DESPUÉS

Se despierta de golpe. Cuando acierta a enfocar la vista y la razón, se da cuenta de que está sentada en una cama. Ah, en casa de Corn. ¿Por qué? Ah, ya, sí… ella… -la voz de su pensamiento se vuelve amarga-. Ya recuerda… Madre… Su madre. Bueno, más bien la mujer que la gestó y la parió. Sí, mejor… Esos son los hechos biológicos e indiscutibles ¿verdad? ¿Pero madre? Eso ya es otra cosa…

Nunca me quiso. Nunca. A pesar de hacer todo lo que quería, buscando su aprobación una y otra vez, constantemente, buscando una sonrisa, un gesto de cariño, o al menos un gesto amable… Nunca… Jamás fue suficiente, jamás pude cumplir con lo que esperaba de mí. Y me dejó atrás como quien deja una maleta vieja…

¡Ja! Debería haberlo sabido… Aún después de tantos años, sigue doliendo, sigue haciendo daño… No aprendo, no escarmiento… Ella… tengo que sacármela… duele… Ella es como una enfermedad. Tengo que aprender a curarme de ella…

Los recuerdos de ayer se le vienen encima. Su madre, las palabras de Corn, los besos de Corn… Besos de consuelo, besos entre palabras susurradas, como un mantra que le da sosiego… Besos entre frase y frase, besos, besos, besos…

No la necesitas. No la necesitas. Okami-san ya te quiere, mi madre te querrá, tendrás dos madres, no la necesitas a ella. A ella no… Ella no te merece… No se merece el nombre de madre. Indigna. Déjala, olvídala. O tenle pena por ser tan estúpida por no ver la maravilla que eres tú. Yo la odio. Desde siempre. Hoy más que nunca. Olvídala. No te merece, no te merece. Estarás bien sin ella. Tú eres fuerte. Vive sin ella. Déjala atrás. Ni un pensamiento más. No merece siquiera que pienses en ella. No es una madre, es un… Sé fuerte, mi vida. Estarás bien, estarás bien… Yo estaré contigo. No te volveré a dejar. Nunca más. Ella no te merece. No la necesitas. Ella no te merece. Vas a estar bien…

Besos y besos y más besos. Secando sus lágrimas con sus besos… Sus besos… Sí, en los labios, también me besó en los labios. Oh Corn, ¿tanta lástima te doy?


Ren estaba hablando en voz baja, caminando de lado a lado del salón, nervioso e inquieto…

- Sí, aún duerme… No, no la dejaré sola… No, descuida, y menos así como está… Sí, esa mujer es despreciable… Sí, le diré que has llamado… Sí, Kotonami-san ya puede dejar de estrangularte… -de repente ve a Kyoko en el pasillo mirándole-. Te dejo, está despierta…

Avanza hacia ella en silencio, a paso rápido, con la mirada llena de cariño y preocupación, y la envuelve en sus brazos sin decir nada. Ella empieza a temblar, pero no llora, y aunque las lágrimas llegaron a sus ojos, no cayeron…

Ella no lo está mirando. No lo vio. A Ren, sin máscara, a Corn, a Kuon, a ninguno, con los ojos rebosando amor. Solo siente su abrazo, una caricia en el pelo, y una voz suave:

- ¿Has podido dormir bien? ¿Has descansado? ¿Cómo estás?

Ella se zafa de su abrazo, poniendo las manos en su pecho para separarlos.

- Corn…

- ¿Sí…? -dejando ver su extrañeza.

- Gracias por cuidar de mí.

- Kyoko…

- Tengo que irme. Nos vemos otro día, ¿vale? Adiós.

- ¿Y ya está? -responde con asombro y cierta irritación ¿o es dolor?

- ¿Eh?

- ¿Lo vas a dejar así? Te vas. ¿Otra vez vamos a hacer como si no hubiera existido? ¿Otra vez vamos a borrar lo que pasó? No, Kyoko, estoy cansado de negarlo todo, estoy cansado de esconderme…

- Me voy…

- No, no te vas.

- Sí.

Él la agarra del brazo. Le da la vuelta y la sitúa frente a él.

- Dilo.

- Adiós.

Ella intenta soltarse de su agarre e irse. Él tira de ella hacia él y la pega contra su pecho. Clava su mirada en la suya.

- Dilo.

- No.

- Pregúntamelo.

- No.

- Hazlo.

Y Kyoko finalmente se rinde, ya no puede más.

- ¿¡POR QUÉ!? ¿Por qué lo hiciste? … ¿Por qué ... me besaste? -ella esconde su rostro.

- Porque te quiero. Tan simple como eso -ya está. Ya lo dijo.

Kyoko palidece. La piel de Ren parece arder. Tras un minuto eterno, ella levanta la cabeza y dice:

- No. Tú no me quieres.

- ¿Perdona? -Ren está confundido. Esa reacción no la vio venir.

- Me tienes cariño, pero no me quieres. Ten cuidado al decir las cosas. La gente podría no entenderlas bien.

- ¿Pero tú te estás oyendo? No, Kyoko… Tú no puedes saber lo que hay o no hay en mi corazón.

- No. No puedes quererme. Tú también me dejarás. Me harás daño. Me volveré a romper…

- ¿Daño? Yo jamás querría hacerte daño, jamás. Nunca querría que sufrieras por mi culpa. Kyoko, yo…, yo también tengo miedo… -suspira-. Estoy aterrorizado, la verdad… Kyoko, tú… -la hace sentar junto a él y le toma de las manos-, tú podrías destruirme con una sola palabra. Podrías romper mi corazón con una mirada de desprecio. Y tu ausencia, el no verte, no hablarte, haría que mi mundo volviera a ser gris y frío. Me perdería sin ti… -le levanta la barbilla suavemente. Quiere decírselo mirándola a los ojos, esos ojos que él adora-. Te lo dije una vez… Te hice una promesa. Soy tuyo… -Y sí, Kyoko sabe que está hablando de la promesa que le hizo como Cain, de esa noche, la noche que nunca se menciona, de la que nunca hablan-. Yo no te estoy pidiendo ni exigiendo que correspondas mis sentimientos. No te confundas. Pero sí que quiero que te queden bien claros. Te quiero, y voy a esperar por ti. Voy a luchar por ti. Pero no me apartes de tu lado. Eso sí que no, por favor…

- No, tú quieres a otra. Tú mismo me lo dijiste. Tú no puedes quererme. La quieres a ella. Así que no me digas eso. Me haces daño. Las falsas ilusiones también duelen…

- Kyoko… ¿qué…? ¿tú…? -el corazón de Ren va a mil por hora.

- ¿Cómo puedes decir que me quieres? ¿Ya la olvidaste? ¿A tu primer amor? Sí, yo estaba allí, ¿recuerdas…? Me olvidarás a mí como la olvidaste a ella -Kyoko se seca unas lágrimas traicioneras, con fiereza, como si la avergonzaran-. O peor aún, no la has olvidado pero yo te doy lástima. Pobrecita Kyoko, enamorada de Tsuruga Ren, qué pena da…

- ¡Kyoko! ¡Ya está bien! Calla y déjame hablar, ¡por Dios!

Ella calla. Lo dijo. Dijo que estaba enamorada de él…

- Escúchame bien. Te quiero. Estoy enamorado de ti. Que te quede claro. Quise decir en serio cada una de esas palabras. Por Dios, si cuando paso dos días sin verte, ya me estoy subiendo por las paredes… Y sí, todos esos encuentros 'accidentales', nunca fueron accidentales. Te necesito, Kyoko. Te quiero.

Kyoko a estas alturas ya llora sin disimulos, las lágrimas caen sin freno, y se sorbe la nariz. Él le alcanza los pañuelos de papel que había en la mesa.

- ¿Y ella? -alcanza a decir con un hilillo de voz. Aún tiene la cabeza gacha.

- Tienes razón. La amo. Mi amor por ella no ha hecho más que crecer cada día -sí, señores, Kuon ha salido a jugar-. Fíjate que incluso con la nariz roja está preciosa…

- ¿EH?

- Pues eso, que estás preciosa con la nariz roja…

- ¿Qué? -a Kyoko ya la cabeza le da vueltas.

- Ah, bueno, creo que te has hecho una idea equivocada… La chica de la que le hablé al pollo… Piensa bien en lo que te dije de ella…

- ¿Disculpa?

- El pollo…

Ahí están, piensa Ren con una sonrisa traviesa, los engranajes de su mente en movimiento… Y luego, clic, la revelación.

- No puede ser… No me digas que…

Él asiente. Y tras un momento de pasmo absoluto, Kyoko revienta. Se empieza a reír. Imparable. Incontrolable. De las lágrimas a las carcajadas. Él se une a las risas. Los nervios y la tensión ya borrados y olvidados.

Se toman de las manos, se miran a los ojos… Y se besan. Huy, sí. Primer beso oficial. Kyoko y Ren se encuentran a mitad de camino, y bueno, digamos que sus labios se presentan formalmente… Un beso cálido y sosegado, de ritmo lento… Dulce, muy dulce… Sin prisas, aprendiéndose bien. Después de todo, tienen todo el tiempo del mundo…

Y entre beso y beso:

- ¡Seré tonta…! ¡Era yo! ¿Todo este tiempo?

- Siempre fuiste tú…


A los usuarios nos registrados 'kazu' y 'orquideazul', mil gracias por los comentarios.

Y a todos, muchísimas gracias por acompañarme en esta aventura.

Espero que les haya gustado.