Antes que nada me gustaría dar las gracias a Misticgwen por dejarme ese bonito review, me emociono mucho al saber que hay gente que le gusta lo que hago cuando recién empiezo, gracias a los que leen esta historia, a los que me siguen y a los que le dan a favorito :D
Disclaimer : Ni Frozen ni sus personajes me pertenecen.
Academia Femenina Leonhardt, Sábado, 7:00 am
- Anna, despierta, ya es de día y tenemos que ir a desayunar.- Dijo mientras sacaba las mantas dejando al descubierto una bolita con una maraña de cabellos pelirrojos que le pareció graciosa a la vista de Elsa.
- Cinco minutos más, hoy es sábado y no hay exámenes.- Dice deshaciendo un poco su bolita para dejar al descubierto su cara medio dormida y un hilo de saliva recorrer su barbilla.
- (Suspira y ríe levemente mientras saca un pañuelo de su bolsillo y empieza a limpiar los rastros de saliva en la cara de Anna acompañado por un pomposo y revuelto cabello) De verdad nunca me cansaré de ver tu cara por las mañanas, anda despierta, hoy ponen chocolate en el desayuno.
- ¡Chocolate! ¡Ya voy!... Y deja de meterte con mi pelo.
- Jajajaja lo siento, te espero fuera. - Y así hizo, esperó fuera de la habitación mientras la otra chica peinaba su rebelde y pelirrojo pelo mañanero y se cambiaba su arrugado pijama por el uniforme como el de Elsa con la diferencia de que ella calzaba zapatillas color magenta con algunos detalles en negro y los cordones blancos.
- Ya estoy - Dijo saliendo de la habitación ya estando vestida decente.
- ¿Donde prefieres? ¿ En la cafetería o en algún lado del jardín?
- Pues quisiera ir a la cafetería y que luego diéramos algún paseo por los alrededores, no conozco apenas este sitio y con los exámenes iniciales no he tenido tiempo de mirar nada - Dijo con expresión aburrida.
- Vale - Respondió con una sonrisa por la cara de Anna para luego ir a la cafetería. Al llegar no había prácticamente nadie pues ya era algo tarde y la mayoría ya había terminado. Tan pronto escogieron su comida (casi todo dulces) se sentaron una al lado de la otra en una de las tantas mesas del lugar. Al rato de estar comiendo en silencio, Anna se percató de que una chica desconocida se sentaba frente a ellas.
- ¡Hey! Elsa, ¿Qué tal? - Dijo la chica con una sonrisa mientras miraba a la nombrada con sus castaños ojos, su apariencia era básicamente el uniforme de la escuela, zapatos negros y el moreno cabello recogido en una cola con el flequillo a un lado.
- ¡Oh! ¡Amanda cuánto tiempo! - Respondió devolviéndole la sonrisa.
- ¿Qué te ha pasado? No es normal que desayunes a estas horas.
- Supongo que tengo una compañera un poco dormilona. ¡Oh, cierto! Anna, esta es Amanda, la hija de John, el capitán del ejército de Arendelle. Amanda, esta es Anna, mi compañera.
- Es un placer Anna
- Igualmente.
- Bueno tengo que irme, he quedado con mi compañera para dar un paseo, ¡nos vemos Reina de Hielo! - Dijo con una burlesca sonrisa mientras se marchaba.
- ¡Deja de llamarme así! - Gritó enfadada Elsa.
- ¿Por qué te llama así? - Preguntó con una risa mal disimulada.
- Porque soy reina y tengo poderes de hielo. - Respondió aún con enojo en su voz.
- Pues no veo porque te disgusta tanto que te llamen así, en fin, vamos a dar una vuelta. - Dijo antes de que Elsa pudiera contestarle, esta alargó un suspiro por la rapidez de la pelirroja.
- Ya voy.
Dieron un largo paseo por los alrededores en los que Anna siempre decía que todo era enorme y que tenían un bosque en vez de un jardín, a lo que Elsa siempre respondía con una risa por las expresiones de Anna. Después de tanto andar volvieron a la entrada del edificio.
- Bien, eso ha sido todo.
- Mentirosa, aún no me has enseñado tu lugar favorito y tengo el presentimiento de que me lo ocultas.
- Jajajaja ¿es que ahora me lees la mente?
- Tal vez, ¿me llevas?
- Que remedio, sígueme.
- Vale. - Dijo emocionada
Tras un largo camino entre el "bosque" que a Anna le pareció interminable, llegaron a un enorme y precioso lago que reflejaba la brillante luz del sol entre muchos árboles. Anna como una niña pequeña corrió por todo el lugar emocionada, Elsa por el contrario se sentó en el suelo cerca de la orilla.
- ¡Este lugar es genial Elsa! ¡Gracias!
- De nada, anda siéntate que me pones nerviosa.
- Si
Pasado unos minutos en los que admiraban en silencio el paisaje, Anna dudosa preguntó :
- Elsa, ¿puedo hacerte una pregunta?
- Esa ya es una, pero dime.
- ¿Por qué siempre te muestras algo distante con las personas? Incluso conmigo.
- ¿Cómo te diste cuenta?
- Puedo ser tonta pero no ciega, ¿y bien?
- No confío en las personas, este mundo está lleno de falsedad y ambición que no quiero volver a conocer.
- Si tanto lo odias, ¿por qué me escogiste como tu compañera? Soy humana, también tengo esos defectos.
- Porque no eres como los demás, eres una chica sincera que siempre muestra lo que es, no te importa lo que los demás piensen de ti, no tienes una máscara como yo.
- Enumerando mis cualidades no conseguirás nada.
- Jajaja no es como si quisiera conseguir algo.
- Bueno, si soy diferente, ¿significa que somos amigas?
- (suspiro) Anna, para ser amigas se necesita confianza, y yo no confío mucho en ti.
- Pero confías algo, con eso me basta. - Dijo con una deslumbrante sonrisa en sus labios.
- ¿Y por qué te interesaría ser amiga de alguien tan fría como yo?
- No eres fría; yo diría que eres como la nieve, eres fría pero alegras a la gente; hay personas que se sienten felices de poder estar contigo, personas como yo. - Dijo Anna sinceramente mientras la miraba directamente a los ojos, pero la otra joven apartó la vista hacia el lado contrario con el rostro enrojecido.
- ¡Dios! Harás que me vuelva tímida otra vez, eso no se le hace a una amiga.
- ¿Tú siendo tímida? ¡No lo podría imaginar ni en mis más locos sueños!
- ¿Es que ahora sueñas conmigo? - A lo que las mejillas de Anna reaccionaron sonrojandose para después ambas chicas reírse.
- Y aquí esta la Elsa extrovertida que todos amamos. - Dijo divertida pero aún con un tenue rojo en su rostro.
Más tarde volvieron al edificio para almorzar algo ligero y luego irse a su habitación. Estando Anna sentada y Elsa recostada en la cama de la última :
- ¿Qué quieres hacer esta tarde? - Preguntó Elsa.
- No sé.
- ¿Vamos de compras?
- Ni hablar, no tengo dinero, no se ni como es la moneda de Arendelle.
- Yo invito y no aceptaré un no por respuesta, recuerda que soy la reina y mis ordenes son absolutas. - Dijo mirando retadora a Anna.
- Haz lo que quieras, pero que sepas que a mi nadie me da ordenes, no me importa que seas la reina.
- ¿No? - Preguntó Elsa acercándose a Anna lentamente a la vez que le brindaba una profunda mirada.
- No - Dijo Anna casi en un susurro con sus ojos puestos en los de Elsa que empezaba a acercarse más hasta que la distancia entre ellas se redujo a centímetros.
- Bien, ¿nos vamos? - Dijo Anna nerviosa mientras se levantaba de golpe y caminaba hacia la puerta con gran rapidez.
- Claro. - Respondió la albina cambiando su cara de sorpresa por una sonrisa con un dejo de interés en su mirada mientras se levantaba para seguir a la chica que ya había desaparecido en un instante de la habitación.
Una vez más caminaron para salir del recinto no sin antes pedirle una autorización a Olaf. Elsa seguida de Anna llegó a una calle llena de puertas abiertas con grandes letreros con el nombre de cada tienda.
- Bueno, no son como los grandes comercios de Nueva York, pero están bastante bien - Pensó Anna al ver el lugar.
- ¿Cuál quieres mirar primero? - Preguntó Elsa.
- ¡Todas! - Respondió Anna emocionada.
No importa donde entraran, todos al ver a la reina deseaban regalarle cualquier cosa que quisiera, pero esta rechazó delicadamente cada propuesta con una sonrisa, ella misma pagó todo. Tras un largo día decidieron volver a la escuela pues ya se estaba haciendo tarde. Ya en la habitación las dos se habían cambiado de ropa; Elsa con sólo una camiseta ancha de manga corta color celeste con el dibujo de un lobo blanco sobre su ropa interior, ya que le quedaba tan grande, enseñaba un hombro, pero también se le podía ver su ropa interior negra, por otro lado Anna se puso unos pantalones cortos color negro y una camiseta de tirantes color verde; ambas se sentaron en sus respectivas camas y empezaron a conversar.
- Hoy parecías una niña, Anna. - Dijo divertida Elsa.
- Es que hoy ha sido un día divertido. Por cierto, siempre llevas esa pulsera, ¿donde la has comprado? Es muy bonita. - Preguntó curiosa al ver aquella pieza de oro con el escudo de armas de los Leonhardt colgar de una fina cadena de plata en la delgada muñeca de Elsa.
- Era de mi madre, es lo único que me queda de ella antes de que muriera, bueno aparte del apellido y el reino. - Dijo mirando la pulsera.
- Oh lo siento, espera, si ese es el apellido de tu madre, no debería ser tu apellido Lancaster?
- Buen punto, mis padres decidieron que como me parecía más a mi madre tuviera su apellido.
- Entonces eres...
- Elsa Leonhardt Lancaster.
- Que rara son las cosas aveces.
- Jajaja, por cierto, ¿me lo dirás ahora? Me has tenido todo el camino con la duda, ¿cuál es el motivo de tanta insistencia para que me comprara esta camiseta? - Preguntó señalando la camiseta que llevaba puesta.
- El lobo se parece a ti.
- ¿Qué quieres decir?
- Pues lo que has oído, se parece a ti, tiene el mismo color de pelo que tú y también porque eres una persona elegante y tranquila pero algunas veces miras a las personas con tanta profundidad que pareciera que la vas a devorar, concretamente a mi.
- Claro, ¿no sabes que soy una bestia insaciable y lujuriosa? - Dijo con una sonrisa sugerente y divertida, a lo que Anna solo pudo sonrojarse por tal comentario.
- ¿Debería encadenarte esta noche?
- Dudo mucho que te sirviera de algo. - Dijo divertida.
- (suspiro) Por ahora vamos a dormir.
- ¿Por ahora? - Preguntó curiosa.
- ¡Sabes a que me refiero, solo vete a dormir! - Dijo aún más enrojecida y nerviosa que antes mientras se recostaba en su cama y apagaba las luces.
- Claro, ¿por qué no? - Sonrió triunfante por haber conseguido lo que quería e hizo lo mismo que Anna.
