Hola, aqui de nuevo con otro capitulo. Ya faltan pocos para el final e intento echarle ganas para terminarlo porque aun esta en proceso. El capitulo esta algo largo por la trama. Por cierto ¿como les va pareciendo hasta ahora? ¿sera que habrá un happy ending para esos dos? Oh, esperemos que si :D.

Gracias por leerme y espero ver comentarios :)


Capitulo 7: La canción que deseo dedicar

Escondido entre las cortinas, se encontraba Francis con la mirada sobre la figura ahora difusa de Arthur. Sabía que su partida era el final de su tormento y noches de preocupación sin embargo, estaba molesto que le haya dejado solo tan temprano por la mañana.

La noche anterior luego de escuchar "sin querer" la conversación del compositor con el músico, las ganas de gritar a los cuatro vientos el amor no correspondido hacia Arthur se incrementaron de forma estratosférica. Bailar y cantar no eran nada en comparación con la gran celebración que iba a realizar una vez llegara el inglés a casa.

Luego de comprobar que el otro ya se había marchado por completo, salió de su habitación, tarareaba y daba saltos de alegría por todo el apartamento, ya no habría nada ni nadie que se interpusiera entre ellos, salvo la dudosa heterosexualidad del cejón. Tenía que dar una gran cena de celebración y quizá, un buen trago para animarse a aclarar su cobardía.

Mientras tanto, Alfred esperaba sentado sobre la banca del parque de siempre la llegada de Arthur. Hoy era el último día de trabajo para ambos, oficialmente dejarían de ser empleador y empleado y sería su última oportunidad para aclararle sus sentimientos románticos. La noche anterior, cuando recibió la llamada de Arthur, empezó a planear como confesársele y entre planes y pensamientos, terminó por no dormir.

Arthur hizo su aparición luciendo la misma ropa estilo hipster con el que lo conoció ese día en la oficina del conservatorio. Rio al recordar como se conocieron y llegaron a tal situación, más rápidamente regresó a su rostro tenso al ver como el otro sacaba la letra ya finalizada de la canción.

Sostuvo los papeles entre sus manos y miró los pentagramas. El trabajo era limpio y las armonías eran las mismas que habían ido puliendo durante las pasadas semanas. Suspiró de forma ininterpretable, no sabía si estar feliz de tenerlas al fin o triste de saber que no tendría mas excusas para estar al lado de su persona especial.

Sacó la guitarra de su estuche y la afinó de forma pausada mientras Arthur tomaba asiento a su costado y sostenía las partituras. Empezó a tocar la canción que meses atrás había compuesto y recordó a la persona a quien tenia pensado dedicársela. Y mientras Alfred se transportaba a sus recuerdos, Arthur se sumergía en los propios.

La melodía terminó y el adiós estaba a la vuelta de la esquina. Alfred respiró hondo, el sentimiento de la canción le sacaron lagrimas e invocaron a los moquillos –muy hermosa– se dijo sonriendo –sabía que eras el indicado para el trabajo– agregó para posteriormente girarse hacia su acompañante. Lo miró de forma intensa a pesar que sus ojos amenazaban con acuarse aun más y sonrió de forma un tanto forzada.

Kirkland recibió gustoso el cumplido y correspondió de manera tímida la sonrisa del otro. Estiró su mano hacia Alfred en un intento de entregarle la carpeta donde venían las partituras y este a su vez tomó su mano de forma delicada, entrelazando sus dedos en el acto. Habiéndolo agarrando con la guardia baja, el inglés miró a los ojos al músico, transmitiéndole su duda a través de estos, él solo sonrió de forma cálida.

–Todo este tiempo te he querido– expresó el de gafas mas luego al ver la duda en reflejada en el rostro del otro, agitó su cabeza –te quiero de forma romántica– aclaró y Arthur de inmediato apartó su mano, el rechazo era inminente.

El inglés se mantuvo calmado ante la declaración de Alfred mas no fue inevitable apartarse un poco de él. Por un momento se sintió usado, quizá y la canción solo fue una excusa para estar a su lado y de forma inconsciente, arrugó el entre cejo.

– ¡Hey, vamos, no te enojes! No pienses que te usé porque no lo hice– juró Alfred con una sonrisa algo forzada –realmente quería esa canción, es una dedicatoria de mi para mi hermano menor–

Kirkland levantó la mirada, sabía que esa canción era para el hermano de éste mas pocas veces escuchó hablar de él – ¿me escogiste a mi porque era el indicado para escribirla o solo porque te gusté?

El músico ladeó su cabeza –porque eras el indicado para escribirla– respondió –en mi interior algo me dijo que tu podías escribir algo que pudiera dedicarle a alguien tan especial para mi , y en el proceso terminaste convirtiéndote en alguien igual de especial que él.

Guardaron silencio durante un largo rato. Arthur asimilaba la respuesta de Alfred y entendía todas aquellas atenciones e invitaciones, luego comprendió que quizá y su naturaleza distraída permitió que los sentimientos del músico afloraran en vez de marchitarse.

Temiendo que el inglés se fuera, decidió sincerarse –hace un par de años, mi hermano y yo tuvimos una relación prohibida. Nuestros padres lo descubrieron y decidieron separarnos.

Arthur quien se había mantenido a la distancia, dedico una mirada de lastima sobre la figura encorvada del otro.

–Cuando nos separaron, Mattie sufrió mucho y siempre me culpe por eso. Siempre me digo que quizá si hubiese sido mas valiente y determinado para detener lo que pasaba, las cosas no serian como son– guardó silencio y se mordió los labios, sus manos temblaban, era la primera vez que expresaba lo que sentía sobre aquel incidente triste –hace poco nuestros padres murieron y al ser mayor de edad, puedo pedir la custodia de el en los meses que faltan para que cumpla también la mayoría de edad. Mientras estaban en proceso los papeleos necesarios, se me ocurrió que cuando nos volviéramos a ver, le dedicaría una canción que lo alegrara, que lo sacara de ese estado deprimente y te vi, ese día que fui a buscar un compositor, te vi discutiendo con el director del departamento y en mi interior el mismo sentimiento que sentía cuando estaba junto a él brotó… ahí supe que tú podrías ser capaz de crear una canción para mi hermano.

–No digas mas– cortó Arthur, no quería escuchar más y no porque estuviera molesto sino porque sabía que lo que Alfred le contaba era algo serio y sin mentiras –tus motivos son nobles Alfred, pero no puedo aceptar tus sentimientos– dijo mientras tomaba la mano del otro.

Alfred miró a los ojos al otro y entendió lo que decía, había sido rechazado –no te preocupes, lo entiendo y aprecio que no jugaras con mis sentimientos ni me humillaras– dijo de corazón.

Ambos se sonrieron, el trabajo así como los lazos que los ataban se habían terminado –ven, te invito una última comida– propuso Arthur en un intento de mejorar el ambiente pesado que se había formado.

Alfred rio –te saldrá caro– advirtió mientras reía de forma estruendosa. Ahora ambos intentarían hacer un borrón y cuenta nueva.

Mientras tanto, en el apartamento, Francis terminaba de dar los toques a la maravillosa comida que daría en honor a Arthur. Se encontraba colocando los cubiertos cuando su teléfono sonó. Lo contestó algo molesto, no quería saber nada del trabajo ahora que estaba concentrado en la celebración que daría – ¿Aló?

–Buenas tardes, hablamos de editorial H. ¿Es usted Francis Bonnefoy?

A Francis le extrañó recibir llamada de una editorial que no era la de costumbre y aunque dudoso, aceptó ser la persona que buscaban.

–La editorial H esta interesada en que usted se una a nuestro equipo de escritores. Estamos dispuestos a ofrecerle varias facilidades. Si esta interesado, le esperamos hoy en nuestras oficinas a partir de las cinco.

Curioso de la oferta, Francis aceptó la cita, olvidándose por completo de la cena. Corrió a su habitación y se puso sus mejores ropas –espero no tardar demasiado– se dijo para si mientras cerraba la puerta del apartamento.

Entrada la noche, con un par de copas encima, Arthur llegó al hogar. En su mano colgaban los lentes sin aumento que había usado en todo el día y en la otra las llaves del hogar –estoy en casa– dijo mas nadie le recibió, a lo mejor Francis ya había vuelto a las andadas –Francis es una rana estúpida– dijo alto y fuerte con la esperanza de verlo salir de su habitación con el ceño fruncido mas tampoco apareció.

Caminó hacia la cocina y en el trayecto se topó con la mesa decorada de forma elegante – ¿una cena?– dijo extrañado, no había nada que celebrar, solo el hecho que había hecho trizas el corazón de un pobre homosexual –celebrar eso es cruel incluso para mi– se dijo y luego se dejó caer sobre una de las sillas vacías, posteriormente tomó una copa vacía y la alzó –salud, por la soledad que siento en este momento– dijo y fingió beber el liquido invisible de esta.

Miró a su compañero imaginario y sonrió de forma amarga –rechace tan fácilmente a Alfred que me asusta. ¿Por qué no fue así con Francis?

El sonido de la puerta al abrirse lo sacó de su reflexión y tras esta, la figura de Francis se asomó. Siempre era un deleite verlo luciendo trajes de diseñador, por mas mal que le cayera ese francés, aceptaba que esos trajes parecían haber sido hechos para él.

–Hola– se dijeron entre si. Francis tomó asiento frente a él, su semblante mostraba que estaba perturbado por algo. Arthur quiso preguntar mas se mordió la lengua, incluso la tenía cosas que no deseaba contar ahora.

– ¿Cenamos?– incitó al recién llegado y aunque pensó ser correspondido con una sonrisa presumida, esta no llegó, en cambio, unos ojos vidriosos lo recibieron.

Trató de ignorar aquello y evitó darle importancia al asunto. Se levantó de la silla y fue en busca de la cena que seguramente estaba fría. Cuando iba de regreso, encontró a Francis de pie y con una foto de sus días de escuela entre sus manos –Arthur…

El oji verde asintió al llamado del otro y se acercó – ¿si, Francis?

–Una prestigiosa editorial quiere contratarme… ellos desean que me mude a la capital.

Arthur sintió un latigazo de vértigo brotar desde la boca del estomago y propagarse por todo su cuerpo. De repente sintió el aire frio a su alrededor y aunque Francis no dijo que había aceptado, sintió un enorme sentimiento de lejanía.

Apoyarlo o no apoyarlo en la decisión, he ahí el dilema.