DÍA 1 (2)
No sabía cómo había logrado terminar ese trabajo. Kyoko llevaba dos horas sin hablarle, emitiendo un aura tóxica que mantenía a toda forma de vida alejada de ella.
Estaban ya de vuelta en el coche, atascados en medio de la autopista. El tráfico retenido se veía hasta bien lejos. Silencio.
Dentro del recinto cerrado que era el coche, Ren notaba la ira de Kyoko a punto de ebullición, crepitando ruidosamente. Él no tenía sitio alguno donde esconderse, y Kyoko no tenía posibilidad de escape. ¿O es al revés? En cualquier caso, el coche era una trampa mortal. Para los dos.
Ren ignoró todas las señales y habló:
- Kyoko…
- Bastardo… -hielo frío era su voz. Gélida.
- Kyoko…
- ¿Cuánto hace que lo sabes?
- Kyoko…
- Contéstame… La verdad estaría bien, por una vez -el pobre Ren cerró los ojos e hizo una mueca de dolor cuando la oyó.
- Desde aquella vez en la escalera, cuando se te cayó la piedra…
- Bastardo…
- Oye, ¡ya está bien!
- ¿Qué? ¿No te gusta? Tengo un amplio repertorio de insultos si prefieres otro… -el sarcasmo fue como un latigazo en la cara.
- Me merezco todo lo que me eches, todo lo que me digas… Pero permíteme al menos la oportunidad de explicarme. Kyoko, al menos escúchame.
- Ja, que te escuche, yo a ti. Sí, claro… ¿Igual que me escuchaste tú a mí en Karuizawa? ¿Cuándo yo lloraba por Corn, pensando que estaba muerto? Que Corn estaría bien, fue lo que me dijiste. ¡Claro! Corn estaba ahí mismo. Tu oportunidad perfecta para decírmelo. Y tú te callaste. No me dijiste nada. Nada… Sí, y ahora dices que te escuche… Cómo no, por supuesto… -en su voz la amargura se mezclaba con el desengaño-. Sabes que he necesitado a Corn más que a nada en el mundo. Y tú callas. Te callaste. Ooooh, sí, te habrás reído a gusto. Cómo habrás disfrutado riéndote de esta pobre ingenua. Me engañaste a los seis años y me has vuelto a engañar ahora. No tienes perdón, Tsuruga Ren…
Si ambos se hubieran atrevido a mirar a la cara del otro, hubieran visto que sus expresiones eran casi idénticas: en ambos los ojos preñados de lágrimas sin derramar, y la cara transida de dolor… En la de Kyoko había además un ramalazo de ira, o quizás rabia. Y en la de Ren, vergüenza. Vergüenza por ocultar la verdad tanto tiempo, dejando que le explotase en la cara. Tiene la certeza de que esta conversación es determinante. Es el momento en que puede perderla para siempre. Si no se justifica adecuadamente, si Kyoko no queda satisfecha con su explicación, ella simplemente se dará la vuelta y nunca más mirará atrás. Lo dejará sin volver a dedicarle un pensamiento.
- Kyoko…
- ¡Para ti Mogami-san!
Ren suspira, tomando aire, con calma, haciendo acopio de valor y de calma…, mucha calma, porque no puede dejar que la vehemencia y la rudeza de Kuon salgan ahora y se manifiesten. No. Ahora necesita la serenidad de Tsuruga Ren, más que nunca.
- Mogami-san…, la noche que se te cayó la piedra por la escalera, cuando la recogí y la llamaste Corn, fue cuando descubrí quién eras. Y no me gustó. Me desagradó la propia idea. En esa época no nos tragábamos. ¡Nos odiábamos! Sí. Nos odiábamos. Yo no aguantaba a la niñata vengativa con ínfulas de artista y tú no podías soportarme cerca. Siempre estábamos discutiendo… Era imposible que la dulce niña de mi infancia y esa otra muchacha llena de furia y venganza fueran la misma persona. No, no había forma… y por eso me callé… Solo con el tiempo te empecé a conocer mejor y ver que tus razones para actuar ya eran otras. Y empecé a ver a la verdadera 'tú'…
Kyoko parece que está tomando en consideración lo que Ren le dice. Está pensando. Él se permite albergar una esperanza. Una pequeñita…
- Eso ya fue cuando estuviste enfermo ¿verdad?
- ¿Cómo sabes eso?
- Me llamaste Kyoko-chan, como cuando niños… Además, después de eso, empezaste a ser menos… desagradable, digámoslo así… En fin, tienes razón, puedo llegar a entenderlo. En esa época no quería verte ni en pintura… Pero en Karuizawa, ¿por qué no me lo dijiste allí?
- Tuve miedo.
- ¿De qué?
- De esto… De esta misma situación. Que no lo entendieras, que montaras en cólera, y nunca más me volvieras a dirigir la palabra.
- Pero, pero… yo estaba llorando por Corn, pensando en su dolor, y tú mientras me abrazabas. ¿No hubiera sido el momento perfecto para decirlo?
- Mogami-san, en serio crees que si en ese momento te digo que Corn no es un hada, ni un príncipe, y que Corn soy yo ¿me hubieras creído? ¿o me hubieras matado ahí mismo?
- Hombre, tanto como matarte no… pero tienes razón. Lo más probable es que te hubiera lanzado a la cabeza lo que hubiera tenido a mano…
- Por favor, créeme cuando te digo que nunca pretendí hacerte daño. Que no quería hacerte sufrir. Jamás. Yo no quería destrozar tu ilusión, destruir tu inocencia…
- Y por eso me mantuviste engañada…
- Te oculté la verdad.
- Me engañaste…
- Sí.
- …
- ¿Me podrás perdonar alguna vez?
- …
- ¿Kyoko?
- ¿Me contarás algún día la historia de Corn?
- No te gustará… -le dice torciendo el gesto…
- Ya sé que no es un cuento de hadas, Tsuruga-san. Incluso yo soy capaz de ver la oscuridad en ti…
- Escúchame… Tú me traes la luz… Tú me salvaste a los diez años, y me has vuelto a salvar ahora. Siempre me salvas, Kyoko… Ojalá te hubiera encontrado cuando tenía quince años… La historia hoy hubiera sido otra… Dime… ¿me perdonas? ¿Puedes perdonarme?
- Corn… -con los ojos llenos de lágrimas, esta vez de pura alegría por reencontrar a un viejo amigo, salva la distancia entre los asientos para hundirse en su abrazo. Y él, con la sonrisa mata-demonios más luminosa del mundo, que ha de ser sin duda de origen divino, dice:
- Te he echado de menos, Kyoko-chan.
Corto, lo sé. Sorry...
