Capítulo 12:

"Una nueva vida en el 4"

-No falta mucho para llegar.-avisó la acompañante del Capitolio, mientras se limaba sus largas uñas.- Déjame decirte que estás yendo a un distrito que se caracteriza por sus hermosas playas y su excelente economía pesquera.-levanté las cejas, mostrándome interesada. Esas cosas ya las sabía.

Deje que ella siguiese hablando, mientras yo miraba por la ventana, viendo pasar el paisaje. Hacia unos dos días que me había despedido de papá, con la promesa de que nos veríamos el año que viene para la Cosecha.

-¿Estás bien?-preguntó Finnick, ocupando el lugar que estaba libre a mí lado. Me encogí de hombros y seguí mirando por la ventana.

-Va ser raro cuando el tren en el que va Haymitch, llegué al doce y yo no esté.-pasé una mano por mi rostro, acomodando un mechón que caí sobre mis ojos.-Pero es mejor no hacer enojar a Snow.-murmuré para mí misma.

-¿No te agrada la idea de irte a vivir al 4?-miré a Finn a los ojos y sonreí.

-Claro que me agrada, solo que me hubiera ido a vivir por mi cuenta y no por una orden.-él asintió, tomando mi mano, para luego depositar un beso en el dorso.

El maquinista informó que llegaríamos para la mañana del otro día, por lo que tuvimos una última cena en el tren y luego nos fuimos a acostar. Me habían dado la habitación continua a la de Finnick.

Cuando todos fueron a dormir, fui la única que se quedó despierta. Desde que había salido de la Arena, tenía horribles pesadillas que me producían insomnio y a veces me rascaba la herida, haciendo que se me abriesen los puntos y comenzaran a sangrar. Luego de haber estado más o menos una hora despierta, logré dormirme.

La mayoría de mis pesadillas se basaban en miles de formas en que pudo haber muerto Klaus; Mutos, tributos, infecciones, deshidratación, hambre. Cada una de ellas, me hacían despertar de golpe, gritando y llorando. Y esta vez, no fue la excepción.

-¡Madison!- Finnick, ingresó a la habitación y se sentó al lado de mi cama, rodeándome con sus brazos. Yo no dejaba de moverme, para que me soltase, pero él insistía en abrazarme.

-Creo que esto servirá.-no vi quién dijo eso, pero sentí un aroma parecido a la menta que me ayudó a tranquilizarme.

-¿Qué es eso?-escuché preguntar a Finn.

-Es un poco de Morfina.-respondió la voz.- A la mayoría de los nuevos campeones, se les da para ayudarlos con los traumas.-todos mis músculos se fueron relajando y en mi mente ya no había escenas de asesinatos ni nada de eso. Ahora solo había la imagen de un lugar paradisiaco donde todo era tranquilo. Esa fue la primera noche en la que pude dormir realmente bien, sin pesadillas ni nada por el estilo.

A madrugada, me desperté encontrándome a Finnick durmiendo medio acostado, medio sentado, a mí lado con un brazo sobre mis hombros y una de sus manos, sosteniendo la mía. Poco me acordaba de que pasó, pero me sentía segura a su lado. Me abracé a su cintura y seguí durmiendo. Cuando llegó la mañana, sentí que alguien me zarandeaba suavemente.

-Buenos días.-saludó Finn, a mí oído. Me estiré un poco en la cama y sonreí de lado.

-Hola.-él se inclinó hacia adelante, colocando sus labios sobre los míos.

-¿Cómo estás?-preguntó, acostándose a mí lado, abrazándome por detrás.

-Mejor…creo.-besó mi hombro, mientras corría el cabello que me caía en el hueco del cuello.

-Anoche me asustaste.-comentó.

-Lo lamentó.-murmuré, dándome la vuelta para quedar frente a él.- Aún no me acostumbro a esto.-

-Está bien, es normal.-dijo él, pasando su dedo por el contorno de mi mejilla.- ¿Tienes hambre?-asentí reiteradas veces, mientras me reincorporaba en la cama.- De acuerdo, espérame aquí.-antes de ponerse de pie, me dio un beso rápido y luego se marchó. Una vez que me quedé sola, solté un suspiro y pase mi mirada hacia le ventana. No debían ser las ocho de la mañana, pero ya había mucho sol. Junté mis rodillas contra mi pecho y apoyé mi cabeza en ellas. Por alguna razón, quería olvidarme de todas las cosas que viví en la Arena y solo concentrarme en tener buenos recuerdos de mi vida, pero era imposible. Con mi consentimiento o sin él, mi vida, había cambiado. Solté un suspiro y me abracé a mis rodillas.- Te ves hermosa.-comentó Finn, colocando algo detrás de mí oreja. Voltee para verlo, sentado en la cama con una bandeja, no muy lejos de mis piernas.- ¿Quieres?-preguntó, pasándome una tostada. Tomé una y le di un leve mordisco.- ¿Cómo son las bodas en el 12?-

-¿Las bodas?-repetí, tragando. Él asintió.- Bueno, ohm…-me pasé la lengua por los labios, borrando el rastro de la tostada y arrugué un poco la nariz.-…la novia usualmente renta un vestido blanco que ha sido usado cientos de veces por otras mujeres. El novio usa algo limpio que no fuesen ropas de las minas. Juntos llenan algunos papeles en el Edificio de Justicia y se les asigna una casa. Los familiares comparten alguna comida o, los que pueden, compran alguna porción de pastel.-me acomodé el cabello hacia un costado y continué.-Tenemos nuestra pequeña ceremonia, que se llama la Tostada.-Finnick alzó una ceja.-Se tuesta un pedazo de pan y lo comparten. Mis padres lograron hacerla antes de que enviasen a mi madre a la Arena.-

-Lo lamento.-murmuró, bajando la cabeza.

-No, no. Está bien.-me apresuré a decir.- Es algo lindo y la verdad es que me gusta pensarlo e imaginarlo.-él volvió a sonreír, tomando mi mano.

-¿Te gustaría casarte algún día y tener hijos?-preguntó.

-Voy a serte sincera; jamás pensé en hacer las dos cosas.-respondí.- Desde que mi nombre ingresó por primera vez en la Cosecha, tuve miedo y rogaba porque no saliese. Cuando elegían a otras niñas, yo me detenía a ver el rostro de las madres que lloraban detrás de las vallas, pidiendo en silencio que alguien se ofreciese como voluntario. La verdad es que no me gustaría traer a un niño a este mundo, para verlo sufrir esa incertidumbre de ser o no ser elegido.-

-Tal vez para cuando seamos más grandes, las cosas cambien.-dijo con un tono esperanzador.- Tal vez nuestros hijos no tengan que pasar lo mismo que nosotros.-

-¿A caso quieres tener hijos conmigo?-inquirí alzando una ceja y con una sonrisa.

-Yo quiero un futuro contigo.-

*.*.*

Para antes del mediodía, el tren frenó en la estación del distrito 4. Finnick tomó mi mano y me ayudó a bajar. El lugar estaba vació en cuanto a personas, lo cual era mejor para mí; no quería que nadie me preguntase sobre los Juegos.

-Siéntete como en casa.-comentó Finnick abriendo la puerta. Entré tímidamente a la gran sala de estar. Me quedé sorprendida al ver que era más luminosa que la del 12. Tenía un gran ventanal con marco de madera, que daba a las blancas playas. Había pequeños muebles de mimbre que servían como soporte de cuencos de cerámica y de vidrios. Las ventanas dejaban pasar la mayor cantidad de luz posible. Los sillones eran mullidos y parecían ser cómodos.- La casa cuenta con una habitación sola.-explicó, mientras se rascaba la cabeza.- No quisiera incomodarte, por lo que voy a dormir aquí.-

-Oh, no, no.-dije rápidamente.- No quiero que te sientas como un invitado en tu propia casa.-

-¿No te molestaría compartir la habitación conmigo?-preguntó alzando una ceja.- Eso es interesante.-reí un poco, mientras seguía mirando todo.

-Es un lugar muy bello.-

-Sí, sí lo es.-lo escuché acercarse y apoyarse en el marco de madera.- ¿Quieres ir a la playa?-

Luego de haberme puesto un traje de baño (cortesía de Tigris) salí por el patio trasero, hasta la orilla del mar. Finn ya estaba dentro. El agua le llegaba hasta las rodillas y el sol reflejaba sus brillantes ojos.

-Hey.-saludé, despojándome de la toalla que me cubría. Él giró en dirección a la playa y estiró su mano, saludándome. Me reí cuando una ola lo empapó de arriba abajo.

-¿Qué estás esperando?-preguntó, tratando de caminar por entre el agua.- Ven.- avancé un poco y mis pies sintieron la cálida sensación de la arena. Las pequeñas olas mojaban mis dedos, haciéndoles cosquillas.- ¿Qué ocurre?-levanté la vista, encontrándolo frente a mí.

-Nunca antes estuve en el mar.-murmuré, mordiéndome el labio.

-¿Nunca?-repitió. Negué.- Entonces, ven.-me tomó suavemente de la mano y lentamente, me hizo ingresar al agua. Cerré los ojos al sentir mis piernas mojándose.- ¿Te gusta?-asentí. Él se colocó detrás de mí, apoyando su mano sobre mi vientre y su mentón sobre mi hombro. Se movía suavemente, mientras me llevaba más adentro.

Jamás había vivido algo así. Finnick, se estaba encargando de que todos los malos recuerdos desaparezcan de mi cabeza y la llenaba de aquellos que si valían la pena guardar.

Cuando me acostumbré al mar, comenzamos una guerra de salpicaduras. Varias veces, él me tomó de la cintura y me tiró al agua. Alguna que otra, me robaba algún beso. Me cargó sobre su espalda o me alzaba en brazos, haciéndome reír. Para cuando quisimos darnos cuenta, el ocaso estaba cayendo sobre nosotros. Salimos del mar y nos recostamos en unas mantas que estaban sobre la arena. Reposé mi cabeza sobre su pecho, mientras él pasaba un brazo por mis hombros, acercándome más a él.

-Gracias.-murmuré.- Me has dado el día más feliz de mi vida.-

-Todo sea por ti, Madi.-besó mi cabeza, acariciándome el brazo. Luego de haber visto como el sol se escondía detrás del horizonte, Finn, prendió una fogata y trajo algunos bocadillos de la casa y algunas mantas más.- Mañana te llevaré a que conozcas el distrito.-comentó, abriendo una ostra.

-Quiero todo un recorrido turístico.-agregué.- Voy a tener que acostumbrarme al calor.-él rió por lo bajo.- En serio, en el 12 hace frío casi todo el año. Creo que en mis 17 años, jamás he visto un día en que haga demasiado calor como hace aquí.-

-En el mercado vas a poder conseguir un montón de vestidos, todos de telas livianas y de seguro te gustaran.-cuando abrió la ostra, acercó su mano a la luz de la fogata y sonrió.- Vaya, vino con sorpresa.-

-¿Qué es eso?-pregunté, acercándome también.

-Es una perla.-me la pasó y no pude evitar soltar una carcajada.- ¿Qué ocurre?-

-Effie una vez dijo que las perlas vienen del carbón. Lo dijo en un intento de conseguirme patrocinadores.-se la devolví mientras me recostaba sobre la manta con los brazos detrás de la cabeza.

-Quiero que te la quedes.-dijo, acostándose a mí lado.- Quiero que cuando todos la vean, sepan que esta es la chica que Finnick Odair, ama.-