.
—Eres un calienta pollas—entrecerró los ojos mientras fruncía los labios, pero sentía una capa de sudor corriendo por su espalda, su cuerpo aun olía a Harry, y todo se concentraba en su polla, dura y erguida, con un color rojo y algo violáceo. Era increíble la facilidad en que lo encendía—. Tienes que terminar lo que empezaste, ¿entiendes?
Harry no le hacía el mínimo casi, pero sonreía de oreja a oreja.
La habitación estaba más desastrosa que nunca. Draco pudo apreciar que era la misma habitación en la que había perdido la virginidad, el día del dichoso Eclipse. Ahora podía observarla mejor, y admitía que le tenía una especie de cariño extraño, aunque por supuesto, no lo diría ante nadie nunca, antes se arrancaría el brazo derecho. La ventana estaba cerrada, impidiendo que las cortinas flameen, él mismo lo primero que había hecho después de besar a Harry con entusiasmo (y después de esa confesión que todavía producía calor en su estómago), había sido cerrarla, porque estaban en pleno invierno y no quería que su piel se resecara. Las cortinas eran blancas y finas como el papel. Por el suelo había, aparte de artefactos que Draco calificó como las cosas muggles de Harry, había comida por doquier, dulces que había pedido de su antiguo elfo Dobby que trataba a Harry como si fuese su nuevo amo, y el cubrecama estaba tirado y abandonado en el piso, la cama desordenada y deshecha, que estaba sucia y empapada con resto de semen y sudor. En el aire se podía apreciar el olor a sexo que inundaba la habitación por completo.
Papeles tirados por doquier, en el escritorio descansaba la bandeja de comida (ahora vacía) que le había preparado Colin, pero, haciendo que su astucia despierte repentinamente, le había dicho a Harry que tenía más hambre, y como ninguno tenía ganas de ir al Gran Comedor (ni a clases), había llamado a Dobby, y el elfo, gustoso, y algo desconfiado de Draco, había cumplido con la orden que le había encomendado Harry.
Fresas, crema batida, chocolate, cerezas, manzanas (verdes, por supuesto), helado y un par de galletas de chocolate, junto con una generosa taza de café.
Draco no podía decirle a Harry que, en realidad, se moría de ganas por verlo cubierto de crema batida.
Viendo que lo único que hacía Harry era seguir comiendo galletas, sentado en el piso en medio del desastre, y aunque sabía que tenía una erección (porque estaba desnudo y sentía su excitación a kilómetros), sonreía petulante, regocijándose a su costa. El muy engreído.
¿Ah sí? Pues Draco también podía jugar. Incluso aunque no fuera con sus reglas.
—Está bien—suspiró, y ante los ojos expectantes y terriblemente curiosos, llenos de diversión de Harry, empezó a tocarse.
A Harry se le calló la galleta.
Sus ojos estaban bien abiertos, como si no pudiera creerlo, pero empezaban a oscurecerse, mientras que con la boca abierta, jadeaba.
— ¡Draco! —Gritó, exaltado, en tono de advertencia—. ¡Ni se te ocurra…!
Pero él sólo se limitó a morderse el labio, tanto como a Harry le gustaba jalárselo, mientras con su mano derecha se acariciaba, de arriba abajo, sintiendo cómo su polla empezaba a endurecerse y corrientes eléctricas corrían por su cuerpo y se concentraban en su miembro. Que Harry lo contemple todo con ojos dilatados y desesperados sólo aumentaba su excitación, y las ganas de provocarlo.
Más. Su cuerpo le pedía más. Su respiración se volvió agitada y entrecortada. Pero quería sentirse lleno. Quería la polla de Harry bien enterrada dentro de él.
Sin dejar de masturbarse, llevó con su otra mano, sus dedos hacia su boca y lo metía uno por uno dentro de ella, absorbiéndolos, chupándolos, imaginando el miembro de Harry, el sabor que podría tener, salado, amargo y delicioso. Sintiendo sus párpados pesar y su polla gotear pre semen, arrastró sus dedos cubiertos de saliva, hacia su pecho, apretando una tetilla, y arqueándose mientras gemía.
—Joder. Mierda—gimió, sin poder dejar de mover su mano con rapidez alrededor de su polla, mientras se seguía pellizcando y apretando el pezón, que le arrancaba gemidos sin poder evitarlo. Y le encantaría mirar a Harry, ver la expresión que tendría, pero eso garantizaría una vergonzosa eyaculación.
Despegando sus dedos del pezón, y después de apretar lo suficiente al otro para que estuviera igual de duro y erecto, sin poder dejar de tocarse, llevó sus dedos hacia el vello púbico, que era casi una pelusilla rubia inexistente. Esperando que provocara a Harry, por no haberlo tocado en todos los lugares como Draco sabía, le hubiera gustado.
Se dio cuenta que estaba terriblemente cerca, sus bolas dolían tanto que resultaba un placer exquisito, sus caderas prácticamente follaban su mano y no se había dado cuenta de que estaba gimiendo. Así que, intentando controlarse un poco aunque sea, llevó los dedos que acariciaban su polla, hacia su entrada, abrió sus piernas y con un gesto de dolor mezclado con el placer, el dedo del medio se perdió dentro suyo.
El gemido de Harry resonó por la habitación, mientras Draco producía un lloriqueo. Esta vez, fue inevitable no mirarlo. Su respiración se atoró en la garganta, su sangre calentarse, y estuvo casi a punto de correrse con sólo la imagen. Harry permanecía en el suelo, sentado tocándose, y parecía embelesado a tal punto que no podía moverse, salvo para masturbase. Lo miraba fijo, con la boca abierta, jadeando y las pupilas casi completamente dilatas, se mordía el labio mientras se tocaba. Pero su vista no se despegaba de Draco. Parecía, incluso, salivar. Se veía tan ardiente.
Lo deseaba. Harry lo deseaba.
Lo miraba de tal manera que no pudo evitar estremecerse, como si estuviese furioso por lo que estaba haciendo, pero demasiado excitado como para enojarse realmente. Los ojos verdes chispeaban contrariados.
Esa mirada solo lo hacía sentirse más excitado, más encendido y caliente. Metió el segundo dedo dentro de su culo, pero no era suficiente. No estaba la polla de Harry, no estaba Harry besándolo. Sin embargo, saber que él lo estaba mirando, lo hacía sentirse abierto, expuesto. Los dedos se sentían incluso, algo incómodos, pero los gemidos y jadeos de Harry mandaban descargas eléctricas a través de su cuerpo, y todo volvía concentrarse solo en su miembro. Era simplemente demasiado.
Sabiendo que provocaría aún más a Harry, y porque el placer resultaba ya doloroso, empezó a mover sus caderas, follándose a sus dedos, que de igual manera se movían dentro de él, mientras gemía y arqueaba la espada.
Y aunque todo se sentía un poco vacío sin Harry, que Harry se estuviese masturbando mientras lo miraba a él meterse un par de dedos en el trasero lo excitaba de sobremanera, una especie de placer morboso.
— ¡Harry…!—sollozó cuando estaba cerca del final, sintiendo la presión en sus bolas mientras sus músculos se tensaban.
Se corrió, mientras sentía que todo giraba y se multiplicaba, y apretaba su entrada alrededor de sus dedos. Y luego se desplomaba por completo en la cama.
Podía sentirlo, en el aire, en él. Harry también se había corrido.
No sabía cuándo había cerrado los ojos, pero se sobresaltó cuando las manos calientes de Harry agarraron sus muñecas fuertemente, y se sentaba a horcajadas, con una mirada oscura y tan, tan Slytherin, de esas que lograban hacerlo estremecer.
— ¿Quién es el calienta pollas ahora? —gruñó, las palabras resonaron por cada partícula de su cuerpo, como ondas que se iban explayando con un calor abrumador que lo sonrojaba, también con un tinte de furia acumulada. Y con un demonio, que lo mataran, pero esa voz, lo incendiaba por completo.
—Harry…—susurró, mientras sentía como los músculos de su espalda se articulaban.
Las palabras no alcanzaban para describir el sentimiento, las sensaciones que lo abrumaban, observar a Harry, arriba suyo, desnudo, sentir, dios, sentir su placer como si fuera el suyo propio, podía ver la tensión de su cuerpo y la excitación que lo recorría por completo, la leve capa de sudor que posaba en su abdomen y pecho, su garganta se secaba de la sola idea de lamerlo.
Buscó sus ojos que al verde vivo, ardían, y Draco se preguntó por qué esos ojos lo estaban mirando así, por qué habían cambiado tanto de la primera vez que los había visto en aquella tienda de túnicas, por qué lo miraban a él, por qué estaban dilatados y oscurecidos pero al mismo tiempo, dentro de ellos aparecía la ternura más inexplicables de todas, por qué todo se sentía tan diferente…
Fue un momento de lucidez, en donde por unos instantes, todo pareció caer de repente, mientras las paredes de su consciencia se tambaleaban, fue el primer momento de duda desde el Eclipse, como si por primera vez pasara la mano en un vidrio empañado, y detrás, hubiera sólo destrucción, en donde la realidad no era más que una prisión.
El momento desapareció por completo y quedó reprimido dentro de uno de los pasajes de su mente, cuando la polla de Harry rozó la suya, de manera casi imperceptible, pero que lo avivó como las brasas sobre agua. Tembló sin darse cuenta, mientras Harry susurró sobre sus labios, con una expresión de tormentoso placer que provocó un tirón en sus bolas inmediato:
—Voy a follarte…voy a follarte tan duro—delineó con su lengua los labios abiertos de Draco, mientras los párpados se le cerraban. Esa sensación…joder, eso lo estaba volviendo loco—. Te dolerá el culo todas las semanas—Harry colocó sus miembros juntos, sin apartar la vista de él, ni el espacio de sus labios rozando, ni un segundo; la respiración de Draco se aceleró considerablemente, al mismo tiempo que los vellos de la nuca le ponían de punta ante las palabras calmadas y cuerpo de ensueño, y aunque quisiera no podía apartar los ojos de Harry, no podía dejar de observarlo. Su cuerpo tembló de anticipación cuando la lengua que se negaba a entrar en su boca, lamió y besó suavemente su mandíbula hasta llegar a su oreja morder su lóbulo con fuerza suficiente como para gemir de dolor mezclado con un tinte de placer insoportable—. Voy a meterme tan dentro de ti que no podrás olvidarme, que el dolor en tus músculos te recordará como gemiste mientras te envestía una y otra vez, cómo te dolía, pero cómo agonizabas de placer cada vez que te tocaba—sintió su tetilla siendo apretada y él jadeó con fuerza, intentando, en vano, deshacerse de la otra mano que retenía sus muñecas arriba de su cabeza, retorciéndose con cada palabra—, cada vez que te lamía—la lengua de Harry recorrió su oído, mientras que después mordía ligeramente sus pómulos, y Draco apretaba fuertemente sus ojos, con la boca abierta, sin poder evitar gemir y jadear. Con cada palabra, lo estaba matando—. Cada vez que te besaba.
La manera en que sus bocas se tocaban sin hacerlo realmente, ese agonizante y hasta casi masoquismo placer que lo embarcaba, le daban ganas de correrse con sólo la sensación de saber que Harry estaba susurrándole con voz ronca, rozando sus labios, a él.
Su polla estaba tan dura que dolía como los mil demonios, no lo soportaba más, no podía moverse, no podía masturbarse, no podía abrir los ojos, porque Draco sabía que si los abría y observaba la mirada profunda de Harry, no podría resistir mucho más. Tampoco quería gemir, pero resultaba imposible no hacerlo, no cuando esa voz parecía estar conectada a su polla, y en cada sílaba, cada vez sentía una gota de pre semen manchar su estómago y hervir en la polla de Harry.
Siguió sin abrir los ojos incluso cuando sintió los tan esperados labios sobre los suyos. Lentamente saboreándolos, acariciándolos, de una manera tan suave, pero temblorosa, como si temiera que Draco desapareciera repentinamente, pero estuviera ansioso y desesperado por lamerlo entero. Podía sentir cómo su labio inferior quedaba unos segundos eternos dentro de la boca de Harry, y podía sentir cómo las bocas se movían con lentitud. Su corazón latía tan fuerte que sentía que iba a explotar.
Alzó sus caderas haciendo que ambas erecciones frotaran por un instante. Abrió la boca y gimió.
—Ahh, joder—y sonaba peor de lo que había pensado que haría, de esa manera aguda y estrangulada que sólo era capaz de entonar en el sexo. Draco sintió sus mejillas calientes, y su cuerpo como el infierno—. Sólo…mete…ah…métela…
Se removió debajo de Harry, sin mucho ánimo realmente, le gustaba, le gustaba tanto Harry que debía ser, de alguna manera, ilegal. Le gustaban los ojos tan malditamente verdes que tenía, le gustaba cómo follaba, cómo lo penetraba y poseía, porque carecía de la absurda y enternecida torpeza tan característica de él, porque se trasformaba y al mismo tiempo lo transformaba. Le gustaba la manía que tenía de morderse el dedo gordo cuando estaba nervioso, le gustaba su cabello de cuerpo espín, y la manera en que lo contradecía, en cómo lo enfrentaba, porque eso hacía que los vellos de su cuerpo se erizaran. Le gustaban sus hoyuelos, porque lo hacían sonreír.
Incluso le gustaba el dolor que le producía el sólo hecho de gustarle tanto.
Sus pollas estaban juntas y el movimiento se caderas de ambos producía una fricción exquisita que no tenía nombre. Harry gemía bajito y se mordía el labio tan fuerte que empezaba a sangrar, sus rostros estaban a centímetros de distancia y Draco podía sentir cómo sus jadeos se mezclaban con el aliento de Harry. No podía mantener los ojos abiertos.
De arriba abajo, Harry movía sus caderas como si lo penetrara, como si estuviese jodiendo, en todo sentido de la palabra. Apretó sus manos en un puño, clavándose las uñas en la palma de la mano, su cabeza no paraba de dar vueltas, mientras arqueaba la espalda. Cerca, tan cerca…
En la base de su polla sintió una opresión, apretando ligeramente, pero lo suficiente como para que no se corriera.
Soltó un gemido estrangulado, lleno de frustración.
—Potter—jadeó, con la voz enronquecida.
Harry tragó saliva con los ojos cerrados, y parecía mucho más afectado que Draco, como si sufriera una gran tortura el sólo mirarlo, tenía el ceño fruncido y el cabello más revuelto que nunca.
Draco enroscó sus piernas alrededor de sus caderas, como si hubiera nacido para hacer ello, y Harry lo agarró por el culo mientras lo levantaba y empezaba a devorarlo con sus labios, en un beso profundo, que lo derritió por completo, mientras suspiraba.
Sus labios ya no eran dulces como al principio, ya no era suave, aunque el pequeño toque de ternura no desaparecía mientras acariciaba sus nalgas, todo era más ansioso, más desesperado.
Draco apoyó sus brazos a los costados de sus hombros y enredó sus dedos en el cabello negro, profundizando el beso, lamiendo su lengua, luchando y al mismo tiempo jugando con ella, succionándose, sintiendo una línea de saliva correr por su barbilla. Harry se tambaleaba mientras intentaba llevarlo hacia Merlín sabe dónde, pero le apretaba el trasero de una manera que le producían escalofríos apetecibles.
—Joder, joder, Draco—susurró sobre sus labios—. Me gustas tanto…como no tienes idea.
Por unos instantes Draco dejó de respirar, para después sonreír como tonto, porque nunca había escuchado algo tan idiota que lo hiciera sentir tan bien.
La respiración se le cortó repentinamente cuando lo estampó contra la pared más cercana, que en realidad resultó ser el vidrio del balcón, produciendo un leve tintineo, mientras que él se aferraba más a Harry y lo besaba fuertemente.
Nunca se cansaría.
Harry era un vicio adictivo del que quería vivir por siempre.
—Fo…lla…me—acarició su rostro con desesperación, rozando sus dedos con el cuero cabelludo, la punta de la erección de Harry ya estaba dentro suyo, casi podía sentir a su cuerpo suplicar—. Fóllame, Potter—mordió su labio carnoso, y la mirada cargada de deseo lo hizo sentir al mando, merecedor del poder que emanaba sobre Harry—. Te quiero dentro de mí—susurró lentamente, mirándolo a los ojos.
Harry lo penetró apenas terminó la oración, pero se sintió como si lentamente abriera los músculos de su entrada, poco a poco, quemándola. Mientras le arrancaba un grito estrangulado, su cabeza chocó contra la pared, sintiendo su espalda arquearse y su corazón latir de manera profunda y acelerada.
Una y otra vez, sentía la manera en que la polla de Harry entraba en y salía con una bestialidad brutal, pero sus labios lo calmaban, podía notar las pequeñas acciones de Harry en intentar tranquilizarlo, besándole el cuello, acariciando su trasero, pero no parecía ser capaz de detenerse de jadear y gemir al unísono de Draco.
Si pudiera Draco encontrar las palabras para decirle que no le dolía tanto como había pensado que dolería, lo haría, pero de su voz no salía nada más que gemidos y exclamaciones, nada más que el nombre de Harry una y otra vez.
Arañó su espalda, sintiendo como era empujado y estancado cada vez más contra la pared. Empezó a mover sus caderas al ritmo de las estocadas de Harry, sintiéndose en el mismísimo paraíso cada vez que tocaba ese punto tan delicioso dentro de él, la manera en que lo besaba sin restricción, con ansiedad, con hambre.
—Más, Harry, ahh, más—podía sentir la humedad en su miembro, cómo rebotaba contra su estómago, duro—. Maldición, más…más profundo.
— ¿Se siente bien? —Lo provocó descaradamente— ¿Se siente bien…Draco? —dijo, aumentando la rapidez de sus penetraciones, cada vez más errático, más desesperado.
— ¡Sí! Harry, oh, mierda, sí.
Se corrió en un grito estrangulado, su rostro contorsionado, mientras apretaba su entrada alrededor de la polla de Harry, y él lo bañaba por dentro con semen.
Abrazados se desplomaron en el otro, Draco se deslizó por el vidrio, llevándose a Harry consigo, aún dentro suyo, en una posición incómoda y desarreglada, pero sintiéndose demasiado cansado y a gusto con Harry dentro de su cuerpo como para hacer algo al respecto.
Sus párpados se cerraban solos, mientras Harry acariciaba su brazo suavemente de forma tranquilizante, la luz de la mañana daba en lleno sobre su hermoso rostro. Resultaba sorprendente cuánto brillaban esos ojos verdes.
Con una sonrisa, Harry le dio un pequeño beso en los labios, casi un roce, pero que lo hizo flotar de felicidad absurda, y que su estómago diera un vuelco, suspirando antes de acomodarse contra su cuerpo y caer dormido.
Podría haber jurado, que un segundo antes de cerrar los ojos, había visto una pequeña cadena plateada enroscada alrededor de su muñeca.
—He oído por ahí que tienes a una sangre sucia enamorada—canturreó Pansy.
Blaise bufó por lo bajo, mientras, nervioso, se rascaba la nuca.
—No lo creo—los ojos ansiosos y chispeantes de Pansy se iluminaron y las comisuras de sus labios formaron una siniestra sonrisa. Blaise se abstuvo de temblar, como cuando eran niños y ella era la única capaz de subirse a un árbol con agilidad y no caerse estrepitosamente, la única niña y la más peligrosa en su grupo—. Déjalo ya, estas sedienta de chismes, eso es lo que pasa.
—Oh, por favor, la chica se arrastra por ti, querido—se mofó, mientras que se sentaba su regazo con naturalidad—. Fóllatela. Ya jodiste las cosas con Draco, joderte a una sangre sucia le daría lo mismo a tu familia.
— ¡Cierra tu sucia boca!— gruñó enfadado, pero sin atreverse a apartarla.
Pansy rio.
—En serio, Blaise, aprovecha la oportunidad. Invítala a la fiesta de Supervivencia. Será divertido.
— ¿Y qué? ¿Tú irás con la comadreja?
Pareció estar esperando esa pregunta sarcástica, porque su rostro ni se inmutó, y si Blaise no la conociera, podría decir con tranquilidad que no le había afectado en absoluto, sin embargo, dentro de esos ojos oscuros, había resentimiento lleno de un mar de tristezas.
—Podría—le restó importancia—. Lo estuve pensando, ¿sabes? —. Enredó un dedo en el cabello de Blaise mientras evitaba su mirada y hablaba con tranquilidad—. Me han gustado chicos, me he acostado con chicos, pero nunca me había encaprichado con uno, salvo si quitamos a Draco en tercero y cuarto año, pero Draco es tan ardiente que incluso tú te lo quieres comer, Blaise—rio con lasciva, y él se permitió sonreír un poco—. El punto es que, me enrollaré con él.
— ¿Cómo?
—Es la fiesta de la Supervivencia, la que supuestamente se realiza después del Eclipse desde hace siglos, los magos somos especialmente vulnerables con el Eclipse de Luna, y antes había algunos que no sobrevivían. Y para olvidar a esos seres queridos que se fueron, para amortiguar el dolor, se 'celebraba' la fiesta de la Supervivencia, que dejaba una marca, porque significaba que las personas amadas se fueron sin ti. Era, en general, mucho peor que el Eclipse, había más muertes y personas lastimadas, porque los magos se emborrachaban, se drogaban con Pociones, todo se volvía un caos. Claro que eso fue hace milenios, ahora existen protecciones y todo se fue regenerando, pero la tradición quedó, ya que ahora no hay resultados tan desastrosos. ¿Entiendes a dónde quiero ir? Habrá alcohol, todos estarán divirtiéndose, mientras él estará en un rincón, amargado, porque ella te estará mirando a ti. Voy a ingeniármelas para que folle conmigo, y poder olvidar este embrollo de una vez por todas.
— ¿Crees que es todo tan sencillo? ¿Tener sexo y ya?
—No estoy enamorada—dijo cortante—. Y eso es lo que tú intentaste hacer con Draco.
Blaise tragó saliva.
Había sido tan extraño, pero se había sentido tan bien. Como si las piezas por fin encajaran, cuando lo tocaba, Blaise sentía la ansiedad de tocarlo más, todavía podía recordar a su corazón retumbando en su pecho, los labios agresivos de Draco, la manera en cómo su pecho se calentaba con lava caliente y su cuerpo hervía.
El recuerdo de ese instante todavía lo excitaba. Pero su pecho se sentía frío como el hielo, y el sabor amargo no se le quitaba desde que lo había visto inconsciente entre sus brazos.
De un momento a otro Draco parecía estar delirando, parecía enfermo y se había desplomado de una vez.
Blaise no sabía qué era peor, sentirse traicionado cuando no tenía derecho, o haberlo traicionado.
Pero el dolor en su pecho cuando lo veía con Potter era real, al igual que la fría indiferencia de Draco.
¿Por qué todo tenía que ser así? ¿Por qué todo tenía que arruinarse?
¿Por qué había arruinado todo?
Las manos delicadas de Pansy le alzaron el rostro desde el mentón, mientras sus uñas largas le rozaban la mandíbula, en una caricia sutil.
—Eh, Blaise, deja de pensar en él. Sabías que no eras correspondido.
—Pero no tenía idea que prefiriera ser follado por Potter.
—Draco está raro desde el Eclipse.
Frunció el ceño.
— ¿Qué quieres decir?
Pansy se mordió el labio, nerviosa, antes de hablar.
—Draco siempre estuvo un poco coladito por Potter, lo conozco mejor de lo que se conoce a sí mismo, pero nunca estuvo consciente de ello, y yo nunca le dije nada. Porque, joder, todos somos unas máquinas de hormonas encerradas en un castillo, con la sola idea de tocar a Potter, su mente no lo soportaría, se haría la cabeza, y actuaría con un precisión dubitativa. Draco está tan jodido que no es capaz de estar con alguien. Lo sabes, y lo sabías cuando decidiste intentar follártelo. Él puede tener a todos, pero nadie puede tenerlo. Y todo cambió desde el día del Eclipse.
—Sí—gruñó, sin poder ocultar el tinte de celos que rugía en su interior—. Empezó a interactuar con Potter, si es así como le dicen en estos días.
—Es más que eso—susurró con temor—. Draco no amaneció en su cama el día después del Eclipse de Luna. Y si él tuvo sexo por primera vez con Potter esa noche, tengo la leve e insoportable sospecha de que está hechizado. Y si eso es cierto, podemos ya reservar asientos para su funeral.
Canción: Do I wanna know - Arctic Monkeys (dios, como AMO esa canción; recomiendo que la escuchen subtitulada, pero no es obligatorio, por supuesto)
