¡Buenas a todos\as! Por fin volví, siento mucho la espera pero los exámenes me tenían agobiada, en fin como prometí aquí tienen un nuevo capítulo.

Debo decir que me alegró mucho la aceptación que tuvo el capítulo anterior, y sinceramente esperaba que alguien me llamara depravada, pero como que me gusta mas por donde tiró la cosa xD.

El anterior capítulo fue un poco corto, además de que amo el que ha ustedes les guste lo que hago asi que este capítulo lo hize especialmente más largo en comparación con los otros, espero que os guste.

.94: gracias por tu comentario espero que te guste también este :)

Lisezita: espero no haber tardado demasiado ( cosa imposible) y espero que te guste este cap.

belten10: me alegro que seas de mente abierta y me gustaría que supieras que eres una de las personas que mas me hace reir con sus reviews.

loveanna: sigo viva aun con la tardanza xD en cuanto a tu duda dejame decirte que no es eso simplemente te pido que dejes un review como votacion en una " historia" que publicare, de todas formas ya te aparecerá todo explicado alli asi que no te preocupes.

loghan10: jajaja tranqui que ya volvi con más elsanna asi que deja las uñas en su sitio xD

bulmat: jajajaja tus comentarios siempre me animan, marchando un ración doble con mucho lemon xD

Kareanna: le mando el beso con mucho gusto y espero que disfrutes la lectura.

Betyneko: gracias por tu apoyo :D y te comprendo yo estuve a punto de llorar también escribiéndolo.

AVISO: MAL INTENTO DE LEMON, ES MI PRIMERA VEZ ESCRIBIENDO UNO ASI QUE AGRADECERÍA VUESTRA COMPRESIÓN.

Diclaimer: Ni Frozen ni sus personajes me pertenecen.

Era una tarde preciosa la que hacía en Arendelle, Elsa ya se había recuperado y ahora se encontraba en el jardín del castillo, aunque pareciera que se había perdido en plena naturaleza con Anna.

Elsa vestía sus típicas zapatillas negra y rosa, una falda corta de color negro, camisa blanca y una femenina corbata negra, su pelo se encontraba recogido en una trenza que caía sobre su hombro izquierdo y su flequillo adoptaba una forma rebelde hacia atrás.

Por otro lado Anna vestía botas negras, jeans oscuros, camiseta rosa fucsia y un acolchado y calentito abrigo negro; aún se preguntaba como Elsa no tenía frío con esa ropa tan fina.

Estaban pasando un rato agradable sentadas a lo lejos del cristalino lago, hablando sobre sus vidas antes de conocer a la otra hasta llegar al presente.

- ¿Y ya te has decidido? - Preguntó Elsa.

- ¿Decidir qué? - Respondió Anna extrañada.

- Oh vamos, no te hagas la tonta, sabes perfectamente a que me refiero, ¿te irás a ver a tu familia? La que te ha criado, quiero decir.

- Tenía pensado regresar una temporada con mis padres adoptivos y luego volver aquí.

- ¿Cuándo?

- Mañana por la mañana.

- ¿Y cuándo tenías pensado decírmelo?

- Esta noche.

- ¿Me prometes que volverás?

- Te lo prometo, pero antes de irme quiero darte una cosa.

- ¿Qué cosa?

- Mi virginidad. - Esa respuesta sorprendió enormemente a Elsa que tras algunos balbuceos sin sentido, formuló aquella pregunta con inseguridad.

- ¿Estás segura? Una vez allí no hay vuelta atrás.

- Nunca he estado más segura en mi vida.

- No se si...

- Solo amame, Elsa.

Anna se abalanzó sobre Elsa, dejándola entre su cuerpo y el suelo, solo estaban a escasos centímetros una de la otra, la respiración de la albina se encontraba irregular y sus ojos clamaban los labios de la pelirroja sobre los suyos, Anna atendió a su petición, solo faltaban milímetros, pero entonces una voz reclamó su atención.

- ¡Elsa! ¡Anna! ¡No se lo que estaban haciendo ni me interesa! ¡Pero Olaf os ha llamado!

- ¡Ya vamos John! - Contestó Anna, pues Elsa estaba demasiado nerviosa como para articular palabra.

Sonrojadas y nerviosas se dirigieron al castillo. Una vez allí, Anna se quitó su abrigo ya que la temperatura dentro era más cálida.

- ¿Que necesitas Olaf? - Preguntó Elsa.

- ¡Es hora de merendar! - Dijo feliz el hombre.

- ¿Para eso nos llamaste? - Preguntó Anna lo más indiferente posible, pero no pudo evitar el que su ceja izquierda se arqueara en señal de disgusto.

- Claro que sí, no es bueno andar por ahí con el estómago vacío, ¡Ah! siento haber interrumpido vuestra tarde, creí que solo estaban conversando, aunque se ve que estabais hablando un tema muy profundo. - Dijo pícaro Olaf.

Ante el comentario del albino, Anna miro hacia otro lado y Elsa suspiró pesadamente, ambas sonrojadas.

Las dos chicas se sentaron en la larga mesa del comedor y comieron dulces tranquilamente, pero Elsa y Anna jugaban a las ardientes miradas, cada acto que realizaban, lo hacían mirando fijamente a la otra, cada movimiento estaba cargado de seducción mientras se provocaban mutuamente; por otro lado Olaf las miraba atentamente, sabía que eran discretas pero nada era poco perceptible para él.

- Chicas, en serio lamento haber arruinado vuestra tarde, pero por favor, háganlo en privado, ¿quieren? - Sus palabras sacaron del ensimismamiento de las jóvenes que rápidamente se sonrojaron.

Pasado un rato, por fin terminaron la comida; llevaban un rato merodeando por el palacio, hasta que decidieron volver al jardín, pero entonces Olaf pidió ayuda a Elsa sobre como solucionar algunos documentos del reino.

Cuando terminaron, ya era prácticamente de noche, se acercaba la hora de la cena, pero aún así Elsa dedicó unos minutos a hablar con Anna mientras paseaban por la fortaleza.

- ¿Por qué Olaf no cogió el trono cuando tus padres murieron?, perdón, nuestros padres. - Preguntó delicadamente Anna.

- Porque yo soy su descendiente y según las leyes solo yo puedo ser la reina tras fallecer ellos.

- ¿Y por qué ahora él a tomado el control del reino?

- Porque me está haciendo un favor para que pueda relajarme un poco, hemos firmado un documento en el que le otorgo mis poderes de gobernante a él temporalmente.

- ¿Cuándo vuelves a ser reina?

- Sigo siendo reina. - Dijo Elsa entre risas.

- Ya sabes a lo que me refiero. - Dijo Anna algo molesta.

- Pues el dejó temporalmente su empleo de profesor para ser rey, así que cuando acabe los estudios volveré a tomar el mando y él su profesión.

- A veces me pregunto cómo eras capaz de llevar el reino y tus estudios, y además ser perfecta en ambas cosas.

- Eso mismo me dice Olaf. - Dijo Elsa sonriente.

Minutos después acudieron a la cena con el actual gobernante de Arendelle, como todas las comidas, estaban ellos tres solos para preservar la intimidad.

- Olaf ,¿puedo dormir esta noche en la habitación de Elsa? - Preguntó Anna tranquilamente y sin darse cuenta de que la nombrada casi se atragantaba con su bebida.

- Por supuesto, hoy es vuestra última noche juntas en una temporada; además que por algo puse vuestras habitaciones cerca una de la otra pero lo más lejos posible de los demás, asi que no os contengais. - Dijo Olaf sonriente mientras guiñaba el ojo a las chicas.

- He dicho dormir, nada más. - Respondió Anna.

- Claro.- Dijo Olaf para después carraspear y encajar sus dedos indice y corazón en forma de tijeras con un movimiento balanceado.

Ambas apartaron la mirada a otro lado enrojecidas. Pasada la comida, conversaron un rato los tres, por supuesto las chicas evadían cualquier indirecta de su albino amigo.

- Bueno, ya va siendo hora de que nos vayamos a dormir, buenas noches Olaf. - Dijo Anna, tras eso se levantó y agarró el brazo a Elsa, prácticamente la llevaba a rastras hacia la salida.

- ¡Buenas noches! - Consiguió decir Elsa antes de desaparecer por la puerta.

- ¡Buenas noches!¡Y recuerden que pueden ser todo lo ruidosas que quieran! - Gritó Olaf satisfecho aunque no recibiera ninguna respuesta.

En la habitación de Elsa...

Ambas se habían quitado sus zapatos, estaban descalzas e iban a cambiarse de ropa, Anna mantenía sus manos en el borde de la gruesa camiseta mientras Elsa sujetaba su corbata pensativa, pero entonces una de las dos rompió el silencio.

- ¿En serio solo quieres dormir? - Preguntó Elsa mientras arqueaba una ceja.

- Obvio que no. - Dijo Anna mientras abandonaba su tarea y dirigía su mirada hacia la albina con una amplia sonrisa.

- ¿No te sientes presionada?

- Por supuesto que no, llevamos deseando esto desde hace tiempo y lo sabes, además, tú serás la única que será presionada.

Anna arrinconó a Elsa contra la pared cerca de la cama, estaba mostrando su lado salvaje, lentamente acercó sus labios a la oreja derecha de Elsa, delicadamente la besó y obtenió por respuesta un suspiro producto de una irregular respiración.

- Se que te gusta llevar el control, Elsa, pero esta noche tú serás la dominada. - Susurró Anna sintiendo cada letra pasar deliciosamente por su boca, sintiéndose triunfante con su sonrisa llena de complicidad.

Elsa sonrió ampliamente, posicionó con suavidad sus manos sobre los hombros de la otra y dió un pequeño empujón a su pareja, esta sonrió también, cogió la corbata de Elsa y tiró hacia ella para besar los labios de su futura amante, acto seguido la albina fue empujada otra vez hacia la pared.

Se besaban con lujuria, deseosas una de la otra; sin cortar el beso, Anna deshizo la corbata y la tiró hacia alguna parte de la habitación.

Elsa deslizaba sus manos bajo la camiseta de la pelirroja, subía poco a poco pero sin llegar a su destino, hasta que acabó abrazándola para sentir la cercanía entre ellas.

Las manos de Anna que antes estaban en la pared, se dirigieron a los hombros de la otra bajando lentamente hasta llegar a los botones de la camisa, fue desabotonando uno a uno con paciencia, una vez terminado su trabajo, sus manos se deslizaron inpacientes hacia los hombros para bajar la camisa que quedó colgando en los antebrazos de Elsa.

La albina estaba impaciente en llevar a la pelirroja a la cama, intentó moverla, pero en un giro inesperado acabó siendo ella la acorralada contra el mobiliario, Anna hizo algo de fuerza sobre los hombros para sentar a Elsa al borde de la cama, quedando ella de pie.

- Túmbate.- Dijo Anna con su voz ronca del deseo pero autoritaria con su mirada fija.

Elsa la miró atenta durante unos segundos, prefería ser ella la dominante, pero esta vez le tocaba ser pasiva, además que no le desagradaba precisamente. Sin romper el contacto visual, la albina pasó lentamente la lengua sobre sus labios y luego atendió el mandato de su pareja sin dejar de mirarla.

Elsa se recostó con la cabeza en los pies de la cama, pero no le importó. Anna se sentó sobre las caderas de la otra y bajó su cuerpo para besar los labios del rostro que tenía entre las manos.

Sus lenguas se movían lentas pero incesantes, se compenetraban mutuamente. La excitación pudo con Anna, que tuvo que apoyarse con ambas manos para no recaer todo el peso sobre su acompañante. Elsa por el contrario no podía contener más su deseo, sus manos viajaban sobre la cálida piel de la espalda mientras subía la camiseta; por otro lado, Anna intentaba retirar la falda de la albina, solo se lo impedía una cremallera que fácil fue derrotada por las ágiles manos de Anna, y como toda prenda esa noche, salió volando por los aires sin destino concreto.

La peliroja hábilmente deslizó sus labios sobre el cuello de Elsa, luego mordió la oreja y seguidamente pasó su lengua por la zona mordida, Elsa no podía evitar gemir ante aquel contacto en su punto débil.

Entre besos Elsa dirigió sus manos hacia el jean de Anna, lentamente lo desabotonó y bajó la cremallera, con sus delgados dedos hacía un intento por bajar el pantalón hasta dejar a la vista parte de la ropa interior de color carmesí, Anna sonrió ante la desesperación de su novia y decidió alejar sus cuerpos el tienpo suficiente para tirar por los aires la prenda, y una vez más acudió a la clamante boca de la albina.

Sus ardientes besos provocaron que Anna se tuviera que apartar un momento de la albina buscando aire, Elsa aprovechó la situación y levantó su torso junto al de Anna, la besó profundamente mientras subía la colorida camiseta, cortó el beso unos segundos para pasar la prenda por encima de Anna y acto seguido tirarlo al suelo para seguir con sus fervientes besos.

La camisa de Elsa no tardó tiempo en ser retirada por la impaciencia de Anna, seguidamente el sujetador de encaje negro; las caricias se tornaban ardientes y Elsa tumbó a la pelirroja, desplegó su deseo sobre el cuello, la oreja y la clavícula de su amada, y en un hábil movimiento en el que Anna arqueaba la espalda por el placer, la albina desprendió la ultima prenda superior de la sedosa piel, y con anhelo quitó la prenda inferior para que sus sentidos pudieran apreciar el maravilloso cuerpo desnudo de su enamorada.

En el momento en que Elsa mordía suavemente el cuello de Anna, la última giró el cuerpo de ambas verticalmente hasta ponerse sobre la albina; era un juego de posesión en el que luchaban por ser la dominante, obviamente perdió Elsa, pero sin duda disfrutaba esa derrota.

Anna echó su cuerpo hacia atrás, liberando así el cuerpo de la albina, con sus ojos y manos fijas sobre la última prenda, puso en marcha su deseo al deslizar la ropa interior sobre la tersa piel, Elsa levantó las caderas y ambas piernas para facilitar la tarea, entretenida en el acto esbozó una leve risa.

Anna sin dudarlo se lanzó salvaje a Elsa para besar sus jugosos labios y presionar sus cuerpos, la albina rápidamente correspondió la caricia y abrazó el cuerpo de su amante con sus brazos y piernas.

Una vez más giraron, ahora siendo Elsa la responsable; la albina no dejó caer su peso sobre su amada, simplemente mantenía sus piernas flexionadas sobre la cintura de Anna, deseosa su mano acarició libremente el abdomen desnudo de la pelirroja, a la cual ese mínimo contacto la hacía estremecerse bajo la atenta mirada de Elsa, sus caricias recorrían el camino desde los pechos hacia abajo, deteniéndose al borde de la parte íntima.

Sólo faltaban centímetros para tocar aquel deseado lugar, sin embargo, Anna cogió la juguetona mano y la atrajo hacia su boca, su cálida lengua lamió brevemente el dorso de la mano de Elsa, su torso se levantó sujetando la mano de la albina entre las suyas.

Una vez más sus labios buscaron los de su amada, mientras sus manos vagaban por doquier sobre el cuerpo de Elsa, su mano izquierda se situó en la espalda, sin embargo su otra mano descendía en el camino que era el cuerpo de Elsa.

Rápidamente pudo percebir la humedad en aquella intimidad, indecisa de entrar, acarició la zona exterior; los unidos labios tuvieron que separase, pues el cuerpo de Elsa pedía aire por la aceleración del respirar, sin embargo sus bocas no cedían distancia entre ellas.

- Te quiero.- Susurró Elsa entre suspiros para luego besar con frenesí los labios de su amante, eso era lo único que necesitó Anna para tomar su decisión.

Su boca se dirigió una vez más al deseable cuello mientras sus dedos acariciaban el interior de la intimidad, Elsa sintió una ola de placer y tras una larga exhalación de aire, gimió mientras sus manos se aferraban a los hombros de Anna.

La lengua de Anna recorría frenética el cuello de la albina hasta llegar a la oreja y lugo descender, su mano libre se posó sobre uno de los pechos, por otro lado sus labios y su lengua recorrían y acariaban los hombros en su descenso hasta llegar al otro seno.

Sus manos y boca jugaban entretenidas en cada parte sensible de Elsa, siendo recompensados por los gemidos ahogados y el aferrar de los temblorosos brazos en su cuello.

Las manos de Elsa buscaron desesperadas el rostro de Anna, el cual acercó al suyo para besar impaciente los rosados labios, sus gemidos eran acallados por las caricias de sus lenguas entrelazadas.

Sin poder soportarlo más, Elsa tuvo que cortar el beso para soltar un gemido en forma de suspiro, clara señal de su llegada al éxtasis; en apariencia agotadora recostó su cabeza en el hombro de Anna con respiración irregular y acelerada.

La pelirroja abrazó dulcemente el desnudo cuerpo de su amante, notaba como la respiración de Elsa volvía a la normalidad aún con el rostro rojo.

Posiblemente Anna pensó que su apasionada noche llegó a su fin, sin embargo estaba muy mordió suavemente el cuello de su pareja, arrancándole a esta un rápido gemido,su lengua se deslizó desde la zona mordida hacia la oreja donde volvió a morder.

La noche sólo acababa de empezar, Anna pronto conocería las concecuencias de provocar a una bestia insaciable y lujuriosa.

Elsa empujó a Anna contra la cama, sus miradas se encontraron y la pelirroja vió la intensidad de la mirada de la albina, la cual reflejaba puro deseo.

Elsa estaba dispuesta a atacar todos los lugares sensibles de la pelirroja, empezando por la oreja, su lengua implacable viajó al cuello, seguido por la clavícula, se acercaba al torso, pero de pronto ascendió por la garganta y seguidamente besó sus labios, el gemido de Anna quedó encerrado en la dominante boca.

Una vez más paseó por su cuerpo, ahora descendiendo, dejaba un rastro de besos hasta llegar a la parte inferior, donde paró después de encajarse entre las piernas de la pelirroja, puso una mano en cada muslo y la obligó a abrirse. Elsa lanzó una intensa mirada a su amante, su respiración volvía a ser tan irregular como la de Anna, sin pensarlo dos veces, besó la ingle, seguidamente la otra, pero a esta la lamió mientras observaba como los ojos de Anna rogaban más placer.

Elsa dirigió toda su atención a llevar su lengua a la entrepierna, volvió a mirar a su sonrojada amada que la miraba atenta, pasó lentamente su lengua sobre la excitación de Anna y sus ojos vieron la cara de placer al gemir de la pelirroja.

Deslizó una mano bajo el culo de esta y alrededor de sus caderas, dejando descansar la extremidad sobre el vientre, su otra mano entrelazaba los dedos de Anna con los suyos, la pelirroja ahogada en el placer, tapaba sus ojos con el brazo, sin embargo los sonidos de su garganta la delataban.

Elsa adentró su lengua en las húmedas profundidades de la intimidad de Anna, al sacarla marcó su rumbo al clítoris, definitivamente aquella rubia explosiva enloquecía a la pelirroja.

- Te deseo... dentro de mi.- Suplicaba Anna entre gemidos, Elsa que dirigió su vista a los brillantes ojos de la pelirroja, cumplió su ruego.

Introdujo lentamente sus dedos en la húmeda cavidad mientras su lengua acariciaba nuevamente una ingle, un sonoro gemido escapó de los entreabiertos labios de Anna, que aumentaba la presión de sus dedos sobre las sábanas.

Los labios de Elsa se dirigieron a su lugar de origen, con los dedos acariciando su interior y la lengua frotando delicadamente el clítoris, Anna no podía aguantar más el orgasmo, incluso tuvo que morder su dedo índice para no despertar a los demás inquilinos con su voz.

- Anna.- Susurró la albina al oido de la nombrada.

- ¿Mm? - Anna únicamente podía expresar ese breve sonido en su aún acelerada respiración.

- No he terminado contigo todavía. - Susurró una vez más, ahora con una tenue sonrisa en sus labios.

Elsa no había tenido suficiente, quería dar más, quería ver el placer en los gemidos de Anna.

La albina delicadamente besó los labios de su exhausta amante, mientras una de sus manos vagaba sin rumbo por la temblorosa pierna hasta llegar a su lugar deseado en el centro, suavemente sus insaciables dedos acariciaron el interior de Anna, a la que nuevamente acallaban sus gemidos con la boca.

Definitivamente la albina no dejaría descansar a Anna, ni siquiera le había permitido recuperar el aliento, Elsa estaba atizando de nuevo el fuego con gran exito, casi pareciera que todo le parecía poco, quería saborear cada milímetro de piel de Anna.

Elsa estaba ansiosa por escuchar los deliciosos sonidos que luchaban por escapar de la garganta de la chica, su deseo contradictorio hizo que suavemente cortara el beso terminado en exhalaciones de acelerada respiración, su lasciva mirada llena de deseo se posó sobre los brillantes de Anna.

- ¿Estás bien? - Preguntó Elsa entre suspiros rebosantes de deleite.

- Si. - Respondió Anna en los esfuerzos de su ahogada respiración.

Elsa despacio bajaba su rostro sin cesar el moviniento de sus manos, una vez llegado a su destino rompió el contacto visual, mientras sus labios al igual que sus dedos, capturaban entre ellos la parte más prominente de los pechos, su lengua se movía maestra sobre la carne eréctil.

Anna no tenía ni idea de qué tan larga noche le esperaba, aunque se le hiciera increíblemente ameno entre sus gemidos provocados por la ferocidad de Elsa.

Por la mañana...

Los resplandecientes rayos del sol abrieron tortuosamente los ojos de Elsa, un fugaz recuerdo de la noche anterior pasó por su mente y una amplia sonrisa asomó por sus labios, en ese momento rememoró que se encontraba completamente desnuda y abrazada al cuerpo de su ahora amante, sus cuerpos encajaban con tal perfección que parecieran dos piezas de un puzle lleno de sensualidad.

Una calidez inundó el corazón de Elsa al contemplar el plácido rostro de Anna sobre su pecho, sus deseos la dominaron, y con ternura besó la cabeza de la chica entre sus brazos; la pelirroja esbozó con un tenue sonido su despertar.

- Lo siento,¿te desperté? - Dijo Elsa sin retirar sus labios del cabello al tiempo que aspiraba delicadamente su aroma.

- Buenos días.- Sonrió Anna que deseosa besó los labios de la albina.

- Buenos días, hermosa criatura. - Respondió Elsa alegre.

Ambas tuvieron que salir de la cama para vestirse y prepararse para el día, sin embargo prosiguieron con su conversación mientras recogían la ropa esparcida en el suelo.

- ¿Cómo te sientes? - Preguntó Anna.

- Muy bien,¿y tú? - Respondió feliz Elsa.

- Tengo las piernas irritadas.

- Lo siento.- Se limitó a decir mientras apretaba fuertemente los labios en un fallido intento de reprimir una sonrisa.

En ese momento Anna giró su cuerpo desnudo para poder ver claramente a Elsa, la observaba como si quisiera revelar los misterios de su mirada; la albina no pudo evitar bajar la mirada que seguía el rastro de marcas en el cuerpo de la pelirroja, evidentemente esas marcas fueron producto de la pasión de Elsa la noche anterior, sus labios permanecían entreabiertos mientras sus ojos devoraban aquel deseoso cuerpo, por un tiempo su mirada únicamente se concentraba en la entrepierna de su amada, pero justo cuando iba a hacer algún movimiento, alguien llamó a la puerta.

- ¡Anna! ¡Gran Pabbie te espera para el viaje!

- ¡En seguida voy, Olaf! - Contestó Anna, segundos después se escucharon como los pasos se alejaban.

Ambas se sumieron en absoluto silencio mientras se vestían, las dos sabían que tendrían que separarse aunque fuera temporalmente.

Ya habían terminado de vestirse y estaban dispuestas a salir, Anna ya tenía su mano en el pomo de la puerta para abrir pero entonces Elsa pronunció su nombre.

- Anna.

- ¿Qué?

- Sé que no es gran cosa, pero me gustaría darte algo antes de que te vayas, cierra los ojos, por favor.

Anna ilusionada hizo lo que Elsa le dijo, segundos después sintió algo frío sobre su cuello, y al abrir los ojos se encontró con un hermoso collar de delgada cadena,y colgando de ella una figura en forma de corazón con alas de angel extendidas, todo formado por hielo simulando el cristal que jamás se derretirá.

- Te amo, no te olvides de mí. - Dijo Elsa sincera.

- No podría olvidarte aunque quisiera, te amo demasiado. - Contestó Anna con una tierna sonrisa colgando de sus labios.

Simplemente querían darse un último beso, pero volvieron a reclamar su presencia, así que tuvieron que dirigirse hacia donde las esperaba el troll, el jardín del castillo.

Una vez se encontraron todos presentes, iban a iniciar el conjuro que llevaría a la pelirroja a su otro mundo, las amantes se miraban fijamente, y sin poder resistirlo más, Anna liberó las palabras atoradas en su corazón desde hace rato.

- ¡Elsa! ¡Bésame!

La albina sorprendida sonrió y se acercó a su novia, impacientes compartieron el más tierno, profundo y largo beso que pudieron darse, claro está también sería el último.

- Te amo. - Dijo Elsa.

- Yo también te amo.- Dijo Anna, acto seguido compartieron un último abrazo antes del adiós, una vez separadas comenzaron con el procedimiento que en segundos hizo viajar únicamente a Anna hacia su casa en el otro mundo.

Elsa no pudo reprimir las amargas lágrimas que se deslizaron por su rostro al notar que la presencia de Anna ya no estaba junto a ella.