Capítulo 7:

"17"

Con la llegada del amanecer, el clima se tornó un poco más frío de lo normal. En la noche había caído un poco de agua, por lo que tuvimos que armar la tienda de campaña y refugiarnos en ella. Klaus ha estado despierto desde la media noche y sé que debe de estar cansado y con más frío.

-Buenos días.-saludó, ingresando en la tienda, acostándose a mí lado.- ¿Cómo has amanecido?- me levanté apenas, soltando un bostezó y fregándome un ojo.

-Con frío.-respondí tiritando apenas un poco. Él paso sus manos por mis mejillas y luego las retiro.

-¿Quieres quedarte mientras yo voy a revisar?-preguntó acercando su rostro al mío.

-No, no hace falta.-murmuré.- Voy a levantarme.-apenas asomé la cabeza por la entrada de la tienda, sentí el aire frío calando mis mejillas.- Es un lástima que no tengamos más ropa.-comenté, poniéndome las botas.

-Tal vez haya en algunas mochilas.-me encogí de hombros, colocándome la chaqueta. Ambos salimos, teniendo cuidado de no pisar las resbaladizas ramas.-Ten cuidado al bajar.-me aconsejó, cuando estaba tratando de mantener el equilibrio en una de las escarchadas ramas.

Cuando por fin tocamos tierra, nos dimos cuenta de que era más blanda que ayer. Bajo la suela de nuestras botas, había una gran cantidad de nieve.

-Vaya.-comenté.- Al parecer les gusta jugar con el clima.- Klaus sonrió apenas un poco e intentó moverse para poder avanzar.

-¿Qué vamos a buscar primero?-preguntó, tomando mi mano para que pudiese salir de ese montículo de tierra.

-No lo sé.-hice un pausa para sacar mis botas.- Tal vez deberíamos ver si el lago está congelado o no.-

Volvimos a recorrer los mismos dos kilómetros de ayer, ayudándonos mutuamente. Klaus se mantenía serio y alerta ante cualquier ruido.

-Ahí está el lago.-habló luego de unos minutos.- Tu ve a buscar agua mientras que yo iré a ver si encuentro algo que podamos comer. Estoy harto de las arvejas enlatadas.-reí un poco tomando mi cantimplora. Para nuestra suerte, el agua estaba descongelada. Me arrodille en la orilla, dejando el arco a mi lado, pero teniendo un cuchillo en mi cintura. Me mantuve alerta mientras llenaba la cantimplora. No había visto en qué dirección se había ido Klaus, pero sabía que él iba a estar bien. Antes de levantarme, miré para todos lados. Tomé el arco y el carcaj, retomando mis pasos hacia el último lugar donde había estado con mi compañero. Avanzaba con la cabeza baja, pero la levanté rápidamente al escuchar un cañonazo.

-¡Klaus!-grité echando a correr. Se me iba formando un nudo en el pecho al no encontrarlo por ninguna parte.- ¡Klaus!-detrás de una mata de hojas, salió. Tenía el rostro crispado, como si estuviese asustado.- ¿Estás bien?-asintió varias veces. Solté un suspiro de alivio y lo abracé.-Me asustaste.-

-Perdón, perdón.-rodeo mi espalda con sus manos, pegándome un poco a él.- Estoy bien, estoy bien.-

-¿Qué pasó?-pregunté, sin separarme.- Escuché un cañonazo.-

-Sí…-titubeo.- Creo que hice una masacre.-la última palabra se vio ahogada por una serie de cañonazos.

-¿Qué es eso?-él tomó mi mano, tirando de ella.

-Ya te lo voy a explicar cuando estemos a salvo.-me dejé guiar hasta nuestro campamento. Nuevamente se ofreció para vigilar mientras yo subía.- Al parecer estamos solos.-comentó, cuando cerró apenas la puerta de la tienda.

-¿Qué pasó?-

-Bien.-se pasó las manos por el rostro y soltó un suspiro.- Cuando te deje en el río, encontré unos arbustos que tenían unas bayas de color morado tirando a negro. Junte varias de ellas, pero aparecieron algunas complicaciones.-me enseño el corte que tenía en una de sus manos y por debajo del labio.-Aparecieron un grupo de tributos, no sé de qué distritos, pero andaban en busca de comida, por lo que me sacaron todas las bayas y…-

-¿Y?-

-Se murieron.-me lleve las manos a la boca, mientras él sacaba una de esas bayas. La tome y comencé a revisarla.

-Menos mal que no se te ocurrió la idiotez de comértelas.- murmuré, lanzándola fuera de la tienda.- También hay en el 12, son Jaulas de Noche. Pueden aparentar ser inofensivas pero son mortalmente venenosas.-Klaus se recostó sobre el saco de dormir, colocando sus manos debajo de su cabeza. Me acerqué a su mochila y saqué la pomada que había usado ayer conmigo. Unté dos de mis dedos, pasándola suavemente por su mano. Sentía su mirada sobre mí, en cualquier otro momento habría sido incomoda, pero está vez era cómoda. Tomé su mentón para también curar la herida que tenía debajo del labio.

-Puedo hacerlo yo mismo.-murmuró, intentando levantarse. Lo empujé por los hombros para que se volviese a acostar. Guardé el potecito y me acomodé a su lado. Él pasó sus manos por mi cintura, acercándose más a mí.-No hace falta que hagas todo esto por mí.-susurró.

-Es lo que tú harías si fuese yo.-lo miré a los ojos, distinguiendo ese típico brillo que poseían.- ¿Verdad?-

-Claro.-respondió seguro.- Por ti haría cualquier cosa, Mad.-comenzó a acercarse cada vez más, hasta que sus labios rozaron los mío. Una parte de mí, quería hacerlo, pero la otra me recordaba de que del otro lado, Finnick estaría mirando y no sería justo para él.- ¿Qué ocurre?-me preguntó, cuando corrí la cabeza.- ¿Es Odair, cierto?-soltó un bufido y se puso boca arriba.-Lo sabía, tu silencio lo dice todo.- salí de la tienda, ubicándome en el pequeño espacio que quedaba de rama. Me senté con el arco entras las piernas y la mirada perdida en la nada.

Si Haymitch estuviese aquí, me hubiera regañado por no haber seguido el plan que habíamos preparado una noche antes de ingresar en la Arena. No es que me haya olvidado, si no que por una extraña razón, sentía que estaba engañando a Finnick. Miré el interior de la tienda, Klaus estaba mirando fijamente el techo en la misma posición de antes. Tenía ganas de entrar y quedarme con él, pero tenía algo llamado orgullo y no iba a ceder. Me acomodé junto al tronco y me quedé mirando como el día comenzaba a dar paso a la noche.

Del cielo comenzaban a caer pequeños copos de nieve, que se iban acumulando en mi cabeza. Estaba tiritando de frío, pero no iba a entrar, no hasta que el salga y me lo pidiese. Se me estaban empezando a entumecer los dedos y ya casi no podía moverme.

-¿Por qué no entras?-preguntó la voz de Klaus desde el interior de la carpa.-Te va hacer mal estar en el frío.-se acercó a mí, tomando mis heladas manos entre las suyas que estaban cálidas. Al principio le costó un poco ayudarme a ingresar, pero terminó lográndolo. Me recostó suavemente sobre el saco de dormir, mientras se apresuraba a cerrar la puerta de la tienda.- Te estabas congelando.-se sacó su chaqueta y me envolvió en ella, como si fuera una manta.

-No tienes que hacer esto.-dije castañeando mis dientes por el frío.

-Una por mí, una por ti.-se encargó de retirarme mi chaqueta, llena de nieve, lanzándola a otra parte de la tienda. Sentí como se me erizaban los vellos del brazo a solo quedar con la fina remera de color morada.- Vaya que estabas con frío.-se acostó a mí lado, envolviéndome con sus fuertes brazos, dándome calor. Frotó sus manos sobre mi espalda, mientras me apoyaba sobre su pecho.-Lamento lo de hace un rato, Madi.-murmuró.-No debí enojarme contigo.-besó mi frente, cuando comencé a tiritar.

*.*.*

No sé cuánto tiempo me quedé dormida, solo sabía que un delicioso aroma comenzaba a inundar el ambiente. Lentamente me fui desperezando, para luego apoyarme sobre mis codos. Klaus estaba en medio de la tienda con dos latas de comida, de las cuales salía un poco de vapor, como si las hubiera calentado.

-Hey.-saludó, sonriéndome.- Ya iba a despertarte.- comentó, bajando las latas.-

-¿Qué has hecho?-

-Bueno, afuera está haciendo demasiado frío y las latas estaban heladas.-hizo una pausa en la que aprovechó para reírse un poco.- Fui hasta la Cornucopia y distraje a los Profesionales. Cuando el lugar estuvo vació, calenté las latas.-

-¿Cómo hiciste para pasar por el pantano sin mojarte?-pregunté.

-Nena, tengo mis secretos.-me guiño un ojo, para luego pasarme una de las latas.- Hasta encontré algo que podemos comer luego de la cena.-señaló un potecito de metal que venía amarrado a un paracaídas.

-¿Es tuyo?-

-No, no es mío.-enarqué una ceja.

-¿A quién se lo sacaste?-pregunté.

-Ten.-me entregó una pequeña tarjetita que venía con el potecito.

"Sé que no es una buena forma de pasar un cumpleaños, pero es lo máximo que puedo hacer."

H.A

-¿Cumpleaños?-me llevé la mano a la frente, dándome un leve golpe.- Me olvide de mi cumpleaños.-Klaus rió un poco.

-Bueno, hoy es un día especial para ti, así lo que queda del día haré lo posible para que puedas disfrutarlo.-me acerqué a él, abrazándolo.

-Gracias.-le susurré al oído.

-Es lo menos que puedo hacer para compensar mi actitud de idiota que tuve hoy.-me separé sonriéndole.

-Ya cállate.-le espeté.- Tengo hambre.-

Ambos comimos en silencio, de vez en cuando hablábamos. Le pedí a Klaus que me contase más sobre él. Su padre era el hermano del carnicero, y había sido él quién le enseñó a utilizar los cuchillos. Su madre era costurera, pero en el último invierno enfermó gravemente y no habían conseguido a tiempo la medicina para salvarla. Éramos tan diferentes, pero a la vez tan parecidos.

-Ahora.-habló luego de dejar la lata de lado.- ¿Cómo era tu vida?-

-Es raro que preguntes eso, cuando medio Panem la conoce.-ambos reímos un poco.- Bueno, mi madre se llamaba Constance Constintong. Según lo poco me contaron, pertenecía a una familia de panaderos. Mi abuelo era el encargado del negocio, pero al morir pasó a manos de su mejor amigo, el señor Mellark. Mi abuela se encargaba del decorado de las galletas. Tenía dos tíos, pero cuando solo quedaron ellos, pidieron mudarse al 2 donde se convirtieron en Agentes de la Paz, a veces los veo en la plaza del 12, pero prefieren ignorarme.-hice una breve pausa.- Luego está papá. Él me llevó al Capitolio desde que cumplí los dos años. Siempre fui querida por los estilistas y en especial por la tía Effie…-me quedé mirando la nada, perdida en mis pensamientos.

-Mira.-habló luego de unos segundos.- Ya está comenzando a salir el sol, lo que significa que es tu cumpleaños.-sonreí un poco.- ¿17, verdad?-asentí lentamente.- Vaya, pareces apenas de 14 años.-golpee su hombro suavemente, mientras se me quedaba mirando fijamente.- Oye, yo no tenía nada para darte en este momento, pero creo que tendré que improvisar.-se acercó un poco a mí, acomodando un mechón de mi cabello detrás de mí oreja.- Cierra los ojos.-me pidió, haciendo chocar su aliento contra mis labios. Obedecí, mientras él me tomaba del mentón y tiraba de mi rostro hacia adelante. Una extraña corriente eléctrica recorrió cada fibra de mi cuerpo. Sentí como aquel beso era lento, suave, dulce y armonioso. Fue empujándome hacia atrás, hasta que mi espalda toco la tela del saco de dormir. Pasé mis manos por su cuello, atrayéndolo más, intensificando más el beso. Maliciosamente, mordió mi labio superior, mientras se separaba.- Hacía tiempo que quería hacer esto.-me paré sobre mis codos, alcanzando sus labios una vez más. Era como una droga, que mi cuerpo quería más.