Capítulo 3:

"Él confía en mí."

Se acercaban los días de entrenamiento, en donde veríamos en que éramos buenos y en que debíamos practicar. Esperaba tener algo que me sirviese para los Juegos. ¿En que podría destacarme?

-Prueba con los cuchillos.-me aconsejó papá mientras nos acompañaba al ascensor.- Tú madre era buena con el arco, también deberías intentar con eso.- dudaba que yo pusiese usar una arco o un cuchillo.

Al llegar nos explicaron cuales iban a ser los riesgos más peligrosos que podría llegar atentar contra nuestra vida: infecciones, falta de alimento, deshidratación, Mutos. La verdad es que les temía más a las bestias creadas por el Capitolio, que a un simple corte.

Luego de que nos dejaran probar las cosas, me acerqué a la mesa de los cuchillos. Miré para todos lados para asegurarme que nadie estuviese viendo mi ridícula actuación. Tomé uno de los que estaban sobre la bandeja y comencé a calcular la distancia del muñeco y la mía.

-Tienes que relajar la mano cuando vas a lanzar.-susurró una voz en mi oído.- Déjame mostrarte.-la mano de Klaus tomó la mía, mientras su pecho se pegaba más a mi espalda.-Pon floja la muñeca.-ordenó, produciendo un extraño cosquilleo en mi cuerpo. Dejé que mi mano siguiese la de él hasta el centro del muñeco.-No estuvo mal.-comentó sin despegarse de mí.-Pero deberías practicar.-se separó y se alejó como si nada hubiese ocurrido.

Luego de esa escena, me atreví a probar más cosas. Fui a la sección de fogatas, a la de camuflajes, a la de reconocimiento de plantas comestibles, trepe la red que colgaba del techo, aprendí alguna que otra trampa y por último, volví con los cuchillos.

Para cuando quise darme cuenta… ¡llego la noche! Al volver al departamento, tomé un baño para despejarme y salí al comedor para cenar con los demás. Al ingresar Klaus y papá estaban hablando sobre las clases de hoy. Él hacía alarde sobre sus técnicas y sus movimientos con los cuchillos. Rodé los ojos y me senté frente a Effie.

-Veo que han avanzado mucho en un solo día.-comentó papá mientras un avox llenaba su copa de vino.- Espero que mañana sigan así.-asentimos mientras traían los platos con la cena.

Durante unos largos veinte minutos, no hice otra cosa que no fuese jugar con mi comida. No tenía ganas de estar ahí, quería ir a la azotea. Los únicos que hablaban eran papá y Klaus, Effie de vez en cuanto acotaba algo, pero permanecía en silencio como yo.

-Terminé.-dije dejando los cubiertos sobre la mesa y poniéndome de pie.- Vuelvo en un rato.-sin esperar a que papá asintiese o me diese su permiso, salí.

No me importó tomar el ascensor, subí tranquilamente las escaleras que me llevaban al techo. Cuando sentí la brisa nocturna sobre mi rostro, fue cuando realmente me sentí en paz. Me volví a ubicar en el lugar donde había estado con Finnick la noche anterior y ahí me quedé durante un largo rato, en silencio.

-¿Un azucarillo?-sonreí de lado y voltee para verlo detrás de mí con una gran sonrisa en el rostro.

-¿Sigues con eso?-pregunté tomando uno de los que me ofrecía.

-Bueno, nada mejor que un poco de azúcar para levantar el ánimo, ¿no crees?-me encogí de hombros, saboreando el dulce en mi boca.- ¿Cómo te ha ido en la primera sesión de entrenamientos?-

-No voy a decir que mal…pero regular.-respondí.-Hoy aprendí a lanzar cuchillos.-

-Deberías aprender a usar el tridente.-murmuró tomando otro cubo de azúcar.

-¿A ti te dieron uno, verdad?-asintió pasándome uno a mí.- Ese fue el regalo más caro que un patrocinador pudo haberle hecho a un tributo.-

-Sí, lo sé.-respondió como si fuese lo más natural.- Fui el más querido por todos.-

-Corrección, ERES el más querido por todos.-aclaré.

-No te pongas celosa.-bromeo.-Sé que ganaras y llegaras a ser como yo…bueno, no exactamente como yo.-

-¿Tu confías en mí?-él asintió verdaderamente decidido.

-Se supone que no debo decir esto pero, eres mucho mejor que mis propios tributos.-reí por lo bajo, mientras Finnick se quedaba mirándome.

-¿Qué?-inquirí luego de reincorporarme.- ¿Te gusto que me miras tanto?-

-¿Sabes? Eso no funciona conmigo.-repuso elevando la mirada al cielo.-Aparte eres…-no terminó, solo se quedó en silencio, mirándome.

-¿Soy qué?-pregunté enarcando una ceja.

-Nada, olvídalo.-intentó irse pero lo tomé del brazo, haciendo que retrocediese y quedase frente a mí, mientras yo estaba presa entre la pared y su cuerpo.

-¿Qué iba a decir?-insistí.-Quiero que termines la frase.-pedí, mirando sus ojos.

-No es nada, enserio.-habré hecho alguna mueca porque una gran, amplia y hermosa sonrisa se dibujó en su rostro.- ¿De en verdad quieres saber qué es lo que iba a decir?-asentí.

-Lo quiero saber.-me pidió que cerrase los ojos, mientras se iba acercando a mí oído.

-Eres linda, Madi.-

*.*.*

-¡Excelente tiro!-exclamó uno de los entrenadores, sacando una flecha que estaba incrustada en la cabeza de uno de los muñecos.- ¡Excelente, sigue así!-volví a colocarme en posición con el arco ya preparado para lanzar. Solté un leve suspiro conteniendo la cantidad necesaria de aire. Lancé una segunda flecha que quedó justo al lado de la primera. Cuando estaba cargando la tercera, una extraña presencia, se colocó detrás de mí haciéndome fallar.

-Nada mal.-

-¿Qué quieres, Klaus?-pregunté casi al borde de perder la paciencia.

-Solo quería probar con algo que no sean cuchillos.-respondió mirando con atención una flecha.- Sigue, haz como que yo no estoy aquí.-intenté ponerme nuevamente en posición levantando el arco. Por alguna razón me temblaban las manos haciendo que sea más complicado ubicar un objetivo.-Estás en mala posición.-me susurró al oído, colocando sus manos sobre mi cadera.-Debes tenerla un poco más inclinada hacía el costado. Dispara.-sentí sus labios sobre mi oído.-Hazlo.-sin pensarlo lancé la flecha que se incrusto perfectamente en el blanco.-Nada mal.-sonrió altaneramente y comenzó a alejarse.

Luego de varias sesiones, llegó el día en que debíamos presentarnos antes los Vigilantes, había pasado muy rápido el tiempo. En los días de entrenamiento había avanzado mucho con los cuchillos, un poco con las lanzas, pero me sabía manejar perfectamente con el arco. Tuve que esperar en el comedor junto a Klaus y los demás tributos para ser llamada. Como siempre, empezaron con el del uno.

Fueron largos los minutos en los que tuvimos que esperar. Me mordí las uñas por casi media hora. Tenía miedo de no poder hacer nada cuando estuviese frente a los Vigilantes. Después de otros quince minutos, dijeron mi nombre. Por suerte era la última. Tenía más miedo que antes y casi que se podría decir que me había agarrado pánico escénico.

Los Vigilantes estaban en un salón sobre la sala de entrenamiento. En ese lugar se podía oler el aroma a comida que servían los avox. El ambiente se llenó de risas que eran provocadas por el vino. Me paré frente a ellos haciendo una breve reverencia para luego presentarme. Miré lo que habían puesto a mí disposición. Hachas, flechas, lanzas, tridentes y demás. Me acerqué a lo que sabía que podría usar con mucha más seguridad: el arco, pero decidí dejarlo para el final como broche de oro. Había aprendido a utilizar hachas, así que empezaría por ellas.

Le arranqué las cabezas a todos los muñecos de cortes limpios y rápidos. Los cuchillos daban en el blanco y solo el último había fallado. No me tenía confianza con las lanzas, pero de todas maneras logré manipularlas. Algunos de los Vigilantes, sonreía o exclamaban cosas. Ya era tiempo de mostrarles en lo que en verdad era buena.

Tomé el arco y coloqué una flecha en la cuerda, para luego tensarla y llevarla a mi mejilla. Respiré profundo y cerré los ojos, deslizando mis dedos. Escuché el sonido que hizo la flecha al impactar directo al pecho del muñeco, con tanta precisión que hizo que se cayese de espalda.

El tiempo se había acabado. Dejé el arco sobre la estantería de metal e hice una reverencia a modo de despedida.

Salí casi corriendo del salón de entrenamiento. Afuera me esperaba papá, que al verme abrió los brazos, permitiéndome que lo abrazase.

-Ya pasó, Madi, ya paso.-aún me temblaban las manos y me sudaba la frente, pero ya estaba mejor al saber que al menos una parte, ya había pasado.-Te esperó en nuestro departamento.-me susurró al ver que se acercaba Finnick. Asentí mientras él tomaba el ascensor y se iba.

-¿Cómo te fue?-preguntó. Solo atine a encogerme de hombros.

-Si me hubiese ido mal, no estaría sonriendo en este momento.-

-Cierto.-los dos nos acercamos al ascensor y él tocó el botón para que se abriese. Nos mantuvimos en silencio mientras viajábamos. Finnick me miraba de reojo, pero no me decía nada. Yo por otro lado jugaba con mis manos nerviosamente mirando como subían los pisos.-Bueno, este es mi piso.-habló finalmente antes de que se abriesen las puertas.-Nos vemos…otro día.-asentí mientras llegábamos al cuarto piso.

-¡Miren!-exclamó una voz cuando se abrió la puerta.- ¡Es Finnick Odiar!-

-¡Y no viene solo!-gritó otra. Sentí una potente luz lastimar mis ojos. Esas luces se veían por todas partes.

-Déjenme pasar.-pidió Finn, mientras se apresuraba a apretar el botón del piso 12.

Apenas llegué corrí directamente a mi habitación. Cerré la puerta de un golpe seco y comencé a dar vueltas por todo el cuarto. Me miré al espejo y estaba completamente sonrojada y tenía mucho calor. Me hice sonar las articulaciones de los dedos de lo nerviosa que estaba. Pero, ¿por qué me ponía nerviosa? ¿Acaso me gustaba Finnick como para ponerme de esta manera?

-¿Madi?-di un salto al ver a papá en la puerta.- ¿Estás bien?-asentí varias veces, deliberando si era cierto o no.- Hey, ¿me estás escuchando?-sentí unas palmaditas en mi mejilla y volví en mí.

-¿Qué?-él enarcó una ceja y se sentó en la cama.

-¿Segura de que estás bien?-solté un suspiro y me dejé caer a su lado.

-En verdad no lo sé.-

-¿Tiene algo que ver con Odair?-inquirió. Ladee la cabeza sin saber que contestar con franqueza.- ¿Lo es?-terminé asintiendo.- Varias veces…-

-Me dijiste que no debo encariñarme con alguien que está en el Capitolio.-terminé la frase.-Lo sé, pero… él confía en mí, él cree que voy a vivir mucho más que sus propios tributos.-

-¿Dijo eso?-

-Sí, él colocó toda su confianza en que saldré campeona.-continué apenas reincorporándome.

-¡Haymitch!-gritó Effie desde afuera.- ¡Los resultados!-ambos nos pusimos de pie y salimos tan rápido de la habitación que casi la tiramos en el camino. Apenas llegamos al comedor, Caesar Flickerman, recién iba diciendo el resultado de la chica del dos.

-¿Resultados?-preguntó papá sentándose en un sillón.

-Los dos del uno tienen un 9.-respondió Tigris.-El del dos un 8.- fueron pasando por todos los distritos. Los del cuatro tenían un seis y un cinco, de seguro no le hizo mucha gracia Finnick.

-Del distrito 12, Klaus Trelaway, obtuvo un puntaje de 9.-Effie saltó del sillón aplaudiendo y gritando loca de alegría.- Del distrito 12, Madison Abernathy, obtuvo un puntaje de…-el condenado hizo una pausa, que fue mucho más larga que el silencio que hubo cuando fui elegida en la Cosecha.- 10.-

-¡Sí!-exclamó papá, realizando la misma acción que Effie.- ¡Lo sabía!-miré de reojo a Klaus, su alegría se había desvanecido y fue reemplazada por una amarga sonrisa dirigida a mí.