GUAM

Fue una suerte para Kyoko que la primera vez que viajó en avión, fuera interpretando a Setsu. Ella le permitió esconder el pánico que sintió al verse encerrada dentro de una caja de hojalata con alas. Caminó por los pasillos del avión como si lo llevara haciendo toda la vida. Por favor, era Setsuka Heel, venía desde Londres, ha visto mundo, ha viajado de punta a punta del planeta. Pero oooh, otra cosa bien distinta fue cuando notó a ese monstruo de acero enfilar la pista, aumentar velocidad y alzarse del suelo. Ahí sí que no pudo reprimir un gemido asustado mientras clavaba las uñas en los reposabrazos. Menos mal que su hermano Cain estaba al tanto y entrelazó su mano con la suya susurrándole al oído para tranquilizarla, a Setsu. Perdón, a Kyoko…

Evidentemente, ella no había salido nunca del país, así que no había necesitado nunca un pasaporte. El presidente le había dicho que entendía la dificultad de lo que le estaba pidiendo, pero eran los últimos días de rodaje de Tragic Marker, y Setsu debía aparecer con su hermano. Debía cerrarse la historia, y poder mantener la pantalla de los hermanos Heel hasta el final. El presidente no le dejó opción: debía contactar con su madre para que le autorizara el trámite del pasaporte. Kyoko nunca la vio, nunca habló con ella, nunca se escribieron directamente. Todo se hizo por fax, correo electrónico o mensajeros, de oficina a oficina. Pero incluso así, fue extremadamente desagradable tener que contactar con la mujer que te trajo al mundo y que te abandonó en una casa ajena hace casi diez años.

Los Heel habían llamado la atención en el aeropuerto. Mucho, la verdad. Ella, una muñequita sexy, menuda y cautivadora. Él, un gigante oscuro, de aura mortífera, que parecía guardar a su hermana de peligros reales o imaginarios, siempre de su mano, o agarrada de la cintura. Siempre juntos, muy juntos…

El grueso del equipo ya estaba en la isla, pero reconocieron a alguno de los técnicos en el avión. Estuvo muy bien pensado por parte del director Konoe que fueran los Heel quienes viajaran y no los actores Tsuruga Ren y Kyouko. Se habían evitado problemas al hacerlo así.

Entraron al plató como habían hecho siempre, de la mano y costado con costado, como si fueran siameses, avanzando con paso elástico, elegante y casi felino, como si el resto del mundo no existiera. Algunos saludaron a Setsu, y ella se dignó a concederles un asentimiento de cabeza por toda cortesía. Kyoko debía seguir manteniendo la distancia y la frialdad de su personaje. Manaka se escondió en cuanto la vio entrar por la puerta, temblando como un animalillo (¿un hámster, quizás?), y a Murasame se le pusieron los ojos como platos al ver a Setsu, lo que le valió una mirada torva por parte de Cain.

Ya en la habitación del hotel, no les costó recuperar la rutina de la convivencia. Pero de puertas adentro ya no actuaban. ¿Para qué? Lo habían dejado de hacer cuando aquellas charlas telefónicas, así que ya no tenía sentido mantener esa fachada cuando estaban solos. Ren pensó que Kyoko iba a escandalizarse, pero Kyoko pensó que tampoco se diferenciaba mucho de una noche en el piso de Corn. Cocina, cena, charla y a dormir. De negro punk-gótico, eso sí. Pero poco más. Sí, esta vez tendría a Corn durmiendo a metro y medio, pero ya antes había tenido a Cain, y eso era peor (pero que conste, ya no volvería a entrar al baño mientras ese hombre se estuviera duchando, no no no…). Bah, sobreviviría a todo esto…

Iban a ser cuatro días de rodaje, con lo que se daría por concluida la filmación, pero serían duros, con mucho calor y escenas muy desagradables. Esa misma tarde, por ejemplo, la sangre falsa corrió más que nunca, y la hoja del cuchillo de BJ brillaba una y otra vez, hasta que por fin el director dio por terminada la jornada.

Ren no podía más.

- Cain… Ven -y le tendió la mano.

Setsu se llevó lejos a Cain. Echaron a andar de la mano sin rumbo fijo.

- ¿Qué quieres hacer?

- ¿Eh?

- Que qué quieres hacer.

- Ah, pues no sé, cualquier cosa…

- Agh, Corn, mira, sé que ha sido un día muy malo, que ni siquiera quieres hablar, pero tengo que saber qué necesitas ahora mismo, ¿quieres ir a la habitación a descansar, prefieres caminar, quieres ir a comer por ahí…?

- Caminar, Kyoko, contigo…

Y así los vieron, por la avenida que bordeaba la playa, a Cain y Setsu de la mano, paseando… Ellos se decían que estaban manteniendo las apariencias de sus personajes, pero la verdad es que ninguno tuvo que pensar mucho cuando su mano buscaba inconscientemente la del otro.

El resto de los días fue una combinación de trabajo y vacaciones. No se alejaban mucho de la zona comercial (los Heel eran unos urbanitas), aunque disimuladamente lograron robar un rato para ir a visitar unas fuentes que se suponían habitadas por criaturas mágicas. Kyoko habría estado rebotando de la emoción si no hubiera estado vestida de Setsu… Corn, en cambio, resopló una risotada que no desentonaba con la de Cain.

La última noche que pasaban en Guam era fiesta local y les habían dicho que habría fuegos artificiales. Precioso, era la única palabra que se le venía a la mente a Kyoko para describir ese espectáculo de fuego y de luz. Ante ella veía formarse cimbreantes palmeras de colores imposibles, rojos vibrantes, profundos azules, y verdes esmeralda, entreveradas con las de dorado brillante. Le parecía… casi mágico.

Corn abraza a Kyoko desde atrás por el torso, como dos novios, su mejilla descansando en su pelo. Ella posa sus manos sobre las de él, alzando la vista al cielo.

- Es hermoso, ¿verdad?

- Sí, lo es… -y deja caer un beso en su pelo.

Sí, una hermosa despedida para los hermanos Heel.


LA ENTREVISTA

Ren se aprovecha de su nueva posición en la vida de Kyoko. Ahora puede decirle cosas más atrevidas. Le dedica con cierta frecuencia cumplidos y piropos, por los que ella se ruboriza ligeramente y le da las gracias, pero ya nos lo evita ni los ignora como antes. Cuando solo era su senpai y estaba a punto de decirle alguna galantería, ella cambiaba el sentido de la conversación con tal maestría, que el halago no llegaba a nacer y moría en sus labios. Frenazo en seco. Pero ya no. Es de suponer que el ser amigo de la infancia tiene ciertas prerrogativas que no le están permitidas al común de los mortales.

Una noche, Kyoko tenía que grabar una entrevista que sería presentada como extra en el DVD promocional de Box-R. Tsuruga Ren, como el caballero que es, se había ofrecido a acompañarla. Después de todo era su senpai. Claro. La recogería en LME, después de pasar por las hábiles manos de Jelly Woods.

Su pelo brilla como el fuego de un atardecer de otoño. Sí, una cursilería, lo sé. Pero esto fue lo que pensó Tsuruga cuando la vio salir del salón. Aparte de que con ese vestido aumentaban sus posibilidades de sufrir un infarto a temprana edad. Taquicardia como mínimo… Era discreto, no enseñaba nada, pero se ajustaba a su talle como una segunda piel, para abrirse a media cadera en caída como los pétalos de una flor. Preciosa. Hermosa.

- Ten-san, buenas noches.

- Tsuruga-san.

- Mogami-san.

- ¡Ren-kun! No sabía que venías. ¿Está preciosa, verdad? Sí, le he dejado el pelo como Natsu, pero la he vestido así para reflejar su inocencia real, como contraste con su personaje. No queremos que piensen que ella es como Natsu…

- Por supuesto que no. Espléndido trabajo, Ten-san.

- Gracias, Tsuruga-san, por acompañarme esta noche.

- No hay de qué, Mogami-san. Un placer…

- Gracias por todo, Musa-sama, y buenas noches.

- Buenas noches, muchachos, diviértanse.

Le ofrece el brazo y comienzan a alejarse. Cuando ya nadie los ve, Kyoko acorta distancia y le susurra:

- Te dije que no hacía falta que me acompañaras. Puedo ir en taxi al estudio.

- Nop. ¿Y dejarte así como vas para que se te coman los lobos? -le dice con una sonrisa malévola.

- Sí, claro. Siempre protegiendo mi virtud, senpai -replica juguetonamente. El tonillo con que dice 'senpai' es descaradamente burlón.

Ren se une al juego, y se inclina para decirle al oído:

- Estás realmente preciosa...

- Gracias, Corn.

Le toma de la mano y la hace girar sobre sí misma para verla completamente, evaluándola. Por una vez se permite bajar la guardia y que el deseo se muestre fugazmente en sus ojos:

- Sí, estás para comerte…

- ¡Corn!

- No digo más que lo evidente, querida.

La explosión de rubor es inmediata.

- Ya está, ya lo conseguiste ¿estarás contento?

- Es que el rubor te sienta tan bien…

- ¡Corn!

El resto de la noche debería transcurrir con normalidad, Kyoko llega, saluda, le hacen la entrevista y se despide. ¿Fácil, verdad? Pues no. Nada más entrar por la puerta del estudio dieron con el director, media docena de actores y actrices del reparto, varios de los productores, y unas cuantas decenas de fans. Todos halagando la sensualidad de Natsu, o la natural belleza de Kyoko. Los cumplidos abarcaban todo el espectro: de los más elegantes y correctos a los más soeces y vulgares, los menos, aunque sí, desdichadamente, hubo también de esos.

Kyoko hubiera sido engullida literalmente por esa manada hambrienta de no ser por la protección de un depredador más grande: la mezcla suprema, la combinación definitiva y perfecta de casi cada álter ego que este hombre de metro noventa ha vivido con Kyoko: la cortesía educada de Tsuruga (con su flamante [falsa] sonrisa), la posesividad de Kuon (con su mano en su cintura: es mía), la violencia apenas soterrada de BJ (acércate y te mato), los celos fraternales de Cain (ni se te ocurra mirarla así), y sobre todo, la etérea gracia del príncipe de las hadas que hacía que las masas se abrieran a su paso…


Esa noche, ya a salvo dentro de la calidez de su futón, Kyoko no puede evitar estremecerse. Pensó que la mataban, que la iban a ahogar, a pisotear en cualquier momento. Menos mal que al final no llegó a ir sola. Tenía con ella a su protector… Cuando sintió su agarre en la cintura, supo que estaría bien. Sabía que él la protegería. ¿Cómo es que tenía esa certeza? Ni idea. Ella solo sabía que con Corn a su lado, nada podría pasarle. ¿Fe, quizás? ¿Confianza ciega? Ya, pues no le gustaba mucho ese pensamiento. Se estaba empezando a hacer muy dependiente de Corn. Demasiado, tal vez. Y eso solo puede conducirla de nuevo al borde del abismo. Además, en cualquier momento, él hará pública su relación con esa chica, y su mejor amiga pasará a un segundo plano. Porque una cosa está clara, una mejor amiga jamás podrá competir con una novia.

Una novia. Sabe, de sus tiempos del pollo, que se trata de una muchacha de secundaria, igual que ella, menor de edad, con la que se lleva unos cuatro años. Vamos, él tiene 21 años, no es que sea un asaltacunas ni mucho menos. La cuestión es que él habrá vivido mucho más que ella, habrá tenido muchas más experiencias, y sabrá cosas de la vida que esa muchacha ni siquiera acierta a imaginar. A estas edades es cierto que las diferencias se notan más, pero en un par de años ni se advertirán.

Kyoko no tiene idea de en qué estado se encuentra su relación. Nunca le ha visto llamarla, ni hablar con ella, ni mencionarla siquiera. Que esté saliendo con ella queda descartado, pues el poco tiempo libre que tiene Corn lo pasa con su mejor amiga. Así que no, ni idea. Pero su fantasma está ahí, bien presente. Kyoko sabe que él estaba desarrollando sentimientos muy fuertes por 'ella', ya que era la primera vez que él sentía plenamente la palabra amor. Cuando 'ella' aparezca (que lo hará), su tiempo, el tiempo de Kyoko, habrá pasado. Y ella tendrá que aprender de nuevo a recomponer su pequeño corazón, porque se ha permitido la ilusión. Sí, pobre muchacha, se ha permitido la ilusión de que su Corn pueda llegar a amarla algún día. Pero cuando 'ella' llegue, solo le quedará su cariño a tiempo compartido. Sabe que puede vivir con solo eso, con su cariño, es más, lo necesita, pero este sentimiento que guarda dentro amenaza con traicionarla en cualquier momento, amenaza con desbordarla y arrollarla a su paso. Sabe que él la quiere, es cierto, la aprecia, pero… ¿podría él amarla?, ¿podría llegar a quererla y necesitarla como ella a él? No, porque 'ella' vendrá. Más tarde o más temprano, pero en algún momento vendrá. La mujer que Corn ama…


Al usuario no registrado 'tami' le doy aquí las gracias por su comentario: ¡Gracias!