Capítulo 4:
"Las revelaciones en las entrevistas"
-Te ves hermosa.-comentó Tigris, dándole los últimos retoques a mi vestido. Flavius, Venia y Octavia, hicieron un excelente trabajo con mis uñas y mi peinado. La verdad es que con solo verme una vez sola en el espejo, ni yo pude reconocerme.
-Es tu segundo mejor trabajo.-dije mirando anonadada las cuentas que adornaban el escote de mi vestido. Es casi parecido al del desfile, a diferencia que tiene la cola más larga y la falda un poco más por encima de mis muslos de color rosa pálido, llevaba unos zapatos de taco semi alto de color blancos con cuentas rosas claras. En el centro, justo a la altura de mi ombligo, hay una especie de cinturón un tanto más grueso que un cinturón normal, del mismo color y con cuentas plateadas. No tiene mangas, pero tiene un escote recto, con algunas elevaciones que realzaban mi busto, que no deja ver mucho. Flavius hizo un batido de rulos de colores, acordes al vestido. Octavia, deliño mis ojos no mucho, pero lo suficiente como para darles un toque más suave que cuando los deliño para el desfile. Venia esculpió mis uñas mágicamente dejándolas increíbles.
-Vaya.-comentó papá, apenas ingresó a mi habitación.-Perdón, señorita, pero venía a buscar a mí hija, ¿la ha visto?-sonreí mientras me acercaba a él.
-Yo que tú la vigilo más de cerca, Abernathy.-murmuró Tigris sonriendo felinamente.
-Créeme que lo hago.-acarició mi mejilla, mientras tomaba mi mano.- Ya está todo listo. ¿Vamos?-al salir al pasillo, me di cuenta de que había más puertas aparte de la que tenía el número doce. Estaban todos los distritos. Algunos ya estaban listos, esperando órdenes de sus mentores. Apreté la mano de papá, al sentirme intimidada por las miradas.-No temas.-me susurró, cuando pasamos por la puerta del 11. La estilista de ese distrito, no tenía mucha imaginación a la hora de vestir tributos o simplemente no tenía ganas de hacerlo. Me quedé mirando de reojo los demás atuendos, algunos eran lindos, pero el resto eran desperdicios de tela. No aparté la vista hasta que papá se detuvo.-Oh, Finnick.-habló.
-Haymitch.-volví la vista al frente encontrándome con esa radiante sonrisa que solo él tenía. No sé si se habrá notado, pero me quedé mirándolo más de lo normal.- Que…linda estás, Madi.-miró varias veces a papá, pero él solo soltó un gruñido.
-¿Podrías acompañar a mi hija abajo, Odair?-pidió con voz gruesa.- Debo asegurarme de que Klaus, esté listo.-Finnick asintió gustoso de acompañarme.- No toques demás.-
-¡Papá!-exclamé, golpeándole suavemente el brazo. Él sonrió y se alejó. Ambos quedamos en silencio, yo revoleaba los ojos tratando de mirar para otro lado, mientras que él no perdía ningún detalle de mí.
-¿Vamos?-habló finalmente. Asentí reiteradas veces mientras nos encaminábamos hacia el ascensor. Este tardo más o menos un minuto en subir, pero fue un largo minuto.
-Gracias.-susurré cuando él me permitió ingresar. Mientras bajamos, se produjo un incómodo silencio. Finnick tarareaba una canción mientras se movía hacia adelante hacia atrás, haciendo oscilar las solapas de su traje. Me mordí el labio al ver lo…lindo que estaba vestido. Sus ojos, tenían un brillo especial esta noche, haciendo que el verde agua sea más intenso.
-Ese vestido te hace ver como toda una señorita.-comentó luego de unos segundos. Sonreí mientras observaba mi vestido. Levanté la cabeza para darme cuenta de que era mucho más alto que yo, y que apenas le llegaba hasta por debajo del hombro.
-Gracias, tú también estás hecho un caballero.-
-Lo sabía.-soltó una risa socarrona, mientras se le marcaban unos tiernos hoyuelos en las mejillas.
-Cada vez falta menos para que empiecen los Juegos.-no sé ni porqué dije eso, pero la verdad es que quería que se extendiese un poco más el tiempo y que no lleguen.-Eso significa estar sola, no confiar en nadie, tratar de sobrevivir con una soga…-
-Hey, hey.-me detuvo colocando sus manos sobre mis hombros.-Primero, no estarás sola. Aun desde la distancia, estaré dándote apoyo.-levantó mi mentón haciendo que mis ojos se fundieran con los de él.-Jamás estarás sola.-sonreí ampliamente, cerrando los ojos dejando que su pulgar acariciase mi mejilla. No me di cuenta de que él comenzaba a acercar su rostro al mío, pero se detuvo cuando estuvo a pocos milímetros.
-¡Finnick Odair!-exclamó una voz chillona, soltando un gran flash que casi nos deja ciegos a ambos.
-¡Tiene novia! ¡Tiene novia!-coreaban otras voces.
-Ven.-Finnick, me tomó de la mano y me sacó del ascensor. Los dos comenzamos a correr por los pasillos de la planta baja. El ambiente estaba inundado de nuestras risas. Cuando los perdimos de vista, nos detuvimos cerca de una esquina. Yo no paraba de reír, al punto de casi perder el equilibrio con los tacos y caer al suelo, de no haber sido porque las manos de Finnick se agarraron de mi cintura, haciendo que su rostro quedase a un palmo del mío. Dejé de reír al ver que mi aliento se mezclaba con el suyo, que olía a las galletas saladas del distrito 4.
-Qué maravilloso es el amor.-habló una voz detrás de nosotros. Él me ayudo a reincorporarme y casi se me para el corazón al ver que el mismísimo presidente Snow, estaba frente a nosotros. Me estremecí al ver que entre sus manos había una rosa más blanca que la nieve.- Lastima que tendrá que desvanecerse para mañana en la mañana. Todos sabemos cuál es el destino y el final de un tributo, ¿verdad?-bajó la vista meciendo la rosa.- Pero, siempre está la posibilidad que dentro 24 personas, una salga con vida.-volví a estremecerme, pero no deje que se note.- Además, a la gente le rompería el corazón que se destruya tan bella pareja.-estiró su mano y acarició mi mejilla.-Bueno, no los molesto más. Con su permiso, debo retirarme.-la verdad es que me sentí demasiado contenta cuando comenzó a alejarse, pero se detuvo y volteo.-El show dará comienzos en unos momentos, señorita Abernathy.-sacudió la rosa una vez más y se fue.
La sensación del pánico y el miedo, me lleno apenas dobló la esquina. Miré a Finnick, que tenía el rostro crispado y los labios apretados. Apreté su mano, intentando sonreí, pero solo logré hacer una mueca espantosa, que al menos le hizo aparecer una sonrisa.
-¿Estás bien?-pregunté. Él asintió, mientras me abrazaba. Me aferré a él, como si mi vida dependiese de eso.
*.*.*
-En el desfile, la hemos visto brillar literalmente con ese vestido, que madre mía, nos ha dejado a todos sin palabras.-la gente comenzó a levantar las manos y exclamando cosas.- Nos hemos entristecidos al saber que ella fue hija de una tributo que, desgraciadamente, murió en la arena, dejando a una familia desbastada. ¡Hoy tiene 16 años y siguiendo los pasos de sus padres, se enfrentara a los peligros de los Juegos del Hambre! ¡Damas y caballeros! ¡Madison Abernathy!-la gente rompió en aplausos, cuando me vieron subir al escenario.- ¡Vaya, niña, estás bellísima está noche!-
-Gracias.-respondí con una sonrisa, mientras Caesar, me tomaba la mano y me acompañaba hasta la silla que estaba junto a la de él.
-Déjenme decirles, que conozco a esta chica desde que tengo uso de memoria.-comentó, dirigiéndose al público.- Era tan solo una niña que no le llegaba ni a la cintura a una persona de estatura promedio, siempre luciendo un moño rojo en esta hermosa y larga cabellera.-
-Ya basta.-murmuré, dándole un suave golpe en la rodilla.-Me sonrojo.-la gente rió, moviendo todas esas pelucas raras.
-Madi, aquí llega el momento que yo estaba tratando de evitar.-hizo un leve silencio, tomando mi mano.- ¿Qué se siente ingresar a la Arena, sabiendo que tu padre verá todo?-me humedecí los labios con la lengua mientras trataba de armar una frase.
-Para empezar, nada de esto es fácil para mí.-hablé carraspeando varias veces.- Sé que no será sencillo para él, pero es algo que debo hacer.-hice una pausa.- Aparte, creo que mi papá se sentirá orgulloso de saber, que al menos lo intente.-la gente, especialmente las mujeres, soltaron una especie de sollozos.
-Eres muy valiente y sé que lograras salir.-palmeo mi mano y rápidamente cambió su expresión por una más alegre.- Dime, Madi. Se han corrido rumores de que entre tú y el ex campeón, Finnick Odair, están en… algo. ¿Es eso cierto?-boquee un par de veces sin saber que decir.
-Si te digo algo ahora, tal vez te mienta, Caesar.-repuse sonriendo.- Solo puedo aclarar que somos buenos amigos.-miró hacia el costado del escenario y distinguí la sonrisa de Finnick, que luego me regaló un guiño.
-La verdad es que apuesto por ustedes dos.-abrí los ojos, dejando de ver hacia mi costado.-Tengo ese presentimiento.-se quedó observándome un momento.- ¿Quién es tu estilista?-preguntó.
-Tigris.-murmuré.
-Vaya, que tiene estilo.-se puso de pie mientras me extendía la mano.-Vamos, linda, ponte de pie y deja que todos observen tu belleza.-acepté aunque un poco indecisa, mientras él me hacía dar una vuelta, que hizo que los flecos de la cola del vestido envolviesen mis piernas como si fueran dos cosas delicadas. La gente estalló en ovaciones, parándose y aplaudiendo.- ¡Damas y caballeros, Madison Abernathy!-
Luego de haber bajado del escenario, me reuní con papá, que me abrazó fuerte acariciado mi espalda. Me aferré a él, como si no quisiera soltarlo nunca, pero tuve que hacerlo, el olor a alcohol casi me mata.
-Estuviste esplendida.-comentó Effie, pasando un brazo por mis hombros.- Esplendida.
-¡Damas y caballeros, Klaus Trelaway!- dijo Caesar mientras señalaba uno de los costados del escenario.- Que placer conocerte finalmente, hijo.-
-Lo mismo digo.-Klaus llevaba un traje perfectamente liso, de color negro que hacía resaltar sus ojos azules.
-Cuéntame, ¿hay algo que te haya impresionado del Capitolio?-preguntó Caesar mientras ambos se sentaban.
-La verdad no me imagine cuan bello podía ser el mundo, si uno sale del Distrito.- ¡Que fabulador!- Las construcciones y la gente, son maravillosa.-
-Y ya que hablamos de tu distrito.-inquirió Caesar.- ¿Hay alguna chica que ande rondando cerca de ti?-Klaus sonrió levemente.
-No voy a andar con rodeos.-murmuró con voz casual.-Sí, sí hay una chica que hace tiempo me tiene loco. Que cada vez que la miró no puedo creer que sea tan…perfecta.-
-Madi, será mejor que vayas subiendo.-habló papá intentando apartarme del televisor. Saqué su mano y seguí con la mirada fija en la pantalla.
-Me parece que alguien está enamorado.-la gente exigía que se revelase su nombre.- ¿Se puede saber quién es?-
-Madison Abernathy.-
*.*.*.*
¡Hola!
Gracias a todas las chicas que comentan. En mi perfil se encuentra la foto del vestido de Madi, por si quieren verlo.
