Capítulo 9:
"El último canto del Ruiseñor"
-¡Klaus!-solté todas mis cosas, menos el arco, y comencé a correr en dirección al cañonazo. No me importaba tropezarme con los montículos de ramas ni de hojas, solo debía encontrarlo.- ¡Klaus!- casi estaba llegando a la Cornucopia, cuando divise el cadáver del tributo del siete, tendido en el suelo y con un chuchillo en el pecho. Sentí una especie de alegría al ver que era de él del cañonazo. Respiré profundamente, retomando mi camino. Ojala no hubiera llamado la atención de nadie con mis gritos. Me detuve un segundo. Había una gran mancha de sangre que cubría uno de los montones de hojas. Me acerqué hasta ahí y apenas empape mis dedos con ella. Estaba tibia. Miré en la dirección en la que se encontraba el cadáver y solo había huellas que venían de la Cornucopia.- ¿Klaus?-llamé casi en un susurro. Mire para todos lados, pero no había ninguna señal de alguien vivo o algo por el estilo.- ¿Estás aquí?-el sonido de un montón de arbustos moviéndose me sobresaltó. Coloqué una flecha en posición por las dudas.
-Ma…Madi…-giré violentamente, hasta dar con unos setos. Bajé el arco y me acerqué. Ahogue un grito al verlo tirado en el suelo.
-¡Oh, por Dios!-exclamé, arrodillándome junto a él.- ¿Estás bien? ¿Qué paso?-Klaus, no respondió solo me sonrió.
-¿Estás preocupada por mí?-preguntó con un tono burlón. No sonreí ni nada, solo dirigí mi mirad a su mano derecha que reposaba sobre su estómago y tenía algo que no sabía que era, debajo de su palma.
-¿Qué te paso?-
-Mad, estoy herido.-retiró su mano, dejándome ver una gran abertura de la cual emanaba sangre en grandes cantidades.
-No puede ser…-musité para mí misma, mientras levantaba su remera para ver mejor. Era muy profunda.- Vas a estar bien.-
-No me mientas.-murmuró con el semblante serio.- ¿Crees que no me di cuenta de que es la herida más grave que me han hecho hasta ahora?- miré a mi alrededor tratando de encontrar algo con que curarlo, pero no había nada. No muy lejos de nosotros, se hallaba algo largo y de un plateado brillante. Era la lanza del chico del siete.- ¿Se puede hacer algo?-no iba a negar. No me iba a dar por vencida, iba a ayudarlo.
-Ahora vuelo.-me puse de pie y salí corriendo para buscar mi mochila. Aun me quedaban gasas, tal vez lograría salvarlo si detenía le hemorragia.
Mientras corría, no había medido la distancia que había hecho antes. Me apresuré a recorrer lo que me faltaba hasta que llegue. Cuando me agache para tomar la mochila, pude distinguir el inconfundible olor a rosas que emanaban los lagartos. Me colgué la mochila al hombro, mientras me ponía en posición para soltar una flecha en cualquier momento. Traté de no hacer ruido mientras avanzaba hacia atrás, con la mirada distribuida en todos lados, para asegurarme de estar sola. Sentí ruido de hojas pisadas provenientes de la misma dirección por la que estaba comenzado a irme antes de escuchar el cañonazo.
-Hey…-susurró Klaus, al verme llegar.- Tardaste un poco.-
-Lo sé.-me arrodille frente a él. Levanté su camiseta, dejando al exterior su herida. Hice una mueca y traté de que no me viese. Me di vuelta apenas para sacar la caja de gazas. Entre medio estaba la botella de alcohol y la cantimplora de agua. Ambas estaban vacías y no tenía nada con que sacarle la mayor parte de sangre. No podía caminar los dos kilómetros, ya que perdería tiempo y serían minutos claves para él. Pero tenía otra opción. Detrás de mí se encontraba el camino que daba a la Cornucopia y a una gran fuente de agua.- Ahora vuelvo.-informé poniéndome de pie y tomando la botella.
Mientras caminaba iba pensando. Esa herida era demasiado profunda y no sé hasta qué punto habrá llegado. Por ahí es más grave de lo que yo imaginaba. Sentí una lágrima bajar por mi mejilla. No quería perderlo.
Antes de llegar al inicio de la orilla de la Cornucopia, procuré que los Profesionales no me viesen, pero para mí suerte, no se encontraban en casa. De rodillas, me fui arrastrando hasta tocar el agua. Tenía miedo de que de la nada me saltase una mutación y me atacara, pero por los largos segundos que estuve recogiendo agua, nada apareció. Me puse de pie y lentamente fui retrocediendo, hasta perderme en el bosque.
-Di que estás allí mi ruiseñor…-me volví a sentar junto a Klaus, que estaba con los ojos cerrados y entonaba una canción, que se me hacía familiar. Moje un poco de la gaza en la boca de la botella y comencé a pasarla por la herida. De vez en cuando él soltaba algún que otro gemido de dolor, pero se mantenía en silencio. Me comencé a preocupar, cuando comenzaba a salir más sangre en vez de detenerse. Sabía que por más que yo pasase una y otra vez la gaza, la sangre seguiría saliendo.-Madi…-
-¡No!-gruñí, reusándome a abandonarlo.
-Mad.-me tomó de las manos, deteniéndome.- Sabes que ya nada se puede hacer.-
-Eso dices tú.-bramé.- Yo no voy a dejarte morir aquí.-me sobe la nariz y me limpie las lágrimas que bajaban.- Haré todo lo que esté a mí alcance por ti.-
-¿Estarías dispuesta a cantarme?-
-¿Qué?-pregunté con la voz acongojada por las lágrimas.
-Sí, quiero que me cantes una canción.-una sonrisa apareció en su rostro, como si estuviese recordando algo.-Cuando tenías once años, te escuché entonar una melodía…-hizo una pausa, donde tragó con bastante dificultad.- Hablaba sobre un pájaro…-
-¿Un Ruiseñor?-asintió lentamente.
-Desde que te escuche cantarla, me enamoré de tu voz.-abrió los ojos. Apoyé mi mano sobre su frente pero la retiré al ver que estaba frío como el hielo.- ¿Po…podrías…cantármela de nuevo?-moví la cabeza en señal de que lo haría, mientras me volvía a sobar la nariz. Me acosté a su lado, apoyando mi cabeza en su pecho, mientras trataba de no tocar la herida.
-Esta noche no podré dormir, estoy desvelada y muy confundida.-la voz no me salió como yo esperaba, sino que me salió toda quebrada y llena de lágrimas.-Todo está en juego, pero estoy abrumada. Necesito una voz en eco, necesito una luz que me lleve a casa. Necesito un héroe, ¿cierto? Nunca puedo ver el bosque por los árboles, me vendría bien tu melodía. Bebé, soy un poco ciega, creo que ya es momento de que me encuentres.-me llevé la mano a la boca, reprimiendo un sollozo.
-Sigue cantando.-me pidió casi en un susurro.
-¿Puedes ser mi ruiseñor? Cántame sé que estás allí. Podrías sanarme, pero cántame por favor mándame a dormir. Di que estás allí mi ruiseñor.- no sé de donde saqué el coraje para cantar el estribillo, ni sé cómo hice para controlar mi voz y que no se apague.- Porque bebé eres mi sanación, por favor, mándame a dormir. Di que serás mi ruiseñor.-
-Her…hermoso.-comentó con los ojos cerrados y una lágrima bajándole de costado.- Siempre quise volver a escucharla.-se produjo un doloroso silencio entre ambos.- ¿Madi?-llamó con apenas un hilo de voz.- ¿Ganaras, verdad?-asentí lentamente reincorporándome un poco para verlo a la cara.- ¿Me prometes ser la chica que reciba la corona que dará el presidente Snow?-hice silencio.- Madi, prométemelo.-
-Klaus…-
-¡Hazlo!-exclamó, sin importarle hacer un movimiento en falso y hacer que más sangre saliese de la herida.
-Lo…lo haré, lo prometo.-su rostro se transformó en una sonrisa. Un poco más relajado, se volvió a acomodar en suelo, haciéndome una señal para que me acostase con él. Rodeo mis hombros con su brazo.
-Es un lindo lugar, ¿no?-preguntó con voz casi audible.
-Sí, sería más lindo si no fuera una trampa mortal.-escuché una débil risita, para luego sentir su brazo, haciendo un poco más de presión en mis hombros, como si no quisiera dejarme ir.
-Buenas noches, mi Ruiseñor.-suspiró y su pecho dejó de moverse.
Comencé a asustarme.
-¿Klaus?-pregunté moviéndolo.- ¡Klaus!-me puse de rodillas, mientras seguía llamándolo.- ¡No, no, no, no!-exclamé bañando mi rostro con más y más lágrimas.- ¡Klaus!-me abracé a su cuerpo, llorando sobre su pecho. Me importaba poco y nada, saber que todos los distritos y todo el maldito Capitolio me estuviese viendo en esta situación. No iba a dejar que se llevasen el cadáver, no lo permitiría. Me daría igual si de la nada apareciera otro tributo y me matase, él no sabría cuan muerta ya me encuentro. Me fije que sobre su pecho descansaba un colgante. Era de madera y parecía un águila, tallada perfectamente, con todos los detalles que tendría una verdadera. Lo saqué con mucho cuidado y lo coloqué junto al que me regaló Finn.
No pensé estar tan triste como lo estaba en este momento. Klaus…se había ido, me lo sacaron y se lo llevaron para siempre. Sentía un gran nudo en el pecho y no sabía cómo sacármelo de encima. Apenas sonó el cañón, besé sus labios por última vez y me alejé antes de que el aerodeslizador se lo llevase.
Procuré correr lo más rápido que mis piernas me dejaban. Quería alejarme lo más que pudiera. No podía soportar el solo hecho de no volver a escucharlo, ni verlo, ni…besarlo.
Sin darme cuenta, llegue al estanque donde me lo encontré por primera vez. No me fije en una raíz levantada y caí al suelo de boca. No me importó en lo más mínimo. Estaba destrozada y no había nadie que estuviese a mí lado para reconfortarme en este momento. No me importaba si había alguien en los alrededores o no y solté un grito lleno de dolor, que casi me desgarró las cuerdas vocales, pero necesitaba soltarlo o sentía que podría llegar a explotar de la tristeza.
