¡Hola a todos de nuevo! Espero que os guste este capítulo, también espero que nadie me pege por algunas cosas xD

Gracias una vez más a los que me leen, me dejan reviews, etc.

También quisiera decir que la semana que viene tendré 3 días libres de estudios, así que tengo planeado subir un nuevo capítulo el miércoles o el jueves y otro el sábado o el domingo.

loghan10: De nada y Em alegro que te gustara el capítulo, espero que te guste este también xD

Diclaimer: Ni Frozen ni sus personajes me pertenecen.

- Elsa. - Llamó Anna estando medio absorbida en sus pensamientos sobre la cama.

- Dime. - Respondió sentándose junto a ella.

- ¿No te parece como si todo esto fuera una broma? - Preguntó dirigiendo su mirada hacia la albina.

- ¿Qué quieres decir? - Respondió extrañada.

- Es como si todo esto fuera un sueño, hace tan sólo unos meses estaba muy lejos de aquí y pensaba que tenía una vida perfecta, ahora descubro que toda mi vida fue una mentira, que tengo poderes extraños y que he tenido que emprender un viaje para detener al que quiere destruir el mundo donde podría estar la verdad que busco.

- Yo antes pensaba que lo tenía todo, una familia y buenos amigos, pero entonces descubrí lo peor de este mundo; tu eres una chica que vivía en una mentira, yo soy alguien a quien le arrebataron lo que más quería, supongo que puedo comprender como te sientes.

- También me pregunto cómo nos enamoramos, nos conocemos desde hace poco más de un mes. - Dijo Anna intentando aliviar la tensión del momento.

- Bueno no se como fue para ti, pero para mi fue amor a primera vista, a los tres segundos de conocerte supe que serías la persona que más amaría en mi vida. - Esas sinceras palabras de Elsa consiguieron sacar una sentimental sonrisa en Anna.

- Yo aún me pregunto qué fue lo vi en ti que me gustó tanto, si te digo la verdad al principio no me gustaste mucho ya que pensaba que te habías burlado de mí, pero hay algo en ti aque te hace ver irresistible ante mis ojos, supongo que pocas cosas importan en el amor. - Elsa enternecida quería dejar escapar dulces palabras de sus labios pero alguien llamó a la puerta.

- Perdone que la moleste reina Elsa, el duque desea reunirse con usted en privado, y sin acompañante. - Dijo el hombre de morena cabellera y oscuras ropas que segundos antes interrumpió el mágico momento.

- De acuerdo, iré allí en breve. - Dicho esto el hombre se retiró.

- ¿Qué querrá hablar contigo? - Preguntó Anna.

- Negocios, quiere volver a su lujosa vida.

- ¿Qué pasó?

- Hace años derrocó al rey William Lancaster, pero mi abuelo consiguió recuperar la corona, y a modo de venganza por la falsa amistad y traición del duque, decidió hacerle gobernar un pueblo en la nada de Arendelle a modo de humillación. Sabe que con la llegada de los Leonhardt a la familia no tiene oportunidad, por eso pretende persuadir al gobernante, en este caso a mí.

- ¿Y qué vas a hacer?

- Hablar con él, después de eso tengo planeado irme, mi padre siempre me dijo que cuanto menos hablara con el duque de Weseltown mejor, así que espérame con Crystal en la salida del pueblo, yo tardaré lo menos posible.

- Claro. - Dijo la pelirroja feliz ya que podría acariciar otra vez a la yegua.

Media hora después en la salida de Weseltown...

Entre dos grandes torres de madera se encontraba la salida norte del pueblo, allí se encontraba Anna y Crystal esperando por la llegada de Elsa; como esta tardaba demasiado, la pelirroja se quedó inmersa en sus pensamientos sobre la conversación que tuvo lugar minutos antes en la habitación del hotel.

No puedo dejar de pensar en Elsa, parece la persona más fría en el mundo entero a veces pero en realidad es como ver dos caras de una misma moneda, puede ser la chica más ardiente que puedas tener en la cama o la chica más tierna y dulce en tu corazón.

- Ya volví, ¿me extrañaste? - Dijo Elsa dándole un fugaz beso en la mejilla a Anna haciendo que está última saliera de su trance.

- ¿Nos vamos? - Y tras el asentimiento de Elsa, montaron a lomos de Crystal y poner rumbo a la verdad.

A un ritmo despacio y sin prisa, siguieron el camino indicado en el mapa con numerosas provisiones, estando a escasa distancia de su destino tras días de viaje, decidieron detenerse ya que percibieron a un grupo de personas intentando retirar grandes árboles caídos en el camino del bosque, algunos de ellos mostraban angustia y preocupación en sus rostros, por lo cual las chicas se acercaron para averiguar lo sucedido.

- ¿Qué ha ocurrido? - Preguntó Elsa a una de las mujeres allí presentes.

- Estábamos de vuelta a nuestro pueblo cuando unos árboles se derrumbaron y mi hijo quedó atrapado debajo. - Respondió la mujer entre sollozos.

La albina decidida se acercó a los árboles que caían unos sobre otros entrelazados e indicó a los presentes que se alejaran, su cuerpo se endureció en posición de combate, y con un rápido movimiento, al contacto del tronco con la mano de Elsa, este se volvió tan frío y frágil como el hielo, siendo atravesado por el brazo de la chica creando una explosión de nieve a su alrededor, el viento movió delicadamente el flequillo de Elsa que rápidamente fue llevado hacia atrás; sin previo aviso sintió como un pequeño cuerpo abrazaba su cintura.

- Tenía tanto miedo. - Dijo el pequeño ente lágrimas, ella se puso a la altura del joven y delicadamente retiró cada gota llena de temor.

- No te preocupes, ya todo esta bien. - Respondió Elsa con una fraternal sonrisa que consiguió calmar al menor.

Segundos después la madre se reencontró en un abrazo con su retoño; las personas alegres de su heroico acto las invitaron a descansar de su largo viaje en el cercano pueblo donde residían, las chicas aceptaron la invitación y una vez más emprendieron su viaje para reposar un poco.

Tras unos minutos llegaron a una pequeña aldea alejada de la civilización, gran fue su sorpresa que el lugar estaba repleto de rocas con vida, eran trolls que le daban la bienvenida, sus acompañantes abandonaron su forma humana y se convirtieron en trolls, las jóvenes aún con asombro aceptaron la amabilidad de sus anfitriones; estos felices de tener invitadas llamaron a su jefe.

- Buenos días señoritas, soy Gran Pabbie, hacia mucho tiempo que no te veía Elsa, has crecido mucho. - Comentó alegre.

- No te conozco. - Respondió la albina.

- Eras muy pequeña cuando nos conocimos, es normal que no te acuerdes de mí.

- Creía que los trolls desaparecieron hace mucho tiempo. - Dijo Anna extrañada.

- Eso es lo que queremos que crean los humanos, hace años el rey Ryan nos escondió en su castillo durante la cacería troll, a cambio de su amabilidad le dije el futuro de su familia, aunque en realidad nunca podremos agradecerle lo suficiente a tus padres, Elsa.

- La leyenda de la reina de hielo la creaste tú? - Preguntó Anna.

- Si, aunque no os la cuentan entera, en realidad en la profecía también apareces tú, chica del deseo; pero no es momento de seguir hablando, ¿por qué no descansais un poco?

El troll consiguió evadir más preguntas y las chicas fueron a descansar en una casa dentro del gran tronco de un árbol, sin embargo no pasó mucho tiempo antes de que Elsa sintiera esa horrible sensación de ansiedad en su cuerpo producto de esa extraña magia.

- Anna, quédate aquí, vuelvo en un rato. - Y dicho esto Elsa salió corriendo mientras dejaba a una estupefacta pelirroja aún mirando por donde ella se había ido segundos antes.

Con Elsa...

La chica tras correr por kilómetros, llegó a una extensa zona cubierta de nieve y sin un solo árbol, pues el bosque se hallaba tras ella. Su cuerpo percibía el peligro inminente sin embargo sus ojos no veían nada. Tras unos minutos en completo silencio, una pequeña explosión en la nieve hizo que Elsa tapara su cara con el brazo, pero cuando pudo aclarar la vista, se encontró rodeada por doce hipnotizados hombres de oscuros ropajes.

- Hola mi querida amiga Elsa, supongo que te acordarás de mis hermanos. - Dijo un apuesto joven de rojiza cabellera, reluciente y blanco traje de príncipe y arrogante sonrisa.

- Hans. - Dijo Elsa con rabia en su mirada.

La chica con ira quiso acercarse al pelirrojo, pero los hombres se lo impidieron con sus afiladas espadas, Elsa determinada hizo aparecer una feroz tormenta que arrasó con sus oponentes, la albina pasó rápidamente entre los inconscientes varones hasta llegar frente a Hans con un encolarizado movimiento de su espada de hielo, pero su ataque fue parado sin apenas esfuerzo, y segundos después el hielo de su arma se derritió.

- ¡Elsa! - Gritó Anna entre la nieve a lo lejos.

La mencionada giró la cabeza preocupada por la aparición de la pelirroja, Hans aprovechó la oportunidad para dar un fuerte golpe con su espada en el lado derecho de Elsa seguido de una patada que la llevó al suelo. Anna al ver la escena corrió hacia Elsa para ayudarla, la albina con pesadez se levantó siendo recibida por los brazos de su amada, sin embargo sintió algo punzante cerca de su espalda, era una daga que la pelirroja recogió de uno de uno de los hombres.

- ¿Qué se siente volver a ser traicionada, Elsa? - Preguntó Hans con burla.

Elsa solo era capaz de mirar a Anna con las palabras del joven rondando su cabeza, lágrimas se escapaban de los ojos de la pelirroja que seguía sin apartar el arma de Elsa, estaba siendo controlada.

Anna destrozada por dentro deseó fuertemente que Elsa ganara, pero no pasaba nada, ambas seguían sin mover un sólo músculo. La pelirroja apartó la daga de la albina, y se fue junto a Hans.

- Veo que esta chica es incapaz de matarte, tal vez la use como mi juguete.

Hans sonrió provocativo, Elsa llena de cólera intentó atacar una vez más a su pelirrojo enemigo, pero fue golpeada en su herida y mandada otra vez al suelo. Era incapaz de moverse, su herida sangraba y quemaba como si estuviera envuelta en llamas, su vista se volvía borrosa, pronto perdería la vida y a la persona que más quería.

Una vez más miró con odio a la persona que le había echo tanto daño, y entonces vió su salvación colgando del cuello de su enemigo, ese colgante emanaba la magia que la destruía.

En un último intento por liberar a su amada, hizo aparecer afiladas columnas de hielo que rodearon a su enemigo, una de ellas atravesó por completo el mágico amuleto.

Anna ahora estaba consciente de sus actos e intentó alejarse de Hans, pero este la cogió fuertemente del brazo y apuntó el blanco cuello con el filo de su espada.

- Elsa. - Pronunció Anna desesperada con los ojos llorosos por el miedo.

Elsa sintió la adrenalina correr por sus sangre deseosa de hacer algo al respecto, sus ojos se volvieron fríos y salvajes como una tormenta, cada músculo de su cuerpo se forzó para levantarse del suelo y marcas negras aparecieron por toda su piel.

En un veloz movimiento la albina rompió la espada con un fuerte golpe de su mano derecha seguida de una patada en la cara de su oponente que lo tumbó, segundos después el cuerpo de Elsa se derrumbó y Anna consiguió atraparla antes de caer al suelo, aprovechando la inmovilidad de Hans, corrieron lo más rápido que pudieron hacia la aldea de los trolls.

Tras kilómetros de camino recorrido por las chicas, Elsa pidió parar pues notó algo extraño; en el hueco de un árbol encontraron un sobre bañado en magia negra, Anna lo guardó en el bolsillo y prosiguieron con su camino pero Elsa se quedó sin conocimiento por la pérdida de sangre.

Dentro de una casa en la aldea troll...

Elsa lentamente despertó de su profundo sueño, a su lado derecho se encontraba Anna sujetando su mano, esta la abrazó feliz de que se encontrara bien, minutos después entró Gran Pabbie.

- Me alegro que estés bien Elsa. - Dijo el rey de los trolls.

- Gran Pabbie, ¿por qué me volví más fuerte con esas extrañas marcas en mi cuerpo si Anna no lo deseó? - Preguntó Elsa pensativa.

- Supongo que es hora de decirte la verdad, dime Elsa, ¿cuántos Leonhardt hay en el mundo?

- Solo mi tío Olaf y yo, ya que mi madre murió.

- ¿Nunca te preguntaste por qué no tienes más familiares? Hace muchos años los reyes de muchas zonas iniciaron una matanza contra los Leonhardt ya que se dice que descienden de los demonios.

- Pero entonces, ¿por qué cuando Anna deseó que me hiciera más fuerte me salían esas marcas? - Preguntó estupefacta Elsa.

- Anna solo despertó ese poder dentro de ti, tu tatarabuelo era un demonio que se casó con una humana contra el desprecio de toda una sociedad por amor, Elsa, por tus venas corre la sangre de los extintos demonios.

- ¿Mi padre sabía esto?

- No, pero tu tío James sí.

- Entonces, ¿mi tío sabía desde el principio que yo era un monstruo?

- Elsa, tú no eres un monstruo, nunca has manchado tus manos de sangre.

- Pero casi lo hago.

- ¿Qué pasó? - Preguntó Anna preocupada por la tristeza reflejada en la cara de Elsa.

- Hace unos años los reyes de las islas del Sur eran íntimos amigos de mis padres, pero un día ellos nos traicionaron y crearon una guerra imprevista, mis padres me encerraron en una habitación mientras entraban los soldados enemigos, pero conseguí romper la puerta con mis poderes, presencié la peor de mis pesadillas, ví como mataban a mis padres, y mis poderes se salieron de control, lo congelé todo, casi asesino a cientos de personas, pero el único hermano de mi padre, mi tío James, me lanzó una maldición que me impide matar.

- Lo siento. - Dijo Anna sinceramente mientras abrazaba el tembloroso cuerpo de Elsa.

- Está bien, es cosa del pasado. - Respondió la albina intentando darle poca importancia al asunto.

- ¿Y quién era el amigo que te llevó aquella vez a la discoteca de Weseltown? - Preguntó la pelirroja intentando cambiar de tema.

- Hans, el hijo de los reyes de las islas del Sur, éramos amigos antes de que me traicionara.

- Debería dejar de preguntar. - Dijo Anna sintiéndose culpable, Elsa le respondió con una divertida sonrisa.

- ¿Tienes la carta? Me gustaría leerla. - Dicho eso, Anna sacó el sobre de su bolsillo y empezaron a leer el contenido.

Queridas Elsa y Anna,

Por favor, daros prisa, no se cuanto tiempo más podré aguantar antes de que este oscuro poder me consuma, siento que ya casi no soy consciente de mis actos, id al castillo de Arendelle, allí se encuentra el responsable del caos que amenaza al reino.

Atentamente O.