Capítulo 2: Slytherin
- Esto debe de ser una broma…- dijo Ron pasmado, mientras caminaba de un lado al otro, como si fuera un león enjaulado. Hermione suspiró, cansada.
Hacía más de media hora que le habían dado de alta en la enfermería. Madame Pomfrey no estaba de acuerdo en que se fuera, pero, tras la insistencia inagotable de la castaña, la mujer accedió, no sin antes advertirle que debía guardar reposo y estar tranquila; en silencio. Lamentablemente, su amigo pelirrojo no le permitía cumplir con lo estipulado en el acuerdo verbal con la enfermera. Desde que habían pisado la torre de Gryffindor, Ron no paraba de gritar y despotricar abiertamente sobre la resolución tomada por Dumbledore. No es que ella hubiera aceptado todo lo ocurrido. Es decir, el saber que alguien muy poderoso estaba invadiendo su mente con el fin de acabar con ella, el tener una marca oscura en su antebrazo, la cual portaba un gran nivel de magia negra y que le hacía sentir rara cuando la tocaba, y el tener que mudarse a la casa de Slytherin por los dos motivos anteriores, no eran noticias de fácil asimilación. Pero ya se había resignado a la idea, puesto que las palabras del Director habían sido claras e imponentes: tendría que abandonar su casa por su propio bien. Pero Ron no lograba entenderlo, y mucho menos aceptarlo.
-Tiene que existir otra forma- dijo rotundo, justo en la peor fase de la negación. La castaña suspiro por quinta vez en el día, y después le miró.
-Entiende, Ron. Dumbledore me mandó a Slytherin por algo, y debemos aceptarlo- dijo firmemente, aunque su único objetivo era autoconvencerse de que las cosas eran así, y así se quedarían. Ron bufó, molesto.
-Dumbledore no tiene ni idea de lo que hace- afirmó, mientras tomaba asiento en uno de los desgastados sillones que adornaban la sala común. Harry, que hasta el momento se había sumido en un silencio pensativo, les miró.
-Tal vez sí la tiene-intervino Harry, haciendo que Ron le mirara con cara de poco amigos, al tiempo que Hermione le miraba interesada- Si la intervención en sueños solo se puede practicar a una distancia más o menos corta, entonces…- miró a ambos lados, para después, acercarse a su amigos-… entonces cabe la posibilidad de que el culpable esté aquí, en Gryffindor- susurró, lo bastante alto para que Ron y Hermione escucharan.
Todos quedaron en silencio, maquinando sobre la conclusión a la que Harry había llegado. Si lo dicho por Dumbledore era cierto, entonces cabía la posibilidad de que su amigo pelinegro estuviera en lo cierto.
-De acuerdo. Tienes un punto.- aceptó Ron, rodando los ojos- Pero, ¿por qué a Slytherin?, ¿por qué no a Hufflepuff o Ravenclaw?- preguntó, molesto- Hasta el más ciego de los ciegos se daría cuenta de que la comerán viva ahí dentro.- Harry asintió.
-Tal vez sea por la ubicación- dijo Harry, intentando encontrar algún motivo más sólido- o porque el atacante jamás sospechará que Hermione estará en Slytherin.- Ron se frotó los ojos, desesperado.
-Podemos cuidarla.- afirmó testarudo, como si esas simples palabras lograran mantener a Hermione ahí, en Gryffindor, con ellos.- No es necesario que se vaya.
-La decisión está tomada, señor Weasley- dijo una voz detrás de ellos. Los tres se giraron, y encontraron a la Profesora McGonagall, quien les miraba con una expresión seria en su rostro. Miró a Hermione- Señorita Granger, será mejor que vaya hasta su habitación y empaque sus cosas. Mientras más rápido se instale en Slytherin, menos serán las probabilidades de que vuelva a ser invadida en sueños.- dijo con su voz cargada de compasión. No le agradaba que una de sus mejores alumnas tuviera que irse a otra casa, pero las circunstancias demostraban que así tenía que ser. Hermione se levantó del sillón, y sin mediar palabra, subió hasta su habitación.
Empacó todo en menos de quince segundos. Una de las ventajas de ser un mago, era poder ordenar las cosas en menos de lo que canta un gallo, y sin necesidad de realizar el mínimo esfuerzo. Tomó sus maletas, y bajó los peldaños de la escalera, para encontrarse en el final de ésta con sus amigos y la Profesora.
-Ya estoy.
-Bien, vamos entonces- dijo la Profesora McGonagall tras dar un suspiro, para después, encaminarse hacia la salida. Hermione asintió, para luego seguir a la Profesora, dejando tras de sí, a sus dos amigos, pasmados e impotentes.
Caminaron por varios pasillos. A cada paso que daba, Hermione se sentía más pequeña. No quería abandonar su casa, y menos para irse a Slytherin, la casa de las serpientes a favor del "No a los sangre sucia". La guerra estaba a la vuelta de la esquina, y muchos de los que estaban en Slytherin participarían en ella, jugando del lado contrario; del lado oscuro. Así que, si se ponía a pensar, cabía la posibilidad de que le hicieran algo; cualquier cosa. Pero su orgullo Gryffindor le decía que no tenía que tener miedo. Estaba en Hogwarts, y las serpientes jamás se arriesgarían a meterse en problemas serios por una simple invasión a su espacio… o sí.
-Señorita Granger, hemos llegado- habló la Profesora McGonagall, sacándola de sus cavilaciones. Hermione miró a su alrededor, encontrando paredes húmedas y oscuras. Estaba en las mazmorras, no cabía dudas- Quiero que sepa que la institución no quiere que ningún alumno se sienta desprotegido aquí dentro.- empezó, mientras el cuadro que custodiaba las mazmorras comenzaba a abrirse- Por eso, hemos decidido que lo más indicado es que usted posea el resguardo de un auror.- finalizó, haciendo que Hermione se escandalizara.
-No. Por favor, no es necesario. Yo…- La profesora le calló.
-Ya está decidido, y el auror llegará en cosa de nada. Así que será mejor que se instale- dijo rotunda, para después ingresar en Slytherin. La castaña, con paso vacilante, le siguió.
La casa de Slytherin no era tal cual como se la imaginaba. Las paredes estaban tapizadas, y las mismas poseían un montón de cuadros. Una estufa a leña se encontraba en el centro de una de las paredes, justo enfrente de un par de sillones aparentemente cómodos y delicados, los cuales eran de terciopelo verde. Era todo pulcro y elegante, y por eso, no tenía dudas de que estaba en Slytherin. Miró a la Profesora McGonagall, quien le miraba, contemplativa.
-Aquí las habitaciones son individuales. Por lo que la suya no será la excepción.- afirmó la Profesora, mientras se encaminaba hacia unas escaleras. Hermione suspiró internamente. No pasaría noches en vela a la espera de que su compañero de habitación le lanzara una maldición imperdonable. Le siguió, encontrando una zona aún más refinada, con mesas de plata y cuadros delicados- Su habitación es aquella de allá- dijo, mientras apuntaba la última puerta del fondo del pasillo.- La que está a su lado será del auror. Por las dudas- aclaró, para después encaminarse hacia la habitación.
Al entrar, Hermione pensó que se encontraba en una habitación perteneciente a la corte real. Una cama adoselada doble se encontraba en el centro de una de las paredes. Más allá, había un escritorio de madera, el cual tenía una lámpara de metal y una pequeña montaña de hojas, plumas y tinteros. Justo en frente, había un sillón verde, y a su lado se encontraba una pequeña biblioteca llena de libros. Pudo visualizar otra puerta, la cual pertenecía al baño.
-Espero que sea de su agrado- dijo la Profesora, mientras inspeccionaba con ojo crítico la habitación- Sería recomendable que se instalara, y que bajara a la sala común. De mientras, daré el aviso de que usted se encuentra aquí- finalizó, para después, irse, cerrando la puerta tras de sí.
Ni bien colocó sus cosas en el placar de madera que se encontraba en el baño, decidió sentarse en el sillón, con el único fin de pensar. Se encontraba en la casa de Slytherin, con una cantidad exorbitante de serpientes prejuiciosas, las cuales no le permitirían pasar su año escolar en paz. Sumado a eso, tenía a una persona loca y sedienta de sangre detrás de sí, la cual se filtraba en su mente y, al parecer, le hacía lastimarse a ella misma. Miró la marca oscura, intentando descifrar su significado. Tenía miedo de lo que pudiera llegar a ocurrirle. No quería preocupar a nadie, y mucho menos ser una carga para sus amigos y profesores. ¿Por qué a ella?, ¿Quién la quería ver muerta con tanta impaciencia?, ¿Por qué no la atacaban de una vez? Era algo que no comprendía, y necesitaba averiguarlo rápido. Con una lentitud pasmosa, se levantó de sillón, y salió de la habitación.
A medida que caminaba, comenzó a sentir unos murmullos que provenían de la planta baja. Tras tomar unas bocanadas de aire, comenzó a bajar los peldaños de la escalera, encontrando en el avance, a un montón de adolescentes pasmados y desconcertados al verla bajar. Se posicionó junto a la Profesora, como si ella pudiera evitar que se sintiera tan cohibida frente a las serpientes. Echó una mirada rápida por la sala, encontrando muchas caras que apenas y reconocía, pero también, un par que sí conocía, y muy bien. Uno de los alumnos, decidió acabar con el silencio.
-Esto es una broma, ¿no?- preguntó Millcent Bulstrode estupefacta. La Profesora le miró, pero no pronunció palabra- ¿Cómo se atreve a dejar entrar a esta sangre…
-No se atreva a terminar la frase.- advirtió la Profesora, mientras miraba a Millcent seriamente. La chica le miró rabiosa- Y no, no es una broma. La señorita Granger se quedará en Slytherin por tiempo indeterminado.- afirmó, haciendo que un moreno riera- ¿Podría ser tan amable de contarnos el chiste, señor Zabbinni?- preguntó ceñuda. El moreno sonrió.
-Es que es lo más divertido que me ha pasado en el transcurso del año.- respondió, haciendo que muchos le miraran furiosos. Su sonrisa se ensanchó- Vamos. Será divertido tener a una leona entre nosotros. Además, no es cualquier leona.
-Claro que no. Es la sangre…- el alumno calló al ver la expresión de McGonagall-… amiga de Potter.
-Por eso, será divertido ver a Potter en un estado de desesperación al ver a su amiga con nosotros.- afirmó Blaise, mientras se cruzaba de brazos. Hermione le miró, intentando descifrar qué le encontraba de divertido a tenerla allí. Tal vez quería someterla a una serie de torturas.- Mirémosle el lado positivo a las cosas, chicos.
-En serio, Blaise; estás para internar en un manicomio- dijo una chica con las manos en su cintura y los ojos entornados.
-Basta de palabrerías- impuso la Profesora, haciendo que el alumnado callara. Hermione se sorprendió de que las serpientes le hicieran caso- Ahora, la señorita Granger contará con supervisión especial, pero no creo que sea suficiente. Por eso, necesito que los que estén más próximos a su habitación, estén al tanto de lo que ocurre.- miró hacia un sector en particular, y cuando Hermione miró hacia ese lugar, le dio un vuelco al corazón. Eran nada más y nada menos que el grupito de Malfoy. Blaise sonrió.
-Esto se pone cada vez mejor- afirmó el moreno, recibiendo un codazo en su costilla derecha. El moreno miró a su amigo con recelo.
-Esto es ridículo- dijo una pelinegra de ojos azules. Dos chicos del mismo tamaño asintieron. La Profesora sonrió.
-Deberían seguir el ejemplo del señor Zabbinni y acoplarse a la idea. Aquí no importa su opinión. La vida de una compañera está en peligro y es necesario que todos cooperemos para que nada malo ocurra- afirmó, mientras un par de alumnos murmuraban cosas. Hermione escuchó parte de lo que decían, y sinceramente, eran palabras horribles.
-¿Qué pasa si no quiero ayudar?- preguntó un rubio de ojos grises, el cual no le había quitado la mirada en ningún momento a la castaña. Hermione sintió un escalofrío, y una sensación de paz. Eso era raro.
-Entonces, señor Malfoy, tendrá que atenerse a las consecuencias debidas- respondió la Profesora McGonagall. Draco le miró con desprecio, pero no replicó.- Bien, aclarados los puntos, creo que llegó la hora de marcharme- Hermione se sintió desfallecer. ¿Así sin más se iría?, ¿dejándola sola?- Señorita Granger, manténganos al corriente de todo.- y sin más, se fue de la sala común, dejándola a merced de una multitud enfurecida y sedienta de venganza. Les miró, intentando mantenerse entera frente a ellos.
-Vete por donde viniste, asquerosa sangre sucia- dijo Millcent, con todo el desprecio impregnado en cada una de sus palabras. Hermione le miró indiferente.
-¿Acaso crees que me quedaría aquí si no tuviera otra opción?- preguntó, mientras se cruzaba de brazos. Millcent le miró sorprendida. No se esperaba ese arrebato de valentía. Blaise se acercó.
-Millcent, así no se trata a los invitados.- dijo Blaise, ceñudo. Millcent bufó.
-¿Cuál invitado?- preguntó con sorna. Blaise le sonrió.
- Bien, ya estuvo bueno. Creo que debemos hacerle una fiesta de bienvenida- afirmó el moreno, haciendo que todos sus compañeros le vieran desconcertados. Y Hermione hizo lo mismo. Los compañeros de ese moreno querían freírla viva, ¿y a él se le ocurría la idea de hacerle una fiesta? En verdad la salud mental de ese chico no estaba nada bien.
-Llévala a tu habitación, Blaise. Hazle la fiesta de bienvenida- dijo una chica, haciendo que la mayoría riera. Era rubia, y sus ojos eran negros como la noche- Espero no verte la cara demasiado. Me da asco ver a una sangre sucia entre nosotros.- afirmó, mientras la miraba con odio. Hermione le miró desafiante.
-No es que para mí sea un placer verte. El sentimiento es mutuo, Grengrass- dijo la castaña, para después, encaminarse hacia las escaleras con la frente en alto. Pero una voz la paró.
-¿Cuál es el motivo de tu visita, Granger?- preguntó una voz, haciendo que Hermione se girara. Era Theodore Nott. Ese chico nunca le había molestado, y hasta podría llegar a pensar que no le molestaba su calidad de hija de muggles.
-Si van a contar la historia de vida de Granger, yo me largo- dijo Millcent, para después, marcharse por el cuadro. La mayoría hizo lo mismo, sumidos en un silencio ofendido y altamente furioso. Solo quedaron Nott, Malfoy, Crabbe, Goyle, Parkinson y Zabbinni.
-¿Y, Granger?, ¿Por qué estás aquí?- preguntó Malfoy despectivamente. No le gustaba la idea de tenerla allí. Hermione le miró.
-Porque intentan matarme- respondió sin vueltas la chica. Era irónico; para no morir en manos de un loco desquiciado, le mandaban a Slytherin, justo donde habitaban las personas que más le odiaban en el colegio. Nott asintió pensativo.
-Será un placer tenerte aquí- dijo Blaise, recibiendo un codazo por segunda vez en menos de quince minutos. Miró ceñudo a Draco.- ¿Qué onda, Dragón?, a este paso me quedaré sin costillas.
-Y te quedarás sin lengua como sigas hablando- afirmó el rubio. Miró a la castaña, y esta no bajó la mirada- Mira, sangre sucia, te ayudaré solo porque quiero que te vayas. Es una deshonra tenerte aquí, por lo que me veo obligado a sacarte lo más rápido posible.- la castaña sonrió.
-Muy amable de tu parte, Malfoy. Deberías anotarlo en tu polvorienta lista de obras de caridad. Creo que será la primera y última que harás en tu vida- dijo, haciendo que el rubio le viera con desprecio.
-Eres insufrible, sabelotodo.- dijo con sentimiento el rubio.
-Y tu un dolor de cabeza constante, rubio oxigenado.- dijo Hermione exasperada.
-Ratón de biblioteca.
-Serpiente asquerosa.
-Sangre sucia.
-Ególatra prehistórico.
-Ya, dejen la pelea matrimonial para otro día- intervino Blaise, haciendo que, tanto la castaña como el rubio, le miraran como si hubiera pronunciado una maldición imperdonable. Sonrió- Ahora, ¿no creen que es de mala educación el no permitir a alguien que se presente?- preguntó, haciendo que todos le vieran extrañados.
-¿De qué hablas, Blaise?, Todos conocemos a Granger- respondió Parkinson, quien, para sorpresa de Hermione, no lucía molesta u irritada por la noticia. Parecía que no le molestaba. Blaise le miró.
-Sí, pero creo que nadie conoce a aquél sujeto de por allá- dijo señalando justo detrás de sus amigos y la castaña. Todos se dieron la vuelta, encontrando a un chico castaño de ojos verdes, vestido con un uniforme completamente distinto al de Hogwarts. Sus ojos se habían posado en Hermione.
-Buenas tardes. Mi nombre es Marcus. Soy el auror a cargo de Hermione Granger- dijo educadamente, mientras los chicos le miraban indiferentes, menos la castaña. Miró a Hermione con más seguridad, y sonrió- Es un placer cuidarla.
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¡Hola!
Aquí les dejo otro capítulo de "Marcada por la oscuridad". Espero que sea de su agrado, y si es posible, que dejen reviews. Es el único medio que tengo para saber si les gusta o no la historia.
Nos leemos pronto.
Besos.
Fefi.
