¡Hola a todos! :D siento mucho esta tardanza (otra vez), no quiero aburriros con mis problemas personales así que pasaré a los agradecimientos (que de seguro tiene que ser aburrido leer lo mismo en todos los capítulos).

Gracias a todos los que leen esta historia, a los que me dejan un review, los que la siguen y los que la ponen en favoritos.

Loveanna: jajajaja ya dije que lo tenía todo pensado xD solo ponte en el lugar de Elsa, ella cree que le hará daño a Anna así que prefirió renunciar a ella.

Bulmat: Esa era la idea xD te digo igual que a loveanna.

Kareanna: Y una m, Anna es mia que para eso es el personaje de mi historia! Na es broma xD

belten10: Un aplauso a esta mujer que consiguió superar su vergüenza! XD Te diré que está historia tiene un poco de todo (espero) así que todo a su tiempo ;)

Loghan10: Otro aplauso para esta mujer que también consiguió superar su vergüenza! XD te digo igual que a belten10, todo a su tiempo xD

Disclaimer: Ni Frozen ni sus personajes me pertenecen.

PD: Perdonen las palabrotas en este capítulo, pero quería enseñaros que es lo que pasa cuando sacan de quicio a una persona xD

- Soy Edward Cromwell, el hijo del capitán John y como agradecimiento os mostraré la verdad del pasado.

- Okey Edward, dame un momento, tengo algo que hablar con Elsa. - Dijo Anna.

- Em, vale. - Respondió el alma.

- ¿Elsa?

- ¿Si? - Elsa estaba notoriamente nerviosa ya que conocía la falsa sonrisa de Anna, algo malo se avecinaba y llevaba toda la razón, la pelirroja le dió una fuerte y sonora bofetada en la mejilla.

- ¡¿Por qué me dejaste sola?! ¡Joder! ¡Me prometiste que no te alejarías de mí! ¡Me dijiste que preferías morir antes que hacerme daño! ¡Pues me has hecho mucho daño! ¡Me dijiste que me querías! ¿Era mentira? - Anna le dijo la verdad al borde de las lágrimas pero con decisión en sus ojos.

- Claro que no, no podría mentirte, es solo, mírame, soy un monstruo, he estado apunto de matar a animales inocentes solo porque me golpearon, no quisiera ni imaginarme lo que podría hacerte, solo dame tiempo para que pueda controlarlo, por favor vuelve con Kristoff a la aldea troll hasta que todo esto termine, el te cuidará mejor. - Dijo Elsa con el corazón roto debido a sus palabras, pero como respuesta recibió otra bofetada por parte de la pelirroja.

- ¡¿Quieres dejar de decir tonterías?! ¡Estoy harta de que siempre te subestimes! ¡No eres un monstruo Elsa! ¡Y también estoy harta de que intentes hacer todo tu sola! ¡Pensaba que eramos una pareja! ¡Y una relación es cosa de dos! ¿Por qué siempre me dejas de lado?

- ¡No te dejo sola joder! ¿Es que no ves que soy un peligro para ti?

- ¡Me importa una mierda! ¡Que sepas que no voy a alejarme de ti porque tu quieras! no te estoy pidiendo demasiado, yo... te quiero. - Y con sus últimas palabras, Anna no pudo aguantar más y su máscara de decisión y dureza se rompió dejando paso a las amargas lágrimas que recorrían su rostro.

Elsa con toda la ternura que tenía, pasó delicadamente sus dedos por las cristalinas lágrimas para retirarlas, acarició con ambas manos el rostro de Anna, suavemente depositó un breve beso en la frente, y mirándola fijamente con cariño le preguntó:

- ¿Estas segura de querer estar con un demonio como yo?

- Si, no me importa si eres dulce o violenta, te quiero tal y como eres y daría lo que fuera por estar contigo para siempre. - Dijo Anna entre pequeños rastros de lágrimas.

- Te quiero. - Y tras una simple frase llena de sentimientos, sus labios se rozaron con la misma timidez y dulzura que la primera vez.

- La próxima vez que me hagas esto voy a ir con Kristoff de verdad, él se preocupaba de que no llorara por ti entre sus brazos. - Dijo Anna con un brillo de venganza en sus ojos.

- Kristoff. - Llamó Elsa.

- ¿Si? - Respondió el chico con claro nerviosismo en su voz mientras un sudor frío recorría todo su cuerpo, su instinto de supervivencia le avisaba del peligro inminente y este se posicionó tras Sven.

- En otras circunstancias te hubiese intentado asesinar con la mirada, pero se que eres una una persona y que no le harías nada a Anna, además que dudo mucho que ella se dejase. - La albina miró a Anna con una sonrisa burlesca, la pelirroja hizo una mueca de frustración y Kristoff suspiró aliviado.

- Te quedaste solo chico. - Dijo Olaf sin poder aguantar la risa mientras el joven le dedicaba una áspera mirada.

- Bueno, perdona la interrupción, Edward, pero tenía que aclarar algunas cosas. - Dijo Anna.

- Sin problemas. - Sonrió amistoso el fantasma.

- ¿Por qué sigues estando en este mundo, Edward? - Preguntó Olaf.

- Mi hermana Amanda era poseedora del poder del deseo, dos años después de nacer vinieron los cazadores del deseo para asesinarla, y con un hechizo de transferencia obtuve su poder, así que me mataron, desde aquel día tengo un gran dolor por no haberme podido despedir de ella y decirle lo mucho que la quería.

- Lo siento. - Dijo apenado Olaf.

- No te preocupes, pasó hace muchos años, en fin, tengo que enseñarle el pasado a uno de ustedes.

- No hace falta, todos conocemos nuestro pasado. - Dijo Elsa.

- Existen muchas cosas que desconoces, te mereces saber la verdad, Elsa. - Dijo seriamente Edward.

- Entonces muéstramelas, ya me cansé de tantos secretos. - Dijo Elsa decidida.

Edward se acercó lentamente a Elsa hasta entrar en su cuerpo y llevar su alma al recuerdo del pasado mientras Anna sostenía el cuerpo inconsciente.

...

Por unos instantes la vista de Elsa se encontró borrosa, segundos después pudo observar donde se encontraba, en la sala del trono del castillo de Arendelle, pudo ver claramente a sus padres, el recuerdo estremeció el corazón de la albina aunque ellos no pudieran verla o escucharla.

- Gracias por ayudarnos, majestad. - Dijo Gran Pabbie.

- No tienes porqué agradecerme, es injusto que maten a criaturas inocentes solo por tener poderes. - Dijo el rey Ryan con ira en su mirada.

- Me gustaría obsequiarle con una predicción de su familia si me lo permite.

- Por supuesto. - Respondió amablemente la reina Katja.

- Majestad, de su vientre nacerá una niña con poderes de hielo que será traicionada por sus seres queridos, su corazón de congelará y se verá envuelto en tristeza; pero también nacerá la única persona que podrá devolverle la alegría y el amor a su alma, una niña poseedora del poder del deseo; no importará que tanto intenten separar sus destinos cruzados, sus almas se buscarán y encontrarán una y otra vez sin descanso.

- ¿No hay nada que podamos hacer para que nuestra futura hija no sufra? - Preguntó preocupado el rey.

- Lo siento majestad; reina Katja, me gustaría entregarle este libro mágico, en el se escribirá la vida de la nieve y el deseo, por favor guárdelo muy bien ya que los espíritus también podrán leerlo.

- Lo esconderé en la biblioteca secreta de mi familia.

...

Nuevamente sus ojos dejaron de ver por un momento, al poder ver claramente, se dió cuenta de que se encontraba en un sitio que no conocía, era una biblioteca, en ella se encontraba una mujer que sujetaba dos recién nacidos en sus brazos y un hombre que buscaba desesperado un libro especial entre los demás; una vez hallado el libro, leyó una frase que se encontraba escrita en dicho tomo, y un portal entre dos mundos apareció mágicamente en un instante; al otro lado se podía ver la figura de un hombre sentado frente a su escritorio lleno de papeles.

- Por favor, cuida de mi hija, la quieren matar. - Dijo desesperado el hombre.

- ¿Por qué la quieren matar? - Preguntó el hombre sorprendido mientras se levantaba de su asiento y miraba fijamente al hombre que pedía su ayuda.

- Tiene una magia especial, por favor ayúdanos.

- No sé si seré capaz de cuidar de un bebé.

- Por favor, cuida de mi hija Anna. - Lloró el hombre mientras le entregaba la criatura de pelirroja cabellera, tras ellos sonaba un fuerte sonido proveniente de la puerta, pronto los encontrarían.

- Haré lo que pueda. - Dijo el hombre con decisión y amabilidad en su corazón.

- Gracias, muchas gracias, toma esto, dentro se encuentra un hechizo escrito en un papel por si algún día quiere volver. - Dijo entre agradecidas lágrimas mientras le daba un libro envuelto en cadenas.

La puerta cedió ante los insistentes golpes segundos después de que el portal se cerrara, un fuerte viento se hizo presente y hojas sueltas se esparcieron por el suelo del otro mundo.

...

Una vez más cambiaron de recuerdo, ahora se encontraba en la puerta del castillo, una guerra inundaba el lugar, hombres y mujeres en armaduras blandían espadas bañadas en sangre que destruían todo a su paso, el ejército de Arendelle protegía con su vida los ciudadanos, pero sus enemigos no tardaron tiempo en adentrarse en el castillo, dentro se encontraba una amarga y dolorosa escena.

- ¡Mamá, por favor! - Lloraba una joven Elsa sobre el cadáver ensangrentado de su madre sobre el suelo, su padre se encontraba luchando a muerte contra un soldado enemigo cuando este le golpeó fuertemente con su pierna, cerró la puerta y rápidamente puso tras ella el mueble más pesado y cercano del entorno; levantó a su hija del inmóvil cuerpo y la introdujo en una habitación oculta en la pared.

- Elsa por favor, quédate aquí, te prometo que cuando todo esto pase volveré a por ti. - Dicho esto el hombre con amargas lágrimas se despidió de su hija y cerró la puerta para enfrentarse al enemigo que acababa de entrar.

- ¡Espera! ¡Papá! ¡Ábreme! ¡Papá! - Lloraba Elsa mientras golpeaba con fuerza la puerta que poco a poco se congelaba más; sus lágrimas lavaron la sangre de su rostro, sus fuerzas la abandonaban,podía escuchar como las espadas chocaban incesantes y el rojizo líquido salpicada el suelo, sintió como la traición y la sangre derramada de sus seres queridos rompían poco a poco su corazón congelado en el infierno de hielo en que se encontraba; el hielo cubría rápidamente el lugar hasta hacer frágil la madera, las desesperadas lágrimas bañaron las heridas manos que golpeaban insistentes la puerta, cuando por fin pudo abrirla, se encontró con la escena más dura que pudieron contemplar sus llorosos ojos.

- Elsa, corre. - Dijo Ryan en sus ahogadas y últimas palabras antes de caer muerto al suelo, su oponente retiró la espada del corazón en un ligero movimiento y luego se dirigió hacia la joven albina.

- ¡Papá! - Gritó Elsa desesperada pero ya no había vuelta atrás, habían matado a sus padres y la rabia corría por sus venas; con un desgarrado grito de dolor el hielo congeló todo a su alrededor, el frio se adentraba en el cuerpo de cada persona presente en el castillo, solo faltaban segundos antes de que todo acabara en el hielo y la nieve.

- ¡Elsa! ¡Detente! ¡I won't let you kill with your power! ¡Don't wake up demon! - Gritaba su tío James mientras lanzaba un poderoso hechizo a la albina, un dolor intenso recorrió el cuerpo de Elsa que cayó al suelo, la maldición la mataría antes de que ella acabara con una vida.

...

- No. - Decía Elsa entre lágrimas.

- ¡Elsa! Tranquila, estoy aquí contigo. - Dijo Anna abrazando el tembloroso cuerpo de la albina.

- ¿Anna? - Volvió al presente pero el miedo seguía en lo más profundo de su corazón mientras sus débiles brazos rodeaban el cálido cuerpo de su amada.

- ¿Estas bien? - Preguntó la pelirroja con preocupación en su cara.

- Si, es solo, tuve que volver a ver la muerte de mis padres. - Dijo con dolor en cada palabra.

Pasaron largos minutos en los que Elsa se permitió mostrar su lado vulnerable entre los brazos de Anna. Olaf miraba entristecido la escena, pues él recordó la muerte de su adorada hermana y solo un único pensamiento recorría la mente del hombre.

- Si tan solo hubiese sido yo y no ellos. - Pensaba.

- Bueno, se acabó el llorar. - Dijo Elsa mientras se levantaba con determinación.

- Cierto, ¿qué fue lo que viste? - Preguntó Anna.

- Primero ví cuando Gran Pabbie le decía nuestro futuro a mis padres, estábamos destinadas a estar juntas incluso antes de nacer.

- ¡Qué romántico! - Gritó Olaf emocionado, como respuesta se escuchó las sonoras risas de los allí presentes.

- ¿Qué más viste? - Preguntó curioso Kristoff.

- Ví el momento en que los verdaderos padres de Anna la entregaban a su padre del otro mundo, no pude ver las caras porque estaba oscuro pero sus voces me parecieron conocidas.

- ¿Tienes alguna idea de quienes puedan ser mis padres biológicos? - Preguntó Anna con el corazón latiendo rápidamente.

- Por ahora no, solo sé que tienes una hermana y que puede que esté viva.

- ¿Cómo se llama? - Preguntó Anna impaciente.

- No lo sé, no lo dijeron.

- Luego viste el recuerdo de la traición de las islas del Sur, ¿verdad? - Dijo Kristoff.

- Si, ví claramente como mataron sin piedad a mis padres, como casi mato a cientos de personas y como mi tío James me maldijo para que nunca pudiera matar a nadie. - Respondió Elsa entristecida.

- ¿Es lo último que viste? - Preguntó Olaf.

- Si.

- ¿Qué piensas hacer, Anna? Ahora sabes que tienes una hermana.

- Ir al castillo, detener al responsable de todo esto y luego buscar a mi verdadera familia. - Respondió Anna decidida.

- Pues no perdamos más tiempo. - Dijo Kristoff.

Tardaron varios días en llegar al castillo por causa de la interminable nieve que caía ferozmente desde el cielo. Edward decidió ir a buscar a su hermana para poder realizar su último deseo y descansar en paz, Kristoff manejó el trineo tirado por Sven casi sin descanso, Olaf ya no era manipulado tan fuertemente como antes gracias a la ayuda de su sobrina, y Anna no soltó el brazo de Elsa ni por un segundo por miedo a que se volviera a ir.

Por fin llegaron a la imponente fortaleza, estaba completamente desprotegida, no había ni siquiera un soldado fuera; con algo de inseguridad se adentraron en el castillo, todos los pasillos y habitaciones estaban manchados de sangre, sin embargo cuando pasaron a la sala del trono, pudieron ver como los cadáveres ensangrentados de los soldados de Arendelle se encontraban esparcidos por todo el lugar, y atado a una de las columnas se encontraba un malherido hombre, era el capitán John.

Sentado sobre el trono se encontraba el causante de tan macabro escenario, su pelo corto y negro resaltaba con sus ojos color rojo, vestía ropas rojas de rey aunque fuera un farsante que los miraba fijamente con su burlesca sonrisa.

- Bienvenida al castillo, Elsa. - Dijo el hombre con su potente y grave voz, Elsa solo se quedó inmóvil y sorprendida al ver a tan conocida persona.